ELDER SCROLLS
SKYRIM
(Basado en el mod de inicio alternativo.) (No somos el Sangre de Dragon)
Sinopsis: no eres el protagonista de esta historia, tu relevancia a ojos del destino no es más que un simple personaje de relleno, pero al final del día…Eres el protagonista de tu propia historia.
Cada vez que intento acordarme, me siento extraño, mi mente se nubla y no recordaba lo que pasaba a mi alrededor. Siento como si estuviera soñando… o puede que no.
Aún recuerdo vagamente esa aparición de la diosa Mara hablándome. ¿una aparición? ¿o una estatua? ¿quizá algún vino argoniano que ingerí estaba adulterado con skooma?
En cualquier caso, va un par de meses desde ese suceso y me han ocurrido cosas que nunca imagine.
Flashback: inmediaciones de Falkreath hace un mes.
Bosque era todo lo que podía ver, el cuerpo me dolía y mi escuadrón había sido eliminado. Mi uniforme estaba roto y empapado en sangre mía y de mis enemigos.
Éramos un pequeño equipo de guardias de Falkreath, 5 personas. Teníamos que hacer un simple patrullaje de rutina.
No se espera que nada ocurra, por eso es de rutina.
Recientemente el Jarl Dengeir fue remplazado por su sobrino y se nos dio orden de dar el doble de patrullajes al triple de las distancias establecidas.
Ese bastardo holgazán y negligente delega todas sus funciones como Jarl a la administradora Nenya y en su edecán Helvard. Solo le interesa utilizar su posición para acumular dinero por medio de impuestos y sobornos. Es sabido entre la guardia que Siddgeir colabora con cierto grupo de bandidos de la zona ignorando sus crímenes a cambio de una parte de los beneficios de sus delitos.
Y nuestra suerte termino el día que empezó a tomar parte del dinero de la guardia, los envíos que solicitamos de armas eran de una calidad inferior a la solicitada, espadas de hierro en lugar de acero, los escudos estaban usados y las dagas romas.
Hubiera matado al malnacido si no se hubiera ido a la mansión Thalmor a reunirse en ese nido de lameculos. Un nido de Skeever´s, peces asesinos y serpientes venenosas se le asemeja bastante más a lo que son esas reuniones.
Estaba considerando seriamente dejar la guardia y trasladarme a Soledad, al menos la ciudad está muy bien fortificada, la guardia junto con la legión, son imparables y podría estar cerca del rey supremo Torryg o una opción más cercana a Carrera blanca con Balguf el grande.
Pero el tiempo de soñar termina cuando la realidad te golpea, más aún cuando una flecha vuela tu casco en medio de una emboscada de bandidos Renegados.
¿?: ¡EMBOSCADA! – fue lo que grite, los malditos salían de todos lados incluidos esos sujetos pálidos con el corazón visible saliendo de su pecho. Pero Sovngarde no recibe a los cobardes.
Luchamos, una escaramuza así no te deja medir el tiempo que pasa a tu alrededor, nos superaron al instante, oh por Shor que nos superaron. Una táctica de retirada fue lo que claramente se debe hacer, una lucha de resistencia y repliegue, aunque claro ese equipo basura que teníamos no duro demasiado.
Esa espada serrada partió mi hierro con un par de embates y la daga no podía cortar ni la mantequilla. Tres de mis compañeros murieron solo quedábamos dos y nos superaban por ocho a uno. Me preparé para atacar cuando una estaca de hielo atraviesa mi escudo y me derriba, el frio durmió durante un momento la sensación del dolor hasta que sentí en carne propia la agónica puñalada en mi hombro izquierdo, mi compañero atino a correr, pero no duro más de unos metros.
Me encontraba rodeado y esperando la muerte, sus estupideces sobre la cuenca y lo que debían recuperar cayeron en oídos sardos, como si quisieran justificar el querer matarme. Solo pude decirles que se pudran en Oblivion. Intentaron abalanzarse sobre mí, pero algo los detuvo, vi a uno perder la cabeza mientras el sonido de insectos se hacía más fuerte por la zona.
Y ahí cobro forma frente a mí un Spriggan, un monstruo del bosque y no venía solo 2 más lo acompañaban, bestias y monstruos pelando entre sí, era todo lo que podía ver. No me di a más opción que desmayarme por el agotamiento y este maldito hielo.
Era de noche cuando desperté. No había nadie, ni renegados ni monstruos solo varios cuerpos humanos y un Spriggan muerto.
Nunca estuve más aliviado ese día que use por primera vez el hechizo de Sanación, incluso el agujero dejado por ese hielo desapareció, lo hice dos veces y volví corriendo a los cuarteles tan rápido como me fuera posible y reportar la situación.
Muy grave error, con mi grupo muerto, se me responsabilizo y tacho de incompetente "una deshonra" me llamaron.
Aun estando ahí con el orgullo roto acepte todos los insultos vinieran de quien vinieran, renegar de ello sería ponerme más en vergüenza, pero no acepte nada de uno en específico.
Siddgeir.
Se aproximo a mí y en el instante que el primer insulto llego a la mitad, lance el golpe más fuerte que alguna vez lanzare en toda mi vida. Disfrute cada microsegundo que duro la sensación de mi puño deformando su cara.
JAMAS permitiría que fuera el quien pudiera decirme ninguna falta mía. El edecán Helvard me derribo y suprimió segundos después, nada importaba ya.
Sobra decir que me arrojaron a esa celda inundada usada para los peores criminales. Aunque ninguno de los guardias fue brusco, más bien, apenas salimos de la casa comunal soltaron mis brazos y me acompañaron como si saliéramos a un patrullaje normal, estuve el resto de la mañana y la tarde siguiente comiendo y tomando aguamiel, antes de que llegara el capitán de la guardia y tuvieran que dejarme en la celda.
El capitán era un hombre de tradiciones, leal hasta la muerte a su líder. Nos conocíamos un poco por lo que estuvo dándome un monologo sobre cómo no solo fallar en un reconocimiento y perder a mi equipo además de golpear al Jarl y bla bla bla.
Claro basura lame-botas, nadie lo tocaría si le ofrecieran a toda la guardia una espada de cristal como a ti.
¿?: Ahórrame tu discurso, ver esa espada colgando de tu cintura invalida cualquier cosa que quieras decirme. Honor es lo que merecían mis hombres, pero todo lo que recibieron fueron espadas inservibles, escudos desgastados y cuchillos sin filo.
Cap: ¡Tu…! -intento replicarme por escupirle su orgullo, pero solo atine a decirle que se largara y que estaba harto de escucharlo.
Apretaba el collar de Arkay entre mis puños soportando esa fría celda y pidiendo por el alma de mis camaradas.
Entonces mi celda fue abierta, el turno nocturno vino hacia mi y solo dijeron "tienes 5 minutos, no podemos atrasarlos más", dejaron la celda abierta y sin dudarlo atravesé el cuartel escoltado hasta una ventana y salte afuera.
El frio era igual de fuerte tanto dentro como fuera de la celda, los harapos que vestía no me permitirían continuar mucho tiempo vivo afuera.
Una decisión muy riesgosa tomé cuando me metí en mi casa, evadiendo a los guardias restantes. Habían saqueado casi todo. Aun así, confié en que mi pequeña reserva secreta se hubiera salvado, y no me equivoque.
El sótano no tenía un suelo construido. La tierra seguía estando por debajo de la casa. Tome la pala tirada allí y cabe hasta encontrar mi cofre
Mi vieja armadura de soldado, una túnica con cinturón, mi mochila de cuero negro y mi mandoble de hierro seguían como la primera, aunque algo viejos desde la vez que los guarde.
Me vestí con el atuendo y luego la armadura. Me quedaba algo ajustada pues había aumentado unas tallas durante esos meses. Colocándome por último el casco, cubriendo toda mi cara, repose mi mandoble sobre mi espalda, así como la mochila dando mi último adiós a Falkreath, antes de dejar el baúl así tal cual, y empecé a salir de la casa, tome los pocos mendrugos de pan, unas cuñas de queso y aguamiel de la Destilería Amielada que dejaron sin hurtar.
Cruzando la puerta estaba el capitán de la guardia junto a un grupo grande de guardias patrullando de forma desesperada buscándome. Mis 5 minutos terminaron hace mucho por lo que mi escape sería mucho más "Ruidoso".
Preparándome desenfunde mi mandoble y salí dando un fuerte grito de guerra, recuerdo que no lastime a nadie ese día, sin dejar de correr los golpeaba con la fuerza suficiente para derribarlos mientras sus escudos y espadas los protegían.
Solo cuando el capitán se puso enfrente blandiendo esa insultante espada, ese asqueroso símbolo de corrupción, fue cuando no me guarde nada.
Tome el mandoble con fuerza y di un golpe hacia horizontal de mucho poder rompiendo su guardia y luego con otro golpe descendente le corte el brazo derecho. Dio un grito de dolor y se desmayó.
El jamás volvería a sostener un arma.
Estaba agotado, pero del cuartel salía el resto de guardias, si me capturaban moriría en el acto, entonces volví a correr, ahora en dirección a los establos.
Las flechas no tardaron en pasar cerca de mi casco, el cuerpo de arqueros no eran los mejores, pero con un solo objetivo, no podían darse el lujo de fallar, tres flechas rebotaron contra la placa de acero que protegía mi espalda y un par de ellas pasaron cerca de mi rodilla.
Al llegar me monté sobre el primer caballo que vi, era de pelaje marrón oscuro y ya estaba ensillado. Sali por la entrada cerca del cementerio a todo galope alejándome del alcance de sus flechas en dirección al oeste.
.
.
.
.
.
.
Cerca del amanecer bajé el ritmo sabiendo que no me seguirían tan lejos, aun así, dejé que el caballo se fuera, la silla de montar tenia las insignias de la guardia de Falkreath y podrían identificarme más rápido si lo conservaba o harían preguntas antes de llegar una orden de captura.
Mantuve el ojo atento a mis alrededores por si algún Spriggan, bandido o peores cosas venia por mí.
Y entonces lo vi a mi futuro compañero en esta encrucijada, un caballo salvaje comiendo hierba, su pelaje era de un color tan negro como el carbón, incluso su krill era muy oscuro. Me acerque poco a poco, si lo asustaba no podría seguirlo con esta armadura puesta, me coloque detrás suyo y me monte sobre él, empezó a galopar y trato de quitarme de su lomo varias veces, caí varias veces, pero al final acabe domándolo; su espalda no era la más cómoda, pero debía conformarme hasta llegar a algún pueblo y ensillarlo.
No se me ocurría nada mejor para empezar esta mañana que desayunar lo poco que tenía a la mano, una vez quitándome el casco volví a mirar dentro de mi mochila.
Medio pan, una cuña de queso eidar y el aguamiel fueron mi desayuno. Solo en el bosque cuando mi mente se calmo fue cuando me pregunte por fin…
¿?: ¿Ahora qué? -mi carrera de guardia manchada, mi honor manchado y marcado como un criminal.
Quisa ir a Carrera Blanca, pensé, pero mis acciones de anoche colocarían una jugosa recompensa por mi cabeza.
Las ciudades cercanas estaban fuera de alcance, lo que deja los pueblos y algún que otro asentamiento como mis alternativas más viables.
Pero el dinero es un problema, no tenía ni un septim encima y dormir en la intemperie es algo que haría un loco. Me tomo todo el camino saliendo del bosque idear una ruta y un plan.
Debía hacer varias paradas a lo largo del viaje, el dinero era lo primordial, en última instancia vendería la armadura.
Mi primera parada fue Cause Boscoso.
