La viuda negra

—Aquí está su trago, señor.

—Gracias.

Tomó despacio la copa por los costados, mientras la flama sobre la superficie se iba apagando. La sopló levemente y gustó la bebida levemente entre sus labios. Perfecta. Cruzó entonces las piernas y se recostó en el gran sillón, acomodando la cadena de su cuello.

Era lo maravilloso tener amigos que te debían algún favor; sobre todo si se trataba del dueño de Hell 's Door, ya que podías acceder al VIP del club y cerrarlo para tí sólo, alejados de la muchedumbre sudorosa de la pista o de las preguntas y miradas de mal que provocaba el alcohol en altas horas de la madrugada. Aunque el lugar parecía algo extravagante — sobre todo con la insignia de la puerta del pasaje del Dante en el arco de la entrada —, era sin duda su rincón favorito en la ciudad. Especialmente cuando se trataba de trabajo, o placer.

Aunque, en esa ocasión, sería ambas cosas.

Luego de unos sorbos y de disfrutar la tranquilidad del paisaje por sobre la pista tras un gran vidrio, y el aislamiento de la ruidosa música, alguien se acercó a espaldas del único habitante.

—¿Qué quieres? — preguntó sin voltear, extendiendo sus brazos a lo largo del sillón en el que estaba — Dije explícitamente que quiero estar sólo.

—Lo siento señor, pero me informaron que tiene visitas. Un hombre preguntó por usted.

Hubo un silencio largo de repente.

—¿Alto, cabello largo y voz grave?

—Er... sí.

—Denle un trago y que suba. Luego cierren las puertas.

No hubo una mirada o un agradecimiento por aquello. Era lisa y llanamente una orden.

Cuando el guardia de seguridad se fue, el hombre se puso de pie y agarró su chaqueta, tirada en un rincón. Sacó una cartuchera de cuero blanco que se cruzó en el pecho con su arma cargada de costado, apoyándose con cuidado para volver a la posición inicial en el sillón.

La vanidad ante todo.

—... Hades, ¿estás aquí?

—En el fondo — se escuchó de pronto.

La penumbra rojiza que inundaba inclusive la zona VIP hacía difícil de dilucidar nada, hasta que los ojos se acostumbraban. El recién llegado se acercó con un trago en mano y con un andar sereno; en tanto el otro se puso de pie y volteó a verlo, con una sonrisa suave y los brazos abiertos.

—Saga, ¿cuánto tiempo ha pasado?

—Demasiado.

Se estrecharon las manos con cortés diplomacia, y el primero le invitó a sentarse a su lado, de cara a la vista que tenían de todo el lugar. El recién llegado alzó las cejas y bebió un poco, mirando alrededor.

—¿Hay alguien más?

—Solos tú y yo, y este bello lugar — dijo el otro con burla, acomodándose el cabello — . No puedes decirme que no te llevo a sitios interesantes.

—Ja, pensé que iría a una cueva o algo así — lo miró divertido — . Siempre te escondes de los seres vivos.

—Oi, cuánta agresión, ¿tuviste un mal día?

—¿Quién eres, mi esposa?

—Para eso haría falta que alguien te quiera.

Saga chasqueó la lengua divertido pero elevó el trago, dando por perdida la partida verbal. No habían sido muchas las ocasiones en las cuales se había cruzado con el llamado Hades — semejante sobrenombre, le hablaba del tamaño de su ego si se creía un dios — ; y mucho menos trabajando con él directamente. Pero tenía buena fama en el mundo criminal y jamás pasaba desapercibido, a pesar de no ostentar demasiado.

Lo que sí sabía es que donde estaba él, la paga era más que buena o había siempre una gran recompensa, pues era de esos mercenarios que se habían vuelto precisos y muy demandantes en su exclusividad, resultado de sus extraordinarias habilidades. No era casual que vistiera terciopelo francés ni pantalones italianos, después de todo.

—Tengo un cliente excelente para ofrecerle un servicio por largo tiempo — comenzó Hades, poniéndose más serio y sentándose mejor — . Pero sus enemigos no pueden ser eliminados solamente con la fuerza; necesito dejarlos expuestos para que sea rápido, y ahí es donde entras — lo miró con atención — . ¿Sigues en servicio, cierto?

—No estaría aquí de no estar activo, Hades — le aclaró el otro — . Sólo viajo hasta tan lejos por negocios.

Hubo una cierta decepción en el rostro ajeno, pero sonrió apenas y se concentró un segundo en la camisa de seda ajena y las rayas blancas del pantalón.

—Perfecto.

Le contó todos los pormenores del trato; el cronograma y los riesgos punibles, como siempre que se hacía ese tipo de trabajo. Una vez resueltas todas las preguntas de uno y otro lado, el cariz de la conversación cambió.

—Sólo una cosa más. Este trago que me sirvieron parecía de niña, ¿puedo pedir algo de hombres?

—No te lo traeré, ve y traelos tú.

—Te lo agradezco.

Saga se acomodó el cabello y se puso de pie, estirándose los puños de la camisa con distracción mientras iba hacia una de las mesas que estaban en la esquina de la habitación, apenas iluminada. Sacó del estante de la cristalería el mejor whiskey que encontró, y sirvió con rapidez dos vasos con una medida pequeña, llenándolo de hielo.

On the rocks? — preguntó Hades de espaldas, esperándolo sentado — ¿Es lo único que sabes hacer?

—Es lo único que tomo, no pruebo cosas de adolescentes. — Saga miró para otro lado cuando el hombre alzó las cejas con sarcasmo.

—Dejaré pasar el comentario porque estoy de buen humor hoy.

—Como quieras.

Volteó y regresó con los vasos, poniendo uno al lado del otro. Chocó levemente el borde del suyo, proponiendo un brindis.

—Por nuestro trato — susurró, y bebió mirándolo fijamente. Hades miró su vaso con una extraña expresión de complacencia y lo tomó de una sentada, sin dejarlo de mirar tampoco — . Espero que empiece lo antes posible.

—Lo hará, no te preocupes — le aseguró el otro, acomodando la cartuchera con el arma en ella — . Ahora dediquémonos a relajarnos un poco. ¿Quieres fumar?

—No estaría mal.

Hades sacó una cigarrera pequeña de su bolsillo, junto con un encendedor de oro, ofreciéndo los cigarros de tabaco fino, hechos a mano. Saga tomó uno de ellos y se acercó a que el otro lo encendiera. El azul zafiro de sus ojos se reflejó en llamarada bajo la fugaz penumbra, mostrando el rostro en completa luminiscencia un segundo, para el secreto deleite ajeno.

Cuando Saga retrocedió tras la primera pitada, extendió sus brazos a lo ancho del sillón y cruzó las piernas, con un aparente gesto indiferente. En efecto, la charla entre ellos era escueta, pero claramente trivial. No hablaban de grandes cosas más que los tipos de camisas que solían usarse en la etiqueta de los bajos mundos, y que significaba la presencia en todos ellos.

—El rojo punzó muestra poder.

—Pero el morado obispo define quién manda.

—Creí que ese era el verde.

—Depende en qué país estés.

La realidad era que ambos sabían que el otro estaba haciendo tiempo para que algo sucediera.

—Es extraño, Saga. En todo este rato no me has vuelto a preguntar de la paga — Hades cortó de repente el diálogo que no estaba yendo a ningún lado — . Sé que el dinero lo es todo para tí.

—No es necesario, ya conozco tus números y ¿sinceramente? Suficientes negocios por hoy.

—Entonces me retiro.

Mas cuando Hades intentó levantarse, tuvo un leve mareo que lo hizo sostenerse de la silla un breve segundo.

—¿Tan rápido?

El tono fue completamente felino. La posición del cuerpo también cambió, mirándolo desde su posición aún, pero con una actitud diferente.

—Me aburren estas charlas, tengo cosas que hacer.

—Oh, a mi también me aburren. Por eso podemos terminarla en otro lado — se puso de pie y dio unos pasos hasta el otro, que aún trataba de sostenerse con dignidad— . Siempre quise conocer el resto de esa clavícula que muestras con tanta soberbia, ¿sabes, amigo?

El dedo índice dibujó el contorno de la barbilla ajena, redirigiendo el rostro hacia él con lentitud.

—¿Qué... ?

—Oh, no te quitaré tanto tiempo. Sé que eres un hombre ocupado — la mano extendió sus caricias hasta el cuello, mientras le susurraba cerca del oído — . Así que cerremos el negocio en un lugar íntimo. Te prometo que vas a disfrutarlo.

—Eres un... hijo de puta...

—Lo sé, por eso me gustas. La mugre se junta sola — alzó las cejas — . Creo que estás mareado por tanto alcohol. Te acompaño, no puedes salir en esas condiciones.

—No estoy ebrio, sólo un poco... mareado — se tomó el rostro.

—Qué mejor que recuperarse en compañía, Hades.

El otro hombre lo miró un largo segundo, entrecerrando desconfiado los ojos claros. Mas no conocía a nadie más en ese lugar, y no podía pedirle a su seguridad privada que lo llevara a rastras, pues tenía una imagen que mantener.

—De acuerdo, pero no me agarres de la cintura. Sostenme del brazo sólo si no caminó delante.

—Como digas.

Hades suspiró, ya que sabía lo que estaba cediendo; era imperante salir con la misma altura, demostrado que seguía siendo él quien mandaba y tenía poder sobre su invitado. Saga, en cambio, no pensaba en jerarquías, pues estaba lejos de ellas. Se remojó los labios de manera discreta, saboreando el triunfo.

Lo que no sabía es que estaba preparándose para convertirse en la víctima.

Cazador cazado

—Es un amigo, pueden irse.

—Sí señor.

Los guardias se retiraron ante la palabra de Hades, que mantenía su coordinación para estar de pie. Saga lo sostenía discretamente con una sonrisa relajada, mientras su cabeza hacía planes. Muchos planes.

Cuando se retiraron aquellos hombres, la sonrisa en el peliazul se hizo más ancha.

—Bueno, pues, ¿por dónde empezar? — preguntó de modo retórico — ¿Eres de los que les gusta ir al punto, o prefieres toda una sesión previa con caricias y cosas cursis?

—Pf, imbécil.

—Puedo hacer ambas. No es por jactarme, pero soy excelente amante — agregó con acidez, acariciándole el cabello que caía en la espalda — . Así que, además de robarme toda la información que necesito de tus cosas, me llevaré una paga extra.

—Entonces... ¿ese es tu astuto plan? — Hades hablaba pausado y parpadeaba lento— Embriagarme, traerme aquí para después robarme e irte — enumeró — . Sólo las putas de baja monta lo hacen.

—Por eso mismo no será exclusivamente sacarte el dato, socio — giró hasta tenerlo de frente — . Voy a llevarme un extra, y me tomaré mi tiempo. Disfrutaré de este hermoso penthouse que te ganaste con dinero bañado en sangre; justo como me gusta.

Se separó y caminó por toda la sala, abriendo y tocando las cosas con interés. Cuando Hades estuviera dormido, revisaría hasta los boquetes de las paredes para encontrar cosas que le sirvieran. Mientras tanto, podía curiosear hasta encontrar, por ejemplo, una botella de whisky añejo guardado en una estantería de cristal.

—No te atrevas. — le advirtió el otro. Saga se rió.

—No hay nada que puedas hacer al respecto — le dijo sin verlo, abriendo la vitrina y sacando la botella con malicia — . A tu salud, amor.

Dio un fuerte sorbo desde el pico de la botella. Bebió una, dos y tres veces hasta que consideró el ardor lo suficientemente fuerte como para detenerse. El otro lo miró con odio, haciendo un gran esfuerzo aún para sostener los ojos abiertos.

—Espero que haya sido de tu gusto... Saga.

—Desde luego que sí, esto es s—

El final de esa frase jamás terminó de salir, ya que el cuerpo de pronto fue un yunque que se desplomó en el suelo, por fuera de toda voluntad del hombre. Azorado por su propia falta de control, se sintió paralizado del cuello para abajo, y la boca comenzó a ponerse pastosa en cuestión de segundos, mientras luchaba sostenerse con sus propios codos contra la alfombra.

—¡... !

Hades sonrió de repente, cortando con toda la afección de su rostro, parándose derecho. Anta la cara atónita ajena, se puso las manos en los bolsillos y torció la boca, moviendo la lengua dentro hasta que chasqueó y empujó entre los dientes hacia adelante, hasta que sacó una pequeña pastilla chata, escupiéndole a los pies de Saga.

—¿Crees que soy tan imbécil como tú? — lo miró desde arriba— Eso es una plaquilla que cancela el narcótico en sangre. Siempre tengo una cuando vienen a ofrecerme tratos ¿Acaso piensas que eres el primero que intenta hacer esta estupidez? — miró alrededor — Las veces anteriores fueron para matarme. Debo reconocer que este motivo fue el más simpático de todos. Sin embargo — lo miró de nuevo y frunció el ceño — , nadie subestima mi inteligencia, Saga.

—Agh... — intentó ponerse de pie, pero se trastabilló en el suelo.

—¿Sabes por qué mi casa tiene su propia leyenda urbana? Porque soy tan paranoico que nadie se atreve a tocar los marcos de las puertas, y mucho menos tener la osadía de beber mis cosas. Pero las tengo ahí, brillantes y llamativas para que las polillas vayan al fuego; preparadas para invitados invasivos como tú — le señaló la vitrina — . Tiene un gran invento de otro socio, una droga sintética que se añeja junto con el alcohol y pasa desapercibida, ¿no es genial? — sonrió apenas, alzando las cejas — Estamos buscando patentarla, es un gran descubrimiento para el mercado negro del espionaje internacional.

—H-hijo de pu...

Hades caminó despacio hasta que quedó encima de sus muslos. Con un movimiento rápido, se sentó sobre las piernas adormecidas.

—No te preocupes, tu idea original sigue igual — sonrió y alzó las cejas — . Te daré el gusto, sólo con un par de pequeñas... modificaciones. Nada letal, simplemente para que aprendas la lección.

Saga quiso insultar y expresar su dolor cuando el otro le tomó el cabello largo y comenzó a arrastrarlo en el suelo hacia la habitación. Su boca estaba casi paralizada y sus ojos mostraban el desconcierto, el enojo y el temor de estar a merced de un psicópata sin poder defenderse.

Hades abrió la puerta mientras silbaba una canción inconexa y encendía las luces, que develaron la cama amplia, en medio de la habitación. Tomó a Saga de las axilas para arrojarlo contra el colchón, sabiendo que no iba a moverse. Lo contempló y se corrió el cabello, comenzando a desabotonarse la camisa, mirándolo con una sostenida soberbia.

—No suelo cogerme muchachos, pero siempre me diste curiosidad — se abrió la tela y cayó, desabrochándose el cinturón — . Quise que trabajaras conmigo para conocerte un poco mejor, y debo admitir que me sorprendiste. Esta última movida me causó diversión, realmente tiene agallas.

Cuando la cremallera se corrió y Hades comenzó a masturbarse con descaro hasta dejarse inhiesto, Saga lo miró con una expresión de furia. El otro gateó sobre él hasta quedar a la altura del rostro, tomándolo del cabello.

—Necesito un poco de ayuda. — le pidió con burla, forzándolo a abrir la boca para meterle la carne de una estocada violenta. Apenas un quejido gutural salió de la garganta de Saga, sobre todo cuando el otro empezó a embestirlo. Estaba ahogándose en los vaivenes y los ojos se fueron hacia arriba, húmedos por el atoramiento.

La saliva se desbordaba por todos lados y la humedad generó un ruido obsceno que excitó a Hades, poniéndose más duro y moviendo más rápido sus caderas entre gruñidos y jadeos bajos. Luego de un rato y para alivio de su víctima se detuvo, evitando llegar al orgasmo. Se relamió de gusto y comenzó a desnudarlo con prisa.

—Tenemos toda la noche por delante, pero tu primera vez conmigo va a ser inolvidable — canturreó mientras le bajaba el pantalón y le abría la camisa con violencia— . Te dejaré satisfecho.

Sin anticiparse, las manos recorrieron el cuerpo del peliazul, pellizcándolo y lamiendo de arriba abajo, hasta que llegó a las caderas y apretó los huesos, haciéndolo gemir en un sonido gutural. Una de las manos tomó la carne y comenzó a estimularla con prisa.

—Hi-jo de... ¡Puta!... nghh

—La parálisis de la boca está yéndose. Bien — lo tocó más aprisa — . Soy un amante considerado también, Saga. Te haré acabar conmigo para hacerlo más ameno. Considerando que querías robarme soy bastante piadoso, ¿no crees?

—Voy a... mnhh... matar-teh...

Cuando lo vio rígido, volvió a su propio miembro pero esta vez separó las piernas ajenas, sonriendo con malicia. Lamió su propia mano y la llevó hacia la entrada entre las nalgas, mojando y presionando. Un jadeo profundo salió de Saga, pero su cuerpo no podía resistirse demasiado. Metió dos dedos y hundió las falanges, ignorando los ruidos mezclados con insultos. Cuando se sintió listo se acercó a las caderas, apuntando y metiéndose en una profunda estocada que sacó un gran gemido de ambos.

Hades jadeó con las mejillas rojas, y se sostuvo del colchón a los costados para empujar hasta hacer tope. Luego tomó una de las piernas y la mantuvo abierta, cuando comenzó a dar embestidas certeras que sacaban y metían todo el miembro de las entrañas.

Las manos de Saga se hicieron puños contras las sábanas, mientras trataba de evitar gemir y de mirar a Hades, enfocándose hacia el techo. Su cabeza se desprendió del cuerpo y comenzó a planificar cientos, miles de maneras de vengarse, matarlo de las peores maneras imaginables; era la única manera de no dejarse llevar por aquello que estaba comenzando a gustarle.

No pudo evitarlo más cuando sintió que el ritmo había disminuido y Hades le tomó el rostro para que lo enfocara más de cerca, besándolo. Tenía un gusto mentolado que se mezclaba con el alcohol, y por alguna razón aquella combinación era intoxicante.

—Sé que te gusta... dímelo.

—Muerete... ngh...

—Esto es... mnh... mejor de lo que creía, Saga — susurró contra la boca — . Podríamos gozar de esta manera muchas noches...

—Sólo... termina con esto y mátame — le dijo, mirándolo fijo. Hades se enserió de nuevo por un largo momento, pero suspiró.

—Sería desperdiciar una bala y quitarle al mundo un culo bonito. No, Saga — sonrió suavemente — . Te dejaré ir, y la próxima vez vendrás a voluntad por más.

—¡Cállat-eh!

—Así es este negocio, lo sabes; al final, terminas siendo adicto a algo.

Se incorporó un poco y volvió a la labor de embestir con rapidez, gimiendo a bocajarro sin dejar de mirarlo. La movilidad volvió al cuerpo del ladrón, lo suficiente para sentir el hormigueo tras el placer, pero no para golpearlo.

De pronto, la semilla de Saga saltó sobre su propio estómago, casi al mismo tiempo que Hades lo llenó de la propia. Tras disfrutar el clímax se separó y se acostó a su lado; mientras Saga sentía lo sucio que estaba.

No hubo palabras. Miraron al techo en silencio, como si todo el diálogo posible entre ambos hubiera dejado de existir, hasta que Hades se incorporó y salió de la cama. Cuando volvió, le arrojó unas toallas a Saga y le dejó un vaso de agua a su lado.

—... ¿qué mierda haces?

—Esa droga deshidrata mucho. Mañana siquiera podrás moverte — le dijo con un tono desinteresado, mientras se secaba el sudor — . Puedo darte la información que quieres más allá de nuestro arreglo original. Tendrás tu dinero, y un extra; pero sabes que este es el precio por esa información.

El otro lo miró largamente.

—Podría matarte si quisiera, en vez de jugar al esclavo sexual.

—Puedes intentarlo. Pero, como tu plan original, vas a fallar. En esto en particular, más aún.

—¿Por qué?

—Porque te gustó. Y ya te lo dije, al final todos terminamos creando alguna adicción en este negocio. Quién sabe, podríamos convertirnos en la del otro.

—Ni en tus putos sueños...

—Como quieras. Pero no soy rencoroso como un niño, el contrato me sirve y lo haremos. Esto fue una pequeña lección por tu desliz; no te guardo rencor— tomó el agua — . Aunque la próxima sería más divertido si pones voluntad.

—Estaba paralizado por tus drogas, grandísimo imbécil.

—Lo gozaste de igual manera — se encogió de hombros y señaló atrás — . Allá está la ducha. Eres libre de obrar; aunque no te recomiendo alguna otra tontería porque, ahí sí, deberé matarte.

Saga se sentó con dificultad y se corrió el cabello.

—No me interesa morir por la ofensa de meterme la verga, así que paso. Quiero el dinero que me prometiste en el contrato.

—Me parece bien. Y lo verás. Por cierto, tengo habitaciones de huéspedes.— el otro rió con amargura.

—Estás jugando con fuego, Hades.

—Quiero arriesgarme a tener sexo de nuevo, Saga. Me gusta jugar a las cartas— lo miró — . ¿Te quedas o no?

El muchacho lo miró con largueza, y se mantuvo callado un par de minutos.

Sonrió con sorna.

—Dime dónde está la habitación.

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