La Concerté de los Monstruos.

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Capítulo 1: Tierra manchada de sangre.

Alcina Dimitrescu se desplomo sobre la vieja y gran silla de madera que soltó un lamentable crujido, para luego ella soltar un largo y cansado suspiro, seguida de cerca por sus hijas, las Ladys, Bela, Cassandra y Daniela que se desplomaron entre sus piernas.

Sus espadas cayeron sin ceremonia en el suelo, la alguna vez bellas armaduras ahora eran incomodas y además que su belleza se había cambiado por marcas y mellas de espadas, porras y flechas.

Alcina suspiro cuando los rayos del atardecer golpearon su rostro, rápidamente soltó un gruñido de frustración mientras que con su mano cubría sus ojos.

Rápidamente varios escuderos corrieron al lado de ella y sus hijas, para ayudarles a quitarse sus pesados trajos de metal, mientras que otras doncellas corrieron a entender las heridas.

El graznido de un cuervo, el gruñido de lobo y el zumbido de una mosca, pronto comenzaron a llenar el lugar.

Todos los carroñeros de la zona estaban comenzando a llegar, para tomar el lugar de los soldados que no hace más de unas horas habían peleado feroz mente.

-¿Mi Lady podría bajar el brazo por favor?-, Pregunto suavemente un escudero, con audible temor en su voz.

Alcina bajo lentamente el brazo apoyándolo en el reposabrazos de la silla, sus ojos todavía cerrados, suspirando ahora de alivio al sentir la enorme placa de metal dejando su pecho, luego fueron retirados los guantes de hierro, era tan agradable el sentir sus dedos libres de su pequeña carcel.

Mientras trabajaban en limpiar, cocer y vendar las heridas frescas, hasta que un joven apareció del valle de la muerte, corría con un pequeño saco al hombro, el cual se detuvo cuando varios caballeros y doncellas se levantaron con armas en mano, el joven cayó al suelo de rodillas, -Mi Lady… perdoné mi atrevimiento… pero le traje esto-, Dijo entre suspiros mientras recuperaba el aliento, extendiendo el saco, a lo que lentamente un soldado se acercó, lo tomo y lo reviso, revelando una botella de vino y una copa plateada.

Esto llamo la atención de inmediato de Alcina, sacándola de su cansancio, hizo una seña hacia una de sus doncellas, que rápidamente se acercó y miro la botella, -Es una Cabernet Sauvignon-, Le dijo la criada a su Lady.

Alcina ahora hizo un movimiento de su cabeza, a lo que la doncella abrió la botella y sirvió una copa al niño.

-Bebe-, Le dijo la doncella con una voz fría, el niño rápidamente tomo la copa y bebió, no era raro para él, sabía por qué su señora hacia esto y debía demostrarle su lealtad.

Una vez vacía la copa, el joven devolvió la copa a la criada, -Gracias mi Lady-, Dijo a lo que Alcina sonrió, le gustaban los modales y el jovencito demostró tener algo de educación, aunque sea la más básica.

Rápidamente la doncella sirvió nuevamente otra copa, esta vez para su señora, que bebió y degusto el sabor barato de dicho vino, por Madre Miranda extrañaba el sabor del vino, incluso esta burda imitación diluido en agua, fue un beso de alivio para su "sed", -Acércate-, Ordeno Alcina al niño que temerosamente lo hizo, bajo la depredadora mirada de las tres chicas que ya hacían a sus pies.

Entonces Alcina procedió a tomarlo del rostro obligándolo a mirarla, sus ojos de un castaño se encontraron con esos grandes y resplandecientes ojos ambar, los cuales el contemplo por un minuto antes de ser soltado y con gesto de su mano un soldado con un pequeño cofre se acercó a ella, Alcina lo abrió y de este tomo cinco monedas de plata las cuales deposito en la mano del niño.

Alcina lo soltó y le hizo una seña para que se retirara, emocionado el joven hizo varias reverencias, antes de salir corriendo y desaparecer nuevamente en el campo de muertos.

Aun podía recordar cuando los nobles y reyes de otras tierras se alzaron en su contra, Alcina pensó que sería el fin de su familia, el fin de su legado, el fin de todo por lo que su ella había peleado…. Pero no, ella era la actual líder y cabeza de la casa Dimitrescu, ella haría honra a su título y demostraría porque es la dueña legitima de estas tierras, lo juraba por Madre Miranda.

Lo más difícil en ese momento fue reunir un ejército, entre los soldados que tenía y los reclutados, apenas tenía una tercera parte de lo que el ejército de los nobles traidores e invasores poseía, con un enorme malestar y desagrado se reunió con otro Lord su ahora "Hermano" Karl Heisenberg para pedir su ayuda, el cual solo la ofreció si ella le cedía el control de las minas de su región, además de darle el 25% de sus tierras.

"Era, es y será un maldito perro avaricioso", Pensó, piensa y pensara Alcina de él, por quitarle tanto, por otro lado, su trato con su ahora "Hermana" Donna Beneviento… fue más que nada monetario.

Alcina termino de endeudarse hasta el cuello, poniendo como garantía gran parte de sus tierras, más del 50% de estas, sin mencionar que tuvo que dar el 50% del botin de guerra, con lo restante de su fortuna y lo conseguido de la casa Beneviento, Alcina contrato a cuanta banda de mercenarios pudo encontrar, incluso algunos vinieron escuchando que había una guerra y dinero.

Desde las repúblicas de todos lados de Europa llegaron Italianos, Suizos, Alemanes y Normandos para formar parte de las filas del ejército Dimitrescu con la promesa de permitirles esclavizar y saquear las tierras enemigas.

Cosa que Alcina acepto con gusto y así fue como hace un año salió de su castillo, con un ejército a sus espaldas, conformado por algunos nobles, sacerdotes y monjes, también caballeros, arqueros, lanceros, infantería pesada y ligera, bestias de carga y de combate, catapultas, cañones y cuanta máquina de asedio pudiera conseguir.

Además de todas las bandas de mercenarios que los acompañaban con sus propios equipos.

Y con todo esto se enfrente a un gran ejército rebelde, la batalla duro horas, Alcina sintió que fueron días, meses, años en los que estuvo blandiendo la espada cortando cabezas, lanzas con las que empelaba a las soldados, martillos con los que aplastaba cráneos, la batalla había saciado su sed de sangre.

Ella era un monstruo, ella sabía por qué los nobles se habían alzado en su contra, las desapariciones misteriosas, su inmensa crueldad, sus horribles deseos, su insaciable sed… todo esto fue el resultado, esta guerra, la actual pobreza que le esperaba, era algo que pronto tendría que solucionar.

Lo único que le esperaba era un castillo vacio.

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