Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.

Nota de autora. Contiene Lemmon, sabemos las restricciones de edad que eso implica, bla bla. ¡Lees bajo tu propio riesgo!


°*° Capítulo VI °*°

Le sudan las manos y tiene un nudo en el estómago. Gale le gritó que estaba loca por querer volver, que no contara con él y por un lado eso le dolió, pero puede entenderle. Ella no volvería a pisar una Arena por su propia voluntad, estar en los bombardeos seguro no fue algo fácil, incluso para alguien tan heroico como su amigo. Ha tomado el brazo de Peeta desde que se lo encontró en el hangar. Tiene muchas ganas de llorar y aun ni siquiera han salido del Trece.

Les explican como esperan que la misión transcurra. Tendrán tiempo para estar por separado donde sea que tengan que ir, pero deberán grabar juntos en la aldea. Hay puntos que no pueden faltar y se espera que sigan las órdenes al pie de la letra. Además de un camarógrafo cada uno tendrán dos escoltas militares y el aerodeslizador que vigilara desde el aire. Cressida irá con ella y Messalla seguirá a Peeta.

Los suben a un transbordador y viajan por lo que parece una eternidad en la que Katniss tiene que hacer uso de toda su voluntad para no dejar ver sus emociones mientras Peeta le acaricia rítmicamente la espalda. Ella puede ver que él también está sufriendo, toma su rostro en sus manos cuando les piden que se preparen y lo mira fijamente.

— Pase lo que pase…

— Nosotros podemos con todo — finaliza él sonriendo apenas y une sus frentes.

Cressida les llama la atención diciendo que están sobrevolando el distrito y los vencedores se pegan al ventanal tomados de la mano. Katniss alza temblorosa su mano libre y la apoya contra el cristal y su aliado hace lo mismo. Saben que cada movimiento es grabado pero lo que yace ante sus ojos les ha dejado mudos. No hay fuego, ni humo, ha pasado ya un tiempo, pero se ve claramente donde cayó cada bomba, puntos de ataque estratégico para minar el distrito del carbón hasta sus cimientos.

Katniss pide que aterricen en su lado favorito de la Pradera, y baja la rampa sin soltarse de Peeta. Hacen unos planos en el sauce y luego sus caminos se separan, el panadero rumbo al hogar de su familia y ella a La Veta. Camina despacio, muchas de las casas ardieron solo por estar cerca del impacto de la bomba que tenía como objetivo su antiguo hogar. La castaña se abraza a sí misma haciendo uso de toda su voluntad para no ponerse a chillar como una niña sabiendo que a medida que camina las calles repletas de hollín con casas destruidas a cada lado, lo que ven sus ojos son escombros y lo que ocultan los destrozos son familias que vieron caer sus casas sobre ellos sepultándolos para siempre, solo por nacer en el mismo lugar que ella. Va agregando nombres a su ahora interminable lista de muertos a causa de ella.

Siguen su camino y pasan por detrás de la panadería donde Peeta aún está llorando a sus padres y hermanos. Katniss se detiene y corre hasta él fundiéndose en un abrazo que obliga al resto a voltear para darles un poco de privacidad, aunque las cámaras no dejan de rodar. Peeta se aferra al menudo cuerpo de su amiga y llora sin tapujos, ella solo lo apega más a su cuerpo y le acaricia la espalda derramando las primeras lágrimas. Se separan apenas y la tristeza en los ojos del panadero le abren una herida en el alma. Le besa, con una tranquilidad tan pasmosa que parece detener el tiempo, las manos de él, aun temblorosas, toman su rostro correspondiéndole con lentitud. Se separa cuando cree que ha sido un tiempo prudente de consuelo, le besa la mejilla mientras sus manos se entrelazan por unos segundos, y luego ambos continúan con sus caminos. El equipo de Peeta pone rumbo al edificio de la Justicia, o al espacio donde este se encontraba y el de la cazadora se detiene en el Quemador que quedó reducido a cenizas.

Katniss hace lo posible por dilatar seguir por el camino que va del mercado clandestino hasta la mansión. Un año atrás hacia ese camino casi diario, a la inversa. Hoy daría lo que fuera por correr en dirección contraria, pero Cressida se cansó de preguntar sobre la caza y los comerciantes del pequeño recinto y la obligan a moverse. Le cuesta respirar, quiere creer que es por el polvo y las cenizas que aún se mueven en el aire, pero con cada paso que da su corazón late más a prisa y en el momento en el que su vista alcanza a ver la imponente casona del alcalde siente como le tiemblan las piernas y uno de los guardaespaldas le toma del brazo para que siga caminando.

Se detienen frente al cerco que conduce a la entrada principal que más allá de estar cubierto de cenizas, no tiene mayores destrozos. Al alzar la vista el corazón de Katniss de detiene por un segundo y toda la fuerza la abandona. Cae de rodillas frente a lo que fue la casa más hermosa del Doce, que ahora no es más que ruinas de ventanas sin vidrios. Hay un enorme espacio vacío allí donde cayó la bomba, parte del techo no está, así como buena parte del primer piso. No puede respirar, le duele el pecho. Se aferra a la cerca y grita tan fuerte que Cressida y los escoltas se cubre los oídos, mientras Polluck solo se dedica a filmar un plano barrido iniciando a sus espaldas y acaba haciendo foco donde debía estar la entrada de la casa.

La cazadora grita que la dejen sola y milagrosamente le hacen caso. La capitolina da el corte y farfulla algo de grabar algunos planos y que se llevarán a los escoltas.

La chica se pone en pie como puede, limpia sus rodillas sin dejar de sollozar, abre la cerca y sus pies se mueven por inercia, como quien hizo aquel camino tantas veces que podría hacerlo con los ojos cerrados. La llama por su nombre, aun sabiendo que nadie responderá. Vuelve a repetirlo una y otra vez, le pide que salga, que vuelva a ella, aunque en su interior sepa que no pasará. Y entiende otra cosa, algo que termina por abatirla al subir los escalones del pórtico. No hay posibilidades, ni siquiera una mínima esperanza de que ella este oculta en el Trece donde ella estaba empecinada en encontrarla. Se sienta viendo de frente las ruinas, abrazándose a sus rodillas y apoyando el mentón en estas, lo único que puede hacer es seguir llorando mientras por su cabeza pasa cada recuerdo que tiene entrando y saliendo de aquel sitio. Madge tocando el piano, obligándola a bailar al ritmo de alguna canción en el tocadiscos, besándose en su cuarto, la primera vez que estuvieron juntas. Se aferra a su propio cuerpo a falta de su ricitos.

Oye a lo lejos su nombre y unas pisadas que la sacan del océano de recuerdos en el que estaba ahogándose. Peeta está de pie a su lado, ofreciéndole su mano. La toma y él la impulsa a levantarse. Le mira fijamente y ella sabe que es lo que dirá y no quiere oírlo. Peeta no habla, limpia con suavidad las lágrimas de su rostro y le ofrece un pañuelo de tela que ella usa y guarda en su bolsillo. El chico del pan la acuna contra su cuerpo apoyando el mentón sobre su cabeza repitiendo que todo estará bien. Katniss se odia por lo terrible que debe ser para él consolarla a ella y a la vez sentirse tan contenida en sus brazos. Se separa apenas y Peeta susurra que es hora del show. A ella le toma un minuto recuperarse, pero abandona el pórtico y vuelve sobre sus pasos hasta estar fuera del jardín de Madge.

Cressida le retoca el maquillaje y propone terminar de grabar allí juntos antes de ir a la Aldea. Ambos adolescentes asienten y esperan a que las cámaras se dispongan para que Cressida comience el interrogatorio. Les preguntan porque están ahí y Peeta va a hablar, pero Katniss aprieta el agarre de su mano y empieza a contestar. Habla del escenario detrás de ella como la casa de su mejor amiga, la única además de Peeta que entendía lo que significaba sobresalir del resto. Les contó acerca de la hija del alcalde, de cómo Madge siempre fue buena y amable con ella a pesar de que estuvieran en clases sociales distintas. También habló de la buena relación del alcalde con los vencedores, movida principalmente por las directrices de la presidenta, pero retomó el tema a lo que le apetecía decir. Habló del honor intachable de Madge y Peeta también habló de ella. Lo último que decidió contarles, a los presentes y probablemente a todos los que verían las propos en cuanto se editaran, fue acerca del Sinsajo que volaba en su pecho. Les contó sobre Maysilee y sobre como su amiga fue una de las que creyó que ella podía volver de los primeros Juegos, fue ella quien le dio el símbolo para inspirarla y ahora Katniss quería que todos se motivaran a luchar junto a ella para que pudieran ser libres, tal como lo habría querido su adorada amiga.

El resto del viaje se pasa más rápido. Van a la Aldea y Katniss recupera una vieja foto de su padre, y algunas medicinas que su madre quería tener. Luego se une a Peeta que también toma algunas fotos de su familia y una de ellos dos con Effie que hace que Katniss derrame algunas lágrimas. Hacen una ronda más de preguntas sobre la vida en el distrito y vuelven al aerodeslizador.

El viaje de vuelta le parece más rápido. Al llegar al Trece se despide de su aliado con un corto beso en los labios y sale disparada hacia su compartimiento. Sabe que su madre y hermana deben estar esperándola para que ella pueda volcar sus sentimientos en ellas. Sabe también que en dos horas debería estar con Gale cazando, pero necesita una ducha y hacerse un ovillo en su cama al menos por un rato. Puede sentir el olor a humo en su ropa, y la cercanía de ese aroma la lleva directo al pasado cuando la mina mató a su padre y solo quiere ocultarse y oler al insípido jabón del Trece con tal de no sobrestimular su magullado cerebro.

Abre la puerta sin tocar, después de dos semanas conviviendo lograron armar un itinerario para no molestarse.

— Katniss — chilla la mayor cubriendo su desnudez y volteándose, la aludida chilla cerrando la puerta de golpe sin dejar de mirar la espalda desnuda de su compañera de cuarto por la que corren gotitas de agua — bienvenida al agujero — ríe con vergüenza intentando alcanzar la toalla que esta sobre la única silla de la habitación.

— Lo… lo siento — alcanza a decir dándose vuelta finalmente viendo la puerta, escucha como la otra se mueve con prisas.

— Creí que estarías fuera más tiempo terminé de ducharme y…

— No hay ningún problema… recién aterrizamos — juega con sus manos esperando, por alguna razón recuerda la otra ocasión en la que pudo ver la retaguardia de la vencedora y se le suben los colores a las mejillas — lo siento — vuelve a decir.

— No es como que no lo hayas visto antes — Katniss quiere voltear y dedicarle una mirada llena de sarcasmo — ya, estoy decente ahora Doce.

— Fue totalmente distinto en aquella ocasión — no le dirá que acaba de pensar en ello también porque sería raro — me daré una ducha y dormiré un rato si no te molesta…

— S-si claro, adelante te dejaré el espacio para ti — Katniss puede verlo en los ojos avellana, se muere por preguntar — iré con Beetee y Finnick.

— ¿Cómo estuvo el entrenamiento hoy? Estoy segura de que la comandante Jackson va a machacarme mañana por haberme perdido el entrenamiento.

— Estuvo bien, soy terriblemente mala para las armas de fuego pero tu primo fue muy amable en explicarme — Katniss rueda los ojos ante la acotación — Jackson te mencionó un par de veces, a ti y a tu amante, sabes cómo adora tenernos en su clase — ahora es ella quien rueda los ojos acercándosele, quizás demasiado — sé que no es tu estilo — susurra poniéndole una mano en el hombro — pero si necesitas hablar estoy aquí para ti — ahí esta otra vez, esa mirada intensa, cargada de un sentimiento que la menor no puede distinguir.

Johanna la mueve apenas para abrir la puerta e irse. Katniss se ducha rápidamente para pasar al menos una hora hecha un ovillo bajo las sábanas. No llora, simplemente se queda en silencio repitiendo una y otra vez las imágenes de aquel día. Cuando Gale pasa por ella para ir a cazar quiere decirle que no, que no está de ánimos, pero lo necesita así que le sigue a través de los pasillos y más allá cuando salen al exterior. Cazan en silencio, como siempre desde que les permitieron salir del bunker, pero hoy es diferente.

— Gale — susurra tomándole del brazo, voltea a ver a los militares que les siguen de cerca y les pide que se alejen con un gesto, estos obedecen.

— No voy a hablar del Doce Katniss — se suelta del agarre y camina dos pasos.

— No, no es eso yo… solo quería disculparme, dije cosas terribles — luego de que le dijeran sobre el Doce, sobre Madge, y que fue Gale el que vio caer la mansión, ella utilizo palabras hirientes para referirse a su mejor amigo — no me había disculpado y hoy… no había forma, ahora lo sé y lamento muchísimo lo que dije…

— … — el cazador se queda petrificado en su sitio.

— Gracias por salvar a la gente del Doce Gale… lamento haberte gritado y… lamento que supieras por Prim acerca de Madge.

Gale no le dirige una sola palabra, se la queda mirando, con los ojos rojos llenos de lágrimas que solo derrama en silencio cuando la menor le abraza. No se abrazaban mucho, no tenían ese tipo de relación, aunque él lo hubiera querido, pero necesitaba esa disculpa más de lo que pudiera poner en palabras y se siente en paz en los brazos de su amiga, como si algo que estaba roto finalmente fuese enmendado.

Los entrenamientos para convertirse en soldados son duros. Los vencedores sacan a relucir sus fortalezas y puntos débiles y Katniss no es la excepción. La práctica de tiro y las estrategias defensivas son su mayor fuerte mientras que el combate cuerpo a cuerpo y seguir órdenes en general se le da bastante mal. Johanna le ayuda con la lucha a cuerpo a cuerpo a cambio de que ella le ayude a mejorar su terrible puntería, pero ambas reciben retos constantes de sus superiores por no seguir al pie de la letra cada procedimiento.

La vencedora del Siete es extraña, para algunas cosas demasiado hosca y para otras delicada y empática. Pueden pelear por horas por el desorden del compartimiento o porque Katniss es aburrida y no le da conversación. Sin embargo, en las noches, cuando las pesadillas de la menor la despiertan, simplemente se pasa a su cama y le dedica palabras de aliento hasta que vuelven a dormirse. Mas de una vez han amanecido en la misma cama a centímetros de la otra y lejos de incomodarse se dedican tímidas sonrisas antes de iniciar su día. Katniss no sabe aún si le agrada su compañera de cuarto o si preferiría estar sola, está segura de que la chica le saca de quicio la mitad del tiempo, le preocupa que el resto de los momentos compartidos se siente bien, tan bien como con Peeta, o con Madge.

Llevan casi un mes de entrenar a diario cuando la primera misión los lleva al distrito Ocho. De acuerdo a las órdenes directas de la presidenta, el distrito textil está luchando contra los agentes de la paz, pero han dado un alto al fuego lo que les da la posibilidad de realizar una misión de reconocimiento, llevar a los vencedores a la lucha sin que corran demasiado peligro y ver en el campo de batalla si tantos días de entrenamiento han servido de algo.

Los montan en un aerodeslizador junto a soldados experimentados, encabezados por el comandante Boggs y el viaje al octavo distrito toma algunas horas. Katniss cuenta las flechas de su carcaj, aunque le han dicho que es improbable que los utilice. Cuenta y memoriza las distintas flechas, sus colores y para qué sirven y ve a Gale hacer lo mismo solo una vez. Johanna juega con el seguro de su arma reglamentaria ganándose un reto de Peeta, las castañas se miran y la mayor rodea los ojos sonriéndole levemente mientras acusa al chico del pan de ser un aguafiestas.

Una vez en tierra, los llevan a un edificio que funciona como hospital. Katniss entra en pánico cuando le dicen que deben entrar ahí, nunca fue buena para lidiar con los enfermos, casi siempre escapaba de su casa cuando los habitantes de la Veta iban a ver a su madre con algo más que un resfrío. Peeta le toma de la mano y le dedica una de esas miradas azules que le harían creer en los unicornios y le sonríe para trasmitirle paz. La guía por entre los pasillos donde yacen decenas de personas que les reconocen de inmediato. Hablan con algunos y dan un pequeño discurso para motivarles, alguien pregunta por el bebé y Katniss se queda petrificada, había olvidado el asunto del bebé ficticio por completo. Peeta se apega a ella y apoya una mano en el vientre plano y proclama tan alto como puede que el bebé estaba tan vivo como aquella revolución y todos aplauden. Se besan, para las cámaras y para aquellos revolucionarios que les creían héroes y siguen su camino por entre las camillas improvisadas. Puede ver a Finnick dedicando palabras de aliento a diestra y siniestra mientras que Siete se dedica a bromear para que los afectados puedan reírse un rato.

Cuando han filmado suficiente y pasado un largo rato con los afectados, se mueven para grabar planos exteriores. Recorren el pueblo en ruinas, cargando su armamento como si estuvieran a punto de atacarles hasta que se detienen de pronto. Katniss puede verlo en el rostro de Boggs, la primera misión paso de sencilla a peligrosa en cuestión de segundos. El militar grita sus órdenes y se reanuda el paso, hay un bunker cerca en el que pueden ocultarse hasta que pase el ataque aéreo que detectaron los radares. Katniss respira con dificultad por el ejercicio, el traje de Cinna le resulta pesado, aunque sea capaz de salvarle la vida. Johanna le sigue el paso, Gale y una de las hermanas Leg cierran la formación.

La primera ráfaga de metrallas les toma por sorpresa y apenas logran cubrirse bajo las ruinas de una casa. Peeta luce aún más pálido que de costumbre. La chica en llamas se acerca a él y toma su mano con fuerza uniendo sus frentes. Los aerodeslizadores se alejan y vuelven a ponerse en movimiento. De acuerdo a las instrucciones que le brindan al comandante, el bunker debería estar apenas a unas cuadras. Katniss se detiene en seco cuando una nave sobrevuela sola el cielo despejado y deja caer una bomba y luego otra, muy seguidas, casi en el mismo sitio. Mira a Gale, luego a la mentora del siete y a Peeta, el corazón se le estruja en el pecho cuando una columna de espeso humo negro surge del espacio en el que estaba el hospital improvisado.

El sinsajo quiere deshacer el camino y volver sobre sus pasos hacia los heridos, pero Gale se aferra a su hombro negando con la cabeza. Boggs repite las órdenes y le mira con severidad. Siguen su camino hasta que escuchan una nueva ola de metralla. Esta vez, el grito de Katniss llena el espacio y todos voltean a ver como aún está en pie, pero de su pierna brota algo de sangre. Johanna está a su lado en seguida y ella reafirma que está bien que solo fue el roce.

Escuchan fuego rebelde en una de las torres cercanas y Katniss ya no siente el ardor. Mira a Gale que le entiende aún sin palabras. Posa la vista en Johanna y está la mira negando levemente, ella sonríe y desvía la mirada a Peeta y la leñadora frunce el ceño tomándole la mano con fuerza unos segundos y luego soltándola susurrando un cuídate antes de que Katniss eche a correr con Gale a sus espaldas.

Oyen al comandante a sus espaldas, pero no dejan de correr. Escuchan de nuevo y encuentran las escaleras que lo llevarían al nido de rebeldes. Katniss empieza a tapar ahogando el quejido en labios sabiendo que Gale le sigue el paso. Boggs llega a ellos y les ordena bajar. Los castaños le miran y se miran siguen trepando las escalinatas hasta llegar al tejado del edificio donde Paylor y unos cuantos rebeldes están haciendo frente al Capitolio. Boggs llega unos cuantos minutos después y les mira con odio intentando recobrar el aliento.

— Están en graves problemas soldados.

— Acataremos las consecuencias comandante — Katniss no le aparta la mirada — pero no dejaré que el Capitolio salga impune de esto.

— Soldado Everdeen — sisea el moreno cuando la castaña le da la espalda y se acomoda en uno de los ángulos de la terraza de cara a donde aparecieron los aerodeslizadores.

— Gale — masculla ella viendo la formación de aerodeslizadores surcando el cielo — como con las aves migratorias.

El cazador no dice ni una palabra, se posiciona a un lado de su compañera y ambos con sus arcos cargados de flechas explosivas, se dedican a bajar aerodeslizadores como antaño cazarían aves para alimentar a sus familias. en el medio del ataque, Katniss puede oír a la comandante Paylor diciéndole a su superior que antes de una reprimenda deberían darle una medalla y el moreno solo gruñe como toda respuesta. Dejan ir uno, adrede para que de aviso al capitolio de que los rebeldes dan batalla.

Vuelven a la calle principal y la castaña del Siete vuelve a dedicarle esa mirada cargada de un sentimiento que ella no puede entender, la chica busca acercarse, pero ella solo sigue caminando, volviendo sobre sus pasos para ver el estado en el que dejaron el hospital improvisado. Katniss se paraliza frente al edificio en ruinas sabiendo que nadie saldrá con vida. el olor a quemado le recuerda a las explosiones de las minas en el Doce que se llevaron a su padre y a muchos de sus vecinos. Las ruinas le recuerdan a los bombardeos, a como los imaginó en su cabeza, como murió Madge y tantos otros, apresados por el techo que debía protegerles, por el gobierno que juro hacerlo.

Cressida pregunta si quiere decirle algo a Snow y le tiembla el cuerpo por completo, pide un minuto y va hasta Peeta y se aprieta al cuerpo del rubio que le abraza con la misma fuerza acariciando el cabello, susurrando que todo estará bien. Ella deja ir algunas lágrimas sin soltarle y luego se separa apenas se miran a los ojos, gris sobre azul y el repite que todo estará bien. se detiene un momento a ver a su compañera de compartimiento que tiembla un poco y tiene la mirada puesta en la columna de humo que tiñe el cielo perfectamente azul.

— Jo… — susurra y los ojos marrones se enfocan en ella, tiene los ojos cargados de lágrimas, pero nadie le verá llorar.

— Tú puedes descerebrada, dile a ese imbécil que estás viva y que no pararemos hasta que arda — le toma de la mano y aprieta con fuerza, ella sonríe apenas y sostiene el agarre unos segundos.

Asiente levemente y se aleja del grupo. se posiciona frente a las cámaras y espera que le den el visto bueno. No tiene un discurso ensayado y aun así todos enmudecen a medida que las palabras brotan de sus labios. Cuando Cressida detiene la grabación, Katniss puede ver a la leñadora borrando las lágrimas con el puño de su chaqueta y nota como el cansancio del día le cae encima, está cansada y le duele el cuerpo, la herida en su pierna arde y solo quiere estar a salvo. Peeta y ella están juntos en la vuelta al Trece. Dormitan juntos, pero algo la pone alerta. Siente que Johanna se sienta a su lado y toma su mano libre y le susurra que estuvo genial. Se dedican una mirada amigable y duermen los tres durante parte del trayecto, Katniss con su cabeza apoyada en el hombro de Peeta y Jo durmiendo en su hombro, aun sin soltarle la mano.

Katniss aún está en la cama, oyendo el caer del agua mientras su compañera de cuarto se ducha. Se siente incómoda en su propia piel, le molesta la sensación de electricidad y calor que siente en su abdomen. Johanna amaneció a su lado otra vez, abrazada a su figura y no pareció importarle que sus piernas estuvieran enredadas cuando dejo la cama para meterse en el baño. No era la primera vez que pasaba, luego de que ella o su compañera de cuarto despertaran de una pesadilla y la otra se pasara de cama para que pudieran cuidarse el sueño, pero esta vez se sintió diferente. Unos golpes estridentes le sacan de sus pensamientos, Gale está al otro lado de la puerta y le mira con enojo.

— Debí enterarme por mi horario impreso que el sinsajo no me "requería" para la caza diaria — exclama con voz estridente el chico enseñándole su brazo, el horario de la caza aparece reemplazado por una reunión con Beetee.

— Buenos días para ti también — se restriega un ojo — Beete hizo cambios en tu ballesta, te divertirás con él — evita la mirada cargada de odio.

— Somos compañeros Katniss podrías habérmelo dicho tu – se mete en la habitación — ¿Por qué no podemos ir juntos con el anciano del Tres y luego a cazar? El tiempo del bosque es nuestro — sigue gritándole, ella cierra los ojos apenas.

— Es mi beneficio y elegí compartirlo contigo, pero no hoy, puedes ir con Beete o puedes ejercitarte en el gimnasio, sea como sea no iras al bosque hoy — le mira por primera vez — y no vuelvas a meterte en mi compartimiento a gritarme, no soy una niña a la cual reprender — Johanna hace un ruido en el baño y ambos miran en su dirección, la puerta se mantiene cerrada — deberías irte, te perderás el desayuno.

— Has cambiado tanto que apenas te reconozco — masculla negando con la cabeza.

— Puedes culpar a los Juegos del Hambre por eso — susurra ella y el rostro de Gale cambia a una mueca de tristeza — adiós Gale — le cierra la puerta en la cara suspirando quedamente.

— Tu primo tiene muy mal carácter por las mañanas — la mayor sonríe con ironía acercándose a ella, quedando tan cerca que puede sentir el calor que emana de su cuerpo, la chica estira su brazo para que el lector imprima su horario — ¿Con quién iras a cazar?

— Contigo — roza su dedo en el antebrazo de Johanna y ella se estremece apenas.

— ¿Conmigo? Soy leñadora, no cazadora Doce, creo que deberías pensártelo otra vez —se aleja algunos pasos sin dejar de mirarle y sonreír, Katniss se recarga contra la pared apoyando su brazo en el lector para que quede plasmado su horario.

— Creí que te vendría bien un poco de bosque luego del Ocho — se miran fijamente y Johanna asiente levemente, las pesadillas luego de los acontecimientos en el distrito textil le ponían los pelos de punta.

— No cazaremos nada Doce…

— Oh tu déjame la caza a mi — ambas ríen y dejan el compartimiento rumbo al comedor.

Unas horas más tarde, ambas vencedoras se encuentran en mitad del bosque, distinto al del Doce y al del Siete y sin embargo es como si estuvieran en casa. Se mueven con sigilo y a pesar de que Johanna es incapaz de manejar el arco y cazar con armas de fuego significaría delatar su posición, se lo pasan de lo mejor. Katniss logra que los guardaespaldas se vayan antes de tiempo con la caza recolectada bajo la promesa de que estarán en el interior del bunker antes de que caiga la noche.

Siguen caminando un poco más, hasta detenerse en un acantilado del que surge una cascada que deja a Johanna Mason sin palabras. Se sientan al borde del risco a admirar el paisaje mientras el cielo se nubla impidiéndoles ver el atardecer.

— Creo que entiendo porque tu primo no quería perderse la caza — se ríe ante la mueca de su acompañante.

— No entiendo como surgió ese parentesco, Gale no es mi primo, deberías dejar de llamarle así…

— No puedo, siempre me haces reír cuando lo menciono — Katniss chasquea la lengua— gracias por traerme, es increíble lo mucho que extrañaba el bosque, oh — se queja viendo el cielo, a la primera gota que cayó sobre su brazo le siguen otras.

— Se acabo el paseo — se pone de pie tendiéndole una mano para que se ponga en pie — te llevaré de nuevo al bunker.

— ¿Podemos esperar unos minutos? — toma la mano y se impulsa hasta quedar frente a la chica en llamas que desvía la mirada al cielo, la llovizna es tibia y constante — adoro la lluvia — cierra los ojos sin soltarle la mano.

Katniss siente su corazón latir con fuerza, la presión de la mano de Jo se siente tan natural como la lluvia que cae sobre ellas. Le observa de cara a cielo sintiendo las gotas caer por su rostro y hace algo totalmente irracional. Su mano libre se alza temblorosa hasta rozar la mejilla de la chica frente a ella que reacciona abriendo los ojos, fijando la mirada en ella. Se observan por unos segundos y la menor acorta la distancia besándola. Es superficial, apenas un roce de labios, y se aparta, soltándose del agarre pone algunos pasos de distancia entre ellas.

Johanna la mira sorprendida y ella va a disculparse, pero no logra formular palabras porque la joven mentora del distrito siete camina hacia ella y una mano va directo a su nuca mientras la otra se aferra a su espalda y la impulsa hacia su cuerpo para fundirse en un beso que les deja sin aliento. Se quedan ahí, bajo la lluvia, robándose el aliento a besos hasta que la tormenta eléctrica les obliga a volver a la seguridad del distrito.

Katniss se despide y Johanna quiere replicar, pero la chica en llamas echa a correr antes de que pueda decir nada. Toman caminos separados, Katniss solo voltea atrás una vez para ver si la chica le sigue y deja de correr cuando ve que está sola. Se encierra en su escondite predilecto y traba la puerta con su propio cuerpo, intentando recobrar el aliento que Johanna robo con sus besos. Quiere sentir culpa, la misma culpa que le llenaba al estar con Madge cuando Peeta aun no sabía sobre ellas, pero solo siente su corazón latir con fuerza y el tacto de la otra castaña aun tibio sobre su cuello y la sensación cálida de sus labios sobre los suyos. Cierra los ojos e intenta poner en orden sus pensamientos. Peeta y ella son amigos, Madge se ha ido, no hay nada que le impida estar con la lunática del Siete más que sus propias inseguridades.

Se queda encerrada en el cuarto de las tuberías un rato más. Luego se dirige a su compartimiento temiendo encontrarse con ella y por otro lado esperándolo, pero no hay nadie cuando finalmente se interna en el pequeño cuarto. Se ducha rápidamente y se dirige al comedor sabiendo que deberá compartir mesa con su familia mientras ella y el resto de los vencedores y el equipo de grabación comparten mesa apenas a unos metros. La ve a lo lejos, charlando animadamente con Finnick y sus miradas se cruzan por un segundo, pero ella es la primera en desviarla, enfocándose en su pequeña hermana que le cuenta los pormenores de su día como aprendiz de enfermera.

Cuando acaba la cena acompaña a su familia hasta su compartimiento y les avisa que en dos semanas parte al Dos, noticia que recibió dos días antes, pero que no quiso compartir porque quería evitar la escena que monta su hermana acerca del peligro que implica ir al distrito en el que predominan los agentes de la paz. Comparten un momento en familia, y cuando su hermana se está quedando dormida decide que es hora de afrontar las consecuencias de sus actos y volver a su propio compartimiento.

Camina lentamente y se queda unos minutos frente a su puerta. Puede escuchar su voz al otro lado, amortiguada por la puerta de hierro, no logra distinguir si hay otra voz o que es lo que está diciendo. Decide tocar, solo por cortesía y Johanna abre la puerta de golpe. No dice ni una sola palabra, solo se corre lo suficiente para que pueda entrar y cierra la puerta. El silencio es arrollador, la menor no sabe si voltearse y enfrentarse a la mirada café o simplemente tumbarse en su cama y fingir que nada ocurrió.

Siente una mano posarse en su hombro y la voz suave de Johanna pronunciando su nombre. Voltea lentamente, sintiendo la caricia que se desliza desde su hombro hasta tomarle de la mano.

Ahí está de nuevo aquella mirada, preocupación, surcando los ojos de la vencedora mayor que abre la boca para decir algo, pero las palabras no llegan. Katniss empuja cualquier sentimiento al fondo de su apesadumbrado corazón y se acerca un paso y otro más hasta acorralar a su acompañante contra la puerta. Se suelta del agarre y pone la traba a la puerta, luego, con ambas manos toma el overol de Johanna y la atrae a su cuerpo para besarla. La aludida emite un quejido y le corresponde aletargada sintiéndose acorralada y sorprendida. La menor se apega, besándole más, poniendo una de sus piernas entre las de ella, rozando levemente su entrepierna.

Los besos se vuelven apasionados. La mayor de las castañas gime por primera vez sobre los labios de la ojigris cuando esta se ha deshecho de la estorbosa ropa y se encarga de acariciar su piel desnuda por primera vez. Se han tumbado en una de las camas, Katniss sobre Johanna y mientras la segunda se encarga de quitarle algo de ropa a la primera, el sinsajo se encarga de besar y lamer los pechos descubiertos de su compañera de cuarto.

Johanna le obliga a cambiar de posiciones y la observa desde arriba mientras quita hasta la última prenda de la chica en llamas que no sabe porque no esta tan nerviosa como la primera vez que tuvo sexo. Quizás sea por la seguridad que proyecta su compañera que le ha desnudado con caricias suaves y ahora se acomoda entre sus piernas para comenzar a rozar sus entrepiernas mientras no dejan de acariciarse. Está claro que no es la primera vez de la leñadora y eso le tranquiliza y le permite perderse en la vorágine de placer en la que se ven envueltas a medida que el tiempo pasa y los gemidos llenan la habitación.

Katniss llega primero a un clímax que le corta el aliento y Johanna jadea su nombre minutos después arañando suavemente su espalda mientras se dejan caer exhaustas. La menor las cubre a ambas con las mantas y se acomodan en la cama de modo que la vencedora del siete le abraza por detrás. No se han dicho una palabra, pero no parece necesario.


Siento que metí demasiados acontecimientos en este capitulo jajaja. Estoy en problemas lo sé y lo peor es que aún no empecé a escribir el siguiente capitulo y no se que final le daré a esta historia…

Como siempre se agradecen reviews, favs y follows.

¡Prometo volver con Everlark pronto!

Con cariño atentamente, Anna Scheler.