CXLVIII
El legado de la reina Serenity
Órbita cercana del planeta del fuego, 02 de octubre de 2992, 06:44a.m, hora relativa.
Sailor Kakyou se sintió engañada cuando vio que Sailor Silver Moon y Sailor Saturn brillaban por su ausencia, y había pedido explicaciones. Fue Nicole quien les dijo que ambas Sailor Senshi habían muerto, y que Sailor Amethyst había mentido solamente para que ella y las Sailor Starlights se unieran al resto de las Sailor Senshi.
—Realmente no veo otra alternativa para que ustedes vivan más tiempo —dijo Nicole, frente a unas enojadas Sailor Starlights, pero ella no se amilanó. De hecho, ella demostró que tenía madera de líder, a juzgar por las palabras que dijo después—. Si permanecen solas en este planeta, los Galthazar eventualmente las encontrarán, y no serán capaces de contender contra ellos. Por otra parte, nosotras tenemos un plan para enfrentar la situación, y confío plenamente en el intelecto de Sailor Amethyst, quien ideó el plan que seguiremos. Bien podrían unirse, y tener una posibilidad de sobrevivir. Es decisión de ustedes.
Nicole no había hablado con prepotencia o agresividad, pero había dejado bastante claro cuáles eran sus opciones, y qué era lo que iba a ocurrir si las Sailor Starlights no colaboraban con el resto de las Sailor Senshi. Y fue así como lo tomó Sailor Kakyou. El resto de las Sailor Starlights también estuvieron de acuerdo en seguir a Nicole y las demás.
—No puedes negar que habríamos tenido muchas más probabilidades de triunfar si hubiéramos contado con Sailor Silver Moon y Sailor Saturn —insistió Sailor Kakyou a Nicole. Ella se encogió de hombros.
—Hay un dicho que dice "debes ir a la guerra con el ejército que tienes" —dijo Nicole, sin perder la calma o la objetividad—. A estas alturas, no vale la pena preguntarse qué habría pasado si tal o cual cosa fuesen de algún modo. Hay que trabajar con lo que tenemos, y, sí, será más difícil sin Sailor Silver Moon y Sailor Saturn, pero, precisamente por esa razón necesitamos de su ayuda. No somos capaces de ignorar la amenaza de los Galthazar por mucho más tiempo. Tenemos que actuar, pero no podemos hacerlo sin contexto, sin información. Es por esa razón que debemos ir a la luna. Esperamos que allá estén las respuestas que buscamos.
—Uno podría decir que los Galthazar no son una amenaza si no te metes con ellos —intervino Sailor Starmaker, y Haruka la miró con el ceño fruncido por lo que acababa de decir, pero Nicole, una vez más, fue la voz de la razón en la discusión.
—Pero ellos se meterán contigo, lo quieras o no —repuso Nicole, sin alzar la voz o lucir enojada—. Porque el objetivo de los Galthazar es apoderarse de los Sailor Cristales de todas las Sailor Senshi de la Vía Láctea. Mientras seas una Sailor Senshi, serás un blanco para ellos. Por eso, es mejor estar unidas si queremos sobrevivir, o al menos, conseguir nuestro objetivo. Puede que este sea un viaje exclusivamente de ida, puede que ninguna de nosotras sobreviva para contar nuestra historia, pero si conseguimos que Sailor Moon regrese, estaré contenta. Como ya he reiterado varias veces, Sailor Moon es la única que puede vencer a los Galthazar, y nuestro plan está enfocado en ella, y solamente en ella. No me importa lo que nos pueda pasar, siempre y cuando cumplamos con el objetivo.
Ninguna de las Sailor Starlights dijo algo para contradecir a Nicole. Sailor Kakyou sabía que enfrentar a los Galthazar era un asunto que podría terminar con su muerte y con la de sus guardianas, pero también sabía que Nicole tenía razón. Hacer algo siempre era mejor que no hacer nada.
—Te seguiremos —dijo Sailor Kakyou con una sonrisa—. Es mucho mejor que esperar a que los Galthazar nos encuentren, y nos roben nuestros Sailor Cristales.
—Entonces, vamos a la luna —dijo Nicole, y Scarlett y Sophie activaron el núcleo de energía negativa para un último viaje al margen del espacio-tiempo, aún sin saber que alguien las estaba observando de cerca.
Órbita cercana de la luna, 02 de octubre de 2992, 08:04a.m, hora relativa
Las chicas, ya transformadas en Sailor Senshi, descendieron justo encima de las ruinas del Milenio de Plata, de forma que no necesitaran emplear trajes espaciales. El lugar donde alguna vez se había asentado el legendario reino lunar, por alguna extraña razón, poseía una atmósfera similar a la de la Tierra, con la misma presión y la misma humedad, de acuerdo a los instrumentos de Sailor Amethyst.
—Nunca he estado aquí —dijo Sailor Zephyr, mirando las columnas y los capiteles derruidos—. Hay algo en este lugar que me causa mucha tristeza.
—Los Desterrados hicieron algo terrible aquí —acotó Sailor Uranus, también mirando las ruinas con pena y nostalgia—. Mataron a la princesa, a las Inner Senshi, y a la reina Serenity. Fue el poder del Cristal de Plata, esgrimido por la reina Serenity en los últimos momentos del reino, lo que acabó con los Desterrados, pero fue demasiado para ella. Murió sobre esas columnas dispuestas en forma de cruz, por allá.
Las Sailor Gems, Sailor Zephyr y las Sailor Starlights miraron en la dirección el la que estaba apuntando Sailor Uranus, y vieron, en efecto, dos columnas cruzadas, pero no había ni rastro del cuerpo de la reina Serenity. Las Outer Senshi, por boca de Sailor Silver Moon, sabían que había sido Herbert Dixon quien se había apoderado del cuerpo, en una misión tripulada a la luna. También sabían que, gracias a los experimentos que él había hecho en el cuerpo, tenía más poderes y más inteligencia, actuando bajo su alter ego de Warbringer.
—¿Adónde vamos? —preguntó Sailor Starfighter, quien tampoco había visitado el reino lunar. Aquello solamente lo había hecho su princesa, o sea, Sailor Kakyou.
—Al centro de las ruinas del palacio —dijo Sailor Pluto, quien iba acompañada de Darien, quien estaba teniendo unas extrañas visiones al ver lo que quedaba del Milenio de Plata, como si sus poderes mentales estuvieran tratando de salir a la superficie, después del lavado de cerebro que le hizo Silverblade—. Allí, posiblemente, encontremos la respuesta al misterio del Sailor Cristal de Sailor Silver Moon.
Cinco minutos más de caminata, y las Sailor Senshi llegaron al centro de lo que quedaba del palacio, donde había un enorme sello circular, con el emblema de la familia lunar, una luna menguante de color dorado. Ellas esperaban que el eco de la reina Serenity apareciera en cualquier minuto, y, después de un par de minutos, ella apareció justo encima del emblema de la familia lunar. Sailor Kakyou y las Outer Senshi eran las únicas que no se mostraron sorprendidas por la aparición.
—Bienvenidas —dijo el eco de la reina Serenity, y las Sailor Senshi vieron que tenía una expresión taciturna en su cara, y ninguna de ellas supo por qué, hasta que la reina Serenity volvió a tomar la palabra—. Veo que Sailor Silver Moon ya no está con ustedes. Esa es una verdadera pena.
—¿Y sabes cómo murió? —preguntó Sailor Tourmaline, aunque imaginó que ya sabía la respuesta.
—Ahora que ya no formo parte del universo, puedo verlo en toda su extensión —repuso la reina Serenity, quien no abandonó la tristeza en su voz—. Sailor Silver Moon murió de la única forma en que ella sabe morir: de pie, y luchando hasta el final. Y esta vez, ella no regresará, porque lo que están a punto de hacer va a eliminar cualquier posibilidad de retorno.
Sailor Amethyst tragó saliva, y sus ojos comenzaron a brillarle.
—¿Sabes de nuestro plan?
—Por supuesto —dijo la reina Serenity, esbozando una pequeña sonrisa—, pero no sé cuál es su desenlace. Eres una chica muy inteligente. Se te ha ocurrido un buen plan, y es algo bueno que hayan venido aquí, porque lo que necesitan entender es muy importante.
—Por favor —dijo Sailor Tourmaline, dando un paso hacia la reina Serenity—, dinos lo que necesitamos saber. Puede ser de mucha ayuda para librar la batalla que tenemos por delante.
—Les ayudaré… esta última vez —repuso la reina Serenity, volviendo a sus maneras tristes—. Sailor Amethyst tiene la creencia de que el Sailor Cristal de Sailor Silver Moon es un trozo del Cristal de Plata, y que su poder está incompleto. Todo eso es cierto. Cuando Andrómeda vino a la Atlántida como embajadora, yo le propuse que se quedara y se convirtiera en una guardiana del reino. Cuando Andrómeda aceptó mi propuesta, viajé al único lugar en todo el universo donde se pueden crear Sailor Cristales, y el único lugar donde se pueden dividir Sailor Cristales. La guardiana de la Atlántida no podía ser una guerrera ordinaria. Viendo que Andrómeda era una amazona, supe que ella podía ser una guerrera muy poderosa, una de las guerreras más poderosas de la Vía Láctea. Por eso, usando el poder del Caldero Primordial, extraje un trozo del Cristal de Plata, y lo arrojé al agujero negro. Esto aseguraría que el trozo pudiera ser un Sailor Cristal en sí mismo, y pudiera residir en el interior de una persona. Y mi deseo fue que esa persona fuese Andrómeda. Diseñé un medallón con el que Andrómeda pudiera despertar el poder del Sailor Cristal en su interior, y así, convertirse en una Sailor Senshi.
—¿Y así fue como nació Sailor Silver Moon? —preguntó Sailor Amethyst, quien, pese a la tristeza que le causaba la historia, porque era la historia de su esposa, una mujer que ya no iba a regresar a su lado, le causaba cierta fascinación el origen de la única mujer que había amado en toda su vida.
—Así es, pero no le puse Sailor Silver Moon hasta la fundación del Milenio de Plata —respondió la reina Serenity, con una sonrisa de reminiscencia—. Antes de eso, la llamaba simplemente por su nombre, porque no se me ocurría ninguno para ella. Sailor Atlantis no sonaba muy bien para mi gusto. Pero, cuando se convirtió en la guardiana del Milenio de Plata, no dudé en llamarla Sailor Silver Moon. Se puede decir que ella fue la Sailor Moon original, la que entrenó a cuatro doncellas del Milenio de Plata, las mismas que luego se convirtieron en las Inner Senshi, las Sailor Senshi del sistema solar interno, las guardianas personales de la princesa de la luna, mi hija.
—Entonces, ¿yo tenía razón? —dijo Sailor Amethyst con un hilo de voz.
—Siempre la tuviste —contestó la reina Serenity con una sonrisa apenada—, lo que, al mismo tiempo, hace que Sailor Silver Moon jamás vuelva a la vida. Eventualmente, van a tratar de unir los dos trozos del Cristal de Plata, para que, una vez más, esté completo.. Sin embargo, deben tener en cuenta algo muy importante antes de que lleven a cabo su plan, porque es un detalle que puede condenarlas al más absoluto fracaso.
Todas las Sailor Senshi presentes tragaron saliva. Por otro lado, Darien estaba teniendo una intensa batalla mental, porque todo lo que estaba viendo le resultaba dolorosamente familiar, pero, al mismo tiempo, muy extraño, como si todo eso formara parte de un sueño en lugar de haberlo experimentado en carne propia.
—¿Y cuál es? —preguntó Sailor Tourmaline, quien tenía la impresión que la respuesta no le iba a gustar mucho. Ni a ella, ni al resto de sus compañeras.
—Unir los dos trozos del Cristal de Plata es la parte más fácil —repuso la reina Serenity—. Ambos fragmentos deben estar en presencia de la misma energía que le da poder al Cristal de Plata para que se puedan unir. Lo que necesito que entiendan es la naturaleza de lo que quieren hacer. Cuando unan ambos fragmentos del Cristal de Plata, habrán restaurado todo su poder, y se convertirá en el Sailor Cristal más poderoso del universo, Sailor Cristal que le pertenecía a Sailor Alpha, quien era, en esencia, una diosa. Solamente otra diosa puede usarlo como lo que es, y, por supuesto, blandir todo su poder. Serena es, esencialmente, una descendiente de una diosa, pero ser una descendiente no lo es todo. Si va a adquirir el poder de una diosa, debe actuar como tal, debe adoptar su rol para siempre, dejando atrás todo aspecto terrenal de su persona, incluso a sus amigas y demás seres queridos. Si Serena está dispuesta a tomar el poder de una diosa, debe aceptar convertirse en una, y dejar atrás su humanidad. Si no está dispuesta a hacer ese sacrificio, nada de lo que ustedes hagan valdrá la pena, y los Galthazar saldrán victoriosos.
Sailor Amethyst volvió a tragar saliva. Lo que había dicho la reina Serenity lo había cambiado todo. Después de las palabras de la reina, Sailor Amethyst se dio cuenta que una parte crucial del plan dependía enteramente de la suerte, porque no sabía cómo iba a reaccionar Serena cuando supiera sobre el rol que debía desempeñar. Tal vez lo aceptara, tal vez no, tal vez ni siquiera entendiese lo que se suponía que debía hacer. Sailor Amethyst sabía que Serena no contaba con los recuerdos de su tiempo como la princesa de la luna, ni como Sailor Moon, y, quizás, pedirle que tomara el poder de una diosa fuese demasiado para ella. Era una responsabilidad colosal, y entendería a la perfección si Serena no estuviera dispuesta a tomar el relevo de Sailor Alpha. Sin embargo, Sailor Amethyst no podía permitir que Sailor Silver Moon hubiera muerto en vano, pero tampoco podía obligar a Serena a que se convirtiera en una deidad, por el bien de todo el universo, porque era el universo el que se encontraba en juego, no solamente la Vía Láctea.
—Seguiremos adelante con el plan —dijo Sailor Amethyst, tratando de darse fuerza crispando los puños—. No hacer nada solamente beneficia al enemigo.
—Estoy de acuerdo con Sailor Amethyst —añadió Sailor Tourmaline, y la aludida le sonrió. Las demás también mostraron su aprobación.
—Antes que entremos en la órbita de la Tierra —dijo Sailor Amethyst, sacando sus instrumentos—, tenemos que hacernos una idea de a qué nos estamos enfrentando.
—Se llaman Galthazar, Sailor Amethyst —gruñó Sailor Jasper, sonando un poco exasperada. Sailor Turquoise le dedicó una mirada de desdén—. ¿Qué? Todas sabemos de lo que son capaces.
—Pero olvidas que no solamente estamos enfrentando a los Galthazar —repuso Sailor Amethyst, apuntando un aparato con dos antenas hacia la Tierra, ampliando la imagen hasta que la Tierra fue del tamaño de la pantalla, y frunciendo el ceño—. Como lo pensaba. Hay una enorme estación espacial orbitando el planeta. Seguramente la han estado construyendo desde que las Inner Senshi fueron derrotadas.
—¿Pero cómo es eso posible? —preguntó Sailor Uranus, visiblemente sorprendida—. No ha pasado mucho tiempo desde que nos fuimos de la Tierra, menos de un mes.
—Para nosotras no ha pasado más de un mes —explicó Sailor Pluto, quien, como el lector debe imaginar, era la autoridad cuando se trataba del tiempo y sus caprichos—. Eso pasa porque hemos estado viajando de un lado a otro de la galaxia a velocidades relativistas, o al margen del espacio tiempo, mientras que, en la Tierra, el tiempo siguió transcurriendo normalmente. Allá, es 5 de diciembre ya. Y, con los nuevos adelantos en tecnología de construcción automatizada, puedes construir una estación espacial en menos de tres meses, por lo que no me parece improbable que lo hayan hecho.
—Pero, ¿cuál es el propósito de esa estación? —preguntó Sailor Zephyr, consultando la pantalla del aparato de Sailor Amethyst, luciendo perpleja.
—Aún no lo sé, pero creo estar en lo cierto que emplearon la constelación de satélites Thor que fueron lanzados en la década de los noventa, los productos del proyecto Asgard, para construir aquella estación espacial —dijo Sailor Amethyst, consultando una información en su computadora—. No sé cuál podría ser su propósito, pero eso es secundario, al menos por ahora. Lo que sí sé, es que debemos ingresar a la Tierra por otro lado, lejos de la estación espacial. Antes que todo, voy a transmitir toda la información que obtuvimos de la reina Serenity a Jeremy, de forma que él también esté al tanto de lo que está pasando, y pueda entregar la información a Serena en caso que nos ocurra algo malo. Después, voy calcular la trayectoria de reentrada, de forma que permanezcamos lejos de la estación, y podamos aterrizar cerca de Tokio de Cristal sin levantar muchas sospechas. Mientras hago mis cálculos, bien podríamos esperar aquí. Si estoy en lo cierto, los monstruos de Warbringer no tardarán en llegar al sistema solar. Cuando estén por llegar a la Tierra, nosotras haremos lo mismo, aterrizaremos cerca de Tokio de Cristal, y, para cuando lleguemos a la ciudad, los monstruos ya estarán en el planeta. Es crucial que salgamos de la nave como chicas normales, de ese modo, no llamaremos la atención de los ciudadanos o los Galthazar. Nos infiltraremos en el palacio mientras los Galthazar están ocupados con los engendros de Warbringer.
Ni Sailor Kakyou tuvo alguna objeción con el plan, lo que vino a significar que aquel sería el curso de acción de las Sailor Senshi. De ese momento en adelante, solamente quedaba esperar a que los monstruos de Warbringer hicieran su aparición. Pero, de entre todas las Sailor Senshi presentes, solamente Sailor Pluto iba a hacer algo con el tiempo que le quedaba, pues tenía una gran interrogante que la venía molestando desde que tuvo esa visión en el Circo de la Luna Muerta.
—Ya no eres la Sailor Amethyst de antes —dijo Sailor Zephyr, acercándose a ella y sonriéndole. La aludida le sonrió de vuelta, aunque sintió un ligero ardor en sus mejillas, y no supo cómo interpretarlo.
—Saori fue lo mejor que me ha pasado en toda mi vida —dijo Sailor Amethyst, y ella comprendió de dónde provenía aquel sonrojo. Aún muerta, Saori era capaz de volverla loca—. Haberla conocido cambió muchas cosas en mí. Pero creo que hay algo que jamás cambiará dentro de mí, y es que siempre voy a ser la chica sumisa, y siempre voy a tener una debilidad por chicas fuertes y rudas.
—Bueno, al menos te ayuda a encontrar la chica correcta para ti —dijo Sailor Zephyr, encogiéndose de hombros—. Sé que siempre has preferido a las chicas por encima de los chicos, y eso era algo que siempre me había desconcertado, porque, para serte franca, a mí no me gustaban las personas homosexuales. Pero ahora, viendo a Haruka y Michiru, a ti y a Saori, y a Scarlett y Sophie, entendí que solamente las juzgaba por la superficie. El amor entre dos mujeres no solamente es posible, sino que viable, y, no puedo creer lo que estoy a punto de decir ahora, pero me gustaría volver a probar esa experiencia, aunque quede como una mera anécdota. No creo que una chica deba prohibirse esa clase de indulgencias, pese a que estamos en una situación que no permite nada de eso.
—Si te sirve de algo —dijo Sailor Amethyst con una amplia sonrisa—, una astronauta en la década de los sesenta hizo el amor con Saori apenas unas horas antes de viajar a la luna (174). Tiempo tendrás, te lo aseguro.
Mientras tanto, Sailor Pluto se había acercado al eco de la reina Serenity, pues había llegado el momento de saber la verdad sobre sus orígenes, y de qué relación tenía ella con Sailor Delta.
Poco podía anticipar que las respuestas que le daría la reina Serenity sellarían su destino.
(174) Ver el capítulo 30 de "Cortejando el apocalipsis" para más detalles.
