Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de Lavender-Long-Stories.
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Hinata prefirió dormir acurrucada contra él, como siempre había hecho. No lo sabía, pero confiaba plenamente en él.
Tal vez todo terminaría bien.
Sasuke se jugó con un mechón suelto de su cabello. No solía despertarse antes que ella. Desde que dejo de huir, tenía el sueño pesado. Ahora, se había acostumbrado a despertarse con ligeros besos en el rostro y el olor de la comida o a veces, con el sonido de ella, dejando caer algo en la cocina.
Los médicos le dijeron que dormiría más hasta que se le pasara la conmoción. Le haría bien descansar.
Ignoró el sol que entraba por la ventana, metiendo la cabeza bajo las sábanas para que ambos durmieran hasta que ella se despertara.
Finalmente lo hizo.
—¿Sasuke? ¿A qué hora...? —la voz aturdida de Hinata salió como una arcada. Se tapó la boca. Sasuke tomo el papelero que había junto a la cama y se lo dio. Le apartó el cabello del rostro mientras ella vaciaba el contenido de su estómago en el papelero.
—¿Seguro de que no estoy embarazada? —preguntó Hinata, asustada.
—Solo es un síntoma del golpe que recibiste en la cabeza —confirmó Sasuke, tomando el papelero y levantándose de la cama para llevarla al baño para que se enjuagara la boca.
Al menos recordaba dónde estaba y quién era él cuando se despertó. No dejaba de preocuparle que tuvieran que revivir aquella pesadilla.
Hinata escupió, dejándose la boca limpia.
—Lo siento.
—No puedes evitarlo —Sasuke le apartó el cabello.
—¿Qué hora es? —Hinata le preguntó.
—Es tarde —Sasuke la llevó a la cocina y empezó a preparar té.
—¿Hemos dormido hasta tarde? —Hinata miró alrededor de la iluminada habitación.
—Necesitas dormir más durante tu recuperación —le recordó Sasuke, poniéndole una taza delante—. No me importa ser perezoso contigo.
Hinata jugó con la taza mientras esta le calentaba las temblorosas manos y le asentaba el estómago.
—¿Tendré más historias hoy?
—No veo por qué no —Sasuke se acomodó en el taburete junto a ella—. Nos habíamos visto unas cuantas veces de pasada, pero nunca habíamos tenido realmente un motivo para interactuar. Normalmente, me limitaba a mirarte hasta que apartabas la vista. Nunca llevaba la bufanda cuando te veía. Estaba colgada en un perchero y nunca me la pediste. Entonces...
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Un civil lo apuntó con su gordo dedo a escasos centímetros del rostro con el único propósito de decirle cuánto lo odiaba y cómo no debería estar en la aldea. Era la tercera persona que hoy daba a conocer su opinión, pero esta era la primera que se le acercaba y le escupía en lugar de acobardarse y comentar con la esperanza de que él lo escuchara.
Al principio, Sasuke le hubiera dedicado al hombre su mejor mirada de desinterés. De todos modos, no tenía energía para reaccionar. Eso fue hasta que el hombre decidió tocarlo. Le clavó el dedo en el hombro y lo escupió. Luego el civil se encontró contra la pared, mirando fijamente al Sharingan.
—¿Sasuke-san? —preguntó Hinata suavemente desde detrás de ellos. Sasuke apenas giró la cabeza para dirigirse a ella.
El hombre empezó a gritar que Sasuke lo habían atacado.
—Por favor, bájalo —Hinata suplicó. Sasuke obedeció en silencio, dejando caer al hombre. El cobarde se arrastró hacia ella y siguió gimoteando—. Tú le provocaste. Si no, él no te hubiera atacado —lo regañó Hinata con voz firme, pero tranquila, como una madre que reprende a un hijo. No había necesidad de levantar la voz—. No te ha hecho nada directamente, estoy segura. Déjalo en paz.
El hombre volvió a meterse por la puerta trasera de su tienda, dejando a los dos herederos en el callejón.
—Deberías mantenerte al margen —le dijo Sasuke.
—No tienes que luchar solo contra el mundo, ¿sabes? —los ojos de Hinata pasaron de la decepción a la preocupación.
—No estoy luchando contra nada, ¿no te has enterado? Soy el vengador caído Uchiha. Un perro con una correa corta porque si muerdo, acabaré siendo expulsado de la aldea otra vez y eso no puede ser, ya que, bueno, ya sabes, me "gusta" estar aquí —Sasuke puso los ojos en blanco.
—Si quieres irte, ¿por qué no lo haces? —Hinata se llevó las manos a la espalda—. No estás bajo arresto domiciliario.
—¿De verdad crees que sería tan fácil? Te hartas de que te persigan después de un tiempo —Sasuke se lamentó.
Los ojos de Hinata mostraron tristeza absoluta mientras su boca se abría para no decir nada.
El temperamento de Sasuke se disparó. Ella lo miró como a un cachorro maltratado. Se dio la vuelta, volviendo a salir del callejón.
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Hinata miró su taza.
—No tenías a dónde ir, así que para qué huir.
—Sí, me di cuenta de que te habías dado cuenta de eso cuando llegué a casa —Sasuke omitió el hecho de que eso le enfadó lo suficiente como para hacer un agujero en la pared.
—¿La gente aún te hace eso? —Hinata lo miró.
—No directamente. Todavía susurran de vez en cuando. Ya te comenté lo que la gente piensa de mí —Hinata dejó ver la tristeza que sentía—. Te dije que no sería una historia feliz.
—Sigo queriendo oírla —le dijo Hinata.
—Que así sea—Sasuke le rellenó la taza y le preparó un sándwich, esperando que no le hiciera mal, antes de acomodarse para seguir narrando la historia—. La próxima vez que interactuamos, tuviste que intervenir físicamente una pelea.
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—Vamos. No puedes esconderte en ese recinto el resto de tu vida. ¡Acepta el trabajo! —Naruto gimoteó, persiguiéndolo.
—No quiero tus misiones por lástima. No necesito dinero. Ni quiero el trabajo —le espetó Sasuke, girándose para detenerse—. ¡Lo que quiero es que me dejen en paz! ¿Es tan difícil meterte eso en la cabeza?
Los dos hombres se pusieron en pie mientras se gritaban.
—¿Por qué no puedes aceptar que ya has vuelto? ¡Estás en casa!
—¡Porque no quiero estar aquí! ¡Este no es mi hogar! —esta pelea había ocurrido una docena de veces en la última semana. No era nada nuevo. Era una parte rutinaria de su vida.
—Es solo que aún no te acostumbras —Naruto insistió.
—Estoy acostumbrado y no me gusta —Sasuke ladró.
—Eres una reina del drama —Naruto puso los ojos en blanco con una tonta sonrisa que decía "oh, tú".
Eso fue todo.
Sasuke lanzó un puñetazo, que dio lugar a una pelea en toda regla en medio de la calle.
—¡Basta! —ignoraron la súplica hasta que ambos volaron hacia atrás sobre sus espaldas. Sasuke sintió que se le iba el aliento y se le entumecieron los brazos desde los hombros hasta los dedos—. Están en medio de la aldea. Si quieren luchar, háganlo en un sitio donde no puedan herir a nadie —Hinata deshizo su postura, dirigiéndose primero hacia el Uchiha.
Se arrodilló al lado de Sasuke, presionando su mano en sus hombros para liberarlo.
—¿No puedes dejarme en paz?
—Lo siento —el rostro de Hinata se suavizó mientras le tendía la mano—. No es mi intención involucrarme. Es que no quiero que nadie salga herido.
Sasuke se sintió desconcertado. Esperaba una refutación o un "es culpa tuya". Se sorprendió lo suficiente como para no darse cuenta de que le tomo la mano y dejó que lo ayudara a levantarse.
Hinata le devolvió a Naruto la mirada, pero se esforzó por no ayudarlo a levantarse. De hecho, en lugar de disculparse con él, le frunció el ceño.
—Por favor, peleen en otra parte —Hinata volvió a tomar sus compras y siguió su camino. Sasuke observó cómo su cabello se mecía suavemente con el viento y el polvo, se preguntaba por qué estaba más enfadada con Naruto que con él.
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—No terminamos esa pelea —añadió Sasuke—. Me fui a casa y me encerré allí hasta que necesité comida.
—Antes eran buenos amigos —comentó Hinata.
—Tienes razón, pero yo cambié y él se negó a verlo —Sasuke agarró su plato y cerró el tarro de mermelada. Tenía bastante apetito. Repasó la cuenta de calorías que se le habían fijado para el desayuno. Esto era una buena señal.
—Recuerdo que entre él y yo también empezó a pasar algo así —Hinata arrugó la frente, tratando de pensar.
—Sí, me dijiste que ese fue el punto de ruptura de tu admiración —el rostro de Hinata empezó a ponerse rojo. Sasuke sintió que una sonrisa burlona aparecía en su rostro—. Fue algo de que querías algo más serio y centrado —Hinata se encogió—. Parece que mirabas en la dirección equivocada cuando éramos niños —se burló Sasuke.
—No me hace ninguna gracia —Hinata intentó no sonreírle. Era tan tierna cuando se avergonzaba.
—Sí que te hace gracia.
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Notas: No importa el universo que sea (canónico o ficticio), Naruto y Sakura siempre hacen las cosas mal con Sasuke.
Naoko Ichigo
