Petra tenía una cita temprano con el médico para que le retirara la bota ortopédica del pie, ya se había curado casi por completo, todavía iba a tener que usar una venda para mantener la zona presionada, pero no era necesario que siguiera usando el yeso.
Isabel le había acompañado –como ya casi era costumbre– a su control, porque Levi estaba trabajando, además, ambos no se hablaban desde hace días, desde lo ocurrido con el doctor Zeke Jeager.
—Tendrá que tener cuidado al caminar y hacer unos cuántos ejercicios de estiramiento para estar seguros de que recuperará del todo la movilidad, pero pronto debería estar normal —dijo el hombre de anteojos, el padre de Zeke, Grisha Jeager, médico de traumatología y cirujano del hospital general, toda una eminencia.
—Muchas gracias, sensei —dijo Petra, sonriendo. Ella estaba sentada sobre una camilla, moviendo su pie en círculos, todavía dolía un poco, pero se sentía entumecido, más que nada—. ¿Cree que ya pueda volver a mi trabajo?
El hombre miró la ficha clínica de su paciente, para ver las observaciones que habían realizado otros médicos que la atendieron, entre ellos, su hijo mayor.
—Pienso que debería descansar por una semana más y ya podrá volver a su vida cotidiana, no hay riesgo alguno con su embarazo, pero el daño físico que sufrió fue severo debido a que cayó en el peor ángulo.
La joven rio con vergüenza, el auto que la "atropelló" no la tocó con fuerza, pero ella había caído mal, a veces un golpe que parece insignificante, puede ser realmente peligroso.
—Tengo muy mala suerte —comentó, sobándose la nuca, estaba muy apenada al respecto.
Al bajarse de la camilla, Isabel la ayudó y luego de despedirse del doctor, ambas salieron de la consulta caminando, aunque Petra estaba usando una muleta para no esforzar demasiado su pie.
—¿Te irás de casa de Levi? —preguntó la pelirroja, abultando ligeramente sus labios—. Será una lástima, te extrañaré, Petra-san.
La Ral no pudo evitar también fruncir los labios, durante el tiempo que llevaba conociendo a Isabel, ambas se habían vuelto buenas amigas, estaba bastante segura de que la echaría de menos, sobre todo sus charlas sobre las cosas que tenían en común.
—También te extrañaré, pero podrás visitarme en mi casa —aseguró Petra, mostrándole una dulce sonrisa a su acompañante—. Igual, todavía no puedo irme, hasta que esté totalmente bien, seguramente Levi no me dejará.
Isabel tuvo que asentir ante eso, ese hombre era tan terco que no iba a permitir que la madre de su bebé se alejara, no mientras aún necesitara ayuda para desenvolverse.
—Lo conoces muy bien, ¿eh? —dijo Isabel, las dos estaban saliendo del hospital, atravesando la enorme puerta de cristal—. Lo amas todavía, ¿no es así?
La peli naranja desvió la mirada hacia el suelo, cada vez que pensaba en lo que sentía hacia Levi, su corazón se apretaba y latía con fuerza, odiaba la idea de continuar tan enamorada de él, realmente quería arrancarlo de su ser, pero no podía, no tenía las fuerzas para ello.
—Por supuesto que sí —tuvo que aceptar, acariciando su vientre con la mano que tenía libre—. Él es el padre de mi hijo, no importa lo idiota que sea, lo amo con todo mi ser.
Al escuchar sus palabras, una sonrisa ligeramente pícara se dibujó en el rostro de la pelirroja, como si estuviera tramando algo, algo perverso.
—Me lo imaginaba —respondió, ayudando a su "cuñada" a subirse al taxi que ya habían pedido por teléfono, antes de salir del edificio del hospital—. Tengo que hallar un modo de juntar a estos dos —pensó.
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Levi miró la botella de licor semi vacía que estaba sobre la mesa del restaurante, él no había probado ni una gota, odiaba el alcohol, en cambio, su amiga Hange se había bebido casi la mitad ella sola, mientras que Erwin, un poco más recatado, solamente había ingerido un poco.
—¡Mesero, traiga otra botella! —exclamó la mujer de anteojos a viva voz, llamando la atención de unos cuantos clientes del local.
El azabache se cruzó de brazos y chasqueó la lengua con molesta, mirando al rubio.
—¿Realmente no te da vergüenza casarte con esta payasa? —cuestionó, actuando como si Hange no estuviera sentada frente a él—. En serio, todavía no me puedo creer el mal gusto que tienes.
Al escucharlo, ella dibujó una sonrisa de oreja a oreja.
—Diría que tus gustos son peores, pero Petra claramente es demasiado buena para ti, enano, más bien ella es la del mal gusto.
El Ackerman movió los labios para responder con un feroz insulto, pero la voz de Erwin interrumpió la pelea infantil de ambos.
—Ya basta, no son unos críos —dijo en tono de regaño, en especial hacia su prometida, ella conocía bien a Levi y sabía que no tenía que hacerle caso a sus provocaciones—. Será mejor que procedamos con lo que vinimos a hacer.
—No sé para qué me llamaron ahora —comentó Levi, echando su espalda contra el apoyo de la silla—. Debería estar terminando mis pendientes para estar libre este fin de semana.
—Te vas a morir cuando te digamos —dijo Hange, cubriéndose el rostro con una de sus manos—. Aunque seas un enano gruñón y amargado, todavía eres nuestro mejor amigo, así que pensamos en pedirte que seas nuestro padrino de bodas.
Levi mantenía los brazos cruzados y cerró sus ojos, quedándose en silencio por un par de segundos, hasta que finalmente habló.
—Tienes razón, sí quiero morirme.
Erwin no pudo evitar reírse, a pesar de la dramática y grosera respuesta de su amigo, sabía bien que eso era un rotundo sí, Levi no se negaría a una petición tan importante para ellos dos.
—Por cierto —la mujer volvió a tomar la palabra—. Le pediremos a Petra que sea la madrina, espero que no te moleste.
—Tsk —Levi chasqueó la lengua una vez más, despegando los párpados para mirar al suelo, se veía los zapatos y también su reflejo en las baldosas bajo él, vaya que estaba limpio—. ¿En serio tenemos que ser los dos? —finalmente dijo, y no es que no le agradara la idea, tan sólo era que no quería continuar poniendo a Petra en situaciones incómodas.
—Claro, ¿quién más si no?
Erwin simplemente asintió con la cabeza, reafirmando las palabras de su futura esposa, pues era cierto que ambos, tanto Levi como Petra, eran sus preciados amigos, a quienes querían tener a su lado en su día más importante.
—¿Petra y tú continúan disgustados?
Mientras el director pensaba en una respuesta adecuada para esa pregunta, Hange agarró la botella de vino y se sirvió otro trago en el vaso que sostenía fuertemente en su mano derecha.
—Ella no me habla desde su cita con el imbécil de Zeke Jeager —contestó, apretando los puños, de sólo recordar la existencia de ese tipejo se ponía de mal humor.
—¿Él es su doctor? —Erwin lo miró con cierta sorpresa, también conocía al Jeager y, efectivamente, tal y como Levi siempre decía, no era de los trigos muy limpios, de hecho, todavía le parecía un poco raro que se especializara en ginecología después de las cosas que había hecho cuando estaban en la universidad, cosas que prefería no recordar ni mencionar.
Levi simplemente asintió.
—¿Hay algo sobre ese tal Zeke que me estoy perdiendo? —interrogó Hange, frunciendo el ceño, mientras los dos hombres se miraban el uno al otro con expresión de seriedad. Ella sabía que ese tipo, que era hermano mayor de uno de sus estudiantes, no era precisamente una pera en dulce, pero tampoco es como que fuera una bestia, ¿o sí? Era obvio que Levi y Erwin sabían algo que ella no.
—No es la gran cosa, sólo no lo soporto —contestó el azabache, mirando en otra dirección, para después ponerse de pie—. Discúlpenme, pero me iré a casa, Petra debe haber llegado del hospital, le voy a comentar lo que me pidieron.
Hange sonrió, le agradaba ver que Levi, aunque fuera un completo estúpido, continuaba pendiente de Petra y de todo lo que tenía que ver con ella, tenía que aprender muchas cosas aún sobre cómo tratar con ella, pero parecía que realmente lo estaba intentando.
—Mándale mis saludos —dijo la mujer de anteojos, a lo que el más bajo simplemente asintió con la cabeza, marchándose.
El Smith miró a su prometida cuando su amigo se fue, ella tenía los brazos cruzados y lucía bastante más seria que hace un instante atrás.
—Ahora vas a decirme todo acerca de Zeke Jeager.
Erwin suspiró, era obvio que ella no se quedaría con la curiosidad bajo ninguna circunstancia, así que era mejor que "soltara la sopa" cuanto antes.
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Petra estaba de regreso en casa, acababa de despedirse de Isabel y ahora mismo estaba preparando algo de comer, no sabía a qué hora volvería Levi, pero era mejor que se demorara, porque no quería verlo, continuaba muy enojada con él. Tras terminar de cocinar, se puso a buscar platos y cubiertos entre la alacena, era increíble lo bien organizado que estaba todo en esa casa, ese hombre tenía una obsesión demasiado exagerada.
Tras tomar un cuenco para servirse un poco de arroz, abrió un cajón para buscar los palillos para comer, entonces se encontró con algo que no se esperaba ver; era la foto de la madre de Levi, la que él siempre había tenido en la sala, ¿por qué estaba ahí dentro?
Intrigada y sorprendida, se olvidó por completo de lo que estaba haciendo y tomó aquella fotografía entre sus manos, dejando el cuenco vacío encima del mueble. Kuchel era tan bonita, su largo cabello negro brillaba como si fuera seda, su rostro se parecía mucho al de Levi, además, él siendo un bebé era sumamente adorable, aparecía en la fotografía, entre los brazos de su madre. Petra se preguntaba si su bebé iba a ser parecido a él cuando naciera, ¿o sería más como ella?
—Creo que preferiría que se parezca a él… —murmuró para sí misma, esbozando una suave sonrisa.
En ese momento la puerta de entrada de la casa se abrió, así que ella se llevó un pequeño susto, guardó la foto rápidamente y cerró el cajón, retomando lo que estaba haciendo, que era servirse un poco de arroz, entonces escuchó la voz de Levi desde la puerta de la cocina.
—¿Estabas preparando la comida? Debiste esperarme —dijo con su tono de voz de regaño, tan típico de él, no había forma de que ese hombre no se dejara llevar por sus propias ideas.
Petra no le dijo nada, no olvidaba que estaba enojada con él, así que solamente lo ignoró, terminó de llenar su cuenco y abrió el segundo cajón, ahí estaban los cubiertos y los palillos, como Levi casi no la dejaba tocar la cocina, ella todavía no aprendía bien donde estaba todo. Se acercó a la mesa y se sentó, sin siquiera mirarlo, pero eso no pareció incomodarlo.
—Veo que te quitaron el yeso —el azabache se acercó a la cocina para servirse un poco de arroz también, aunque ella lo ignorara, no pensaba dejar de hablarle—. Tengo que decirte algo.
Ella empezó a comer, estaba escuchando, pero no pensaba responder.
—Hange y Erwin quieren que tú y yo seamos los padrinos de su boda —dijo sin más, entonces Petra se atragantó con el arroz, mirándolo con asombro, de forma casi automática.
—¿Qué? ¿Los dos?
—Hasta que por fin me hablas —Levi se llevó un poco de arroz a la boca, sabía bien, Petra era buena en la cocina, una de las tantas cualidades que hacían tan especial a esa chica, que la volvían tan peligrosa para él, porque ella era su punto débil.
Al escucharlo, la menor desvió la mirada, había caído en su trampa, ese hombre no tenía remedio.
—Entonces, sobre lo de ser padrinos de la boda…
—Me lo pidieron hace un rato, seguro la cuatro ojos te lo dirá pronto —respondió Levi, no podía evitar detallar de reojo lo bonita que se veía Petra, cada día lucía más radiante, ¿sería por el embarazo? Cuando pensaba en ello, se le inflaba el pecho de orgullo, ese niño que pronto nacería iba a ser su hijo, una parte de él; nunca quiso ser padre, pero ahora la idea le gustaba.
Por su parte, Petra no dijo nada, le agradaba la idea de que Hange pensara en ella para algo tan importante, pero no sabía si podría hacerlo junto a Levi, todo estaba muy reciente entre ellos, su rompimiento, el hecho de que ella estuviera embarazada, el accidente, las cosas no parecían mejorar y no es como si fuesen a hacerlo pronto, menos con lo que ella iba a decir.
—Me iré en una semana —dijo Petra, captando la mirada directa del Ackerman, quien inmediatamente frunció el ceño.
Oh, no, ya iba a empezar.
—De ninguna manera —habló con tono autoritario, ese modo que tenía de hacer las cosas, esa actitud de "yo siempre tengo la última palabra" era una de las cosas que exasperaban a Petra, Levi la trataba como si ella fuese una niña, lo cual claramente no era.
—Tengo que regresar a mi casa y a mi trabajo, el doctor dijo que estaré bien, así que me iré —insistió, su ceño se frunció y sus labios se apretaron.
—Me importa un carajo lo que dijo ese doctor —dijo Levi, su expresión se volvió dura, no iba a permitir que Petra se fuera, no iba a dejarla ir a un lugar donde él no pudiera cuidar de ella y del bebé—. Tú te vas a quedar aquí, no quiero que trabajes, podría ser peligroso.
La joven Ral cerró sus ojos, tenía que calmarse y evitar explotar de la ira, sabía que Levi probablemente estaba actuando así sólo porque estaba preocupado, pero no iba a dejarlo salirse con la suya.
—Tú no eres mi padre, Levi.
—Pero soy el padre del mocoso, ¿o se te olvida? —contestó, señalando el vientre de Petra, que todavía era plano, aunque podía jurar que una leve curvatura empezaba a asomarse.
Petra empuñó las manos, tratando de calmarse, estaba muy sensible e irritable y cualquier cosa la hacía enfadar, no quería explotar, pero era difícil no hacerlo con alguien como Levi Ackerman.
—No es un mocoso, es un bebé y sí, desgraciadamente eres su padre, pero yo soy su mamá y yo sé lo que es bueno para él —sin terminarse su comida, Petra se levantó, aunque aún no podía caminar sin cojear, ignoró ese hecho y se retiró hacia su habitación temporal, dejando al hombre solo, con la palabra en la boca.
—¿Ahora por qué estás enojada? —cuestionó, siendo totalmente ignorado, no creía haber hecho o dicho algo que estuviera mal, ¿o sí?
Parecía que no importaba lo que hiciera, Petra siempre terminaba enfadada con él.
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Petra estaba furiosa nuevamente, sabía que no era bueno para el bebé que siempre se mantuviera tensa y de mal humor, pero no podía evitarlo, no podía dejar de estar enojada con Levi, porque de ese modo evitaba sufrir y llorar cada vez que estaba frente a él y se tenía que aguantar las ganas de besarlo y abrazarlo, porque, aunque fuera un idiota, ella lo amaba con todo su ser.
Mientras se sentaba sobre la cama, escuchó el sonido de su celular, no muchas personas solían llamarla, sólo Hange, algunos compañeros de trabajo, su padre y, por supuesto, Levi. Ella alzó el aparato y notó que se trataba de un número desconocido, un poco extrañada, decidió contestar.
—¿Bueno…?
—¡Hija! Parece que no me confundí de número, si es este el tuyo.
Los ojos de la joven se abrieron con sorpresa, había olvidado por completo que aún no le contaba todo lo que recientemente había ocurrido en su vida a su padre, el cual le relataba con alegría y orgullo que por fin se había comprado un celular para hablar con ella en cualquier momento. Petra se sentía contenta, a pesar de que le asustaba llevarse un regaño por parte de su progenitor, estaba feliz sabiendo que podría hablar con él más seguido y que podría llamarlo.
—Papá, me alegra tanto escucharte —dijo emocionada, casi se le salían las lágrimas, pues se sentía como una niña pequeña al hablar con él.
A pesar de ser un hombre de campo y de ser muy negado para la tecnología, el padre de Petra no era ningún tonto y pudo sentir de inmediato, incluso a través del teléfono, que su hija no estaba bien.
—Petra, ¿sucede algo? ¿Estás llorando? —preguntó, sorprendiendo a Petra, quien rápidamente se secó las lágrimas, como si temiera que él pudiera verla, aunque eso fuese imposible.
—¿Llorando? Claro que no, papá —negó, riendo nerviosamente.
Oculto detrás de la puerta de la habitación, Levi podía verla mientras hablaba por teléfono, sintiéndose culpable por sus lágrimas, había ido a buscarla para hablar con ella debido a la pelea de hace un rato, además, no quería que Petra se fuera de su casa, pero ahora no podía siquiera presentarse frente a ella al verla en ese estado.
—Maldita sea… —murmuró, alejándose para dejarla charlar con tranquilidad.
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Era ya de noche y Erwin se encontraba en el bar donde solía ir con Levi y Hange a beber unos tragos, ahora mismo, él estaba haciendo de conductor designado para su prometida y su acompañante, quien era nada más y nada menos que Isabel, la "hermana" de su mejor amigo. Levi no solía hablar demasiado sobre ella, pero se las había presentado hace un tiempo, aunque él no tenía ni la menor idea de que Hange y esa chica se llevaran bien, tanto, que ahora ambas estaban totalmente ebrias mientras charlaban.
—Tu hermano es un enano gruñón e insoportable, no sé cómo lo aguantas —se quejaba la de anteojos, mientras se reía escandalosamente, atrayendo algunas miradas de los presentes, mientras que Erwin sólo se cubría el rostro con una mano, avergonzado.
—Es un gruñón y enano, pero no es tan malo, Hange-san —respondió la pelirroja, sosteniendo un vaso de cerveza en la mano—. De todos modos, deberías echarme una mano, quiero ayudarlo, hip —se interrumpió al hipar.
Hange rio ante su adorable reacción, aunque estaba ebria, no era para tanto, tenía muy buena resistencia al alcohol y nunca llegaba a ese estado.
—¿Y cómo quieres ayudar a ese idiota? —preguntó, agitando su vaso, mientras miraba fijamente el líquido que quedaba dentro, que no era demasiado.
Isabel se llevó una mano al mentón, no tenía un plan, precisamente por eso había venido a pedir la ayuda de Hange, que era la persona más inteligente que conocía, después de Levi, que podía ser un bruto con cero empatía, pero nada le quitaba el ser alguien sumamente listo.
—No estoy segura, pero sé que él ama a Petra-san y ella también lo ama, además, van a tener un bebé, no deberían estar peleando… —Isabel soltó un suspiro y bajó la mirada, se sentía triste por esos dos y sabía que toda la culpa era de Levi, pero aun así quería verlo feliz.
—Eso lo sé —dijo Hange, asintiendo con la cabeza.
—Quizá no deberían entrometerse, ellos deberían resolver sus problemas como pareja por sí mismos y… —Erwin interrumpió su discurso cuando notó que ambas mujeres lo estaban mirando con enojo, así que solamente frunció el ceño y miró en otra dirección—. Hagan lo que quieran entonces.
Las dos lo ignoraron y comenzaron a urdir su plan, estaban seguras de que, si no intervenían, Levi y Petra jamás darían un paso para arreglar su relación.
—Mujeres… —murmuró Erwin, suspirando.
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Un nuevo día había llegado y Petra, como se aburría muchísimo en casa sin poder hacer nada, ya que Levi ni siquiera la dejaba limpiar, decidió salir a hacer algunas compras, porque el refrigerador se había quedado casi vacío. Partió con su muleta y se dirigió al supermercado. Como era sábado, Levi no estaba trabajando y ambos discutieron un poco acerca de que ella saliera sola; sin embargo, al final Petra hizo lo que quiso y Levi pareció rendirse, pero claro, eso no fue así, ya que la siguió a escondidas.
La joven estaba recorriendo los pasillos del supermercado, llevaba una lista de compras en su mano y, a medida que la iba completando, echaba las cosas en el carro que arrastraba junto a ella.
—Necesito un poco de leche y huevos… creo que es todo lo que falta —dijo para sí misma, sin darse cuenta de que estaba siendo observada.
—¿Señorita Ral? —el repentino llamado de su nombre la tomó por sorpresa, así que Petra miró hacia su costado, encontrándose con el dueño de esa voz, quien alzaba su mano derecha para saludarla—. Qué placer encontrarla aquí —dijo Zeke, sonriendo.
—¿Jeager-sensei?
Al escuchar el modo tan formal en que el que Petra se dirigía a él, Zeke dejó salir una pequeña carcajada, esa chica era muy educada y cálida, no entendía cómo podía estar con alguien como Levi Ackerman, un amargado que ni siquiera tenía un poco de sentido del humor.
—No estamos en la consulta médica, puedes llamarme por mi nombre.
Un poco sorprendida por aquella petición, Petra no pudo evitar que sus mejillas enrojecieran levemente, más que nada, por la vergüenza de que su médico quisiera ser tratado de manera informal.
—N-no creo que pueda, eso sería una falta de respeto —dijo agitando sus manos nerviosamente—. Pero… lo intentaré —añadió, esbozando una leve sonrisa. Miró de reojo que el médico también llevaba un carro de compras, aunque tenía muy pocas cosas en comparación con ella, era obvio que vivía solo.
—Claro, claro —Zeke dejó de reír y miró a Petra, no podía dejar de pensar en lo bonita que era, como aquellas chicas en las que solía fijarse en la universidad, era una verdadera lástima que ya estuviera con alguien—. ¿No está contigo Levi? —preguntó, echando un rápido vistazo a su alrededor.
Petra frunció el ceño por la pregunta.
—Levi no es mi padre, tampoco es mi marido, no tiene por qué acompañarme a todos lados —dijo de mala gana, esa respuesta sorprendió un poco a Zeke, de verdad esperaba que lo que Petra dijo el día de su consulta, de que ellos no estaban juntos, fuera algo dicho de los dientes para afuera, pero parecía que era verdad.
—Veo que no estás muy contenta con él, aunque puedo intuir que seguramente sea su culpa.
—¿Ustedes se conocen hace mucho? —preguntó la joven, mirando al hombre más alto con ojos llenos de curiosidad—. A él tampoco le agrada usted, dice que es una mala persona.
Nuevamente, como hace un rato, el Jeager dejó salir una carcajada, ahora un poco más fuerte.
—Bueno, no creo ser un demonio, pero puede que Levi no me haya conocido en mi mejor momento —explicó, encogiéndose de hombros—. Es comprensible que tenga una mala imagen de mí —después de soltar un hondo suspiro, se acomodó los anteojos y volvió a mirar a la joven—. Pero no hablemos de él, dime, ¿cómo has estado, Petra-san? Veo que ya no llevas yeso, eso es genial, ¿cuándo te veré nuevamente en mi consulta?
—La próxima semana seguramente —contestó Petra, sonriendo una vez más—. Y sí, ya por fin puedo andar sin esa cosa molesta, me siento mucho mejor, ya quiero regresar al trabajo.
—¿De qué trabajas?
—Soy maestra de primaria —Petra dijo con orgullo y entusiasmo—. La verdad es que extraño mucho a mis estudiantes, todos son niños adorables, seguro ellos también me extrañan mucho.
—Oh, ¿de verdad? —Zeke la miró con cierta sorpresa—. Imagino que entonces te gustan mucho los niños, eso es una gran ventaja para alguien que va en camino a ser madre.
Las mejillas de Petra enrojecieron una vez más, mientras bajaba la mirada y asentía con la cabeza, llevándose las dos manos a su vientre.
—Adoro a los niños, pero no puedo evitar sentirme muy asustada, ser madre es algo totalmente distinto, aún así, estoy muy emocionada de que voy a tener un hijo —respondió con sinceridad—. Un hijo del hombre que amo —su mente completó aquella frase, la cual no podía decir en voz alta, debido a su tonto orgullo.
El doctor, quien no podía dejar de verla como si estuviera hipnotizado, estiró su mano hacia ella, buscando reconfortarla de algún modo, pero ni siquiera pudo llegar a tocarla antes de que un golpe le hiciera desviarse de sus intenciones, haciendo su mano hacia un lado.
—No te atrevas a tocarla —dijo Levi, que estaba hecho una furia.
—¿Levi? ¿Pero qué…? —Petra lo miró con los ojos muy abiertos, mientras él la arrastraba por el pasillo junto con su carro de compras, casi echando humo por las orejas y disparando fuego por los ojos.
Había estado mirando a Petra muy bien escondido detrás de los estantes de productos, incluso soportó que el imbécil de Zeke Jeager se acercara a hablar con ella, porque no podía delatarse, pero cuando se dio cuenta de cómo éste la estaba mirando y se percató de sus intenciones de tocarla, no pudo aguantarlo y no le importó que ella lo descubriera.
Petra no sabía qué decir, no quería hacer un escándalo en un lugar público, así que no dijo nada mientras pagaban las cosas, pero cuando llegaron al auto y una vez que ambos estuvieron montados, ella explotó.
—¡¿Se puede saber qué demonios haces aquí?! ¡Dijiste que me dejarías venir sola! —exclamó furiosa—. ¡¿Acaso eres mi niñero?!
Él la miró como si en cualquier momento fuese a escupir fuego por la boca, cual dragón.
—¡Claro, sola para verte con ese imbécil! ¿Eso es lo que querías? ¿Por eso tanta insistencia?
La joven Ral no podía creer lo que estaba escuchando, ¿qué rayos pasaba con este hombre? Incluso ahora que ya no eran pareja, incluso después de haberla cambiado por otra, ¿Levi se atrevía a hacerle una escena de celos?
—¿Esto es en serio, Levi?
Él no contestó, en lugar de eso, encendió el auto y partió hacia su edificio, no quedaba muy lejos, apenas un par de minutos, en los cuales Petra no dejó de reclamarle por su presencia, por su actitud, por haber sido grosero con alguien tan amable como Zeke, lo estaba volviendo loco el solo hecho de que ella defendiera a ese simio idiota, porque para Levi no era más que un simio subdesarrollado.
Cuando llegaron al departamento, Petra siguió discutiendo, hasta que él por fin decidió abrir la boca.
—¿Me oyes, Levi? ¿Vas a seguir haciéndote el sordo? —cuestionó la joven de cabellera anaranjada—. ¿Quién te crees que eres para hacerme escenas de celos?
—¿Quién me creo? —Levi se acercó a ella dando zancadas, sus ojos oscurecidos se posaron sobre el pequeño cuerpo femenino, sus manos la tomaron por la cintura y la pegó a su cuerpo de modo que ella no tuviera ninguna escapatoria—. No me creo, soy —afirmó con seguridad—. Soy tu hombre, y tú eres mi mujer, Petra.
Por tercera vez en el día, la cara de Petra se puso roja, pero esta vez era tan evidente que hasta sintió calor, su corazón se aceleró y sintió que las piernas le temblaban.
—¿Q-qué dices? —tartamudeó bobamente—. S-suéltame, yo no soy tuya… —dijo con en tono levemente triste—. Y tú tampoco eres mío…
Sin soltarla, Levi la acorraló contra la pared de la sala —Eres mía —insistió—. Estoy harto de toda esta mierda, estoy cansado de actuar como si no me importara que ya no estemos juntos.
—Tú me dejaste… —Petra murmuró, sintió que se le rompía el corazón al recordar ese día, el dolor que sintió, la tristeza que la embargó al saber que Levi tenía a otra mujer—. Tú me abandonaste por alguien más, Levi… y sabes que yo jamás te haría eso, sabes que yo te amo como a nadie… —confesó, con un par de lágrimas asomándose a través de sus ojos—. Sabes que me lastima estar a tu lado en estas circunstancias, lo sabes y aun así…
—¿Me amas? ¿Todavía me amas?
Petra lo miró a los ojos, ahora las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, pero asintió con la cabeza, así que Levi acercó una de sus manos a su rostro para limpiar aquella lágrima, liberando parcialmente su cuerpo, aunque ella ni siquiera se movió un milímetro de ahí.
—Lo siento… lo siento, soy un imbécil —sin poder controlar sus propios deseos, el Ackerman decidió desaparecer la casi nula distancia que había entre ellos, rozando los labios de Petra con los suyos de forma lenta, suave y amable, nada comparado a la ira que hace rato se había apoderado de él.
Sin pensar demasiado, Petra simplemente correspondió a su beso, la sensación que los recorrió a ambos les hizo darse cuenta, en ese pequeño lapso de tiempo, que iba a ser imposible para cualquiera de los dos el vivir sin el otro. Sus labios parecían estar hechos para besarse, sus lenguas rápidamente se encontraron en una danza frenética y la temperatura empezó a subir. Petra ni siquiera se dio cuenta en qué momento sus piernas rodearon las caderas de Levi y éste la cargó hasta dejarla sentada sobre una de las repisas de la sala, en donde cortó el beso, para rodar sus labios desesperadamente sobre su cuello.
—L-Levi… —la chica soltó un gemido bajo, reprimido, sentía que las manos masculinas empezaban a colarse bajo su blusa y su piel hervía bajo aquel toque, ¿qué demonios era esto? ¿Cómo podían estar discutiendo para luego terminar así? ¿Y cómo es que eso no le molestaba?
—No hables, no digas nada —dijo agitado el azabache, tomando una vez más los labios de Petra, cada beso era más caliente y subido de tono y en ese momento, ambos sabían que afuera se podía acabar el mundo, pero ellos no se iban a detener.
