N-A: Quería publicar esto en Halloween, pero no tuve la oportunidad. 😞 Para mañana si Dios quiere, el quinto capítulo junto con el epílogo.👻

Fin de N-A.

Disclaimer: el programa de Miraculous: Tales of Ladybug & Cat Noir no es de mi propiedad. Todo crédito a su creador Thomas Astruc.

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Capítulo 3: Tercer Susto.

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La mañana después de los sucesos en el colegio, Lila encontró un mensaje escrito con un líquido similar a la sangre en el espejo de su tocador: -"Te estoy observando" -decía.

La chica cayó de rodillas frente a su tocador y sollozó desesperada sin saber que hacer para detener lo que le estaba pasando. Claro que recordaba a Orlena Cantoni, una chica de su misma edad que estudiaba en su nuevo colegio en Italia hacía un año. La había odiado desde el primer momento en que se encontró con ella, porque la ojigrís era más guapa, más lista y más popular que ella. Lila había hecho todo lo posible por hacerle la vida imposible, inventando rumores, robando sus cosas, burlándose de ella. Había disfrutado viendo cómo Orlena se hundía cada vez más, hasta que un día, por medio de las redes sociales se enteró de que se había suicidado en su habitación. La ojiverde no sintió ningún remordimiento. Al contrario, se alegró de haberse librado de una molestia tan grande como ella.

Los días siguientes, se enteró que iban a investigar lo sucedido, por lo que se sintió nerviosa durante unos días, temiendo que se enteraran de su participación con respecto a lo ocurrido con Orlena, por eso cuando su madre le dijo que se mudaban a la bella ciudad de París en Francia, por motivos de trabajo, Lila lo vio como una oportunidad para empezar de cero y olvidarse de su pasado.

"¿Por qué solo a mí me está haciendo esto? Yo no la maté. Ella se quitó la vida por su cuenta. Era una débil, una perdedora, una fracasada. Debió estar de mi lado en lugar de estar en contra mía", pensó Lila con odio e impotencia. La joven Rossi en sí no se consideraba una mala persona, solo había mentido y manipulado a los demás para conseguir lo que quería. No era su culpa que Orlena se hubiese interpuesto en su camino y fuera tan débil y se dejara afectar por sus burlas y amenazas. Ella se convenció de que no tenía nada de qué arrepentirse, y que pronto Orlena se cansaría de sus inútiles intentos de venganza y todo volvería a la normalidad.

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Pronto se demostró que sus suposiciones estaban completamente erróneas, pues la fantasma de Orlena no le dio ni un solo día de tregua, atormentándola de varias formas, sola o acompañada, no importaba, ya que se aseguraba de que únicamente ella se diese cuenta de las cosas inquietantes que pasaban. Por las noches, susurros inquietantes resonaban en los oídos de la italiana, las luces parpadeaban, los espejos de la casa reflejaban imágenes perturbadoras y las puertas se cerraban solas a diferentes horas del día. Orlena también solía torturarla en sus sueños por medio de terribles pesadillas. Ya no podía dormir bien por las noches y comenzó a faltar a la escuela. Su madre estaba preocupada por ella y trató de consolarla, pero nada parecía funcionar.

Esa noche no fue la excepción. Lila se despertó en medio de la noche, empapada en sudor. Había tenido una pesadilla espantosa en la que el fantasma de Orlena Cantoni, la perseguía por toda la ciudad. La joven italiana intentó tranquilizarse diciéndose que solo era una pesadilla, pero no podía sacudirse la sensación de que algo andaba mal.

Repentinamente, sintió una presencia extraña en su habitación. De un momento a otro, escuchó una risa siniestra que parecía venir de todas partes. Lila estaba aterrada. Alterada trató de encender la luz, pero no funcionaba. La risa continuó volviéndose más fuerte a cada segundo. Para su horror, sintió que algo la arañó en el brazo extrayendo sangre y gritó. Lila corrió hacia la puerta tratando de escapar, mientras sujetaba la sangrante herida con su otra mano, sin embargo, tal y como sucedió en los baños del colegio, la puerta de su habitación estaba atascada.

Sin previo aviso, el horrible espectro apareció frente a ella, con los ojos inyectados en sangre, y su macabra sonrisa.

-¡YA VETE Y DÉJAME EN PAZ! -gritó casi en una súplica la italiana.

-no hasta que pagues, Lila -le respondió fríamente.

-¡Para ello tendría que decir la verdad sobre todas las mentiras que he dicho, y eso nunca pasará! -replicó ésta.

-Quiero que confieses, Rossi -siseó iracunda la fantasma-. Quiero que le digas a todo el mundo lo que me hiciste. Quiero que te humilles como me humillaste a mí. Quiero que te arrepientas de lo que hiciste.

-No, no lo haré -alegó la aludida-. No voy a confesar nada.

-Sí que lo harás, Lila -repuso Orlena-. Porque si no lo haces, haré que lo pagues muy caro -la fantasma le dijo de forma amenazante elevándose sobre ella.

-¡Nunca! ¡He trabajado tanto para lograr obtener la admiración y devoción de todos esos idiotas como para arrojarlo todo a la basura! -exclamó con creciente molestia la italiana.

-Bien..., ya que no quieres hacerlo por las buenas... -dijo con voz gélida la fantasma-. Lo haremos por las malas... Yo misma me encargaré de que todas tus mentiras sean descubiertas, y que nunca vuelvas a dañar a nadie más -aseguró con malicia ésta, para miedo y confusión de Lila.

-¿Q-qué quieres decir con eso? -preguntó muy nerviosa ésta.

-Ya verás -Orlena se acercó más a ella, para su inmenso terror.

- No, no, no -balbuceó Lila, retrocediendo hasta toparse con la pared-. ¡ALÉJATE DE MÍ, ALÉJATE! ¡ESTO ES UNA PESADILLA, SOLO UNA HORRIBLE PESADILLA! ¡NO ESTÁS AQUÍ!

-No, Lila, esto es la realidad -alegó Orlena, avanzando hacia ella-. Y tú vas a pagar por lo que me hiciste. Vas a sufrir como yo sufrí.

El fantasma de Orlena extendió su pálida mano y agarró el cuello de Lila, apretando con fuerza. La castaña sintió que se le cortaba la respiración, se le nublaba la vista, y se le debilitaba el cuerpo. Por todos los medios intentó zafarse, pero no pudo. Orlena era más fuerte que ella.

-¡Socorro! -gritó Lila desesperada, con las pocas fuerzas que aún le quedaban-. ¡Ayuda! ¡Alguien que me ayude!

Sin embargo, nadie llegó en su ayuda, nadie, ni su madre, que dormía en la habitación continua a la de ella la escuchó. Únicamente estaban ella y Orlena, quien observaba con satisfacción como iba perdiendo la consciencia, hasta que finalmente todo se volvió negro para la joven Rossi y no supo más.

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Fin del Capítulo.