No era la primera vez que sentía el reiatsu de su antiguo capitán, lo había sentido poco tiempo antes, pero su pelea con Gin no le había dado tiempo para buscarlo, para intentar hablar con él, para preguntar por qué, estaba demasiado ocupada con otras cosas, muriéndose por dentro. Sin embargo creyó que una vez Aizen fuera derrotado al menos la buscaría, y por fin tendría las explicaciones que tanto había necesitado, pero no, el bastardo había huido, se había escondido de nuevo, y como un cobarde se había negado a dar la cara, «pero esta vez no escaparás» pensó, no se lo permitiría.

Apurada, alcanzó las escaleras de la primera división, y no le sorprendió ver que no era la única curiosa, Ukitake-taichou, Kyoraku-taichou, hasta Zaraki-taichou, y en medio de ellos ese desgraciado con cara sonriente, como si no hubiera hecho nada.

—¡Gruñe, Haineko! —pronunció con rabia y amargura al desenvainar su zanpakuto, el resto de los capitanes apartándose un poco pero sin interferir ni pedirle que se detuviera. Al menos parecían sensatos.

—¡RAAAAAN-CHAAAAAAAN! —gritó su viejo capitán—. ¡RAAAAAN-CHAAAAAN! ¡RAAAAN-CHAAAN! —siguió repitiendo mientras saltaba de un lado a otro intentando protegerse de su nube de cenizas, que no paraba de rodearlo y atacarlo.

—¡BASTARDO! ¡IMBÉCIL! ¡¿CÓMO PUDISTE?! —Reclamó henchida de rabia mientras atravesaba su shikai con la mano alzada—. ¡Paf! ¡paf! ¡paf! ¡paf!

—¡Ouch, ouch, ouch, ouch! —gruñó Isshin después de cada cachetada—. Por favor Ran-chan… —imploró.

—¡NO me llames así estúpido IDIOTA! ¡Es Matsumoto-fukutaichou! —reprochó enseguida con el puño cerrado y sin soltar el mango de Haineko. Era increíble su descaro, como después de tanto tiempo le hablaba como si no la hubiera abandonado, y no solo a ella, a Toshiro, a toda la división.

Demonios, había sido duro, los habían visto con lastima, los habían acusado de ser tan mediocres que ni su capitán los toleraba, que eran una desgracia para el gotei 13, y que por eso era mejor irse de la décima división. Les había costado tanto recuperar su reputación, se habían esforzado, habían sudado, habían pagado con su sangre, y todo era su culpa.

—¡Por favor, déjame explicar! —respondió Isshin levantando las manos en eso gesto que tienen las personas cuando quieren que no los golpeen. Habría sido gracioso en otro momento, pero no era momento de chistes, ni de bromas.

—¡PENSÉ QUE ESTABAS MUERTO! —gritó ella en respuesta—. ¡MUERTO! —Las lagrimas comenzando a nublar sus ojos. «No, no, no voy a llorar por culpa de ese tarado» pensó ella pasando la mano por su rostro apretado. Él no merecía ni una sola de sus lágrimas.

—¡MATSUMOTOOOOOOO!

—¡TOSHIROOOO-KUUUUN! ¡NO HAS CRECIDO NADA! —Exclamó Isshin alzando en brazos a su capitán que acababa de llegar, y que se veía confundido, enojado, incluso un poco ansioso—. ¡POR FAVOR TOSHIRO-KUN, PUEDO EXPLICARLO, LO PROMETO, PERO SALVAMEE DE RAN-CHAN! —siguió gritando Isshin sin soltar al peliblanco, que no parecía reaccionar.

—Yare, yare, yo también quiero saber —comentó una voz divertida, quizás por el exceso de sake que se hacía notar en su aliento. Demonios, quería un trago también, no, quería muchísimos tragos y emborracharse hasta perder la razón, y olvidar completamente al imbécil de su ex-capitán.

—Cof... cof… quizás sea mejor hablar… cof… en privado… cof… —notó una voz razonable con un poco de tos. Rangiku alzó los ojos, y podía entenderlo. Otros shinigami se habían acercado y contemplaban atónitos el espectáculo de ver a una teniente atacando a quien parecía ser un capitán. Estaba segura de que Hisagi escribiría un artículo en la revista del Seireitei, ya podía leerlo en su mente «Rangiku Matsumoto: desquiciada y al acecho»

—Matsumoto, por favor —insistió su capitán tratando de tranquilizarla.

—¡Oh, Toshiro-kun! ¡Has madurado tanto, que orgulloso me siento!

—¡Es Hitsugaya-taichou! —refunfuñó el capitán de la decima división—. Y yo también quiero una explicación, pero no aquí Shiba Isshin—continuó él con sus puños apretados, y hablando con formalidad, como si su antiguo capitán no fuera más que un simple conocido, y uno que no le caía muy bien.

—Lo prometo, de verdad —afirmó su antiguo capitán con cara de derrotado, y entregándole a su capitán las ordenes del soutaichou, que para asombro de todos, incluso de Kyouraku-taichou y Ukitake-taichou había tenido el atrevimiento de entregarle la tercera división.

«No puedo creerlo» pensó Rangiku mientras el pequeño grupo de shinigamis excepto Zaraki que los había dejado al ver que no tendría una pelea, saltaba de techo en techo camino a los cuarteles de la tercera división. Quizás el último lugar que elegiría visitar «Gin», pero Gin ya no estaba ahí, había muerto como todos los capitanes traidores, y como si no fuera suficiente, su reemplazo era otro hombre que la había traicionado.

—¡KIRAAAAA! —gritó ella apenas divisó el cabello rubio del teniente de la tercera división que miraba con los ojos caídos a los recién llegados—. ¡Abre la oficina del capitán! —demandó firme.

—¡Pero, pero…! —titubeó Kira ante su actitud. Y más viendo que Kyoraku-taichou, Ukitake-taichou y Hitsugaya-taichou estaban frente a él.

Rangiku le arrancó las órdenes de las manos a su viejo capitán antes de lanzárselas al teniente que las leyó sin apenas cambiar su expresión.

—¡Este bastardo es tu nuevo capitán! —señaló con el dedo antes de voltearse hacia Kira—. ¡La oficina, ahora! —exigió sin dejar hablar a Isshin, ni siquiera lo dejó presentarse. Solo lo agarró de su haori arremangado y lo arrastró llena de furia hacia la oficina que Kira intentaba abrir apurado.

—¡Comienza! —gritó empujándolo dentro del espacio vacío que poco antes había ocupado Gin. Ya sin sus adornos, completamente estéril, sin jarrones de caqui conservados solo para compartir con ella.

—¡Oh, Kira-kun! ¡Mi nuevo hijo! ¡Masaki, Masaki! ¿no te dije que un día tendríamos otro hijo? —exclamó Isshin sin dejarse caer y abrazando a su nuevo teniente que parecía haber entrado en shock—. ¡Oh, Masaki, mira, nuestro nuevo hijo parece deprimido, tenemos que hacer algo para alegr…!

—¡PAF! —Otra cachetada—. Te dije ¡empieza a hablar!

—¡Está bien, está bien, voy! —respondió Isshin apenado mirando a todos al mismo tiempo—. Kira-kun, tú también quédate —comentó al ver que el teniente parecía querer abandonar la oficina asustado.

—Entonces, verán… —comenzó Isshin con su explicación. Era una historia complicada y como no resultaba raro en los últimos tiempos, el punto de partida había sido Aizen. Ciertamente ese traidor había estado trabajando bajo las sombras desde hace muchas décadas. Sin embargo Isshin no se detuvo ahí, y sin pausa les explicó sobre como había tenido que sacrificar sus poderes, como había formado una familia, y sobre todo, Yuzu.

—¡Oh! taichou, lo siento tanto —pronunció casi que con ganas de darle un abrazo a su ex-capitán. Podía comprender lo de su hija, no era insensible, lo que había pasado era trágico. Sin embargo era muy pronto para ese tipo de cosas—. ¿Pero por qué no nos dijo nada taichou? ¿Por qué? Lo habríamos ayudado —reclamó menos enojada, pero con el corazón hecho pedazos. La había dejado, y la había traicionado, pero al mismo tiempo no lo había hecho. Y no es que lo perdonaba, no en realidad, aún si sus razones no eran malas, se había ido, no había confiado en ella.

—¡Oh! Ran-chan, nunca te habría puesto en peligro —respondió él haciéndola sentir aún mas partida. Su capitán observando todo con calma, sin hablar, se le notaba pensativo. No lo culpaba.

—Mmmmmm así que Ichigo-kun… —comentó otra voz al terminar de tomar un trago de la pequeña botella de sake que guardaba escondida en su kimono.

—¿Pero tu hija… cof… Yuzu-chan… cof…? ¿está… cof… bien Isshin? —preguntó el capitán de la treceava división.

—Ya se despertó, pero… —respondió Isshin con los ojos entrecerrados y los dedos apretando su nariz—. Va a ser difícil para ella. Apenas tiene once años, solo once, imaginen eso. Y ahora parece una mujer adulta, los hombres… —Isshin se detuvo con un suspiro viendo su escote, podía imaginar lo que estaba pensando «¡Pervertido!»—. ¡Kira-kun! mi segundo hijo, tienes que encargarte de cuidar a tu nueva hermana ¿entendido?

—Ehhh ¿sí? —respondió el teniente sin entender porque su nuevo capitán insistía en llamarlo hijo.

—¡Ohhh Kira-kun! Sabía que podía confiar en ti. Ven hijo —demandó el hombre en pie con una pose masculina—. ¡Ven y abraza a tu otou-san!


Toshiro recordó lo que había ocurrido en Karakura con las puertas del infierno, había visto a la hija del capitán, aunque por supuesto en ese momento no sabía que lo era, excepto que era la hermana de Karin, y de Kurosaki. Pero aunque su explicación fuera perfectamente lógica, no podía evitar sentirse abandonado, porque por muchas vueltas que le diera, eso es lo que había pasado.

—Pero nos dejó taichou… —murmuró en voz baja al ver a Izuru escurrirse del ahora capitán de la tercera división—. ¡No estaba listo! ¡Necesitaba más tiempo! —reclamó. Porque aún cuando le molestaba que lo trataran como un niño, podía admitir que era joven, y que en ese momento en que su capitán desapareció, lo que menos imaginaba era tener que convertirse en su reemplazo. Quizás era egoísta si lo pensaba bien, quizás solo pensaba en como lo había afectado ¿pero no había sido egoísta su capitán al irse sin dejarles ni una nota? ¡Y él tenía derecho a sentirse así!

—Sí, lo hice —admitió el otro shinigami.

—¡No confió en nosotros! —casi gritó él frente a los otros capitanes, no es que quisiera llorar, por nada del mundo se humillaría de esa manera. Sería intolerable escuchar los comentarios y burlas de otras personas. Pero la confianza era importante, y se sentía herido.

—Te habría ayu… cof… dado —comentó Ukitake-taichou con decepción.

—Y yo —añadió Kyoraku-taichou recostado en la pared.

—¡Oh! Toshiro-Kun, Ran-chan, y ustedes también amigos míos… —respondió Isshin triste sin dejar de mirarlos—. Lo siento, de verdad que lo siento por lo que les hice, acepto mi responsabilidad, sé que pude haber actuado de mejor manera, sé que merecían mi confianza, y haré todo lo que pueda para que algún día me perdonen.

—No sé si eso es suficiente taichou, y no puedo hablar por Matsumoto —susurró al ver la cara de su teniente. Que extrañamente se había quedado muy tranquila.

—¡Oh, Toshiro! Quiero contarte algo ¿puedo? —preguntó Isshin.

Toshiro asintió.

—¿Sabes? No creas que me olvidé de ti, nunca lo hice —comentó el otro capitán—. El día que me enteré que te habías convertido en el capitán de la décima, me sentí muy orgulloso de ti. Imagina, mi pequeño tercer oficial, arisco, serio, adicto al trabajo de oficina, viejo antes de tiempo, con el tamaño de un niño de primaria, se había convertido en capitán antes que muchos otros shinigami de muchos siglos ¿Cómo podía yo no sentirme orgulloso?

«¿En serio?» pensó. La falta de delicadeza y tacto del taichou no había mejorado en nada después de veinte años. Esperaba que al haber estado casado, y haber tenido hijos hubiera cambiado un poco, pero era obvio que no debía esperar ningún tipo de milagro.

—Sí, quizás no sentías que estabas listo, lo entiendo, pero créeme —afirmó mirándolo—. Yo sabía que podías hacerlo, y hasta que podías ser mejor capitán que yo.

No sabía cómo sentirse ante sus palabras, no es que estuviera buscando un cumplido, o que le dijeran lo fantástico que era, lo que quería era… bueno, en realidad no sabía lo que quería.

—Pero todavía me cuesta, me han vencido, he perdido batallas —lamentó con pena, y tratando de evitar un puchero que lo hiciera parecer un niño malcriado.

—Eso nos pasa a todos Toshiro-kun ¿crees acaso que yo nunca he perdido? ¿Crees que soy perfecto? ¡NO! ¡A mí también me han derrotado! Y seguramente en el futuro habrá batallas que perderé. Pero… —pronunció poniéndose de pie y colocando las manos sobre sus hombros—. Algún día serás el capitán más fuerte del gotei 13, más fuerte que yo, lo sé, y nunca dejare de creer en ti.

—¿Pe-pero cómo?

—Sigue haciendo lo que has venido haciendo, no dejes de entrenar, y si necesitas ayuda, búscame —ofreció Isshin—. ¿Y Toshiro?

—¿Si?

—No quisiera enterarme de que mi hija menor se sigue reuniendo a escondidas con un pequeño y frio shinigami —amenazó frente a todos—. Tú sabes, acabo de perder a una de mis niñas, no estoy preparado para perder otra.

—Este… yo… —titubeó. Kami, el no tenía nada con Kurosaki Karin, sí, se divertía jugando futbol con ella, pero eso era todo, solo eran amigos.

—Taichouuuuuuuuuu —exclamó Matsumoto apretándolo contra su escote—. ¡Mi taichou es novio de la hija de mi otro taichouuuuuuu! ¡Estoy tan feliz!

—¡MATSUMOTOOOOOO!

Este es el capítulo de la semana siguiente, lo subo hoy ya que estaré de viaje y no llevaré laptop. Gracias por los comentarios.