Hola chicos, sean bienvenidos a este nuevo capítulo.
Después del capitulo pasado nos dimos cuenta que Hipo ya está sintiendo algo por la rubia.
Y hoy les voy a dar un capítulo diferente a lo que hemos visto, ya que en esta ocasión veremos la perspectiva de Astrid antes y después del accidente de Hipo.
Por el momento solo será este capítulo donde se cambiará a la perspectiva de ella, ya en los que siguen seguiremos con la del castañito.
Claro que si hay otro donde se cambian de nuevo las perspectivas, les avisaré así como ahora.
Ahora si, disfruten del capitulo.
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Aún recuerdo la noche en que mi vida me fue arrebatada, cuando atacaron mi hogar, cuando nos convirtieron en posesiones y nos humillaron.
Recuerdo escuchar el sonido de los cuernos, las espadas chocando y los gritos de dolor solo me hicieron ver el infierno que se desataba.
Cuando menos lo esperé ya me estaban arrastrando, gritaba del dolor por los raspones en mis piernas, y mi cuerpo palpitaba por los golpes.
Todos gritaban y pedían piedad por sus familias. Había demasiados cuerpos; todos de personas que conocía desde niña: hombres, mujeres y niños.
Tenia miedo de lo que me harían, ya que observé como asesinaban a algunas chicas a sangre fría y a otras las azotaban contra el suelo para alzarles las faldas mientras sollozaban de desesperación, eso me hacia hervir la sangre de impotencia.
No podía dejar que hicieran lo que quisieran conmigo.
Entre todo ese caos sabía que podría quitarme de encima esos hombres y correr al bosque, si es que me iba bien. Pero era imposible escapar. Además no podía irme así de fácil, tenia a mi familia, a Hipo
Debía encontrarlo y tenía que hacerlo pronto.
Le mordí el brazo al que tiraba de mi hasta que sangró, al que me sostenía por los pies lo patee en la cara rompiéndole la nariz, me dejaron caer e intenté huir, pero el cuerpo me pesaba, era difícil moverme; y en cuanto alcé la vista me golpearon en la cabeza.
Hasta allí recuerdo esa fatídica noche.
Cuando abrí los ojos, me di cuenta que estaba en uno de los graneros de la aldea, rodeada solamente de las mujeres que conocía, había niñas y ancianas también. Sin embargo no había ningún hombre. Hipo no estaba.
Los sollozos de todas me hicieron consiente de lo que pasaba, sentía un dolor horrible en la sien. Todas estaban asustadas y heridas intentando buscar consuelo en los brazos de sus hermanas, madres, hijas, parejas; que se encontraban igual o peores que ellas.
—tranquila Astrid, respira—pidió Heather impidiéndome moverme.
De lo aturdida que estaba apenas noté su voz quebrada, pero cuando la vi con claridad quedé horrorizada sintiendo una opresión en el pecho que no me dejaba respirar.
Tenía su rostro sucio, no paraba de llorar ni de temblar, su ropa estaba rota y tenía moretones grandes en sus muslos. Uno le sangraban bastante.
Me senté con rudeza sin importarme el fuerte mareo, tomándola torpemente de las mejillas.
—¿Qué te hicieron?—pregunté preocupada intentando que el nudo en mi garganta no me asfixiara—Heather.
—ellos lo intentaron, y me cortaron en la pierna, no creo que pueda levantarme—sollozó abrazándose a mi, yo la sostuve con fuerza—me duele mucho.
—inténtalo por favor—pedí de la forma más calmada que pude—tienes que levantarte, por que si no..—me callé para ahogar mi llanto—no voy a dejarte aquí con esos hombres. Arriba.
La sostuve entre mis brazos ignorando mis heridas, levantándome junto a ella, soltando ambas un alarido de dolor.
—¿Dónde está Hipo?—cuestioné sobándome el costado de mi cabeza—mierda—tenia sangre.
—nos separaron a hombres y a mujeres—explicó como pudo—estabas inconsciente cuando te trajeron; Hipo se puso como loco cuando te vio sangrar de la cabeza y se lo llevaron a la fuerza. El creyó que tu... yo creí que..—sollozó—..me asusté mucho.
—tranquila, estoy bien no pasa nada—era mentira, pero no era importante en ese momento—tenemos que salir de aquí.
—no se puede, aseguraron la puerta con una viga, y nos tienen rodeadas. Si nos ven, van a matarnos, ¿y si nos queman vivas?—interrumpió Moira, una mujer de mediana edad, haciendo que las otras sollozaran con más fuerza.
—saldremos de aquí, no estamos encadenadas, podemos correr a las montañas—intenté calmarlas, pero ni siquiera yo podía estarlo—hay que intentarlo, aun hay esperanza.
—asesinaron a mi esposo; y a mi niño lo encerraron en el granero mas lejano con otros pequeños y luego..—lloriqueó con fuerza—le prendieron fuego—su cuerpo temblaba—no quedó nada, ellos gritaban sin parar hasta que el techo...Ya no existe la esperanza para mi.
Fue suficiente, no pude aguantar más y dejé que mis lágrimas salieran.
Si esto iba acabar así, esperaba que fuera rápido; y aunque me doliera el corazón tenia que admitir que probablemente Hipo ya estaba en el Valhalla
Contuvimos el aire al escuchar que quitaron la viga de la puerta, y corrimos hasta el rincón más lejano cuando se abrió. Tres hombres entraron, nos veían una por una de pies a cabeza. Cada uno traía algo en manos, el primero una soga, el segundo un palo de madera para golpearnos, pero el tercero agarraba un hierro al rojo vivo.
Eso no significaba nada bueno.
Los lloriqueos se intensificaron cuando se acercaron. Intenté proteger a Heather poniéndome adelanté de ella, pues quería que estuviera lo más lejos.
Hablaron por varios minutos hasta que agarraron a Moira, ella no gritó, ni luchó, no tiró patadas o golpes al aire, no se defendió.
Solo lloró en silencio mientras se la llevaban a fuera, antes de desaparecer por completo me miró y en sus ojos cafés ya no había ningún deseo de vivir.
Las demás fueron amenazadas por otros hombres que entraron, así que tampoco podían hacer algo por protegerla, a pesar de que lo intentaron.
Cuando menos me lo esperé, tomaron de mi brazo y me jalaron lejos de las demás, Heather se abrazó a mi para que no me llevaran.
Grave error.
Sin que lo pudiera ver venir la golpearon con el palo en su pierna herida hasta que me soltó. Gritaba del dolor. Pero ellos no pararon. Las demás pedíamos entre lágrimas que se detuvieran, no podíamos hacer nada más o nos iría peor.
Al menos ellas no lo hicieron.
—¡déjala en paz!—grité dándole un puñetazo con toda la fuerza que tuve. El cayó aturdido y la joven volvió con el grupo de chicas. Otro quiso tomarme, sin embargo le di una patada en los bajos dejándome libre, y en un movimiento rápido giré su cabeza con rapidez hasta que su cuello se rompió.
Las demás mujeres susurraron asustadas por lo que había hecho, yo solo miraba su cadáver inerte con la adrenalina bombeando por mi sangre, no estaba consiente de lo que había hecho. Un tercero trató de someterme en el suelo, no obstante tuvo el mismo destino que el anterior, por que en cuanto bajó la guardia logré girarme y le destruí el cráneo con el palo que usaron para golpear a mi amiga.
Justo cuando las gotas de su sangre cayeron en mi cara me di cuenta de lo que hice. La adrenalina se fue, dejando un terror en mi.
Miré mis manos ensangrentadas y comencé a temblar al darme cuenta de que había ejecutado mi sentencia. Aquello no me hizo ver a los hombres detrás, y cuando apenas lo intenté me tiraron al suelo con brusquedad.
Mi cara golpeó tan fuerte que mi nariz se rompió, sentía mis fosas nasales arder mientras mis labios se manchaban de rojo, intentaba quitármelos de encima sin dejar de escuchar de fondo a Heather gritando mi nombre.
—esta si es una salvaje—habló el que tenia la soga acercándose a mi atando mis manos.
—deberías matarla, no dará más que problemas, es igual que un animal—dijo el chico que golpeé en el suelo—cualquier hombre la va a aborrecer, no pierdas tu tiempo por lidiar con ella.
—parece que el golpe te dejo ciego, es una mujer muy hermosa y tiene buenas caderas. Será la más cotizada por todos los compradores—habló el hombre—además cualquier animal hace caso de algún modo Einar, y tendrá que obedecer.
—nadie va a pagar por una perra como esa—repitió el chico, sonaba furioso y si no fuera que la vista se volvía borrosa observaría sus ojos coléricos.
—es una mujer con carácter, eso les gustará los compradores. Créeme a esa gente le gustan los retos y a mi también, si no fuera por que se que pagaran bien por ella yo mismo me la llevaría—eso me hizo abrir los ojos con terror y traté de sacármelos de encima—pero tiene que aprender una lección, saber cual es su lugar. Déjenla expuesta.
Cuando los sentí romper mi camisón por la espalda le supliqué a los dioses que me mataran; pues no quería ni imaginar que me harían. Forcejeando y gritando de desesperación, hice todo lo posible por evitar lo inevitable.
Hasta que lo sentí, ese calor en mi piel ardiendo, quemándome justo por debajo del hombro. Ahogaron mi voz con sus manos mientras el dolor solo aumentaba, hubiera deseado haber gritado y que no se quedara atorado en mi garganta.
Fueron segundos infernales, incluso después de que dejaron de lado el hierro caliente mi cuerpo seguía temblando; solté un gemido de dolor cuando se me quitaron de encima.
—amarren a las demás, salimos en una hora si queremos llegar a tiempo—ordenó el hombre antes de salir de allí.
Nos encadenaron a todas de manos y pies, manteniéndolos quietas hasta que nos jalaron desde los caballos.
Podía sentir los ojos de Heather sobre mi espalda, e incluso oí a las demás murmurar sobre la quemadura. Para mi era imposible mover la espalda, hacerlo solo un poco causaba mucho dolor.
Soltaba lágrimas de dolor cada que jalaban la cadena, obligándome a caminar más rápido, incluso me golpearon con una vara.
Sentía la sangre en mis heridas, y mi espalda punzaba del dolor; además de que me costaba respirar.
Tenia que acomodar mi nariz pronto, solo tenía que esperar a que nos detuviéremos, así que tan pronto lo hicieron me dejé caer al suelo, hasta ese momento me di cuenta que no me había llorado como las otras, sin embargo eso no significaba que no quisiera hacerlo.
Quería gritar, llorar y maldecirlos a todos por destruir mi hogar, el lugar donde crecí, donde me enamoré y conocí a Hipo; a quien también me habían quitado.
Pero solo podía llorar en silencio, todo lo demás se quedó atorado en mi garganta.
Miré a Heather con los ojos llenos de lagrimas, el labio me temblaba y mi nariz seguía sangrando. Llorando sin control ella intentó quitarse las ataduras de encima.
Coloqué ambas manos sobre el puente de la nariz, conté hasta tres y en un movimiento rápido ya la había devuelto a su lugar.
Gruñí de dolor manteniendo mis manos en mi rostro, hasta que sentí un toque ligero en el brazo. Era Heather estirándose todo lo que las cadenas le permitían, apenas si podía llegar a mi.
Y al verla a los ojos me di cuenta que me quebraría en cualquier momento, ya estaba agotada, golpeada, quemada y humillada. Además sabía que solo tenía a Heather, Hipo ya no estaba y Bocón probablemente tampoco.
Aproximadamente una hora después aquellos hombres subieron a sus caballos y continuamos el viaje. La quemadura en la espalda me provocaba punzadas de dolor cuando nos movían bruscamente con la cadena.
Los pies nos comenzaron a sangrar de tanto caminar en terreno rocoso, los ojos se nos cerraban por el cansancio, las heridas abiertas se infectaron resultando en un dolor peor.
Tardamos dos días en llegar a un mercado; dos días que fueron una tortura, apenas y probamos alimento, nos volvieron a golpear por intentar escapar y por las noches se llevaban a una de nosotras a pesar de que quisimos evitarlo.
Ya me había acostumbrado al dolor en la espalda, pero me molestaba, comenzaba a picarme mucho y al tratar de rascarme terminaba rasguñándome hasta sangrar.
Mientras caminábamos entre los puestos de comerciantes gritamos por ayuda, pero ninguno hizo nada. Claro, tampoco querían correr el peligro de ser asesinados.
Nos echaron en una jaula, como si fuéramos animales, sintiendo alivio cuando nos liberaron las manos.
—Astrid—me llamó la pelinegra estando a mi lado sin despegar su mirada de mi espalda.
—¿qué tan horrible se ve?—pregunté con la voz rasposa.
—lo siento—yo solo negué con una débil sonrisa.
—¿cómo sigues?—cuestioné señalando su muslo.
—sigue doliendo como el infierno—admitió intentando sentarse sin recargar la pierna—pensé que no resistiría el camino, estoy muy cansada—recargó su cabeza en mi hombro—¿qué crees que van a hacernos?.
—no pienses en eso—negué tomando su mano—intenta dormir, tienes que recuperar fuerzas. Estaremos bien.
—¿y si nos separan?.
—entonces sobrevivamos por la otra, y si los dioses lo quieren, nos volveremos a ver—la abracé con fuerza esperando que estuviera más tranquila.
Esperaba que creyera en mis palabras, por que yo no lo hacía. No sabía que harían con nosotras, pensaba en eso a cada segundo, lo más seguro era que nos vendieran, pero solo sabía algo con seguridad.
Ambas moriríamos.
En esos momentos la idea me encantaba, prefería morir que dejar que me usaran como les diera la gana, sin embargo no podía dejar sola a Heather, tenía que cuidar de ella hasta donde pudiera.
A Los minutos se quedó dormida como las otras, la ayudé a recostarse, y seguí acariciándole el brazo.
No quería que se sintiera sola.
Yo no podía dormir, el cuerpo me dolía bastante, la quemadura ardía horrible así que no podía ni siquiera recargarme o mover la espalda. Los pies me sangraban por tanto caminar, verlos así me asustó mucho.
Pero el dolor por los golpes, por la quemadura, por las cortadas, no era lo que más me torturaba. Lo que me destrozaba era saber que Heather me tenia a mi para sostenerse, para aferrarse y sentirse segura.
Yo deseaba tener a alguien para sostenerme y aferrarme, pero no quería a cualquiera, yo quería a mi esposo.
Y la realidad era que Hipo ya no estaba.
Apenas si podía recordar cuando fue la última vez que lo vi, me dijo que corriera a las montañas y que me alcanzaría allá, prometiéndome volver conmigo.
Pero sobretodo me suplicó: "no mires hacia atrás y no regreses, no lo hagas".
Debí esperarlo, tal vez fue a buscarme y al no verme volvió por mi.
Debí estar allí.
Comencé a temblar por el frío, y mis ojos lagrimeaban por las ventiscas que golpeaban mi rostro, intenté buscar calor abrazándome y frotando mis brazos.
Y de repente ya no temblaba por el frío, ni mis lagrimas eran por el viento. Eran de dolor. Entonces me dejé llorar, no solo por el dolor en mi cuerpo si no también por el de mi corazón.
La respiración se me iba, apenas si podía controlarme, ahogaba mis sollozos como podía no quería despertar a las demás. Pero recuerdo que hasta quería gritar por la furia y la impotencia.
Me habían quitado mi hogar, a mi familia, todo lo que conocía fue reducido a cenizas en horas. Y una parte de mi también se había ido con ellos.
No pude dormir, tardé mucho tiempo en calmarme, y es que dejé de llorar con fuerza cuando sentí que la cabeza me daba vueltas. Aún derramaba lágrimas, los ojos se me cerraban pero luego los abría por las punzadas en la espalda y como podía me recargaba en los barrotes.
Así transcurrió hasta que nos despertaron golpeando la celda, el sol aún no salía.
Juraba que no me podía mover, ni siquiera lograba abrir los ojos. Escuché como entraban a la celda y se llevaban a la fuerza a las demás, a pesar de poner resistencia.
—levántate—me ordenó uno de ellos, pero apenas abrí los ojos me puso de pie de un tirón en el cabello, solté un alarido de dolor antes de caminar a tropiezos siendo empujada hasta salir de la celda.
—¿estás bien?—oí a Heather hablarme, pero estaba muy débil para contestarle.
Asentí desganada, las piernas me pesaban y pensaba que en cualquier momento me iba a quedar tirada en el suelo, nos ataron las manos, yo no opuse resistencia, mi vista aún era borrosa y sentía que todos me susurraban al oído, pero tenía que mantenerme de pie. No les daría el gusto de verme derrotada.
Cuando abrí los ojos por completo y la luz se asomaba entre los árboles me di cuenta que estábamos de nuevo en el bosque, creí que nos venderían en ese mercado.
Al parecer no era nuestro destino..
Prácticamente ya estaba arrastrando los pies, no soportaba el dolor. La quemadura ardía y era difícil seguir de pie. No teníamos comida ni agua.
Volvimos a descansar a medio día, mientras ellos comían, nosotras nos desplomamos en el suelo aliviadas.
Nos lanzaron un pan duro al suelo riéndose de nosotras, poco nos importó nuestro orgullo, el hambre nos estaba matando y sabíamos que ese pan no era nada, no era suficiente para todas.
A las horas volvimos a levantarnos, pero una de nosotras ya no se levantó.
Cuando le ordenaron ponerse de pie no respondió, le dieron una patada en el hombro y al no reaccionar, supimos que no resistió más.
Eso solo nos confirmó que tarde o temprano todas acabaríamos como esa pobre muchacha.
Los malditos cabrones la dejaron allí tirada, como si ya no valiera nada, pero en eso nos convirtieron, en vil mercancía.
Ya quería parar de caminar, no me importaba nada más, solo quería recostarme en el suelo, dejarme caer en el. Era muy fácil, solo tenía que dejar que mis rodillas cedieran.
Pero al mirar atrás, medí cuenta que Heather estaba más lastimada que yo, la herida en su pierna seguramente la estaba torturando. Pero seguía avanzando. Al igual que ella no iba rendirme tan fácil.
Durante el anochecer visualicé una muralla muy grande hecha de rocas, con una puerta de madera pesada alumbrada por dos antorchas.
Los porteros nos dejaron el paso libre y al pasar por allí, la pesadilla comenzó.
Había varias personas que nos observaban fijamente, unas cargaban costales pesados o carretas, mientras que otros portaban armas, amenazando con lastimarlos.
Llegamos al frente de lo que era la casa principal. De allí salió un hombre bien vestido, aseado, con un cinturón que relucía con la luz del fuego, y también un medallón que colgaba hasta su pecho. Lo reconocí al instante, era una insignia de jefe de guerra.
Este hombre era importante, pero no quería saber ni un carajo de quien fuera. Sin decir nada, se acercó un poco. A nosotras nos posicionaron en línea recta, una al lado de otra.
Lo escuché atentamente al hablar y para cuando comenzaron a negociar el precio de cada una de nosotras sólo sentí una cosa: odio.
No podía creer que así era como cambiaría mi vida: marcada como esclava o algo peor.
Quiso vernos de cerca, nos miró a detalle y se tomó la libertad de tocarnos. Fue repugnante sentir sus manos en mi cuerpo, en mi cintura y mis caderas, pero al tomar mi mentón y alzarlo, alejé mi cabeza.
Sonrió de lado antes de repetir el proceso con Heather. Incluso se atrevió a tocarle los pechos.
—no la toques—advertí jalando la cadena que nos unía y alejarla.
Se que no debí abrir la boca al momento en que un golpe en la espalda llegó, fue muy cerca de la quemadura. Eso solo me hizo retorcerme del dolor.
—ni lo pienses—susurré aún enojada cuando intentó tocarme de nuevo, hasta me agarró del brazo, ambos forcejeábamos, y en poco tiempo logré empujarlo con la poca fuerza que me quedaba.
—¿cuanto por esta?—habló el hombre tambaleándose sin dejar de verme—y también por la pelinegra.
—son cien monedas por ella—se refirió a Heather—pero la otra es una salvaje, tendrá muchos problemas. No tiene que perder el tiempo con ella.
—no será problema, tendrá que aprender a obedecer. Ella se queda—insistió el hombre volviéndome a tomar por el mentón—¿cuanto vale?.
—por los problemas que causó le costará el doble, doscientas monedas—sentenció.
—hecho—aceptó el hombre.
Nos quitaron las ataduras y entre dos hombres nos alejaron hasta la herrería.
Allí nos dimos cuenta de lo que harían.
—no, ¡no!—grité en cuanto nos pusieron de rodillas, mientras tomaban el hierro al rojo vivo con esa runa.
Sucedió tan rápido, pero para mi fueron los segundos más lentos, sigo sintiendo el ardor en mi piel; y el olor a piel quemada.
Esta vez grité, grité con toda mis fuerzas. No me callaron y yo no lo aguantaría más, me dejaron en el suelo para hacerle lo mismo a Heather. Ella gritó también, tal vez más débil para seguir sollozando.
Nos arrojaron a uno de los establos, azotamos contra el suelo y al tratar de levantarnos nos volvieron a empujar.
Ayudé a Heather a levantarse y al acostumbrarnos a la oscuridad noté a la muchedumbre que nos veía.
La primera en acercarse le pasó una manta a mi amiga por los hombros, era una persona mayor, parecía no hablar. Aunque al oírme quejarme en mi lengua enfocó su vista en mi.
—ayúdenla, por favor—pedí con los ojos aún llenos de lagrimas.
La alejaron de mi, entregándole un recipiente con agua.
Yo solo quería dormir, dejarme caer.
Caminé solo unos pasos antes de caer al suelo, ya sentía que no podía más, me dejé llorar en silencio con sollozos tenues; los cuales fueron más fuertes al tocar la marca en el cuello.
No soportaría otra quemadura así, ni siquiera quería ver la herrería.
Ya no me quedaba nada. Mi libertad fue arrancada en cuanto me marcaron.
A mi mente llegaron los recuerdos que pasé junto a Hipo, sollocé con mas fuerza al pensar en cómo debió sufrir, y también por recordar cada segundo a su lado, como fue que el día anterior ambos estábamos tranquilos en nuestra casa recostados en la cama, hablando sobre el día; y horas después esa paz se fue de allí.
Daría lo que fuera para que ese momento hubiera sido más largo, para decirle tantas cosas que no pude.
"Astrid", recordé cuando me llamaba en las mañanas al despertar.
"Astrid", volví a recordarlo, con su voz llamándome mientras reía . Lo extrañaba tanto..
—Astrid—escuché en frente de mi, creí alucinar, pero en cuanto alcé la vista, vi esa prótesis que solo distinguía a una persona.
Me puse de pie deprisa, quitando el cabello de mi cara, esperando no estarlo imaginando. Allí estaba, frente a mi, su ropa rasgada por el forcejeo con moretones y cortadas en sus brazos; y justo en el cuello, cerca de la yugular estaba la misma runa marcada en su piel.
—Hipo..—susurré incrédula—estás vivo...
—Astrid—volvió a decir con un hilo de voz, avanzando hasta dejar unos escasos centímetros entre nosotros—estas aquí...
—estas vivo—volví a decir con la voz quebrada, sintiendo un nudo formándose en mi garganta—Hipo...
Extendí mis manos temblorosas hacia su rostro, pero él las tomó antes.
Las suyas estaban calientes.
Las mías estaban heladas.
Comenzando a llorar con fuerza se las llevó a sus labios y besó mis nudillos lastimados, sin dejar de verme a los ojos. Hasta allí pudo llegar toda la coraza que me quedaba, esta vez quité sus manos para rodearlo sin dejar de temblar.
—mi amor—lo escuché sollozar para luego sentir sus brazos aprisionarme.
—creí que te había perdido—solté entre lagrimas apretando los dedos en su espalda por miedo a que se fuera—creí que estabas muerto.
—no sabía que te habían hecho esos hombres, cuando vi que te arrastraban inconsciente, me asusté mucho—me estrujó con fuerza, aún sin darse cuenta de la herida—intenté volver por ti, pero no me dejaron. De verdad que luché. Perdóname, por favor.
Justo en ese segundo me quejé entre lagrimas y el se alejó mirándome detenidamente, dándose cuenta de mi camisón rasgado por la mitad y sus ojos se humedecieron aún más.
—¿qué fue lo que te hicieron?—preguntó con voz temblando intuyendo lo peor, me acarició las mejillas para luego recorrer mi cabello y hacerlo a un lado.
Con una de sus manos en mi cintura y la otra en mi hombro me giró lentamente hasta que la miró, lo escuché intentar hablar, pero todo se quedó en su boca y soltó simples balbuceos.
—M'lady—susurró horrorizado recorriendo con uno de sus dedos alrededor de la quemadura, haciéndome estremecer—¿cuando sucedió?.
Me limpié los restos de lagrimas y me senté en él suelo, segundos después el hizo lo mismo.
—cuando estaba inconsciente, nos llevaron a la mayoría de las mujeres a uno de los graneros. Al poco tiempo, ellos entraron, y comenzaron a llevarse a muchas; Moira entre ellas—respiré con fuerza—quisieron llevarme a mi, pero me defendí y quisieron darme una lección.
El no dijo nada, solo siguió mirándome por unos segundos antes de volver a quitar el cabello de mis mejillas y aferrarme a él con cuidado.
—lo siento—soltó en un sollozo besando repetidas veces mi cabello.
—¿por que te disculpas?—cuestioné limpiándole el rostro—nada de esto es tu culpa...
—te lastimaron, yo debí.. yo tenía que protegerte—su voz se quebraba—tenía que irme contigo, tenia que haber luchado más.
—babe, escúchame por favor—susurré tomándolo del mentón hasta que nuestras miradas se encontraron—lo importante es que estamos juntos, tu y yo. Y ahora tenemos que seguir así, sin importar que pase, aunque nos hagan trabajar hasta desmayarnos o nos golpeen tenemos que resistir, por que aun tenemos que salir de aquí y lo tenemos que hacer ambos.
—no importa cuanto me lleve te voy a sacar de aquí Astrid—volvió a besarme los nudillos—es una promesa.
Si alguien más me hubiera prometido algo así, probablemente serían palabras vacías. Sin embargo yo creía que podíamos salir de allí, que sería sencillo; y que volveríamos a ser libres.
Ilusa.
Pasaron casi dos años para que esa esperanza se fuera apagando. Cada intento por escapar fallaba. Algunas veces fuimos descubiertos, y la pagamos muy caro.
Ver como tu cuerpo se hace débil y se llena de cicatrices te hace sentir demacrado, todas esas marcas solo te reafirman que le perteneces a alguien más.
Cada día veía a personas morir por el hambre, por enfermar, por sus heridas; o eran asesinados. Para que al final sus nombres pasaran a ser números.
Y con ese torneo que hacen cada año, la cifra crece más hasta que ya no puedes contar.
Si, he perdido la esperanza, pero Hipo no. El nunca la perdió. El aprovechaba cada oportunidad para escapar; aunque fallaba y aún así volvía a intentarlo.
La noche en que él cayó del árbol, es un día que quisiera borrar de mi mente.
Durante esa mañana le insistí en que no lo hiciera solo, que tenía que estar más preparado para actuar tan arriesgado.
—tienes que entender que no puedes hacer esto tu solo, algo así tiene que planearse con más detalle Hipo—repetí dejando la canasta en el suelo—déjame ir contigo, o que alguien más vaya si no quieres que sea yo.
—ya dije que no Astrid—repitió solo haciendo que me frustrara—se muy bien lo arriesgado que es esto, pero por eso mismo no voy a arrastrarte conmigo o a alguien mas si algo sale mal.
—no lo hagas, por favor—pedí tomándolo de los brazos.
—no puedo dejar pasar esta oportunidad—finalizó besando mi frente
Quien diría que esa sería nuestra última conversación.
En cuanto anocheció nos escabullimos con un grupo de personas, entre ellos Bocón. Al poco tiempo llegamos al árbol junto al muro y daba una salida segura.
Cuando los guardias se alejaron, lo tomé del brazo antes de que pudiera irse; suplicándole con la mirada que dejara esto de lado.
Sabiendo lo preocupada que estaba me acarició la mejilla con amor, pensé que cedería.
Pero el beso en los labios que me dio, me hizo ver lo contrario.
—voy a volver, lo prometo—aseguró besándome ambas manos.
Solo llevando una soga, corrió hasta llegar al árbol, donde dando un salto se sujetó de una de las ramas y ante la vista de todos nosotros escaló hasta casi llegar a la copa.
Verlo estar tan alto y tan cerca del borde del muro hizo que todos murmuraran esperanzados.
Hasta que escuchamos el crujido de una de las ramas, seguido del grito de mi esposo. Contuve el aliento sintiendo el pecho doler e inevitablemente mis ojos se llenaron de lagrimas.
Todo se rompió por completo para mi.
—¡Hipo!—grité corriendo mientras él seguía cayendo—¡no!.
Quede paralizada al ver su cuerpo caer al suelo, con su rostro cubierto de sangre, la ropa rasgada. Imploraba por que no fuera real. El no podía irse.
—no—susurré volviendo hacia el—por favor, no, tú no.
—¡Astrid!—escuché gritar a Bocón cerca.
—¡Bocón, que alguien busque a Ghoti!—al borde de las lagrimas lo abracé contra mi pecho intentando parar el sangrado—no te vayas, tu tampoco me puedes dejar babe.. tu no. Por favor.
—tenemos que llevarlo de regreso Astrid—habló el herrero preocupado—si los guardias se acercan no podremos salvarlo.
No quería separarme de el, pero tampoco quería arriesgar a los demás. Así que asentí, lo tomamos en brazos entre todos nosotros apresurándonos lo más que nuestros pies resistían.
No dejaba de mirarlo, aún era imposible creer que aquello ocurrió. Creí que me sentiría enojada, pero estaba más preocupada por que el despertara.
Entramos azotando con fuerza la puerta del establo despertando a la mayoría.
—por Thor—exclamó Elina al ver el cuerpo de Hipo recostado en el montículo de paja.
—¿donde está Ghoti?—pregunté desesperada al notar sus latidos ser más lentos, y justo al decirlo la multitud de personas se apartó para que la anciana pasara hasta llegar a el.
"¿Qué le sucedió?", escribió en el suelo.
Yo no sabía por donde empezar, estaba muy alterada como para poder relatar la situación. Pero tenía que dejar todo mi dolor, lo que me estaba agrietando el corazón.
—se cayó de lo más alto del árbol que está cerca del muro, su corazón aún palpita. Pero está demasiado lastimado—expliqué con un hilo de voz, antes de tomar la mano de la curandera—sálvalo por favor.
Ante las miradas de todos la mujer sacó de las bolsas de su vestido varias hierbas así como un frasco con un líquido anaranjado. Los cuales mezcló agitándolo con fuerza.
Pidiendo que los dioses fueran misericordiosos con mi castaño, alcé un poco su cabeza para que bebiera del brebaje con las hierbas. Y justo cuando bebió la última gota volví a sentir su latir más constante, aunque aún no estaba fuera de peligro.
Ese líquido nos había dado más tiempo, sin embargo teníamos que actuar lo más rápido posible.
Con rapidez pero con mucha delicadeza, nosotras dos nos pusimos a suturar sus heridas más graves, a la vez que Heather y los gemelos me ayudaban con los golpes menos graves.
Elina y Maddox buscaban todas las vendas que estuvieran disponibles; y Bocón había traído ungüentos desde la herrería. Todos nosotros hacíamos lo posible por ayudar.
Al final solo quedaba rezar para que Hipo despertara.
"Está fuera de peligro por ahora, pero no te puedo asegurar que mejore, es posible que jamás despierte, quédate con él para que lo observes y cualquier cosa que pase me dices para ayudarte", con los ánimos decaídos Ghoti me miró preocupada, yo solo cerré mis ojos para que mis lagrimas pararan.
La razón por la cual había aguantado todo este infierno me estaba por ser arrancada. La persona que amaba se estaba debatiendo entre la vida y la muerte.
Y yo solo podía ver.
Me senté al lado de Hipo, sin dejar de mirarlo. Esperando que despertara.
Los demás se quedaron conmigo un rato más hasta que uno por uno se fue dejándome sola.
–Babe... —le llamé en un alarido antes de echarme a llorar, dejando que un par de lágrimas cayeran sobre su mallugada mejilla– despierta. No me puedes dejar aquí sola, no puedo perderte a ti también; eres lo único que me queda– añadí quitándole los mechones qué cubrían sus ojos— nos habíamos prometido salir de este infierno juntos, ¿acaso lo olvidaste?... No quiero recuperar mi libertad si eso significa que ya no estarás conmigo; si es ese el caso, es mejor morir aquí los dos porque no puedo imaginar un mundo sin ti. Por favor, tienes que levantarte, hay que ir a casa– supliqué zarandeándolo esperando que así despertara– por favor, ayúdenme... – susurré mirando al cielo, dónde estaba segura de que los dioses me estaban observando– Hipo... –dije por último antes de abrazarme a su cuerpo inerte con fuerza.
No despertó al día siguiente, su piel aún estaba pálida, pero su corazón latía con mas fuerza. Era buena señal.
Lo que no era bueno, fue ver a dos guardias justo a la entrada del establo. Ya sabía a que venían. Heather me miró y con una señal supe que Hipo no se quedaría solo.
Caminé hacia donde ellos querían, ya había estado allí antes. Pero cada que pisaba esa casa, era como si entrara a una pesadilla.
Salieron dejándome frente al causante de tantas desgracias. Haakon.
Sabía que cualquier cosa que intentara sería vuelta en mi contra. Él podía lastimarme, él podía matar a Hipo.
Estaba de rodillas dándome la espalda, mientras movía la leña de la chimenea con un atizador.
Yo no me moví de mi sitio, no quería acercarme más. Estaría lo más alejada de él.
—que valentía tiene ese muchacho, ¿verdad?—me preguntó levantándose después de tanto silencio, no le respondí, por que mi vista se clavó en el atizador.
Lo había dejado de forma que la punta comenzara a tornarse roja por las llamas; retrocedí asustada. Dioses.
—tiene un espíritu inquebrantable, pero también una rebeldía que me está haciendo perder la paciencia—me miró de arriba abajo con una mueca que se asemejaba a una sonrisa de lado.
—¿señor?—retrocedí.
—los guardias me han dicho lo que el muchacho a hecho, otro intento de escapar fallido, ¿cómo está?. Escuché que está grave por sus heridas; a veces la muerte puede ser más piadosa—retuve el aire en mis pulmones sintiendo un escalofrío subir por mi cuerpo. Miré la puerta, tuve el impulso de salir de allí, y correr hacia el establo, tenía que asegurarme que Hipo estaba bien; y evitar que le hicieran daño, pero no pude hacerlo—ni lo pienses mujer, mis guardias tienen órdenes directas. Si cruzas esa puerta sin mi, ellos van a matarlo; y todos tus esfuerzos por salvarle la vida serán en vano. Se lo mucho que lo aprecias, así que no arriesgues su vida.
Malnacido hijo de perra.
—está bien, me quedaré, pero no lo lastime—pedí, para luego pasar saliva—¿qué es lo que quiere?.
Ya podía ver venir lo peor.
—necesito que me ayudes con algo—fue directo, dejándome algo sorprendida por su respuesta, no esperaba eso—tengo un problema que inició cuando el idiota comenzó con sus intentos de escape; aunque si supiera que habría una oportunidad mínima de lograrlo, créame que ya lo hubiera despedazado.
—¿y qué es lo que lo ha hecho cambiar de opinión?—pregunté observándolo a los ojos de manera seria, pero con un destello retador. Eso pareció gustarle.
—en parte es por que es entretenido, es como ver a una rata intentando salir de una jaula, intenta pasar los barrotes, escala por ellos, muerde la cerradura, pero solo se hace daño—soltó una pequeña risa—y tú misma te das cuenta, el hizo tantos intentos y ninguno da resultados. Solo se lastima así mismo, pero también lastima a otras personas—justo en eso su expresión volvió a ser seria. Caminó hasta estar frente a mi—por desgracia las acciones de esa rata han llegado a oídos de otros como él y tú; y si un hombre tan débil e insignificante puede estar a punto de escapar, ¿qué impide que ellos traten de huir también?, ¿qué puede evitar un levantamiento? Y entonces todo el poder que existe se derrumbaría.
—pues es un poder muy frágil, si un solo hombre puede hacerlo caer con tan pocas acciones—por primera vez me atreví a verlo a los ojos, sin ocultar mi enojo—tal vez empiece apartando piedras, pero el algún momento moverá montañas.
—si, para mis compañeros es posible que suceda, pero no sería tan fácil como lo imaginas, ni lo más sensato. No con las consecuencias que traería.
—¿entonces que debo imaginar?.
—comienza por ver lo que pasaría con tu pueblo —desvíe mi vista cuando alzó su mano para tocar mi mejilla—a todos ellos muertos, colgados, acuchillados, degollados; y la cabeza de su "salvador" clavada en una lanza como trofeo. Todos pasarían a ser cenizas como tu aldea. ¿Te gustaría ver esa masacre?.
—no—contesté de inmediato, ya era bastante él sufrimiento que había, no iba a dejar que su tortura creciera más. Sin importar qué sacrificara.
—bien, yo tampoco. Odio el desperdicio—aquello no me hizo sentir tranquila.
—¿entonces que es lo que quiere de mi?—volví a preguntar alejándome más de él, por que claro, él quería desquitarse conmigo por lo que hizo Hipo. No estaba aquí solo para charlar, y lo más horrible es que yo estaba dispuesta a todo con tal que mi castaño no saliera herido.—¿torturarme?, ¿golpearme?, ¿quiere que sea su propia ramera?, ¿matarme?—él volvió a acercarse más que antes.
—no quiero hacer nada de eso, no por ahora. Te necesito para algo más—continúo diciendo acariciando mi cabello.
—¿qué quiere que haga?—ya no tenía opción más que ceder.
—dijiste que no querías una masacre. Se que eres más calculadora y estratégica, tu trabajo lo demuestra. Ves la realidad en la que estás y no eres impulsiva como el—luego de eso comenzó a caminar dando vueltas a mi alrededor—tienes que hacer que la idea de salir de aquí, se vea imposible. Toda esperanza que tengan se tiene que enterrar hasta el fondo, y nunca volver a salir. El primero que tiene que terminar con eso es Hipo.
—entonces—se quedó justo detrás de mi, yo solo tragué saliva sintiéndome vulnerable—¿me está pidiendo ser su voz de la razón?.
—lo has entendido todo, menos un detalle—un silencio tenso se presentó—no te lo estoy pidiendo.
Apenas pude girarme cuando me tomó del cabello y me llevó a rastras a la chimenea, grité por el dolor, pero luego fue de terror cuando tomó el atizador al rojo vivo.
—que te quede claro, si vuelven a intentar verme la cara de nuevo, no me desquitaré con el. Lo haré contigo—amenazó acercando el hierro hasta mi rostro, dejé de respirar por miedo a que lo pusiera contra mi piel. Temblaba sin control y mis ojos comenzaban a llenarse de lagrimas—no pararé hasta que no puedas gritar, mientras él te ve morir de esa forma. Luego él será el siguiente.
Me empujó finalmente lejos de él y del atizador, no quería levantar la mirada, tal vez solo esperaba eso para quemarme. Seguía con mi cuerpo temblando del miedo, creí que pasaría otra vez.
Inesperadamente me levantó con rudeza y me sacó de su casa, los guardias nos miraron, pero el no les dijo nada.
—si piensas intentar algo, solo imagina el hierro caliente contra tu piel—amenazó una ultima vez azotando la puerta.
No perdí ni un segundo más y salí corriendo tan rápido como pude, quería estar alejada lo más posible, tenía miedo de que en algún momento me atraparan y me llevaran de regreso.
Esa noche no dormí, ni las que siguieron después. Solo permanecí junto a Hipo, aferrada a su mano para sentir su pulso y saber que aún seguía aquí. A veces le acariciaba el cabello como solía hacerlo cuando lo despertaba en las mañanas. Creí que eso funcionaría, a pesar de lo tonto que se escuchara. Pero nada, ni siquiera un quejido. Solo estaba allí, dormido.
Cuando el quinto día llegó, me desperté aún de madrugada, hacia mucho frío. El invierno se avecinaba.
Salí con los ánimos bajos, pues sabía que me esperaba, desde que había ido a la casa de Haakon me dieron más trabajo del normal.
No me había quejado, el solo levantar la voz podía ser excusa suficiente para que le hicieran daño. Justo en ese momento estaba cortando parte del tronco de un pino con un hacha muy pesada, sentía el hombro tenso y el cansancio me hacía cerrar los ojos.
Pero justo cuando sentía que iba a caer al suelo, vi a un muchacho de tan solo diecisiete años acercarse a mí con prisa mientras gritaba mi nombre.
—¡Astrid!—volvió a gritar casi llegando a mi—¡es Hipo!.
Con solo esas palabras logró que mi corazón latiera descontrolado.
—¿qué sucedió?, ¿él está bien?—el que no me respondiera me preocupaba más.
—él está despierto, acaba de despertar. Hipo está bien y Heather está con el.
Fue indescriptible la forma en que mi corazón se alegró, en cómo las lagrimas se presentaron tan pronto y en cómo mis pies corrieron tan rápido
—¿donde está Heather?—exclamé en cuanto entré, estaba tan aliviada de que él estuviera despierto que todo lo demás abandonó mi mente.
Pero entonces, cuando el no me reconoció, y Ghoti lo revisó mi corazón se rompió en pedazos:
Pérdida de memoria
El no me recordaba, no sabía que era sus esposa, no sabía nada de lo que ambos vivimos.
Intenté no venirme abajo frente a él, fue muy difícil. Cualquier mirada o palabra que dijera iba a quebrarme. Así que en cuanto salí de allí me pase las manos por el rostro frustrada.
De todo lo que me imaginaba esperar si él despertaba, no se comparaba con esto.
Ese día sentí que el trabajo me había dejado más agotada, a pesar de tener la moral baja. No quería regresar de nuevo por que eso sería ver la realidad que esperaba.
Por lo que en cuanto la noche llegó, corrí a la herrería, necesitaba pensar en todos los sucesos que ocurrieron.
—Astrid, ¿qué haces aquí?—cuestionó Bocón cuando el fuego iluminó mi rostro decaído—¿qué pasa?, ¿Hipo está..?
—no—negué de inmediato sentándome frente a la mesa que tenia.
—¿que ha pasado Astrid?—indagó de nuevo sentándose al lado de mi.
—él despertó—revelé mirando el suelo, el jadeó de sorpresa, aún así no me atreví a verlo a los ojos. La noticia era dolorosa.
—no te ves muy contenta Astrid, ¿el está bien?.
—está bien, a pesar de los golpes. Me alegra que despertara.
—pero..
—el no me recuerda.
—¿qué dices?.
—que el no se acuerda de mi, no sabe quién soy, ni sabe dónde está. No recuerda todo lo que sucedió en todos estos años—expresé sintiendo una lágrima traicionera en mi mejilla—fue horrible verlo asustado por creer que le haríamos daño, a pesar de que intentaba hablar con él, pero se apartaba de mi.
—¿fue por el golpe en la cabeza?.
—Ghoti cree que si—suspiré—dice qué hay posibilidad de que recupere la memoria, pero es muy poco probable
—entonces el no se acuerda de nada..—su expresión dejaba ver el dolor que sentía.
—el se acuerda de ti, es lo único que me ha dicho. Y sabe del accidente de su pierna. Creo que solo recuerda cosas de su pasado—sentí su mano en mi hombro, yo solo cerré los ojos al sentir más lagrimas venir—no se que hacer Bocón—confesé con voz de hilo—no sé si puedo ayudarlo, me siento tan impotente por no hacer nada, no se si recuperará la memoria a pesar de que lo intente. ¿Que pasará si nunca vuelve a recordarme?. No se que hacer.
—empieza con lo más simple, intenta cambiar la situación en tu cabeza—lo miré confundida, pero no lo interrumpí—si tu hubieras caído del árbol y hubieras perdido la memoria, ¿cómo crees que él te estaría tratando?, ¿de qué forma estaría pendiente de ti?.
No le respondí, pero sabía que el no me dejaría sola en ningún momento, que me trataría con paciencia y comprensión.
Seguiría siendo el Hipo del que me enamoré.
—tienes que comprender que la situación es algo que no pueden controlar ninguno de los dos, pero tu puedes ayudarlo, dile poco a poco lo que está pasando. Te aseguro que el tratará de mejorar—pausó para quitar las espadas del fuego y alejarlas de donde estaba—lo conoces mejor que nadie y lo amas. Tienes que ser fuerte como la guerrera que eres, él te necesita más ahora y se apoyará en ti. Y si después de todo ya no hay nada que hacer...—nos miramos en silencio unos segundos, hasta que el carraspeó—dijiste que había una pequeña posibilidad de que volviera a recordar, entonces no es imposible. No digo que te aferres a ello, pero si que tengas esperanza. Siempre la has tenido.
—tengo que intentarlo, él me hubiera cuidado sin importar que fuera terca y grosera al principio—me abracé a pesar de que no hacía frío—¿me ayudarías?.
—por supuesto—respondió y yo solo sonreí débilmente—ve a descansar muchacha, él seguramente te está esperando. Trata de dormir algo.
—gracias Bocón, por todo.
—no agradezcas, lo hago con gusto—sonrió—anda ve..
Estuve pensando en todo el camino de regreso, no dejaba de estar preocupada. Sin embargo había algo más en mi, esperanza. Tal vez sería efímera, pero no la iba soltar tan fácil.
Tal vez él podía volver. Sabía que sería difícil, no obstante no me iba a rendir.
El nunca lo hizo, a pesar de todo. Siempre fue el más fuerte y cabeza dura que he conocido. Fue mi apoyo cuando lo necesitaba, ahora yo tenía que ser el suyo.
Me detuve en las puertas del establo. Respiré hasta que los latidos del corazón se calmaron. Y antes de entrar alcé la vista al cielo donde sabía que los dioses me veían.
—te voy a recuperar mi amor—y entonces entré.
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Los voy a dejar en suspenso por ahora.
