3 días después

- Miroku - se asomó a la puerta, dónde el monje estaba finalizando su meditación

- ¿Qué sucede, Shippo?

- No hemos tenido noticias de Inuyasha desde hace mucho, ¿no te parece?

- Si - suspiró - Tienes razón - se puso de pie - Sin embargo, eso puede significar, que la señorita Kagome, sigue con vida

- ¿Y si no? - comenzó a preocuparse - ¿Y si ella murió y él se fue para no regresar?

- Shippo - pronunció, cerrando sus ojos, intentando no dejar que los malos pensamientos invadieran su mente

- Debes calmarte un poco - elevó la mirada ante aquella voz

- Sango - sonrió al ver a la exterminadora acercarse, en compañía de Naraku

- ¡Sango! - saltó a los brazos de la mujer

- Buenos días Shippo - sonrió, mirando al monje - Excelencia

- Bueno días, preciosa - la última palabra fue inaudible para ella, sin embargo, su pícara sonrisa lo delató - Naraku, es bueno verte por aquí

- Lo mismo digo - sonrió - Y buenos días para ambos

- ¿Has sabido algo de Inuyasha? - preguntó, observándo directamente sus ojos rojos

- Me temo que no... tampoco Kikyo ha regresado - miró hacía el horizonte - Sin embargo, supongo que eso es una señal de que su hermana sigue con vida

- Aunque, aún así es extraño que ninguno regresará, ¿no les parece? - preguntó la castaña

- ¡¿Y que tal si todos se murieron?! - se tomó la cabeza

- Eso es imposible, Shippo - rió el hanyo - Puedo percibir la esencia de Kikyo, a dónde quiera que vaya

- ¿Y eso por qué?

- Eso no es algo que le incumba a los niños - respondió el monje, guiñando su ojo

- ¿He?

- Por favor - cambió de tema - ¿Desean pasar a tomar el té?

- Bueno, supongo que es una buena idea - sonrió ella - ¿Usted que dice? - miró al moreno

- No podría rechazar la oferta de mi compañero

Comenzaron a ascender las escaleras, para posteriormente ingresar al templo

Reencuentros

Su cuerpo comenzó a tomar sensibilidad, lo notó en el mismo momento en que sus ojos comenzaron a temblar. Los abrió, encontrándose con la tenue luz de la habitación e instantáneamente un dolor punzante, en la zona de su abdomen, provocó que frunciera el entrecejo, sin embargo, el olor que llegó a su olfato, logró tranquilizarla un poco

- Inuyasha - murmuró

El híbrido, quién había permanecido los tres días siguientes a la batalla, sentado a su lado, alejándose sólo para hacer sus necesidades o buscar comida, volteó, elevándose rápidamente y encontrando sus orbes dorados con los de ella

- ¡Kagome! - sus ojos comenzaron a temblar, mientras acariciaba su mejilla - Estas con vida

- Si - sonrió levemente - Me... me duele...

- No te muevas... tus heridas están terminando de cerrarse

- Pero... ¿por qué? Se supone...

- Porque utilizaste toda tu energía para atacar a Kirinmaru

- Kikyo - giró su cabeza, encontrándose con su hermana ingresando a la habitación - ¿Dónde... dónde estoy?

- En el castillo de mi padre - respondió el joven

- ¿He? ¿Y mamá y papá?

- Ellos estuvieron aquí ayer - miró al híbrido - Inuyasha, ¿podrías salir un momento? Necesito curar sus heridas

- De acuerdo - miró a la morena - Estaré cerca, por si me necesitas

- Gracias - sonrió tiernamente

El joven salió del lugar, mientras la mujer se arrodillaba y comenzaba a quitar el vendaje, cubierto de sangre, que envolvía el torso de la youkai

- ¿Cómo te sientes?

- Me duele... demasiado - frunció el entrecejo, mientras las vendas se despegaban de su piel

- Tomaste la decisión correcta - intentaba ser suave - Si hubieras usado todo tu poder, para curar tus heridas, tu poder espiritual se hubiera debilitado, hubieses sido un blanco fácil para Kirinmaru

- De igual manera - frunció el entrecejo - Casi me mata

- Abuela te salvó - sonrió, mojando la manta para lavar sus heridas - Supongo que sabías que parte de su alma, vive en Sakura

¿Qué? Entonces... ¿no eran sueños? ¿Realmente hablé con Kiyomeru?

- ¿Cómo sabes eso?

- Madre me lo dijo ayer

Los yokais llegaron al castillo y lo observaron en todo su esplendor. Tsukiyomi redirigió sus ojos negros a su esposo

- ¿Estas seguro que nos recibirá?

- Nuestras hijas están aquí... deben hacerlo

La puerta del castillo, la cuál no estaba custodiada por nadie, comenzó a descender lentamente, al mismo tiempo en que la figura de Irasue emergía

- Bienvenidos... ha pasado tiempo - sonrió

- Irasue - pronunció la sacerdotisa, con seriedad

- Supongo que vienen por sus hijas, adelante, pueden pasar

Momentos después, los dos, guiados por la dueña del palacio, ingresaron a la habitación en dónde se encontraba la hija del medio

- Inuyasha - murmuró la mujer, mientras el joven, sentado al lado del tatami, abría sus ojos, encontrándose con los de ella

- Tsukiyomi - pronunció, poniéndose de pie

- Vaya - sonrió, con sus ojos cristalinos - Hacia mucho tiempo que no te veía... estas, exactamente igual

- Gracias - se acercó a la salida

Sus orbes dorados se encontraron con los de Hoshiyomi, quién lo miraba seriamente. Ninguno de los dos pronunció una palabra y él híbrido salió de la habitación

- Kagome - susurró, colocando su mano en su boca, mientras se acercaba a su hija, la cual estaba profundamente dormida

Se arrodilló a su lado, acariciando su rostro, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Hoshiyomi frunció el cejo y llevó su mirada a Irasue

- Gracias, por dejar que se quede aquí

- Mientras no me molesten - se encogió de hombros - Espero que ustedes no decidan quedarse también

- No te preocupes por nosotros - respondió el hombre - Sólo estaremos aquí, un momento

La reina del castillo se retiró, dejándolos solos. La mujer comenzó a llorar libremente, al mismo tiempo en que él se acercaba, tomándolo por los hombros, en señal de consuelo

- Tenemos... mucha suerte de que siga con nosotros - acariciaba la mejilla de la morena - Pudimos haberla perdido en sólo un instante, Hoshiyomi

- Lo sé - respondió, desviando la mirada

- Tienes que dejar de ser tan duro con ellas - pronunció, con cierta molestia

Él no respondió, sin embargo, aquellas palabras escarbaron profundamente en su pecho. De repente, la puerta se abrió y ambos demonios mostraron expresiones de sorpresas en su rostros

- Era verdad - la sacerdotisa se quedó inmóvil en la entrada de la habitación - Eran ustedes

Sus ojos se llenaron de lágrimas, al igual que los de su madre, quién al verla, instintivamente, dio unos pasos hacia ella

- Mamá - murmuró, corriendo a sus brazos

- Kikyo - la recibió, apretándola fuertemente contra su cuerpo, casi de la misma manera en la que lo hacía cuando vivían en la aldea - Mi niña

- Pude percibir... tu olor - sus lagrimas comenzaron a mojar el kimono de la mujer que abrazaba - Quería... verte

- Yo también sabía que estabas aquí - su voz comenzó a temblar - Pero... no sabía si querías verme

Hoshiyomi frunció el entrecejo ante aquella escena, la culpa comenzó a invadirlo, después de todo, él fue quién le prohibió a su esposa el no regresar a la aldea

- Regresaré en un momento

Salió de la habitación, dándoles el espacio que, ambas, necesitaban desde hacía tiempo