Aclaración: Estoy de vacaciones así que... por eso no he seguido el reto de los 30 días jsjsjs
Volviendo de ellas seguiré con la programación habitual, entre tanto, bocadillo que puede estar relacionado (o no) a Musical of Yellow
Había tardado lo suyo en acostumbrarse a La Madriguera. Primero, pasando el tiempo necesario dentro de ella para comprender su funcionamiento, un punto indefinido en el tiempo donde todo lo demás transcurría de forma "natural", similar a la visión antigua del mundo siendo el centro del universo. La Madriguera no se movía, todo desfilaba y bailaba hacia adelante (y hacia atrás) en torno a ella. Y a veces, aquella visión la mareaba.
Su cuerpo tampoco envejecía en tanto estuviera dentro de ella, pero tenía sentido, ¿no? Al mismo tiempo que observaba cómo el primer hombre de las cavernas replicaba el juego sobre un montón de ramas secas, podía disfrutar del drama que se originó tras la Revolución Francesa, o la conquista de las Américas, o la carrera espacial. Todo ocurriendo al mismo tiempo, como si se tratara de películas que podía adelantar o repetir según qué escenas y escenarios deseaba revivir, a un mismo ritmo.
Bien pudo tardar en descifrar el funcionamiento de La Madriguera lo mismo que la historia universal tardó en llegar hasta el momento en que Ladubug le otorgó el Miraculous del conejo, y su cuerpo no maduró un ápice. No así su mente y raciocinio.
Se sintió fatal al darse cuenta de ello, en el mismo instante en el que atreviéndose a salir de La Madriguera por primera vez hacia el periodo jurásico, no mostró la misma emoción que creyó que sentiría al plantarse delante de un saurópodo de verdad.
Claro, había alegría y una pisca de asombro reflejado en su rostro apenas tuvo la oportunidad de acariciar la gigantesca pisada de un cuello largo, pero no le nació saltar de júbilo, gritar lo contenta que estaba a los cuatro vientos por ser la primera, y probablemente única humana, en convivir al mismo tiempo que los dinosaurios. Algo que siendo niña, sin duda, habría hecho.
Y lo mismo cuando visitó a los hombres de las cavernas. La alta edad media. La revolución industrial. Las guerras bálticas. Y así, sin un orden en específico y solo atendiendo a su curiosidad cada vez menos infantil.
Entre tanto se dio cuenta que estando fuera de La Madriguera, así fuesen unos cuantos minutos, su cuerpo respondía al paso del tiempo. Primero con detalles pequeños, tales como una sensación de cansancio o hambre que estando dentro de aquel punto en el tiempo no sufría, y luego rasgos verdaderamente destacables como el crecimiento del cabello o las uñas.
Fue que Alix decidió pasar más tiempo fuera de La Madriguera, aunque fuese cosa de unas horas, aprendiendo de su entorno, de sus poderes (que no funcionaban de la misma forma estando dentro que afuera), y aprendiendo a la mala que todo lo que hacía, por más precavida que quisiera ser, todos sus actos tenían repercusiones en mayor o menor medida respecto a los acontecimientos futuros.
—Es como cuando derramas un poco de vino sobre la mesa —le explicó uno de los portadores del Miraculous del conejo que hubo antes que ella, cuando lo conoció, —puedes limpiarlo antes o después, pero depende de ese mismo tiempo de reacción lo que decidirá si va a quedar una mancha leve o una escandalosa. —Se rio el buen hombre, vestido con un elegante traje negro con un sobrero de copa, por donde escurrían las orejas blancas.
En aquella ocasión, por querer socorrer a una pobre mujer herida en las calles oscuras de Londres, el rostro de Jack el Destripador se reveló ante el público. Y claro, eso NO debía ocurrir.
—Aunque creamos que estamos haciendo lo correcto, no podemos asegurar que así sea realmente —le explicó aquel hombre en su momento, contrariando muchísimo a la pelirroja. —Hoy detienes al asesino más famoso de Londres, mañana evitas la segunda guerra mundial, luego salvas al presidente K. —eventos que Alix tenía la sospecha de que no habían ocurrido dentro de la vida natural de aquel hombre, —¿y luego qué? ¿Puedes asegurar que todo ocurrirá como debe ser? —Se rio. No con burla, sino más bien se trató de una risa irónica. —Alix. Cuando se es guardián del Miraculous del conejo uno no solo se hace responsable del transcurso de la historia, sino de la existencia de uno mismo. Si no actuamos con prudencia, corremos el riesgo de desaparecer incluso.
Corrigieron el error volviendo al pasado, pero Alix tuvo problemas en superar aquel evento. Después de todo, aquella no fue la primera víctima de aquel asesino despiadado, tampoco la última.
—¿Cómo sabemos que todo está yendo como se supone que debe ser? —Preguntó en su momento.
—Porque se supone que eso ya lo sabes.
Tardó tiempo en procesar las palabras de aquel hombre, ataviado con un traje sastre de color azul como su mismo disfraz, sombrero de copa a juego, pechera blanca y monóculo, además de su reloj de bolsillo donde residía el kwami y la sombrilla que servía como arma.
—Eres lista, Alix. Usa esa cabecita —le sonrió, —hay cosas que sabes del futuro y yo no, ¿por qué será?
Porque ya ocurrieron al tiempo que ella había recibido el Miraculous, concluyó al final. Sin embargo, para cuando lo hizo, no pudo compartir su descubrimiento con aquel hombre, de quien solo conoció su apellido: Titor.
Parte de su tiempo lo gastó tomando periódicos y revistas de la época, así como libros de historia de su propio tiempo, leyendo siempre en la salvedad de La Madriguera, demorando lo que fuese necesario para comprender cómo había llegado hasta ahí. Y, de paso, extrañando a su padre.
A su hermano. Sus amigos. Incluso a sus profesores y a la pesada de Chloé Bourgeois.
Pisar el tiempo en que tuvo que abandonar todo para volverse la guardiana del Miraculous era difícil, pues tenía que estar lejos de todos para mantenerlos a salvo. Y fue en esas investigaciones que se dio cuenta de algo curioso.
Su poder no podía ir más adelante en el tiempo de lo que había vivido en su propia época, a partir de que había recibido el Miraculous del conejo, de tal forma que si pasaron tres días estando en su propia época mientras recolectaba información para sus estudios, sus viajes en el tiempo estaban restringidos hacia esos mismos tres días en el futuro. O pasado, dependiendo de cómo deseaba abordar el tema. Cosa curiosa, considerando que su versión futura podía ir más allá que eso por lo visto.
¿Se trataba de una limitante mágica? ¿Algún poder bloqueado? Como fuese, Alix tardó poco en descubrir que el Miraculous se volvió un parte aguas para sus habilidades, teniendo cero restricciones para internarse en el pasado a partir de aquel día, pero no pudiendo ir mucho más adelante. Cuando se dio cuenta de que esto tenía sentido, porque entonces su presente se volvía inmediatamente su pasado, y quiso romperse la cabeza contra un muro.
El tiempo era demasiado complicado. Demasiado confuso y caótico para su gusto.
Ya no se sentía tan segura sobre querer seguir ejerciendo sus responsabilidades como guardiana.
Recordaba constantemente su soledad.
Si tan solo pudiera decirle a Ladybug quién se escondía detrás de la identidad de Monarca, todo sería muchísimo más sencillo y no tendría que estar ella en esa Madriguera solitaria por tiempo indefinido. Porque sí, aquello había sido de las primeras cosas que decidió averiguar por su cuenta, movida por una morbosa curiosidad, creyendo ingenuamente que podría revelar esa información a Ladybug y Cat Noir hasta que...
Las palabras de Titor resonaban en su mente.
Si entregaba esa información, no podía asegurar que todo lo demás iría a ocurrir como se supone. No podía asegurar la existencia de su versión futura tal y como la conocía. Y para más inri, no podía asegurar el estado de su amigo Adrien después de revelar la identidad de aquel lunático. No podía viajar al futuro para eso.
No podía permanecer en el presente mucho tiempo porque corría el riesgo de ser interceptada por aquel hombre, Gabriel Agreste.
Y tampoco podía hacer demasiado en el pasado, sin comprometer todo lo demás.
Ojalá Titor le hubiera advertido aquello. Le hubiera instruido más.
—Lo estás haciendo bien —le dijo una voz familiar enfrente de ella.
Alix había encontrado un especial gusto por las viejas cafeterías londinenses, sitios donde podía relajar la mente.
Al alzar la mirada, se encontró a sí misma sonriéndole con tristeza.
—No recordaba verme en tan mal estado en este punto.
Alix gruñó.
Había escuchado la expresión de estar enfadado con uno mismo, pero esto era demasiado literal que incluso parecía ridículo.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—¿El qué exactamente? —La mayor sacó de su pantalón de civil una hoja de papel, un sobre y un bolígrafo. —¿La soledad? ¿El deseo de arrepentimiento? ¿La frustración de no poder ir a la guarida de Hawk Moth y robarle los Miraculous antes de que todo se fuera de madre?
La menor guardó silencio. Pero sí, exactamente todo eso, pero había una cosa que ella parecía haber olvidado y era especialmente lo que tenía tan apretado su corazón.
—El que los extrañaría tanto.
Quiso llorar. Estuvo a punto de hacerlo. Las lágrimas apenas se contenían dentro de sus ojos. Y un par de manos apretando gentilmente las suyas gatillaron un silencioso llanto.
—Valdrá la pena —se prometió a sí misma.
—¿Hasta cuándo? —Quiso saber. Necesitaba saberlo.
Pero no obtuvo respuesta. Al menos, no la que quería.
Esperó a que se calmara lo suficiente para soltarle una mano y luego le extendió el papel y el bolígrafo.
—Hasta que escribas diez cartas a papá. Pero solo las que cuenten algo verdaderamente divertido, que a él le hubiera encantado ver con sus propios ojos.
Se enjugó las lágrimas y la miró confundida. Alix del futuro la vio con compasión y emoción contenida. Claro que deseaba darle una fecha exacta, pero así no debían ocurrir las cosas. Ella lo sabía. Y pronto su versión más joven lo iba a comprender.
—Inicia diciéndole que estás bien. La fecha en la que la escribas debe coincidir con la fecha que debe entregarse en el futuro, mes y día únicamente, el año debe ser siempre progresivo.
Y aunque se quedó peor que al inicio, recordó que por esa misma razón su padre había estado tan tranquilo al momento de decirle adiós de forma indefinida. Si algo le debía a aquel hombre, es porque siempre le apoyó en todas sus locuras, cuando menos lo haría sentirse tranquilo antes de ese evento.
Alix decidió que su primer carta sería sobre una conversación consigo misma, algo que seguramente su padre encontraría de verdad divertido.
—Esto tendré que hacer yo en el futuro, ¿cierto?
La mayor se recargó en su asiento y dirigió una mirada a la ventana. La gente parecía tan ajena a todo fuera del edificio.
—Quién sabe. A veces ocurren pequeñas variaciones.
—Las que nosotros creamos, ¿cierto?
—Titor no nos dijo todo, solo lo importante.
—Si voy a escribir las cartas, debo viajar al pasado, ¿no?
—Y cuidar que no hagas alguna tontería. O una de la que vayamos a arrepentirnos luego.
—Parece que ocurrió alguna vez.
Alix del futuro se rio levemente, y eso le revolvió el estómago a la menor.
—Seguimos aquí, ¿no?
—¿Cómo puedes estar tan relajada?
El silencio siguiente apenas fue cortado por el rasgueo de la tinta sobre el papel, y el pasar de la gente tanto dentro como por fuera de la cafetería. Decidió que si quería volver a su época, debía empezar cuanto antes a escribir.
La respuesta a su pregunta, la sabía. Ambas, de hecho, y eso la llenó de una pequeña y esperanzadora confianza.
—Porque somos geniales.
Notas finales: Pues al final me dio por intentar escribir algo respecto a Alix y sus poderes... porque no me creo que esa chiquilla no haya sufrido algún que otro caso de paranoia como guardiana del tiempo. Que se oye cool y todo, pero a mi me sonó como el poder más solitario de todos...
Gilipuertas el padre de Alix que se tomó con tanta calma el que su hija vaya a irse a saber por cuánto tiempo, que, oye, se ve adulta para cuando el primer Hawk Moth es derrotado, así que habrán sido unos... ¿10 años a lo mucho? No me jodan xD
Alix estaría más loca que una cabra, o bien, mentalmente sería una abuela dentro del cuerpo de una jovencita :V
Pequeño guiño a la leyenda urbana de Jhon Titor, un viajero del tiempo allá por el lejano 2000 (a ver quién es tan anciano como yo para acordarse de él xD)
Que vivan los cliffhanger
