Hola!
No he desaparecido, es que cambio de puesto en la empresa y está siendo intenso y maravilloso, pero tengo poco tiempo libre.
No obstante, llegar llegó, aunque tarde un poquito más.
Esto se acaba... que poquito queda!
Besos y abrazos
AJ
La resaca de la victoria
Una semana después se reunieron todos en casa de Draco. En aquel comedor en el que todo parecía haber empezado siglos atrás.
Habían quedado con Padma, George, Angelina, Hannah y Neville e incluso con Parvati y Lavender en el Caldero Chorreante más tarde, pero Harry y Draco pensaron que si querían hablar de todo lo ocurrido con más libertad, debían reunirse primero ellos, antes de que la celebración tuviera lugar.
—El juicio será dentro de un mes —dijo Harry que estaba sentado a la cabecera de la mesa.
—¿Por qué tanto tiempo? —preguntó Ron frunciendo el ceño.
—Porque necesitará estar en San Mungo durante un tiempo. Los medimagos estiman que necesita al menos veinte días de ingreso por lo que el Wizengamot no puede tener la vista antes de esa fecha.
—¿Qué crees que ocurrirá? —en aquella ocasión fue Luna la que preguntó.
—Sinceramente no lo sé. Es complicado. Deben valorar su estado mental pero ¿Cómo pueden valorar cómo estaba cuando cometió los crímenes? El báculo no existe.
—¿Creéis que ese horrocrux dejará algún tipo de marca? —Pansy se veía pálida y algo preocupada —¿Creéis que realmente fue culpa del báculo?
—La verdad —dijo Hermione mirando a Draco de soslayo —yo creo que puede tener mucho que ver con la forma en la que todo ocurrió pero…
—Pero ya antes de encontrarlo Adrian había elegido bando —terminó diciendo Draco de forma terminante —Puede que ese jodido bastón tomara posesión de su mente y su cuerpo, Pans, pero Adrian fue conscientemente a buscarlo, él siempre creyó en todo esto, pese a que es posible que el báculo le hiciera ser más agresivo, más…
—Malvado —dijo finalmente Pansy.
—No le darán el beso —Harry, que estaba sentado al lado de la morena, dejó que su brazo se apoyara un poco más en el de ella para que sintiera que estaba allí. Se habían acercado mucho en la última semana pero aún no acababa de sentirse completamente cómodo mostrando su naciente amistad delante de los demás —aunque sí tendrá una larga condena en Azkaban.
—Posiblemente una cadena perpetua —dijo Anthony que pensaba que lo mejor era ser sincero al cien por cien.
—Bueno, la verdad es que se lo merece —murmuró Luna.
Todos estuvieron de acuerdo con esa afirmación.
—Ahora que el báculo está destruido —Theo, que estaba al lado de la rubia y jugueteaba con sus dedos indiferente al hecho de tener aquella muestra de cariño en frente de sus amigos, habló con la mirada fija en algún punto de la pared —¿Vas a mostrar lo que has descubierto de Herpo el Loco? —todos sabían que la pregunta era para Hermione.
—Draco y yo estamos pensando en el mejor modo de hacerlo sin explicar a los turcos que allanamos un terreno privado del modo en el que lo hicimos.
—Técnicamente no allanasteis nada —dijo Theo —es una casa enterrada que nadie sabe que está allí desde hace cientos de años.
—Explícales tú eso, después de haber llegado al país con un traslador no autorizado.
Él sonrió
—Sí, quizás sea mejor buscar una forma alternativa.
—¿Y si no decís nada? —preguntó Ginny
—Es parte de la Historia de la Magia —replicó Hermione mirando a su amiga —es muy importante que los historiadores puedan acceder a la información. Herpo el Loco es el mago oscuro más poderoso de la Antiguedad, conocer todo de él sería fantástico. Actualmente todo lo que sabíamos está en un cromo de ranas de chocolate.
—Espero que no hayáis dejado rastro después de haber estado allí —dijo Ron que estaba sentado en el suelo con la cabeza apoyada en un sofá.
Hermione se sonrojó y rezó porque nadie se diera cuenta pero Draco, imperturbable, ganó la atención de todos al hablar.
—Iremos de nuevo a revisar que todo esté correcto antes de… hacer lo que tengamos que hacer para que encuentren la casa.
—Puedes usar toda la investigación del caso —intervino Harry —tal vez puedas viajar a Turquía, alegando que crees que puede haber algo de Herpo allí. Kingsley puede ayudarte hablando con el Ministerio turco para que te permitan investigar… de forma oficial.
—Sino puedo llevar una de mis investigaciones de los Lempites de lomo azul a Turquía y encontrar la casa por casualidad —dijo Luna, resuelta —Theo puede acompañarme.
En el silencio que siguió todos se miraron entre ellos sin querer decirle nada a la candorosa mujer.
—Luna —fue Theo quien habló, sin dejar de acariciar el dorso de su mano —creo que es mejor la idea de Harry.
—Vale —ella se encogió de hombros con una sonrisa —pero si cambiáis de idea no me importa ayudar.
—Gracias Luna —murmuró Hermione cuando todos volvieron a guardar silencio.
—¿Habéis conseguido hablar con Andrian? —Blaise que estaba en una silla cerca de la mesa se sirvió un café y le dio un trago.
—No —respondió Draco —ni siquiera está despierto.
—Han tenido que sedarle —apuntó Anthony —cuando recuperó la conciencia en San Mungo comenzó a gritar y no pudieron hacer otra cosa.
—Hablando de San Mungo —intervino Ron —¿Os habéis enterado de que la abuela de Neville está mejor?
—¿En serio? —preguntó Harry quien, con todo aquello llevaba días sin hablar con sus amigos.
—Hannah me ha dicho que es posible que vuelva a casa en una semana —respondió el pelirrojo.
—Eso sí que es una buena noticia —Harry sonrió, contento y sintió que Pansy le daba un ligero apretón en la rodilla.
—¿Qué os parece si nos vamos al Caldero Chorreante y celebrarmos todo? —preguntó Blaise mirando la hora —ya deben estar todos allí, además digo yo que tendremos que brindar por la victoria.
Entre risas y empujones todos fueron hacia la chimenea para utilizar la red flu hasta el Callejón Diagon. Los primeros en atravesar las llamas fueron Ronald, Luna y Theo, seguidos por Blaise, Ginny y Anthony. Draco y Hermione pasaron detrás y, justo cuando Pansy iba a poner un pie en la chimenea, Harry la sujetó de la muñeca y la obligó a frenar.
—Espera —murmuró cuando se giró para mirarle.
—¿Qué ocurre? —preguntó la mujer alzando las cejas de forma interrogante.
—Necesito hablar contigo —la soltó y se cruzó de brazos dando un paso atrás — mañana regresas a Sky ¿Verdad?
Pansy asintió.
—Connor ha vuelto y creo que quiere celebrar lo bien que ha ido el viaje —rió bajito —cada vez que llega con las noticias de que todos los cuadros y las esculturas se han vendido yo… en fin, es maravilloso. Tenía que haber regresado hace dos días pero me quedé un poco más, supongo que es hora de volver a casa.
Harry la miró. La miró durante tanto tiempo que ella empezó a ponerse nerviosa y sintió que se sonrojaba bajo su escrutinio. Sus ojos verdes estaban oscurecidos tras las gafas y estaba tan serio que Pansy tragó saliva y tuvo ganas de bajar la mirada con timidez. No lo hizo, a fin de cuentas era una Slytherin y una Slytherin no agachaba la cabeza.
—¿Ocurre algo? —preguntó al cabo de unos minutos cuando el silencio se le hizo insoportable.
—Sí —respondió Harry. Pero siguió callado.
—¿Harry?
Los labios del auror se torcieron en una sonrisa y sus ojos chispearon.
—Me gusta cuando me llamas por mi nombre.
Su voz era algo más ronca que de costumbre y Pansy sintió como su rostro ardió, como una cerilla que acabara de prenderse.
—Yo… yo…
Él dio un paso hacia ella nuevamente y apoyó una mano en la mejilla sonrojada de la mujer, pasando el pulgar por su pómulo de forma suave, casi etérea.
—Quiero ir a verte a Sky, Pansy —murmuró en un susurro apenas audible.
Ella parpadeó, completamente perdida en aquella intensa mirada. Quiso responder pero de pronto sus cuerdas vocales parecían haber sido víctimas de un petrificus totalus y juraría que su lengua estaba pegada a su paladar.
—¿Quieres que vaya? —le preguntó al ver que ella estaba paralizada bajo su mano con los ojos velados y la boca entreabierta, como si quisiera hablar y no encontrara la forma.
Pansy asintió sin dejar de contemplarle y, cuando pulgar de Harry resbaló por su mejilla y perfiló su labio inferior, tembló de la cabeza a los pies.
Harry percibió el estremecimiento y volvió a sonreír, sintiéndose mucho más seguro en ese momento de lo que se había estado sintiendo desde que impidió que la mujer entrara en la red flu.
Llevaba un par de días dandole vueltas al tema y pensando cuál sería la mejor forma de acercarse a Pansy. Sabía que estaba a punto de regresar a Escocia y dado que, o mucho se equivocaba o la atracción que había empezado a sentir por ella era recíproca, tenía poco tiempo para dar un paso adelante.
Puede que aquello no fuera nada más que una fascinación temporal y transitoria pero ¿Acaso no le había enseñado la vida a no dar nada por sentado? ¿Y si reencontrarse con ella en ese momento había sido profético? Él mejor que nadie sabía que tan real era el destino de modo que se lanzó a la piscina porque lo peor que podía pasar era que ella le mandara a la mierda y teniendo en cuenta que ni siquiera vivía en Londres tenía más que ganar que lo que podía perder si le rechazaba.
Pero ella no le estaba rechazando.
Estaba seguro de que su alegría se reflejó en su rostro cuando acarició su labio inferior y, tal y como había ocurrido más de una vez en las últimas semanas, su erección cobró vida cuando ella se lamió el labio de forma incosnciente, pasando la punta de aquella lengua sonrosada y húmeda por la yema de su dedo pulgar.
Ambos contuvieron el aliento a la vez y Harry, mandando al infierno su sentido de la autoconservación, dio el último paso y, apartando su dedo de aquella atractiva boca, aplastó sus labios contra los de ella.
Fue un beso incómodo al principio, un beso tentativo y curioso, un beso casto que probaba las posibilidades de convertirse en algo más. Se reconocieron con suavidad, buscando la forma de que sus bocas encajaran la una con la otra, sin prisa, de forma lánguida y tranquila. Pansy cerró los ojos y Harry observó como aquellas espesas pestañas acariciaban sus mejillas. La escuchó suspirar y, rindiéndose a lo inevitable, la besó de verdad.
Ella jadeó cuando la suave caricia, el tentativo roce de sus labios, se convirtió en algo demoledor. La timidez y el decoro se convirtieron en pura lujuria y sensualidad.
Siempre había pensado en Harry Potter como en un chico vergonzoso y tímido, pero no había nada de vacilación en su boca, ni un atisbo de inseguridad en aquella lengua que empujaba la suya, tentándola con roces eróticos que la hicieron gemir de necesidad.
Él sujetó el rostro de Pansy entre sus manos ligeramente ásperas y con el pulgar empujó hacia abajo su barbilla, instándola a abrir más la boca para él y la bruja lo hizo susurrando su nombre. Abrieron los ojos al mismo tiempo y se miraron, jadeantes, casi paralizados en ese infinitesimal segundo en el que fueron conscientes de lo que ocurría, de lo que estaban dejando que ocurriese.
—Harry…
Los dos volvieron a buscarse una vez más.
Harry sujetó su cuello con ambas manos, hundiendo los dedos en su pelo para mantenerla allí, cerca de él, anclada a su boca mientras ella le rodeaba el cuello con los brazos para empujarle más hacia su cuerpo.
Su beso se transformó, volviéndose húmedo y frenético. Sus lenguas, ávidas de contacto se enredaban la una en la otra en una sensual danza erótica. Se buscaban, tentándose, siguiéndose en aquel abrazo íntimo.
Pansy mordió el labio de Harry casi escaló por su cuerpo hasta que pudo rodearle las caderas con las piernas para pegarse a él y el gruñido ronco y gutural de Harry cuando sus sexos entraron en contacto incluso con la barrera de las ropas, hizo que la sangre de Pansy hirviera y profundizara en ese beso que empezaba a escapárseles de las manos.
Estaban tan perdidos en aquellas sensaciones recién descubiertas que ninguno de ellos escuchó crujido de las llamas al activarse la red flu.
—Oh joder… mierda, mierda —la voz de Draco hizo que los dos se congelaran, abrieran los ojos y rompieran el beso a la vez —maldita sea Pansy… —le escucharon resoplar y activar de nuevo la chimenea y ambos se recompusieron, mirándole enrojecidos e incómodos —esto no ha ocurrido —la voz de Malfoy era seria y autoritaria —yo nunca he estado aquí y nunca os he visto haciendo… —compuso una mueca de asco y sacudió la cabeza —esto no ha ocurrido —repitió —todos se preguntan donde estáis y, salvo nuestra prima la loca, que me parece que sabía lo que estaba pasando aquí, el resto creen que os estáis peleando —frunció el ceño —el Weasley mayor piensa, por algún motivo que no he logrado entender, que tú —dijo mirando a Potter —has podido salir en la chimenea equivocada. Como sea, dejad de… —se estremeció —os espero allí.
Sin más desapareció en las llamas y Pansy miró a Harry de soslayo, aún avergonzada pero mucho más feliz.
—Supongo que tenemos que ir —dijo con un amago de sonrisa.
—Sí —Harry también sonrió, pasándose la mano por la nuca —¿Vamos? —le tendió la mano y ella la tomó.
—Espera, Harry —en esa ocasión fue ella la que le impidió entrar a la chimenea —¿Vendrás entonces a Sky? ¿Vendrás a verme?
—¿Qué te parece el fin de semana?
La sonrisa de Pansy fue luminosa.
—Me parece bien.
Ambos se sonrieron y cruzaron las llamas rumbo al Caldero Chorreante.
Nada más llegar, lo vítores, gritos y burlas no se hicieron esperar porque, obviamente, Draco Malfoy les había contado a todos con pelos y señales lo que había visto nada más llegar a Grinmauld Place y, mientras los dos aguantaban los silbidos, avergonzados, el rubio se reía junto a Blaise mientras brindaban por la victoria y los nuevos comienzos.
—Pues yo quiero aprovechar para brindar por el AWA el Aparato Weasley de Audio que Blaise ha ayudado a patentar —dijo George levantando la copa para brindar —en un mes cada mago y bruja de Gran Bretaña podrá ser propietario de un AWA. Las lechuzas serán historia.
—¡Qué maravilla! —dijo Ginny que siempre había querido tener un teléfono muggle —quiero ser la primera en tener uno —alzó una ceja pelirroja con altivez —mis hermanos y mi novio son los que tienen la exclusiva, creo que tengo preferencia.
—¿Tu novio, pelirroja? —Blaise rodeó su cintura desde atrás y hundió el rostro en su cuello, susurrando contra su piel.
—Sí —constató ella, terminante —¿Algún problema con eso?
—Ninguno —le sintió sonreír antes de besarla tras la oreja —¿Crees que podrías dejar esa casa compartida en Holyhead y mudarte conmigo? —habló bajito para que sólo ella pudiera escucharle.
La mujer se tensó y se giró en sus brazos hasta que pudo mirar sus ojos oscuros y llenos de promesas.
—¿Quieres que vivamos juntos? —le preguntó rodeándole el cuello con los brazos.
—Puede que sea correr mucho, pelirroja pero ¿A quién coño le importa? Llevo toda la vida buscándote.
—Mentiroso —dijo apretando los labios contra los suyos.
—Puede que no sea así —replicó él después de besarla —pero si no te buscaba era porque no sabía lo que me estaba perdiendo —la abrazó hasta que sus pechos se aplastaron contra su torso —no necesito más tiempo para saber que te quiero en mi cama cada noche y la mejor forma de tenerte ahí es que vivas en mi casa.
Ella rió, sacudió la cabeza y le besó de nuevo.
—Pregúntamelo mañana, Zabini —le mordió el labio y se fue hacia la barra.
—Lo haré, pelirroja —susurró mientras contemplaba aquel estupendo trasero alejándose.
—Más vale que cuides de ella —Ron golpeó el hombro de Blaise.
—Sabes que voy a hacerlo, Weasley.
Ronald sonrió.
—Lo sé, si no lo supiéramos, Harry y yo te habríamos llevado en pelotas a Groenlandia sin varita y te habríamos dejado allí.
—¿Qué hay de ti y de Patil Uno?
Ron le dio un codazo.
—Se llama Padma, gilipollas —miró por encima de su hombro, donde Padma, Lavender y Parvati, estaban brindando con cerveza de mantequilla —creo que lo vamos a intentar —se sonrojó levemente —creo que no puedo cagarla más de lo que la cagué en el baile de Navidad de Hogwarts —rió entre dientes —si después de aquello aún quiere salir conmigo ¿Quién soy yo para negarme? ¡Eh, Harry! —se fue a hablar con su amigo que estaba riendo junto a Pansy justo cuando llegaba Draco.
—¿Quién iba a imaginar eso? —preguntó el rubio señalando a Potter y Pans con la barbilla.
—Cosas peores he visto —murmuró con ironía —si tú puedes enamorarte de Hermione, creo que Pansy puede hacerlo de Potter.
Draco bufó.
—¿Enamorarse? Como mucho quieren follar como conejos, Blaise.
El moreno rió con fuerza.
—¿Acaso no es eso lo que tú querías al principio? Porque que me condenen si no es lo que quería yo de Ginny —suspiró levantándose de donde se encontraba y dio un puñetazo amistoso a su amigo en el pecho —asúmelo tío, parece que las serpientes y los leones no son tan incompatibles después de todo.
—¿Y qué me dices de las águilas? —Draco miró hacia donde Theo abrazaba a Luna en un rincón.
—Eso se veía venir de lejos —replicó Blaise.
Draco carraspeó.
—¿Te recuerdo que apostaste a que Granger acabaría con Nott y no conmigo?
El moreno rodó los ojos.
—Bueno ¿Podemos olvidar eso? —frunció el ceño con fastidio —el Hogwarts Lovegood vivía enamorada de Theo.
Aquello llamó la atención del rubio que le miró como si le hubieran crecido alas y cuernos.
—¿De verdad?
—En el colegio estabas demasiado pendiente de ti mismo como para ver más allá de tus narices —masculló su amigo —pero créeme, yo no. Y solía fijarme mucho en los demás. Ellos eran amigos entonces, una extraña amistad si quieres saber mi opinión. Si yo perdí la apuesta es porque en ese momento, Lovegood ni siquiera estaba en el juego ¿Recuerdas? Iba a casarse y no estaba a la vista —se encogió de hombros —aún así la cosa no ha terminado tan mal ¿No?
—Ha dejado de estar interesado en Granger —murmuró Draco —por mi puede tener cientos de mini lunáticos mientras sus intereses sigan en esa dirección.
Zabini rió.
—Esos lunáticos serán tu familia, eres consciente de eso ¿Verdad? —señaló después a Potter —y si Pansy es familia tuya y Potter…
—Ni de broma, Blaise, ni se te ocurra tirar por ahí.
El moreno rió y golpeó a Draco con el codo.
—Voy a buscar a mi pelirroja, te aconsejo que hagas lo mismo con tu chica, Malfoy —le guiñó un ojo —acabo de ver entrar a Krum.
Draco gruñó al darse cuenta de que era verdad y de que el orangután búlgaro iba directo a Hermione.
Sin pensarlo, fue hacia allí y, como llegó antes que él, pasó un brazo por encima de los hombros de la bruja y la ancló a su costado con naturalidad.
De reojo vio que Krum fruncía el ceño y desaceleraba, pero siguió caminando hacia ellos.
—Hola, Hermy-own —dijo con una sonrisa.
—¡Viktor! —la cara de la mujer se iluminó al verle pero no pudo ir a abrazarle como era su intención porque Draco la tenía firmemente sujeta y no parecía dispuesto a soltarla.
—¿Qué haces aquí? Pensé que estabas de regreso en Bulgaria.
—Me marcho mañana —respondió él —quería despedirme de ti —sonrió con aquella sonrisa que a Draco le hacía rechinar los dientes —Harry me invitó a la fiesta.
—Voy a matar a Potter —siseó Draco apretando a la bruja contra sí —pidete una copa, Krum —dijo con una sonrisa forzada —yo invito.
El búlgaro frunció ligeramente el ceño y miró la forma posesiva en la que Malfoy abrazaba a la mujer. Decidió que preguntaría a Hermione por ello cuando no estuviera él delante porque, aunque había escuchado los rumores de la relación que ambos mantenían, seguía resultándole bastante raro verlos juntos después de todo lo que había escuchado acerca de él. Supuso también que Weasley y Harry le habrían puesto los puntos sobre las íes, no obstante no estaría de más que aquel rubio oxigenado supiera que, si Hermione soltaba una sola lágrima por su culpa, él mismo se encargaría de que lamentara el día en que había nacido.
Con una última mirada se marchó a saludar a los demás.
—¿Se puede saber a que ha venido esto? —preguntó Hermione soltándose de él y mirándole fijamente.
Él se cruzó de brazos y alzó una ceja, interrogante.
—No sé de que me estás hablando.
—Oh, por supuesto que lo sabes… —le hundió un dedo en el pecho —tú… ¿Acaso estabas celoso? —la sorpresa en su voz era casi tangible.
—Sí —respondió Draco con brutal honestidad.
Ella abrió los ojos ante su inesperada confesión.
—Oh…
—Estoy celoso —la sujetó de las muñecas y la empujó hasta que su espalda chocó contra la pared —de todo el que está a tu lado cuando yo no puedo estarlo, de todo el que te habla, el que te mira, de cada persona a la que sonríes —cada palabra era un susurro grave y posesivo —has roto el dique que tenía mis emociones contenidas y ahora simplemente no soy capaz de volver a meterlas dentro.
—No lo hagas —susurró Hermione.
—Vámonos —dijo Draco con brusquedad —ahora.
Ella asintió y ni siquiera se despidieron cuando salieron a la carrera hacia el Callejón Diagon para aparecerse juntos en casa de Hermione.
En un abrir y cerrar de ojos Malfoy la había dejado sobre la cama y se desabotonaba la camisa con celeridad sin dejar de mirarla.
—Eres mía, Hermione. Y quiero que todos sepan que lo eres. Yo soy tuyo y tú eres mía, lo he aceptado y no pienso dejar que cambies de opinión. Nunca.
— ¿Por qué crees que querría cambiar de opinión? — Hermione estaba recostada con los codos sobre el colchón y contemplaba con deleite como Draco se desabotonaba ahora los pantalones —¿Y a qué te refieres con nunca?
— Granger… — Draco se bajó los pantalones junto a los bóxers de seda en un rápido movimiento y se desnudó completamente antes de arrodillarse en la cama, gatear e inclinarse encima de ella, que se fue recostando hasta que ambos quedaron tumbados, uno sobre el otro — pienso atarte a mi — besó la punta de su nariz, su mejilla y sus labios — de cada forma humana — lamió su clavícula y deslizó la lengua por su garganta dibujando arabescos en su piel — mágica — mordió su hombro — incluso muggle que exista en el mundo… no, en el jodido universo— buscó sus labios una vez más y la beso, hundiendo la lengua en su húmeda cabidad, buscando la suya hasta que la bruja respondió con un gemido
—¿Hablas de matrimonio, Malfoy?
—Matrimonio, sí. Aunque no pienso ponerme de rodillas, Granger —rozó su nariz con la de ella —pero tendrás un anillo —sonrió dándole un beso suave en los labios —con una ceremonia ancestral y un apellido que no vale un knut —apoyó la frente en la de ella y cerró los ojos, sintiéndose repentinamente vulnerable —si es que me quieres.
Ella jadeó suavemente, respirando su aliento antes de buscar sus labios en un beso suave y tierno que él devolvió sin dudar. Alzó los brazos para enredar sus manos el los platinados cabellos y le atrajo más a su boca.
—Sí —respondió mordiendo su labio inferior —sí, te quiero. Quiero el matrimonio —susurró conteniendo a duras penas las lágrimas —el anillo, la ceremonia y el apellido, si es que tu me quieres a mí.
Contuvo el aliento, esperando. Ambos respirándose el uno al otro, mirándose de nuevo a los ojos mientras los segundos pasaban, uno, dos, tres.
—Sí —la voz de Draco fue apenas un murmullo —te quiero.
Y el mundo se descontroló. La desnudó casi arrancando su ropa en la prisa por tener su cuerpo desnudo y listo para él. Ella se incorporó, ayudándole a deshacerse de la ropa interior y en apenas unos segundos estuvieron piel contra piel.
Jadearon, buscándose con manos trémulas, explorándose con las bocas ansiosas y los labios húmedos y voraces.
Draco rodó con ella hasta la tuvo a horcajadas sobre él, montándole como una amazona. Con un gruñido abarcó sus pechos llenos con las palmas de sus manos y sintió como su miembro se endurecía cuando ella echó la cabeza hacia atrás, con los labios entreabieros y los ojos cerrados, en un gesto de absoluta rendición.
—Draco…
Gimió cuando él pellizcó sus pezones, jugando con aquellas puntas endurecidas y sensibles que se hinchaban aún más con sus pequeños tirones.
—Maldita sea.
La soltó para sujetar sus caderas y la atrajo hasta que sus pliegues empapados se frotaron contra su sexo una y otra y otra vez.
Ella ahogó un gemido, alzándose hasta que el inflamado glande presionó contra su entrada y se quedó allí, dejando que él se deslizara lentamente por sus labios, apenas empujando lo suficiente como para dilatar los músculos de su estrecha abertura.
Draco la alzó un poco más y después, en un movimiento brusco que los hizo gritar a los dos, la empujó hacia abajo a la vez que él elevaba las caderas y la dejó sentada en su regazo hasta que se quedó enterrado en ella por completo.
Durante unos segundos ambos contuvieron el aliento, inmóviles, perdidos en aquella sensación de plenitud casi mística, disfrutando de la unión de sus cuerpos, mirándose a los ojos como si pudieran fotografiar ese espiritual momento en el que sentían como si sus mismas almas se unieran del modo más primitivo.
De pronto, el trance se esfumó y la unión se volvió puramente carnal. Draco la subía y la bajaba sobre su erección una y otra vez, contemplando como los pechos de Hermione se balanceaban al compás de sus bruscos y profundos envites y ella, gimiendo y temblando en su regazo, sólo pronunciaba su nombre como una letanía, pidiéndole más.
y Draco se lo dio, empujando más profundo, más fuerte, más rápido, una y otra y otra vez.
—Córrete conmigo, Hermione —murmuró con los dientes apretados cuando sintió que estaba a punto de alcanzar el orgasmo —ahora…
Y en ese mismo instante el orgasmo recorrió el cuerpo de Hermione y Draco, arrastrado por los apretones de sus músculos internos, se dejó ir también, perdiéndose en las oleadas de un placer absoluto que le dejó completamente drenado y satisfecho.
Hermione se dejó caer sobre el pecho de Draco y él la abrazó, aplastándola contra su pecho.
Con una ternura que desconocía poseer, apoyó los labios contra la sudorosa frente de la bruja y acarició su húmeda espalda.
—Has dicho que sí, Granger —susurró amodorrado —no voy a olvidarlo.
—No lo olvides —respondió ella cerrando los ojos.
Y así, enredados en el más íntimo de los abrazos, se dejaron llevar al mundo onírico de los sueños y se durmieron en paz, olvidándose por fin de la muerte, el báculo y todo lo que no fuera un futuro de felicidad.
