FELINETTE NOVEMBER
- 2023 -
"Siempre fuiste tú"
Capitulo 15: Intercambio
A Louis Agreste lo despertó el olor agradable del café recién hecho, proveniente desde su pequeña cocina. Había dormido en el sofá, metido en un saco de dormir que usaba cuando salía de excursión al campo. Emma había dormido en su dormitorio, sobre su cama, metida entre sus mejores sábanas limpias.
Debía ser muy tarde por la mañana, porque el sol alumbraba intensamente el salón. Louis estiró los brazos, quitó a Argos de encima suyo y se dirigió adormilado, hasta el origen de aquel precioso olor.
Emma sintió que alguien la observaba desde la puerta de la cocina. No se sorprendió al ver a Louis, bostezando con los brazos cruzados y apoyando todo el cuerpo en el marco de la puerta. Ella le saludó moviendo la mano. Luego le señaló lo que estaba haciendo en la cocina.
- ¿Alubias? ¿es eso salsa de tomate? ¿el desayuno? oh, muchas gracias Emma. - Emma había encontrado un bote de alubias ya hechas en la despensa de Louis, y apartado en una esquina, otro bote con salsa de tomate. Ella había mezclado ambas cosas y las removía, calentándolas, en una pequeña cazuela de mango largo.
Delicioso, pensó sarcásticamente Louis, si fuéramos a la panadería hoy, tendríamos un mejor desayuno mañana.
Emma le preguntó con la mirada, si estaba bien lo que ella estaba haciendo. Louis entendió todo y alzó los pulgares hacia arriba, afirmando. Se percató que Emma no usaba ni los cascos ni los tapones, cuando le preguntó por ello, Emma escribió un mensaje en su teléfono, explicando que habitualmente ella no los llevaba cuando andaba en casa.
Casa.
- Sí, Emma. - susurró Louis. - Tienes razón, ésta es tu casa. - Louis le dejó un beso en la sien, sonrió y le acarició un mechón de pelo.
Emma no le contestó ni se inmutó, sólo se quedó viendo el teléfono, absolutamente congelada en su sitio, mientras Louis retiraba la cazuela de la hornilla, porque ya olía a quemado. Su cercanía le hizo dar un pequeño sobresalto, pero Louis no vio eso. Ella en cambio, pudo ver que él tenía pecas en su mejillas y lunares en su cuello, por detrás de una oreja. Se insinuaba en su mentón, una incipienta barba. Tenía el pelo desordenado y a un lado de la cara, llevaba la marca que le dejó la cremallera de su saco de dormir.
De repente, Louis tragó saliva, y Emma vio cómo subía y bajaba su manzana de Adán, a la vez que él entreabría la boca, para bostezar de nuevo.
Ella, curiosa, bajó la mirada, recorriéndole el cuerpo por detrás, descubriendo el cuello de su pijama, la cintura de su pantalón, sus calcetines estampados de perritos.
No pudo quitarle la vista de encima, por un buen rato,
Le parecía irresistible de ver, de contemplar. Un hombre bueno bastante atractivo.
Atractivo.
Tan atractivo como esos bollos rellenos de nata que se zampaba antes de desayunar y que su padre ocultaba cada vez que podía, alegando que tanta azúcar de mañana podría hacerla propensa a sufrir diabetes.
Tal vez Louis sólo fuera nata para ella. De la dulce, azucarada.
Mientras desayunaban, Emma le mostró a Louis algunas de las cartas de su padre. Le mostró la dirección del destinatario, y le señaló los preciosos sellos. Louis cogió una, y preguntó en silencio si podía leerla. Emma consideró que el contenido de la carta podía ser compartido y asintió, sabiendo que le entregaba a Louis una parte de su familia, de su padres, de su corazón.
"Mi querida Marinette:
Esta es mi última carta.
Te deseo toda la felicidad del mundo. Todo el amor que te puedan dar. Te lo mereces, sin duda. No sé si yo lo merezca. Siento que mi comportamiento ha sido mezquino y traicionero, egoísta por momentos. He tensado la cuerda, el hilo rojo. Y desafortunadamente, para tí y para mí, ese hilo se ha roto.
Salpican entonces, nuestros recuerdos, nuestras conversaciones. Aquellas veces en las que hablábamos por horas, en las que oía atentamente cada palabra que decías, cada queja que tenías, cada sueño que albergabas. Guardo tu voz en mi pecho, bien a resguardo del tiempo.
Lo oscuro de tu pelo, contrasta con mi blanco panorama.
Aquí no hay amor, Marinette. Ya no queda nada.
Tan sólo esto, memorias. Fragmentos de historias extraordinarias que tu y yo vivimos en una época dorada. Tú no sabías que yo te amaba. Yo sabía que tu no podías amarme. Pero soñé en ello, en lo mucho que te adoraría si te tuviera, en lo doloroso que sería no tenerte.
La flor que dejaste caer en aquel parque en Calais, representaba todo lo nuestro. Mis dudas, tus dudas, mi amor y mis lamentos. Seguro que ahora yace destruida, deshecha, rota y fermentada, descompuesta. Porque así termina el amor, Marinette. No importa cómo haya empezado, el final siempre es triste.
Siempre hemos leído sobre perfectas y sufridas historias de amor, que terminan en un final feliz pero, ¿tú sabes lo que viene después? ¿después del "sí, acepto"? Viene la vida misma, Marinette. El día a día. Me pregunto si entiendes todo ese infierno. Yo ya lo he vivido.
Y despertar, todos los días, queriendo morirte, queriendo escapar, es una desgracia que espero nunca tengas que sufrirla. Porque el amor mata, Marinette. Te desgarra el pecho. Y vivir con la persona equivocada, también lo hace. Así que si lo amas , de verdad, cásate con él. Olvídame y hazlo feliz.
Y sé feliz, tú también.
Esfuérzate en ello.
Te amo.
Será la última vez que te lo diga, así que atesora también este recuerdo. Pudiera ser que en cualquier momento, me arranque el corazón del pecho y deje de existir, y desaparezca. Y yo seré libre, y tú, serás de otro.
Y no serás mía.
Te amo.
Siempre tuyo, Felix F. "
Cuando Louis dejó de leer, Emma ya tenía preparada la explicación que iba a darle.
- Es la última carta, la más reciente por así decirlo, aunque está fechada unos meses antes de la boda de mis padres...parece que este ultimátum fue el decisivo.-
Louis se llenó de una profunda tristeza. El padre de Emma debía haber sufrido bastante, por tan peliaguda situación. Tener un sentimiento tan fuerte y profundo, tan sólo para ver cómo esa mujer se casa con otro.
- ¿Era un amor no correspondido?- preguntó curioso. - ¿Tu madre le dijo que no lo quería en algún momento?-
Emma golpeteó un dedo contra su mentón, pensando y pensando. Dejó a Louis sentado en la mesa y fue hacia el dormitorio, buscó el resto de correspondencia y le mostró las postales de Japón. Luego, ella se puso a escribir.
- Creo que mi madre le correspondía. - Emma tecleaba a una velocidad espeluznante, Louis estaba perplejo por la rapidez en la que ella se comunicaba. - Creo que ella también lo quería, y en algún momento, mi madre iba a romper su compromiso con su novio para aceptar por fin, a mi padre. Sin embargo, esta última carta me dice que ya mi padre se había rendido. -
Louis asintió repetidas veces, para luego hablar con un tono bajito.
- ¿No te has preguntado quién pudo ser el novio de tu madre? -
Ella negó con la cabeza.
- Debería preguntárselo, lo sé. Pero ella está en Londres, y no quiero llamarla para preguntarle por las cartas y su antiguo novio. Creo que es una conversación íntima que debería tener con ella. -
Louis sorbió un poco de su café. El amor trasmitido por las cartas era verdaderamente sincero. Y su evolución también. A Emma la habían criado unos padres unidos y amorosos. Él lo supo tan sólo de ver cómo Emma Fathom pudo desarrollarse en el mundo académico. ¿Cómo habría estudiado si no toleraba el ruido? ¿Cómo fue a clase? ¿Emma oía música? Definitivamente, había tenido un apoyo inmenso y muchísima comprensión. Emma vestía bien, y no parecía tener problemas de dinero. En algunos círculos académicos, comentaban que era una heredera de gran fortuna.
Pero el dinero no compra al amor. Y Emma había sido amada desde siempre.
Porque Emma era especial.
Y estaba bien, él la quería por eso, por lo extraordinaria que era. Por un momento, dejó el tema de las cartas apartado, y se concentró en lo que estaba viviendo con ella. En la amistad que estaban forjando, en la relación que tenían. Él había avanzado mucho. Pero había tanto que no conocía todavía.
- ¿Hay algo más que te ponga triste, Emma?. Ayer estabas llorando. No me gusta verte triste. Ni que te agobies por algún ruido que hayas oído. Si hay algo que no te ha gustado, si mi casa no es cómoda, por favor dímelo, prometo hacer todo lo posible para que estés bien. -
Ella bajó la cabeza, taciturna, e intentando alegrarla, Argos se frotó contra su pierna. Emma cogió un trocito de jamón y se agachó un poco para ofrecérselo. Cuando se incorporó, volvió a escribir en el teléfono, a toda velocidad.
- Simplemente me acordé de algo triste. -
No deseaba contarle a Louis todo su pasado, aunque pareciera que a él no le molestara tratar con una chica especial, con carnet de discapacidad e hipersensibilidad al ruido. Louis era ya una persona importante para ella, porque había compartido muchas horas con él, en silencio y en paz, siendo absolutamente aceptada. Ni una sola vez, Emma tuvo que explicarle a Louis su diagnóstico, ni las cosas que le hacían mal. Él, sin sorprenderse, sólo la había acompañado en todo su periplo parisiense. En sus ataques de pánico recurrentes y en su parquedad al conversar. Cuando ella se fuera a Londres, ¿seguirían viéndose? ¿hablarían por teléfono? ¿o sería buena idea escribirle, tal cual su padre hizo con su madre, hace tantos años?
La idea de hacer algo con él, algo muy íntimo como mantener correspondencia con un hombre en la distancia, la hizo sonrojarse intensamente.
Otra vez, esa molestia en la tripa, ese vuelco en el corazón.
Emma se sujetó el vientre y suspiró.
Esa era otra cosa extraña que le estaba pasando y que debía contárselo a su madre. Su madre tenía una solución para todo, incluso la tuvo cuando ella era pequeña y no podía decirle a nadie que le daba pánico el ruido, que captaba cada sonido como una agresión a su cuerpo, como si en vez de azúcar al café, le echasen sal. Además de eso, su madre también consiguió tener un final feliz con su padre, de alguna manera u otra. Oh, tenía tanto que contarle.
- ¿Te sientes bien? Ahora estás suspirando y estás un poco roja. ¿Estás bien, Emma? - Louis estiró una mano y la pasó delicadamente por la frente de Emma, sintiendo su piel fina y suave. Su temperatura estaba bien, ella no estaba enferma. Se alegró por eso, pero también quiso tocarla más, así que al deslizar su mano, rozó toda la curvatura de su rostro, en una caricia frágil y sincera.
Hubiese querido besarla, hubiese querido tenerla entre sus brazos.
Pero Emma Fathom, se retiró un poco hacia atrás en la silla, renuente a su contacto. Argos maulló desde el suelo, exigiendo más jamón. Emma delineó una frontera imaginaria ante Louis, una delgada línea que no debía cruzar.
- Lo siento. - murmuró Louis, en voz bajita.
Emma volvió a suspirar.
Un par de horas después, con todos los antecedentes dados por Emma, Louis se adentró con ella en la panadería de Rue Caulaincourt. A esa hora de la mañana, casi cercana al mediodía, ya el local estaba sin clientes. Un trabajador colocaba panecillos en un estante, mientras que un hombre muy anciano, alto pero fuerte, le indicaba con el bastón cómo debía colocarlo.
- Buenos días. - saludó Louis. El anciano volteó a verle, para responderle el saludo. En ese instante, al ver quien era, se alegró mucho y le correspondió el saludo dándole la mano. - Soy Louis Agreste, mi padre y yo veníamos hace mucho cuando era pequeño. Y ella es una amiga mía, se llama Emma F...-
- ¡Louis! - gritó en la lejanía una señora bastante mayor, desde dentro de la panadería. - Claro que te reconocemos. Siéntate. Te daremos croissants. -
Al señalarle una mesa, Emma corrió a sentarse, acomodándose los cascos en la cabeza y sacando su cuaderno y un bolígrafo. Aunque no quiso, sus pies empezaron a temblar y sus manos a sudar. Un horrible zumbido, molesto y creciente, nació en sus oídos. Contorsionó su rostro en un gesto doloroso. Debía aguantar, al menos el tiempo suficiente para que Louis averiguara algo más sobre sus supuestos abuelos.
- ...soy profesor de Matemáticas, en la Universidad...-
Aquel zumbido le impedía a Emma seguir la conversación en su totalidad. Sólo veía a Louis, sentado enfrente suyo, con un plato de croissants y un café. La señora se le había acercado y le había puesto la mano sobre el hombro, y Louis sencillamente hablaba y hablaba. Emma sólo captaba frases al vuelo, palabras al refilón. Apretó los dientes, los pies empezaron a moverse cada vez más y más rápido. Su corazón latía fuerte y rápido, estaba comenzando a marearse. Debía respirar más lento. Pensar en otra cosa. Ya después Louis le diría lo que había averiguado.
- Sí.- dijo de repente la anciana, poniéndose un poco rígida - Sí, teníamos una hija. Se fue hace mucho. -
En ese instante, el zumbido desapareció, y sus pies se quedaron quietos, rígidos.
- Se llamaba Marinette. - continuó diciendo.
El hombre mayor, al escuchar a su esposa, desapareció de la panadería, atravesando una puerta que probablemente conectaría con la casa donde había vivido su madre. Regresó casi de inmediato, con dos fotos en sus manos. Cuando llegó donde Louis, el anciano le dio una de aquellas fotografías.
- Es ella. - dijo.
Emma Fathom estiró un poco el cuello, para asomarse y poder ver la fotografía de Marinette Dupain-Cheng, en su último día en el Instituto. Su madre, jovencísima, estaba rodeada de sus amigos. La abrazaba una chica de piel morena y cabello rizado, con gafas de pasta. Al lado de esa chica de gafas, había otro muchacho con la piel mucho más oscura y el cabello corto todavía más rizado.
¿El profesor Kanté?, pensó Emma elevando una ceja.
Quizá se estuviera confundiendo.
Louis en cambio, se había fijado en otra persona que estaba al lado de la madre de Emma. Alguien rubio, con ojos verdes, que la abrazaba por los hombros con algo de posesividad y cariño.
Se parecía mucho a su padre, sólo que ese muchacho sonreía y brillaba , como un sol. Deslumbrante, aquel muchacho parecía hecho de azúcar y purpurina, porque era reluciente, rebosaba felicidad. Se le veía la sonrisa amplia.
Pero Louis no podía distraerse, segundos antes, de reojo, había visto el tremor de Emma y su palidez. Pensó que ella estaría entrando en ansiedad o en una crisis nerviosa, y dudó en seguir preguntando. Sin embargo, abruptamente, notó que Emma dejaba de moverse y que incluso se detuvo a contemplar la fotografía. Eso le dio pie a continuar, acortando el interrogatorio, yendo directo a por todo.
- ¿Y donde está su hija ahora? ¿No habrá tenido una nieta, señora Cheng? -
Sabine Cheng, que así se llamaba la anciana, abrió la boca un poco sorprendida.
- Así que ya lo sabes. Seguro tu padre te lo dijo. Algún día debías saberlo. - Louis no entendió a lo que se refería esa mujer, ni tampoco por qué su padre tenía algo que ver en esta historia. Pero no preguntó nada, porque en ese instante, Tom Dupain, el esposo de Sabine Cheng y padre de Marinette, le alargó la segunda foto que llevaba en la mano.
- Fue un castigo. Estoy segura de ello. - Sabine Cheng tenía una mirada triste y hasta cierto punto, dolorosa. - Amé mucho a mi hija, pero no entendí ni por un momento, la razón por la cual no se pudo casar, habiendo preparado todo para ello. El vestido, la fiesta, la iglesia... El novio...Mi hija intercambió un amor por otro, como si se cambiara de calcetín. -
Tom Dupain se deslizó hasta el lado de su esposa y cogió suavemente la mano de ella, como si supiera que era lo que diría a continuación, tratando de darle su apoyo.
- Mi Marinette tuvo una hija con otro hombre, un tiempo después. - añadió el anciano. Louis abrió los ojos. Ya había unido los puntos. Verdaderamente, ellos eran los abuelos de Emma.
- Tuvieron una hija tonta. - dijo solemnemente Sabine Cheng. - Tonta de verdad. -
Y Louis, ante el sonido de esas horribles palabras, sintió como si alguien le hubiera disparado en el pecho. A quemarropa.
Tonta, tonta.
Eso le decían a Emma en la escuela infantil de donde sus padres la retiraron para educarla en casa.
Tonta, tonta.
Eso le gritó una vez, un hombre, cuando ella tropezó con él en la calle y se puso a llorar porque los cascos se le habían caído.
Tonta era sinónimo de "especial" en el vocabulario del público general. Cuando la gente quería hacerle daño, eso decían de ella. Antes, Emma apretaba los labios tratando de no soltar lágrimas. Se decía a sí misma que no era cierto, que ella era muy lista. Su padre se lo repetía en las mañanas al despertar. Ella era hábil e inteligente. Lo era en matemáticas y en el cuidado de animales. También pintaba muy bien y era campeona en columpiarse por horas. Tal vez debió nacer con el pelo negro, así nadie hubiera dudado de lo inteligente que era. Los ojos de Emma se llenaron de algo que parecía ser lágrimas, pero las contuvo. Todavía no podía partirse en dos.
- Cuando se lo dijimos, ella se enfadó con nosotros, su nuevo esposo también. Tomaron a la niña y desaparecieron de nuestras vidas. -
En la segunda fotografía, Louis Agreste vio a una todavía joven Marinette Dupain-Cheng, sosteniendo en brazos a una pequeña bebé que lloraba con la boca abierta. Pudo ver los rizos rubios de aquel bebé. Y la angustia que tenía su madre por no poder calmarla.
- No se puede hacer nada si un niño te nace tonto. Es lo que se tiene. - Tom Dupain habló esas palabras , para luego retirar ambas fotos de la mano de Louis Agreste.
Louis todavía tenia un dolor en su mirada, como si le hubieran arreado con un palo. Y si él se sentía así, ¿Cómo se estaría sintiendo Emma? Ahí, enfrente suyo, su Emma había palidecido, sus ojos se habían cristalizado. Aquel temblor en sus dedos había desaparecido, porque ahora Emma apretaba muy fuerte los puños.
- Pero no hablemos de cosas tristes, o de cosas que ya no tienen solución. Hemos seguido con nuestras vidas, así como ellos lo han hecho. Tu padre también ha seguido con lo suyo...-
- Sí, claro. Mi padre. - interrumpió Louis. Los abuelos de Emma la habían llamado "tonta". Y por supuesto que eran sus abuelos. Por supuesto que tuvieron una hija llamada Marinette y por supuesto que tuvieron una nieta llamada Emma. Y la habían llamado "tonta" y habían dicho que era "especial". Para Louis fue casi un insulto. Quería golpearlos. Gritarles. Porque incluso a día de hoy, ellos seguían pensando que eso fue un castigo del destino porque su hija dejó a un hombre para casarse con otro.
Con el padre de Emma.
Louis quiso decirles que esa nieta que tuvieron, no era tonta, que nunca lo fue. Que, por lo visto, esa niña simplemente era distinta al resto. Sensible y delicada, frágil y a la vez, fuerte. Quiso gritarles que esa niña tenía sentimientos, que Emma sufría de ansiedad, miedo, angustia, y que también reía en silencio y sufría por otros seres, personas o animales, además de ser amable y terriblemente inteligente.
"Tonta"
Iba a perder los modales en cualquier momento. A la mierda la buena educación. ¿La policía lo detendría si les partía la cara? ¿Sería justo? Emma colapsaría del estrés. No. No podía hacerlo. Así que tomó a Emma de la mano, la puso de pie.
- Muchas gracias por su tiempo, por sus croissants y su café. - Louis rebuscó en sus bolsillos y sacó un billete, lo puso sobre la mesa y continuó hablando. - Me alegra que estén bien, acabamos de recordar que ...tenemos un gato...hay que darle de comer...y darle sus medicinas...-
Tom Dupain y Sabine Cheng lo miraron con compasión y ternura. Le invitaron nuevamente a comer ahí en la panadería, Louis asintió y cogió de la mano a la doctora Fathom, prodigio matemático, para salir de ese horrible lugar.
Se prometió no volver a entrar en la panadería.
Por fin, Louis entendió la razón por la cual Marinette Dupain-Cheng y Félix Fathom , habían cortado lazos con los abuelos ¡Cómo podrían no hacerlo! Incluso él tenía ganar de cortar algo más que lazos. Louis apretó la mandíbula, furioso, impotente. Lo habían lastimado. Y a Emma mucho más.
A su lado, Emma hacía pucheros en tanto rompía a llorar.
.
.
.
.
Muchas veces los niños son una moneda lanzada al aire. Algunos vienen con un pan bajo el brazo, y otros con un carnet de discapacidad. Podríamos decir que Emma pertenece al segundo grupo.
Pensaba que la historia iba a ser más feliz, pero me estoy dando cuenta que se va volver un poco melancólica por este tema. Y debíamos tener "malos", esta vez fueron los padres de Marinette.
Además voy a pedirles perdón por faltas ortograficos, errores en la narracion y en la repeticion de palabras, conectores y adjetivos. Voy a todo gas para lograr no retrasarme. Lo siento. Perdonadme, tengo mejores fics lo sé. Pero a este le quiero mucho.
Muchas gracias por leer.
Lordthunder1000
