Vamos por el cuatro y eso me hace muy feliz, aunque, sinceramente... Al menos para mañana si llegamos, pero no les puedo prometer que cumpla los siete. Haré lo posible, pero no me quiero comprometer, porque como siempre me has pasado, inició con algo que según ya tengo definido, pero acabo yendo por otro rumbo... Como me paso con lo que a continuación leerán. Este me quedó largo, muy largo, pero creo que es muy bonito y que les gustará mucho. ¡Muchas gracias por leer!
Renuencia
Esa noche, Ash llegó al cinco para las siete, canceló la reservación de su mesa para siete personas, pidió una mesa para dos, se sentó y esperó nerviosamente a que Misty, la única que no canceló, la que siempre asistía, llegara pues sería bastante bochornoso que ella también lo dejara plantado cuando tuvo que convencer al gerente de aceptar todos los cambios que solicitó. A las siete con ocho, Misty entró al restaurante casi corriendo, miró entre las mesas y al fondo junto a un gran ventanal vio que Ash sostenía ansiosamente su celular, seguramente estaba a punto de marcarle; caminó con premura los escasos metros que le quedaban para encontrarse con el chico y, ya tomando su asiento frente a él, se disculpó por la tardanza. Ash iba a reclamarle el retraso, aunque al notar que su respiración era errática supuso que algo la retrasó y que hizo lo imposible para llegar a tiempo, así que dejó pasar esos ochos minutos de estrés.
No era la primera vez que la reunión se limitaba a ellos, de hecho, con el pasar de los meses era más frecuente de lo que esperarían, pues por algún motivo cada que llegaba la fecha en la que acordaban reunirse, uno a uno iba cancelando el plan, a veces avisándoles, otras simplemente disculpándose al día siguiente, quedando sólo ellos en el restaurante punto de reunión, sentados en una gran mesa reservada que tendrían que cambiar por una más chica, exclusiva para dos; en ciertas ocasiones era Brock quien los acompañaba, en otras May o Max hacían acto de presencia, más esas veces eran tan escasas que se contaban con los dedos de una mano. Por ejemplo, esa noche Gary avisó que tenía un problema en el laboratorio, Tracey tenía que quedarse con los niños, May se había atascado en la carretera y prefería regresar a casa, Max seguía en el aeropuerto de Jotho debido a una tormenta y Brock, sencillamente canceló porque saldría con una de sus tantas prospectas.
Por lo general, acordaban reunirse los últimos sábados de cada mes a las siete de la tarde en un sitio cualquiera, para acabar siendo los últimos en irse del lugar en cuestión, a veces por lo amena de la plática y otras por el exceso de alcohol en la mesa, pero pasó más de un año desde la última vez que salieron todos, y eso que dichas reuniones empezaron cinco años atrás. Afortunadamente, y a pesar de la decepción que sentían al notar que sus esfuerzos para disfrutar una velada con sus amigos eran escasos, por no decir nulos, para ellos esas reuniones eran bastantes satisfactorias, pues una noche al mes podían escapar de la rutina en la que vivían y reconectarse entre pláticas que rememoraban sucesos de años pasados y eventos recientes sucedidos entre una salida y otra.
La noche resultó igual de placentera que las otras trece que habían pasado en compañía, fue entretenida, alegre, algo sardónica y con una pizca de sentimentalismo, donde compartieron algunos "graciosos" comentarios sobre lo idiotas que eran sus amigos por no asistir, platicaron acerca de los nuevos proyectos que tendrían bajo su responsabilidad, recordaron lo mucho que amaban viajar, lo poco que ahora lo hacían y se quejaron de la carencia de amor en sus vidas. Sin embargo, en esas noches jamás se dejaban decaer por cosas tan banales como las parejas y se enfocaban en hablar hasta que necesitaran pedir más tragos para hidratar sus bocas, riendo hasta que sus ojos se llenaran de lágrimas y el estómago les doliera, muchas veces incomodando un poco a los comensales a su alrededor, otras contagiándolos de su vivacidad. En realidad, cualquiera que los haya visto en esas cenas pensaría, y con mucha razón, que eran las personas más divertidas que podrían conocer y para los que no sabían quiénes eran, una pareja sumamente encantadora.
El mesero que los atendió, uno de los pocos ignorantes del mundo Pokémon en el que vivían, los observó todo el tiempo que estuvieron cenando, intrigado acerca de la relación que había entre ellos, pues la complicidad y electricidad entre ellos chispeaba por la mesa más nada denotaba que fueran algo más. Sí eran pareja, era la mejor que vio en su ocupación, y sí no lo eran, qué ocurriría con ese tipo, pues nadie en su sano juicio podría estar con una mujer como ella y ser sólo un amigo o conocido, y dado el caso no tratar de cortejarla. No obstante, al ver que ya le pedían la cuenta, se detuvo por un momento para observar sus rasgos y un flashazo llegó a su memoria… Ellos habían cenado ahí un año antes, por lo podría ser probable que estuvieran ahí para festejar su aniversario, ¿Qué podría ser más romántico que regresar al lugar donde se hicieron pareja?
Con la cuenta en las manos, el mesero se acercó hasta la mesa de la pareja, donde se la entregó al caballero y presenció una pequeña pelea entre ambos para ver quien la pagaba, claro que él no hubiera dejado que esa hermosa pelirroja pusiera ni una sola moneda de su bolsa, empero, no era con él con quien ella cenaba, así que tendría que aceptar la resolución de sus comensales, la cual fue que ambos pagarían exactamente la mitad de la cantidad marcada y la propina. Por lo tanto, tomó el dinero que pusieron en la cartera y fue hacía la caja para recibir el cambio monetario y entregarlo; una vez, regresando con sus clientes y dejándoles el excedente de su pago, les ofreció sus mejores deseos para la noche y se despidió augurándoles un excelente futuro para su relación, incomodándose sobre manera cuando ambos chicos estallaron en carcajadas ante la insinuación de su relación amorosa, por lo que no tuvo otra opción que escabullirse para salir de dicha situación.
Las risas se hicieron presentes en la mesa del Maestro Pokémon y la líder del gimnasio, pues les causaba bastante gracia la suposición que el mesero había hecho sobre su relación, como si en serio no supiera quiénes eran ellos o peor como si fuera posible que ellos realmente pudieran ser una pareja… Cierto que en sus veinte años de amistad no sería el primero en suponer eso, pero ¡vaya!, ya hasta las revistas rosas, amarillas y de cualquier color habían dejado atrás ese cotilleo, pues era más que obvio que entre ellos no hubo, había ni habría una relación que no fuera una perfecta amistad. Ambos lo sabían de sobra y estaban bastantes seguros que nunca cruzarían esa línea… No podrían, ¿O sí? Sin embargo, no era una idea tan descabellada y por supuesto que él no era la peor persona con la que se pudiera tener una relación, así que no entendía porque Misty se seguía riendo de eso, aun cuando ya caminaban hacia donde Misty dejó su vehículo.
Siéndose completamente sincero, la risa de su amiga empezaba a molestarlo ya que, si bien era insólito pensar eso, su ego estaba siendo dañado gravemente, no es que fuera feo, de hecho, era bastante cotizado por el género femenino, era gracioso, ocurrente, caballeroso, amable, sensible, buen mozo y podría seguir enlistando sus maravillosos atributos, si fuese posible concentrarse sin que alguien pusiera en duda todo ello con su carcajeo. El auto rojo de la chica quedaba todavía a unos cincuenta metros, pero la molestia de Ash aumentó a tal punto que detuvo su marcha para mirarla fijamente, logrando que la chica guardara silencio.
Antes que ella preguntará que le sucedía, Ash respiró profundamente y soltó la pregunta que lo estaba consumiendo… ¿Qué diablos le causaba tanta risa?... Algo que descolocó por un milisegundo a la chica, si bien Misty consiente de lo "sensible" que era su amigo entendió enseguida que había ofendido a su orgullo, por lo que calmadamente le dio una perorata de todo lo que pasó por su mente al escuchar que alguien los consideraba pareja, desde el hecho que de niños ella tuvo una especie de enamoramiento con él, algo que le confesó en alguna borrachera, hasta el encontrar posible que cualquiera se confundiera porque llevaban saliendo solos desde trece meses atrás, ¡Solos como lo harían las parejas yendo a citas! Comiendo en elegantes restaurantes, riéndose y charlando, y sí, a veces coqueteándose discretamente… Porque ellos eran coquetos, un rasgo de su personalidad que fueron adquiriendo con el pasar de los años, no porque significaran un verdadero coqueteo, sino porque así eran ellos, además ella estaba muy segura de que sus coqueteos eran casi imperceptibles para él.
No obstante, la explicación de la chica no hizo más que sembrar una idea en la mente de Ash, pensada como una forma de borrar la ofensa recibida pero también alimentada por un objetivo más experimental… Trece citas y ninguna de ellas fueron vistas por los dos como tales, ¿Por qué otras personas lo daban por hecho? ¿Qué reflejaban a la vista de los demás que ellos no podían ver? ¿Tan inverosímil era considerar que entre ellos había más química de la que percibían?... Si se daba cuenta que ella le coqueteaba, caso contrario creía que para ella pasaban desapercibidos sus coqueteos, sin embargo ¿Y si para los demás eso era lo que hacía obvio que ellos eran "novios"? Evidentemente no los conocían, empero la gente siempre dice que hay que ver las cosas desde una perspectiva externa para tener una mayor visión y comprensión de lo que sucede alrededor. Una percepción que debido a su cercanía no se permitían analizar.
Una vez que Misty dejó de hablar, Ash asintió con la cabeza dándole a entender que escuchó todo lo que dijo, sólo que en lugar de seguir caminado y dar por zanjado el asunto, sus labios formaron una cínica sonrisa que alertó de inmediato los sentidos de la chica; seguramente todo lo que dijo entró y salió por las orejas de Ash en cuestión de segundos, al tiempo que su cabeza iba formulando una frase por la que ella lo golpearía, como era su costumbre.
Al abrir la boca, Ash externó las preguntas que lo atacaron segundos atrás, expresando con claridad que entre los dos no podrían darle una respuesta satisfactoria, porque no serían objetivos, siempre encontrarían la manera de justificar esas interrogantes con el hecho de que "eran amigos", sin dar una verdadera razón, una que no diera pie a los típicos comentarios "un hombre y una mujer no pueden ser amigos", "alguna vez debieron besarse" o "entre amigos de diferente sexo siempre hay una atracción", una que pudiera poner punto final a esos que juzgaban su amistad. Sin embargo, ¿cómo lo harían? sí siempre quedaría a discusión el hecho de que jamás intentaron avanzar esa relación, lo que los llevaría a la pregunta del millón, sí nunca lo intentaron ¿Cómo están tan seguros de que entre ustedes no tendrían una relación?
Sí, podría parecer verdaderamente absurdo, ya que nadie tenía por qué meterse en esa cuestión de su vida y no tenía sentido darles importancia a esos comentarios, aunque pensándolo bien, si de verdad su relación era lo que ellos proclamaban no perderían nada al intentar verse en otro contexto, por el contrario, serían un hombre y una mujer con suma confianza al afirmar que ellos sí eran sólo amigos y que su relación se basaba meramente en esa amistad. Por lo que, externado el pensamiento que corría por su cabeza, Ash llegó al punto central de su soliloquio, proponerle a Misty una cita real, una en la que el objetivo fuera conquistarse y hacer todas esas cosas que hacen los pretendientes y ver que salía de ello, con el único fin de resolver esas preguntas…
Misty oyó atenta todo lo que Ash dijo, y aunque su primer instinto fue golpearlo por la sarta de tonterías que decía, no pudo evitar darse cuenta que en todo su discurso había un buen punto, tal vez algo retorcido y con un motivo no muy lógico, pero no negaba que para ella no sonaba tan descabellado, así dejarían de lado sus dudas y demostrarían que los demás se equivocaban, era como obtener un dos por uno, además no es que fueran a poner en riesgo su relación, ¿Qué tan mal tendría que resultar esa "cita" para destruir lo que en veinte años construyeron? Simple y sencillamente sería un experimento, una sola cita… No obstante, y si rememoraba sus relaciones pasadas, una sola cita no sería suficiente…
Misty movió la cabeza de lado a lado ponderando la situación, lo que Ash interpretó como una negativa, así que exhaló un suspiro un poco más ruidoso de lo que esperaba e iba a comenzar a caminar cuando la escuchó soltar un "de acuerdo"; volteó a verla con la perplejidad marcada en su cara, misma que se desvaneció casi al instante, instalándose en su rostro una galante sonrisa y un ligero rubor, bien… ¡Misty aceptó! No esperaba que lo hiciera, soltó la idea sólo porque sí, más para sí, y por un microsegundo sintió un pánico en su vientre, llevando a él una pregunta que no consideró, ¿Qué pasaría si todo cambiaba? No, estaba seguro de que no lo haría, no había ni la más mínima posibilidad, tal cual desechó por completo esa pregunta y con ella, el miedo que experimentó. Empero, Misty para asegurase que era una buena idea y que pondrían muy en claro los puntos a favor y en contra de ello, tomó del brazo de Ash para que la terminara de acompañar a su vehículo y detallar dicho plan.
Tras deliberar en el trayecto, llegaron a tres puntos importantes; primero, el nivel de su amistad no permitiría que una cita bastara, de modo que acordaron tres, considerando que la regla social dictaba que en la tercera cita se besaran, ya llegado ese momento estarían ante la prueba definitiva para obtener una conclusión; segundo, su amistad estaba por encima de todo, sí uno empezaba a tener dudas sobre ellos y sus sentimientos lo hablarían, porque el objetivo era que los dos descartaran cualquier romance o en todo caso que los dos crearan un vínculo amoroso, no que uno sí se enamorara y el otro no, haciendo sufrir al primero; y tercero, era algo experimental, tendría que ser tomado muy enserio, por lo que se comprometieron a hacerlo real, como con sus anteriores parejas.
Ya con un firme planteamiento, Misty subió a su auto y se despidió de Ash, acordando que su primera cita sería en sábado dentro de dos semanas, el lugar y la hora la detallarían por mensaje, como lo harían con cualquier persona que acabaran de conocer… Por ese tiempo, en el que se suscitarían sus citas, ellos dejaban en absoluto de ser amigos. Al arrancar el auto de Misty, Ash se subió a la acera y vio por unos minutos como desaparecía a lo lejos, hasta que se perdió tras dar una vuelta; dejándola de ver, él regresó sus pasos a una cuadra más atrás, donde el suyo lo esperaba. Entró en su auto y se encaminó a Pueblo Paleta, con la mente perdida en recintos donde podría llevar a su nueva "conquista".
Primera cita…
Dos semanas pasaron desde la última vez que cenaron juntos, sin embargo, esa ocasión sería la primera cena que tomarían en nombre de su pequeño experimento y era obvio que ninguno estaba nervioso por ello, sobre todo por lo seguros que estaban de que nada podría salir de manera inesperada. Eso sí, acordaron que sería muy incómodo para ellos que Ash recogiera a Misty en su casa, pues sus hermanas podrían malinterpretar las cosas y complicar la situación, así que quedaron de verse a las seis de la tarde en las afueras de Ciudad Celeste, cerca de un centro comercial donde Misty dejaría su auto y Ash la recogería para llevarla a cenar.
Cuando la hora acordada llegó, Ash llevaba ya diez minutos esperando a la chica, sentado en una banca del estacionamiento, jugando con su celular para matar el tiempo; vestía un pantalón formal café, camisa azul rey y mocasines marrón, dándose una apariencia elegante y estilizada, que resaltaba su masculino atractivo, demostrando el empeño que puso a su arreglo con el afán de impresionarla. Mas, no imaginó que Misty sería quien lo impresionaría, pues al escuchar unos pasos acercándose a él, levantó la mirada y observó a la chica enfundada en un jumpsuit negro que delineaba perfectamente sus curvas, acompañándolo con un cinturón y tacones fucsia que enfatizaban sus bien dotados atributos, además, en lugar de su característica coleta dejó suelto su cabello, mostrando un perfecto alaciado que llegaba hasta la parte baja de su espalda, luciendo como pocas veces la había visto.
En sus años de amistad, no se había percatado de lo guapa que era Misty, llegando a considerar exagerados los comentarios que el género masculino le dedicaba, desde aquellos admirando su cabello hasta esos que sólo escuchaba en charlas de bar; no obstante, debía admitir que fue un poco lerdo y desconsiderado al nunca prestar atención a la belleza de su amiga, ya que en ese instante observaba con asombro esa beldad de la que hacían alarde, en su máxima expresión. Ash pensó que el aire abandonaría sus pulmones, sintiéndose de pronto nervioso por la visión de la mujer frente a él, reconociendo que si no la conociera quedaría prendado definitivamente de lo que veía, pensamiento que con prisa rechazó, bofeteándose mentalmente al ver el rumbo de su mente; por mucho que se viera espectacular y que, de verdad mereciera minutos para admirarse seguía siendo Misty, la chica con la que tendría tres citas para probar que entre ellos la posibilidad de romance era nula, aunque el pensamiento de que no sería tan malo aprovechar los beneficios de ese experimento se coló imperceptiblemente en su mente.
Una vez que dejó atrás el estupor, se levantó de su asiento y se acercó ella, quien ya estaba a pocos pasos de distancia, con una galante marcha exhibida sólo ante las chicas con las que coqueteaba, haciendo uso de su característico porte al que pocas se podían resistir; metiéndose completamente en el papel que ambos aceptaron interpretar. Mientras la saludaba percibió una extraña sensación en la base de su estómago, la cual tuvo que ignorar, pues la chica hizo un coqueto comentario sobre su apariencia, que agradeció devolviéndoselo con uno un poco más seductor. Puso su brazo en un halagador gesto para que ella lo tomara y, una vez que lo hizo la guio hacía su auto, el cual abordaron para que Ash condujera al sitio donde sería su primera cita.
El restaurante elegido por el Maestro apareció ante su vista veinte minutos después de conducir, alzando sus cimientos en medio de un bello claro a orillas del bosque, rodeado de árboles y rosales que le hacían parecer una casita de cuento de hadas; al entrar el ambiente gritaba romance en cada esquina, con una iluminación de luces led y rosas decorando las mesas, era obvio que el sitio estaba diseñado para parejas, creado para brindar una sensación de confidencia entre los comensales. Ash nunca había ido ahí, sino fue recomendado por uno de sus amigos, y agradecía que lo hubiera hecho, ya que al conocer a Misty tan bien como lo hacía, supo que fue la elección perfecta para llevarla, pues era el epitome de lo romántica que llegaba a ser y el claro ejemplo de lo muy en serio que se estaba tomando su papel. El maître que los atendería los condujo a una mesa en la terraza, alejada de los demás comensales, donde podrían disfrutar de la maravillosa vista que el paisaje ofrecía sin interrupción alguna, con la luna reflejándose en el hermoso lago artificial que los rodeaba.
Ya instalados en sus asientos, la timidez que sintió Ash en el auto desapareció, instalándose en él un pequeño nerviosismo que disimuló con galantería, sin entender que esos nervios provenían de todo lo que estaba sintiendo en realidad y que no podía definir. Sin esperarlo, Ash se encontró disfrutando verdaderamente de la noche, ignorando cualquier pensamiento inquietante respecto al "experimento", en especial el fin de este, entregándose por completo a la experiencia de tener una autentica cita con Misty; desde el hecho de conversar temas que, con los años dejaron de tratar, descubriendo algunos aspectos de ella que creía ya conocer y que evidentemente no era así, hasta el punto de poner suma atención a aquellos gestos y ademanes que ella tenía muy marcados al expresarse y que tiempo atrás había dejado de notar.
La noche fue sumamente amena; ordenaron la especialidad del chef y bebieron un delicioso vino rosado para acompañar tan exquisita comida, disfrutaron la música a cargo de un magnífico cuarteto y apreciaron las estrellas que iluminaban el cielo nocturno; para cuando se percataron de la hora, faltaba media hora para las doce, hora en la que el restaurante cerraba, por lo que, satisfechos y felices, abandonaron el lugar. El camino de regreso al centro comercial fue tranquilo, lejano a esa incomodidad que los acompañó en su viaje de ida, continuando con el papel que desempeñaron a la perfección durante la cita. Al llegar al estacionamiento, Ash ayudó a Misty a bajar del asiento del copiloto y la acompañó hasta su auto, donde se despidió de ella con un pequeño beso en la mejilla, pidiéndole le informara en cuanto llegara a su hogar, y observando como ella desaparecía en el espacio vacío que los rodeaba.
Al desaparecer Misty de su vista, dio media vuelta y caminó a su carro, sin imaginar que la sonrisa en su rostro delataba lo que sus pensamientos no admitirían. Era la primera vez que la pasaba tan genial en una cita, más de lo que alguna vez la pasó en sus pasadas salidas, eso no quedaba en duda; pero, en él había una clara renuencia a aceptar ciertos fragmentos de la noche, como lo encantador que le resultó escuchar la risa de Misty, o notar lo valiosa y fuerte que era por haber cumplido sus metas, o advertir el brillo en sus ojos cuando contaba alguna de sus aventuras en el gimnasio, o voltear a admirarla cada que se excusaba para ir al sanitario, o simplemente lo mucho que le costó despedirse… Y, sobre todo, era claro que estaba renuente a ceder ante el presentimiento de que todo sería más peligroso de lo que en un principio pensó…
Segunda cita…
La segunda cita fue el sábado siguiente, ocasión en la que Misty decidió dónde se reunirían, planeando toda una tarde de visitas a museos y lugares importantes de su ciudad, un pasatiempo adquirido en los últimos años y que verdaderamente le apasionaba; citó a Ash a las once de la mañana en una cafetería en el centro de Celeste, para desayunar y de ahí cumplir el recorrido que trazó con mucho cuidado, mezclando sus gustos con los del joven para que los dos disfrutaran al máximo la experiencia y no se convirtiera en un mala cita, en la que uno no toma en cuenta los deseos del otro y sólo se satisface a sí mismo. Experiencia que vivió un par de veces a lo largo de sus relaciones.
Esa mañana, Misty amaneció ansiosa, como si alguien dentro de ella le gritara que lo mejor sería regresar a la cama y cancelar, cosa que por supuesto no iba a hacer, pues Ash podría malentender su fallo y, sí la primera opción que rondaría su mente le desagradaba, la segunda era peor; ya se imaginaba al chico molestándola sin descanso acerca de su cancelación, inquiriendo que se debía a que él era tan "encantador" que había caído enamorada de él en tan sólo una cena, y aunque se decía que eso distaba mucho de ser la verdad, no podría soportar que el ego del muchacho creciera sólo por su indisposición para salir de casa. No entendía por qué se sentía de esa manera, era sumamente ridículo, puesto que, estaba casi segura no tenía nada que ver con lo mucho que disfrutó la cita pasada, y sí con el hecho que estaban en medio de una guerra de egos, y regularmente ese tipo de guerra entre ellos, no acababa muy bien.
Pasó unos minutos peleándose consigo misma hasta que su despertador sonó, lo apagó y, en contra de todos sus instintos, se levantó de la cama para darse una ducha, arreglarse y no llegar tarde a su cita; por fortuna, ese día el sol salió temprano y no había nubes en el cielo que auguraran lluvia, lo que les facilitaría disfrutar del día, así que se vistió con un short negro, una playera blanca de tirantes y un ligero cárdigan gris que combinaba con sus tenis, cepilló su cabello y decidió dejarlo suelto, orgullosa de los caireles que se formaban en él desde que lo dejó crecer, su maquillaje fue muy sencillo, resaltando únicamente sus ojos, olvidándose por completo del esmerado arreglo al que se sometió la cena pasada, pues esta vez la salida ameritaba que se viera con más naturalidad, luciendo cómoda pero completamente agradable a la vista.
Al ser veinte para las once, salió de su casa y caminó a su auto, el cual llevaría no por la lejanía del sitio, sino para no llegar sudada al encuentro. Diez minutos después, estaba ya sentada en una pequeña cafetería, insignificante a lado de las cadenas cafeteras, pero tan hermosa y especial para ella, un sitio donde siempre encontraba la paz que necesitaba y que la protegía cuando quería escapar por completo del mundo. Antes de que Ash llegara, una mesera se acercó para anotar su pedido, y aprovechó pedir para los dos, pues sí conocía tan bien al chico como alardeaba, él pediría unos hotcakes con crema batida y arándanos acompañados de un moka frío y un plato de frutas con yogurt, ella por su parte se pidió un plato de claras de huevo revueltas, acompañadas de queso panela y rebanadas de aguacate, con un jugo de zanahoria y café americano para beber. Cuando el reloj marcó las once de la mañana, sintió que sus nervios aumentaban, atribuyéndoselos al hecho de que Ash pudiera dejarla plantada y ella quedara como tonta con toda esa comida a su alrededor, y no, al hecho de sentir de nuevo esos extraños sentimientos que vivió la noche pasada.
Cinco minutos pasaron cuando vio entrar al apresurado chico al recinto, fijándose en las mesas de la entrada si ella se encontraba ahí; quiso hacerlo sufrir un poco por su retardo, pero al ver en su cara una consternación que pocas veces externaba decidió que mejor le reclamaría directamente por la tardanza, así que alzó su mano esperando el chico la viera y cuando lo hizo, se acercó a ella con las manos en los bolsillos de su pantalón. Mientras caminaba en su dirección, Misty no dejó de notar lo guapo que se veía vestido de esa manera, con pantalón de mezclilla, camisa blanca arremangada hasta los codos y tenis blancos, viéndose casual y fresco, demostrando al igual que ella que no era necesario pasar las horas frente al espejo para destacar la belleza que los caracterizaba. Cuando Ash llegó a la mesa, tomó asiento enfrente de ella y se disculpó por la tardanza, atribuyéndosela a su clara falta de orientación y a lo poco que entendía el GPS.
Misty escuchó atenta su disculpa y tras un minuto de fingirse ofendida, dio por perdonado al muchacho, instante en que la mesera apareció con su orden para situarla frente a ellos; ella sonrió discretamente al notar en los ojos del muchacho el antojo que el platillo le provocó y soltó una ligera risa al verlo devorar sus hotcakes como si no hubiese comido en días, sintiéndose satisfecha y orgullosa de su decisión, era bastante obvio lo bien que lo conocía y eso aumentaba su ego, porque aunque muchas personas se pudieran jactar de conocerlo, nadie lo hacía tan bien como ella y sí había alguien más, ese era Brock. Por una hora y unos minutos más, estuvieron en esa cafetería degustando su desayuno, acompañándolo con suave música de fondo y una plática placentera, que de nuevo los guio por sentimientos e ideas que no habían dicho en voz alta, encontrándose más cómodos, dejándose fluir, sin quebrarse la cabeza entre si todo era para obtener una respuesta o si se equivocaban en buscarla.
Tras pagar la cuenta, salieron del local y con la brisa del mediodía comenzaron su recorrido. Misty fue su guía de turistas por al menos la mitad de su ciudad, enseñándole sus lugares favoritos, desde el museo de arte digital hasta el museo de la fundación de Ciudad Celeste donde se explicaba por qué el gimnasio de la misma era de Pokémon acuáticos, exposición que Misty se sabía a la perfección, tanto que no se dio cuenta que así como las pantallas relataban la historia, ella lo hacía en voz baja, sólo para oídos del muchacho, perdida entre su fascinación por el lugar sin notar que conforme caminaban, ella se acercaba al chico quedando hombro a hombro y por momentos entrelazando las manos, a veces para hacerlo caminar más rápido y otras para apretarlas cuando la exaltación acudía a ella.
Pocas eran las veces en las que Misty se perdía a sí misma en sus pasiones, y sólo una persona la había visto de esa manera, un ex novio del pasado que había hecho bien en convertirse en ex, pero con Ash siempre había sido fácil ser ella sin ningún tapujo, sin sentirse tonta por mostrarse tal cual era, aunque muchas veces tenía que controlarse, porque antes de ese año fueron muy pocas las veces que salían solos y ella no tenía ninguna necesidad de que los demás ahondaran en todos los matices de su personalidad, y si bien las trece cenas anteriores a esas citas habían sido magnificas, en ella quedaba aún ese control sobre sí para no explayarse más allá de la compostura e imagen que su reputación había formado. Por eso, compartir con él ese momento, le resultó tan satisfactorio, en especial al notar que él verdaderamente estaba interesado en el tema y la escuchaba con tal benevolencia que, sin ponerle nombre, supo por qué despertó ansiosa y con los nervios en punta; pero tenía que acabar el recorrido, ya en la oscuridad de su cuarto desentrañaría todo lo que había pasado y todo lo que estaba sintiendo.
Su recorrido terminó a las seis de la tarde, durando siete horas que se sintieron como minutos, todo había salido de maravilla, el tour que Misty hizo se completó, desayunaron delicioso y comieron en un carrito de hot-dogs; empero, los últimos minutos de trayecto hacía sus autos, fueron eternos para Misty, pues los nervios regresaron a ella y con más fuerza, consciente de lo mucho que podría cambiar su relación sí al analizar todo llegara a la conclusión que no quería llegar. No obstante, cuando Ash se despidió de ella con un beso en la mejilla, toda su resolución de análisis desapareció, ya que su mente se volvió renuente a admitir que imaginó lo que hubiera sido que Ash besara sus labios y no su mejilla.
Tercera cita…Pospuesta…
Ash y Misty acordaron verse el sábado siguiente para terminar, "por fin", con todo ese asunto de las citas, sin embargo, una inesperada invitación de Max para cenar dicho día les arruinó el plan, puesto que al ser una cena cortesía para ellos por todas esas veces que los dejó plantados y, dado que todos confirmaron su asistencia, se verían muy mal rechazando la invitación. Así que, un poco aliviados y algo decepcionados por tener que posponer su última cita, concluyeron que lo mejor sería reunirse el fin de semana próximo, argumentando que les vendría bien esa cena para ponerse al día con sus amigos, olvidarse por un momento de todo ese teatro que habían montado y, aunque ninguno lo expreso con claridad, para poner a prueba su relación, confirmar que nada cambió y sí algo lo había hecho, qué era y a qué magnitud.
Fuese casualidad o causalidad, esa noche ambos llegaron con unos minutos de adelanto, encontrándose de nuevo solos en una mesa a la espera de alguien más, sólo que esa ocasión el ambiente no se sentía igual a lo que había sido pasadas noches; un extraño silencio se cernía sobre ellos, uno que no era del todo desagradable pero tampoco confortable, era como una especie de limbo en el que sabían y no que decir o hacer, flotando en una bruma de suspenso, pues su interacción era torpe y desconcertante, en la que ni palabras amigas ni frases galantes dieron paso al equilibrio, conviviendo en el punto exacto donde se mezcla lo que fue, lo que estaba siendo y lo que ellos creían no debía ser. Mas, haciendo honor a su personalidad y orgullo, ambos hicieron caso omiso de su situación y dejaron pasar esa extraña sensación que indicaba que su sólida amistad, no era tan sólida como afirmaban.
Afortunadamente para ellos, pocos minutos después de su llegada, los demás fueron arribaron al lugar, excusándose por su pequeño retraso y saludándolos con la efusividad que merece tanto tiempo sin verse. Una vez que todos los invitados se hicieron presentes, inició una noche encantadora, que seguramente compensaría, sino las cenas pasadas, al menos la última. Por mucho que se comunicaran a través de mensajes o llamadas en el transcurso de ese año, nada igualaría la sensación de relatar sus aventuras y anécdotas frente a ese grupo de amigos que habían estado en cada paso de la vida, quienes más te conocían, los que no juzgan y te guían; nada era más satisfactorio que darse cuenta de que ni la distancia ni el tiempo podía mermar el sentimiento que los unía y que, a pesar de madurar, la sustancia de su relación seguía intacta… El único problema fue que, esa noche en particular, la esencia entre ellos había cambiado y, aunque no todos lo notaron, para Brock era más que obvio que algo estaba pasando.
En las cinco horas que pasaron dentro del restaurante entre pláticas, comidas y bebidas, Brock notó que la interacción de Misty y Ash era un poco más íntima y compleja, lo que en principio atribuyó al hecho de que fueron ellos los únicos que se frecuentaron en ese tiempo, sin embargo, al momento de pagar la cuenta, un suceso lo dejó muy desconcertado y suspicaz, pues cuando todos sacaron sus bolsas y carteras para dejar la parte del dinero que les correspondía, advirtió que Ash no dejó pagar a Misty, sino que él se atribuyó el gasto de los dos, y sí eso era inusual en el maestro hasta para con sus citas, lo era mucho más para con su amiga. A partir de ello, y dado que decidieron continuar la velada en un karaoke cercano, se dedicó a observarlos, ya que estaba seguro algo en ellos era tan diferente a lo que fue un año atrás, pero tan similar a lo que había sido cuando fueron niños o adolescentes, a eso que él observó desde sus diez años y que muchas veces se convenció fue producto de su imaginación.
Poca gente tiene el don de observar, de ser crítica y analítica de su entorno, e incluso menos gente posee la sensatez de callar ante lo observado; afortunadamente para la pareja en cuestión, sus amigos no eran muy observadores y él único que lo era, había aprendido que no debía hablar de sus especulaciones hasta ser hechos, pues sabía bien que una insinuación suya podía hacerlos retroceder más de lo que alguna vez avanzarían, sobre todo considerando que en ese preciso instante no tenía ni la menor idea de lo que estaba pasando entre esos dos, ya que por momentos parecían incómodos con su cercanía, pero por otros parecía que sus manos y, en especial sus ojos, tenían urgencia por encontrarse y no dejarse ir.
Así que, con el pasar de la noche, observó discretamente cada interacción que surgía entre la líder y el maestro, esperando encontrar algún indicio que aclarara su mente con respecto a su actitud, cualquier cosa que exteriorizara lo que estaba sucediendo con ellos, porque de la misma forma en que llegaba un sarcástico comentario o burla por parte de alguno de los dos, surgía un pequeño contacto que hacía sus rostros se iluminaran o un cumplido que dejaba sus mejillas sonrojadas; no obstante, un detalle le hizo abrir los ojos, un pequeño gesto que Ash tuvo con la pelirroja al oír una vieja canción que ella amaba. La canción comenzó a sonar y, por reflejo, Misty volteó a ver a Ash, sus ojos brillaban con luz propia y su boca formaba una pequeña "o", hasta que, junto con el vocalista comenzó a cantar a todo pulmón; al oírla, Ash sonrió como si estuviera en presencia de HO-OH y, sin meditar su reacción, rodeó la cintura de la pelirroja y puso la cabeza sobre su hombro.
Fue un solo instante, pero la forma en la que Ash la vio, la abrazó, olió su cabello y ella lo aceptó con gusto y familiaridad, completó el rompecabezas que rondaba en su cabeza. Por fin, sus amigos mostraban parte de los sentimientos que por años negaron y hasta rechazaron, arriesgándose a un trato más acorde a lo que su corazón siempre había ocultado y, aunque no entendía el cómo llegaron a ese nivel en su relación, podía señalar el por qué… Porque el tiempo hace que las emociones reprimidas salgan a flote, porque las dudas e inseguridades se esfuman para convertirse en decisiones, porque la vida enseña que una zona de confort es sólo eso y que siempre se tiene que dar paso a nuevas experiencias… Que la vida es demasiado corta, como para no experimentar.
Sin percatarse del constante escrutinio de Brock, Ash y Misty disfrutaron la noche de una manera diferente a lo que esperaron, tomando en cuenta lo extraña que había sido a su llegada, y poco se le podía atribuir al alcohol, ya que, en un instinto de preservación ambos habían dejado de tomar las mismas cantidades que sus amigos, pues no querían un descuido que los hiciera decir o hacer algo que pusiera su relación en una encrucijada más. Quizás al principio, el dilema en el que se encontraban los hizo actuar como si apenas pudieran compartir un espacio, pero con el correr de las horas, la lejanía que trataron de imponerse se fue rompiendo, ya que, como imanes con cada acción que alguno llegara a realizar, el cuerpo del otro se empeñaba en seguirle hasta que sus ojos se pudieran hallar.
Por lo que, al final de la noche ya no les importó que todo mundo notara que, si bien su relación todavía era de una fuerte amistad, había más soltura en su trato, más intimidad y mucha más calidez, ya que por mucho que siguieran rechazando la existencia de una situación romántica ¿Qué había de malo es ser más abiertos, menos mesurados y más amables el uno con él otro? Nada; no tenía nada de malo asumir, a su edad, que podían estar y ser sin temor a que los demás juzgaran su relación, una que ya no era la misma, por más que negaran a creerlo, que batallaran por mantener muy en el fondo de ellos esos indicios y resquicios de la verdad, una que se encontraba adormilada, que realmente no embonaba en sus mentes, pero que estaba ahí y salía a relucir cada que sus miradas se cruzaban.
Sin embargo, para aquel observador, su amigo, su mejor amigo… No pasó desapercibido que esa noche, ese pequeño algo que los dos trataban de contener hizo clic en sus cabezas, pues cuando él y Ash fueron a acompañar a Misty a su auto, y este último le dio un beso a la chica muy cerca de la comisura de su labio, el rubor se apoderó de sus rostros, los cuales ocultaron con una rápida despedida y que, una vez que ella abordó el vehículo, notó a través de su reflejo que ella tocó esa zona en una suave caricia, cerró los ojos y sólo suspiro, mientras que Ash sólo metió las manos a su bolsillo, bajo la cabeza moviéndola de un lado a otro en un gesto negativo y sonrió con resignación, empezando el camino de regreso a su auto.
Tercera Cita… Fin del experimento.
El reloj marcó las seis de la tarde cuando Ash vio a lo lejos unos faros dirigirse en su dirección, por lo que apagó la radio y salió de su vehículo; una vez abajo, alisó su camisa y caminó unos cuantos metros hacía el pequeño picnic que preparó para la ocasión. Conforme avanzaba por la estrecha senda que recorría el prado, sintió como el temblor de sus piernas aumentaba y como su respiración se volvía más errática, consecuencia del nerviosismo que sentía por la velada. Una semana pasó de aquella cena con sus amigos, en la cual no pensó más que en todo lo descubierto desde el inicio de su pequeño experimento, algo que lo llevó a cambiar sus planes respecto a esa tercera cita que tuvieron que posponer.
En principio, pensó llevar a Misty a un elegante y caro club en Ciudad Azulona, cenar una rica variedad de pescados y mariscos, beber algo de vino, bailar un poco y ya entrada la noche, salir a caminar por las iluminadas calles para despejarse del opulente ambiente del lugar, platicar de lo superficial que podía ser la gente y después reírse por haber hecho lo mismo. Y poco antes de terminar la noche, dar sus impresiones de las citas vividas, donde ambos dirían que, si bien las habían disfrutado mucho, eso no era para ellos, que por más que lo intentaran su amistad era algo que los demás jamás entenderían y, que por fin tenían todos los elementos para negar entre ellos cualquier intención romántica… Sólo eran amigos, mejores amigos. Así que, darían por terminado su experimento y se despedirían con un abrazo como siempre lo hicieron, alejándose en sus respectivos autos a la espera de su siguiente reunión.
Sin embargo, cuando regresó a casa el aquel sábado supo que, aunque la cita podría ser la misma, la plática que tendrían distaría mucho del escenario que su mente planteó y, no sería oportuno un lugar como ese para tratar tan delicado tema. Cuando establecieron las bases de su experimento, estipularon que lo más importante era su amistad y que hablarían sin tapujos de cualquier cosa que pudiera perjudicarla… Y esa noche no tuvo más remedio que aceptar que, ya no podía tratar a Misty con la misma naturalidad que hacía casi veinte años, que esa cosa de que eran sólo amigos estaba lejos de ser real. Que siempre fue tan renuente en aceptar, o siquiera pensar que, albergaba sentimientos más intensos por ella de los que siempre demostró. Y eso, en definitiva, podría ser un tema que afectaría su amistad, por lo que se dispuso a crear la mejor cita de todas las que podrían tener con alguien más y decirle lo que sentía… Si ella sentía lo mismo, trabajarían sobre la marcha y, si no, bueno, estaba seguro de que podrían superarlo… Él tenía que superarlo.
Así que, los días siguientes se dedicó a buscar el sitio adecuado para tan anhelada cita, sin que ningún buen escenario se le viniera a la mente, hasta que el jueves, día en que le tenía que confirmar a Misty el lugar y hora de la cita, tomó una curva equivocada en el camino que lo llevaba al pueblo contiguo, perdiéndose en los adentros del bosque; sin embargo, y para su sorpresa, dicha desviación lo llevó directamente a la cascada donde conoció a la chica, aquel lejano día en que inició su aventura, pintándose frente a él como el paisaje perfecto para llevar a cabo la escueta declaración que imaginaba día con día. Por lo que, una vez que tanteó el terreno, agarró su celular y tomó una fotografía a la cascada, que envió a Misty junto con la ubicación y un breve mensaje de tres palabras… "A las seis".
Ash esperó cinco minutos a que la respuesta de Misty llegará, mas, al ver que el tiempo transcurría sin tener un mensaje de vuelta, soltó un suspiro y subió a su auto dispuesto a continuar las tareas que tenía programadas para el día. Trató de mantener su mente ocupada en sus obligaciones, pero con el pasar de las horas su ansiedad aumentó sobre manera ya que seguía sin obtener respuesta, siquiera un dedo con el pulgar arriba, sugestionándose ante el amargo pensamiento de que ella rechazaría verlo en ese lugar o incluso de que podría cancelar, hasta que, pasadas las ocho de la noche, recibió un frío mensaje que solo ponía "Está bien, te veo a las seis". La cortante respuesta lo hizo sentir un poco inseguro de su plan, empero, decidió hacer caso omiso del nudo que se le formó en la boca del estómago y se concentró en estructurar todas las ideas que se formaron en su cabeza para crear la cita perfecta.
Por ello, y llegado el día, pasó parte de la mañana decorando el prado con lo necesario para hacer especial la velada, con velas, mantas, una pantalla portátil y un pequeño proyector que reproduciría la película favorita de Misty. En la tarde, dedicó su tiempo a preparar una pequeña cena acorde al ambiente que fabricó y dos horas antes de las seis se metió a bañar, tardándose un poco más de lo normal por estar frente al espejo practicando y perfeccionando su discurso, sintiéndose ridículo ante su fallido intento de galantería; al salir de la ducha, tomó unos jeans de mezclilla clara, una camisa negra y unos tenis, acomodó su cabello como solía hacerlo a sus diez años, sin embargo, al verse ante el espejo completo sintió que algo faltaba para perfeccionar su atuendo, por lo que volteó a ver su clóset abierto y como si esperara que lo usarán estaba aquel chaleco que lo acompañó en sus primeros viajes, así que lo tomó, se lo puso y, aunque le quedaba chico de los hombros, supo que era lo que necesitaba para poner fin a su arreglo.
Una vez que abandonó su habitación, bajó las escaleras y agarró de la cocina la canasta de picnic que preparó, junto con dos copas y una botella de vino, el que siempre pedían para cenar y las llaves de su auto. Se despidió de Pikachu y subió a su auto, conduciendo camino a lo que podría ser la mejor o peor noche de su vida. Llegó cinco minutos antes de lo esperado y sólo aguardó ahí, con las manos sudorosas y el corazón latiéndole al mil, sintiendo una creciente oleada de ansiedad que le cortó en esporádicos segundos la respiración. Pero todo eso mejoró y empeoró cuando Misty llegó; una vez que Ash bajó del auto, caminó por la estrecha senda y se detuvo, con las manos en los bolsillos, a un lado de la manta que colocó, esperando impacientemente que la chica del auto rojo decidiera bajar y caminar los pocos metros que lo separaban de lo que podría ser su última cita… O la tercera de muchas más.
Dos minutos pasaron de que Misty llegó, sin embargo, la chica apagó el auto sin atreverse a descender, sintiendo una violenta ráfaga de miedo propagarse por su cuerpo al ver tan romántico escenario. Mas, solo bastaron unos segundos para que ese miedo se convirtiera en rabia y después en una profunda tristeza. Contemplar dicho prado, iluminado de docenas de velas, fue un duro golpe para su corazón, pues estaba ante su idea de una cita perfecta, viviéndola con el chico del que estuvo enamorada por tantos años y por el que seguía enamorada, aunque por bastantes años, lo negara ante sí misma. Y esa imagen frente a sus ojos, le recordó aquel momento en que su mejor amigo le rompió el corazón por primera vez… Afortunadamente, esa vez salió adelante y superó la decepción, conformándose con una amistad que el tiempo hizo sólida como una roca, pero, así como estaba segura de que el sol se pondría en unos minutos, sabía que, si él volvía a romperle el corazón, jamás lo superaría… No era tan fuerte.
Cuando recibió el mensaje de Ash confirmándole el lugar de la cita, sintió que su mundo se ponía de cabeza y no supo que contestarle, pues no imaginaba que pasaría por la mente del chico para acabar tal experimento en un sitio tan significativo para ellos; ese mensaje se sintió como una confirmación de que algo cambiaría y sí rememoraba el pasado, sabía que las cosas muy seguramente cambiarían para mal, al menos para ella, claro estaba. Sin embargo, un par de horas con la mente ocupada hicieron que tomara las cosas con una perspectiva diferente, y llegó a la resolución de que disfrutaría esa tercera cita, porque ya no se callaría, al terminar le diría sus sentimientos a Ash y se alejaría para siempre de su vida… Para empezar a olvidarlo de nuevo.
Así que, con eso en mente, tomó aire hasta llenar sus pulmones y despegó las manos del volante dispuesta a bajar del auto, empero, al tratar de abrir la puerta sintió cómo esta abrió desde fuera, topándose con Ash quien extendía su mano para ayudarla a bajar; agarró la mano del chico y, por fin bajó, dejando atrás los malos sentimientos y reconociendo que él ponía bastante de su parte para que la experiencia fuera memorable, fuera cual fuera el resultado, aunque ella supiera cuál sería. Dejó que la piel del chico rozara con la suya y ante el contacto sintió un hormigueo que se intensificó cuando se percató que él sostenía fuertemente su mano mientras la guiaba al mantel cuadriculado, sin dejar de hablar de lo bonito que se veía el atardecer y lo bien que ella lucía con su vestido rojo, floreado y de estilo cincuentero.
Una vez que tomaron asiento en el suelo, Ash tomó la botella de vino que descansaba en la hielera y vertió su contenido en cada una de ellas, brindando por tan especial ocasión. Mientras bebían, Ash no pudo evitar alzar la mirada y observar como la chica sorbía un pequeño trago con la mirada perdida en el horizonte, dejando ver que su mente no se encontraba exactamente donde se estaba su cuerpo; nervioso por lo que leía en los ojos de la chica, soltó un suspiro que atrajo la atención de la pelirroja, quien volteó en el acto, mirándole con una intensidad que le erizó el vello de los brazos, pues parecía que sus hermosos ojos aguamarina trataban decirle algo que el silencio ocultaba en el ambiente. No obstante, la noche ni siquiera había comenzado, por lo que dejaría las cosas fluyeran con la naturalidad que siempre caracterizó a su relación, hasta llegar al punto en que pudiera abrirse sin reparo alguno a ella.
Por lo que, sacudió de su cabeza el sentido de alerta que se apoderaba poco a poco de su sentido común y comenzó a ser él. Primero, le sirvió otro trago de vino y llenó su plato de toda la comida que con tanto esfuerzo preparó, narrándole cada uno de los infortunios que sufrió su cocina al recrear tan exquisitas recetas que Brock, no sin cierta curiosidad, le proporcionó. Al contar sus anécdotas culinarias, sus manos y rostro se contorsionaron de tal manera que la chica sólo pudo tragar con rapidez su vino para evitar ahogarse con él, debido a la risa que el chico le causaba, rompiendo por completo la pesadez e incomodidad que con fuerza se quería instalar entre ellos. De esa manera, entre risas y discretos coqueteos comieron sin preocuparse del paso del tiempo, ya fuera para mirar hacia atrás, en donde ella afrontó un rechazó o hacia delante, donde él podría sufrirlo.
Al acabar sus alimentos, Ash recogió los platos y los puso en la cesta, de la cual sacó un mix de las frituras favoritas de ambos, y las puso en medio de ellos, para que las disfrutaran mientras veían la película que con tanto esmero eligió. Se levantó, prendió el proyector y en cuestión de segundos, en completo silencio, regresó a lado de la chica para disfrutar del segundo paso de su velada. Menos de un minuto faltó para que Misty reconociera cuál fue la selección cinematográfica que Ash preparó para la noche y no evitó que una lágrima de felicidad rodara por su mejilla al descubrir que el chico si le prestaba atención cada que ella platicaba de sus gustos y pasatiempos, lo que muy pocos chicos se esforzaron en hacer una vez que aceptaba salir con ellos, pero era obvio que con Ash era diferente, con Ash todo siempre era distinto, en el buen sentido de la palabra. Discretamente limpió su mejilla y centró su vista en la pantalla, dejando que las escenas que, de memoria, se sabía inundaran sus pupilas, sin darse cuenta, que a la par que ella disfrutaba de lo proyectado, Ash saboreaba cada instante en que su rostro cambiaba de expresión.
Ash prestó poca atención a la película hasta que una particular escena lo trajo de vuelta a su presente. En la pantalla, dos chicos discutían sobre lo desafortunados que habían sido por no enamorarse al mismo tiempo, pues mientras ella le confesaba que siempre estuvo enamorada de él, él también admitía que siempre la amó, pero que el miedo le impidió avanzar y en ese instante, para ellos ya era demasiado tarde, pues él estaba a punto de casarse, y ella no arruinaría la vida de alguien más. Después de eso, Ash no quitó los ojos de la proyección, sintiéndose atrapado con ella y bastante afligido, ya que se identificó con el protagonista, dejando pasar mucho tiempo antes de aceptar su realidad, sin embargo, un curioso pensamiento cruzó por su cabeza, uno que lo hizo observar a la chica con cuidado y preguntarse sí ella amaba esa película por alguna razón en especial… Si es que acaso fuese probable que ella albergó sentimientos hacía un amigo… Si era posible que hayan sido hacía él…
En un impulso, y sin dejar de mirar la proyección, se acercó a ella y rodeó sus hombros con un brazo, atrayéndola a él; ella no puso resistencia y acomodó su cabeza entre el hombro y el brazo de Ash, y ante ese contacto, una descarga eléctrica sacudió el cuerpo del chico y el mundo de pronto, se llenó de color. Todo, desde la primera sonrisa que ella le dedicó al conocerse hasta la última vez que lo miró segundos atrás cobrasen sentido… Ese juego, ese experimento, lo empujó a entender lo que pasó entre ellos desde su infancia, dándose cuenta de que esa renuencia a admitir lo que sentía llevaba años manifestándose con el único objetivo de no ser vulnerable ante ella, mientras para ella, quizás fue una prueba que le confirmaría si su renuencia consistió en no admitir que aún sentía algo por él.
Cuando la película finalizó, Misty se alejó de Ash y se puso de pie, estirando sus músculos engarrotados por tantas horas en el suelo, pero al apartarse del chico, un sentimiento de añoranza se instaló en su pecho, como si le hubieran quitado un miembro de su cuerpo o una parte de su corazón, haciendo que la decisión de apartarse se tambaleara en su cabeza, cuestionándose si lo que planeaba hacer era lo correcto. Por su parte, Ash se sintió exactamente igual, algo en él le reclamaba que la dejara ir y sin pensarlo, se levantó tras ella, se le acercó hasta tomar su mano de nuevo y la atrajo hacía él hasta rodearla entre sus brazos en un cálido abrazo, con la música de los créditos de fondo completando la tierna escena. Un abrazo que a los dos los llevó a un remolino de sentimientos que viajaban entre el nerviosismo y la felicidad, un gesto que desvaneció cualquier pensamiento racional de sus mentes y los dejó solo con el deseo de su corazón.
Así que, sin detenerse a analizar las cosas, poco a poco sus rostros se fueron acercando hasta quedar a milímetros de distancia, en donde un pequeño movimiento uniría por primera vez sus labios tras todos esos años de ser compañeros, amigos, confidentes y las personas más importantes en sus respectivas vidas, empero, el celular de Misty comenzó a sonar terminando con el romántico ambiente. Con las mejillas sonrojadas, ambos se alejaron y Misty atendió el mensaje que le llegó, el mismo que su amiga le enviaría para "rescatarla" de la situación; con la vergüenza dibujada en sus ojos, se disculpó con Ash por la interrupción, fingiendo que lo pasado era solo producto de su imaginación. Guardó su teléfono y con pesadumbre le comentó al chico que era su momento de partir, pues si se quedaba, la ya de por sí poca determinación que le quedaba, iba a desaparecer.
Perplejo, Ash lo único que hizo fue asentir, sin que ninguna palabra saliera de su boca, quedándose mudo en el peor de los momentos. No obstante, en segundos su mente procesó todo lo pasado y antes de que la chica subiera a su auto, la alcanzó corriendo, la tomó de la cintura y la giró en su dirección. No le importó que su tacto se sintiera rudo o desesperado, y seguramente en otra circunstancia se hubiera arrepentido por no pedir su autorización, pero era vital para él que ella lo supiera y qué mejor manera de hacerlo que a través de un beso. Al tenerla atrapada entre su cuerpo, quitó sus manos de la cintura de Misty y las colocó a lado de sus mejillas, para atraerlo y sin duda alguna, juntó sus labios en un casto beso, que duró apenas unos segundos, mismos que le supieron a gloria.
Una vez que sus labios dejaron de tocarse, alejó un poco el rostro y pegó su frente a la de la chica, en una simple caricia que, así como comenzó, terminó, pues Misty sorprendida por la acción del chico y envalentonada por la misma, regresó sus labios a los de Ash y ese beso, de casto no tenía nada, pues la urgencia de demostrar sus sentimientos se coló fuertemente en su actuar, y todo sentido común se desvaneció de su mente. Ash la besó y ella a él, era todo lo que necesitaba, todo lo que siempre necesitó. Una vez que ese segundo beso acabó, de la boca de Ash emergieron cientos de palabras que Misty no entendió por la rapidez en que fluían, así que puso su dedo índice en la boca del chico y con un suave "shh" lo silenció, mirándole directamente a los ojos y sonrió, diciéndole con la mirada que se calmará y volviera a empezar su discurso.
Ash así lo hizo, tomó una profunda bocanada de aire y comenzó su soliloquio, explicándole todas y cada una de las contrariedades que entendió de su relación gracias a ese experimento que planteó, le contó como desde la primera cita algo dentro de él despertó, algo que sólo había escuchado o visto en películas, el sentimiento de vivir una propia comedia romántica; como en la segunda cita los nervios lo traicionaban cada que ella se le acercaba, renuente a admitir que con cada roce involuntario o con cada mirada, las ganas de tomar su mano aumentaban y, como en ese momento las cosas se volvían más felices, más alegres… Que, aunque no lo planeó de esa manera, estaba extasiado con el resultado… Que, en realidad, su idea era declarársele al terminar la película, pero que, de esa manera, fue mucho mejor, porque ella lo besó haciéndole ver que no rechazaría su proposición.
Cada palabra que Ash dijo, logró que el corazón de Misty se regodeara y finalmente se permitiera aceptar lo que por años calló, sin importarle lo débil que su mente se sentía por dejarse llevar. Todo lo que Ash decía, fue lo que quiso escuchar, por lo que una vez que él terminó su discurso, ella sólo mencionó que las reglas de las citas dictaban que la tercera cita era la indicada para dar el primer beso y descubrir si habría más y que, por su parte, ella estaba ansiosa por saber dónde la llevaría para su cuarta cita. Ash sonrió embobado y contestó que le tocaba a ella escoger, aunque iría a cualquier parte, siempre que fueran juntos; tras decirlo, se calló por un instante y no volvió a hablar, pues ocupó su boca en acariciar los labios de la chica una y otra vez, renuente a abandonar su dulce sabor, renuente a dejar que esas caricias terminaran y despertara para descubrir que todo era un sueño. Renuente a dejar los labios de la chica, a la que nunca se imaginó besando y que, en ese instante, no se imaginaba no tenerla atrapada entre su cuerpo y el auto rojo de su ahora cuñada.
Les dije que este me había quedado muy largo, pero espero les haya gustado mucho. Este fue el shot con el que me bloqueé la vez pasada, y la verdad me tomó mucho tiempo hilarlo con los párrafos que ya había escrito, así que puede que se note un poco el cambio de estilo, lo lamento por eso. Sin embargo, no me queda más que agradecerles todo el apoyo que me han dado. Y los que han dejado review, muchas gracias! En cuanto acabe las actualizaciones, les prometo que les estaré respondiendo.
Hasta ahorita, he subido el capítulo 15, 16, 17 y con este sería el 18, esperemos podamos llegar al 21, pongamos chonguitos.
¡Sin más, disfruten mucho de sus días!
