CL
Cuestión de tiempo
La luna, 05 de diciembre de 2992, 6:29a.m, hora de la Tierra
Mientras el resto de las Sailor Senshi esperaba por la llegada de los monstruos de Warbringer a la Tierra, Sailor Pluto decidió hablar una última vez con la reina Serenity, de forma de aclarar, de una vez por todas, cuál era su real propósito como Sailor Senshi, aparte de cuidar la Puerta del Tiempo y vigilar la línea temporal.
—Reina Serenity —comenzó Sailor Pluto, insegura sobre cómo podía expresarse sobre el asunto que la tenía pensativa, por lo que le tomó un poco de tiempo para encontrar las palabras correctas. Eventualmente, las encontró, por lo que siguió hablando—. Desde nuestra pelea contra Neherenia, he estado pensando en algo que vi en el salón de los espejos en el Circo de la Luna Muerta. Después que visitamos las ruinas en Fala, las preguntas me corroen aún más por dentro, y yo esperaba que usted tenga unas respuestas.
—¿Qué viste en Fala?
—La historia de las Sailor Guerras, o al menos un resumen de ella —repuso Sailor Pluto, pensando que la Reina Serenity no era familiar con el asunto de las Sailor Guerras. Se había equivocado.
—Mmm… crees que eres una encarnación o descendiente de Sailor Delta, ¿no es así?
Sailor Pluto tragó saliva. Al parecer, la reina Serenity no era tan ignorante como lo había pensando en un principio.
—¿Lo soy?
—Sailor Pluto —dijo la reina Serenity con gentileza—, no soy la persona adecuada para decirte quién eres o no. La única persona que puede responder esa pregunta eres tú misma. Pero, para que puedas decidir, tienes que tener todas las herramientas necesarias, de forma que vayas preparada para lo que viene.
—Le escucho.
La reina Serenity miró por un momento a Sailor Pluto con cierta pena. Estaba segura que ella emprendería el camino que necesitaba recorrer, pero le causaba cierta congoja saber que el final de ese camino podría sellar su destino, para bien o para mal.
—Seguramente ya sabes que Sailor Delta formaba parte del Triunvirato Divino, el grupo de tres Sailor Senshi primordiales, responsables de la existencia del universo. Sailor Delta era quién gobernaba todos los cambios que ocurrían en el universo, pero, por muy poderosa que fuese, estaba atada por su naturaleza de siempre hacer más caótico el universo conforme pasaba el tiempo. Eso es lo que se conoce por entropía, la medida del orden y el desorden que existe en el cosmos. Pues bien, Sailor Delta era esclava de la entropía, por lo que no podía hacer que las cosas transitaran del desorden al orden. Esto pasaba, y esto es una teoría mía, porque había un desequilibrio fundamental en las fuerzas que conformaban el Triunvirato Divino. Sailor Omega siempre fue más poderosa que Sailor Alpha, y eso hacía que las cosas siempre pasaran del orden al caos. Si Sailor Alpha hubiera sido más poderosa que Sailor Omega, seguramente las cosas transitarían del caos al orden. En cualquier caso, el resultado habría sido la aniquilación total del universo.
Sailor Pluto sintió algo frío recorrer su columna al escuchar las últimas palabras de la reina Serenity.
—Entonces, Sailor Delta solamente podía guiar las cosas hacia el caos, por la influencia de Sailor Omega.
—Exactamente —dijo la reina Serenity, no sin cierto pesar en su voz—. No obstante, Sailor Delta no quería ser esclava de quién fuese más fuerte, el poder de la creación o el de la destrucción. Quería seguir su propio camino, ser independiente de los conceptos de comienzo y fin, y Sailor Omega lo interpretó como una afrenta a su propósito en la existencia, por lo que la asesinó. Lo que no sabía Sailor Omega, sin embargo, era que Sailor Delta se había enamorado de un antiguo titán llamado Crono (175), y tuvo una hija con él. Esa hija eres tú, Sailor Pluto.
Sailor Pluto sintió un violento retortijón de tripas al escuchar las últimas palabras de la reina Serenity.
—¿Soy… soy hija de Sailor Delta?
—Así es, y la misma sangre corre por tus venas —dijo la reina Serenity con una sonrisa triste—. Cada vez que observabas la línea temporal, estabas haciendo el trabajo de Sailor Delta, vigilando que todos los eventos siguieran su curso inevitable hacia el fin del universo. Es un trabajo deprimente, y eso forjó tu personalidad, y es también la razón por la que siempre estuviste destinada a estar sola, sin poder disfrutar de las cosas de la vida, como sí podían hacer el resto de tus compañeras.
—¿Y entonces, qué debo hacer? —preguntó Sailor Pluto, sintiendo una desagradable opresión en su pecho, como si estuviera a punto de sufrir un paro cardíaco—. Si estuve siempre desempeñando el papel de Sailor Delta sin saberlo, ¿entonces debo hacer lo mismo que ella? ¿Rebelarme contra mi propia naturaleza?
—Como dije, las respuestas solamente puedes hallaras tú misma —dijo la reina Serenity, volviendo a sonreír—. Yo cumplí con decirte la verdad. La persona que permite que esa verdad te defina, eres tú, y solamente tú. Si quieres, puedes renegar completamente de todo esto, y no hacer absolutamente nada, es cosa tuya. Lo único que debes tener presente es que tus acciones tendrán consecuencias, para bien o para mal.
—Es que… no sé qué debo hacer. Por lo que usted dice, haga lo que haga, estoy dictando el destino de todo el universo… y dudo que tenga la fortaleza para hacer eso.
—Ve a la estación Caronte, en Plutón —dijo la reina Serenity, indicando con un dedo en la dirección en la que se encontraba el planeta mencionado—. Necesitarás tu cetro para lo que debes hacer. Hay una habitación secreta en aquella estación, solamente accesible con tu cetro. En esa habitación hallarás información que solamente tú debes conocer. No compartas con nadie esa información, ni siquiera conmigo, porque yo no sé de qué se trata. Pensaba guiarte en esa dirección más adelante, pero los acontecimientos recientes precipitaron las cosas. Sailor Omega no tardará en aparecer, y me temo que cuando lo haga, ustedes van a tener que tomar decisiones muy difíciles.
Unos metros más allá, Sailor Amethyst seguía con la mirada fija en sus instrumentos, mientras que las demás esperaban de pie junto a las ruinas. Sailor Zephyr decidió seguir conversando con Sailor Amethyst, pues no quería que se sintiera sola, especialmente después de la muerte de Saori. Ambas necesitaban una amiga en la que apoyarse.
—Me imagino que echas de menos a Saori —dijo Sailor Zephyr, sabiendo que estaba metiendo el dedo en la llaga, pero creía que era necesario, pues hacía que Sailor Amethyst no estuviera sola con sus pensamientos, lo que podría desconcentrarla, poniendo en peligro todo el plan.
—Siempre la echaré de menos —respondió Sailor Amethyst, sin despegar sus ojos de las pantallas de sus instrumentos—. Pero al menos, ahora lo puedo soportar mejor. Y no en menor medida gracias a ti.
Sailor Zephyr enrojeció un poco, pero se le pasó casi al instante.
—¿Por qué lo dices?
—Porque, en lugar de tratar de hacerme sentir mejor, haces que yo hable de los temas que no quiero tocar —repuso Sailor Amethyst, mostrando una pequeña sonrisa, aunque poco podía anticipar que no la había mostrado exactamente por las razones que ella creía—. Es como cuando quieres sacar veneno de tus venas. No hay forma de hacerlo sin que sientas algo de dolor.
—El dolor está ahí por algo —dijo Sailor Zephyr, sentándose junto a Sailor Amethyst, también mirando sus aparatos—. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Saori lo sabía muy bien, y creo que tú también deberías tenerlo en cuenta.
—Lo sé —contestó Sailor Amethyst, bajando un poco la cabeza en señal de impotencia—, pero me es difícil aceptar que Saori ya no está conmigo. Hablar del plan me ayuda a alejar esos pensamientos de mi cabeza, pero, cada vez que estoy sola, el dolor vuelve, y hay ocasiones en las que puede ser casi insoportable. La conocí hace más de cuatro mil años atrás, aquí en la luna. Era una mujer de armas tomar, porque siempre parecía estar liderando una carga de caballería cada vez que hablaba. Ella fue quien instruyó a las doncellas que al final se convertirían en las Inner Senshi, por lo que era normal que actuara de ese modo. Lo que no encontraba normal, era cómo se comportaba conmigo, porque no parecía una chica ruda cada vez que me dirigía la palabra. Bueno… al principio fue así, pero luego fue ablandando su tono y su carácter, a medida que íbamos cayendo la una por la otra. En menos tiempo del que pensé, ya éramos pareja, y yo solía ir con más frecuencia al Milenio de Plata, no solamente por mis funciones diplomáticas, sino porque también quería ver a Saori. A menudo iba a sus aposentos, y hacerlo era como caer en una trampa, pero sin la incomprensión o el miedo de haber caído en una. Saori me tomaba y no me dejaba ir hasta bien tarde. Creo que puedes hacerte una idea de lo que hacíamos durante esas horas.
—No pensé que fueses tan romántica —dijo Sailor Zephyr, dejando de mirar los instrumentos y dedicando una mirada intensa a la Tierra—. La verdad, yo jamás tuve un romance como el tuyo. Era como un picaflor, saltando de hombre en hombre. Tenía que hacerlo de ese modo porque, como puedes ver, yo no soy una chica atractiva.
—Eso es lo de menos —dijo Sailor Amethyst, frunciendo el ceño al ver una pequeña mancha en la pantalla de uno de sus aparatos—. Yo tampoco soy una belleza, pero Saori, la mujer más hermosa que he conocido, se fijó en mí. Y no precisamente porque yo fuese una escultura andante. Saori no era tan superficial como para hacer distinciones entre chicas atractivas y chicas que no lo son tanto.
—Pero tengo que reconocer que las faldas cortas de nuestros uniformes nos dan unos pocos puntos a favor.
—Hasta a Sailor Saturn, una niña, le sentaba bien —opinó Sailor Amethyst, sonriendo un poco—. Sé que no debería ser tan superficial, pero tengo la impresión que el uniforme de una Sailor Senshi está pensado para que nosotras luzcamos mejor, con todos los ornamentos que vienen con el uniforme.
—Tienes un punto al decir eso —dijo Sailor Zephyr, frunciendo el ceño también al ver que la mancha que había visto Sailor Amethyst se estaba haciendo cada vez más grande—. ¿Qué es eso?
Sailor Amethyst no respondió, porque había visto otras dos manchas al lado de la primera, y, tal como esta última, iban aumentando de tamaño. Al principio pensó que se trataba de meros meteoritos, pero más y más manchas aparecieron, hasta conformar un total de diez. Todas las manchas estaban muy juntas entre sí, por lo que Sailor Amethyst dedujo que no podían ser cuerpos celestes.
—Son los monstruos de Warbringer —dijo Sailor Amethyst, guardando sus equipos y poniéndose de pie con rapidez—. Tenemos que escondernos.
—¿Dónde? —preguntó Sailor Zephyr, mirando a su alrededor—. No hay más que ruinas.
—Basta con que nos transformemos en chicas normales, y nos escondamos bajo las columnas —dijo Sailor Amethyst, con una voz más alta y clara, de forma que las demás también escucharan—. Estarán aquí en cuatro horas, pero, solamente por si acaso, debemos asumir que Warbringer sobrevivió a la explosión de Hecate, por lo que podría estar espiándonos. Por eso, no debemos emitir radiación sigma, y transformándonos en chicas normales podemos hacer eso. También tenemos que engañar a Warbringer, pero déjenme eso a mí.
Todas, salvo una Sailor Senshi, estuvieron de acuerdo.
—Yo tengo que ir a Plutón —dijo Sailor Pluto a Sailor Amethyst, recordando las palabras que le había dicho la reina Serenity—. Si Warbringer sigue con vida, es mejor que ustedes estén escondidas. Yo seré el señuelo, en caso que él se de cuenta que estoy en la luna, pero no tendrá forma de encontrarme hasta que yo haya averiguado lo que hay en la estación Caronte.
—¿Y estás dispuesta a correr el riesgo? —preguntó Sailor Tourmaline, luciendo un poco escéptica.
—Es posible que mi destino ya esté sellado, así que no tengo mucho que perder.
—Si quieres, yo puedo acompañarte —ofreció Darien, quien juzgaba que iba a ser un estorbo para el resto de las Sailor Senshi—. A mí también me interesa saber la verdad sobre tus orígenes, y, al final, puede que ese conocimiento le sea útil a Sailor Moon, si es que regresa a ser lo que fue alguna vez.
Sailor Pluto asintió por toda respuesta.
De ese modo, las Sailor Senshi, menos Sailor Pluto, volvieron a ser chicas normales, y buscaron refugio bajo columnas derruidas o trozos de pared. Sailor Pluto permaneció de pie, sosteniendo su cetro con firmeza.
—Toma mi mano —le indicó a Darien, y él hizo lo que Sailor Pluto le había pedido—. Apareceremos directamente en la estación Caronte. Usaré mis poderes temporales para transportarnos, así que puede que, cuando lleguemos, te sientas un poco mareado, pero es normal.
—¿Y si vomito?
—Preferiría que no lo hicieras —respondió Sailor Pluto con una ligera carcajada—. Prepárate, porque aquí vamos.
Tanto Sailor Pluto como Darien fueron envueltos por una esfera de color negro, y comenzaron a flotar sobre las ruinas del Milenio de Plata. Darien tomó la mano de Sailor Pluto con más fuerza, como si temiera caer al suelo en cualquier momento, pero eso no llegó a pasar. Siguieron elevándose, y, en cuanto Sailor Pluto alzó su cetro a las estrellas, la esfera comenzó a parpadear, cada vez más rápido, hasta que, con un destello breve, ambos desaparecieron de la luna.
Órbita de la luna, cinco minutos después
Warbringer había jurado que encontraría a las Sailor Senshi en la luna, pero, aparentemente, se había equivocado. Podía sentir la presencia de una sola de ellas, pero se encontraba bastante lejos, casi fuera de los límites del sistema solar. No entendía nada. Había escuchado claramente a una de las Sailor Senshi que ellas irían a la luna a averiguar más sobre el Sailor Cristal de la fallecida Sailor Silver Moon.
—Diablos, ¿dónde están?
Warbringer se acercó a la luna, y sobrevoló la superficie del lado oculto, donde se encontraban las ruinas del Milenio de Plata.
—Ajá.
Cerca del perímetro de las ruinas, vio una nave de las mismas características que la que empleaban las Sailor Senshi para viajar de un sistema a otro. Lo que no esperaba hallar, fue que la nave se encontraba gravemente dañada. Alunizó frente a la nave, observando que la mayor parte del casco tenía surcos muy profundos, como el que haría la espada de Silverblade. Los tanques de combustible habían estallado, y Warbringer sabía que el fuego haría una cosa así, algo muy propio de Wildfire.
Los Galthazar estuvieron aquí.
Warbringer siguió su camino hacia las ruinas del Milenio de Plata, y vio figuras extrañas tiradas en el suelo, como si fuesen muñecas de trapo que alguien hubiera arrojado en un arrebato de furia. Acercándose más, notó que eran los cuerpos de varias Sailor Senshi. Al ver los cadáveres con más detalle, se percató que eran las mismas que habían escapado de Hecate. Todas ellas tenían sus uniformes chamuscados, algunas tenían escarcha en sus piernas y caras, y había un par cuyas pieles estaban completamente ennegrecidas. Warbringer ya había visto esas secuelas antes, cuando alguien era sometido a una descarga eléctrica constante de alto voltaje. Aquello confirmaba lo que ya intuía. Los Galthazar habían encontrado finalmente al resto de las Sailor Senshi, pero, en lugar de dejarlas vivas, se apoderaron de sus Sailor Cristales, y las mataron. Warbringer hallaba eso extraño. Los Galthazar no eran asesinos. No estaba en su naturaleza matar a las Sailor Senshi. Ellos solamente buscaban los Sailor Cristales, por lo que Warbringer no entendía por qué, de pronto, los Galthazar buscarían exterminar de formas tan crueles al resto de las Sailor Senshi.
Eso es algo que deberé responder después. Primero tengo que encargarme de la última Sailor Senshi con vida. Si está tan lejos, entonces eso significa que puede estar en una sola parte.
Pensando que solamente había perdido el tiempo en la luna, Warbringer despegó de la superficie, rumbo al último planeta del sistema solar, pero no iba a llegar allá por métodos convencionales. Con la ayuda de los poderes de Sailor Galaxia, se transportó a su destino de forma inmediata.
La luna, dos minutos después
—Eres asombrosa, Violet —dijo Lynn Knoxville, mientras salía de su escondite, al igual que el resto de las chicas—. Tus poderes engañaron completamente a ese imbécil de Warbringer. Saori debe estar orgullosa de lo has hecho ahora.
Violet se puso colorada.
—Estoy segura que así es —dijo, transformándose brevemente en Sailor Amethyst para deshacer su magia, y volvió a transformarse en una chica normal. Los cuerpos de las Sailor Senshi desaparecieron al instante, al igual que los daños en la nave espacial—. Esperaremos a que lleguen los monstruos de Warbringer en la nave. Podremos usar sus instrumentos para saber cuándo ir a la Tierra e infiltrarnos en el palacio de Tokio de Cristal.
Las chicas abordaron la nave, y cada una tomó una posición en la cabina de pasajeros. Haruka y Michiru escogieron un puesto retirado del resto para tener un poco de privacidad, y algo similar hicieron Scarlett y Sophie, solamente que no hallaron espacio en la cabina de pasajeros, por lo que se encerraron en la cabina de mando, y pusieron una contraseña a la puerta de acceso para que nadie pudiera interrumpirlas. Nicole se separó del resto, pidiéndole a Violet uno de sus aparatos de comunicación. Sailor Kakyou y sus guardianas se sentaron alrededor de una mesa circular, en completo silencio, pues ninguna de ellas sabía qué decir. Eso dejaba a Violet y Lynn una mesa junto a la ventana, desde la cual se podía ver el planeta Tierra. Violet suspiró. Ella había tejido el plan que podría darles la ventaja sobre los Galthazar, pero saber que una parte crucial de éste estaba en manos de la suerte, le hizo pensar que, tal vez, todo el esfuerzo que estaban a punto de hacer sería en vano. Serena no recordaba nada de su vida pasada, ni como la princesa Serenity, o Sailor Moon, y convencerla de que alguna vez fue todo eso sería casi imposible.
¿Y si no hay nada que podamos hacer? ¿Y si los Galthazar están destinados a ser los nuevos guardianes de la Vía Láctea, y nosotras tenemos que desaparecer, por el bien común?
Violet desestimó la idea. No podía creer que las creaciones de la misma Sailor Alpha fuesen tan mezquinas como los Galthazar les querían hacer creer. Aquellas batallas por el poder habían tenido lugar después de la muerte de Sailor Alpha. Si existía alguna forma de traer de vuelta a Sailor Alpha, las Sailor Guerras podrían acabarse de la misma forma en que habían comenzado. Al final, el riesgo era el mismo. Daba lo mismo que los Galthazar dijesen que las Sailor Senshi solamente se peleaban entre ellas. Si Sailor Alpha, de alguna forma, resucitara en Sailor Moon, ya no habría razón para que las Sailor Senshi siguieran peleando entre ellas.
Fue ese razonamiento el que terminó de convencer a Sailor Amethyst que lo que quería hacer no solamente era necesario.
Era inevitable.
