—¿Te gusta lo que haces, Félix? —pregunta Marinette, metida en su historia de vida— Me has contado cosas increíbles. ¿Qué te motivó a hacer lo que haces?

02:14AM. Aun en la fiesta.

—Mucho —admite Fathom, rellenando su copa de vino ahora— Siempre quise ayudar a las personas. Pero lo que me incitó a estudiar esto, fue poder tratar a mi madre. Ella sufre de cáncer a los huesos. Y lleva tiempo batallando con una enfermedad, que cada año la deja más y más invalida.

—Suena terrible lo que me cuentas —responde la fémina, cabizbaja— De cierta forma, tu historia de vida es inspiración para muchos.

—¿Cómo es eso?

—Bueno…es que el dinero no lo soluciona todo —aclara Dupain-Cheng— ¿No? Tu mejor que nadie lo sabe.

—Es cierto. Y de alguna forma eso me dio la humildad que necesitaba para sobrellevarlo.

—Es valorable —adiciona la peliazul, regalándole un abrazo cariñoso— Que chico tan noble. Seguro encontrarás una cura luego a su mal.

¿Me…me está abrazando…? Ay dios…—Félix enmudece, congelado frente a su gesto— Marinette…

—¡Marinette! —vocifera Juleka a lo lejos— ¡Ya iremos a dejar a los chicos! ¡¿Vienes?!

—¡Si! ¡Voy! —responde la docente, levantándose— Ha sido una noche maravillosa, Félix. Pero ya es hora de irme.

—¡Marinette! —interviene Fathom— ¿Te puedo ir a dejar yo?

—No…—niega, sonriente— No te lo tomes a la personal, por favor. Pero sigues siendo el padre de Emma. Y ahora me llevan al campamento.

—¿Qué tiene eso de malo? Vamos, no solo soy el padre de Emma —esclarece descalabrado el rubio— Soy Félix también ¿No?

—No para mi…—sentencia, desviando la mirada— Perdóname. Es solo que yo no-…

—Lo entiendo, tranquila —interrumpe Graham de Vanily, besando su mejilla— Vuelve a casa sana y salva por favor. Y gracias, por lo que haces con mi hija. Es muy lindo de tu parte.

—Pero tú me pagas…—advierte.

—No lo veas por ese lado…—ruega— Por favor, no hace falta.

—Bien…

No sé cómo sentirme esta noche. ¿Qué debería hacer? ¿Llorar o celebrar? He tenido una conexión única con esta mujer y al mismo tiempo, tan desamparada. Porque de cierta forma ella profesa no poder tener nada conmigo, dado su rango docente con mi hija. Pero dejando de lado nuestras profesiones, sé que le gusto. Se, que le atraigo. Me lo ha dejado en claro, desde que se interesó en mí. Y no dudo de su sexualidad. Siento que no me ve como un amigo, dado que me dio a entender que era Bisexual, con comentarios demasiado obvios de su pasado. Pero se ve que tuvo relaciones con mujeres a niveles espirituales. Por lo mismo, no me vi apto para indagar demasiado. Opté por tomar una posición arteramente femenina. Casi de una Omega. Lo que menos deseo es espantarla. Solo apelo ahora mismo al nivel en el que nos encontramos los varones para conseguir pareja. Cualquier cosa que digamos, será usada en nuestra contra. Incluso un halago, podría ser funado en una red social.

—No te arrepentirás —asiente enfático su primo Adrien, sonriente— Es realmente una muy buena fiesta.

—¿No es un poco tarde para que sigas aquí? —Félix rehúye de su mirada, bebiendo un sorbo de su trago— Mañana imagino debes trabajar.

—Ya sé. Sigues molesto por lo que hice ¿No? —suspira derrotado el francés— Te debo una disculpa. Tienes razón, primo. No debí llamar a tía Amelie sin antes consultarlo contigo.

—Eso ya no importa, Adrien —murmura Fathom, desganado— Ha decir verdad, creo que si tu no lo hacías yo…probablemente seguiría sin saber de ella.

—Eres muy orgulloso ¿Sabias? —le da unas palmadas amistosas— No deberías estar molesto con ella.

—No es molestia lo que siento en particular —revela el británico, alzando la vista al cielo nocturno— Es…más bien…otra cosa…

—¿Otra vez con la actitud de "chico misterioso" conmigo? Sabes que soy tu terapeuta.

—Si. Pero eso no quiere decir que se me haga más fácil poder expresar mis dolos —le regresa el vaso— Me voy a casa.

—¿Pretendes conducir ebrio? —consulta el Agreste, viéndole partir— ¡Félix! ¡Ten cuidado! ¡Podrías provocar un accidente!

Si…claro. Un accidente. Un accidente como…

[…]

—¡Hora del desayuno, niños! —enuncia Caline Bustier, dando aplausos en el salón.

Campamento de verano, Françoise Dupont. 08:50AM.

—Te ves fatal, amiga —bufa Alya, ofreciéndole una aspirina y una taza de café— ¿Estuviste bebiendo mucho anoche?

—No tanto como quisiera —se queja la ojiazul, sujetándose la cabeza con dolor— Uhg…pero definitivamente ya no estoy en edad para estos trotes —bebe la píldora.

—¿Qué dices? Como si alguna vez hubieras disfrutado de las fiestas —carcajea de vuelta— Te conozco desde la universidad, Marinette. Toda la vida te dedicaste a estudiar y a tu relación. Luego con la llegada de Hugo, había que tomar número en la fila para verte.

—Dios, pero que exagerada te pones —Dupain-Cheng hace amago de sueño, bostezando amplio y extenso— Claro que salimos. ¿Acaso olvidas esas noches en la disco Inferno con Fei?

—Yo me refería a salir sola, como una chica soltera —se encoge de hombros, masticando un Croissaint en el proceso— De alguna manera siento que ahora te estás soltando más de tus obligaciones.

—Jamás podría desligarme tanto —Marinette observa a lo lejos a su hijo, sentado en una de las mesas con otros niños— Haga lo que haga, no puedo dejarle de lado.

—¿Ni si quiera para una noche de "pasión"?

—¿Ja? —carraspea la profesora, ruborizada por su insinuante propuesta— ¡Cof! ¡Cof! ¿Qué tonterías dices? ¡Eso no está en discusión! No hay chance…

—Nunca creí que te sentara incomoda esta clase de conversaciones —se mofa con infantilismo su compañera de labores— ¿Ya te volviste monja o algo así? ¡Jaja! ¡Santa Marinette de las Rosas!

—¡Alya, ya basta! ¡Una broma mas así y te juro que te tiro mi café encima! —refuta abochornada a mas no poder. Acto seguido, lanza una risotada endeble, seguido de un bufido descalabrado— Dios…como quisiera que fuera tan sencillo.

—Sin ofenderte amiga, pero el hecho de que Fei haya fallecido no quiere decir que tu también lo hagas junto a ella ¿Si me entiendes? —le toma de la manito, con zozobra— Me preocupas… ¿Acaso no has pensado en rehacer tu vida? Quiero decir… ¿Pretendes quedarte viuda y sola para siempre?

—No estoy sola —expresa la peliazul, bosquejando una mueca ladina— Tengo a Hugo a mi lado.

—Claro. Ahora, porque es pequeño. ¿Pero y luego qué? —le replantea— Hugo no vivirá por siempre contigo. Está creciendo a pasos agigantados. Tarde o temprano, se terminará yendo de casa para formar su propia vida.

—Bueno…cuando ese momento llegue, yo…—aprieta los labios, fingiendo falsa modestia. En el fondo, le han calado profundas sus palabras. Tras una pausa prolongada, agrega— Si. Tienes razón. La verdad es que…si hay alguien.

—¡Carajo! ¡Lo sabía! —Césaire golpea la mesa atosigada de euforia. Lo que indiscutiblemente capta la atención de varios en su entorno— ¡Pe-Perdón, jeje! ¡Es que vi una arañita! —se excusa, atolondrada.

—Te pasa por tonta —Marinette le pellizca el brazo.

—¡Ouch! Tampoco te pases de vergas —la fulmina con la mirada— ¡Bah! ¿Quién es? ¿Es chica o chico? ¿Lo o, la conozco? ¿Cómo se llama? ¿En que trabaja? —la bombardea— ¿Tiene dinero?

—¡Ya! ¡No me-…!

—Señorita Dupain-Cheng —Damocles interrumpe la conversación de sopetón, tosiendo para darle espacio— Entiendo que anoche se fue libre de fiesta. Pero ya conoce las reglas. No debe descuidar sus deberes en el campamento o tendremos visitas inesperadas por parte de los apoderados.

—¡S-Si! —se levanta rauda, cual robot en fila— Disculpe, pero estoy bien. No fue nada lo de anoche. ¿Qué ha pasado?

—Bueno…véalo por usted misma —demanda el director, apuntando hacia una de las mesas en particular. Justo, en donde yacen Emma y Hugo— Usted está a cargo de la cabaña 5 ¿No? Véalo con sus propios ojos.

¿Y ahora que fue…? —traga saliva.

[…]

—¿Pero qué demonios pasó aquí? —exclama Marinette, estupefacta con la escena.

Era lo más similar a un campo de batalla, en plena guerra mundial. Aunque en versión infantil, claro. Los cadáveres, eran las almohadas y las camas. La artillería pesada, más bien plumas regadas por el suelo y parte de las paredes. ¿Y qué hay de los responsables? Un grupo pequeño de 7 niños, todos inmiscuidos en el drama. Pero solo culpando a dos de ellos, en particular. No dudaron en apuntarlos con el dedo. Sip. Era de esperarse. Una cabellera rubia y otra azabache, con la expresión de dos criminales siendo juzgados en un tribunal de corte marcial.

—Bien…—suspira la mayor, despachando al resto— Me haré cargo de este desmadre. Vayan todos a reportarse con la señorita Bustier —uno a uno, comienzan a hacer abandono de la habitación— ¡Excepto ustedes dos! —los ataja en la puerta— Emma. Hugo. Se quedan.

¿Ya ves? Esto es tu culpa —berrea Fathom, en voz baja.

¿Y yo por qué? Tu comenzaste —se defiende Dupain-Cheng.

¡Si no hubieras estado de berrinchudo! —advierte.

¡¿Yo berrinchudo?! ¡Si no me hubieras empezado a molestar con eso de-…!

Suficiente los dos —espeta la profesora, cruzándose de brazos con firmeza delante de ambos. Automáticamente, se callan— ¿Y bien? ¿Quién me va a explicar lo que pasó aquí? —mira a la chica— ¿Emma? —luego al chico— ¿Hugo?

—Mam-…—recula— Digo, profesora. ¡Emma comenzó! —la apunta con inquisitiva intención.

—¡No es cierto, señorita Marinette! —rezonga la ojiverde, con las mejillas inflamadas— ¡Es una injuria!

¿Una injuria…? Eso suena como un abogado…—despabila la docente, tratando de no perder el hilo de su pseudo regaño— ¿Me vas a contar tu entonces?

—¡No le digas! —Hugo intenta callarla, poniéndole la diestra en la boca.

—¡No me toques con tus manos hediondas a orín! —lo aparta.

—¡No me huelen! —gruñe, colorado.

—¡¿Hugo?! —su progenitora se espanta.

—¡¿Qué?!

—Déjame ver esas manos —exige Marinette, frunciendo el ceño.

—¡Arg! ¡Ya déjenme en paz! ¡Si mamá Fei estuviera aquí, no me harían pasar por esto! —chilla, corriendo hacia la salida— ¡Estoy harto de este campamento! ¡Quiero ir a casa! —se va.

—¡Hugo…!

—Déjelo…—suspira la menor, con naturalidad— Está frustrado solamente.

—¿Frustrado por qué?

—Porque es varón —se encoge de hombros, con obviedad— No puede evitar sentir su naturaleza torpe.

—¿Disculpa? —no entiende un carajo.

—Ya sé todo de usted, profesora —narra Emma, con expresión comprensiva. Acto seguido, toma sus manos cual mujer adulta y agrega— Descuide, su secreto está a salvo conmigo. El problema es que Hugo está en negación aún.

—Sigo…sin comprender. Aunque…gracias por tu toque sincero, pequeña —Marinette se sienta a su lado, solo para dialogar más a gusto— ¿Acaso tu y el hablaron algo?

—Si. Se despertó en medio de la noche llorando, porque dijo que extrañaba a su madre —relata la Tsurugi, preocupada— Entonces yo le dije, que había escuchado de la profesora Césaire que usted se fue de fiesta. Pero él dijo: "No, no es a mamá Marinette a quien extraño. Si no a mi otra mamá". Y entonces supe, que usted es homosexual y-…

—Emma, Emma…—la interrumpe la ojiazul, ligeramente febril— Espera…no es algo, de lo cual hablemos tan abiertamente aquí ¿Sí?

—Tranquila, por eso le dije que puede confiar en mi —asiente jovial— No le diré a nadie. Es triste lo que le ocurrió a su esposa. Le doy mi pésame más cordial —Fathom le regala una reverencia muy nipona por lo demás— Quizás le suene medio descabellado lo que le diré…pero para mí la muerte no es un problema. Mi madre me habló mucho de ella. En su cultura, es un proceso natural que se toma con mucho respeto. Y papá, que trabaja constantemente con personas, la experimenta casi a diario. Es lo que traté de explicarle a Hugo, pero…—desvía la mirada— se lo tomó de la peor forma. Comenzó a decir burradas sobre películas de Marvel y eso…

—Ya veo. Y entonces comenzaron a pelear.

—Con almohadas —sentencia— El me lanzó la suya. Yo la mía. Y terminamos divirtiéndonos en una guerra campal de ellas. Lamento mucho haber causado este desorden. Solo quería ayudar. Pero-…—se calla— ¿Señorita…Marinette…?

Lo siento. Realmente, no sé qué demonios estoy haciendo. Supongo que me dejé llevar por la conmoción del momento o quizás, por la manera austera de verme a mí misma desolada con la perdida que poco y nada comprendía. Siempre estuve al tanto de la religión de Fei. Pero nunca logré empaparme de ella y sus credos, tanto como esta pequeña niña. ¿Suena tonto? ¿Me veo burda? Quien sabe. Pero no pude evitar abrazarla como si fuese una amiga entrañable de antaño. Se que le re doblo la edad. Y viéndolo desde a fuera, me veo muy infantil y estúpida. Sin embargo, haciendo amago de humildad, solo en ella logré encontrar algo de consuelo a mi débil alma; cargada con una mochila que no pude soltar durante casi un año. ¿Quién lo hubiera imaginado? Mas dudas y preguntas me atormentan; en vez de encontrar respuestas. Mas no deseo apartarla de mi lado. Pues no la conozco en lo más mínimo ni ella a mí. Y, aun así, este hilo rojo del destino decidió juntarnos.

Fui una madre invicta en su calidad de deber. Amo y atesoro a mi hijo, como no tienen idea. Pero… ¿Por qué de pronto siento la necesidad intrínseca de tener una niña a mi cargo?

—¿Se siente bien…? —musita Emma, compungida y sin saber qué demonios hacer.

—Yo…lo-lo siento…creo que me dejé llevar —Marinette se separa, disimulando un par de lagrimones infames que corren por sus mejillas— Tienes razón. La muerte es parte de la vida. Es solo que…es un tema que me ha costado sobrellevar con mi hijo. No te ofendas, pero considero que sabes demasiado para tu edad.

—No me ofende —acepta con humildad— Al contrario. Tal vez mis padres no fueron el matrimonio del año. Pero hicieron lo que pudieron sobre brindarme información prudente acorde a mi edad —sonríe, cogiendo una pala y una escoba— Permítame ayudarle a limpiar. Esto es mi culpa.

—Gracias, Emma —profesa Dupain-Cheng, conmovida con su gesto— Ojalá Hugo pudiera-…

No había alcanzado a terminar la frase, cuando le vi entrar por la puerta de la cabaña. Y a juzgar por su actitud, se mostraba tan arrepentido como ofendido por sus malas conductas. Sin que ninguna de las dos le diéramos instrucciones, agarró una bolsa y se unió a la misión de barrido. Optamos por guardar silencio, intercambiando miradas coautoras de un delito tácito que no habíamos cometido. Me parece…que Alya tenía razón. ¿No creen?

15:10PM. Taller de pintura.

—Que hermosa obra, Emma —halaga Marinette, observando con detenimiento su expresión artística sobre el lienzo— ¿Qué es?

—Yo lo llamo "El atajo de Adán" —menciona con orgullo.

En realidad…era un montón de pintura roja, con cabezas descuartizadas y una que otra tripa. Tuve que hacerme la esquizoide y fingir demencia, riendo. En cuanto a Hugo…

—¿Qué tal vas?

—"El caos" —menciona su retoño, con algarabía— ¿Ves esos colores como el arcoíris? ¡Es la explosión del mundo!

Era más bien una pintura LGBT+…pero tenía que apoyarlo. No iba a decirle que era medio gay. Así que acaricié su nuca y elegí ser normal, antes que ser feliz. Lo importante es encajar siempre ¿No? Alya me arrastra hacia ella, obligándome a responder finalmente sus preguntas.

—¿Y bien?

—Escucha…no es tan sencillo ya —murmura la peliazul, embarazosa— Pero si te sirve de algo…tiene que ver con esa chica.

—¿De qué demonios hablas? —Césaire gesticula un mohín nauseabundo— ¿Cómo que una alumna?

—Te explicaré todo si prometes no hacer de esto un caso mediático —contesta la viuda, empequeñeciendo los ojos con total seriedad en sus palabras— ¿De acuerdo?

—Vamos… ¿Qué tan grave puede ser?

[…]

—¿Era necesario que tu también vinieras? —protesta Félix, notoriamente frustrado— Puedo hacerlo solo.

—¿No fuiste tu quien me dijo que necesitaba un amigo? Tsk…ni por el precio agradeces —Adrien le jala del brazo, para que juntos tomen el elevador— Anda, no te pongas todo tieso. Además ¿Por qué has venido de etiqueta? No es un bautizo o algo así.

—Es mi madre, Adrien. Tengo protocolos —carraspea, acomodándose el corbatín.

—No estás en Londres ahora, Félix. Relájate un poco —el Agreste presiona el ultimo piso. Aunque algo llama notoriamente su atención— ¿Y ese maletín?

—Solo son…cosas —desvía la mirada.

—Primo…—el francés le intenta advertir de algo— Es solo una cena. No es-…

La puerta se abre. Automáticamente son recibidos por el mayordomo.

—Bienvenidos —reverencia el asistente— Joven Agreste. Señorito Fathom —les invita a pasar— Lady Amelie les espera en el salón.

Penthouse de la familia Graham de Vanily en Paris. Viernes. 20:10PM.

—¡Félix, tesoro! —vocifera contenta la rubia. De brazos abiertos, se desplaza hacia ambos para recibirles— ¡Te extrañé tanto!

Ah…ya veo. Mi madre sigue en esa espantosa silla de ruedas. Aunque reconocí el logotipo de industrias Tsurugi a un costado. Por lo menos ahora es eléctrica y no tiene que desgastarse en usar fuerza bruta para moverse. De cierto modo, me alivia verla con vida aún. Pero sigo sin comprender que demonios fue hacer a la India, si no veo mejoras en nada. Ella me abraza primero, haciendo amago de caricias dulces y uno que otro beso sutil. Luego, repite el mismo gesto con mi primo Adrien y nos incita a ambos a pasar a un breve coctel sobre la mesilla de centro. Hay vino, una tabla de quesos y otras meriendas. Hace mucho que no venía a casa. El aroma pulcro del aromatizante a vainilla me trae algunos recuerdos nostálgicos. Me pregunto…si aún estará pensando en aquel testamento que un día, nos separó de ideas contrarias.

Que bien que Adrien me acompañó. Creo que no hubiera podido enfrentarla solo. Y no lo digo porque nos llevemos mal ni nada de eso. Es solo que…aun hay ciertas cosas, con las cuales no congeniamos. Y todas ellas, envuelven a su condición.

—Tan elegante como siempre —agasaja Amelie, brindando con ambos— Y Adrien, cariño. ¿Estás yendo al gimnasio o algo así? Te noto más fornido.

—Si, bueno —el rubio se rasca la nuca, complacido con su comentario— Voy los martes y jueves. Hago bastante cardio, jeje…

—Con razón —carcajea— A Félix le haría bien ejercitar un poco el cuerpo también ¿No crees? Siempre fue tan flacuchin.

—Me alimento bien, madre. Estoy sano —explica con serenidad el inglés— Regularmente me hago chequeos de sangre y radiografías. Lo que importa es el motor, más que el armazón.

—Ambas cosas son importantes. Pero ya no soy quién para cuestionarte ¿No? Tu eres el doctor aquí —se encoge de hombros, divertida— Aprendí muchísimas cosas por mi paso en Bali. Como me hubiera encantado que tú y Kagami…

—Estamos divorciados hace un año —espeta Félix, deslucido— No veo factible algo como eso.

—Lo sé. Pero tal vez si hubieran podido pegarse un viaje así, quizás la situación…

—Kagami se enamoró de una mujer —revela Fathom, maltrecho. Y con ello, corta de lleno la conversación— No hay nada que pueda reparar eso.

Silencio sepulcral en el ambiente. Adrien acaba atragantado con un trozo de nuez, recurriendo asfixiado a beber de golpe su trago; solo para romper el hielo.

—Dios mío, mi niño —Graham de Vanily se espanta tras notar la coloración fucsia de su sobrino— ¿Te encuentras bien?

—¡Si! ¡Cof! ¡Cof! Perdón…—se va a la chucha— ¡Se fue por el camino viejo!

—La cena está servida —interrumpe el mayordomo.

—Gracias, Patrick —Amelie conduce su transporte hacia el comedor, cargando solo su copa de vuelta— Vamos a cenar, niños. Mandé a preparar unas ostras a la irlandesa, como tanto le gustan a Félix. Esta comida, va en honor a ti —le sonríe a su hijo con dulzura.

Lo intento. Por mas que lo intento, les juro que no me sale. No logro conectar con mi madre como lo hacia de mas joven. Pasaron demasiadas cosas. Mucha agua bajo el puente. Devastadoras rocas traen la corriente; provocando ruido y desequilibrio. Si tan solo pudiera salirme de mi papel como profesional y ser solo el hijo cariñoso, despreocupado y bromista de hace unos años, tal vez ella…dejaría de tratarme con ese dejo de distancia y burocrático respeto que tanto detesto de la aristocracia británica.

Había olvidado de que forma compórtame delante de ella. Y si bien, los tres nos mantuvimos al margen de tocar temas controversiales, mi progenitora no dejaba de mirar con insistencia, mi maletín. Se que sabe, lo que contiene. Y también estoy al tanto, de que reconoce su misión aquí. Fue lo que Adrien intentó aconsejarme en el ascensor, pero yo con mi lado más porfirio rechacé en sabiduría.

Luego del postre y la sobremesa; el bajativo me sentó amargo con su interpelación.

—No hacía falta que lo trajeras, cariño —enuncia Lady Graham— Todo está en regla conmigo.

—¿Diagnosticado por quién? —Félix frunce el ceño— ¿El dios Krishna?

—Tía Amelie, yo creo que-…—Adrien aprieta los labios, optando por guardar silencio en cuanto ve que su familiar levanta la mano para coartar su intervención— Perdón…

—Félix, ya hablamos de esto —expresa su madre, con voz hosca— Te prometo, que no busco discutir. Mucho menos contigo, que eres lo que mas amo y me importa en este mundo.

—Entonces si tanto me amas —gruñe, malogrado— ¿Por qué insistes en esa postura tan orgullosa?

—¿Te parezco soberbia, niño? —redunda, con una sonrisa ladina en el rostro.

—Mucho.

—Félix, tu mejor que nadie debería entenderme. Ahora que eres padre, de la misma forma en la que yo sigo siendo tu madre —explica nuevamente la ojiverde— Por favor, ya no insistas con el tema…

—Soy padre, lo sé. Y también soy hijo y soy primo y sobrino y paciente y doctor —enumera frustrado, el varón— Dime por qué. ¿Por qué rechazaste el tratamiento que te di?

—Mi amor —suspira la fémina, con voz aterciopelada— Yo aprecio un montón tu trabajo y lo que intentas hacer conmigo. Pero entiende, no busqué que te dedicaras a ello por mí. Hay otros doctores que-…

—Pero ninguno como yo —insiste— Soy el único que puede ayudarte.

—Vaya —bufa la mayor, un tanto liada— ¿Ahora quién es el soberbio?

—Por favor —Graham de Vanily se levanta del sofá, cogiendo el maletín— Al menos…déjame revisarte.

—No, hijo.

—Están muy ricas estas aceitunas, tía —comenta al aire Adrien, tratando de apagar el fuego con gasolina— ¿De casualidad no tienes de las verdes también?

—¡Pero, Madre!

—Félix, no.

—¿Alguien quiere mas vino? —el Agreste se alza jubiloso, tomando la botella vacía— ¡Patrick! ¡Mas vino! ¡Ya nos dio sed, jeje!

—Señor…—el sirviente traga saliva, confundido— ¿No prefiere mejor un whisky a las rocas? Hace un poco de calor en el ambiente…

—Escucha, he traído todo lo necesario —exclama el inglés, depositando una serie de instrumentos sobre la mesilla— Por lo menos déjame hacerte un chequeo rápido. No serán ni dos segundos. Necesito saber si tus huesos están haciendo metástasis.

—Mis huesos están calcinados por dentro. No es necesario, hijo —ninguno de los dos parece escuchar al primo favorito— Ya acepté mi destino. Es hora de que tu hagas lo mismo.

—Puedo salvarte aún —Fathom entra en modo angustia, acelerando su respirar conforme pasan los segundos— ¡Mira! ¡Incluso hice un estudio sobre la medula!

—¿Un brindis entonces? —el psicólogo alza su vaso, completamente invisibilizado— ¡Por la familia! ¡Jajaja! ¿No? ¿Nadie? Bueno, me lo tomo por ustedes —se bebe los tres de una— Concha…esta mierda quema.

—Eres…una terca —farfulle el médico, mostrando los dientes con dolor— ¡Eres una mujer egoísta y tozuda y orgullosa! ¡Eres la única en esta familia que solo piensa en morir! ¡Cuando lo único que hago es intentar prolongar tu vida!

—No me hables en ese tono, jovencito —le amenaza Amelie.

—¡Primo! —Adrien le ofrece un trago— ¿Quieres?

—¡Cállate, Adrien! —chilla.

—¿Tía?

—Cállate, Adrien —repite también.

—Bueno, se joden todos —Adrien se deja caer de culo, amargado— Al cabo que ni me importan, meh.

Otro silencio incomodo. De pronto, una llamada telefónica. El móvil de Félix vibra estrepitoso dentro de su bolsillo. ¿Quién osa a interrumpir su ardorosa discusión sin sentido?

—¿Marinette…Dupain-Cheng? —parpadea estupefacto el doctor.

—¿Quién? —Amelie arquea una ceja, suspicaz.

—¡Epa! ¿Cómo que Marinette tiene tu número? —el terapeuta se hace el loco. Se encoge de hombros y mira la pantalla— Ah. Creí que se lo habías dado tu.

—¿Le diste mi numero a la profesora? —Félix lo asesina con la mirada— ¡¿Qué hiciste, cabrón?!

—¡¿Qué dices?! ¡Yo no fui, lo juro! —aprovecha de tomarse otro sorbito de alcohol— Je…está rico.

—Es una videollamada…

—Y pues, contesta ¿No? —inquiere su madre, bastante curiosa por la presencia de una mujer en su vida— ¿Profesora de qué?

—De Emma…—traga saliva, temblorozo— N-no puedo…no puedo contestar. La rechazaré.

—No jodas —el francés le da un golpe en la frente— ¡Contesta, tonto!

—Dame eso —Graham de Vanily le quita el teléfono y es ella, quien toma la iniciativa de contestar. Lo primero que ve, es el rostro de una peculiar muchacha ojiazul; con una trenza larga hacia un costado— Vaya…que guapa. ¿A quién debo el honor?

¡¿Qué haces mamá?! —Félix le hace señas por detrás, cual sordo mudo en plena crisis existencial— ¡No contestes! ¡Equis! ¡Abortar! ¡Abortar!

Pareces semáforo epiléptico, deja de aletear así —su progenitora le contesta con los ojos, fingiendo una sonrisa al móvil— ¡Hola! ¿Qué tal?

—Am…disculpe. No sé si me he equivocado de número —exclama Marinette, avergonzada— Pero busco al señor Fathom. Apoderado de la pequeña Emma.

—¡Ah! ¡Hola! —saluda Amelie con la manito, como si nada pasara realmente a su alrededor— ¡Mucho gusto! Soy Amelie, la madre de Félix.

¿Qué? ¿S-Su mamá…? Dios santo. Es hermosa…—Dupain-Cheng aprieta los glúteos, pasmada— Dis-Disculpe…señora…Amelie. ¿Podría…?

—¿Eh? —una cabellera amarilla como el sol, asoma presencia por la pantalla— ¡¿Granny?!

—¡Emmiii, darling! ¡Mi corazón de melón! —vocifera jubilosa la mayor— ¡¿Cómo estás, princesa?!

—¡Abuuu! ¡Que alegría verte de nuevo! —la menor se apodera de la llamada, finalmente— ¡¿Estás en Paris ya?! ¡Such a lovely surprise!

No puede ser…además de bonita e inteligente, es bilingüe. Me muero…—la docente suelta una sonrisa torpe, mientras las observa dialogar— ¿Es tu abuela? Pregúntale si tu papá está ahí. Recuerda que hoy es viernes de apoderados.

—Cierto —la estudiante hace amago de inquietud— Es adorable verte de nuevo, abu. Pero ¿Papá está por ahí? Solo una vez a la semana nos permiten hablar con ellos. Y dado que dejó su numero registrado en mi ficha, solicitan darle el reporte semanal.

¡Of course! —Amelie le entrega el móvil a su hijo. Aunque este, se muestre apático con la situación— Aquí está conmigo, en casa. Vino a visitarme. Pero háblale bajito, cariño. Tu padre anda mal del estómago y puede que lo veas con una cara de colitis no habitual.

—¿Ah…?

¡Dame eso, mujer! —Fathom le quita el teléfono, ruborizado hasta las orejas. Mientras ella, claro, se burla de su ineptitud infantilizada en el proceso. Solo para conseguir algo de espacio y privacidad, se aleja a unos metros para hablar— N-no le hagas caso a tu abuela, ratoncito. Mi digestión sigue tal cual como siempre.

—¿Tienes diarrea, papi? —consulta su hija, inquieta.

—N-no…—Félix se cubre el rostro con media palma— Dios, Amelie. Unas ganas de tirarte de la silla…—carraspea, despabilando— Estoy bien. En serio. ¿Cómo estás? Gracias por llamar. No sabía realmente cuando contactarte.

—Y es mejor así —suspira la ojiverde— Eres medio esquizoide cuando te sientes solito.

—¿Qu-que cosas dices, Emma? —Graham de Vanily no haya donde meter la cabeza, del bochorno. Sabe perfectamente que Marinette está escuchando, a escasos centímetros de su anatomía— Por favor, omite esos comentarios. ¿Qué pensará tu profesora?

—No te preocupes, papá. La profesora es muy buena y entiende los trastornos obsesivos de todos —sonríe, como si fuese re normal— Es necesario que hables conmigo 10 minutos y luego con ella para dar su reporte. Así que será mejor que te comportes ¿Ok? Se bueno.

No me defiendas tanto…niña…—el británico se va a la mierda de manera interna. Con cada cosa que agrega, más empeora su diagnóstico no tratado— Emma, yo…

—Lo he pasado muy bien. Hice muchos amigos, me divertí, he comido bien, he dormido bien y me he comportado a la altura, como esperarías —asiente, relatando sus hazañas con orgullo— Te hice un poema y un dibujo. Cuando nos veamos, te las daré. ¿Sabes? Te extraño, papi.

—La extraño yo también, señorita…no sabe cuánto —revela Félix, con los orbes humedecidos en melancolía— Pero saber que este campamento te ha hecho tan bien, me quita todas las penurias. Y me hace confiar en que tomaste la mejor decisión.

—La tomamos juntos —confiesa la Tsurugi, grácil— Estar lejos de ti, me ayudó a darme cuenta de lo importante que eres. No todos los padres son como tú. No te sientas mal si a veces las cagas, papi. Se que eres torpe, dramático, llorón y algo codependiente. Pero créeme, lo has hecho muy bien.

—Emma…—la voz de Félix se quiebra, en un intento por evitar soltar lagrimas de debilidad en plena llamada. Traga saliva, compungido— Estoy orgulloso de ti. Nunca lo olvides.

—Ya se acabó mi tiempo. Te dejo con la profesora —le tira un besito— ¡Nos vemos el próximo fin de semana!

—¡Emma, espera-…!

—Mil disculpas, señor Fathom. Es parte del protocolo…—interrumpe Marinette, siendo ahora la encargada de gobernar el tiempo entre ambos— ¿Se encuentra bien?

—Señorita Dupain-Cheng —murmura Graham de Vanily, iluminado con su rostro— ¿Qué ha sucedido? De un momento a otro, he pasado del relego hacia la morriña infinita de ver a esta mujer, con las escleróticas inflamadas. Como quien, hubiese llorado a mares de un segundogénito a otro. ¿De qué me perdí? —¿Se encuentra usted bien?

—Disculpe, he tenido mucho trabajo, es todo…—miente, frotándose los parpados— Le entregaré ahora el informe de Emma si le parece bien.

Es muy profesional en lo que hace. A pesar de que tuvimos nuestra cercanía intima la noche anterior, se mantiene estoica frente a la cámara. Me gusta mucho esta chica…—asiente, aceptando su propuesta— Adelante, la escucho.

Se que habíamos convenido en no tratarnos de "usted". Pero de cierta manera entiendo este lenguaje indómito de separabilidad entre lo verosímil de nuestra relación y el cargo que desempeñamos los dos. Marinette es realmente una mujer excepcional. Y si bien, no soy un experto en relaciones interpersonales, se perfectamente cuando reconocer a quien vale su peso en oro y quien solo vende humo. Mientras ella hablaba y hablaba y hablaba, leyendo un papel banal bastante ortodoxo, no pude evitar concentrar mi mirada en sus labios. La manera elegante en la que sus ojos danzan de un lado a otro, como sus mejillas coloradas resaltan sobre la piel anémica y la grafía etérea de su expresión corporal. Me cautiva a niveles anatómicos. Todo defectuoso sentimiento frustrado hace abandono de mi ser. Verla exponer tan elocuente, apacigua mi alma. Le trae paz a mi atormentada falta de resiliencia al abandono por parte de mi hija y mi ex mujer. Ya ni si quiera sopesa mi menoscabo de amar. Pues esta profesora de primaria, fértil y optimista, me ha embelesado como quien sufre de un embrujo pauteado. ¿Es acaso un hilo rojo el que nos conecta a través del tiempo; razón de nuestra unión? Deseo averiguarlo con vehemencia. Me enciendo, a rabiar.

—¿Señor Fathom…?

—¿Si, señorita Dupain-Cheng? —responde robóticamente.

—Le he preguntado algo…

—Con todo respeto —despabila, pensativo— Estaba muy concentrado en su reporte y me he perdido en el hilo. ¿Me repite?

No sé qué mierda estoy haciendo. Pero espero…sea lo correcto. Seguiré a mi corazón, como me dijo Alya…—traga saliva, armada de valor— ¿Sigue en pie la cita…que me ofreció?

—¿Eh…? —Félix se paraliza de golpe, gélido como un tempano de hielo. Pero febril, como un volcán en erupción— S-sí. Claro que sí. Sigue…latente. ¿Lo ha pensado ya?

—Bien dice el dicho…—cita, sonriente— "Mas vale tarde que nunca"

—No pudo haberlo dicho mejor. Es muy elocuente —asiente sonrojado el británico— Ya tiene mi número y ahora…yo el suyo. ¿Nos vemos entonces…?

—Nos vemos…—corta.

Dios…yo no…

Ay, carajo. ¿Qué mierda? No me jodan que mi mamá y mi primo escucharon todo desde el salón. Cuando volví, me estaba comiendo con la mirada. Y reconocería esos ojos picarescos a kilómetros. No soy pendejo.

—No se hagan ilusiones —espeta Félix, haciéndose el duro— No es nada serio. Soy un hombre soltero ahora. Tengo mis necesidades ¿No?

—Dios, nadie ha dicho nada —chista el Agreste, bebiendo un sorbo de su brebaje— ¿Tu escuchaste algo, tía?

—Yo nada. Soy sorda —Amelie se encoge de hombros, volviéndose loca— Tengo Alzheimer de hecho. ¡Uy! ¿En donde estoy?

—Yo igual. Eh. ¿Qué dijo? Ya no me acuerdo —bufa Adrien, guiñándole el ojo a su familiar— ¡Quien sabe!

Ambos carcajean al unísono.

—Ay, váyanse a la mierda —gruñe Fathom, cual niño berrinchudo en su aciento— Dale, ahora te acepto el puto trago de whisky.

—Ahora te sirves solo, por mamón —Adrien se levanta— Iré a orinar. Chau.

—Que puto…—Félix le lanza un cojín que le da en todo el culo— ¡Ojalá te ahogues en el WC!

—Pero Félix…—Amelie se desplaza hacia su hijo, bosquejando una mueca reflexiva— Eres un chico adorable, muy tierno y responsable. Te irá bien…

—Mas vale tarde que nunca, madre —menciona sin aspavientos— Se piadosa conmigo y no hablemos mas del tema. No lo des por sentado.

—Eres muy duro contigo, hijo. Date una oportunidad de ser feliz de nuevo…

—Ja…—el cirujano termina su solución alcohólica y camina hacia la puerta, cogiendo su maletín para guardar todo de regreso— Me pregunto ¿A quién habré salido? Lo dice quien no quiere vivir.

—A mí no, sin duda —bromea— Últimamente eres mas Fathom que Graham de Vanily. Eso de la vida…no es lo mío.

—¿Te parezco vestido como un Fathom acaso? —le obliga a mirarle, de pies a cabeza— No ¿Verdad?

—Ojalá todo fuese solo un traje de etiqueta —suspira cabizbaja la mayor— Eres tan parecido a Colt…aunque lo reniegues a muerte.

—¿En que podría parecerme a ese hombre? ¿En lo horrible?

—Eres muy valiente, Félix —revela su madre, mustia— Colt no era un hombre hipocondriaco como yo. Tómalo de referencia…

—Gracias. Pero es un poco tarde para decir algo bueno de el —se pone la chaqueta— ¡Adrien, nos vamos! ¡Mea rápido o te quedas a dormir acá, tonto!

—¡Ya voy! —chilla de lejos.

—Félix —Amelie lo ataja en la puerta, sujetando su brazo con melancolía— Jamás dudé de tus conocimientos. Y nunca quise rechazar el tratamiento que me quisiste imponer. Pero una vez mas y te dejo en claro, lo repito —sus orbes se llenan de lágrimas— Nunca pretendí atarte a mí. Eres un hombre libre…por favor, muy parecido a Colt serás, pero no sigas sus pasos obsesivos. Se mejor que eso…

—…

—Me lavé las manos, eh —Adrien reaparece en el vestíbulo, subiéndose el cierre del pantalón— Gracias por la cena, tía. Estuvo sublime. Y tú, como siempre, tan hermosa —dos besos en cada mejilla, le brinda— Estaremos en contacto.

—Por favor, cuando Emma vuelva del campamento, juntémonos de nuevo ¿Sí? —sugiere la mayor— Una barbacoa en casa de mi hermana.

—Le diré —le abraza— Gracias por todo y buenas noches, tía Ame —acto seguido, musita en su oído de manera casi inaudible— Te daré el informe psicológico de Félix. Solo si prometes ser discreta. Por favor, ayúdame, a ayudarle.

Cuenta conmigo, sobrino —responde— ¡Lleguen bien! —los despide con la manito.

[…]

—Hogar dulce hogar —expresa Adrien, estacionando el carro frente a la casa de su compañero— ¿Te sientes bien, primo?

—Un momento —Félix hace amago de detención, subiéndole el volumen a la radio— Me gusta esta canción. "No more (I Can't stand it) de Maxx". ¿Tecno noventero?

—¿Te gusta? —lo observa, cordial.

—Sabes que si —menciona Fathom, moviendo la cabeza al ritmo de la música— Me recuerda a cuando salíamos de jóvenes a las discos de Londres. ¿Te acuerdas?

—¿Cómo olvidarlo? Te gustaba muchísimo salir por esa época —agrega jovial— Pero solo escuchabas música tecno que era mas bien un ritmo, más que una letra.

—¿Y para que quieres letra? Esto es lo que importa. Lo que provoca —Graham de Vanily se menea en el asiento al ritmo— Mira eso…que temazo.

—Primo…

—¿Dime?

—¿No te gustaría volver a eso?

—¿El que?

—Ya sabes…—rueda los ojos, con obviedad— Un solterón disfrutando de la vida.

—Estoy soltero, es verdad —admite— Pero solo en el papel. Soy padre de una niña ahora.

—¿Y eso que? —se encoge de hombros— Tienes que aprender a diferenciar una cosa de la otra. Si, es cierto que eres papá ahora. Pero también eres humano, parisino, británico, doctor, humano. No sé. ¿Me explico?

—Al grano, psicólogo —rezonga, molesto.

—Félix —Adrien le toma de los hombros, sonriente— Diviértete ya, tonto. Gózalo.

—¿Ah…? —parpadea, confundido.

—Esa cita con la profesora Marinette —menciona el francés, alegre— Hazlo.

—¿Qué cosa quieres que haga…?

Hazla feliz

¿Qué la haga…feliz? —Félix traga saliva, rojo como un tomate.

—…

—…

—Ya entendí…—Fathom rehúye de su mirada, captando la idea.

—¿Si lo hiciste?

—Si…

—Bien —su primo le da unas palmadas en la espalda, subiéndole aun mas a la radio— ¡Y SI ME QUIEREN INVITAR, YO JALO! ¡JAJAJA! ¡¿COMO DICE?! —canturrea al ritmo tecno— ¡No, no, no more! ¡He says: I'm gonna take you high!

¡Gonna take you low! —enuncia meliodicamente Félix.

¡Gonna take you everywhere I go! —canta Adrien.

¡Gonna take you high! —berrea Félix.

¡Gonna take you low! —chilla Adrien.

¡But I can't stand it no, no more…—vocifera Félix.

Ambos carcajean risueños dentro de la cabina del vehículo. Félix abraza a Adrien. Adrien abraza a Félix. Este ultimo se dispone a bajar del auto. Cuando es detenido por una última pregunta incomoda.

—¿Todavía el problemita de cañería? —el galo mueve el meñique, simulando un falo flácido— ¿O ya no?

—No lo sé —Fathom le resta categoría, plegando los hombros hacia abajo— Pero ya no me importa. La chica me gusta. Y sé que yo a ella. Confió en que estoy en las pistas de nuevo.

—Esa es la actitud, primo —Adrien vuelve a golpearlo. Esta vez, mas violento que la anterior— Hazla muy feliz. Solo eso importa. Si ella está contenta, tu lo estarás.

—Las chicas primero. Lo sé —asiente, bajando— Ya te cuento como me fue. Adiós —le despide.

[…]

—¿A dónde vas, mami? —pregunta Hugo, curioso— Hueles muy bien y te ves bonita. ¿Es una fiesta del colegio?

Viernes. El día de la cita. 21:40PM.

—Y-yo…—Marinette se ve atrapada entre contarle la verdad y ocultarla. Pero nada le da chance. Nota como un vehículo aparca afuera de la casa. A lo que actúa como mejor le place— Es una cosa del colegio, si —miente— Pero descuida, no volveré tarde. Te quedarás con la niñera —revisa su reloj— Está en el living. Si necesitas algo, por favor no dudes en llamarme. Ten, tienes mi número —le entrega el papelillo— Ya la conoces. Es Alya.

—¿Alya…?

—¡Hola, hola! ¡Pequeño! —Césaire entra al cuarto, como si fuese dueña del lugar— ¡¿Nos vamos a desvelara jugando Play de Marvel?!

—¡Si me gusta! —brinca Hugo, ignorante al tema.

Ven acá, bribona —la peliazul la arrastra hacia la sala del brazo, musitando en su oído— Esto es demasiado pronto. Prométeme. No. Júrame, que Hugo no se enterará de nada hasta que yo se lo cuente. Te ruego me cubras…

—Nunca te cagaria amiga. Tu ve relaxing —carcajea la morena— Dios, Marinette. Mírate…estas increíble, chica. Quien lo diría. Por favor, solo cuídate. Bebe mucha agua y hazlo con responsabilidad —de paso, le mete una tira de preservativos en la cartera— Por si se te olvidó. Son 6, eh. ¡Son 6!

—Mierda, Alya. ¿Por qué eres tan obscena? —reclama Dupain-Cheng, febril— ¡No quieras insinuar nada! Solo iremos…a cenar…

—Jajaja… "cenar" —masculle, divertida— ¿Y luego qué? ¿Netflix? Anda…—la incita con creces, alentándola— Que te importa lo que pase. Solo deja que pase. Córtala con esta mierda solapada de restringirte como mujer, solo porque eres madre, carajo. Ya hasta me da bronca. ¡Goza de tu potestad femenina! ¡Empodérate! Y no dejes que el pendejo mande —la fulmina con la mirada— Tu, mandas. Hazle saber.

—Gracias…pero no creo que Félix sea esa clase de hombre…—aclara la ojiazul, saliendo al pasillo del edificio.

—Todos los hombres son iguales —se encoge de hombros— ¿Qué piensas? No vivas en Narnia.

—No. Ya sé. Pero te juro que Félix no-…

—Disculpe…—interrumpe Fathom, en medio de las escaleras. Trae en su mano derecha un ramo de flores enorme— ¿Interrumpo…?

Alya y Marinette intercambian miradas criminales entre ambas. No. Sin duda, Félix no es esa clase de hombres. Césaire acepta el ramo, apelando a que lo dejará en agua mientras su amiga sale.

—¡Diviértanse! —los despide con la manita— Se perra amiga…

Pero no quiero serlo…—piensa Marinette, en lo que Félix le abre la puerta del auto— ¿A dónde iremos?

—¿Te gusta bailar? —consulta Fathom, con potestad; en lo que le pone el cinturón de seguridad.

Dios…—Marinette asiente, complacida— Me encanta…

—Te llevaré a mi lugar favorito…

Un hombre al que le gusta bailar… ¿Qué mejor?

Club de Lahiffe. 22:15PM.

—¿Ya habías venido aquí antes? —consulta obnubilada la peliazul.

—Cuando tenía 24 años —aclara el rubio, tan asombrado como ella— Mierda, este lugar ha cambiado mucho desde que vine…

—¿Debería preocuparme?

—¡N-No! Por el contrario. Creo que mejoró —falsea el británico, haciéndose el conocedor— ¡Ah! ¡Mira! ¡Ahí está mi amigo! —la jala del brazo de forma indiscriminada— ¡Vamos a saludarlo!

Que lugar mas peculiar. Pero es raro. No me siento incomoda. Por el contrario. Hay cierto aire de garboso regoce en el ambiente. Muchos jovencitos, por lo demás. Vamos, no digo que yo sea una vieja. Pero tengo 33 años. Imagino que hay discos mucho mas "acordes" a mi edad. ¿O acaso estoy avejentándome más de la cuenta? Percibir la mano segura y varonil de Félix me ha dado la potestad de profesarme como una quinceañera viviendo su romance adolescente, delante de un perímetro tan acotado. ¿Será correcto permitir tales sentimientos como una madre? ¿Pero que mierda estoy haciendo? No es momento de cuestionarme tanto. Se supone que Hugo quedó bien cuidado y yo, he sacado mi mejor versión para este muchacho. Vale…me daré una oportunidad. La música electrónica retumba las paredes. Le da cabida al palpitar de mi corazón. Apenas si alcanzo a oír lo que dicen, pero veo que Félix se habla con un muchacho de vestimenta deslavada y tez morena. Dice ser el DJ y dueño del lugar, encargado de darle vida con ambiente descalabrado a la noche. Se presenta como Nino Lahiffe. Reconozco el apellido, asimilando el letrero de la entrada. Es un club nocturno bastante transitado. Y mi condición de mujer saliendo a las pistas de nuevo, me invita a expresarme alborozada con sus gustos musicales. No soy fan de este estilo, pero no pasará mucho tiempo para que me acostumbre. Solo denme un par de tragos y les bailo corridas si quieren.

Mi cita nos ha reservado una mesa en el segundo piso. Una, con vista privilegiada hacia la pista de danza y los colores mas VIP que puedan imaginarse. Aunque al principio le noté bastante natural en su dialogo, de un momento a otro se ha retraído con timidez. Vamos a dejar en claro una cosa ¿Sí? Nos estamos recién conociendo. Y a juzgar por la forma en que me trata, el, tanto como yo desea tomarse todo con calma y mesura. Me encanta. Adoro cuando las personas se dan su tiempo para elegir mejor sus dotes de platica.

No reconozco ningún trago de la carta. Declarándome neófita, permito que sea el quien me muestre su mundo gastronómico y alcohólico. Ordenó una tablita de picadillos, un Aperol Spritz para mí y el un Whisky con energética. Ha definido inconscientemente sus gustos por la bebida inglesa. No me desagrada. Por el contrario. Le da fuerza a su trabalenguas de apellido. Brindamos, comemos y charlamos un poco antes de entrar a lo fuerte. La música en desnivel no se siente tan fuerte acá arriba.

La velita encendida en medio de la mesa le da una coloración bermeja natural a su rostro. Es hermoso. Y no porque sea relativamente caucásico. Es el contorno hegemónico que delinea su mentón, su cabello tan ordenado, la contemplación sensitiva y la dicción suave de sus labios lo que me cautiva. Su sonrisa medrosa y sutilmente masculina me remueve las entrañas. Este chico tiene algo. Como si fuese un niño, atrapado en el cuerpo de un adulto. Además, transmite algo en la mirada, que destella chispas como si se hubiera estado guardando para conocerme. Está ansioso, tanto como yo. Se que hablamos la otra noche, largo y tendido. Pero este ambiente…es distinto. Nos invita a conectar hasta lo mas profundo.

Algo ya le he contado para ese entonces, sobre mi vida. Aunque muy escueta, sin dar muchos detalles.

—Debió haber sido duro para ti —murmura Félix, concentrado en su relato— Enviudar tan joven. ¿Cómo pudo pasar una tragedia tan horrible?

—La verdad, no lo sé. Ni yo lo entiendo —comenta Marinette, regalándole una sonrisa tímida— Pero prefiero no ahondar demasiado en pormenores. Es algo que ya asumí y escarbar en ello, no ayudará en mucho.

—Tienes razón. Y respeto tus tiempos y decisión —asiente, con acato.

—Félix… ¿Qué hay de ti? —incursiona Dupain-Cheng, tomando un sorbo de su trago— ¿Te ha sentado mal la idea de que tu ex esposa se haya enamorado de otra mujer?

—Nah. ¿Cómo crees? —carcajea, con naturalidad— Solo para dejar en claro, eh. No soy homofóbico ni nada de eso. De hecho, me atrevería a decir que cuando estaba en el internado en Londres, en algún momento creí que era gay. Pero, el tiempo pudo aclarar mis gustos de mejor manera —se mete un trozo de queso en la boca— Tras varios estudios personales, me incliné mas por las mujeres. Supongo que mi lado femenino es fuerte con ellas.

—¿Y eres hetero?

—Va a sonar una tontería, abusando un poco de mi profesión —explica, divertido— Pero estoy convencido de que la ciencia tiene razón. Los humanos como especie somos todos bisexuales. Así que, encasillarme en algo, es soso para mí.

—¿Qué hay de Emma?

—¿Qué hay con ella?

—Bueno…—ríe, un tanto ensimismada en el tema— Solo digo. ¿Te importa su orientación sexual?

—Solo a niveles afectivos y responsables, claro —aclara con seriedad— Todo lo demás, depende de ella. Me da igual si el día de mañana me presenta una novia y un novio. O de plano quiere adoptar gatos. Lo que me importa es que sea feliz con quien elija estar. Y nadie la lastime —añade— De igual forma, Emma es una chica que cambia de parecer a diario y estoy conforme con eso. Está buscándose. Mi papel en todo esto es ayudarla a tomar las mejores decisiones. Que descubra el significado de su existencia. ¿No es eso lo que hace un padre? —sonríe.

Me encanta…no sé que mas decir. Estoy…—la profesora suelta una risotada jubilosa, alzando su vaso— ¡Toda la razón, doctor! ¡Opino igual de Hugo!

—Hugo me parece un chico interesante —profesa Fathom— Se crio con dos figuras maternas, sin roles. De seguro es un muchacho que comprende mas allá de lo común.

—Es un niño adorable. Algo difícil de tratar, pero noble en el fondo. Espera a conocerlo y-…—calla de golpe, ruborizándose en el proceso— Mierda. ¿Qué estoy diciendo? ¿Por qué de pronto he asumido que Félix podría tener algo con el…? —recula— N-no. Digo…quiero decir…—Carajo. ¿La he cagado?

—¡Hey! Esta canción me gusta —cita— "Be my lover – La Bouche". ¿Bailamos ya?

—¿Y dejamos todo acá? —consulta, desprovista de atención.

—No pasa nada. Aquí no roban. ¿Qué dices? Trae tu trago contigo —Graham de Vanily le extiende la mano— Vamos a la pista. ¿Me acompañas, Marinette?

A donde quieras…—asiente encantada, la chica. Toma su mano— ¡Vamos!

22:50PM.

—¡Todos juntos! ¡Make some noise! —vocifera Nino, al mando del podio musical— ¡A bailar!

La gente a mi alrededor enardece. ¿Qué si estoy segura de lo que estoy haciendo? Pues no. Ni una mierda. Pero ¿A quien le importa ya? Es mi segundo Aperol y ya estoy encendida hasta los pies. Félix me arrastra hasta la pista y nos mezclamos como dos peces sobre el océano, nadando al ritmo de la música punzante. Yo la he denominado: "Música punchi-punchi". Si. Porque así la siento en el pecho. Me hace: ¡PUNCH, PUNCH, PUNCH, PUNCH!

—¡¿Y esto como se baila?! —pregunta la ojiazul, liada.

—¡Como la sientas! ¡¿No es increíble?! ¡No hay pasos! —exclama el inglés, saltando frente a ella— ¡Deja que fluya!

—¡Me encanta! —carcajea, risueña— ¡Te mueves bien!

—¡Gracias! ¡Tú eres increíble bailando! —bufa de vuelta el ojiverde, sacudiendo los hombros y los pies— ¡Larara-ri-lararara! —canturrea.

Es la primera vez que confieso darle créditos a la frase honorifica de: "El tiempo pasa volando cuando te diviertes". Porque en algún punto, dejé de ver el reloj. Estaba tan entretenida bailando con mi compañero, que me perdí en el tiempo. Y eso incluye lo que bebí. Dios…no sé que tanto habré tomado. ¿Será mi quinto vaso? Diosito sabrá. Con Félix bailamos tanto, pero tanto, pero TANTO…que entre sudor y algo de dolor de pies, solo nos separábamos para ir a la barra por más. Y de vez en cuando, tratar de compone mi maquillaje al baño. Jamás creí sentirme fan de la música tecno noventera. Admito que tiene gustos arcaicos, pero adoro la manera cortés en como me ha introducido a su mundo. Solo desea hacerme reír y pasar un rato agradable, sin mostrar atisbos nocivos de ninguna otra intención. Eso…es impagable.

En una de mis tantas aventuras al tocador, le vi a lo lejos en medio del tumulto de muchachos bailando solo. Estaba ebrio. Pero eso no le resta sensualidad a sus movimientos. Lo hubieran visto…estaba acomodándose el flequillo con la mano derecha, empapado en transpiración. Se soltó la corbata, se abrió la camisa, bebió un sorbo de su bebida y juré casi desnudarlo con la mirada. Hombre increíble...

Y yo que pensé que moriría lesbiana.

Félix no me ha dado ni un jodido beso en toda la noche. No me ha tocado ni un pelo. Con suerte, la mano o el brazo. Desconozco si es el alcohol en mis venas recorriendo ferviente como caballo semental por mi anatomía o es mi casi un año sin intimar. Pero ahora mismo, me comen las ganas de besarlo hasta ahogarlo con mi lengua. ¿Dije que estaba ebrio? Si. Pero ¿Qué carajos? Yo estoy peor.

—Esta canción es increíble —exclama cual adolescente— ¡Mira el coro! ¡Jajaja! ¡Mira esto! —se jacta, simulando un paso electrónico modesto, pero llamativo— ¡No more!

El está frente a mí. Saltando, gritando, riendo, sudando, jubiloso, bailándome, entregando todo de sí. Y yo, parada frente a el como una estatua a punto de destruirse. Todo me da vueltas. A la mierda ya. Lo jalo del cuello y le planto un beso asfixiante en los labios, dejando salir todos mis dotes de energía sexual frustrada. Al principio, percibo que se complica entero. Pero tras pasar unos segundos, se suelta. Entregado al éxtasis, me devuelve el ósculo, al punto de agarrarme de la cintura con total empoderamiento. Sus manos friccionan mi cuerpo, haciéndome vibrar. No quiero que me toques ahí, tonto. Toca más…

Le obligo a agarrarme el trasero. Se paraliza, soltando un tiritón violento. Me separo de su boca, solo para dejarle en claro con la mirada que le doy permiso para hacer lo que guste. Rojo como un tomate maduro, me aprieta los glúteos con ambas manos. Sus dedos fulminan mi parte posterior. La lujuria se apodera exacerbando mis pasiones mas bajas. Lo empujo hacia la pared del antro y sin darle tregua, me froto vigorosa contra él. Se ha desenfrenado la cosa. Pero he sido yo la responsable de dejarme acariciar. Tiene mi venia. Adelante…hazlo…

—Marinette…—jadea Félix, en respuesta. La aparta, indiscutiblemente atemorizado— Espera…

—¿Qué quieres que espere? —inquiere, casi ofendida por su reacción.

—Yo…—traga saliva, confundido— "Hazla feliz, primo" —recuerda las palabras de Adrien, como si estuviera a su lado susurrándolas en su oído— ¿Quieres seguir aquí o irte a otro lugar…?

—Vámonos —demanda Marinette, convencida— Ya no quiero seguir bailando.

—Bien. Conozco un lugar bonito que te gustará —explica el cirujano, ruborizado— Pediré la cuenta…

2:20AM. Mirador, Basílica del Sagrado Corazón.

No recuerdo…realmente cuando fue la ultima vez que llegué así, tantas veces. Ha sido…sublime. Se que no ha sido nada casual. Yo lo he consensuado. Indiscriminadamente, he arrastrado a mi joven cita a improvisar un plan maquiavélico en donde ambos, pudiéramos tener sexo adulto sin que nadie nos molestara o nos prejuiciara. Eso fue para mí. Aunque Félix…esté temblando como un fideo mojado debajo mío. Lo hicimos en su auto, en la parte posterior de él. En la ultima tanda, me he montado sobre él. Desconozco a ciencia cierta hace cuanto no intimaba. Pero si me ha dejado en claro una cosa. Y es que, le ha dado una importancia casi magistral al asunto. Realmente, se lo tomó muy en serio. Al punto de ser pulcro e indulgente a la hora de usar los preservativos que Alya me regaló. Porque el, no venía preparado. ¿Me pueden creer? De seguro no vio chance alguno a ello. Lo cual me abre otro interrogante medio cruel de mi parte. ¿En serio es tan ingenuo?

—¿Te sientes bien? —pregunta Dupain-Cheng, aun sentada sobre su amante— Te ves pálido…

—Estoy bien…—musita el rubio, gesticulando una mueca dolorosa— Perdona. Es solo que…llevo un tiempo fuera de los campos…

—Tranquilo, no lo has hecho mal —inquiere con dulzura la fémina, besando su frente con cariño— Ha estado increíble…Félix…de verdad —lo abraza con fuerza, aferrada a su cuerpo como un Koala— Eres muy cálido…

—Me alegra saber que te he hecho feliz, Marinette…—musita extasiado el británico, correspondiendo su abrazo con cándido cariño— Eres una mujer maravillosa. Ha estado sublime…

—¿Pero por qué pareciera…que va a llorar? —Dupain-Cheng regresa en sí, mirándole a los ojos— ¿Qué sucede? Hey…

—N-no es nada…en serio…—Fathom reniega de su mirada, desviándola con melancolía— Son cosas mas bien mías, la verdad.

—¿Alguna inseguridad?

—Algo así…—admite— En realidad, no te mentiré. Tenía mucho miedo.

—¿Miedo? ¿De qué?

—De cagarla…—confiesa, cabizbajo— Digamos que la relación con Kagami no terminó del todo bien en el ámbito íntimo. Y tenía mis… "aprensiones"

—Oye…basta. No seas tontito —sonríe jovial la fémina, depositando un beso casto en sus labios— Has sido un amante muy empeñoso. Desconozco de donde provienen tus inquietudes, pero créeme…conmigo no tienes que temer. Jamás te juzgaré por tu pasado.

—"Jamás te juzgaré por tu pasado" —piensa el médico, tragando saliva en el proceso— Eso…me da mucha paz, Marinette. Gracias —le regala una sonrisa ladina en respuesta— Ven…descansemos un momento. No hemos dado tregua —la toma de la cintura, levantándola para recostarla a su lado. Se quita el profiláctico, tirándolo en una bolsa al costado. Los cubre a ambos con su chaqueta— ¿Tienes frio? Ven, déjame abrazarte.

—Estoy bien —musita, satisfecha. Se aferra a su pecho, melosa— Eres muy calientito…

—¿Lo habías hecho con un varón antes?

—Nunca —admite, serena— Pero me alegra que seas el primero. Has sido muy caballeroso conmigo. He de admitir que…al principio creí que no sabías nada. Sonará una canallada de mi parte, pero no sé. Pensé que como estabas casado con una japonesa, de seguro estabas acostumbrado a cosas más "triviales".

—Jajaja…—niega con la cabeza, besando su mejilla con ternura— Nada de eso. Digamos que con mi ex mujer teníamos "reglas". Pero eso no significa que no sepa del tema. Prefiero reservarme el derecho a la sorpresa.

—Y vaya que me has impresionado —chista, agotada— Eres muy hábil. Sobre todo, con la lengua y los dedos. Me pregunto… ¿Dónde aprendiste todo eso?

—Con humildad admito, que he "estudiado" el método.

—Vaya. ¿Muy estudioso me saliste? —bromea.

—Mucho —contesta con algarabío— Mi madre me enseñó que todo en la vida es estudio. Pero preferí optar por el código "del arte".

—¿Cómo va eso? —bosteza, cerrando los parpados.

—Pues, que todo es un arte —narra Félix, orgulloso— Y todo arte se estudia. El arte de pintar, el arte de escribir, el arte de cocinar. Y hacer el amor para mi…es un arte. ¿Lo entiendes? —la mira— No ha escuchado eso ultimo…se ha dormido. Vaya…—suspira, satisfecho para si mismo— Cuando despiertes, te lo explico. O bueno…mejor no. Que soso me pongo. Descansa…—cierra los ojos, junto a ella.

[…]

—¡GOOOOOOL! —chilla Hugo, saltando sobre la cama— ¡Mira que pedazo de pase me he dado con Messi! —apunta con el dedo— ¡Vamos, tía Alya! ¡¿Otra revancha?!

Casa de los Dupain-Cheng. A esa misma hora.

—No sé si ya sea hora para seguir aceptando que he perdido 4 mundiales ya —esclarece Césaire, rendida con humillación fingida— Hugo. ¿Ya viste la hora? Es mejor que vayas a dormir o Marinette se enfadará con los dos.

—¡Ay, por favor tía Alya! —protesta, berrinchudo— ¡Apenas son las 2:20 de la mañana! ¡La noche es joven!

—¿"La noche es joven"? —repite, sorprendida con su comentario— ¿De donde aprendiste ese dicho? Eres demasiado chico para decir eso.

—¡Bah! ¡¿Qué importa?! ¡Vamos otra! —Hugo teclea en el mando de juego— Deja te pongo en nivel "tonto" para que no llores más.

—Tu tienes mas pila que un Huawei —rezonga, frustrada— La ultima y a dormir ¿Sí? En serio, no me hagas ponerme pesada.

—Bieeeeeeen…—refuta, arrastrando las palabras.

—Voy al baño y vuelvo —advierte, saliendo del cuarto.

Un móvil resuena en el velador. El pequeño deja de lado la pantalla, notando que le ha llegado una notificación a su limitado teléfono de niño que solo permite llamadas de su mamá, emergencias familiares y mensajes de conocidos que tengan en su poder, su número. Reconoce el nombre. Es de Emma, su nueva amiga del campamento. Lo coge y lee. Ambos entablan una conversación coloquial inocente entre emojis y comentarios banales. Hasta que…

«E: ¿Estas?

«H: Medio. Ya me voy a la cama. Mi niñera se puso pesada porque le gané mucho en el fifa —carita sacando la lengua.

«E: Al menos tienes niñera. Agradece.

«H: ¿Tu qué haces despierta?

«E: Estoy en casa de mi abu Ame —carita triste— Me ha obligado a comer berenjenas cocidas. Las odio como no tienes idea.

«H: Se lo que es odiar. Yo odio las arañas —aclara— No deberías comer cosas que no te gusten —carita enojada.

«E: Lo sé. Pero no todos los adultos lo entienden —carita nauseabunda— ¿Extrañas mucho a Marinette? Es la primera vez que sale ¿No?

«H: ¿Por qué lo dices? —carita confundida— Mamá se fue de fiesta con sus amigos profesores.

«E: ¿Eso te dijo?

«H: ¿Ah?

«E: Nada…—carita con ojos arriba.

«H: Dime —demanda, enojado.

«E: —escribiendo.

«H: …

«E: —escribiendo.

«H: ¡Emma!

«E: Hugo, mi papá y tu mamá salieron juntos esta noche. ¿Acaso no te enteras?

«H: ¿Qué tonterías dices?

«E: ¿En serio no sabias?

«H: No…

«E: Bueno, eso. Papá me dejó en casa con mi abuela para que pudieran salir tranquilos. Y a ti con niñera —hace una pausa, agregando— ¿Estás molesto?

«H: No sé como sentirme, la verdad —responde.

«E: Nada. ¿Te molesta?

«H: No sé…

«E: Mi papá es bueno.

«H: Mi mamá también.

«E: ¿No eres mi amigo?

«H: Lo soy.

«E: ¿Entonces?

«H: ¿Que va a pasar?

«E: ¿Con que?

«H: ¿Somos hermanos ahora?

«E: ¿Por qué dices eso? —carita triste con lagrima— Solo es una cita.

«H: Perdona. ¿Qué es una cita?

«E: No tengo idea. Es como ir al doctor. Mi papá es doctor.

«H: ¿Entonces ahora mi mamá será paciente de tu papá?

«E: Puede ser. Se acabó mi tiempo en pantalla. Adiós —manito de despedida.

«H: ¡Emma! —solo una palomita. No lo ha leído.

—¡Hey! —Alya regresa al cuarto, como si nada— ¿Listo para la última contienda? —nota como el menor guarda el móvil de manera indiscriminada, en el velador— ¿Qué pasa…?

—Alya…—musita Hugo, mustio y huraño— Dime la verdad. ¿Dónde está mi mamá?

—Bueno, se fue de fiesta ¿No?

La verdad —demanda el peliazul, ofuscado— ¿Mamá se fue de cita con el doctor Fathom, no es asi?

—…

—¡Responde!

—Si…—exhala, rendida— Pero espera, no pienses nada malo. Deja que Marinette te explique por favor. Porque en serio, no quiero tener problemas con ella. Prometí-…

—Vale —asiente, apagando la consola de golpe— Quiero dormir. Vamos a dormir. Tenías razón. Es tarde. Chao.

Dios mío…no puedo lidiar con esto sola…

Penthouse Graham de Vanily. A esa misma hora.

—Perdóname, mi princesa hermosa —comenta Amelie, malograda. Le quita el celular, guardándolo— Tu sabes que, si fuera por mí, no te prohíbo nada. Pero Félix es muy estricto con tus horarios.

—No pasa nada, Granny —responde Emma, jovial— Todo bien. Conozco las reglas. Y, de hecho, si es tarde para mí.

—Solo quiero que recuperemos tiempo perdido —espeta la británica, desplazándose en su silla de ruedas hasta el vestíbulo. La toma del brazo— Ven. Te contaré lo que quieras.

—¿Lo que quiera?

—Claro.

—Bien —interviene la menor, increpándole con la mirada furtiva entre ceja y ceja— Entonces ahora me dirás por qué, no quisiste que papá te tratara con tu problema.

—Emma…yo no…

—Responde —demanda, ofuscada— Muy niña en edad soy, pero entiendo perfectamente. ¿Qué fue?

—Bueno…—Amelie suspira, rendida— Es mas simple de lo que creen muchos. Pero apelo a que tu eres mas sensata que todos ellos —sonríe ladina— Mi enfermedad no tiene cura. Y tu padre, se obsesionó demasiado con encontrarle una. Algo que no está bien.

—¿Y por eso te alejaste de el? —inquiere, ofendida— ¿Porque consideraste que no tenía cura, lo apartaste?

—Cariño, yo no-…

—No es excusa —protesta con voz hosca la menor— No. Con todo respeto, abu. Fuiste muy cruel con él. Solo quiere ayudar, aunque no pueda. No debes decirle que no de esa manera. Es parte de la familia. Mamá Kagami me enseño que a la familia se le honra. Por muy mala que sea.

—Por favor…no seas tan dura conmigo y deja que te explique el contexto ¿Sí? —examina Amelie, al borde de la frustración. Su nieta hace amago de silencio, tomando una posición contemplativa ante el asunto— Verás…Félix es mi hijo y lo conozco mejor que nadie. Se que es un chico maravilloso, en muchos aspectos. Y si alguna vez ha cometido errores, no lo hace de malvado. Después de todo, es un humano como todos en el camino del aprendizaje. Pero…

Flashback—

—No puedes salir —protesta Félix, parado en la puerta— Debes tomar reposo, madre. Las transfusiones de sangre son complicadas y requieren un mínimo de 8 horas de descanso.

—Félix, cariño. Entiendo que estes preocupado por mí. Pero no puedes simplemente tenerme encerrada como una princesa en un castillo —explica aturdida la mayor— Necesito tomar aire también.

—Puedes salir al balcón —señala.

—¿Eso es parte de tu humor o lo dices en serio?

—Muy en serio —advierte el rubio, encuclillándose frente a ella con preocupación— Madre…esto lo hago por tu bien. Necesito que comprendas la importancia de tu tratamiento.

—Ya hemos hecho demasiado con esto ¿No te parece? —Graham de Vanily le toma del mentón, conectando mirada grácil con el— Estoy un tanto agotada de tantas agujas. Mis riñones andan fallando últimamente, producto de los medicamentos. Y las jaquecas no disminuyen.

—Lo sé. Y estoy muy consciente de los contras de esto —explica Fathom, besando sus manitos con ternura— Pero es necesario…para que mejores un poco. Además —se levanta, sonriente— La próxima semana comienzas con la quimio. Estas entrando en metástasis y es imperativo de que lo tomes.

—¿Qui-Quimioterapia? —parpadea, estupefacta— ¿Quieres que tome esa cosa horrible?

—No es tan terrible si se suministra bien. De acuerdo a los procedimientos, yo mismo supervisaré todo —narra, extendiéndole un documento— Pero no puedo comenzar con él, si no firmas aquí. Necesito tu consentimiento.

—Hijo…—Amelie relee el texto, reticente frente a el— ¿Sabes lo que le pasa a la gente que toma quimioterapia?

—Bueno…si —murmura el británico, cabizbajo— Pero solo es por un periodo de tiempo. Luego todo vuelve a la normalidad.

—No puedo…hacerlo —su progenitora le regresa el papel, negando con la cabeza— Me rehúso a en un proceso que, en vez de alargar mi vida, solo lo acorte y me traiga más sufrimiento. He visto como termina la gente con él. Calva, anémica, ojerosa, descompensada. Es un ataque más psicológico que físico —agrega— Sugieres que bombardee mi cuerpo con miles de millones de rayos nocivos.

—Mamá, por favor. No hagas esto mas difícil. Solo estoy pensando en tu bienestar…

—Lo siento. Pero no lo haré —sentencia la fémina— Y es mi ultima palabra. Si he de aceptar mi destino y esto no tiene vuelta atrás, prefiero vivir mis últimos días gozando de los regalos de la vida, que enferma y postrada en una cama —rezonga— Ahora, si me permites. Iré a dar una vuelta con Patrick.

—Mamá, te lo ruego —insiste el inglés, frunciendo el ceño— No escapes de esto. Déjame por favor al menos-…

—Apártate, Félix —exige colérica la mujer— Respetarás mi voluntad, así tenga que ir en tu contra de ser necesario.

—Solo lo haces más difícil —masculle el ojiverde. Profesándose contra la pared y muy agraviado, se hace a un lado— ¡Luego te vas a arrepentir de no haberme hecho caso! ¡Esto va a salvar tu vida!

—Puede ser —se desplaza hacia el elevador, observándole por sobre el hombro— Pero sigue siendo mi vida ¿No? Yo veré como la llevo. Andando, Patrick. Quisiera ir de compras.

—Como usted ordene, Lady Amelie —asiente obediente el mayordomo.

Fin Flashback—

—Desde ese día, Félix comenzó a tener comportamientos muy erráticos conmigo. Apelando a una postura tan intransigente, yo no deseaba discutir con el…—expresa abatida— No sabes cuanto me dolió todo esto. Pero dado que el no iba a detenerse…no me quedó de otra que irme de Paris por un tiempo. Fue la única forma de calmarle…

—Vaya…yo no…—Emma hace una pausa, pasmada con su revelación— no tenía la menor idea de que papá pudo llegar a actuar así.

—Por favor, no te lo vayas a tomar a mal ¿Quieres? —Amelie le abraza con fuerza— Y no le digas que te lo conté. Es mejor que lo dejemos entre nosotros. Mas que mal, es algo con lo cual me toca lidiar a mí.

—Pero granny…—musita la pequeña, turbada— ¿Es cierto eso? ¿En verdad…te vas a morir?

—Bueno, cariño —la mayor arregla su cabellera, con ternura— Morir es parte de la vida. Todos morimos algún día. Somos frágiles y efímeros. Y es eso mismo, lo que nos invita a disfrutar al máximo el tiempo que nos brinda Dios en el mundo.

—¿Dios? —pestañea, confundida— ¿Quién es Dios?

—¿Tus padres no te han dicho nada sobre su existencia? —pregunta, sorprendida.

—No…—chista, liada— O sea, tal vez. No lo sé. He escuchado un par de cosas de ese señor que vuela en el cielo. En el colegio y así. A veces veo gente gritando cosas de él, en la calle con unos megáfonos. Dicen que hablan con esa persona y todo. Pero pues, nunca lo he visto. No lo conozco. Mamá es sintoísta y papá es ateo —desvía la mirada— Así que supongo que…dudo me lleguen a hablar de él.

—Pues…tengo algo para ti, si es que te interesa, claro —Amelie se desplaza en la silla de ruedas hacia un estante y extrae un pequeño librito, que termina en sus manos— Los Graham de Vanily somos católicos. Tu abuelo y tu tátara abuelo lo eran. Llevamos muchas décadas y siglos sirviendo a los reyes de Inglaterra. Como parte de la corte, profesamos su religión. Quizás, te interese leer esto —lo extiende a ella.

—¿Qué es? —Emma toma el texto entre sus pequeños dedos y lee la portada— "Holy Bible". ¿Un libro sagrado?

—Algo así —asiente, jovial— La verdad es que con Colt nunca le impusimos ninguna religión a Félix. No a la fuerza, al menos. Íbamos a misa los domingos, pero solo hasta que el comenzó a rechazar la idea. A partir de ese momento, le dejamos ser lo que el quisiera —añade— Supongo que contigo hicieron lo mismo. ¿No?

—Jamás nadie me habló de este tema —revela la menor— Y, a decir verdad, me entusiasma la idea. Siempre creí en una fuerza superior a la nuestra. Pero no pensé que tuviera nombre o rostro —recordando algunas historias del pasado— Ah. Ahora que lo pienso…mamá solía llevarme algunos sábados a un templo de su familia. Pero eran como clases, por así decirlo. Ahí aprendí japones y a escribir en Katakana.

—Eres una chiquilla poliglota ¿Lo sabias? —Amelie besa su frente, con orgullo.

—¿Lo soy? —inquiere, animada.

—¡Claro! —carcajea, dotada de júbilo— ¿No lo habías notado? Hablas 3 idiomas y casi perfecto. Japones, inglés y francés. Serás sin duda una mujer dotada de mucho conocimiento de adulta.

—Gracias, Abu. Eres la mejor —la pequeña la rodea con sus brazos, frotando su frente contra su antebrazo— Agradezco todo conocimiento que me den.

—¿Ya has pensado que te gustaría ser cuando grande?

—La verdad no mucho. Pero…—susurra en su oído— ¿Te cuento un secreto? Últimamente me llaman mucho la atención los programas de animales y el calentamiento global.

—¿Calentamiento global? —ríe— ¿Te refieres a esos activistas ecológicos?

—¡Si! ¡Esos! —chilla, alegre— Ya sabes, gente velando por niños, animales y el planeta verde.

—Bueno…yo igual tengo un secreto —susurra de vuelta en su oído— Yo estuve de viaje en la India y también me llamó la atención ese tema. ¿Te gustaría que te cuente sobre que aprendí por allá?

—¡Si, por favor! —brinca— ¡Hazlo!

—Bien. Pero ya será para mañana —Graham de Vanily llama al mayordomo— Es hora de ir a la cama. Es demasiado tarde y no queremos hacer enfadar al doctor gruñón.

—¡Jajaja! ¡Si que es un buen apodo! —carcajea en tono infantil— Es muy gruñón a veces. Ya vamos a la cama. Traje mi pijama de "Barbie pijamada"

—Cielos, creo que necesitaré uno de esos para cuando hagamos noche de chicas —le cierra un ojo, acompañándola al cuarto— Vamos, a lavarse los dientes primero.

[…]

—Ha sido una noche de ensueño, Félix —murmura melosa, Marinette. Deposita un beso prolongado en sus labios, antes de bajarse— Mhm…—se separa— Muchísimas gracias por todo.

Casa de los Dupain-Cheng. 3:24AM.

—Opino igual, Marinette —sisea Fathom, correspondiendo el ósculo con la misma intensidad, ruborizado en el proceso— No sabes hace cuanto que no me divertía así. Y ha sido un honor para mí, que hayas aceptado esta cita.

—El honor es todo mío —sonríe febril, quitándose el cinturón— Que llegues bien a casa.

—Es-espera…—Félix la sujeta del antebrazo, antes de marcharse. Ella lo observa, templada— Y-yo…me preguntaba si… ¿Crees que sea posible, poder repetirlo otra vez?

—Claro —asiente, compensada— Vamos a tomarlo con calma ¿Sí? Nadie nos apura.

—Cierto…—traga saliva, tímidamente— Con calma…—la deja marchar— Que descanses…

—Y tu igual —le tira un beso con la manito— Salúdame a Emma de mi parte.

Se que ya estaba segura en casa, pues yo mismo la había traído de regreso. Pero por alguna razón no pude marcharme de inmediato. Tenía que cerciorarme que, aunque estuviera abriendo la reja, entrara de plano a la morada. Es muy entrada la noche y nadie sabe los peligros que la urbe parisina depara. En realidad…era más que solo asegurarme de que estuviera bien. Esperaba que se volteara por ultima vez a verme. Mas no lo hizo. Abrió la puerta y desapareció en el interior, como si nada. Bien, no ha estado mal después de todo. Me vi a mi mismo por el espejo retrovisor y solo el universo es testigo de la cara de idiota que traigo. Aun puedo sentir el sabor de mis labios contra los suyos. El calor corporal de su anatomía emanando contra la mía. Su sonrisa alucinante y su risa hipnotizante, de esas que se te pegan como una viruela. La mirada de niña, en el cuerpo de una madre. No sé qué será lo que hace a mi pecho palpitar como un adolescente. Pero si no es amor…ruego al cielo no sea obsesión u otra cosa enfermiza. Puesto que Marinette me gusta mucho mas de lo que creí. Y no hablo a niveles anatómicos solamente.

Me quedé un rato más, disociando en la increíble noche que habíamos pasado juntos. No saben lo afortunado que me siento, de haberla conocido. Por unos momentos, creí que mi vida acabaría luego de que Kagami me dejara. Mi irrisorio miedo al abandono y la poca bondad afectiva que captaba mi pobre sanidad mental sobre el rechazo, me invitaba a prever los peores escenarios con ella. Como si no tuviera chance alguno, ante tan maravillosa mujer. Pero supongo que el destino jugó sus cartas y tenia un AS bajo la manga. Se que ha dicho que debo tomármelo con calma. Pero hay algo que me empuja al abismo de las decisiones atolondradas y la manía de convertirla en mi compañera sin premuras. De quien no tiene nada que perder y vive en el mundo de la inmediatez; dando por sentado que como me acosté con ella, es mía.

Es una tontería. Y estoy consciente, de que es algo que debo trabajar con mi terapeuta. Lo que menos quiero, es cagarla y espantarla. Haciendo un pacto cual juramento religioso, me prometí a mi mismo darle su sitio y postrarme a sus tiempos. Pero mi ansiedad y mi penuria de probidad me lo pone difícil. No me considero un mal hombre. Solo…algo roto. No puedo entregarle una vida de carestía a esta chica. No después de toda la bondad que ha mostrado conmigo. Y, sobre todo, con mi hija. Conduje sin prisas a baja velocidad hacia casa. Cuando llegué y encendí la luz, aprecié por unos segundos la visceral ausencia de Emma en un vacío magnánimo. Tolerando que estaba en casa de su abuela por venia propia, me limité a darme una ducha para borrar rastros de mi crimen sexual. Me lavé los dientes y como cosa rara, me acosté en mi cama; sin sentir la audacia de profanar la de mi hija con mis puerilidades infantiles.

Va a sonar una mezquindad en mi calidad de padre, pero haber pasado la noche con Marinette me dotó de cierta seguridad a mi soledad. Ya no escaseaba en mí, la falta de compañía. Algo se había anidado en mi pecho, similar a un calor de hogar. Ella no estaba a mi lado, pero la sentí cerca, como omnipresente. Como si compartiera mi lecho matrimonial. Mismo…que ya no lo abrazaba tan desolado. Me di un par de vueltas en la penumbra, sin lograr conciliar el sueño. Cogí el móvil y busqué su contacto. Le escribí un ultimo mensaje, sin rayar en la intencionalidad del acoso. Solo…quería dejar en claro una cosa. Mas bien, un detalle que no me dio tiempo de expresar. Y que, sin duda, ella merecía saberlo. Bloqueé el teléfono y me acomodé en posición fetal, sonriente. Hora de dormir…

Casa de los Dupain-Cheng. A esa misma hora.

—Dime que es una broma —expresa Marinette, abochornada hasta las orejas y con expresión aterrada. Se ha paralizado, mientras preparaba un café— Mierda…

—Te juro por mi madre que no fui yo, amiga —revela Alya, en la cocina junto a ella— Cuando llegué, Hugo ya lo sabía todo. Me quedé con la duda unos momentos. Así que, apenas se durmió tomé el móvil y leí el chat—le entrega el teléfono en sus manos— Para que veas que no te miento.

—Con un demonio…—la peliazul relee la conversación— No tenía la más mínima idea de que Emma y Hugo se hablaban.

—¿Qué esperabas? —se encoge de hombros, con obviedad— Se hicieron amigos en el campamento. Intercambiaron números, etc. Hasta fotos tienen juntos.

—No digo que me moleste ¿Sabes? Al contrario…—traga saliva, abombada— Pero esto…se escapa de mí. No hay nada que pueda hacer al respecto. No pretendo prohibirle a Hugo que tenga amigos —adiciona, deslizando el dedo hasta arriba— Tampoco veo atisbos de que Emma esté intentando algo malo.

—¿Cómo crees, chica? Son solo niños. Son inocentes —declara Césaire, vertiendo el agua caliente sobre su taza— Pero en lo personal y si me lo permites, vivimos en la época de la comunicación y el internet. Si realmente no quieres quedar mal frente a tu pequeño, será mejor que comiences a ser transparente con el desde un comienzo. O esto…te traerá problemas amargos.

—Ni lo insinúes…—la ojiazul se sienta sobre una silla de cocina, abatida— Lo que menos quiero es que Hugo piense que soy una mentirosa. No quería engañarlo. Es solo que…dios. ¿Cómo explicárselo? ¿Cómo le digo a un niño de 8 años que no me siento lista para contarle que quiero rehacer mi vida?

—Pues…—se sienta a su lado, tomando su mano con dejo de comprensión— ¿Contándoselo y ya? No veo motivos para darle tantas vueltas. Se que es un proceso delicado. Pero siempre será mas sano que se entere primero por ti, que por otros. Con el tema que sea. ¿Me explico?

—Ya sé. Hugo no es tonto. Si el quisiera saber sobre una trama en específico, nada le cuesta averiguarlo por si mismo —Marinette se toma la cabeza— Pero esto es distinto…

—Escucha…—la morena le quita el móvil, haciéndolo hacia un lado solo para conectar una mirada sincera con su camarada— Yo no soy madre. Pero soy docente de primaria tanto como tú. Sabemos como funciona la educación de los niños. Creo que es momento de aplicar esos conocimientos a tu vida personal —sugiere, esbozando una sonrisa cándida— No te ofendas, pero me parece que estas subestimando la inteligencia de tu hijo. Quiero decir, la hija de Félix lo entiende re bien. ¿Por qué Hugo no? Ella no es super dotada.

—Yo…—Dupain-Cheng desvía la mirada, indiscutiblemente desarmada— Tienes razón, Alya. He sido una tonta. No tengo justificación alguna para explicarte lo mal que he tomado este asunto. Pasa que…tengo miedo ¿Sí? Me da mucho miedo, de que Hugo actúe de manera negativa frente a esto. La historia de Félix es distinta a la mía. Yo soy una viuda. El solo está divorciado.

—Y lo entiendo a la perfección —expresa serena la muchacha de anteojos— Para un adulto, en ambos casos suena distinto. Pero para un niño no. Los dos pequeños sufrieron le perdida de sus figuras familiares. A su modo de verlo, es trágico por igual. Pero no permitas que eso nuble tu calidad de madre —le da fuerzas, con intencionalidad fulminante— Eres fuerte, Marinette. Tanto como Félix. Independientemente de sus dolos, tienen ambos un hijo de por medio. Piénsalo…no es tan descabellado.

—Estas en lo cierto, amiga. Y sin duda que mañana mismo hablaré con el sobre este tema. Te lo prometo —asiente, empoderada de su decisión— Gracias por haber cuidado de él. No sabes cuanto lo aprecio —la abraza con pujanza, melancólica.

—Para mi es un placer ayudarte, chica. No hagas mucho revuelo —carcajea la chica de ojos marrones, dándole un golpecito cariñoso en la frente con el dedo— ¿Y bien? Dejando de lado este tema… ¿Cómo estuvo? ¿Eh? Cuenta detalles. Dale, no seas mezquina con tu amiga. ¿Cómo se portó Félix?

—Dios…yo…—Marinette se rasca la nuca, completamente enrojecida cual tomate maduro— Si supieras…

—Quiero saberlo, obvio —la incita, chismosa. Toma sus manos en el proceso— Dale. ¿Qué tal? ¿Te gusta el chico? —su camarada asiente, sin pensarla dos veces— Santa mierda, lo sabía. Vamos…que la noche es joven.

—No sé por donde partir…—lleva un par de mechones de cabello detrás de su oreja, bebiendo un sorbo de su café— Pero…está bien. Trataré de resumírtelo tanto como pueda. Es que, Félix es…—exhala, obnubilada— Increíble…

—Dios santo —Alya se sonroja tanto como ella— Esta historia de alguna manera me excita. No sé, estoy loca. Cachetéame.

—¡Eres una tonta! —literal, si la a cacheteado, pero bien suavecito. Ambas rompen en carcajadas bajitas, para no despertar al menor que duerme en el otro cuarto. Marinette saca su bolso y le enseña el interior. Completamente vacío— ¿Entiendes?

—¡¿Los 6?! ¡¿La maldita tira de 6 completa?! —brama, extasiada a mas no poder— ¡Literalmente devoraste!

—¡Shhh! ¡Baja la voz, con un demonio! —le tapa la boca, avergonzada— ¡Ya!

—Perdón, fue la cafeína —se excusa, cual niña pequeña— ¿Y entonces? ¿Qué más?

—Pues…

Que manera de hablar, eh. Cuando Alya y yo nos ponemos al corriente de las licitudes de la vida, no hay quien nos pare la lengua. Literal, podría estar destruyéndose el mundo delante de nosotros, pero chisme es chisme, señoritas. Aquí lo importante es la información valiosa que nos intercambiamos. El tiempo sigue volando cuando te diviertes. Y no caí en cuenta de él, hasta que luego de habernos tomado 3 tazas de café y comido cada una un Muffin de zanahoria con pepitas de calabaza, miré la hora. Eran las jodidas 5:20 de la mañana. Me fui de culo. Era demasiado tarde para que mi amiga se fuera a casa, así que le preparé el cuarto de invitados y yo, me dispuse a ir a la cama ya. Aunque no sin antes, darme una vueltecita por la habitación de Hugo.

Estaba dormido, con su "espanta cucos" prendido en el velador. Sip. Es una especie de casita de greda, con una luz cándida y tenue dentro; que le compramos con Fei, porque solía decir que le daba miedo la oscuridad y los "duendes" que lo visitaban. No pude evitar arrimarme a el y besar su frente, arropándole como ultimo gesto de devoción nocturno. Cierta codicia de culpa me invadía. Quise llorar, pero no lo hice para no atosigar su sueño. El merece el mundo entero y todo lo bueno que hay en él. Abrazaba uno de sus juguetes de Marvel. Específicamente a Loki, su antihéroe favorito. Y vaya que si tapé a Loki también. Como pase frio y pesque un resfriado, luego me regaña.

No sabes cuanto te amo…—sisea Marinette, en medio de la media luz, acariciando sus hebras azabache— Descansa, cariño…

Sali del cuarto y me afané a la ducha, con tal de asearme por mi afrenta sexual. Me preguntaba eso sí, si Félix también borraría rastros de su crimen. Es curioso que haya pensado en él, en un momento así. ¿Quién sabe? Capaz el también lo hizo. En cuanto logré apaciguar mi fantasía, cogí mi móvil para apagarlo. Odio que interrumpan mi sueño, dado que para mi es sagrado y coman cola todos. Noté que tenia una notificación en el Whatsapp. Así que lo abrí y lo que leí a continuación, me atiborró de aire caliente el pecho. Es un mensaje de él. Lo reconocí, porque lo había agendado como "Dr. Fathom" a secas. Era escueto, lacónico y sin ningún emoji de por medio. Pero incluso si era tan…simplón, me robó una sonrisa carismática del rostro.

«Dr. Fathom: Te veías increíblemente preciosa esta noche, Marinette. Eres la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto. Te quiero mucho.

Instintivamente, le cambié el alias. Ahora sería apodado como: "Félix" y un corazoncito de color rosado con estrellitas. Porque es así…como me siento. Quise responderle. Me vi tentada a hacerlo. Escribí: "Tu también te veías muy guapo, Félix. El hombre mas hermoso de todos…" pero lo borré. No lo envié. Reaccioné con un corazón blanco y solo le respondí con una planta de Girasol; que es mi flor favorita. Tengo 0 experiencia con varones, lo digo desde ya. No sé como les gusta que les hablen, como responder, como complacerles, nada. Pero apelé a que entendería que correspondí su halago con ese gesto resumido y apagué mi teléfono. Era hora de dormir. Lo único que recordaba de aquella cita eran las palabras de mi amiga Alya resonando en mi cabeza:

"Mas vale tarde que nunca". Y vaya…que si tenia razón. Cerré los parpados, susurrando por última vez.

Yo también te quiero mucho…Félix…

Mañana…es un nuevo día…