[Dark-Shot]
El último Hamato
—TMNT TEAM—
—¡CÁLLATE Y DÉJAME SOLO! —Sin ver, Michelangelo lanzó una de las sais de Raphael hacia la imagen de este. El arma quedó fuertemente incrustada en la pared. Ante el silencio; temeroso y a punto de disculparse, Michelangelo alzó la mirada, esperando no haber lastimado a Rapha. Su mirada se ensombreció al ver sólo una pared—. Estás solo —susurró la voz de Leonardo en su oído.
Advertencias: WHAT IF. / Insinuación y gráfica descripción de muerte de personajes. / Lenguaje fuerte. / Descripciones violentas gráficas, se recomienda discreción. / Crack!Ship / Un poco de OOC.
Disclaimer:
Teenage Mutant Ninja Turtles (2012) © Kevin Eastman/Peter Laird / Nickelodeon.
El último Hamato © Adilay Vaniteux/Reine Vaniteux
Aclaración: Este fic participa en el FLUFFTOBER 2023 realizado propuesto por exorss, publicado en Reddit.
Día 18: Protecting.
Notas:
No he tenido la oportunidad de leerme "The Last Ronin", pero creo que tengo bastante del contexto… y no quiero sufrir ahora.
Esto es más o menos una versión inspirada de esa historia, adaptada en la serie del 2012; no será exactamente lo mismo, pero a ver qué pasa.
A lo mejor hago una continuación, pero aún no tengo nada decidido.
NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.
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¿Hace cuánto dejó de tener 15 años?
¿Hace cuánto dejó de tener 16 años?
¿Hace cuánto dejó de tener siquiera un día de paz?
¿Hace cuántos años dejó de ser el "solecito" del grupo?
¿Hace cuántos años dejó de servir a las enseñanzas del Clan Hamato y se convirtió el "el monstruo" que era ahora?
Usando las técnicas del Clan Hamato para matar. Usando las técnicas del Clan del Pie para matar. Sus propias técnicas para matar. Su don eléctrico. Su don genio para gobernar la Dimensión X en la extinción de los Kraang y Utrom por igual.
Oroku Hiroto, el hijo bastardo de Shredder, fue aquel que empezó todo con una muerte: la de Karai.
Se supone que ella sólo iba a una reunión del Clan del Pie.
¿Cómo fue posible aquello?
Una rebelión. Una emboscada. Fuego…
Una horrible forma de morir.
Cuando se enteró de lo sucedido en Japón, lejos de su protección, Leonardo se perdió. Buscó venganza. Quiso ir hasta el país asiático personalmente, sin embargo no hubo caso de hacerlo; la "carta" que les fue enviada, con algunas escamas quemadas de Karai en el sobre, adjunto a una foto, fueron muy claras.
"El Clan del Pie jamás perdonará a las prostitutas traidoras que osen revolcarse con los perros del Clan Hamato.
Terminaré lo que mi estúpido e incompetente padre no pudo lograr. Espérenme."
Una nota. Una foto, que sólo Leo, Donnie y Rapha tuvieron el valor de verla, y sus caras de horror quedarían marcadas en las memorias del resto de los presentes. Escamas quemadas.
»Maldito desgraciado. Esto es imperdonable —gruñó Raphael, en el fondo, temiendo a lo mismo que el resto.
»Voy a matarlo… juro que lo mataré —bisbiseó Leonardo, completamente embargado por la ira.
»Leo, espera… esto… esto es… —Donatello quizás fue el primero en ver la verdadera magnitud del problema.
Karai no sólo había sido traicionada, emboscada, y ejecutada de forma barbárica; todo debió ser planeado con anticipación. Karai era una guerrera adiestrada para la batalla; someterla no debió ser fácil, pero quizás lo sería si se hubiesen estudiado todas las posibilidades de un encuentro contra ella. Incluso con el total control sobre su mutación en serpiente.
Para eliminarla por completo, Hiroto usó el fuego… eso no debió ser coincidencia o una ocurrencia del momento. Todo fue planeado.
»¡Juro que voy a matarlo! —el grito de Leo pudo haber desgarrado su garganta.
Raphael tuvo que intervenir y someterlo antes de que su hermano mayor pudiese salir de las alcantarillas.
A solas, Donatello lo habló con Michelangelo. El más joven se había quedado impactado ante la noticia; ante el reto que claramente se les había lanzado a ellos. Un reto de muerte.
Este sujeto era sádico, hasta la médula. Era brutal y gustaba del sufrimiento ajeno: ¿un psicópata homicida? Posiblemente. ¿Alguien peor que el mismísimo Shredder? Lo más probable, y es que Shredder jamás llegó a incinerar a nadie estando vivo, o viva, tratándose de una mujer, y más de una que prácticamente debió haber conocido desde la infancia.
»Mikey… debemos cuidarnos de este tipo —Donnie habló con un miedo palpable—. Es metódico. Aún no lo conozco y apenas he visto lo que es capaz de hacer. Pero no pudo haber emboscado a Karai sin un plan, menos él solo. Debió convencer a algunos ninjas del Clan del Pie para rebelarse contra ella… él planea las cosas, y si es bueno en eso… lo que estoy seguro que es… debemos estar listos para cuando decida venir por nosotros.
»¿Crees que venga o quiera que nosotros vayamos a Japón? —preguntó, temeroso también.
»Vendrá. Mira esto —fue generoso en no enseñarle la foto, pero sí las escamas de Karai—, esto lo envió como un símbolo de burla. Nos quiere asustados, enojados, impactados.
»Y supo cómo hacerlo.
»Exactamente. Este no es uno de esos villanos de bolsillo; este es un monstruo.
Más tarde, gracias a Shinigami, se habían enterado de algo horroroso.
Ella se había quedado en Nueva York por órdenes de Karai y tuvo que recolectar información sin la posibilidad de volver a su país.
La ninja oscura fue hasta las alcantarillas a darles la indignante noticia: El Clan del Pie aceptó a su nuevo líder. Hiroto Oroku. Y de nuevo, se había ordenado la caza y la muerte de los últimos miembros del Clan Hamato, y la conquista de su "territorio", o sea, la gran ciudad.
El primero en odiar con toda su alma al bastardo fue Leonardo.
Sin importar lo que dijesen sus hermanos, Leo se mataba entrenando día y noche, a la espera de que el "gusano cobarde" llegase a enfrentarlo. ¿Al menos lloró por el fallecimiento de Karai? Seguro sí, pero nadie lo vio hacerlo. Más bien gruñía y maldecía.
Apenas, de nuevo, por Shinigami y sus infiltrados en el Clan del Pie, supieron de la noche exacta en la que Hiroto estaría bajando de su avión privado.
Jamás se vio tanta movilización de vehículos blindados por Nueva York a media noche.
Por supuesto, los hermanos, junto a Shinigami, Mona Lisa, Casey Jones y April O'Neill, se prepararon para una emboscada.
Lo que dijo Donatello con respecto a Hiroto y su mente metódica resultó ser más convencible cuando allanaron el edificio de 55 pisos y al llegar al último, Hiroto estaba esperándolos junto a Baxter Stockman, cuya cara era indescifrable.
Sea como sea, esos dos lograron tenderles una trampa.
»Son tan predecibles. Tan… asquerosamente heroicos.
Otra cosa que sorprendió a los hermanos fue la apariencia de Hiroto. Creyeron que sería alguien de más o menos 30 años, pero no; resultó ser un adolescente como ellos. ¿17 años como máximo?
»¿De qué puta guardería para psicópatas saliste? —gruñó Raphael. Aunque él y Karai "discutían" continuamente, era más que claro que ella se había ganado un lugar en su corazón sensible; y aunque no al nivel de Leonardo, el pensar que no había estado a su lado para protegerla, también le afectó—. ¡¿Eh?! ¡Bastardo miserable! ¡Cobarde!
»¿Ah? ¿Lo dices por la prostituta? —se burló llevando una mano a su cintura, donde ya hacía una katana muy significativa que, desde que lo vieron, no pasó desapercibida por nadie. El desgraciado había tomado la katana de Karai como trofeo—. Es una pena que sólo haya quedado esto y las escamas que les envié, qué asco, por cierto. Lo demás, se lo llevó el viento. Lo siento —jamás habían oído una "disculpa" tan cínica.
Leonardo fue el primero en lanzarse al ataque; y Hiroto lo esperó, para luchar en su contra. Y justo cuando los otros fueron en su ayuda, Stockman liberó a muchísimos robots que lanzaban rayos de alta peligrosidad.
Era claro que quisieron dividirlos. Y por supuesto, todos los del grupo habían luchado antes contra muchísimos ninjas, robóticos y humanos, mientras subían el complejo, lo que les daba cierta desventaja porque ya estaban algo cansados.
»¡April! —exclamó Casey cuando un mini-robot de Stockman con forma de zancudo, logró picar la nuca de April, desmayándola casi al instante.
»Un psíquico estorba muchísimo —les dijo Stockman, viendo a Casey yendo por April para luego entregársela a Donatello.
»¡Sácala de aquí!
»¡Pero, Leo…! —era claro que Donnie no estaba seguro de qué hacer; pelear contra robots de mucha resistencia, evadir rayos, intentar alcanzar a su hermano mayor por un temor que sentía en lo profundo de su alma. Miró a April en los brazos de Casey, la pobre no podía respirar, su cuerpo estaba comenzando a tener movimientos erráticos.
»¡Por favor, Donnie! —suplicó Casey—. ¡Mírala! ¡No puede respirar! ¡Yo iré con Leo! ¡Tú sácala de aquí!
La última vez que Donatello vio a Leonardo fue cuando Hiroto evadía sus ataques o lograba detenerlos.
«Por favor, Leo; vuelve a casa» suplicó con un muy mal presagio respirándole en el cuello, sujetando a April, lanzándose por una de las enormes ventanas que tenía el último piso del edificio.
La siguiente en caer fue Shinigami; que fue alcanzada por uno de los rayos; su espalda fue seriamente lastimada y sus gritos aún no salían de la cabeza de Michelangelo, que no lo dudó tanto como Donatello, en tomar a su novia y salía de ahí; y es que Mikey siempre confiaban con su fe ciega hacia sus hermanos. Él genuinamente había creído que todos saldrían de este encuentro; heridos, pero vivos.
Mona Lisa, Raphael y Casey lograron destruir gran parte de los robots, pero Stockman se involucró, ahora personalmente. Usando un gran traje de combate metálico que lanzaba granadas incendiarias, y que además, le brindaba velocidad y fuerza, no como sus otros robots lentos y fáciles de romper.
»¡Ustedes no intervendrán! —les gritó el doctor, enfocándose en no permitirles llegar hasta Leo.
»¡Maldito nerd cara de mierda! ¡Voy a arrancártela! —juró Raphael, yendo por Stockman—. ¡¿Qué hacen ustedes?! ¡Apoyen a Leonardo! —les gritó a los otros.
Y Casey y Mona lo habrían hecho, pero las llamas les impedían ir hasta el encuentro de Hiroto y Leonardo, que combatían con las katanas.
»¿Qué te pasa, tortuga? ¿Es esa toda tu fuerza? ¿O temes romper esta basura? —le decía entre risas; por supuesto, provocándolo—, tranquilo. No la puedes matar más de una vez. ¿Por qué crees que usé el fuego? Para que no quedara nada que volver a rematar —entre risas, Hiroto esquivó ágilmente las espadas de la tortuga, y contratacó con una apuñalada que dio certero en su costado derecho; Leo pudo contratacar, una de sus katanas apenas pudo perforar su pecho, donde debería estar su corazón, pero al parecer, gracias a la armadura que llevaba, no logró alcanzarlo porque Hiroto pudo alejarse y seguir hablando—. Auch. Esto duele… pero no tanto como eso —señaló con su mirada la herida de Leo, de la cual brotaba mucha sangre—. Me pregunto por qué no has gritado. ¡Vamos, vamos! ¡Quiero oírte gritar!
Hiroto se lanzó de nuevo contra Leonardo, quien perdía mucha sangre con cada segundo y movimiento.
Raphael comenzó a tener problemas con Stockman y su robot, puesto que si bien le causaba daño, no era el suficiente para siquiera evitar que atacase. Stockman logró entonces encestarle un duro puñetazo que lo sacó del edificio, disparado.
»¡Raphael! —gritó Mona Lisa, lanzándose por él; instintivamente, sin pensarlo ni un segundo.
»¡Espera! ¡Necesit…! —Casey no pudo terminar esa oración debido a que Stockman lo sujetó con un látigo metálico, quitándole el aire.
Incapaz de hablar, el joven miró al científico con furia y valentía. Desafío. La última resistencia.
El combate entre Leo y Hiroto continuó hasta que el héroe del antifaz azul tuvo la visión completamente nublada como para ver venir otra puñalada, esta vez, incrustándose en su pulmón derecho.
Fue cuando las rodillas del líder pegaron contra el suelo, mientras que su enemigo seguía de pie, como si nada hubiese pasado, y su máscara hubiese sido arrancada de su cara, que Leo dijo ahogadamente:
»Te veré en el infierno —escupió sangre al suelo, a los pies de Hiroto. Como si lo hubiese maldecido.
»Curioso. Eso también dijo ella. ¿Se escribían sus libretos mutuamente?
Hiroto se rio con descaro, pero no contaba con que Leonardo también tuviese algo de metódico, pues miró de reojo a Casey, que de uno de sus bolsillos sacó una bomba cegadora, la cual activó, lastimando los ojos de Hiroto y Baxter, quien soltó a Casey.
Leonardo volvió a lanzarse contra Hiroto una última vez, pero fue empujado por Casey hacia la ventana, la cual también se rompió tras ellos.
»¡No, Casey!
»¡Tenemos que salir de aquí, Leo!
»No, ustedes no lo harán —susurró Stockman lanzando hacia ellos una "pelotita tamaño béisbol" de metal, un pequeño dispositivo que se dirigió veloz hacia los dos.
Hiroto, que se aferró a la katana de Karai y a la máscara de Leonardo, fue sujetado velozmente por el científico, quien logró sacar volando a su nuevo jefe, lejos del complejo antes de que este explotase junto a la bomba miniatura de gran calibre que dirigió hacia Casey y Leo.
Michelangelo fue el único que se quedó afuera para esperar a su hermano y Casey.
Donatello se había llevado a Shinigami y April para tratar sus heridas en las alcantarillas, pero seguía comunicándose con su hermanito a través del teléfono celular.
»Mikey… ¡¿Mikey qué pasó?! ¡¿Qué pasó, Mikey?!
Sabrá Dios cuántas veces Donatello le pidió a Mikey decirle lo que había sucedido; lo que alcanzó a mirar.
Vio a su hermano mayor sujetando a en las alturas Casey antes de que el edificio volase en pedazos, estruendosamente en una gran llamarada. Leo y el chico fueron lanzados lejos, y Mikey se apresuró hacia ellos para encontrarse con algo desgarrador.
Esta vez la suerte no estuvo de su lado. Y no sólo perdieron a un líder, o a un ninja de valor… perdieron a su hermano. Y a uno de sus mejores amigos.
Mikey quiso pensar, mientras corría, que Leonardo y Casey lograrían salir de esa, como en otras ocasiones, pero no tardó en hallar los cuerpos. Sin vida. Leo había intentado proteger a Casey, abrazándolo y exponiendo su caparazón, el cual quedó horriblemente destrozado, exponiendo una imagen sangrienta que Mikey jamás borraría de su cabeza. Tampoco podría olvidar el olor a la carne quemada de su hermano, cuanto menos podría olvidar su rostro.
»Le… Leo… —Mikey cayó de rodillas ante su hermano, sujetó su cabeza, y bajó la suya, pegando sus frentes; apenas recuperó su voz, no pudo evitar soltar el desgarrador grito—. ¡LEONARDO!
Lamentablemente Casey, debido a un traumatismo craneal crítico, también terminó muriendo.
A partir de ese momento, las cosas fueron empeorando.
Claramente Mikey perdió mucho de su cordura esa noche; el impacto y el dolor hicieron lo suyo con él, dejándolo en shock por varios días. Rapha, April y Shinigami despertaron a la mañana siguiente con la noticia y cada uno lo tomó a su modo; April gritó y lloró, Shinigami sólo gritó, y lloró poco dado a que se retuvo; y Raphael gritó mucho, y lloró mucho más.
A Donatello le tocó buscar a sus hermanos y Casey, sólo para encontrarse a Mikey, destrozado, sobre Leonardo y Casey.
Una vez que pudo llamar a Mona Lisa, para que apartase a Mikey, logró recoger y hacer la preparación de los cuerpos de Leonardo y Casey para darles una sepultura decente. Durante el entierro, Donnie puso en las manos de Leo, las escamas de Karai.
Casey también fue sepultado junto a Leo; ambos al lado de donde estaba Splinter.
»¿Cómo se supone que venzamos a un monstruo como ese, sensei? —preguntó Donatello, dejándose caer en llanto dado a que no pudo hacerlo durante el resto del tiempo mientras sus hermanos, cuñadas y amigas lidiaban con el desastre que estaba ocasionando Hiroto en sus vidas.
Después del funeral, Raphael buscó en los restos del edificio las katanas de su hermano y la mitad de la máscara de Casey.
La ira y muchas emociones negativas más los recorrieron cuando supieron que faltaba la máscara de Leonardo. Al principio creyeron que se había quemado y reducido a cenizas por la explosión, pero eso no tenía mucho sentido ya que el material de sus máscaras no era frágil, y la ropa de Casey sufrió quemaduras leves.
»Debió haberse caído por ahí —razonó Donatello; de vuelta en casa.
»Donnie, yo peiné ese sitio varias veces. No estaba —espetó Raphael.
»No la van a encontrar porque Leo no la llevaba puesta cuando salió del edificio. Ese tipo… —dijo Mikey, hablando por primera vez en días de mutismo, con los ojos hinchados de tanto llorar y sufriendo el insomnio.
»¿Qué dices, Mikey? —gruñó Raphael—. ¿Qué estás insinuando?
»Ustedes… ¿también lo vieron, no? —Mikey razonó muy bien, para sorpresa de Donnie—, la espada de Karai. ¿Qué les hace pensar que no toma pertenencias de sus enemigos cuando los…?
»Mata —terminó de decir April, con ojos rojísimos—. A algunos asesinos les gusta tomar cosas de sus víctimas…
»Para recordar la sensación que les dio matarlos —terminó de decir Donnie, yendo hasta con April, para darle un abrazo. Ella lloró.
»Tiene la máscara de Leo —susurró Mikey, llevándose sus dedos a la suya—; y seguro quiere las nuestras.
El siguiente en cegarse fue Raphael.
No sólo le habían arrebatado a su cuñada, hermano mayor y a su mejor amigo humano. Mikey y April sufrían de constantes pesadillas. Shinigami no podía recuperarse del todo de su herida en la espalda, que la obligaba a permanecer acostada. Donatello todo el día y toda la noche se hallaba buscando información con respecto a los nuevos movimientos del Clan del Pie.
Raphael era el que constantemente salía de caza de ninjas del Pie. A él se unieron los Poderosos Mutanimales, que al enterarse del asesinato de Karai, Leonardo y Casey, se esmeraron en no dejar ninjas del Pie sueltos por ahí.
»Raphael, ¡tienes que calmarte! —le gritó Donatello, cansado de repetirle lo mismo—. ¡Seguro estás haciendo lo que él quiere! ¡Sólo nos estás arriesgando! ¡Estás dejando un rastro a nosotros! ¡¿Qué haremos si ellos nos encuentran aquí?!
»¡Cállate! ¡Hago lo que Mikey y tú no pueden por el miedo!
»¡¿Miedo?!
»¡Sí!
Donatello le sostuvo la mirada a Raphael.
»No confundas miedo con cautela, hermano. Por nuestro bien, espero que no estés cayendo en una de sus trampas. Ya no tenemos a Leo. No tenemos un líder.
»¿Y quién quiere serlo? ¿Tú? ¿Mikey? Ahora yo estoy a cargo. O me apoyas, o te quitas de mi camino.
Y siguió en caza de ninjas del Clan del Pie. Cazó y cazó hasta que de pronto fueron emboscados por robots de Stockman.
»¡Maldita sea, Raphael!
»¡Cállate y pelea! ¡Hay que sacarlos de nuestra casa!
Y lucharon, lucharon mucho, pero de nuevo, las cosas no estuvieron de su lado.
Una pequeña bomba, como la que Stockman había lanzado a Leo y Casey, aterrizó en medio de su guarida cuando Donatello cortó a un pequeño robot en dos.
»Ay, no… —susurró Donatello mirando con horror aquel artefacto—. Corran… ¡corran! ¡Corran ya!
Los hermanos se lanzaron al agua y nadaron lo más lejos que pudieron.
La bomba logró derrumbar casi todo. Quemó hasta el concreto. Hizo un gran agujero afuera de las calles. Todo quedó reducido a cenizas. Ellos, si bien sí les afectó el impacto del arma, al menos salieron vivos del agua.
Por suerte, en esa emboscada, April y Shinigami se hallaban en la guardia de los Mutanimales, por lo que ahí fue donde los hermanos fueron a refugiarse.
»No duraremos escondiéndonos —advirtió Donatello—. Hiroto nos encontrará también. ¡Hay que largarnos de aquí! Nueva York es suya ahora.
»¡Deja de decir estupideces! ¡Ese malnacido mata a nuestros hermanos, destruye nuestro hogar… ¿y tu plan es largarnos?! ¡¿Huir?! —exclamó Raphael.
»¡Sí! ¡Debemos ir a un sitio fuera de su alcance! —exclamó Donnie—. ¡Tenemos que recuperarnos! ¡Míranos! ¡Todos estamos heridos! ¡¿Qué vamos a hacerle estando así?!
La lucha por la decisión final quedó en suspenso entre ambos hermanos. Los Mutanimales miraban confundidos a Rapha y Donnie sin saber a quién obedecer, y es que ambos tenían razón, ambos exponían buenos puntos. El silencio se quedó para ver de quién sería la última palabra.
Entonces un portal utrom los interrumpió.
»Tortugas.
»¿Alfil? —susurró Mikey.
»Deben venir. Ahora.
Por suerte, el utrom Alfil les dio un refugio en la Dimensión X, donde Mikey pudo hacer su magia y con su intelecto superior de la zona, ayudar a Donnie a crear armamento y estrategia. Sí, porque la adversidad a veces era capaz de impulsar talentos oscuros por la necesidad de la supervivencia, y Mikey era un verdadero genio cuando se trataba de eso. En el refugio utrom, todos pudieron tener asistencia médica.
Afortunada o desafortunadamente, el tiempo en la Dimensión X era más rápida que en la suya, por lo que pudieron haber estado meses y en Nueva York apenas pasar unos días desde el ataque que sufrieron en su guarida, la cual, tuvo que ser volada en pedazos una segunda vez por los utrom con la finalidad de impedir que los humanos o los ninjas del Clan del Pie lograsen hacerse con algo de valor.
Por suerte, los utrom primero sacaron y pusieron a salvo a Gatito Helado y Mordelón, además de las fotografías que tenía Splinter en su dōjō, y algunas cosillas de relevancia menor, como un diario viejo en la habitación de su maestro. Cosas pequeñas, de escaso valor monetario, pero de gran valor sentimental, como un balón de básquet de Raphael, una manta suave de Donatello, la lámpara de lava de Mikey, además de la historieta de edición limitada de Héroes Espaciales de Leonardo.
»Lo sentimos, es todo lo que pudimos recuperar antes de que tuviésemos que deshacernos del resto. Los ninjas del Pie estaban cerca.
»Gracias, Alfil —musitó Donatello, sujetando su manta como la historieta de Leonardo.
Raphael y Mikey miraban las fotografías mientras sujetaban a sus respectivos hijos.
Y hablando de hijos…
A todos les sorprendió saber que… April estaba esperando un bebé.
Sí… a su corta edad de casi 16 años… al parecer ella y Casey habían… experimentado un poco con las hormonas y la poca prudencia propia de dos adolescentes con nula supervisión adulta…
»Su cuerpo fue analizado para ver los daños; April O'Neill tiene un embrión de cinco semanas, adentro de ella, que pronto se convertirá en un pequeño humano, que seguro también será un mutante —dijo Alfil sin medir la importancia de lo que decía—. Se le preguntó si quería extraerlo, ya que de continuar con el procedimiento, este podría ser un estorbo para ella si es que quiere seguir peleando, pero April O'Neill ha dicho, y cito, "quiero conversarlo, es todo lo que me queda de Casey". Por eso, ella debe quedarse aquí en la Dimensión X hasta que ese procedimiento termine.
»¿Có-cómo…? —después de todo lo que ya habían vivido, el impacto de Donatello con respecto al fruto de la relación de April y Casey, no fue tan grande.
Mikey genuinamente creyó que su hermano no sabía cómo se llevaba a cabo algo así.
»¿En serio no sabes cómo? —su nuca fue golpeada por Raphael.
»Idiota. Como sea… supongo que es una fortuna que después de tantos ataques no haya perdido ese embarazo… supongo —hizo una mueca incómoda—. ¿No es demasiado joven para ser mamá? Y… no está Casey… prácticamente lo criará sola.
»No estará sola —saltó Donatello.
»Quiérete un poco, por favor —gruñó Raphael—. No es tan difícil, sólo un poco.
»No… es decir, estaremos nosotros, ¿no? —Donatello tartamudeo—. Todos nosotros, apoyándola.
»Sí… pero seré el "tío" Rapha. Y tú más te vale no creer que…
»Ya entendí… además… además…
»Además, ¿qué?
»Olvídalo.
Raphael no entendió nada. Mikey tampoco. Alfil era el único que sabía. Un plan suicida, para esos entonces, ya estaba formándose adentro de la cabeza de Donatello, y él no quería compartirla con nadie porque sabía que sus hermanos iban a oponerse. Pero ya lo había pensado, y lo había decidido.
Tío Raphael… la pequeña niña que tendría April nunca conocería a su tío Rapha… conocería a Mordelón, pero… no sería lo mismo.
No mucho después de recuperarse en la Dimensión X, Raphael y Mona Lisa se precipitaron y volvieron al "mundo humano" donde arrasaron con el Clan del Pie con toda su furia.
El Clan ya había tomado control de muy buena parte de la ciudad; Rapha y Mona pasaron más de 3 meses peleando consecutivamente. Eliminando, derrotando, buscando al responsable.
¿Dónde estaba Hiroto?
La primera y última vez que se vieron fue cuando este se presentó ante Leonardo, mostrándole orgulloso la katana quemada de Karai.
La espada de Karai seguía en sus manos. Leo había muerto buscando vengarse. Ahora Hiroto tenía la katana y la máscara de Leonardo.
Donatello despertó un "día" en la Dimensión X, sólo para enterarse por boca de Alfil, que Rapha y Mona terminaron cayendo también, unas horas antes, en Nueva York en un combate muy desigual con muchísimos ninjas y algo que nadie, ni siquiera los utrom, vieron venir.
"Armas contra-mutantes".
Baxter Stockman logró modificar y mejorar la fórmula de Don Vicioso. Un vapor altamente nocivo para mutantes.
Raphael y Slash, que para entonces también seguía unido a su hermano, en la caza de Hiroto, se quedaron a pelear mientras trataban de darle tiempo a los demás para huir, pero fue inútil. De nuevo, Hiroto buscó la forma de emboscarlos a todos y ahogarlos en ese gas. En el caso de Mona, que no era una mutante sino una alienígena, murió por sus heridas, pues se había regresado para intentar ayudar a Rapha y Slash. Su sacrificio y esfuerzo no sirvieron de nada.
Sus cuerpos, todos, fueron expuestos… despellejados y colgados bocabajo… en el centro de la ciudad como una muestra de lo que rebelarse ante Hiroto Oroku significaba. Como en los tiempos medievales.
Esta vez, los restantes del Clan Hamato no tuvieron nada que sepultar.
Raphael, Mona Lisa, Slash, Leatherhead, Mondo Gecko, y el Dr. Tyler Rockwell… todos fueron capturados y sus cuerpo usados como símbolos de represión y violencia desmedida.
Por supuesto, el ejército americano trató de intervenir, pero no contaban con que El Clan del Pie lograse tener armamento Kraang a su disposición que amenazaría con terminar con el planeta entero, lo que les dio una alta ventaja. Aislaron la ciudad como hicieron los Kraang hace años y se aseguraron de convertirla en su dominio. En su imperio del crimen.
Cabe mencionar que el país de Japón no pudo intervenir tampoco dado a que todo el Clan del Pie se había mudado, y no quedaba nada de este en sus fronteras.
Donatello y Michelangelo trataron de pensar con cabeza fría y encontrar una estrategia.
Con poder Kraang y con todo un Clan ninja sanguinario de humanos y máquinas, los utrom que quedaban no tardaron en ser arrasados también debido a que Hiroto no tardó en buscar a las tortugas faltantes en el último sitio que le faltaba, la Dimension X.
April y Shinigami tomaron a un herido Alfil, el último de los utrom, y lograron huir de nuevo a Nueva York, volviendo a las alcantarillas por medio de un portal.
Michelangelo y Donatello se quedaron y trataron de usar la misma técnica de Hiroto en su contra; la de volar todo el complejo que habían invadido en la Dimensión X y deshacerse de él, y funcionó… a medias.
Hiroto, que para entonces creyó tener la victoria en sus manos, cometió la estupidez de presentarse ante los hermanos, con las bandas roja y azul colgando de su cinturón junto a la espada de Karai, diciéndoles que pronto él tendría algo de todos para "recordarlos".
Después de ese encuentro, Michelangelo tuvo pesadillas al respecto; y en ellas pudo darse cuenta de que el malnacido había estado "arrancando" partes de todos sus amigos capturados.
Las máscaras de Rapha y Leo, colgando al aire libre como si quisiera representar sus cabezas. Las sais de Rapha. La espada de Karai. Usaba guantes, hechos con… la piel de… Leatherhead. La pistola láser de Mona. Una armadura hecha con caparazones, que seguramente habían sido de Slash y Rapha. Las otras cosas que habían pertenecido al resto de los Mutanimales seguro las tendría guardadas.
»¡Maldito enfermo, sádico! ¡Asqueroso bastardo! —exclamó Donatello, herido aún, y peleando como un guerrero contra él.
»No te preocupes, no tardarás en unirte a tus queridos hermanos. Sólo lamento que Raphael haya muerto asfixiado y no por el desollamiento —dijo Hiroto, convencido de su victoria, tomando las sais de Raphael, para mostrarlas a los hermanos.
»¡Juro que te haré lamentar más que eso! —espetó Michelangelo, tan enfadado e impactado como Donatello de tan solo imaginar el horror que habían pasado su segundo hermano, Mona Lisa y los Mutanimales antes de morir.
Después de un tiempo luchando contra robots, ninjas y contra el mismo Hiroto, Michelangelo al final activó el explosivo que Donnie y él mismo habían diseñado para arrasar con todo, a la señal del genio de morado. Mikey trató de llegar hasta Donatello para intentar protegerlo y cubrirse a sí mismo con alguna de las grandes rocas, como se supone que debió haberse ejecutado el plan… pero, o a Donnie se le había olvidado, o él había tenido sus propios planes.
»¡Donnie! ¡¿Qué haces?!
»¡Cúbrete, Mikey! ¡Cúbrete!
Donnie no pareció haberse acordado del plan y en lugar de cubrirse junto a Mikey, se lanzó en dirección a Hiroto en un intento de asegurarse de dejarlo muerto. ¿Por qué?
Quizás fue el que más cerca estuvo de quitarle la vida al bastardo, pues Donatello alcanzó a apuñalarlo con la cuchilla de su bō, en el pecho. Este también apuñaló a Donatello, pero en el cuello.
Gran parte de la Dimensión X explotó.
Michelangelo apenas pudo ver cómo Hiroto soltaba las sais de Raphael y usaba a su hermano como escudo, al mismo tiempo que le arrancaba su máscara.
»¡NO! —exclamó Michelangelo, estando lo demasiado lejos para alcanzarlos.
Después de eso, Michelangelo estuvo solo.
No portales.
No tecnología.
Se quedó solo. Completamente solo.
Ni siquiera quedaron las cenizas de Donnie para darles sepultura en alguna parte de ese mundo caótico. No quedó nada que Mikey pudiese recoger… o al menos eso creyó puesto que no tardó en encontrar las sais de Rapha en una de las pequeñas islas flotantes; luego, entre escombros y vacío, el pequeño cuarto donde Donatello y él habían ocultado sus objetos más valiosos, entre estos, un bō de alta tecnología de Donnie, que él había estado construyendo y el cual no había terminado.
También encontró a Mordelón junto a Gatito Helado, que se volvieron su única compañía.
Y aun así, algo le dijo a Mikey que Hiroto había encontrado el modo de salirse con la suya. Que seguía vivo. Y ahora tenía también a Donatello.
Horas… días… semanas… meses… años.
Mikey, que en su actualidad ya se veía más alto, grande y experimentado, se enfrentó solo y salvajemente a lo que quedaba de la Dimensión X. Construyó para sí mismo y sus pequeños bebés un complejo humilde pero resistente, que los mantendría seguros de las criaturas y los demás peligros. Se aferró a los recursos a su alcance.
Durante todo ese tiempo, se concentró en su entrenamiento, se hizo más agudo, fuerte, centrado… y callado. Y es que, aparte de Gatito Helado y Mordelón, ¿con quienes más podría hablar? ¿Y cómo podría hablarles a los más pequeños de sus fracasos, frustraciones, miedos y pesadillas?
¿Hace cuánto que Mikey no soñaba con algo positivo?
—Mikey… hey, Mikey…
Michelangelo se despertó de golpe ante la voz de su hermano mayor, Leonardo.
—¿Qué quieres, Leo? —masculló, relajándose un poco, sin dejar de intentar dormir, aunque sea un poco.
—Saber hasta cuándo piensas seguir aquí perdiendo el tiempo —oyó a Raphael, espetando embravecido—. ¿Qué carajos para contigo, Mikey? ¡Hiroto sigue vivo! ¡¿Por qué no estás afuera cazándolo?!
—No pienso cometer tu error —dijo Mikey, sentándose en su improvisada cama de roca y piel de monstruo de la Dimensión X—. No pienso morir como tú.
—Estúpido mocoso —gruñó Rapha.
—No puedo creer que seas el último que quede. Y el único que no piensa hacer nada —esta vez oyó a Donnie.
—¿Por qué yo? —espetó frustrado—. Ustedes ya fracasaron. ¡Tuvieron su turno y fracasaron!
—¡Hicimos nuestra parte! —exclamó Raphael—. ¡¿Y tú, bebé llorón?! ¡¿Qué has hecho?!
—Cuidando de tu hijo, ¿qué más?
Adolorido, Mikey sostuvo su cabeza, la cual sentía punzar; su mirada borrosa. Estaba mareándose.
Y se sentía culpable, porque en el fondo, sabía que esa imagen de Rapha tenía razón. No quería salir aún de la Dimensión X. De hecho, a ratos, se convencía de que Hiroto había muerto junto a Donatello.
¿Y si no era así?
Shinigami, Alfil y April habían escapado a Nueva York. A los dominios del Clan del Pie.
¿Estarían bien?
¿Shini estaría bien?
¿Y el bebé de April?
—Ay, hermanito —oyó a Leo susurrar.
Mikey sabía que sus hermanos ya no estaban, pero los oía; a veces incluso podría jurar que los sentía. Como ahora, que esa imagen transparente de Leo ponía un brazo sobre sus hombros; y su mirada, se veía tan… de su hermano mayor, justo como lo recordaba.
—No tienes elección. Eres el último de nosotros. Te toca hacer algo al respecto.
—¿Morir? —susurró en su dirección.
—Vencer o morir en el intento; no aquí, pudriéndote por dentro y por fuera. La verdad, yo preferiría que lograras lo primero —dijo Leo con suavidad.
—¿Quieres dejar de mimarlo? ¡Por eso le falta valor! —intervino el "fantasma" de Rapha.
—No es verdad —dijo Mikey con voz llorosa, y es que Raphael siempre había sabido qué decir para lastimarlo.
—¿Ya vas a llorar por milésima vez este día… maricón?
Odiaba esa palabra, y la odiaba más cuando la oía saliendo de los labios fantasmagóricos de Rapha.
—¡CÁLLATE Y DÉJAME SOLO!
Sin ver, y con una velocidad y precisión que habría sorprendido hasta al mismísimo Splinter, de estar vivo, Michelangelo lanzó una de las sais de Raphael hacia la imagen de este. El arma quedó fuertemente incrustada en la pared.
Ante el silencio; temeroso y a punto de disculparse, Michelangelo alzó la mirada, esperando no haber lastimado a Rapha.
Su mirada se ensombreció al ver sólo una pared.
—Estás solo —susurró la voz de Leonardo en su oído.
El cuarto estaba vacío salvo por él.
¿Se había vuelto loco?
Sostuvo fuerte su cabeza. De nuevo, Mikey comenzó a llorar.
—Vamos, Mikey, no llores —pidió la voz de Donnie—. Ve, come algo y trata de descansar. Ya verás cómo te sientes mejor. Saldrás de aquí, yo sé que puedes.
Olvidando olímpicamente el desequilibrio mental que ya tenía a cuestas, Mikey asintió con la cabeza, trató de limpiarse la cara con las manos y recuperó la sai de Rapha, dejándola con cuidado sobre su improvisada cama.
—Perdona, Rapha.
No tuvo respuesta.
Salió de su cuarto, buscó comida. Algo que para cualquier ser humano encontraría asqueroso e incomible, para él eran nutrientes. Incluso Mordelón y Gatito Helado tenían sus platillos favoritos. ¿Y qué otra cosa tenía que hacer él además de darles lo que pedían?
Nada más que otro día en la Dimensión X.
—¿FIN?—
Importante: Este fic tiene contenido muy crudo y descriptivo, si es bajado de la plataforma por eso, aviso que también está publicado en AO3, bajo el mismo nombre.
Saludos y espero que les haya gustado.
Gracias por leer.
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