Bienvenidos y bienvenidas.

Antes que nada. La historia contiene escenas que pueden ser fuertes para personas sensible. Pero si no sean bienvenidos.

Además de que aprovecho para agradecer de nuevo a mi amiga pameah14, a quien le provocaba ansiedad cuando la dejaba en suspenso xd.

Muchas Gracias por tus ideas de drama y por hacerme cuestionar la trama, volviéndola aún mejor.

Sin nada más que decir disfruten de la lectura.

———

La libertad era algo que pocas personas podían tener.

Y que era algo que la mayoría de las personas carecía.

La libertad puede verse de diferentes formas, desde la que sientes al correr por un prado floreciendo, hasta la que anhelas tener cuando estás encerrado en una celda.

Creía que las demás personas no se atrevían a conseguirla por no creer que son merecedores de ella, pero ahora se que la libertad no se te entrega sin antes arrebatarte una parte de ti.

Es por eso que muchos prefieren el sufrimiento a que les sea arrancado de sus manos lo que más aprecian.

Y los dioses han sido indiferentes, incluso he pensado que los dioses ven el espectáculo que los humanos les ofrecemos. Como si estuviéramos siendo castigados por alguna ofensa hacia ellos.

Cuando lo único que deseamos, es sobrevivir un día más sin tener miedo a que nos asesinen mientras dormimos.

Yo sabía que no tenía nada que perder, lo único que podía ofrecer por mi libertad era mi propia vida.

Hasta que de pronto, en mi memoria solo existían unos ojos azules.

Solo eso, no habían más recuerdos.

Lo próximo que recuerdo fue abrir lentamente los ojos a causa de la luz que chocaba contra mí rostro.

Recuerdo la manera en que mi cabeza daba vueltas, a la vez que mi espalda crujió al moverme de la cama. Si es que a un montículo de paja se le puede considerar así. Pero el olor a estiércol y a putrefacción fue lo que hizo que mi mente volviera en sí, siendo que lo primero que hice fue vomitar en el primer balde de madera que tuve al alcance.

Deduje fácilmente que estaba en un establo al escuchar los relinchos de los caballos, pero al tratar de recordar lo que había pasado.. no pude.

Mi mente estaba en blanco.

Me asusté cuando vi que varias personas venían corriendo hacia mi. Traté de alejarme de ellos pero un fuerte dolor en el costado de mi torso me hizo detenerme.

—tranquilo, está bien..—habló una chica pelinegra con sus manos extendidas hacia mi—ve a buscarla—le dijo a uno de los jóvenes; el cual salió corriendo sin poner excusa.

—¿qué es este lugar?—pregunté con la voz ronca, así que pasé saliva antes de volver a hablar—¿qué es este lugar?, no.. no recuerdo..

—cálmate Hipo, ya vienen par..

—¿cómo sabes mi nombre?—interrumpí cuando la escuché—¡¿cómo lo sabes?!—exigí subiendo el tono de voz.

—Hipo. . soy yo Heather—yo seguí sin saber quien era ella—nos conocemos desde hace años, ¿no te acuerdas de mi?.

Mi silencio le dio la respuesta.

—¿dónde está Heather?—se escuchó desde la puerta, pero antes de poder ver lo que pasaba, la chica pelinegra corrió lejos de mi.

Luego de eso me quedé alerta, pues seguía estando rodeado de más personas que no dejaban de verme, y me sentía demasiado incómodo estar en la mira de los demás.

Pero si duda lo que más llamo mi atención fue el hecho que después de escuchar varios murmullos y susurros a lo lejos, Heather venía junto a una joven que me observaba preocupada.

Esos ojos. . Azules y que resultaban extrañamente encantadores.

—hola—habló tan suavemente que me causo un escalofrío frío el escuchar una voz tan amable—¿estás bien?.

De nuevo me quedé en silencio ante la pregunta, seguía mirando a las demás personas que no se habían movido del lugar y que tampoco dejaban de verme.

—déjenos solos por favor—pidió de nuevo con amabilidad, a lo que en poco tiempo solo estaba ella cerca de él—¿cómo te sientes?.

—¿qué es este lugar?—volví a preguntar intentando sentarme, pero de nuevo se presentó ese agudo dolor.

—no te muevas—ordenó poniéndose de rodillas para frenarme—te vas a lastimar más.

Me quejé de dolor, pero aún seguía con la voluntad de levantarme, pero la presión que la chica ejercía sobre mis hombros me lo impedía.

—recuéstate—me dijo a la ves que me ayudaba a acostarme en el montículo de paja—tengo que revisar la herida, ¿puedo ver?.

Yo solo asentí con desesperación, no me importó que ella alzará mi camisa, de hecho ni siquiera le preste atención en todo el momento que estuvo tocando la zona, solo quería que aquel dolor pasara.

—Heather—la nombrada se acercó apresurada—ve por Gothi por favor.

Solo pude mirar como la pelinegra le asentía antes de echarse a correr y dejarnos de nuevo a solas. Pocos segundos después siguió masajeando la zona del torso.

—¡Ahg!—siseé adolorido a la vez que mordía mi labio inferior con fuerza hasta que una pequeña cortada se formó.

—lo siento—se disculpó ella dejar de prestar atención a su trabajo—pero estás muy tenso, así no sanara.

—¿qué fue lo que pasó?—pregunté como pude, levantando un poco mi cabeza para verla y esperar una respuesta.

—te golpeaste Hipo—dijo brevemente sin darme tantas explicaciones.

—¿cómo me conoces?, ¿quién eres?, ¿qué es lo que pasa?, ¿por qué no recuerdo nada?, parece que nadie quiere darme explicaciones de lo que sucede—reclamé a lo que ella cerró los ojos suspirando pensando en que decir al respecto.

—si tanto quieres saber la verdad..—yo solo la escuchaba atento—te caíste de un árbol, te lastimaste gravemente y quedaste inconsciente.

—¿cuantos días?—claro que no creía nada de lo que decía.

—cuatro días, casi cinco—respondió volviendo a masajear—tratamos de curarte pero solo los dioses sabían que pasaría, aunque jamás creí que el golpe en tu cabeza. . .

—¿Qué quieres decir?—no entendía a donde iba.

—As, aquí esta..—llamó Heather acercándose con una mujer mayor que cargaba un gran palo de madera que le servía como bastón y que me miraba fijamente, como si estuviera estudiando mi comportamiento.

—Gothi, me está preocupando, el golpe se esta inflamando y le está causando dolor-informó la chica rubia, de manera que la anciana miró mi costado—y hay algo más. . .—en eso ambas mujeres me miraron y luego la joven empezó a hablar en un dialecto que desconocía pero que la mujer parecía entender perfectamente.

Con su bastón comenzó a escribir en el suelo y mientras lo hacía yo veía a la pelinegra cubrirse la boca con las manos sorprendida.

—¿estás segura?—preguntó la joven rubia recibiendo un asentimiento como respuesta, se volvió a acercar a mi cabizbaja repitiendo palabras en susurró, como si estuviera pensando en como iba a decir aquella noticia—Hipo. . . no hay algún modo de decir esto sin que suene feo, pero creemos que perdiste la memoria.

—estás de broma, ¿verdad?—pregunté sonriendo con ironía, la cual se borró drásticamente luego de que ella siguiera estando seria—no te conozco, no se quien eres, ¿por qué te creería?

—Hipo tranquilo, puedo explicarte todo—intentó tranquilizarme.

—¡ni siquiera te conozco!—reclamé alejándome de las tres mujeres, levantándome con prisa, lo que causó que me mareara y volviera a caer al suelo de sentón al resbalar—maldita sea.

—Hipo.. tu pierna—mencionó cuando miré mi prótesis.

—¡se que la perdí!, ¡por eso se que no perdí la memoria—no te acerques—le ordene cuando vi que intentaba ayudarme—¡ninguna de las tres!.

—Hipo calma, somos amigos. Soy Astrid.. Astrid Hofferson—en serio que lo intentaba.

—no conozco a ninguna Hofferson—aclaré tajante con una mueca de dolor en el rostro.

—solo queremos ayudarte te vas a lastimar—habló ahora Heather.

—ella tiene razón, por favor Hipo, solo recuéstate—volvió a decir Astrid extendiendo su mano hacia mi.

De nuevo me miró con aquellos ojos que me transmitieron esa sensación de familiaridad, y de nuevo solo podía verlos resplandecer con ese brillo azul en particular.

Un fuerte estruendo se escuchó en la entrada. Y de afuera entró un hombre bien vestido, con túnicas elegantes, aseado y con el calzado de cuero hecho a la medida.

Miró a las personas que al sentir los ojos de el sobre ellos agacharon la mirada.

—agacha la mirada y no digas nada—me susurró de repente la ojiazul, tomándome del brazo, antes de ponerse por delante de mí. No me quedó otra que obedecerle.

—buenos días mi señor-saludó Astrid con la mirada en el suelo—¿a qué debemos su presencia?.

—vine a visitar al muchacho, me dijeron que estaba grave, pero ya veo que esta de pie-señaló con obviedad para después hablarme—¿ahora ya agachas la mirada como el perro sucio que eres?, o ¿es que ya no puedes con la vergüenza al saber la estupidez que hiciste?.

"¿De que está hablando este viejo loco?", me pregunté a mi mismo.

—aún necesita descansar mi señor, esta..—intentó decir la pelinegra.

—no me interesa—la interrumpió de manera tosca—quiero que salga a cumplir con su trabajo este holgazán.

—estaría cometiendo un error mi señor—contradijo la ojiazul provocando que el hombre se acercara peligrosamente a ella, poniéndola nerviosa e incomoda, pero no dejo su postura firme—este chico no le serviría para nada, al momento de que el tomara una carreta o cargará un tronco se desmayaría, y solo retrasaría su mercancía durante semanas.

—un hombre menos no provocaría eso.

—pero es el que más le es útil, además, no desaprovecharía la oportunidad de burlarse de el por más tiempo ¿o si?.

Yo solo abrí la boca ofendido, pero me abstuve de decir alguna palabra.

—tienes razón preciosa—una sonrisa cínica se formó en sus labios secos y pálidos—desgraciadamente, alguien tiene que hacer el trabajo mientras el esta holgazaneando. Tu decides cuando empezar, no importa si terminas después del anochecer y para asegurarme de que cumplas, pequeña rata: no probaras ni siquiera una miga de pan hasta que termines.

Luego de eso se alejó de ella, para mirarme de arriba a abajo con desprecio a la hora de salir del sitio.

—¡¿estás loca Astrid?!—gritó una de las mujeres que había observado toda la escena—¡¿cómo se te ocurre hablarle así al amo?!, te cortará la lengua un día de estos si lo sigues desafiando, arriesgaste tu vida y la de los demás ante tal atrevimiento, ¡niña imprudente!.

—no olvides lo que el hizo por ti—reclamó ella en un susurró acercándosele molesta, dejándola callada antes de hablar fuerte—el chico estuvo al borde de la muerte, tiene varias heridas en el cuerpo y no se ha alimentado en cuatro lunas—habló con firmeza a la vez que me señalaba—es inhumano ordenarle que haga trabajo pesado.

—¿quién era ese hombre?—pregunté interrumpiendo su pequeña discusión—¡Ahg!—de nuevo aquella punzada en el costado se presentó así como un fuerte dolor de cabeza y sin darme cuenta, una parte de mi antebrazo que se encontraba vendado había comenzado a sangrar.

—tranquilo, te tengo—ella me sostuvo junto con Heather cuando sentí que iba a caer—obedece de una vez y recuéstate.

No pude decir que no, me sentía muy mal como para seguir renegando, Así que ambas me recostaron de nuevo en el suelo.

—voy a cambiar la venda de tu brazo, ¿si?—yo solo asentí en respuesta y en poco tiempo ella ya estaba envolviendo el brazo con un nuevo vendaje a la ves que Gothi volvía a acercarse hacia ella con una pequeño frasco en manos que le entregó.

—dice que es para el golpe en su abdomen, para que se le baje la hinchazón más rápido—explicó Heather.

—Gothi, ¿qué es lo que le pasa?—preguntó la ojiazul aún preocupada.

—pregunta si recuerda algo—tradujo Heather observándome de nuevo a los ojos al igual que las otras dos mujeres—¿recuerdas algo de los últimos años?.

Yo negué y la anciana volvió a escribir.

—¿algo de tu infancia o adolescencia?—preguntó y está ves asentí—¿dinos una de ellas?, ¿tal ves algún familiar?

—un amigo, mi mentor.

—¿su nombre?.

—Bocón.

De nuevo volvió a tomar su bastón y hacer trazos sobre el suelo.

—dice que ha perdido la memoria, pero no completamente, aún conserva algunos recuerdos de infancia—traducía Heather mientras yo y Astrid escuchábamos—lo único que no recuerda es lo que ha pasado en los últimos años y tampoco a los que conoció durante ese tiempo, hay que saber que recuerdos tiene y así puedes partir de allí para que recuperes tus memorias.

—¿podré volver a recordar?—pregunté yo esta vez.

—es posible, pero alguien tendrá que ayudarte.

—yo lo hare—se ofreció la rubia.

—solo no hagas esfuerzos físicos por unos días y podrás volver a moverte con más facilidad—terminó de traducir la pelinegra, antes de tomar a la mujer mayor por el brazo—Astrid.. solo me dieron poco tiempo y tengo que llevar a Gothi de nuevo a la cocina.

—claro, muchas gracias por todo Gothi—en respuesta ella le asintió—gracias por llevarla Heather.

—¿quién era el hombre que vino hace unos momentos?—pregunté en un intento de distraer el dolor cuando ella comenzó a untar ungüento del frasco, una vez que nos quedamos solos.

—Haakon—respondió rápidamente sin darme explicaciones.

Claro que su respuesta no me aclaro para nada mi pregunta, incluso me confundió aún más.

¿Quién era ese tal Haakon?.

¿Por qué me había hablado así?.

¿Por qué la amenazó de esa manera?.

¿Quién se creía para hacer eso?.

Todos agachaban la mirada en presencia de el, ¿Qué hace para que estén tan intimidados?

—¿qué es lo que está pasando?—pregunté con más calma una vez que ella ya había terminado, quise volver a sentarme pero me lo impidió poniendo su mano en mi pecho, empujándolo lentamente hasta volver a recostarme.

—no te levantes, te va a doler más—ordenó de una manera más amable, y claro que quería tener respuestas, pero de alguna manera ella terminó por convencerme de quedarme acostado—te traerán algo de comer en un momento, si te sigue doliendo me dices y buscaré a Gothi.

—¿a dónde vas?—pregunté más curioso.

—no me tardare—respondió de manera sencilla con una pequeña sonrisa antes de irse.

De nuevo ignoraba me pregunta, lo que me lleva a una nueva.

¿Quién es Astrid Hofferson?.

—Hipo..—me llamaron sutilmente y en cuanto alce la vista me encontré con Heather sosteniendo un pequeño tazón de agua y un pedazo de pan frente a mi.

Admito que no estaba en el estado que todos esperaríamos de un buen pan, pero aún así, jamás negare que ese pedazo de pan duro y seco hizo que mi hambre fuera saciada. Incluso podría jurar en ese momento que era el pan más delicioso que hubiera comido.

—¿quieres un poco?—le ofrecí al notar que me veía comer.

—no tranquilo, tengo cosas que hacer, no te molesto más—respondió con intenciones de irse.

Pero la detuve, si iba a tener respuestas las iba a tener que conseguir de otra persona que no fuera la rubia.

—gracias—dijo la chica cuando por fin acepto el pequeño pedazo de pan después de insistirle bastantes veces para que lo aceptara.

—Heather, ¿verdad?—ella asintió—gracias por la comida.

—no fue nada, ojalá pudiéramos darte más que solo eso.

—no te preocupes, esto fue suficiente—por supuesto que mentía, pero habían sido tan amables hasta el momento que no podía ser grosero—¿qué fue lo que sucedió hace rato?.

Ella se quedó callada.

—oye, se que perdí la memoria, pero no entiendo que esta pasando, Astrid estuvo evadiendo las preguntas, ¿tu podrías contestarme?—pregunté esperando alguna respuesta.

—de verdad quisiera hacerlo, pero el decirte todo lo que quieres saber así de rápido, no te va ayudar—explicó con calma—Ghoti dice que es mejor que trates de recordar tu mismo a que los demás te digan.

—¿Gothi?, ¿la anciana?.

—si, ella sabe de medicina y nos ayuda cuando alguien se enferma o está herido—yo solo asentí antes de volver a mirarla y allí vi que tenia una marca en el cuello, parecía una cicatriz.

Desvié la mirada hacia otras personas que estaban por allí, algunos se veían heridos, otros estaban enfermos de gravedad.

La ropa de ellos estaba desgatada, sucia y llena de agujeros, además de que nadie tenía calzado, incluso me di cuenta de que yo mismo tenia varias cicatrices en la planta de los pies.

Pero lo que más llamo mi atención fue ver que todos, tenían esa "cicatriz" en el cuello.

No me fue difícil saber que era lo que sucedía.

La noche cayó más rápido de lo que hubiera creído, aun seguía con varias dudas desde que desperté, pero sin duda esa pequeña posibilidad que rondaba por mi mente no me dejó pensar en otra cosa que no fuera eso.

Después de haber comido Heather se había despedido de mi antes de tomar un yugo con dos cubetas de agua, pasárselo por los hombros y salir de aquel establo. Mientras que yo intente descansar de nuevo, pero el dolor del costado, del brazo y sobretodo el de la cabeza me hacia removerme en el suelo formándome a siquiera cerrar los ojos.

Intenté recordar algo que me ayudara a saber que sucedía allí, pero solo estaban esos ojos.

Esos ojos azules de la rubia.

—¡dos heridos!—alguien gritó a lo lejos, a lo que varios despejaron alguna área de donde estaban los demás incapacitados.

Me levante como pude del suelo, volviendo a sentir el dolor punzante. Caminé varios pasos antes de tropezar y caer de rodillas al suelo.

Lanzando un insulto me volví a levantar, caminando esta vez con más cuidado al recordar que el caminar con la prótesis aún era algo complicado cuando estaba herido.

Mire a varias personas entrar, pero dos de ellas estaban siendo llevados a rastras un niño y un hombre que tenían un golpe en la cabeza y ratos de sangre en la cara, además de otras heridas en su cuerpo.

Pero lo que más me preocupo fue ver que una mujer embarazada cargaba ella sola al hombre a tropiezos.

Me acerque a ellos cojeando de la prótesis antes de tomar el brazo libre del hombre y pasarlo por mis hombros.

—gracias—dijo ella jadeando.

—no fue nada—respondí intentando no quejarme por el dolor.

—Elina, por los dioses, déjame ayudarte—habló una joven que apenas aparecía para después sustituir a la mujer; quien siguió cambiando a la par de nosotros.—¿qué le sucedió?—preguntó.

—los hombres de Haakon lo golpearon por defender al niño que va adelante—explicó intentando retener las lágrimas cuando llegaron y lo recostaron en el suelo antes de que se acercaran un grupo de mujeres a ver sus heridas—intente ayudarlo.. pero..

—tranquila preciosa—calmó la chica abrazándola—tu esposo se pondrá bien ya veraz que si, pero necesito que te calmes, ¿si?. Por el bebé.

Aun con el labio temblando, ella le asintió antes de irse a ver a su marido. Entonces la joven me presto atención por primera vez abriendo los ojos sorprendida.

—¡estas vivo!—exclamó aun sin créelo, antes de acercarse a él mirándolo detenidamente—si, vivito y coleando.

—¿tu eres?—pregunté algo incómodo.

—oh vamos Hipi, soy yo...—yo negué—¿Brutilda?, ¿no me recuerdas?.

—no—contesté a lo que ella sonrió.

—lo sabia—susurró para si misma.

—¿disculpa?.

—olvídalo—dijo finalmente a lo que yo rodee los ojos, pero luego el dolor regreso a mi costado con más fuerza—tienes que recostarte. A ver te ayudo.

Y sin poder decir algo más me tomó del brazo para guiarme hasta el montículo de paja donde había estado acostado desde que desperté.

—mira, se que Astrid ya te ha dicho esto, pero quédate quieto Hipo, por dios, te vas a lastimar—me regañó y claro que la mire ofendido, pero siguió hablando—aún así, gracias por ayudar a Elina, su embarazo ya está en los últimos meses, pero aún así la obligan a trabajar.

—¿quién?, ¿Haakon?.

—si, en cuanto me enteré que su esposo había sido golpeado, corrí hasta aquí para ayudarla, pero te me adelantaste, aun así que bueno que la ayudaste.

Yo solo di media sonrisa, antes de ver como atendían al hombre herido que en susurros tranquilizaba a su mujer.

—bueno, ¿y que tal te fue con la noticia de tu pierna?, digo el saber que perdiste una extremidad no debe ser fácil de digerir.

—si recuerdo como perdí mi pierna—aclaré—Gothi dice que solo no recuerdo los últimos años, al parecer aun puedo recordar parte de mi infancia y adolescencia.

—ya es algo, si puedes recordar parte de tu vida, no será difícil recordar lo que falta.

—eso espero..—respondí antes de dar un suspiro cansado.

—animo Hipo, solo queda esperar y ver que deciden los dioses—habló estando dispuesta a irse—me voy a dormir, fui un día largo, y por favor descansa.

—claro—conteste mirando al suelo—¿sabes que ocurrió con Astrid?, quisiera hablar con ella—por no decir interrogarla.

—va a llegar algo tarde, le dieron mucho trabajo, tal vez mañana cuando la veas puedan hablar con más calma y tiempo—propuso a lo que asentí sin estar de acuerdo—bien.. buenas noches.

—buenas noches—entonces me volví a quedar solo.

Era sorprendente como en poco tiempo el establo se había llenado de personas. La gente se había quedado dormida en tan pronto se acostaron, otros tardaron más en conciliar el sueño, pero tarde o temprano terminaron cayendo en el.

Me quedé yo solo, con solo la luz de la luna entrando por las ventanas. Volví a sentirme confundido, solo, y hasta desprotegido; ante esa sensación me abracé a mi mismo en busca de confort debido a la ansiedad que me causaban las preguntas en mi mente.

Y solo había una persona que podía responderlas, pero aunque esperara, parecía que ella jamás llegaría. Incluso cuando la luna ya había pasado casi la mitad del cielo.

O eso creía hasta que la puerta fue abierta, dejándome verla de nuevo.

—¿qué haces despierto?—preguntó en un susurro cuando por fin logró acercarse y verme.

—no podía dormir—ella se sentó en frente de mi—estuve inconsciente por varios días, eso fue más que suficiente para mi.

—¿cómo sientes el golpe?.

—aun duele, pero es soportable—ella sonrió aliviada.

—¿y la cabeza?—indagó con calma.

—aún me da vueltas de vez en cuando, pero todo bien—contesté esperando el momento exacto en el que yo podría hacer las preguntas.

—dijiste que recordabas a ver perdido la pierna, ¿qué más recuerdas además de eso?—yo solo me quedé pensando intentando que algo llegara a mi mente.

—se que perdí mi pierna en un accidente, me la fracture gravemente y no pudieron hacer nada, mi mentor Bocón me ayudó a fabricar la prótesis que uso, y mi.. papá..—dije callando de último momento-el.. murió.

—lo siento—era extraño escucharla disculparse, ya que era claro que ella sabía eso—¿qué me dices de tu madre?.

—ella murió cuando era niño, pero se que mi papá la amaba—expliqué a lo que dio una pequeña sonrisa—luego de eso lo único que recuerdo es irme de casa cuando tuve la oportunidad.

—¿ya no recuerdas más?—yo negué.

—contéstame algo-hablé carraspeando—¿cómo fue mi vida en los últimos años?, la que no recuerdo para ser más claro.

—llegaste a vivir a Matmata, un pequeño pueblo y fuiste el herrero por algunos meses—parecía omitir detalles en su explicación pero decidí no interrumpirla.

—¿y luego?—pregunté aún más intrigado por saber, pero pareciera que ella se había quedado sin palabras que decir.

—luego de eso nos hicimos amigos y lo demás es historia—respondió ella levantándose y acercándose a otro montículo de paja cerca—creo que será mejor que sepas eso por ahora, al menos hasta que los dolores de cabeza pasen, ¿si?.

—¿ni siquiera me dirás que hacemos aquí?—pregunté inconforme.

—como dije, hasta que los dolores de cabeza pasen—volvió a recalcar antes de acostarse con dificultad en el suelo.

—¿estás bien?—ella solo asintió mientras se tapaba en rostro con las manos.

—trata de dormir algo, ¿si?. Buenas noches—se despidió antes de cerrar los ojos y caer dormida por el cansancio.

Y cuando finalmente cayó dormida, su respiración se volvió más apaciguada, y sus músculos parecieron relajarse, pero aún así no dejaba de parecer que estuviera a la defensiva, con los brazos cruzados en el pecho y agarrándose los hombros con fuerza.

Aun en ese estado de vulnerabilidad donde parece que en tu mente todo está bien, Astrid parecía buscar calor en su mismo calor protector, pero a su vez era extraño verla como si cualquier ruido pudiera va hacerla levantarse y pelear.

Pero al final de cuentas ni siquiera se percataba de los más pequeños ruidos, como el sonido del viento, los grillos, los chillidos de las ratas o de los gritos de festejo que se escuchaban a lo lejos.

Aun estando abrazado a mi mismo, me recosté en el suelo, mirando a la chica frente a mi, y allí vi la marca en su cuello. La misma que los demás tenían.

De nuevo en mi mente aparecieron sus ojos, era extraña la familiaridad que me causaba el verla a los ojos, la confianza que estos transmitían, además de confort.

Aunque eso no quitaba el hecho de que ella sabía más de lo que yo creía y sinceramente la manera en como evitaba mis preguntas era frustrante, por que ni siquiera me habían dicho que era el lugar donde me encontraba.

Llegó un momento donde la cabeza me volvía a dar vueltas de estar preguntando cosas que solamente no tenían respuesta en mi cabeza, así que decidí cerrar los ojos intentando conciliar el sueño.

Inesperadamente, me quedé dormido con rapidez.

Pero aseguro que no descanse para nada esa noche, incluso puedo decir que tal vez si me hubiera quedado despierto, todo pod9ría ser diferente. Tal vez me hubiera salvado de esa pesadilla.

A veces el frío de la madrugada te eriza la piel cuando sales al exterior, y aun así eso no era nada a lo que te provoca el miedo.

Y aun más cuando lo sientes recorrer tu espalda. El pavor que te causa escuchar gritos causados de dolor no tiene comparación y hace que desees salir huyendo de allí.

Por alguna razón yo no lo hice.

Fuego, espadas, gritos, cadáveres, construcciones derribándose.

De nuevo no escuche más.

Y luego ya no hubo recuerdos.

Pero los gritos volvieron a surgir con uno que sobresalía de entre ellos, era el grito de una mujer. Un grito de dolor desgarrador.

De todos fue el primero que me causó más que un escalofrío, la opresión en el pecho de solo escucharlo te quitaba la respiración.

Desperté sudando frío, con la respiración agitada y el cuerpo temblando.

Me senté sobre el suelo, ignorando el dolor punzante, apenas comenzaba amanecer, y solo parecía que habían pasado pocas horas desde que había cerrado los ojos.

Aquel sueño me había dejado un mal sabor de boca, intenté buscar a Astrid. Miré hacia todo lados y ella no estaba.

La mayoría seguían durmiendo y solo algunos se comenzaban a levantar para volver a salir.

Ya no podía esperar más, ya no. Necesitaba aunque sea que una de mis preguntas fuera contestada de una vez por todas.

Aunque me costaba caminar, como pude logre ponerme de pie y salir a tropiezos de aquel establo.

El exterior era más horrible que de lo que yo pensaba. La tierra era gris, la vegetación se veía pálida, el cielo estaba cubierto de nubes que lo hacían ver más deprimente.

Al prestar más atención a mi al rededor, descubrí que el cielo no era lo peor. Lo peor fue ver a varias personas trabajando, algunos cargaban madera en sus hombros, otros cuidaban del ganado, otros araban la tierra y recolectaban los frutos que habían.

De todas esas cosas y más, lo más horrible fue ver como todos ellos eran golpeados con una vara cuando no lo hacían de la manera que los guardias querían.

Había ancianos que estaban tirados en el suelo con la cabeza sangrando, y había niños con sus brazos vendados a la vez que arrancaban de raíz la hierba mala que crecía en los cultivos.

Allí fue donde mis sospechas se confirmaron: todos eran esclavos. Yo era un esclavo.

Cuando toqué mi cuello sentí la marca de la runa que me hizo hacer una mueca de dolor al pensar cuanto debió doler cuando fue recién hecha.

Así que está era mi vida, una miseria, que solo alimentaba a ese hombre, Haakon.

Ese imbécil.

Estaba claro que el era quien manejaba todo esto, por que fue el único que disfrutaba de vernos trabajar se sol a sol, mientas comía y bebía de lo mejores alimentos y nosotros solo teníamos que conformarnos de un pedazo de pan duro que seguramente les iba a ser entregado a los cerdos.

—¿Hipo?—escuché a lo lejos, y al voltearme vi que Astrid caminaba hacia mi con rapidez, siendo que eso mismo fue lo que provocó que se resbalara por el lodo.

Cayó de sentón al suelo, dejando caer la canasta con ropa que llevaba. Aquello solo hizo que un guardia se le acercara.

—levántate—le ordenó sujetándola del brazo con brusquedad antes de empujarla hacia donde había caído la canasta—alza la ropa, maldita inútil.

Ella lo miró con enojo al tiempo que cumplía con las órdenes, su mirada decía lo que el silencio no le dejaba por que sabia que antes de poder decir algo, sería silenciada de nuevo.

E incluso tal vez para siempre.

—¡date prisa!—le gritaba con rudeza, ella arrojaba la ropa a la canasta antes de levantarse con está en manos.

Confieso que me molestó que tan solo diera unos pasos cuando aquel hombre le dio un golpe con la vara en la espalda baja, no lo suficientemente fuerte como para tirarla al suelo, pero si que la hizo cerrar los ojos de dolor así como dejó que un gemido de dolor se escapara de su garganta.

—déjala—hablé captando la atención de ambos.

—¿tu también quieres uno Haddock?—preguntó señalándome con la vara, acercándose a mi al ver que sostuve la mirada.

—no, no—dijo Astrid interponiéndose entre nosotros—Hipo basta—ordenó poniendo una mano en mi pecho, deteniéndome.

—escúchala perro sarnoso, aprende tu lugar—dicho eso volvió a lanzarle otro golpe dándole en la mano que sostenía la canasta.

La ojiazul siseó de dolor al tiempo que dejaba caer la canasta otra vez y eso hizo que me molestara aún más.

Sin que pudiera decir algo más ella coloco la otra mano en mi pecho, aunque estuviera sangrando.

—Hipo, detente—volvió a ordenarme esta vez mirándome con enojo, con los ojos levemente cristalizados a causa del dolor que le provocaba el golpe.

—si tanto la defiendes, ¿por qué no la ayudas con todo el trabajo?—Astrid cerró los ojos sabiendo lo que diría—ambos se quedarán lavando la ropa de todos los soldados, sin comida ni agua. Ya veremos si así comienzas a callarte.

Cuando el hombre se fue ella se agachó a recoger la ropa, sin importarle que su mano siguiera herida.

—¿estás bien?—le pregunté a la vez que me arrodillada a la par de ella, ayudándola.

—si, y no necesitaba tu ayuda—me reprochó quitándome la prenda que tenía en las manos, para luego caminar dejándome atrás.

—un gracias seria suficiente—eso hizo que se detuviera y me viera aun más molesta, con la mandíbula tensa.

—te dije claramente que te quedaras y no salieras—yo solo rodé los ojos-me desobedeciste y ahora estamos obligados a trabajar más por tu culpa, además de que provocaste que me golpearan.

—a mi me pareció ver que lo hicieron antes de que yo interfiriera—reclamé acercándome a ella—y fuera mi culpa o no, estarías obligada a trabajar más por que se quien eres. Una esclava, como yo.

—¿lo recordaste?.

—no, pero lo descubrí con facilidad, es más que obvio. Todos tenemos la marca de una runa en los cuellos, la manera en como el hombre de ayer nos dirigió la palabra, lo que nos dan de comer—recopilé la información mientras ella seguía seria—¿por qué no me dijiste nada de esto?.

—tu mente aun sigue frágil, y tu cuerpo también—recalcó—mírate, apenas si puedes caminar, si te hubiera soltado todo de golpe, ¿crees qué hubieras reaccionado de una manera calmada?, o ¿me hubieras creído siquiera?.

Allí me calle la boca, tenia algo de razón. No le hubiera creído en ese momento.

Pero tampoco le iba a decir que ella era la única que me podía decir algo en ese momento por solo recordar sus ojos.

Aunque no podría fiarme completamente de ella, ese recuerdo de sus ojos no me decía nada sobre quien era realmente. Sin embargo había sido la única que me había ayudado y dado respuestas-a medias-pero me había dicho algo.

—¿cómo está tu mano?—pregunté luego de unos incómodos minutos en silencio.

—esta bien—aseguró sin siquiera mirarla volviendo a dar la vuelta y recoger la canasta—vámonos, en cuanto terminemos antes mejor.

La seguí de hasta un arroyo que estaba rodeado por varios árboles, siendo que gracias a estos mismos había ráfagas de viento que provocaba que las hojas verdes cayeran con delicadeza teniendo una preciosa vista hacia el bosque.

La chica de nuevo dejó la canasta en el suelo, antes de lavarse las manos en el arroyo mirándose el corte que tenia en la que le golpearon.

—aquí esta la pastilla de jabón, pon la ropa encima de una de las piedras y frótala con la misma tela, por último la enjuagas con el agua del arroyo y lo extiendes en la rama que esta en el árbol de allá—me explicó detalladamente—luego de eso podemos ir por las demás cargas de ropa, para terminar lo más pronto posible.

—está bien—le respondí a lo que ella asintió antes de que tomara una de las prendas y acercarse a una de las rocas.

Aun con la mano herida ella tallaba la ropa encima de la roca hasta que las manchas de tierra se quitaran de la tela. Tome una prenda para ir a su lado y hacer lo que me había dicho.

En ese momento no sabía si había hecho eso antes, pero jamás creí que sería casi imposible lavar una simple prenda de ropa.

Pero parecía que Astrid ya tenía tiempo en hacer esto, ya que encontraba la técnica para quitar las manchas con suma rapidez. En menos media hora ya había puesto a secar varias prendas mientras que yo seguía con la misma que empecé.

—¿tienes problemas?—preguntó ella aun seria, pero con media sonrisa de lado.

—no, ya casi termino—dije sin dejar de concentrarme de lo que hacia, pero por más que intentaba, no conseguía sacarle del todo las manchas. Sabía que su sonrisa se había ensanchado-no es gracioso.

-lo siento—se disculpó carraspeando—déjame ayudarte.

Cuando apenas iba a abrir la boca, ella se sentó a mí lado poniendo las manos encima de las mías.

—tienes que hacerlo de esta manera—por inercia dejé que guiara mis manos, hasta que la prenda quedó limpia.

Desvié la mirada hacia ella sin que se diera cuenta. Estaba demasiado cerca, y la sensación se sentía de alguna manera demasiado familiar.

Claro que no la recordaba, pero aún sin hacerlo me sentía extrañamente cómodo con ella; y hasta ese momento no había reparado que el tacto de sus manos era suave, aunque estas tuvieran callos.

Era como si mis manos conocieran las de ellas.

El que ella volviera a sisear de dolor me trajo de nuevo a la realidad, alejó sus manos de las mías y sentí frío por el abandono de su tacto.

—¿estás bien?—pregunté por tercera vez vi su mano herida, había vuelto a sangrar—necesitas algo para vendarla, ¿crees que Ghoti pueda conseguir una venda?.

—no—la miré confundido—no todos podemos tener acceso a eso, si una mujer quiere conseguir más comida de la que nos dan o conseguir algo de medicina, tiene que hacer ciertos "favores" para que te den esa clase de privilegio—explicó de manera rápida al tiempo que se lavaba las manos en el arroyo—y si te descubren robando, un par de azotes no es todo el castigo.

—¿qué clase de favores?—ella solo sonrió con incomodidad, allí lo comprendí.

—solo se hace lo que se puede para sobrevivir, y es triste sabes que hay quienes tienen que hacer eso para tener un poco más de comida—mencionó mientras se miraba de nuevo la mano.

—¿alguna vez tu..?—me callé cuando abrió los ojos sorprendida, claramente no esperaba que le preguntara algo así—perdóname, no quería incomodarte, lo siento. No era mi intención.

—tranquilo, solo me tomaste desprevenida—contestó ella luego de que el ardor en su mano pasara—y no, jamás lo he hecho. No podría hacerlo aunque tuviera la necesidad.

—eso quiere decir que las vendas que usaste en mis heridas. . . ¿Las robaste?.

—no tenía opción—respondió ella de nuevo dejándome con más preguntas.

—me imagino que debiste pasar hambre por estar soportando todo esto.

Ella solo sonrió.

—no te preocupes, estoy bien. Tuve personas que me ayudarán, y una es muy especial para mi—confesó a lo que esta vez sonreí.

—entiendo—juro que no quería ser entrometido, pero aún quería saber más de ella y más que nada el por qué estaba decidida a cuidarme—¿es una de tus amigas?, ¿Heather?.

—Heather en una buena amiga—respondió rápidamente jugando con sus dedos—gracias por haberme defendido hace rato y discúlpame por haberme molestado, no fue tu culpa.

—tranquila, todo está bien—luego sentí una extraña sensación al decir aquellas palabras con demasiada amabilidad, pero aún así me di cuenta que iba a cambiar el tema—pero no hablabas de Heather.

—no hablo de ella—mi mirada decía todo lo que quería preguntarle, y ella se dio cuenta—basta de preguntas por hoy Hipo, creo que ya te he dicho bastante.

—solo quiero saber quien eres, ¿por qué hay tanta familiaridad entre nosotros?.

—ya te lo dije, somos amigos.

No me convencía.

—has sido muy amable y lo agradezco, pero no te creo, si tu no vas a decirme nada, no se quien más va a decirme algo.

—esta bien—dijo con un suspiro de frustración—hay alguien que tal vez te diga lo que quieres.

CONTINUARÁ.