[Drabble]
Suavidad en sus manos
—Leonardo & Karai—
Anteriormente, Leo y Karai practicaban con sus respectivas katanas con filo, pero desde aquella ocasión en la que Renet los vio y gritó asustada porque creyó que intentaban matarse, lo que ocasionó que ambos se descuidasen y por poco cortasen letalmente al otro, preferían usar los bokken. Y aún así podían salir heridos, como en este caso.
Advertencias: WHAT IF. / Un poco de OOC.
Disclaimer:
Teenage Mutant Ninja Turtles (2012) © Kevin Eastman/Peter Laird / Nickelodeon.
Suavidad en sus manos © Adilay Vaniteux/Reine Vaniteux
Aclaración: Este fic participa en el FLUFFTOBER 2023 realizado propuesto por exorss, publicado en Reddit.
Día 17: Massage.
Notas:
La verdad, no creí que esta ship tuviese tantos haters.
Sé que muchos se escandalizan por el "parentesco" (agreguen muchas comillas) que tienen Leo y Karai, pero para mí, si no comparten sangre (en la serie JAMÁS se especificó si las tortugas tienen ADN de Splinter o no) ni crianza, no son siquiera hermanastros, y los shippearé cómo me de la gana. XD
NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.
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—Ya suéltame, no es necesario que hagas esto, ¿sabes?
A sus 18 años, Karai podría decir sin titubear que esta no era la primera vez que un chico ponía sus manos encima de ella para darle un masaje. En Japón, era bastante común tener masajistas profesionales que se dedicaban a procurar a la "hija" de Shredder-sama. Y aunque el asesino de sus padres prácticamente la crio como su hija en un patético intento de convencerse a sí mismo de que algo de su amada platónica, era suyo, y no de su eterno rival, este jamás la trató con mimos y afecto, quizás porque en el fondo él sabía que por las venas de ella corría la sangre de Yoshi Hamato; motivo por el cual, Karai hasta la fecha era un poco mediocre a la hora de querer demostrar sus sentimientos a los demás. Shredder se esmeró en hacerle creer que ella le debía su lealtad, cuando lo cierto era que él no merecía que Miwa siquiera lo mirase, cuanto menos que lo llamase "otō-sama".
—Karai, déjame ver, ¿sí? —insistió Leo, extendiendo su mano hacia ella, esperando a que la obstinada mujer le permitiese ver su brazo; ese que él había golpeado con el bokken, con más fuerza de la requerida y la hiciese gritar de dolor.
Él no era un masajista de profesión, pero era bastante competente.
Anteriormente, Leo y Karai practicaban con sus respectivas katanas con filo, pero desde aquella ocasión en la que Renet los vio y gritó asustada porque creyó que intentaban matarse, lo que ocasionó que ambos se descuidasen y por poco cortasen letalmente al otro, preferían usar los bokken. Y aún así podían salir heridos, como en este caso.
—Te alarmas demasiado por tan poco.
Irremediablemente apenada, Karai no quiso mirar demasiado la delicadeza con la que Leo estaba sobando su brazo afectado.
Ya no eran unos niños, ambos habían crecido, ella tan solo un poco, él por otro lado había ganado varios centímetros de altura al igual que sus hermanos. Y aunque Donatello fuese el más alto, con dos metros y poco más, Leo no estaba demasiado lejos de él. Ella por otro lado, medía unos respetables 1.69cm. Comenzaba a intuir que no iba a heredar la altura de Yoshi Hamato. Pero al menos se parecía físicamente a su madre, lo que la hacía muy atractiva y con eso bastaba.
Y al final daba igual, ya que por donde se le viera, aunque hubiese terminando midiendo más de 1.70cm, Leo seguiría siendo más grande que ella.
Físicamente, quería decir.
Sus manos eran lo suficientemente grandes para triturar una sandía, no le costó nada rodear su delgado, pero torneado brazo, con la finalidad de darle algo de confort.
—Vamos, quita esa cara, bebé-gigante. No me hiciste un gran daño —le dijo ella, aguantando quejarse por las molestias. El golpe aún dolía.
—¿Qué cara? —lo peor es que acentuó esa cara—. ¿Y por qué insistes en llamarme bebé?
—Porque soy mayor que tú —se burló—. Si alguien nos viese, diría que estoy cometiendo un delito al estar con un menor de edad.
—Un año —bufó él, alzando los ojos. Luego volvió a su trabajo—. No tardaré en cumplir dieciocho también.
—Para entonces yo tendré diecinueve —sonrió Karai.
—Pero al fin se acabarán los chistes sobre que soy ilegal para ti.
—Mmm. No me dejas divertirme —se quejó, mirando cómo él trataba de darle alivio—. ¿Sabes? Sé que otras cosas puedes hacer con esas suaves manos que tienes —musitó con suave coqueteo—, por cierto, ¿cuál es tu secreto para tenerlas así? Quisiera chuparlas.
Leo claramente se resistió, pero no pudo evitar tragar saliva, fuerte; y sonrojarse. Por supuesto, evitó mirarla a la cara.
—Karai… por favor.
—Vamos, Leo —gimió su nombre a propósito—, ¿cuándo fue la última vez?
—No. Estás herida.
—Me matas —se volvió a quejar, echando un poco su cabeza hacia atrás.
—Si te hace sentir mejor… —musitaba sin dejar de masajearla—, también me mato a mí mismo. Me duele más de lo que te imaginas decirte "no".
—Mmm, no sirve de mucho, pero supongo que es justo.
Él asintió, tratando de relajarse también, y ella suspiró, sin dejar de ver el techo del dōjō.
«No soy frágil, pero está bien; que me masajee, eso también se siente bien» meditó Karai, tratando de disfrutar todo lo que pudiese del momento.
—FIN—
Saludos y espero que les haya gustado.
Gracias por leer.
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