Red Velvet
Capítulo 122: Mundo
…
Se quedó en el sofá, mirando hacia afuera.
El brillo del sol, del atardecer, era intenso, y prácticamente podía sentir sus ojos arder, y si, con su condición, con su ojo débil, hacer eso era irresponsable, pero no podía evitarlo.
El mundo, ahora, era uno nuevo, y apreciaba cada detalle de este, incluso lo que antes simplemente miraba por mirar, pero que jamás apreció.
Era la felicidad, era la calma, era el cambio que siempre quiso.
Respiró profundo, inundándose en sus sentidos.
Podía sentir la suave tela de la camisa en su cuerpo, esta más grande, ajena, suave, con ese aroma que tanto le agradaba aun impregnado en cada hebra. También sentía el material del sofá en sus muslos, en sus pies descalzos. Podía sentir el calor del sol reflejándose por el vidrio, sintiéndose abrumador en el calor de ese lugar, pero aun así le causaba confort. También podía ver como todo su alrededor se teñía de color naranjo, tornando todo como si de un filtro se tratase. Y lo otro que sentía con claridad, que olía con definición, era el aroma a galletas recién horneadas.
Ese era un aroma que había sentido, si, Klein siempre se encargaba de hacer cosas dulces siempre que tenía la oportunidad, tal vez era lo poco en lo que podía ayudar para mantenerlos alimentados, pero nadie podía negarse a probar. Por lo mismo ese aroma le traía cierta melancolía, recuerdos agradables, y ahora, en ese lugar pequeño en comparación con su casa, podía sentir el aroma más concentrado, pudiendo distinguir cada pizca de aliño en la masa.
Si, realmente le traía recuerdos.
Eso, y el aroma a café, más el olor a rosas, era sin duda una mezcla que adoraba.
Giró el rostro, sintiendo a Ruby acercándose, una taza en una mano y un plato con galletas en la otra. Esta, a pesar de estar poco vestida, se había puesto un delantal que decía 'besa al cocinero' y cuando se lo vio puesto, no pudo evitar soltar una risa, y Ruby diciendo que lo compró solo para cocinarle a ella, la hizo reír más, pero de felicidad.
Obviamente le dio un beso, cientos si era necesario.
Ruby dejó el plato en la mesa de centro, y le pasó la taza humeante de café. Hacía calor, sí, pero eso nunca iba a evitar que pudiese tomarse un café, mucho menos si Ruby se lo hacía. Ruby volvió a la cocina por un vaso de leche, dejando allá su delantal, y le causó risa de que esa fue una de sus primeras conversaciones al conocerse, lo de la leche y galletas, y en ese momento, jamás imaginó que llegarían a ese punto, a estar ambas en la casa de Ruby, esta cocinándole algo, mimándola, porque como se iba a ir por unos días, Ruby no iba a perder la oportunidad de atenderla.
Realmente habían cambiado las cosas entre ambas.
Era sin duda lo mejor de su nuevo mundo.
Ruby era sin duda su mundo entero.
Todo terminaba girando en torno a esta, y era agradable, cada segundo.
Ruby se sentó a su lado con las piernas cruzadas, y volvió a sentir el golpe de calor, el del atardecer, el del aire acondicionado, y ahora el del cuerpo ajeno. Sorprendentemente no le agobiaba, creía que era más de frio que de calor, pero ahora creía que ambos le gustaban por igual.
El frio le refrescaba, la despertaba, la hacía sentir bien firme en sus pies, en control, pero el calor la hacía sentir relajada, la hacía sentir más humana, más en calma.
El frio era su lado más Schnee.
El calor era su lado más Weiss.
Y ahora, que ya dejó de ver su apellido como un enemigo, podía aceptar, abrazar, y regocijarse en la persona que era ahora.
Estaba completa.
Ya no era o de un mundo o de otro, huyendo de uno, volviendo a otro, turnándose, no, ahora ambos mundos colisionaban, fusionándose, siendo el mismo.
Ahora era ella misma, sin miedo, sin dudas, y todo era gracias a esa mujer.
Se vio moviéndose, acomodando su cabeza en el hombro ajeno, apreciando la cercanía. Ruby la rodeó por los hombros con uno de sus brazos, acomodándose a su lado. Habían pasado todo el día pegadas la una con la otra, y probablemente donde estuvieron más separadas era mientras Ruby cocinaba, ella acompañándola ahí en la sala de estar, pero a pesar de estar juntas, siempre volvían a gravitar alrededor de la otra, sin poder mantenerse lejos.
Tuvo esa sensación desde el comienzo, incluso cuando se obligaba a desconfiar.
Era adicta a esa sensación.
Con Ruby, era adicta a muchas cosas.
Ambas en silencio comenzaron a comer, disfrutando del paisaje, de lo cálido del ambiente, de la compañía. Disfrutó su café, así como las galletas, que Ruby se las ofreció apenas se conocieron, y al fin las probaba, y le parecían maravillosas, y eso que las medidas las tuvo que cambiar un poco para no dejarlas azucaradas, o ahí si iba a perecer.
Siempre tan atenta Ruby, haciéndole unas solo para ella.
Ese día se había enamorado un poco más, Ruby tratándola siempre bien, con cuidado, pero ese día en particular esta estaba haciendo un esfuerzo doble, y se notaba.
"Has sido muy dulce hoy, Ruby."
Se giró para mirar a Ruby, para observar esos ojos que adoraba, pero le sorprendió el ver una expresión pensativa en su mujer, así como en sus ojos, estos sin el brillo usual, o al menos el brillo que tenían hace tan solo unos momentos. Ruby por supuesto que negó, quitándole importancia a su expresión, que ella evidentemente había notado, de inmediato preocupándose.
Bien conocía la conocía para saber cuándo intentaba evitar que se preocupase.
Sintió el brazo afirmándola con cuidado, mientras Ruby cambiaba su expresión, soltando un quejido dramático.
"¿Estás diciendo que no soy dulce contigo el resto de días, cariño? ¿Acaso soy un monstruo para ti?"
Tal vez aún tenía la imagen de Ruby en su cabeza, con sus ojos oscurecidos, con su rostro tenso, su postura pensativa, que ocasionó que no pudiese reírse del drama en la voz ajena. Estaba preocupada, y sabía que Ruby intentaba quitarle importancia.
Se movió, dejando su taza ya vacía en la mesa antes de volver a acomodarse al lado de Ruby, tomando la mano que estaba rodeándola en la suya, entrelazando los dedos de ambas.
"¿Qué sucede?"
Los plateados la ignoraron por unos segundos, hasta que estuvieron obligados a mirarla, esta soltando un suspiro, rindiéndose en sus esfuerzos por seguir aparentando. Ruby no era buena para aparentar, porque era honesta, y era otra de las cosas que adoraba de su personalidad, que la enamoraron, que hicieron que viese el mundo con otros ojos.
"No es nada, es algo tonto."
"O es nada, o es algo tonto, no pueden ser ambas."
Regañó a Ruby, quien soltó otro suspiro pesado, su cuerpo encorvándose como si quisiese esconderse en sí misma, pero al final terminó abrazándola, apegándose a ella, y no iba a quejarse, le agradaba esa sensación. La abrazó de vuelta, manteniendo el cuerpo ajeno firme en sus manos, en sus brazos, así como Ruby la sostenía a ella, con firmeza.
Conocía a Ruby, tanto como conocía a su familia, así que creía tener una idea de cuál era el problema.
Así que habló, sabiendo que Ruby ya llevaba varios segundos en silencio, sin intención de hablar.
"¿Es por mi viaje?"
Y Ruby soltó un gruñido, seguido de un gimoteo.
Si, había acertado.
"Te lo dije, es tonto, sé que te vas el viernes y vuelves el lunes, no es mucho tiempo para hacer un problema de eso."
Pero…
"Pero el problema no es el viaje en sí, ¿No?"
Habían estado separadas por más tiempo, no creía que fuese ese el problema.
Pero sabía que era lo que si les afectaba a ellas.
Algo que conocían muy bien.
Ruby negó en su cuello, dándole la razón, los brazos sujetándola con aun más firmeza, temerosos de dejarla ir. Y agradecía tener esa conversación ahora, y no la otra semana, o quizás, el solo ver a Ruby así, sería suficiente para cancelar todo.
Y debía ser fuerte, valiente.
Ruby era su roca cuando ella más lo necesitaba, por lo mismo, cuando Ruby la necesitaba, ella lo sería también, e iba a darle la tranquilidad que necesitaba.
A pesar de que supiese que sus palabras no tendrían nada de tranquilizante.
Pero era la verdad, y no debía apelar a falsedades, a mentiras, a esperanzas falsas.
Esa no era la mujer en la que se había convertido.
No era en la que quería convertirse.
"No te puedo prometer que todo estará bien, Ruby, y tú lo sabes."
Ruby asintió, sin siquiera dudar.
Ambas sabían que la muerte acechaba, lo sabían mejor que nadie, así que no tendría que endulzar la verdad, porque Ruby no era una niña ingenua, no, había madurado demasiado rápido, porque el mundo cruel le mostró la realidad desde joven.
Ambas tenían en cuenta el riesgo que era vivir, lo conocían bien, y sabían que cualquier día podía ser su final.
Porque así les llegó la muerte, de un día para otro, sin aviso.
El futuro era sin duda abrumador cuando pensaba en eso, pero tenía fe, porque el mundo no podía ser tan cruel, había un límite.
"El mundo ya nos ha tirado demasiada mierda, así que, si se le ocurre hacer lo mismo, me voy a enfrentar a quien tenga que hacerle frente para quejarme de eso. No nos pueden quitar esto ahora, no cuando recién lo obtuvimos."
A pesar de la seriedad en sus palabras, de la seguridad, incluso la ira, escuchó a Ruby reír en su cuello, esta finalmente teniendo la fuerza para salir de su escondite, de soltarla, para mirarla.
"Si es que hay un Dios, debe de estar aterrado de ti."
Se vio soltando un bufido, poniéndose recta, orgullosa, y logró que Ruby soltase otra risa, lo que era bueno.
"Por supuesto, puedo estar quejándome durante horas, no dejaré que se vaya sin que le diga todo lo que tengo en mente."
Era una mujer de armas tomar.
Ruby ya parecía animada, y le gustaba que así fuese su mujer, siempre saliendo de lo malo, avanzando, sin importar nada, porque ella no era la mujer más positiva, más optimista, más motivadora, y si Ruby no tuviese ya esa personalidad, le costaría un millón de años el hacer que se animase.
Le costaría la vida probablemente.
Pero su Ruby sería capaz de todo, incluso aunque ella no estuviese ahí.
Se acercó, tomándola de las mejillas, sujetándola, los plateados ahora luciendo más tranquilos.
"Eres la mujer más fuerte que he conocido, tú puedes con todo, incluso sin mi aquí, aunque ten claro que te costará deshacerte de mí, incluso aunque esté bajo tierra."
Ruby la miró, sorprendida, incrédula, y finalmente la miró con duda, levantando una ceja.
"¿Me vas a dar alguna maldición fantasmal?"
¿Era eso posible? Ni siquiera creía en fantasmas, pero vaya que quería que así fuese.
"Si se puede, claro que lo haré, y estaré ahí, observándote a cada momento del día."
E incluso viva quería hacerlo.
Ruby, como si le leyese la mente, habilidad que ya sabía que debía ser real, le sonrió, picara.
"Oh vamos, sé que quieres hacer eso incluso ahora."
Y sintió el rostro hervir.
No iba a negar eso, no podía negarlo.
Si fuese moralmente correcto, o si Ruby le diese su consentimiento, pondría una cámara en su casa, para verla como se levantaba todos los días, como hacía un par de ejercicios antes de ducharse, como se vestía, como se arreglaba para ir a trabajar, luego cuando llegaba a la casa, como se desvestía y volvía a su ropa cómoda, y como jugaba tirada en su silla, y por supuesto el verla dormir.
Le fascinaba la idea.
Y se vio enrojeciendo aún más.
Los plateados pasaron de lucir coquetos, a incrédulos, y luego a más coquetos.
"Por favor, deja de leerme la mente."
Se vio jadeando al hablar, y Ruby soltó una risa, aunque la notó más roja.
Por supuesto que le leyó la mente.
"Creeme que me encantaría leerte la mente y saber todo lo que pasa por ahí, pero tu expresión es suficiente para saber todas las perversiones que piensas."
"Yo no-"
No, realmente no podía negarlo, era imposible, su boca lo impedía.
Se vio carraspeando, sintiéndose entrar en calor, aún más, y eso que el sol ya se había puesto. Se acomodó, pasando la mano por el rostro, intentando calmar el calor en su cara, así como relajar su expresión, que era lo que la dejaba en evidencia.
Se puso recta, e intentó poner la cara más carente de expresión que podía.
Ruby la miró, observándola meticulosamente, y por la sonrisa que esta puso, sabía que había algo en su expresión que le gustaba, y, de hecho, le había dicho que esa expresión era sexy.
No, no era ese el punto.
"No voy a dejar que me sigas leyendo."
Habló, firme, intentando mantener la compostura.
Ruby, a pesar de lucir sorprendida con ese hecho, ni siquiera pudo fingir tristeza, por el contrario, se veía divertida, como si fuese un juego.
Y de cierta forma, si podía ser un juego.
Esta se acercó un poco, solo el rostro, su expresión cálida, hirviendo, sus ojos oscuros, tentadores, así como su sonrisa, sensual.
"¿Hay algo que hayas querido hacer conmigo, Weiss?"
¿Qué?
Bueno, había pensado muchas cosas.
Y la sonrisa de Ruby creció, y por más que intentó mantener su expresión inmutable, sintió su ceño fruncirse, porque era claro que ya estaba perdiendo, vacilando, pero es que esa sonrisa, claramente la estaba tentando, coqueteándole sin tapujo.
Y esa expresión la había visto más de una vez.
Que la dejaba débil desde el comienzo.
"Porqué, como te vas de viaje, de despedida, dejaré que hagas lo que quieras conmigo."
¿Lo que quiera?
Oh no, su careta estaba derrumbándose.
Ruby se acercó un poco más a su rostro, y por inercia se alejó un poco, tomando ciertas distancias, intentando con todas sus fuerzas el mantenerse firme en esa batalla. Podía sentir como Ruby la miraba, provocativamente, alentándola, los plateados tornándose grises ante el calor.
"Mi cuerpo es todo tuyo, Weiss, puedes romperme si quieres."
Ruby sonreía, a pesar de lo que salía de sus labios, completamente dispuesta a todo, así como ella estaba dispuesta a todo por Ruby.
Y por Dios que ahora se le antojaba, al final, Ruby era suya, completamente suya, y podía hacerle lo que quería, destruirla si así fuese necesario, y la mera idea la hizo jadear.
Sintió el cuerpo ajeno acercándose más, y ella se alejó más, hasta terminar acostada en el sillón, sin ser capaz de pelear contra el cuerpo ajeno, y el hecho de que ambas de por si estuviesen con poca ropa ante la sesión de temprano, no estaba ayudando. Por supuesto que tal y como dijo, Ruby había sido dulce con ella, y eso también contaba a lo que habían hecho en la cama, todo muy tranquilo, pero tenía claro que eso ya no era suficiente para mermar el hambre que sentían.
Habían despertado su peor lado con la otra.
Y ahora, ni siquiera una conversación importante como aquella que estaban teniendo, podía mermar sus más primitivos instintos, y, de hecho, le sorprendía lo rápido que dejaban de lado lo malo, lo agobiante, lo triste incluso, tornándolo en algo diferente, y le alegraba, pero no, nunca dejaría de sorprenderle.
El cuerpo de Ruby se acomodó sobre el suyo, sentándose a horcajadas sobre su pelvis, y pudo sentir el calor sobre todo su cuerpo, completamente envuelta en ese calor sofocante, pero tan adictivo.
Estaba segura de que su rostro ya no era el que había decidido mantener.
Estaba avergonzada de su debilidad, ni siquiera era capaz de seguir mirándola, así que terminó desviando la mirada de los ojos grises, del rostro provocativo, y se fue al cuerpo ajeno acomodado sobre ella, sintiendo el peso de Ruby en su pelvis. Se sintió jadear, de nuevo, el calor sofocante en toda la zona.
Quería hacer tantas cosas, y lamentaba el no tener tanta información al respecto, el no saber tanto, el no…
Y los recuerdos llegaron a su cabeza.
Las ideas.
Sus deseos que tenía en esos momentos de tanto calor.
Quería follarse a Ruby, hacerla suya.
Por supuesto que eso quería hacer, y lo pensó hace poco, cuando estaba acomodando el dildo en Ruby, y deseó que fuese ella quien se lo enterraba dentro, y ahora, teniéndola ahí encima, deseó ya tenerlo puesto, ya estar dentro, el tener a Ruby montándola.
Y jadeó, una vez más, sintiéndose ya salivar, sin poder controlar su propio cuerpo.
Sus deseos siendo evidentes.
"Vaya, eso no lo vi venir."
Dio un salto, dándose cuenta de que falló, de que intentó mantener su rostro carente de expresión, y rápidamente cayó ante los encantos de Ruby.
Creyó que Ruby la iba a juzgar, que iba a verse incluso intimidada, asumiendo que había leído correctamente lo que pasó por su cabeza, pero era Ruby, Ruby no iba a juzgarla por lo que quería hacer, por lo que sus instintos le pedían, por el contrario, Ruby la aceptaba, con todo lo que cargaba encima, sus gustos solo eran una parte más.
Ruby le sonreía, su expresión provocativa como hace un momento, tentándola a más, y pudo sentir como las manos se movieron, las piernas fuertes de Ruby manteniéndola en su posición, sin dejar su peso por completo sobre el suyo al dejar de apoyarse con sus manos, aunque quería sentir el peso de Ruby aplastándola, como otras veces.
Realmente era retorcida.
Sintió las manos hirviendo en su pecho, este levemente expuesto al estar usando esa camisa roja, los dedos pasando por sus clavículas, subiendo por su cuello, luego pasando por su mandíbula hasta llegar a sus mejillas, era un tacto que le encantaba, que era suave considerando lo fuerte que Ruby era, que le encantó en un comienzo, que la encendió de inmediato, y seguía causándole lo mismo.
Ruby la volvía loca, desde el primer momento en el que posó los ojos en esta.
"¿Quieres follarme, Weiss?"
La voz de Ruby sonó intensa, gruesa, y se vio temblando al solo escucharla, se sentía avergonzada en ese momento, porque Ruby supo lo que estaba pensando, se había dejado en evidencia, y lo que más la hacía hervir, era el sentirse incapaz físicamente de decirlo, de confesar sus ganas, sus deseos. No era lo suficientemente valiente para hacerlo, a pesar de haber cambiado tanto, aún quedaba algo de su pasado en ella.
Pero su silencio no era un problema, porque, por suerte, la mujer de la que estaba enamorada podía saber exactamente lo que más anhelaba, sin necesidad de palabras.
Y Ruby sonrió, leyéndola, una vez más.
"Vamos a la cama, Weiss."
Y claro que iría.
Capitulo siguiente: Equilibrio.
N/A: ¿¡PERO QUE HA PASAO!? Yo solo quería hacerlas tener una conversación tensa y profunda acerca de la muerte, de lo que significaba que se alejasen y la posibilidad de que no pudiesen volver a verse, ¡SOLO QUERÍA CREAR CAOS Y DESESPERANZA! Y ahora que lo edito, no sé en qué momento todo cambió, estas niñas ya se manejan solas, quiero hacer algo y kaboom hacen lo contrario, pero bueno, no me quejo, lo que se viene está uff, buenardo.
Nos leemos pronto.
