—Por favor, abrázame. Abrázame fuerte…y no me sueltes…que me muero —jadea Marinette, en tono febril.
—No te mueras, te lo ruego —sisea Fathom en respuesta— No te voy a soltar, Marinette. Nos vamos juntos…
Casa de los Dupain-Cheng. 1:14AM.
—Ay…no puede ser —sobre piensa Hugo, aterrado; escuchando todo detrás de la puerta— ¡Tengo que hacer algo! —saca su móvil y escribe, redundando— ¡¿Me tengo que entrar a despedir o qué?!
«H: ¡EMERGENCIA! —mil emojis de advertencia— ¡CONTESTA YA!
Apartamento de Kagami Tsurugi. A la misma hora:
—¡Jajaja! ¡Es verdad! —carcajea Emma, entretenida con un juego de mesa— ¡Mira! ¡Si te he ganado!
—Por todos los dioses —bufa Kagami, impresionada— ¡Si lo hiciste! Pensé que solo estabas alardeando.
—¡Nah! ¿Cómo crees? Yo no miento con esas cosas —se mofa la menor, divertida. Su celular vibra dentro del bolsillo— Ah…dame un momento, mami. Me escribe un amigo —nota el apodo en la pantalla— ¿Y a este que le pasó?
«E: ¿Qué te pasa? Contrólate.
«H: ¡Emma! ¡Mamá se está muriendo! —emoji de calavera.
«E: ¿Qué estás diciendo? —emoji espantado— ¡¿Cómo que se muere?!
«H: ¡No lo sé! ¡La escuché decirle al doctor Fathom que se moría! —emoji llorando— ¡Y luego se estaba despidiendo de él, pero de mi nada, eh!
«E: Un segundo. ¿Papá está en casa de la señorita Dupain-Cheng?
«H: ¿Dónde más va a estar?
«E: Disculpa. Es que me dijo que tenía una cita médica con un paciente y no lo relacioné.
«H: ¿El doctor Fathom te mintió?
«E: No, nada de eso. Papá jamás me mentiría —emoji pensante— A menos que…
Emma hace una pausa, ruborizándose de golpe. Toda duda, cobra asidero tras pensarlo mejor. Ay no…definitivamente, si es lo que cree.
«E: Solo respóndeme una cosa. ¿Están en el salón o en el cuarto?
«H: En el cuarto de mamá. ¿Debería entrar?
«E: No se te ocurra ni por un segundo hacer esa estupidez, tonto. Déjalos solos —le advierte con un emoji enojado— Escucha. No, más bien, léeme. Ve a tu habitación. Prende la televisión o el play, lo que sea. O de plano duérmete. Yo apenas pueda hablaré con mi papá sobre esto. Y te prometo, que no volverá a pasar —emoji suspirando— ¿Sí?
«H: Bien. Te haré caso. Confío en ti…Emma —dos deditos enfrentados, como anime.
«E: Gracias. Ya hablaremos de esto, lo prometo —corazón.
«H: Emma…
«E: ¿Dime?
«H: ¿Me juras que no se va a morir…?
«E: No creo. Al contrario. Creo que mañana…estará más viva que nunca —emoji sonriente con gotita— Por favor, ve a tu pieza y distráete. Prometo ayudarte apenas pueda.
«H: Gracias, te quiero mucho —corazón.
—Si…yo igual —refuta Emma para sus adentros, mordisqueándose el dedo pulgar— Pero creo que te están subestimando… "hermanito".
[…]
—Oye…—exclama el rubio, un tanto preocupado; en lo que se viste— ¿Estás segura de que Hugo está dormido?
—Son más de las 2 de la mañana —expresa la fémina, esbozando una sonrisa ladina— Debe de estar en el quinto sueño, descuida.
—Si, lo sé. Pero…—se rasca la nuca, nervioso— ¿Es prudente que lo hagamos en tu casa?
—¿Te incomoda? —pregunta, confundida.
—B-bueno…si, un poco —ríe inquieto en respuesta, levantándose de la cama para mirarle con desazón— Mas que nada…temo que nos llegue a escuchar o algo así.
—Descuida, dudo eso pase. Hugo tiene el sueño muy pesado —añade Marinette, depositando un beso casto en su mejilla; en lo que se encamina hacia la puerta— ¿Quieres un café?
—Eh...si, claro —asiente, más tranquilo— Solo…dame un momento. Iré al baño y te acompaño.
Tengo un mal presentimiento. No sé qué demonios sea, pero algo me cosquillea en la espalda. Ha decir verdad, nunca había estado en casa de Marinette. Y si me lo preguntan, en lo personal desearía haberla visitado en otro plan. No en algo que nos comprometa tanto. Pero ya está hecho. Negar que no lo he pasado bien, sería falsear a mis expectativas. El aroma de su baño me gusta mucho. Huele a lavanda y toques de jazmín. Es curioso lo que se puede deducir de una mujer por le decoración. Y mientras orino, diviso un neceser semi abierto con algo de maquillaje. Hay un par de cuadros en la pared y la cortina de baño me parece sobria, con cierto estilo asiático. Me recuerda un tanto al como Kagami ordenaba los artefactos de ducha. Ella solía repetir eso del "Feng Shui". De cómo debía ir proporcionadamente cada cosa en su lugar, de tal manera que no alterara el precepto natural de las energías que confluyen entre lo etéreo y los chakras del cuerpo humano. Estudié un poco sobre el tema de antaño, pero nunca llegué a prestarle atención. Tengo entendido que Marinette tiene descendencia directa de una familia china, por parte de su madre. Aunque esto…me es muy llamativo. Puesto que está dotado de cierta armonía que me parece milenaria a la vista. Me he limpiado, he tirado la cadena y me lavo las manos. Diviso un porta objetos sobre el mueble del lavamanos en donde reposan 3 cepillos de dientes. Dos rosados y uno azul. Es demasiado notorio el color para cada género. Concluyo que uno de esos, era de su difunta esposa. Me pregunto… ¿Por qué aun lo conserva? No digo que deba tirarlo para borrar cualquier rastro de ella en su vida. Pero lo natural es que, a casi un año de enviudar, no archive tales pertenencias personales aún. Me asalta la duda, pero lo dejo pasar.
Tras hacer abandono del tocador y apagar la luz, camino incauto por el pasillo a pies descalzos. Solo me he puesto una musculosa blanca y un calzoncillo negro. Continua en el ambiente una fragancia a vainilla que ahora calma mis dudas. ¿Qué es? Un incienso a medio consumir sobre una llamativa animita cautiva mi atención. Hay en ella muchas fotografías familiares y una sola en particular, de una muchacha de cabellera azabache y semblante sobrio; sosteniendo un trofeo. ¿Quién es…? He asumido que es su fallecida mujer. Instintivamente cojo el retrato entre mis dedos y lo analizo con curiosidad. Un sentimiento de nostalgia atosiga mi pecho. ¿Por qué de pronto…me siento mal? ¿Acaso no debería estar en su casa en estos momentos? Me profeso agraviado, como si fuese un ladrón asaltando una morada de niños. La voz de Dupain-Cheng me asalta de golpe.
—¿Azúcar o endulzante? —pregunta la peliazul, atándose una coleta en el proceso. Se detiene, sorprendida por su actuar— ¿Qué haces?
—¡Ah! ¡N-no! ¡Nada malo! ¡Dis-Disculpa! —niega con la cabeza, repetidas veces. Suelta la imagen y la regresa a su lugar de origen— Perdón…me dejé llevar. Es que…se veía bonita la foto de la chica, es todo…
—Su nombre era Fei —murmura la profesora, bosquejando una mueca nostálgica en lo que examina el retrato— Era una excelente luchadora de artes marciales. Aunque siempre consideré algo arriesgado su trabajo, es curioso que no haya sido el motivo real de su fallecimiento.
—Fei…—repite Félix, ensimismado— Es un bonito nombre. Y si se ve que era buena en lo que hacía.
—Se que he estado evitando hablar de este tema por mucho tiempo, porque es doloroso para mi —añade la docente, depositando de vuelta la fotografía— Pero…ya que ahora entras a mi casa y hoy has ocupado su lado de la cama-…
—No realmente —interrumpe Fathom, haciendo amago de honor a sus palabras— No busco rellenar el vacío que ella dejó, bajo ningún punto de vista. No deseo que te hagas una imagen mía de algo que no soy.
—No me molesta, Félix —confiesa Marinette, regresando la vista a su compañero con dulzura— Tampoco lo plantees como si fueses un asaltante en medio de la penumbra. Tu estas en mi casa, porque yo te dejé entrar —toma sus manos— Y si me hago o no una idea de lo que eres, finalmente será problema mío. Mas que mal, no somos dos niños jugando a ser adultos.
—Marinette, quiero que sepas…—el rubio le mira a los ojos, decidido— Que, de todo corazón, yo no espero nada de ti. Todo lo que me has brindado, ha sido por añadidura y considero que es maravilloso que dos personas como nosotros, tengamos la valentía y la pasión aun de vivir este romance como padres solteros.
—Ninguno de los dos es perfecto y eso lo entiendo. Hacemos lo que podemos y me encanta la idea de que, durante el proceso, estes a mi lado…—sentencia la fémina, ruborizada.
—Han sido 3 meses maravillosos a tu lado, Marinette. Si estas cómoda con mi presencia en tu vida…—traga saliva, abochornado— Quiero que sepas que cuentas conmigo para lo que gustes. Sobre todo, si buscas sanar tu perdida.
—Me parece increíble que quieras hacerte cargo de algo que ni tuyo es —Dupain-Cheng lo arrastra hacia el salón, sentándose a su lado. Le entrega su café— Y si he estado pensando mucho en abrirme más en ese ámbito contigo.
—No te estoy exigiendo nada —aclara Félix.
—Fei fue mi primera y única mujer —exhala, observando como el humeante brebaje sube por sus manos— Y asumió ser la madre de mi hijo también. Si bien no era tan presente en mi vida como me hubiera gustado, se hizo responsable cuanto pudo. Al momento de fallecer, descubrí que incluso había abierto una cuenta de ahorros para que, con Hugo, viviéramos bien si ella no estaba —desvía la mirada, acongojada— Esa noche…ella no contestó mis llamados como era habitual. Solía viajar mucho a China por negocios y recorría el mundo en campeonatos. Fue entonces cuando los detectives me visitaron en la escuela y me contaron lo sucedido. Muchos detalles no tenían, pero me informaron que había sufrido un accidente automovilístico. Cuando llegaron al lugar, ella ya estaba muerta. No pudieron hacer nada al respecto.
—Suena…horrible lo que me cuentas —murmura el médico, malogrado— Me imagino el shock para ti.
—Dijeron también, que no creían que fuese un accidente. Que era mas bien un "homicidio", dado que encontraron huellas de otro auto en el lugar. Pero dudo alguien haya querido deliberadamente matarla ¿Sabes? Para mí, siempre será lo que es —añade, tomando un sorbo— Me pidieron mi consentimiento para profanar su cuerpo y abrir una carpeta investigativa del caso, pero yo…yo no quise aceptar. Mas bien, por respeto a ella.
—He recibido pacientes así y créeme, lo ultimo que pido es autopsia. Prefiero dar mi diagnostico final a la familia —comenta Félix, dejando de lado su tazón para mirarla a los ojos con precisión— Pero… ¿Y qué pasó con el caso? ¿Lo cerraron?
—No tengo la menor idea. Me fui del lugar y no los contacté mas —se encoge de hombros.
—No quiero meterme tanto en el tema ni sonar un dramático —dicta el doctor, jugueteando con sus dedos— Pero ¿No crees que sería buena idea retomarlo? Quiero decir, no lo digo porque debas abrir una herida. Si no más bien, como una forma de ya cerrarla por completo. Creo que "la verdad" nos hace libres a todos —adiciona— Encontrar al responsable no te traerá de vuelta a Fei, pero de seguro que, si te da algo de paz para por lo menos, honrar su vida.
—Tienes razón. En ese momento no lo vi así. Estaba aún impactada por todo lo acontecido —contesta, esperanzada— Y de alguna forma me profesé ofendida por su falta de consideración con una viuda. Pero…ahora que lo planteas así y te tengo a mi lado, creo que si me gustaría darles una oportunidad. Mas bien, por mí. Porque se que Hugo no entendería la maldad del mundo siendo tan pequeño.
—Te ayudaré en todo lo que esté a mi alcance, lo prometo —dictamina el ojiverde, estrujando sus dedos contra los suyos con templanza— Si quieres hablar con ellos y llegar al meollo del asunto, tienes mi apoyo.
—Gracias, Félix. Tu siempre tan considerado —Marinette le abraza de vuelta, aunque esta vez mas febril de lo habitual— Oye…quédate esta noche. ¿Sí? Duerme conmigo…
—Marinette, yo…—ríe compungido— No digo que no me agrade la idea. Sin embargo ¿No crees que deberías preguntarle a Hugo primero? Quiero decir, esta es su casa también.
—Tienes razón. Pero está dormido ahora y no hallé el momento para aclarárselo. Aunque el sabía que vendrías ahora en la noche —exclama, sonrojada— ¿Te parece si lo hablamos mañana? No quiero sonar insistente…pero me dijiste que Emma estaría Kagami y hoy…no hace falta que vuelvas a casa ¿O sí?
—Es verdad…—se rasca la nuca, un tanto ansioso— Nadie me espera en casa…
—Quédate…por favor —le pide la peliazul— Te prometo que todo estará bien. Lo de esta noche…ha estado increíble. Y no quiero verme como una desesperada, pero…si me hace falta tu compañía.
—Descuida, no te vería así jamás —niega con la cabeza, para luego asentir— Está bien. Me quedaré. ¿Debo usar el lado de Fei?
—Usa el lado que gustes —musita contenta, regalándole un beso húmedo en los labios— Después de todo, esa es mi cama ahora. Y tu no eres un desconocido ya para mí —se levanta, acabándose el café. Le estira la mano— Ven conmigo, vamos a dormir.
—Bien…—acepta su mano con cordialidad, el caucásico— Vamos entonces.
He vuelto a pasar por la sala en dirección al cuarto de Marinette. Pero no he podido evitar echarle una ojeada furtiva al retrato de Fei una ultima vez. No es que sienta culpa. Si no mas bien, me infunde un terrible respeto intrínseco como si estuviera tomando el rol de patas negras. Se que está en el mas allá. Pero estoy en su casa, acostándome con su ex mujer y en presencia de su hijo. Lo mínimo que podía hacer era pedirle permiso de una forma espiritual. Cierro los parpados y simulo una reverencia sutil, en lo que camino hacia la habitación. Espero no esté molesta conmigo. Donde sea que esté…
A la mañana siguiente.
—¿Me pasas el endulzante, Hugo?
Silencio sepulcral. El menor solo lo observa con la mirada afilada, desconfiado. Marinette carraspea, entregándole la botella de solución azucarada. Félix ríe, nervioso. Se siente algo tenso el ambiente. Pero no es que haya auras negativas dando vuelta. Si no mas bien, incertidumbre por parte del menor. Es natural. De seguro no entiende nada. El doctor toma la palabra para romper el hielo.
—¿Quieres preguntarme algo?
—Si —sentencia el peliazul— ¿Qué enfermedad tiene mi mamá?
—¿Disculpa? —Fathom parpadea, atónito con su pregunta— ¿Enfermedad?
—Bueno, me enteré que tenia una cita medica con usted anoche —no dirá fuentes, pero es obvio que Emma se lo contó— Y ella dijo que se iba a morir. ¿Eso es verdad?
Marinette y Félix cruzan miradas indiscretas, completamente rojos como un tomate. Mierda. ¿Así que si los escuchó…? Rápidamente, desvía su atención.
—Tu madre está completamente sana, Hugo. No tiene nada malo —balbucea el doctor, escondiendo su vergüenza detrás de una taza de café— Descuida, no se va a morir.
—Me alegra entonces —se encoge de hombros, bebiendo un sorbo de su chocolate caliente.
—¿Qué te alegra, hijo? —consulta Marinette, confundida.
—Que el doctor Fathom esté con nosotros —revela sin tapujos y miramientos— El sabe de enfermedades y se preocupa por la gente. Si el está con nosotros, no nos enfermaremos.
—Bueno…yo no puedo evitar que la gente se enferme —murmura Félix, turbado— Pero si puedo ayudar a que sanen.
—Nunca conocí a un doctor realmente —añade el ojiazul, concentrado en su tazón de cereal— Me dan miedo las agujas y los medicamentos saben a mierda.
—¿A "mierda"? —le increpa Dupain-Cheng— ¿Dónde aprendiste esa palabra tan fea?
—¿Cómo sabes que saben a mierda? —inquiere el rubio— ¿Has probado la mierda alguna vez?
—¡Félix! —Marinette lo regaña.
—No. Pero la he olido. Y lo que huele se siente en la boca —expresa con naturalidad, masticando— Una vez me dio gripa y mamá estaba como loca porque no sabia que hacer. Me hizo tomar un jarabe que sabía a mierda.
—Hugo, basta —interfiere su progenitora— Deja de repetir esa palabra.
—¿Por qué no puedo decirla? Mamá Fei lo decía siempre.
—Si. Pero mamá Fei ya no está con nosotros —ordena— Te pido no la digas más.
—Tengo examen de química esta semana —Hugo cambia el tema radicalmente— Y debo presentar un proyecto de planetas. ¿El señor Fathom me ayudará?
—Sabes que puedes decirme "Félix" a secas si gustas —revela el mayor, con actitud jovial— Y si quieres que te ayude, no hay problema por mí.
—¿Te quedarás a vivir acá, Félix? —examina Hugo, sin rodeos.
—Eh…bueno…yo…—tiembla, turulato. No sabe que chucha decir— Este…—observa a su compañera— No lo creo, Hugo. Sabes que tengo mi casa.
—Pero pasaste la noche aquí —arquea una ceja, en seco— ¿Dormirás aquí ahora?
—Solo de vez en cuando, cariño —añade Marinette, regalándole una mueca cariñosa— Félix y yo…somos buenos amigos y a veces los amigos duermen juntos.
—Eso no es verdad —interpela el menor, frunciendo el ceño— Félix es tu novio. ¿No? Por eso lo traes a casa, duermen juntos y desayunamos ahora. Por favor, ya no me mientas.
Otro mutis en el ambiente que mataría incluso a un sordo, si no lo oye. Félix mira a su compañera y toma su mano sobre la mesa, acompañándola en su verdad.
—No somos novios —confiesa la profesora, acariciando el dorso de la mano de su camarada— Pero… ¿Te gustaría que lo fuéramos?
—Me da igual, realmente —se encoge de hombros, acabando su desayuno— Igual no sé que significa ser novio de alguien. Pero desde que conociste al doctor Fathom, sonríes como cuando estaba mamá Fei. Y eso me hace feliz —se levanta de la mesa y coge su mochila— Debemos irnos a la escuela. ¿Nos lleva Félix?
—¿Quieres que te lleve yo? —pregunta Graham de Vanily, asombrado.
—Tienes un carro de carreras —menciona el pequeño, un tanto entusiasmado con la idea— Y es cómodo en la parte de atrás. ¿Tienes dinero Félix?
—Yo…no soy millonario, si eso es lo que piensas —ríe el inglés.
—Da igual. Pero eres doctor. Tienes dinero —dicta con naturalidad.
—Tengo dinero para vivir cómodamente, creo —aclara— Pero eso no es relevante ¿O sí?
—El dinero compra cosas y yo quiero cosas —señala Hugo con frialdad, caminando hacia la puerta con su mochila en la espalda— ¿Nos vamos?
—Y yo que pensaba que este chico era un ingenuo. Tiene bastante clara la película —Félix se para de la mesa, limpiando su plato— Tienes razón, hombrecito. El dinero compra cosas.
—S-si. Ya nos vamos, tesoro —Marinette se levanta, ordenando todo— ¡Ya voy!
[…]
—Se que es como la octava vez que te lo pregunto —sisea Félix, apagando el motor del vehículo— Pero siento imperativo hacerlo por última vez, ahora que estamos afuera. ¿En verdad estás segura de esto?
Colegio Françoise Dupont. Dos días después. 9:10AM.
—Muy segura —sentencia la rubia, quitándose el cinturón— Además, lo hablé con mamá y está de acuerdo con mi decisión. En verdad, quiero estudiar aquí.
—¿Lo estás haciendo por lo que hablamos la otra noche? —inquiere el británico, preocupado— Porque si es por el tema de Marinette, yo no-…
—No lo hago ni por la señorita Marinette ni por Hugo. Lo hago por mi —aclara— Creo que me haría muy bien estudiar acá. He leído el programa y venir a una escuela pública es lo mejor.
—¿Si sabes que los colegios públicos son comunistas? —advierte.
—¿Qué es el comunismo? —cuestiona, arqueando una ceja.
—Eh…bueno…nada, creo —desvía la mirada, sintiéndose torpe— Disculpa, creo que me confundí de conceptos.
—Papá, esto es serio —Emma toma su mano, por sobre el volante del carro. Le sonríe— Si quiero venir acá. Además, en la otra escuela no me sentía cómoda ya. Ese campamento de verano me ayudó mucho para aclararme. Hice buenos amigos ahí ¿Sabes? No solo Hugo.
—Ya veo —asiente, confiando en su juicio. Besa el dorso de su manita— Si mi princesa anhela esto, le daré lo que quiere.
—Gracias —sonríe jovial— Ah…antes de bajarnos —hace una pausa, cambiando de tema— ¿Podemos hablar de un tema en particular que me preocupa?
—Como te dije la otra vez, cuenta conmigo para todas tus inquietudes, cariño.
—¿Estás seguro que si podemos hablar de lo que sea?
—Lo que sea. Tu dispara —ríe, jovial.
—Vale —carraspea la menor de los Fathoms, aclarando la voz— Cuando te pregunte que intenciones tenías con Marinette, me dijiste que querías hacerla tu novia.
—Es lo que dije.
—¿Quieres hacerle un bebé también?
—¿Cómo di-…? —Félix se atraganta con su propia saliva, tosiendo violentamente en el proceso. Se ruboriza, mirándola pasmado— ¿Cómo…? ¿A qué viene eso?
—Responde, por favor.
—Y-yo…no. No, no. Claro que no, Emma…
—Bueno. Entonces si esas no son tus intenciones realmente, se mas precavido a la hora de intentarlo —comenta, rehuyendo de su mirada— Hugo los escuchó la otra noche. Y estaba muy mal…porque no entiende algunas cosas. Por favor, no vuelvas a hacerlo mientras él esté en casa ¿Sí?
—Dios santo… lo sabía. Esto lo confirma. Si nos escuchó como dijo. Qué vergüenza. Yo se lo advertí, pero ella…arg…—despabila, asintiendo con obediencia— Totalmente de acuerdo, mi niña. Nunca más. Lo prometo. Tienes mi palabra.
—¡Genial entonces! —abre la puerta y se baja— Vamos, inscríbeme luego. Me muero por conocer a mis nuevos compañeritos.
—Tengo que hablar con Marinette…—se quita el cinturón, descendiendo— Voy contigo…
En los pasillos.
—Y este es el salón de arte —expone Caline Bustier— Nuestro establecimiento se caracteriza por apoyar los talentos de todos.
—¡Me encanta, señorita Bustier! —brinca Emma, jocosa.
—Con todo respeto, señor Fathom —añade Damocles, sacando pecho— Nos sentimos orgullosos de recibir a una muchachita tan prodigia como su hija. Yo personalmente leí su ficha escolar y créame, no habíamos tenido la fortuna de tener a tal exponente en nuestro colegio. Prometemos darle mayor atención de lo habitual para así, asegurar su crecimiento.
—Le agradezco en el alma, director —expresa Graham de Vanily— Pero con total humildad, le ruego no la trate como si fuese un dios. Mi hija lo único que busca es encajar de perfil bajo y mucha discreción. Por lo mismo optamos por elegir este lugar. Como bien sabe —narra— Asistimos a su campamento de verano y fue ella quien tomó la iniciativa de continuar sus estudios aquí, porque en su antiguo colegio básicamente no apreciaban sus capacidades de sociabilización. Esperamos encontrar acá… "amigos". ¿Me explico?
—Jajaja, doctor Fathom. Amigos aquí, encontrará un montón —carcajea el barbón, dándole una palmada en la espalda— ¿Sabía que mi esposa se atendió con usted el año pasado?
—¿Qué?
—Usted le salvó la vida —aclara— Pero dudo lo recuerde. Se ve que tanto usted como su hija son muy modestos.
—Disculpe, yo no-…
—¡Ah! ¡Profesora Dupain-Cheng! —interfiere el varón— ¡Mire nada más lo que le traemos a su clase!
—¿Marinette? —Félix traga saliva, sonrojado.
—¿Félix? —Marinette rehúye de su mirada, ruborizada— Hola…señor Fathom.
—Hola…—sonríe ladino— Señorita Dupain-Cheng.
—Me acabo de enterar —comenta Marinette, optimista— ¿Así que la pequeña Emma se nos incorpora?
—Bueno…ella quedó encantada con el curso de verano y pidió explícitamente que la incluyeran en-…—hace una pausa, haciendo amago de complicidad. La fulmina con la mirada— Tenemos que hablar —reanuda— En la escuela.
—Vale…—la responde la fémina, de mirada añil. Despabila— ¡Genial! La profesora Bustier la llevará a su salón. ¿Vamos a la sala de profesores? Puede firmar ahí el anexo.
—Claro —asiente el médico, con natural fingido desinterés.
[…]
—Ay, Félix —masculle la peliazul, dotada de un rubor ardiente en las mejillas— ¿Por qué no respondiste mi mensaje ayer? Te extrañé —lo azota contra el pizarrón, jalándolo de la corbata— Me tenías preocupada.
—Ma-Marinette…
Nos besamos. Ella me ha comido la boca con tanto fervor, que dudo poder resistirme a su antojo de hacerme suyo. Sin tanto atisbo de visual, correspondo su afrenta casi con la misma intensidad. Se bien que nos encontramos en la sala de profesores. Pero tentar a la suerte, me parece una amenaza a la realidad. En cualquier momento, podría entrar alguien y vernos apasionadamente enardecidos; cuestión que delate nuestra relación clandestina. La aparto por unos momentos, solo para aclarar lo que necesitaba de ante mano.
—Hugo nos escuchó…
—¿Qué? —parpadea, estupefacta.
—La otra noche, Marinette —sentencia Félix, agraviado— En tu casa. Hugo presenció el cómo hacíamos el amor. Y a ti te consta, lo dijo en el desayuno.
—Dios mío…—Dupain-Cheng da cuatro pasos hacia atrás, cubriéndose la boca con morriña— ¿Cómo es posible? Estaba durmiendo. Y yo…fui discreta —piensa, regresando la visual a su compañero, como quien busca aprobación— Porque si lo fui ¿No?
—No, mi amor —niega Fathom, abochornado— No lo fuiste. Ninguno de los dos, lo es. Yo soy muy escandaloso y tu igual. Lo cual, quiere decir que ya no podemos intimar en tu casa. Ni mucho menos en la mía.
—¿Tanto grité?
—Muchísimo. Pero lo hicimos ambos —aclara, enrojecido hasta las orejas— No me siento mal por eso, de todas formas. Por favor, tú tampoco te culpes.
—Félix, es que…—aprieta los labios, ofendida de su propia humanidad— No creo poder…aguantarme tanto…
—Hey, espera —Graham de Vanily toma sus manitos, compenetrado con la situación— No te estoy pidiendo que disimules o te calles. Yo no podría, al menos. Solo…ya no podemos hacerlo ahí. No delante de nuestros hijos. Debemos buscar otro lugar y listo. No es muy complicado.
—Vale…pero ¿En dónde más? —consulta, tímidamente ruborizada.
—Hallaremos la forma —besa su frente, esperanzado— Déjamelo a mí. Buscaré otro sitio. O al menos, debemos encontrar la manera de que cuando pase, no estén. Ni presentes ni dormidos. Temo que Hugo si estuviese dormido, pero…despertó por nuestro descuido.
—Félix, soy nueva en esto —advierte la docente— Con Fei pasamos casi 8 años de casadas, pero nunca viví nada igual.
—Créeme que estoy igual o peor que tú. Kagami era…casi como un bot. Sus reglas eran mis limitaciones —anexa, cabizbajo— Pero te prometo que nada hará que nos coarten en este motivo, en serio.
—Bien. Es que yo no sé cómo los varones-…
—¡Hey! —interrumpe Marc Anciel, entrando de lleno a la sala de profesores. Se paraliza de golpe— Oh…dis-disculpen. ¿Hay reunión de apoderados o algo así?
—¡NO! —chillan los dos casi unánime, separándose de golpe.
—Perdón…—Marc se retrae, agraviado— No tenia idea de que…estaban aquí.
—No es nada, Marc. Tranquilo…—espeta Marinette, llevando un par de mechones de cabello detrás de su oreja— Aprovechando tu intervención, te quiero presentar a alguien. El es Félix Fathom. Es el apoderado de una nueva chica que se incorpora con nosotros hoy.
—¿Félix Fathom? —Anciel hace una pausa, recapitulando— Un momento. ¿Si es usted? ¿Félix Fathom? ¿El reconocido neuro cirujano del Hospital Pitié Salpêtrière?
—Bueno…ese soy yo —carcajea, obnibulado con su reconocimiento— Un gusto conocerlo, profesor —le estrecha la mano— ¿Reconocido? ¿Y eso? No me entero.
—¡Un placer conocerlo! ¡El gusto es mío! —responde de vuelta, jocoso— ¡Usted ayudó a mi madre!
—¿Disculpe? —no entiende nada.
—Mi madre fue diagnosticada con un tumor cerebral, luego de que le dio un derrame el año pasado —expresa, con honoríficos— Ninguno doctor se atrevía a intervenirla. Pero hallamos un grupo medico que aceptó la cirugía para extirparlo, dado que era muy complicado. Y se fue al hospital universitario de Pitié. Ella me habló de usted. Dios mío…que alegría saber que ahora su hija estudiará con nosotros —ríe, alto y claro— ¡Jajaja! ¡Soy Marc! El profesor de arte. Espero que su retoño esté cómoda conociendo el lugar.
—Jamás me enteré de este caso. He atendido un montón de gente, sin si quiera meterme en sus vidas. Tal vez deba…comenzar a inmiscuirme de plano en sus historias —Félix esboza una mueca sobria de acatamiento— Discúlpame que no lo recuerde en particular, dado que opero a mucha gente. Pero me alegra saber que ayudé a tu madre. Es a lo que me dedico. Y con mucha humildad, hago mi trabajo al pie de la letra.
—Es usted demasiado modesto, doctor Fathom. Y créame que estamos infinitamente agradecidos con su presencia en la salud de la gente —avala el pelinegro— Con gusto le daré clases a su hija.
—Son todos muy amables aquí. Muchas gracias —asiente Félix, liado, pero al mismo tiempo satisfecho— Bueno…ya me retiro. Debo volver a mi trabajo. Por favor, cuiden bien de Emma —sale por la puerta— Cualquier cosa, tienen mi número.
Marc asiente jovial, como si nada mas lo envolviera. Pero Marinette es la única que me preocupa ahora, tanto como mi hija. Me cierra un ojo, asintiendo. Ella ha captado el mensaje del "tienen mi número". Me retiro del colegio, despidiéndome de Emma en la cafetería. Ella está contenta. Me abraza, me besa en la mejilla y me explica que le ha encantado el lugar. Abusando un poco de mis influencias, ha sido incorporada a la clase de Hugo Dupain-Cheng en el mismo grado. Solo espero, que haya sido una decisión sabia de mi parte…
[…]
—Tienes agallas para ser chica —espeta Hugo, con las manos en los bolsillos— Venir a meterte a mi escuela.
Receso. 11:20AM. Patio trasero. Debajo de un árbol.
—¿Desde cuando ser chica significa tener alguna convicción de valentía? —refuta Emma, dejando de lado el texto que leía— Que ingenuo eres.
—¿Puedo sentarme a tu lado? —se sienta de igual forma.
—Lo acabas de hacer. ¿Para que preguntas? —rueda los ojos.
—¿Qué lees? —inquiere, curioso, pero ni tanto.
—¿Te importa?
—Estoy desconstruido por si acaso —dice, desviando la mirada hacia el jardín.
—¿Qué hablas? Si apenas eres un niño, no necesitas "desconstruirte" si te estas construyendo recién —carcajea Emma, divertida con su comentario— Deberías leer mas en vez de estar metido en tus cosas de super héroes.
—No molestes —farfulle.
—Eres muy orgulloso —ríe la rubia, regresando la vista hacia su libro.
—Aun no me dices que lees —murmura el pequeño, simulando ver a otros niños jugar.
—Solo es el reglamento interno de la escuela Françoise Dupont —se encoge de hombros con naturalidad— Aunque veo nunca lo revisaste.
—A nadie le importa el reglamento interno —explica Hugo, ligeramente nervioso— Sigo pensando que eres valiente en meterte acá. Esta no es una escuela para alguien de tu clase.
—¿"Mi clase"? —ironiza.
—Eres una niña de alta alcurnia y modales. Tus papás tienen dinero. El doctor Fathom es rico y la señorita Tsurugi es congresista —narra su compañero— Se ve que te dieron otra crianza.
—¿Y es eso lo que te incomoda? —berrea la rubia, confundida— ¿Qué mis padres tengan un pasar económico mejor que los tuyos?
—No tanto —se encoge de hombros con templanza— No ahora que tu papá quiere ser mi papá.
—¿Qué tonterías dices? —se mofa la ojiverde— Mi papá, es mi papá. Nunca será el tuyo.
—¿Te da envidia acaso? —le reta con sarcasmo.
—¿Cómo podría sentir envidia de eso? —suelta entre espasmos graciosos— Padre hay uno solo. Mamás puedes tener muchas y tú lo sabes, porque tenías dos. No sé qué cuento te estes pasando por la cabeza. No funciona así.
—No te enojes conmigo por favor —aclara Hugo, regresando la mirada hacia su compañera— Solo te digo la verdad. Félix quiere que mamá sea su novia.
—Marinette quiere que papá sea su novio —espeta, ofuscada.
—Exacto. Es lo mismo.
—Si. Pero ¿Y que con eso?
—¿Vamos a ser hermanos o qué? —rebate Hugo.
—Hermanastros —aclara Emma.
—No entiendo el concepto. Te lo digo desde ya —esclarece— No entiendo los pronombres. Pero creo que seremos familia de ahora en adelante. Y si te molesta, es momento de que me lo digas ya.
—No me molesta. Después de todo, no tengo hermanos —acepta la fémina con zozobra.
—Yo tampoco.
—Pero vete con cuidado —Fathom se levanta del pasto, ofendida. Lo fulmina con la mirada— El es mi papá. No el tuyo. Así como la señorita Dupain-Cheng es tu mamá, no la mía. No te confundas. Adiós.
—¡Emma! —Hugo la retiene del brazo, preocupado— Escucha…eres una niña increíble y me agradas. Tenemos cosas en común. No te gustan las berenjenas como a mi no me gustan las arañas. Nos da miedo la oscuridad y también odiamos los ruidos fuertes de música alta. Te gustan los héroes y a mi los anti héroes. No somos tan distintos. Solo quiero que seamos hermanos.
—Pero no somos hermanos, Hugo —niega la franco-japonés— Somos amigos solamente. Y para que eso pase, tenemos que interactuar mucho más.
—¿No quieres ser mi hermana?
—No he dicho eso. Pero creo que te estas adelantando a las cosas —masculle Emma, liada.
—¡Emma! —agrega, por ultima vez— Félix me cae bien. Ha sido bueno con mamá y conmigo. ¿No te agrada mi mamá?
—Marinette me agrada un montón. Pero ¿Sabes? —explica, extasiada— Una cosa es que ellos se lleven bien y otra es que nosotros seamos hermanos.
—Creo que mamá está enamorada de tu papá…—sentencia Dupain-Cheng, rehuyendo de su mirada con desazón.
—¿Cómo dices…? —parpadea estupefacta, la ojiverde.
—No sé nada del amor…—dicta el varón, jugueteando con su playera— No entiendo como funciona ni como se da. Pero mamá sonríe mucho desde que conoció al doctor Fathom. Ella estaba muy triste y desde que apareció, volvió a la vida. El viene a casa, duerme en su cuarto, desayuna con nosotros, me saca a pasear y si le pregunto cosas las responde. Me presta atención —añade, febril— Es el único que se atañe en mis gustos. Hablamos de Marvel, de ciencia, de biología, de cosas que me interesan. Y el muestra mucho interés. ¿Si me entiendes? Es un buen hombre conmigo y con mamá. De un tiempo a esta parte…—agrega, mas ruborizado que antes— Siento que es parte ya de mi familia. Yo lo veo como un tío, alguien cercano. Me pregunta cosas de lo que siento, de lo que vivo. Nadie hizo eso por mi…por favor, no me mal intérpretes.
—¿Mi papá…hace eso contigo…? —pregunta Emma, obnubilada con su revelación.
—Si lo hace —asiente, derrotado— Desde que sale con mamá, el se preocupa por mí. Me pregunta si com veces me da consejos de salud sobre usar bloqueador o no abusar de la comida chatarra. Mi mamá Fei…nunca hizo eso. ¿Está mal quererlo…de la forma en la que lo hago?
—¿De que forma quieres a mi papá…? —pregunta la rubia, pasmada.
—De la misma que tú, creo —manifiesta Hugo, con sinceridad—
—Hugo, yo…no tenia idea de todo esto que me cuentas. Papá nunca me lo dijo —expone la muchacha, tomando sus manitas en el proceso— Pero te agradezco un montón que lo hayas hecho.
—¿Crees que podamos ser hermanos o bueno…hermanastros? —pregunta el varón, descalabrado.
—Hablaré con el y te prometo…—veredicta, segura de sus palabras— Que cuando esté clara y lo sepa, te responderé.
—Gracias, Emma. Muchas gracias por escucharme —asiente Hugo, contento.
Esto es serio y grave a la vez. ¿Qué clase de relación tiene Félix con el hijo de su pseudo novia, sin que su propia hija Emma lo sepa? Es un tema que da para pensar y que se resolverá, con dialogo…
[…]
—¿Tu que haces aquí? —refuta André Bourgeois, mosqueado— ¿Otra columna que censurar?
Ayuntamiento de parís. Jueves. 16:12PM.
—Se acabó el juego, papá —rebate Zoé— ¿Por qué insistes en meter a Kagami en el asunto del acueducto? Tu diste la orden de que se hicieron los trabajos cuando no era viable. ¿Para quién trabajas?
—Para la ciudad. Para nadie mas —responde el mayor, desligándose del tema— Disculpa, pero ¿Tu no estabas en Nueva York con tu madre?
—Soy periodista —esboza con orgullo, Lee— ¿Te parece que puedas silenciarme incluso a mí? Me tienes harta con tus manipulaciones.
—¡¿Qué manipulaciones?! —carcajea el alcalde— ¡Pero si tu apoyaste mi campaña de reelección!
—Si, pero no pensé que serias un traidor a tu partido —repele la rubia— ¡¿A quien mierda te vendiste?! ¡¿Al gobernador?! ¡¿El presidente?! ¡Kagami te apoyo en todo! ¡¿Por qué insistes en culparla de tus problemas?! ¡Que decepción, papá!
—¡Yo le dije que no era factible!
—¡¿Y se lo dijiste antes o después te transferirle millones de dólares a su cuenta?! —alardea la rubia, colérica— ¡Eres un corrupto, André!
—¡Eran negocios, hija!
—¡Negocios mis pelotas que no tengo! —añade— Voy a publicar mi investigación. Y a menos que me quieras silenciar, tendrás que matarme. ¿Me oyes? Matarme.
—¡Zo-Zoé! ¡Espera, cariño! —André la detiene en la puerta, jalándole del brazo— Está bien…tranquilízate. Hablemos las cosas. ¿Sí? Si quieres…te puedo explicar. No es lo que estás pensando.
—Tu sabias que se abrió una investigación por el accidente ¿No? —le increpa— Lo sabias.
—Si. Lo sabía…—admite Bourgeois, cabizbajo.
—¿Qué sucedió con el único registro que hay sobre esa noche? —añade— El video.
—¿De qué hablas? —se hace el desentendido— ¿Qué video?
—No te hagas el tonto conmigo, por favor —espeta Lee, con el ceño fruncido— Ya lo sé todo, papá. Vengo de la brigada de homicidios metropolitano. Ya me han informado de todo.
—¿Qué hiciste, que? —parpadea, atónito.
—¿Pensaste que no iba a averiguar por mi cuenta? Kagami está involucrada en el caso, era natural que me preocupara —sentencia— Por si no lo sabías, ella es mi novia. Así que…hice lo que tenía que hacer.
—Flashback—
—Detective Kubdel —anuncia Nathaniel, en la puerta— Una reportera del Le Figaro está en la recepción. Pide una audiencia con usted.
—¿De que se trata? —chista Alix, con un chupetín en la boca— Estoy algo ocupada ahora con otros asuntos, que se largue.
—Dice que es urgente…
—¿Sí? Pues es mas urgente ganarle a este idiota —reclama, echando una carrerita en su celular— ¡MALDITO! ¿Cómo logró pasarme? Este usa hack.
—Pero, Alix…—insiste temeroso el bermejo.
—¡Arg! ¡No puede ser! ¡Por tu culpa perdí! —Kubdel le lanza una bola de papel— Sabes muy bien que odio a los reporteros. Solo son sensacionalistas.
—Es muy tenaz, ya le dije que se fuera tres veces y-…
—Lo siento, pero tendrá que recibirme —interrumpe Zoé, de lleno en la oficina— Se trata de la concejala Kagami y el caso de Lound.
—¿Cómo te atreves a entrar así a la oficina de un prefecto? —berrea la pelirroja, echándole cara de malas pulgas— Podría arrestarte.
—Podría. Pero no lo hará. No si se trata de los registros que solicitó a la señorita Tsurugi —comenta la rubia, con suspicacia— Me parece que su caso no está avanzando del todo. ¿O me equivoco?
Alix y Nathaniel se miran entre sí, como quien traspasa un código en el etéreo. El varón asiente, entendiendo su postura y se retira de la escena, cerrando la puerta tras de sí.
—¿Ah, sí? —arquea una ceja— ¿Acaso tienes información que yo no?
—Lo dudo —sostiene la cronista— Yo creo que ya se deben de haber enterado de que las imágenes están adulteradas. ¿O me equivoco?
—Habla —demanda, recargándose sobre el respaldo de su silla— Te escucho.
—Solo quiero aclarar, que no vengo aquí en son de proteger a nadie ¿Ok? —la ojiazul camina hasta su escritorio, con actitud agria— Mas bien, busco la verdad de la misma forma que ustedes.
—¿Te parece que no estamos en conocimiento de tu relación con Tsurugi? —bufa con ironía la policía— Tu discurso de venir neutral no me lo compro, señorita Lee.
—En efecto, Kagami es mi novia. Y eso ya es de conocimiento publico me imagino —aclara la columnista— Pero aún así, si no conozco los hechos del todo, mi postura será la misma. Lo que me impulsa a meterme de lleno en el tema, es su constante acoso hacia ella. No lo está pasando bien y necesito que se detengan.
—Bueno, eso pasa cuando entregas evidencia manipulada —revela con sarcasmo, la pelirroja— Ciertamente tu querida "Kagami" no es de confianza.
—Temo que están cometiendo un error —exhala ofuscada, la rubia— Y están apuntando a la persona incorrecta.
—¿Disculpa?
—Esos registros están en la base de datos de la dirección de vialidad. Pero no pertenecen a Kagami. Si no, al alcalde de parís.
—Lo cual nos lleva a tu padre, el señor Bourgeois —dictamina, con templanza— ¿Vienes en nombre de el?
—Vengo en nombre de mi misma y de que se aclare todo, para poder vivir nuestra vida en paz —veredicta, colérica— Así que, en resumidas cuentas, solicito unirme a la investigación.
—Eso está fuera de discusión. La policía no trabaja con reporteros chismosos —mueve la mano, con expresión nauseabunda— Ustedes solo empañan y tergiversan la verdad. Además, eres la hija del mismo André. ¿Por qué he de confiar en ti?
—¿Por qué no hacerlo? —Zoé alza una ceja, con audacia. Esboza una sonrisa soberbia— Deberían aprovechar el bonus de mi posición en esto, en vez de atacarme con tanto desmedro y humillar mi campo laboral, el cual es muy extenso por lo demás.
—Al grano, Lee. ¿Qué insinúas?
—Puedo conseguirme las imágenes reales —relata Zoé— A cambio de que dejen en paz a Kagami.
—¿Harías eso? —no está convencida— ¿Qué ganamos nosotros?
—No están en posición de negociar conmigo —carcajea la ojiazul, con morbosidad— Llevan 2 meses en el tema y le puedo asegurar, que ni su pobre ingeniero de Harvard ha logrado algo con unas imágenes truchas. André jamás les entregaría a ustedes la cinta original. Aunque fuesen con una orden judicial, la cual no van a obtener porque es amigo del fiscal.
—…
—Entonces…—le estira la mano— ¿Tenemos un trato? Yo consigo la original y ustedes, dejan en paz a Kagami.
—Zoé —Alix se levanta de su asiento, desplazándose hacia la fémina con desazón— Con amenazas y tratos burdos, yo no tranzo. Si realmente quieres que confiemos en ti, primero tráeme la grabación real. Y luego lo consideraré.
—Entonces no hay trato —retira la mano, con audacia— Ya lo dije. Es un pacto. Dejarán en paz a Kagami, pase lo que pase. O no cooperaré. Y créame…le juro por dios, que jamás conseguirán nada.
—Bien —farfulle Kubdel, derrotada. Estrecha su mano— Me comprometo. Tienes mi palabra. Te estaremos esperando…Zoé Lee.
—Fin Flashback—
—No puedo creer que hayas hecho un trato con la policía —gruñe André, estupefacto con lo que se entera. Bebe un sorbo de ron a las rocas— ¿Cómo es posible que te prestes para esto?
—Está hecho, papá —se cruza de brazos, decidida— Yo fui sincera contigo. Ahora necesito que seas sincero conmigo.
—¿Qué es lo que quieres?
—Paz y tranquilidad. Es todo.
—Mi vida…cariño…—André toma sus hombros, con angustia— No tienes idea de lo que estás haciendo.
—¿A quién estás protegiendo, papá?
—A nadie.
—¿A quien estás protegiendo? —redunda, hastiada— Ya dime.
—A ti.
—¿Ah?
—Te estoy protegiendo a ti, tesoro —revela Bourgeois, acabado— Lo que hay en esa cinta, podría destruirte.
—¿Por qué a mí?
—Porque…—el mayor aprieta los labios, melancólico con lo que pueda decir. Duda unos instantes, antes de aclarar la voz para hablar— Porque involucra a Kagami. Y estoy consciente, de lo mucho que la amas.
—¿Qué tiene que ver Kagami en todo esto? —reprocha Zoé, completamente confundida— Ella ni si quiera salió esa noche.
El alcalde hace una pausa prolongada, soltando un suspiro extenso y muy audible; a portas de finalizar la plática. Mas descalabrado que otra cosa, camina hacia su escritorio, abre uno de los cajones y le entrega un pendrive en sus manos. Con la mirada humedecida, tentado a llorar, la abraza de vuelta sin razón aparente. Solo para concluir…
—Escúchame bien, mi amor. Lo que verás ahí, no te va a gustar. Será muy doloroso —advierte el edil— Pero pase lo que pase, prométeme que serás fuerte y usarás bien la información. Úsala con sabiduría.
—Papá-…
—Promételo —exige el magistrado.
—Vale…—asiente, sin entender un carajo el contexto— Lo prometo…
—Ahora vete —André le abre la puerta, despachándola— Y por favor, sácate esa idea en la cabeza de que busco destruir tu relación. Por el contrario. Solo estaba…intentando protegerte.
—¿Protegerme de qué? ¿De Kagami?
—De la verdad…—admite el peliblanco, malogrado— Esa noche, murió una persona. Una chica inocente. Y temo…—traga saliva con dificultad— Temo que nadie esté preparado para saberlo…
Zoé abandona el despacho de André con mas intrigas que antes. Un sentimiento de incertidumbre le carcome la cabeza, seguido de una ligera taquicardia que no puede explicar. Ahora mismo, tiene en su poder al mundo entero. Pero le preocupa en demasía las ultimas palabras de su única figura paterna. ¿Qué tan grave podría ser lo que hay ahí dentro, de aquella pequeña unidad USB? ¿De qué forma afectaría esto su relación, a Kagami o su mundo? Recuerda vivamente las palabras del regidor. "Úsala con sabiduría". ¿Qué quiso decir con eso? De un momento a otro, las rodillas le tiemblan estrepitosa. Antes de hacer cualquier movimiento, primero debe corroborarlo por sus propios ojos.
Así que opta por regresar a su carro y encender su laptop, conectando el dispositivo para observar con avidez, lo que aconteció esa fría noche de octubre. Le da "play" al video.
Las primeras imágenes muestran la carretera vacía. Hasta que en la intercepción de Lound, que se encontraba en claros trabajos de reconstrucción y remodelación aparecen. Un auto choca contra otro, colisionando por la parte posterior de este y uno de ellos, gira como un trompo hasta caer boca abajo. Es un carro blanco, seguido de uno negro de alta gama. No logra distinguir la patente. Hasta que el tripulante de este último, desciende de el y sus rasgos anatómicos quedan a la vista de todo acontecimiento. Zoé reconoce con creces esa cabellera amarilla y la vestimenta. Es un varón. Que, a juzgar por sus movimientos torpes, posiblemente está ebrio. Se aproxima al vehículo siniestrado. Intenta intervenir, pero por esas cosas de la vida que no comprende, el conductor…se levanta y se larga. Lee detiene el video, en completo mutismo contemplativo y shock. Esa persona, la persona que está ahí, el hombre que provocó el accidente…es…nada más y nada menos…que…
—Dios mío…—sisea Zoé, cubriéndose la boca con la mano, aterrada— ¿Félix…? ¿Fuiste tu…? ¿Tu…mataste a la chica?
Lo ve y no lo cree. Lo repite mas de 8 veces solo para cerciorarse de que no es un cuento de hadas o una simulación de bluebeam. No. Es el. El reconocido doctor Fathom, huyendo como un cobarde de una escena del crimen. No hay nada que pueda hacer para justificar su actuar. Ni si quiera porque es un profesional de la salud, dado que no prestó mas ayuda. Desconoce que lo motiva a escapar. Pero ya comienza a hilar mas fino y entender, los hechos. Fue la noche en que Kagami le pidió el divorcio. Lo sabe, porque hablaron por teléfono largo y tendido. Y fue su propia pareja de quien escuchó a viva voz, que su ex marido no había llegado a casa. Aunque mas tarde le contó que pasó la velada con su primo hermano. Claro, y es que el auto deportivo toma rumbo hacia la intersección de la avenida Grey, camino a casa del Psiquiatra.
No logra ver mas y digerirlo. Si para ella es impactante, no dimensiona como sería para Kagami o para el mismo Félix. Instintivamente cierra la tapa del ordenador y enciende el motor. Su padre tenia razón. No hay forma…de que pueda presentar esto con la policía. Si lo hace, es el fin. Esto es mucho mas grande que solo su relación. Aquí estaba en juego todo. Sobre todo, la vida de la pobre Emma. ¿Qué pasaría si Emma descubre que su papá mató a alguien? ¿Qué pasaría si el mundo se entera de que Fathom mató a alguien? Perdería su licencia y acabaría en la cárcel. No hay manera…de escapar de la verdad. Y por mucho que digan que la verdad los hará libres. No. Esta vez, la verdad los hará presos a todos. A Kagami como ingenua encubridora, a su padre, a ella misma y a Félix, por presunto homicida. A todo esto… ¿Quién es la chica que murió? No la conoce.
—¿Que está pasando…? —piensa Zoé, parada en una luz roja; trémula y nerviosa— ¿Quién fue la chica que falleció esa noche…? Espero…no sea nadie cercano…
[…]
—Estoy muy contenta de que estén aquí esta noche —alardea Marinette, alzando una copa de champaña— Fei estaría orgullosa de esta cena y me complace que, por fin, podamos reunirnos todos.
Casa de los Dupain-Cheng. 21:50PM.
—¿Puedo brindar también? —comenta Hugo.
—Si, pero con soda —ríe Emma— No esperes tomar alcohol ahora.
—Lo dice la que tiene un vaso de chocolatada en la mano —berrea el peliazul— ¿Por qué a los adultos les gusta tomar eso?
—Supongo que…—añade Félix, sonriente. Él también tiene una copa de alcohol en la mano— Porque nos hace sentir bien. Así como a Emma el chocolate y a ti la coca-cola.
—¿Sabían que la Coca-Cola tiene Coca? —ríe la menor de los Fathom.
—¡Genial! —salta el menor de los Dupain-Cheng— Esperen. ¿Qué es la coca?
—Una droga —aclara la rubia.
—Bien. Soy drogadicto ahora —aclara, orgulloso el pequeño.
—¿Por qué demonios te emociona serlo? —Marinette no entiende un carajo su comentario— Dios santo, Hugo. ¿Con quien te andas relacionando ahora?
—Con ella —apunta a Emma.
—¡Oye! —salta, ofendida.
—¡Jajaja! ¡Oigan, niños! ¡No se pasen! —ríe Graham de Vanily, con orgullo— Ya vamos a calmarnos. Aquí nadie es drogadicto ni alcohólico. Solo estamos pasándola bien. Y en lo que a mi respecta…—manifiesta, tomando la mano de Marinette delante de ambos hijos— Es un momento especial. ¿No?
—Ciertamente lo es —contesta la profesora, ruborizada con su gesto. Entrelaza sus deditos con los suyos— Niños…creo que ya era hora de contarles. Aunque ustedes, de seguro ya lo saben.
—Yo no —niega Hugo.
—Yo si —acepta Emma.
—¿Tu qué? —chista Hugo, fulminándola con la mirada.
—Ay —rueda los ojos la ojiverde— ¿No te enteras?
—¿Disculpa? —farfulle Hugo, ofendido.
—Basta. Ya no peleen —revela Félix, regalándole una sonrisa cariñosa a su compañera— Con Marinette hemos decidido dar el paso. Y esta cena es por eso. Quiero que sepan que…—aprieta los labios, nervioso.
—No tanto suspenso, por favor —Marinette lo toma con naturalidad, jovial— Félix y yo ahora nos hemos comprometido. Hemos decidido que, a partir de ahora, somos novios. Y es por eso, que pensé en realizar esta comida en honor a ello. ¿Alguien no está de acuerdo? Que levante la mano ahora y se oponga.
—Por mí no se detengan —Emma acepta, mientras bebe su leche.
—Yo me opongo —interviene Hugo.
—¿Ah? —Félix y Marinette se espantan.
—Mentira. Eso dijo Shrek —Hugo se rasca el mentón, avergonzado— Perdón. Me las di de bromista.
—No te sale —Emma le increpa, jocosa.
—Bueh…así y todo me quieren —Hugo infla las mejillas, berrinchudo.
Todos echan a reír casi al unísono. Con tanta algarabía a cuestas, nadie llega a cuestionar su unión. Hay música agradable en el ambiente, platos exquisitos sobre la mesa y muchas risas, entorno a una increíble reunión. Es sin duda una noche conmemorativa para el futuro de una familia, que a portas de un comienzo brillante. Nada podría salir mal ahora. ¿Verdad? Nada…
[…]
—Es suficiente —protesta Kagami, separándose del escritorio para encender un cigarrillo en total desprecio nauseabundo— Ya vi demasiado. No quiero seguir…
A esa misma hora. Apartamento de Zoé.
—Está bien. Lo siento. Pero creí que seria mejor que lo vieras tu primero —Zoé apaga el ordenador, siguiéndole con la mirada. La ve pasearse como león enjaulado, de un lugar a otro— Yo supongo que tu no lo sabías.
—¿Cómo mierda me preguntas eso? —espeta compungida la japonesa— ¿Te parece que tengo cara de saberlo?
—No hace falta que te enojes conmigo.
—¿Y con quien quieres que me enoje? ¿Con el idiota de Félix? —redunda— ¿O tal vez debería hacerlo con el inútil de Bourgeois? —explota— ¡¿O CON TODO EL MALDITO AYUNTAMIENTO?!
—Hey, hey…ya…—Lee se arrima a ella, abrazándola por la espalda— Discúlpame. No quise que te pusieras así. Escucha…—soba su hombro con suavidad, en un intento de calmarle— Se que es difícil. No, mas bien…doloroso enterarse de algo como esto. Mas que mal, Félix era tu enamorado.
—Me importa una reverenda mierda los sentimientos que tuve por el de casada —gruñe Tsurugi, ofuscada y trémula— Es el padre de mi hija. Es lo único que en estos momentos me revuelve el estómago.
—¿Lo dices por Emma o…?
—Por todo —sentencia la congresista— Zoé, si esto sale a la luz…es el fin de todos. No solo de la carrera de Félix. Si no que también la mía, por estar involucrada de forma paralela. No hay pruebas de que yo no haya sido quien adulteró eso, justamente porque es mi ex marido.
—Bueno, tal vez…podemos hallar una forma para que no salgas perjudicada tu —comenta la rubia, hilando palabras más coherentes— No lo sé. Quizás con un abogado. No es tan grave si-…
—¿No es tan grave? —reclama la nipona, con lagrimas en los ojos— ¡Zoé, murió una alguien! ¡Una chica inocente está muerta y hay una familia detrás que de seguro busca justicia! —se aparta violentamente de su pareja, exhalando de su cigarro— Esto es un caos. No. N-no…no hay forma…de que se enteren de esto. Tienes que…—traga saliva, sumamente alterada— Tienes que deshacerte de esa grabación. Si no lo haces tú, dámela. Lo haré yo personalmente.
—¿Qué? No —da un paso hacia atrás, negando con la cabeza— ¡No! ¿Te estás oyendo? ¡Has perdido el juicio! Kagami, no podemos seguir viviendo así, con el asedio constante de esos detectives y los dedos de todos apuntándote como si fueras una criminal.
—¡¿Zoé que no te das cuenta de que, si la policía se entera de que fue Félix el responsable, se irá preso?! —Kagami la zarandea de los hombros, turbada— ¡Él es quien tiene la custodia legal de Emma! ¡¿Cómo carajos dejo a mi hija sin su papá?! ¡¿Me lo explicas tu?!
—¡Emma no estará sola! —manifiesta la ojiazul, con dejo de convicción— ¡Te tiene a ti y-…! —aprieta los labios— Bueno…me tiene a mí también.
—¿Qué estás haciendo? —parpadea Tsurugi, anonadada.
—¿Con que? —no comprende.
—Esto. ¿Qué demonios crees que haces? —la examina de pies a cabeza, horrorizada.
—¿A qué te refieres, mujer? —exhala frustrada— ¡Habla claro!
—¿Por qué quieres meter preso a Félix? —la increpa, fulminándola con la mirada— ¿Acaso estás molesta por lo que te dijo esa noche? ¿Es eso? ¿Te quieres vengar para separarlo de Emma?
—¡¿JAH?! —el rostro de la reportera se desfigura— ¡¿Pero que mierda insinúas, Kagami?! ¡Yo jamás haría algo como eso! ¡Si quisiera ganarme el amor de Emma, nada me costaría!
—Tu no vas a reemplazarlo y lo sabes —veredicta la concejal.
—¡No busco reemplazarlo, joder! —Lee se apronta hacia su camarada, cogiéndole firme de las mejillas— ¡Mírame! Mírame bien, por favor. No hagas esto…no nos enemistemos por algo que no es. Está fuera de contexto. Ya lo hemos hablado un montón de veces y yo jamás desearía separarla de su padre. Sin embargo, la situación es compleja ahora, mi amor —masculle, comprobando si logra hacerla entrar en razón— Por favor, piensa un poco y cálmate. Deja de lado las pasiones. Se que tienes miedo. Lo veo en tus ojos, estás aterrada. Pero si no hacemos algo al respecto, tarde o temprano saldrá a la luz y no será de la mejor forma.
—Yo…—suspira desarmada la peliazul, desviando la mirada con zozobra— Tienes razón, lo siento mucho por desquitarme contigo. Es solo que…estás en lo correcto. Claro que me horroriza esto. Sobre todo, porque…bueno, Félix es doctor. No fue muy profesional de su parte no prestar ayuda.
—Créeme que lo intentó. Al menos se ve en el video que así fue. Pero la chica estaba fallecida de seguro —relata Zoé, mas templada— Además, coincide con la noche en la que ustedes dos discutieron y le pediste el divorcio. Probablemente, no estaba en sus cabales mas sanos.
—¿Dices que Félix chocó a propósito?
—Digo que fue un accidente, es todo —Lee besa su frente, transmitiéndole comprensión en su mirada— Posiblemente estaba ebrio o drogado, yo que sé. Tu marido se medicaba.
—No puedo sacar esa clase de conclusiones ahora. Lo mejor será…hablarlo con el directamente —murmura Kagami, apagando el cigarrillo contra un cenicero de mesa— ¿No?
—Si. Es lo mejor. Primero háblalo con el —asiente, satisfecha con su propuesta— Debe de haber una muy buena razón por la cual no te lo dijo. No me imagino…lo duro que debe de haber sido para el enterarse de un divorcio y luego tener un accidente de esa índole. Probablemente la ha pasado mal todo este tiempo y el silencio es su némesis nocturno.
—No. Eso ultimo no lo creo —Tsurugi se sienta en el sofá, meditativa— De los años que estuve con él, si hay algo que te puedo asegurar es que a duras penas ha lidiado con la muerte. Culpa no creo que tenga ya. Pero probablemente…si haya cierto dolo o sentimiento de arrepentimiento que lo responsabiliza.
—Posiblemente porque no dimensiona el daño detrás —su novia se sienta a su lado, acompañándola en el proceso.
—En parte es mi culpa. Yo misma le recomendé no involucrarse a niveles sentimentales con la gente —exhala, frustrada— Pero lo hice porque es un muchacho muy sensible y flaquea con facilidad. No pensé que…terminaría usando esos mecanismos de defensa para ocultar un delito.
—Tu y Félix son dos personas adultas que, dentro de todas sus diferencias, saben dialogar y llegar a consensos muy buenos. Aunque discutan —sonríe la periodista, abrazándola a medio brazo— Lo que si…—añade, liada con el asunto— hay algo que debo confesarte.
—¿Qué es?
—Llegué a un acuerdo con los detectives de la brigada de homicidios —revela la caucásica, agraviada— Me parece que sospechan que mi papá estaba involucrado con las imágenes adulteradas. Pero están atados de manos, porque la única forma de conseguir investigarle es con una orden del fiscal y ambos…son amigos de infancia. No van a lograr inculparlo de nada.
—¿Por qué André habría hecho lo que hizo? —murmura Kagami, contemplativa— Creí que me odiaba. No me cabe en la cabeza.
—Dijo que lo hizo para protegerme a mí, porque sabe que nos amamos, pero…—chasquea la lengua— No creo. Amo mucho a papá, pero dudo haya involucrado sentimientos familiares con un caso que afecta directamente a su mandato. Sigue siendo el alcalde de Paris. Temo que como el accidente pasó justo en una remodelación que no contaba con los permisos legales para llevarse a cabo, esté mas gente involucrada —se levanta, suspirando finalmente— En resumidas, solo se está salvando el pellejo el solo. Evita que investiguen mas del acueducto de Lound, es todo.
—Zoé, tu sabes que yo no soy de pedir cosas. Por el contrario, no me parece honorable —Tsurugi toma sus manos, indiscutiblemente afectada a nivel emocional— Pero esta vez, si tengo que pedirte una cosa. Y no lo veas como un favor. Tómalo como…un pacto de lealtad hacia nuestra relación.
—Te amo, Kagami. Como no tienes idea —Lee besa sus labios con cándida intencionalidad— Puedes pedirme lo que quieras, sin problemas.
—Prométeme que no le darás la cinta a la policía. No sin antes…que yo haya hablado con Félix de esto y saber qué demonios haremos.
—La única vez que me pides algo y casi que atenta con mis convicciones —rueda los ojos, con ironía— Pero…sin duda lo haré. Cuenta conmigo.
—Gracias…—sisea más aliviada, rodeándola en un abrazo sensitivo— Te amo. Prometo que haré algo al respecto.
—Confío en ti, mi amor —corresponde el gesto.
—Me iré a la cama ahora, ha sido un día sumamente agotador con muchas noticias nuevas —advierte Kagami, regresando al cuarto— Ah…por cierto. ¿De casualidad la policía o alguien, no te ha dicho ya la identidad de la mujer fallecida? ¿Cuál es su nombre?
—No. Le pregunté a la prefecta que lleva el caso, pero no me lo quiso revelar. Dijo que "era materia de investigación" y que sin importar que haga, no confía en los reporteros —narra la periodista, apenada— Teme que lo use como primicia o algo así. Pero no te preocupes, lo averiguaré y apenas lo tenga, te lo digo.
—Bien, gracias…
[…]
—Fei Wu —murmura Hugo, juntando las palmas en una reverencia asiática; frente a su mini altar— Pero tú puedes decirle Fefe. Era el apodo que yo le di desde pequeño.
De vuelta a la casa de los Dupain-Cheng.
—Sigues siendo pequeño, Hugo. No te trates como anciano —ríe tímidamente Emma. Pero acompaña con religiosidad su ofrenda. Nota que deposita un trozo de pastel, en compañía de un incienso— Pero debo dar gracias porque nos a permitido estar en tu casa ahora —reverencia, con total respeto y sumisión.
—Wow…esa fue una reverencia perfecta. Tu frente tocando el suelo y las manos juntas en la punta, casi en un triángulo… —comenta impresionado, el varón— ¿Dónde la aprendiste?
—En el templo sintoísta que visitaba mamá —explica la rubia, regresando a su posición original— Asistí un tiempo a clases de Katakana y además, aprendí algunas cosillas de la religión que su familia practicaba.
—¿Religión? ¿Qué es eso? —pregunta, curioso.
—Mh…—se toma el mentón, reflexiva— No estoy muy segura aún. Pero creo que se trata de creer en cosas que están mas allá de esta tierra. Ya sabes, como seres que habitan otro mundo mágico.
—Ah, ya veo —Dupain-Cheng regresa la vista hacia la tablilla que tiene por nombre, el de su madre— Entonces yo soy de la religión de Odín. El es un dios y mamá es una Valkiria que ahora está en su reino, porque era una guerrera experta en Kung Fu.
—¿Un dios? —parpadea, confundido— ¿No había solo uno?
—¿Quién te dijo eso?
—Mi abuela —la ojiverde le enseña un pequeño libro negro— Me regaló este libro. Dijo que es sagrado. Le llaman "biblia" y habla de un solo dios en particular. Aunque aún sigo leyéndolo y no tiene nombre como "Odín" o cosas así.
—Ja. ¿Un dios sin nombre? —el ojiazul se encoge de hombros, sarcástico— Eso no es un dios entonces. Es algo que no existe.
—¿Cómo sabes que no existe? —farfulle divertida la muchacha.
—Pues porque no tiene nombre —dice sin más— Dudo lo hayas visto alguna vez entonces.
—¿Acaso tu has visto a Odín alguna vez?
—Claro que sí. Un montón de veces —Hugo extrae desde el estante una revista de Marvel. Le expone una imagen— ¿Ves? Es este caballero de aquí. Tiene el cabello gris, largo. Usa un cetro, una armadura y le falta un ojo. Por eso usa un parche. Odín además tiene varios hijos. Uno de ellos es Loki y Thor. Son hermanastros, como tu y yo —apunta a las imágenes— Aunque yo te veo mas como Freya que otra cosa.
—Hugo…—Emma cierra los parpados, entretenida con su relato y al mismo tiempo, enternecida por el— ¿Si sabes que eso es una fantasía de comics, no?
—Ya sé. No soy tan tonto como me veo —refuta, inflando las mejillas y abrazando el libro— Pero es mi religión ¿No? Tu tienes tu biblia y yo el almanaque de dioses vikingos.
—Bueno, eso te lo concedo —carcajea la fémina— De seguro se inspiraron en los héroes de comics en alguna religión nórdica o algo así.
—¿Van a pasar la noche aquí? —examina el muchacho, guardando el texto.
—No lo sé —suspira, observando hacia la cocina— Marinette y Félix siguen lavando trastes y no me ha dicho nada sobre ir a casa.
—¿Crees que tengan una cita médica?
—N-no creo…que hagan algo como eso, estando nosotros…—farfulle, ruborizada y al mismo tiempo nerviosa— Descártalo.
—¿Dormirás conmigo entonces? —Hugo se levanta, entusiasmado— Aun no te he presentado mi cuarto.
—¿Alguna vez has dormido con otra chica que no sea tus mamás o tu niñera? —cuestiona, abochornada.
—Si, claro. En el campamento —revela con naturalidad, ayudándole a pararse del suelo— Vamos, preguntémosle.
—¡Es-espera! ¡No me jales así! —rebate, siendo tironeada hacia el comedor.
En la cocina:
—¿Esto va aquí? —pregunta Félix, abriendo un mueble— Veo que tienes algunos vasos.
—Que perceptivo me salió, señor Fathom —se mofa insinuante la profesora— Ha descubierto el orden natural de la vajilla.
—No te burles, por favor —responde, ruborizado— No suelo ir seguido a casa de nadie.
—No me estoy burlando —sisea Marinette, arrimándose a su anatomía con mimoso dejo de lascivia— Pero te ves exquisito lavando trastes. ¿No te lo habían dicho antes?
—Nunca…—contesta, con voz aterciopelada— ¿Acaso estás ronroneándome?
—¿No te gusta? —le muerde el labio inferior, en respuesta— Prr…como un gatito.
—Ma-Marinette…los niños…mh…—lame sus labios, con lujuria— Bueno, ya que insistes…
—De pronto me siento un poquito malita, doctor —murmura, frotando dos de sus dedos contra su barbilla; tan abochornada como el— ¿Qué tal si luego de terminar todo esto, me hace un chequeo en-…?
—¡Mamá! —interrumpe Hugo de golpe.
—¡TENGO JABÓN EN LAS MANOS! —chilla Graham de Vanily, soltando en seco el vaso de las manos. Este cae al suelo y se quiebra. Ambos, se separan raudamente, cada quien por su parte; simulando que nada pasaba— D-disculpen…se me ha…caído…
—¿Todo bien, papi? —Emma se ve tentada a entrar.
—¡N-no te acerques, cariño! —advierte Fathom, sumamente nervioso— Hay vidrios rotos en el suelo y podrías lastimarte.
—Ay…—la pequeña se espanta— Ten cuidado, papá…
—¡No fue nada, niños! ¡Jajaja! ¡Ups! ¡Un accidente lo comete cualquiera! —carcajea turulata la mayor, esperando que le siga el juego— ¿O no, Félix?
—¡S-si! ¡Se cayó! —se excusa el médico— ¡Tenia patitas y voló! Jeje…
—Se dice tener alas —comenta Hugo, arqueando una ceja con suspicacia. Bueno, le resta importancia— Ya que. Oigan ¿Se quedarán a dormir esta noche?
—¡Ah! Bueno, yo…—Félix mira a Marinette, quien le guiñe el ojo en son de respuesta— Bueno, sí. Tenemos permiso para hacerlo. Se nos ha hecho tarde y es mejor quedarnos. Bebí mucho vino y no puedo conducir así. ¿Por?
—Nada mas quería saberlo porque quiero mostrarle mis juguetes a Emma —manifiesta Hugo, exaltado— ¿Puedo?
—Este…Hugo, hijo —interviene Marinette, mas centrada que antes— Si Emma se queda con nosotros, le haremos espacio en la pieza de invitados.
—¡Porfis! ¡Porfis! Nos portaremos bien. Lo juro. No haremos mucho ruido —le hace pucheritos a su madre, ligeramente fervoroso— ¡Deja que Emma duerma conmigo! ¡Le hacemos una cama en mi pieza!
Félix y Marinette intercambian miradas cómplices de un crimen que nadie ha cometido. Curiosamente, es ahora el británico quien debe dar su consentimiento. Es su hija mujer después de todo, la involucrada en el caso. Este, termina por asentir.
—Vale —sentencia la docente.
—¡Sii! —brinca el pequeño.
—Pero Emma dormirá en tu cama —advierte la ojiazul— Eres tú, quien va a dormir en el suelo.
—¡Es una cama nicho, me da igual! ¡Dormiré donde sea! —jala a la rubia de la mano— ¡Ven, ven! ¡Te enseño los juegos que tengo en la play!
Ambos menores corren hacia la habitación, dejándoles nuevamente a solas. Aunque ahora…el panorama se ve algo distinto al anterior. Hay un vaso quebrado en el suelo. Ríen al unísono.
—Iré por la escoba —dice Félix.
—Yo por la pala —dice Marinette.
00:12AM.
—¡Ay no puede ser! —reclama la pequeña Fathom, molesta— ¡Es la quinta vez que me ganas! Así no da gracia…tu sabes jugar a esto y yo no. Tienes ventaja.
—¡Va, va! Deja que la reinicio y te dejo ganar —dictamina Dupain-Cheng, seleccionando un modo más fácil.
—No quiero que me dejes ganar, así ni chiste —se cruza de brazos, berrinchuda— Enséñame como ser tan buena como tú, mejor. Me gusta aprender por mis métodos.
—Va, te enseño —le toma el control— Mira, debes acelerar con la X y derrapar con este…
—¿Interrumpo? —Marinette asoma la cabeza por la puerta del cuarto, percatándose de que ambos jugaban sobre la cama— Vaya, en medio de una partida de Mario Kart.
—No es una partida como tal —masculle la ojiverde, simulando estar molesta— ¡Es una masacre!
—¡No le hagas caso, mami! ¡Solo exagera! —Hugo le da un codazo en respuesta— No me dejes mal delante de ella por favor —susurra.
—Usa hacks pero le da vergüenza admitirlo —lo molesta a propósito.
—¡Emma! —el varón se va a la chucha, ruborizado.
—Lamento sonar un aguafiestas —interviene Félix, en la escena. Ha brotado mágicamente de la espalda de su pareja— Pero, Emma…—le muestra el reloj— Estas no son horas para seguir despierta, señorita.
—¡Ay, papá! ¡Tu sabes que nunca me desvelo! ¡Y es viernes por la noche! —protesta con inocencia la rubia— Mañana no tengo escuela. ¿No puedes dejarme un poco más?
—Reglas son reglas, jovencita —niega Fathom— Ve a lavarte los dientes. Hora de dormir ya.
—¡Pero papá! —protesta nuevamente— ¡Una partida más!
—No, Emma —niega Félix.
—¡Dale, papá! ¡Di que sí! —insiste.
—¡Si, papá! —la imita Hugo— ¡Diga que sí!
Silencio sepulcral en el ambiente.
¿Qué?
Emma fulmina a Hugo con la mirada. Marinette mira a Félix. Félix a Emma. Emma a Marinette. Hugo a Félix. Marinette a Hugo. Thor y Loki se miran. Mario pregunta en la pantalla si quieren seguir jugando. A la mierda todo. ¿Momento incomodo quizás? ¿Sacado de onda? ¿Contexto? Te la tragas sin pretexto. Chau. Emma rompe el hielo.
—Voy…—sentencia la rubia. Deja todo botado y se larga al baño.
—Em-…—Félix es atajado por Marinette, quien niega con la cabeza— ¿Qué pasa?
—Habla con ella…—susurra— Yo hablaré con él.
—Está bien…
En el baño:
—Hija…—Fathom se asoma por la puerta— ¿Tu…?
—Inspección rutinaria —Emma abre la boca, mostrando sus dientes limpios— ¿Todo bien, general?
—Todo bien —le sigue el juego, aunque no tan concentrado en el— Oye. Espera. ¿Podemos hablar?
—¿No dijiste que era tarde para mi ya? Otro día hablaremos —Tsurugi pasa de él, encaminándose de regreso al cuarto— ¿Qué usaré para dormir?
—Am…Marinette dijo que te pasará una pijama que compró la semana pasada, para ti.
—Ya veo. ¿Así que tenían planeado esto desde hace tiempo y yo ni enterada? —espeta la ojiverde, ofuscada— Ahora comprendo el por qué había un cepillo de dientes rosa pequeño en el baño. Que coincidencia. Justo para mí. Pero sabes que odio el rosa.
—Emma, cariño —Graham de Vanily la ataja del brazo, requiriendo con desazón su atención— Por favor, hablemos. No te dejes llevar por tus sentimientos. Todo tiene arreglo.
—¿Por qué? —Emma se suelta violentamente, recriminando culpa— ¿Por qué no me dijiste nunca que tratabas al hijo de tu amante como tuyo?
—¿Disculpa? —pestañea, absorto con su injuria— No me parece que hables así de Marinette. No ahora, que ha sido buena con nosotros. Ella no es "mi amante". Es mi novia. ¿De dónde sacaste esa idea?
—Responde, papá —demanda.
—¿Te refieres a Hugo en particular?
—¡A todo! —berrea ofendida, la pequeña niña— ¡¿Por qué no decírmelo?! ¡Soy tu hija!
—¡Ya sé que eres mi hija, Emma! ¡Pero no solo eres eso! —aclara Fathom, sumamente turbado— Eres mi mundo…mi todo. No es fácil, contar estas cosas. Por favor, entiéndeme.
—Yo te he entendido suficiente, papá. Incluso a mamá. ¿Pero quien cuernos me entiende a mí?
—¿"Cuernos"? —parpadea, atónito— ¿Por qué usas palabras tan ofensivas?
—¡Deja de hacerte el moralista! ¡Ya sé que tú dices groserías y mamá también! ¡Los escuché un montón discutiendo! —revela sin más, colérica— Respóndeme de una buena vez lo que te pregunto. No me hagas desconfiar de ti.
—Jamás, hija. Pregúntame lo que gustes.
—¿Hugo es tu hijo ahora? —le increpa.
—¿Te molestaría si quisiera…hacerme cargo de su bienestar, ahora? —consulta el doctor, acongojado.
—No del todo. Me molesta más, que no me lo digas —añade— ¡Me molesta más, que no me digas que clase de relación has forjado con el! ¡Porque yo no me entero!
—Y te pido disculpas por eso. No ha sido fácil para mí.
—Imagina para mi —rueda los ojos, sarcástica.
—Vale, lo asumo. Estás molesta y me hago cargo de tus sentimientos de frustración —asume Félix, exhalando rendido— Perdóname, por favor. Soy nuevo en esto. Estoy…tentado al ensayo y error. Pero créeme, que mis sentimientos son reales.
—La profesora Dupain-Cheng es tu novia ahora —se cruza de brazos— ¿Qué sigue?
—¿Qué sigue?
—Que sigue.
—Te juro por mi vida, que no sé qué sigue, Emma —Félix se arrima a su hija, tomándola del rostro con potestad de madurez— Pero te prometo que, de ahora en adelante, sabrás todos mis movimientos y mis intenciones. No más secretos entre ambos.
—Padre…hay uno solo ¿No? —consulta, con la mirada humedecida en temor.
—No, hija —niega, con dolor— Solo madre, hay una sola. Porque solo una, te ha dado la vida. Pero en cuanto a la crianza, si lo hay. Madre o padre no es quien te da la vida, si no quien se hace cargo de ti. Quien te cría y te da valores para salir adelante. La vida, es mas compleja de lo que imaginas. No es solo negro y blanco.
—¿Tu eres mi papá? —inquiere la rubia.
—Lo soy. Y nunca dejaré de serlo —sentencia Fathom, con orgullo.
—¿En verdad quieres ser el papá de Hugo? —añade, vencida.
—¿Crees que no tengo derecho a ser padre de nadie más?
—No…—desvía la mirada, melancólica— Creo que podrías ser padre de quien quieras, hasta de un perrito. Es un rol, que pocos asumen después de todo.
—Por favor, no te desquites mas con Hugo. Es un chico bueno —sentencia Félix, sollozando en el proceso— Y sabes que soy sensible frente a esto. Hago lo que puedo, pero amo…amo a su madre. No puedo hacerme el loco con el tema. Marinette tiene un hijo y si quiero estar con ella, debo asumir su carga con honor. ¿Tu acaso saldrías con una persona, dejando de lado a su familia?
—Nunca —niega con la cabeza, abrazándole en respuesta— Ni tu ni mamá ni mi abu me enseñaron eso. Familia es lo que uno construye.
—¿No te gusta lo que estamos construyendo?
—Si. Me gusta —asiente Emma, jocosa— Porque me agrada Hugo y me agrada la señorita Dupain-Cheng. Así que, papá…si me lo explicas así y quieres ser papá no de uno solo, si no de ambos, lo acepto.
—¿En verdad…?
—Si. En serio —lo apretuja contra sus brazos, jovial— Ahora dime. ¿Qué usaré para dormir? ¿Dormiré con Hugo?
—Si. Pero imagino ya que Marinette habló con el y todo bien —asiente Félix, confiado.
Mientras tanto, en el cuarto:
—Ya sé —admite Hugo, cabizbajo— Estas molesta conmigo porque llamé "papá" al señor Fathom. ¿No?
—No. Al contrario, hijo —sonríe, algarabosa. Apaga la consola y se acuesta a su lado— Me ha encantado que lo hayas llamado así. Y eso es porque nunca tuviste un padre varón.
—Bueno, mamá Fei no era un padre como tal, pero se comportó como uno ¿No? —consulta, inquieto— ¿Estará molesta?
—No creo, mi vida —besa su frente— Y como ya te dije antes, si bien la honramos en esta casa, Fei ya no está. Así que debemos ser fuertes para pasar la página. Se que tienes un concepto de la familia establecido. Pero "familia" es algo muy amplio.
—Y se que tu quieres formar una familiar con Félix —asiente, sumiso— Por eso pensé que sería bueno tratarlo así.
—Félix no está ofendido. Al contrario. Lleva meses ganándose su confianza —añade, briosa— Es Emma la que debe adaptarse a los cambios. Pero no la juzgues. Su madre ahora sale con una chica. Para ella tampoco ha sido fácil cambiar de paradigmas de lo que es una familia ¿O sí?
—No, claro que no —se aferra a ella, con nostalgia— Te amo mami, no me dejes solito.
—Jamás te dejaría solito. Mucho menos ahora, que tenemos compañía —le guiñe el ojo, correspondiendo su abrazo con dulzura— Félix se está esforzando mucho. Igual que Emma. Démosle una oportunidad ¿Sí?
—Quiero que Emma sea mi hermanita —revela el peliazul— No tengo hermanos. Y quiero que ella sea mi hermana. No solo una "hermanastra".
—Y lo hará —sentencia Dupain-Cheng— Con el tiempo, lo hará. Solo dale chance a que se acostumbre. Ella también es hija única como tú. Pero fue criada de otra forma. Anhela tener un hermanito. En serio te lo digo.
—Eso espero…—farfulle, inquieto— Quiero ser el mejor hermano.
—Lo serás…—Marinette calla de golpe. La puerta se abre. Son ellos de nuevo— Ah. Bien, veo que hablaron ya. ¿Todo en orden?
—Fue un mal entendido —comenta Félix, empujando a su hija a tomar la palabra— Emma quiere decir algo. ¿Verdad, tesoro?
—Si —añade tímida la menor; jugueteando con su playera— Papá dijo que tenia un pijama para mí. Y me honra…poder usarlo en su casa. ¿Me lo enseña?
—Con gusto, querida —la profesora se levanta y la encamina hacia el cuarto— Ya está todo listo aquí. Ven que te visto —abandonan la pieza.
Félix y Hugo quedan solos.
—Doctor Fathom —musita Hugo, avergonzado— Yo no-…
—¿Doctor Fathom? —carcajea el rubio, con suspicacia— ¿No era antes tu papá?
—Disculpe. Es que yo no sabía-…
—Dime Félix —se sienta al borde de la cama, esbozando una mueca cariñosa— O prefieres ¿Papá?
—…
—Hugo, tu para mi eres…
—Gracias —Hugo lo abraza, envolviéndolo con sus dos bracitos pequeños de infante. Se frota contra su hombro, retraído— Temeroso y todo le digo, que si lo considero como una figura paterna. Emma dijo que "padre hay uno solo" y ahora mismo, le creo. Porque nunca tuve uno. Y usted es un maravilloso padre, Félix. Por favor, cuide de mi y de mi mamá.
—Ya no puedo evitar encariñarme con ustedes. Santo dios —corresponde su abrazo, con fraternal sentimiento— Se que jamás entenderías lo que siento, pero una fuerza superior a la mía me impulsa a hacerme cargo y aunque le moleste o le duela otros, es la verdad.
—Te quiero mucho, Félix. Eres el padre que nunca tuve —revela el peliazul, afiatando su abrazo con dolo de intencionalidad— Por favor, no me lastimes.
—No te lastimaré, pequeño. Te lo prometo.
—¡Ya está! Ay, cielos pero que hermosa te queda esa pijama —Dupain-Cheng regresa al cuarto junto con Emma— ¿Ya están todos listos? Hora de dormir.
Tanto Marinette como Félix arropan a sus hijos, intercambiando papeles con cada uno de ellos. Luego repiten el gesto con su prole y se despiden por el marco de la puerta. Un sentimiento de paz inunda esa noche en la casa familiar. A partir de ahora, ya no hay nada ni nadie…que pueda separarlos.
[…]
—La intervención de hoy fue todo un éxito, chicos. Buen trabajo —halaga Félix, caminando por el pasillo— Luka, te luciste ahí dentro. Creo que te invitaré más seguido a beber. Y en cuanto a Rose, un manejo de los nervios impresionante.
Hospital Universitario Pitié Salpêtrière. 15:30PM.
—Ya estamos acostumbrados a tratar con tu genio —carcajea Couffaine— Solo faltaba que me estrangularas con el catete. ¡Pero! Te aceptaré las cervezas.
—No sé ustedes, pero yo si he notado un mejor manejo de sus emociones a la hora de lidiar con una descompensación —añade Levillant, tomando un sorbo de café.
—Es cierto. Si no fuera porque te conocemos desde hace años, diríamos que todo se lo debemos a "cierta personita" nueva en tu vida —arque una ceja con picardía.
—Están exagerando, joder. Sigo siendo el mismo tipo huraño de siempre —se mofa Fathom, ruborizado con notoriedad— Solo que ahora…bueno, las cosas están mas tranquilas en mi vida, es todo.
—No sabes lo mucho que nos alegra oírte de mejor humor, Félix —Rose le regala una sonrisa afable, a modo de cariño— En verdad pensábamos que nunca superarías lo de Kagami.
—Kagami ya hizo su vida. Así que me tocaba avanzar a mí también —revela el británico, sereno— Luka tenía razón. Fue muy tonto de mi parte tratar de quedarme solo para siempre.
—Y…hablando del rey de roma…—el peliazul hace una pausa, deteniéndose de golpe— Me parece que la invocamos justo a tiempo.
—¿Kagami…? —examina Graham de Vanily, divisándola justo en la entrada de su oficina.
—No trae…precisamente buena pinta, jejeje…—musita la rubia, preocupada— ¿Crees que nos haya escuchado?
—No creo. Pero por si las moscas…será mejor que nos vayamos —el anestesista se despide de su camarada, con un toque en el hombro— ¡Te veremos más tarde!
—Tsk…que cobardes que son. Ni que viniera a matarme —farfulle el inglés, confundido— Aunque…si es raro verla aquí. Ni cuando estábamos casados, se dio una vuelta. ¿Qué habrá pasado? — ¿Kagami? ¿Qué haces aquí? ¿Acaso le ocurrió algo malo a Emma?
—Hola, Fathom. Lamento haber venido sin avisar antes. Sabes que lo mío no son las improvisaciones —declara Tsurugi, con expresión agria en el semblante— Pero era imperativo que habláramos. Y no, no le pasó nada a Emma. No aún.
—¿Ah…?
—No te quitaré mucho tiempo —la fémina le invita a ser invitada, a su despacho— ¿Entramos? Seré breve.
—¿Qué está pasando? De un momento a otro…noto cierto dejo de rencor en su mirada —despabila, pasmado— S-si…claro. Adelante, entremos.
En la oficina.
—¿Quieres un café o un té? —le ofrece el varón.
—No, gracias —sentencia— No tengo sed.
—Te noto algo tensa…—exclama el médico— ¿A que te referías con que aun no le pasa nada a Emma?
—Félix, tu…
—Escucha, si viniste a reclamarme por lo de la otra vez con Zoé, quiero que sepas que te debo una disculpa ¿Ok? —camina hacia su escritorio en el proceso— No debí hablarle en ese tono. Mucho menos delante de nuestra hija y afuera de casa. Lo que es yo, no quiero que pienses que-…
—Félix no vine a hablar sobre Zoé. Ni sobe mi ni sobre Emma —declara, frunciendo el ceño.
—Ah… ¿No? —examina el ojiverde, sirviéndose un té en el proceso.
—No. Vine a hablar sobre ti —veredicta la japonesa.
—¿Sobre…mi? —traga saliva, compungido— ¿Qué es?
—Ya lo sé todo, Félix.
—Dios, mujer. Si lo dices por mi relación con Marinette yo…tenía pensado contarte que formalicé con ella —dice, revolviendo la cuchara con la taza— Pero no encontré el momento para-…
—Fuiste tu —le interrumpe de golpe.
—¿Yo…? —sigue sin entender un carajo— ¿Qué yo, que? Mierda. ¿Quieres dejarte de rodeos y hablar con monosílabos? Me pones sumamente nervioso.
—Tu, Félix —revela finalmente, Kagami; esta vez fulminándolo con la mirada— Tu fuiste el que chocó esa noche en el acueducto de Lound. Tu…—lo apunta con el dedo— Tu mataste a esa mujer.
La taza cae al suelo, quebrandose en mil pedazos; mientras el caliente brebaje se absorbe en una mancha expandiéndose por la alfombra. Félix se paraliza de pies a cabeza, sintiendo como las fuerzas de su anatomía hacen abandono de ella. La noticia, le cae como un balde de agua fría en la nuca. E instintivamente, no puede evitar dar dos pasos hacia atrás, con todo el pavor supurando en su rostro. Es inexplicable reconocer el lenguaje corporal que emana de sí. Pero ha perdido el poco color que traía y boquiabierto, intenta hilar palabras para contestar algo coherente. No lo logra. Su mandíbula sube y baja, tembloroso.
Kagami concentra su atención en el desmadre que ha desparramado en el suelo y sin tapujos, toma asiento como si la oficina fuese de ella. Cruzando una pierna sobre la otra con elegancia, rompe el silencio.
—Si tienes algo que decirme, este es el momento —dice Tsurugi— Soy una mujer de dialogo. Para eso vine. Pero vete enterando, que más te vale tengas una explicación convincente sobre lo ocurrido esa noche. Porque de lo contrario, te prometo…—lo asesina con los ojos— Que haré que te pudras en la cárcel por el resto de tus días.
—…
La felicidad, es solo un momento efímero. Un estado de gracia, que si no se goza en el instante que se manifiesta se esfuma con la brisa. Nada podría haber arruinado su vida o su relación. Hasta ahora…
¿Qué dirás al respecto ahora, Félix Fathom? ¿Cuál es tu defensa? Es hora de la verdad.
