—Estaba ebrio.

Oficina del doctor Fathom. 17:20PM.

Félix y Kagami conversan a puertas cerradas y persianas bajas. Nadie los interrumpe. Un ambiente lúgubre los envuelve a ambos. Ya ninguno de los dos bebe nada sano. Ambos, comparten una botella de whisky a medio tomar y un cigarrillo se consume en el cenicero. Han perdido la noción del tiempo, no dimensionan a ciencia cierta cuántas horas llevan platicando sobre el tema. Pero si tienen que tomarse todo el día o todo un año, lo harán. La congresista escucha y escucha y escucha, asintiendo con mesura y gesticulando una que otra pregunta en el transcurso del interrogatorio. Ella ya ha tomado un rol protagónico en su vida y por muy ex mujer que sea, conoce a la perfección su lugar.

—Me espanté.

—Se que la trataste de auxiliar. Lo vi en el video —expresa con voz hosca la mujer— Pero claro, estaba muerta ya. ¿Qué más ibas a hacer?

—Tú me conoces, Kagami —relata el rubio, destruido— No importa que tan mal acabó nuestro matrimonio, tu fuiste mi esposa por 8 años y medio. No soy un desconocido para ti.

—He de admitir que cuando vi la cinta, si te desconocí por unos momentos —recula Kagami, jugueteando con su vaso de alcohol— Pero luego apelé justamente a lo mucho que te conozco y pensé: "No. Félix no es ningún cobarde. No me casaría jamás con un hombre así". Así que asumí, que si lo hiciste…fue por una debilidad tuya. Bueno, de las que tanto tenías.

—Las cosas no pasaron así de simplonas, Kagami —espeta el cirujano, abatido— Endosarme vacilación a un momento de terror, no es sinónimo de remisión por mi parte. Sigo siendo un humano común y corriente. Mas allá de mi vocación de ayuda y mi calidad de profesional. Si me fui del lugar-…

—Querrás decir "huiste" del lugar —corrige, con audacia.

—Bueno, sí. Hui del lugar, arranqué del lugar, me mandé a perder del lugar, tómalo como gustes —expresa agraviado el ojiverde— No lo hice por cobardía. Mi vigor por mantener a mi familia, se sostuvo intacto y fue eso mismo lo que me hizo irme. Temí por mí, por ti y por Emma.

—Entonces usas como excusa el "amor por tu familia" para justificar un accidente —confiere la concejala— Pero que tampoco asumiste como tuyo, porque culpa no tienes.

—¿Te parezco egoísta?

—Me pareces estratégicamente estúpido, Félix —exhala frustrada la nipona, bebiendo de golpe su trago— Está claro que lo tuyo no es la inteligencia emocional.

—¿Y tú que mierda hubieras hecho en mi lugar? ¿Eh? Señorita sabelotodo —le increpa Graham de Vanily, turbado— ¿Te entregas y ya? ¿Por una pisca de consciencia?

—Por supuesto que no, Félix. Soy una política renombrada —se encoge de hombros, con normalidad— Parte de mi trabajo es pensar con la cabeza. Pero tú no sabes lo que es eso ¿O me equivoco?

—¿A qué quieres llegar con todo esto? —refuta Félix— ¿Viniste para humillarme o qué?

—Vine para saber si podías convencerme de que eras inocente —Tsurugi alza su vaso, exigiendo que se lo rellene— Pero no lo eres. Solo eres una víctima más de las circunstancias de su propia y miserable existencia. Eras un hombre prodigio, con muchas menciones en pendejadas. Y como siempre, te viste preso del miedo y la cagaste.

—Jamás he dicho que soy inocente ni mucho menos una víctima —protesta Fathom, rellenando su copa con desazón— Por el contrario, te estoy contando mi participación y responsabilidad en los hechos.

—Si, pero como un niñito de kínder —la japonesa se levanta del asiento, paseándose por la habitación en compañía de un cigarrillo ahora— No estás asumiendo tu condición.

—¿Y cuál es mi condición según tu? —berrea— ¡Ilumíname!

—¡Que eres un ingenuo! —aúlla la peliazul, encabronada— ¡Eres un patético inglés de pacotilla asustadizo, que vive solapadamente su vida en torno a una crianza sin supervivencia, creyendo que todos ahí afuera son buenos! ¡Tú no sabes, lo que es pelear por nada ni nadie! ¡Jamás tuviste que rascarte las pulgas con tus propios dedos! ¡¿Qué esperabas?! ¡¿Provocar un accidente y de pronto salir victorioso para que otros se hicieran cargo, porque eres un ser puro y angelical?! —le interpela— ¡Ahora por tu inmadurez nuestras vidas están en juego! ¡Tú, yo, Emma, tu mamá, tu tía, tu primo, tus amigos! ¡Tu familia entera! Bueno…—añade, irónica— Y ahora encima Marinette y su hijo, que nada que ver en el tema.

—¡¿Y entonces que?! —vocifera Graham de Vanily, exhausto con sus ataques— ¡¿Qué pasa ahora?! ¡¿Me voy preso y todos felices?!

—¡¿Qué no te das cuenta, pedazo de idiota, que, si te vas preso, caemos todos?! —Kagami deja su vaso en el escritorio y lo toma de la corbata, golpeándolo contra la pared— ¡Abre los ojos Félix! ¡Y date cuenta, que no vine aquí a desperdiciar horas valiosas de mi trabajo para arruinarte la vida!

—No…—murmura turulato, el doctor— No te entiendo…Kagami…—su compañera lo suelta, colérica. La sigue con la mirada— Si no viniste aquí juzgarme… ¿Entonces a qué coño has venido?

—Que gracioso que me digas que no me entiendes, Fathom —ríe irónica, para sí misma— De igual forma nunca lo hiciste en más de 8 años de matrimonio. No tengo que cuestionarme ni pregúntame realmente con quien me casé, porque sabía a la perfección con quien lo hacía. La pregunta es… ¿Tú sabes con quien lo hiciste?

—Imagino…que no…

—Ese es tu maldito problema —masculle Kagami, exhalando humo por la boca— Que nunca supiste apreciar a quien tenías al lado. Pero si no te quedó claro con mi visita, ahora te lo dejaré más claro que el agua. Porque yo, nunca fui tu enemiga. No lo fui antes y no lo seré ahora.

—Kagami…—Félix traga saliva a duras penas, anonadado— ¿Qué demonios está pasando?

—A ver si logro actualizarte, doctor —Tsurugi se frota la sien, importunada— Se abrió una carpeta investigativa para averiguar sobre este caso. Tengo a la puta policía pisándome los tales hace un año, desde que te quisiste echar a morir por no saber gestionar una ruptura amorosa como el adulto, que pensé que eras —agrega— Lo que al principio creí que se trataba de algo personal, no resultó ser cierto. Pues tu maldito accidente de borracho solo dejó entrever que esa intersección en Lound no cumplía con los permisos legales para llevarse a cabo. El suelo no era viable. Y el alcalde de Paris está metido hasta los cojones en el tema.

—¿Qué demonios me estás contando? —pestañea, absorto con su relato— ¿Dices que maté a alguien porque el pavimento era inseguro?

—No. Mataste a alguien porque ibas ebrio hasta el culo —aclara la muchacha, apuntándole con el dedo— Pero de no haber ido en ese estado, posiblemente chocabas igual. Aunque quizás con otro resultado, no lo sé. Ese trabajo nunca debió haberse llevado a cabo. La chica que iba en el auto tampoco respetó las señaléticas. Se las saltó todas. Y eso, es porque no habían ¿Lo captas? —le aclara— No las pusieron, porque era ilegal lo que estaban haciendo ahí —apaga su cigarrillo, encendiendo otro con nerviosismo— Esa carretera es privada. Hay una concesionaria metida ahí. Se ganaron una licitación para el proyecto, pero todo apunta a que se firmaron contratos por dineros mal utilizados.

—Estoy…en shock con todo lo que me cuentas —Graham de Vanily apenas digiere la información— ¿Quién demonios está metido en esto? ¿El alcalde?

—Aún no lo sabemos, estoy investigando. Pero Bourgeois es el principal sospechoso de esos trabajos

—¿Pero quién carajos es el dueño de esa concesionaria? —exige— ¿Quién?

—No lo sé, Félix. Pero lo averiguaré. Tarde o temprano —declara Kagami, bebiendo otro sorbo de whisky— Estoy en eso. Si vine hasta acá, fue para mostrarte mi apoyo. Porque independientemente de lo que provocaste, ya estaba mal hecho desde antes. Tu solo pisaste la tabla podrida que intentaron barnizar. ¿Lo entiendes ahora? Solo eres la excusa perfecta para el crimen perfecto. Carne de cañón.

—Mierda…—Félix se deja caer sobre su asiento, irremediablemente tomando un sorbo extenso de la misma botella de whisky, porque ni para vaso le da— Déjame entender todo…que aún no lo proceso.

—¿Qué mierda vas a procesar? Ni que fueras una planta de reciclaje —farfulle con sarcasmo, la congresista— Lo que me importa ahora, es salir de este lio.

—Que chistosa —ríe el rubio, irónico— No pierdes tu humor ni en un momento así.

—Bueno, tampoco soy el bot que le hiciste creer al mundo —rueda los ojos— ¿O sí?

—¿Quién te dijo eso? —se hace el loco.

—No me hagas reír, que lo cirquero no te queda —le rebate. Acaba su cigarro, su trago y camina hacia la puerta— Me voy. Ya obtuve suficiente información para sacar mis propias conclusiones.

—¡Kagami! ¡Espera! —Félix la ataja del brazo, sujetándola con vehemencia.

—¿Por qué demonios haces contacto físico conmigo, tomándome del brazo sin mi permiso? —repele Tsurugi, con expresión repugnante.

—Solo quiero…preguntarte algo, perdón —la suelta, avergonzado.

—Eres mi ex marido, no te pases tampoco —delimita la mujer.

—Kagami…esto que quiero preguntarte no tiene nada que ver con el tema. Solo…—Fathom baja la cabeza, muy abochornado— Solo es algo que nunca te pregunté y me asalta.

—¿Justo ahora? —exhala, rendida— Vale. Que oportuno. Adelante. ¿Qué es?

—¿En qué momento me dejaste de amar? —consulta el británico, abatido.

—¿Ah…? —su cuestionamiento la ha sacado de onda.

—¿En qué momento dejaste de verme como tu pareja? Digo…—esclarece el inglés, jugueteando con sus dedos, intranquilo— No soy tonto. Se que me enumeraste un montón de defectos que te hicieron, serme infiel. Irte con otra chica. Y lo entiendo ¿Ok? No te culpo. Solo quisiera saber el momento exacto, el acontecimiento preciso que te hizo…ya sabes —se soba el cuello— Dejar de amarme. El día que dijiste: Ya no te amo. Amo a otra. ¿Crees que puedas decírmelo? ¿En qué fallé en eso?

—No existe un "momento" exacto para eso, Félix —explica la muchacha, descalabrada con su pregunta— Ha decir verdad, yo también me lo replantee un montón antes de pedirte el divorcio, porque no estaba del todo segura. No es que yo haya "nacido" lesbiana. Para mí el amor es…bueno ¿Cómo te lo explico? Algo que se da solo. Esto no pasa por una preferencia sexual. ¿Me entiendes?

—Te entiendo. Yo mismo decía que todos somos bisexuales —relata Félix— Pero sigo sin entender. ¿Cómo es que dejaste de amarme?

—Yo…—Kagami se observa las manos, confundida— Yo no lo sé. Ha decir verdad, no podría responderte esa pregunta. Porque incluso ahora, en un momento tan difícil como este, no siento que…—aprieta los labios. Calla de golpe.

—¿Qué? ¿Qué es lo que no sientes?

—Félix, para —advierte.

—No. En serio —insiste, demandando respuesta— Por favor, dime. Necesito saber, que te hizo dejar de amarme. Te ruego…me respondas eso.

—Es que…—Tsurugi lo mira a los ojos, conmovida por su inquietud— Es que no siento que lo haya dejado de hacer… ¿Sabes? Se que me enamoré de otra persona. Pero no siento que eso se haya perdido. El cariño…

—¿Ah? —se desfigura.

—Quiero decir…esto es super complicado para mi —reniega con la cabeza, embrollada— Pero no siento que te haya dejado de "amar" como tal. Porque si bien ya no te veo como una pareja, te veo aun como el padre de mi hija y…mi "ex" marido. Mi "ex" amor. No es el sentimiento el que cambió, si no la forma en como lo siento. ¿Lo pillas?

—¿Y es por eso que haces todo esto? —inquiere Graham de Vanily, melancólico— Porque… ¿Aun me amas?

—No. Yo…siento que te quiero. Te amo como persona, Félix —aclara Tsurugi— Porque eres un ser humano maravilloso. Con tus cagazos y tus debilidades. Y no podría hacerme la loca en decir: "Nah, la pasé horrible con este pendejo". No. No puedo. Eso sería sínico de mi parte, porque si bien no resultó nuestra relación, joder que lo pasamos bien en su momento ¿O no? Me hiciste muy feliz, reímos, la gozamos juntos, viajamos, paseamos, vivimos cosas sublimes los dos, fuiste increíble dentro de todo —adiciona, jovial— Cometiste errores horribles como yo los cometí y sonaría una mierda de mi parte decir que fue todo un engaño. No soy una niña. No podría ser tan inmadura de solo recordar lo malo.

—Solo quiero que sepas, que estas perdonada, Kagami —sentencia el doctor, brindándole una sonrisa de mejilla a mejilla— No me importa si me fuiste infiel. Yo me quedo con lo bueno que me brindaste. Y de hecho…bueno…—desvía la mirada, ruborizado— Vivo a diario con eso hermoso que me diste.

—Digo lo mismo —asiente, satisfecha con su declaración— Emma es…increíble. ¿No?

—Lo es. Es el mejor regalo que pudiste darme. Y no me arrepiento de nada —comenta el ojiverde, orgulloso— Tal vez no pudimos vivir nuestra "super historia" de amor. Pero creo que Emma es el mejor ejemplo, de lo que queríamos para nosotros.

—Y ya que me preguntaste esto, quisiera yo hacerte una pregunta en particular —confiesa la japonesa.

—Dispara.

—¿Si querías darme más hijos o solo simulaste…no tenerlos? —pregunta Kagami, ligeramente avergonzada.

—Si quería —asiente, con mesura— Lo intenté un montón y a ti te consta. No sé y no entiendo por qué no se dio, pero, el universo es misericordioso dentro de todo ¿No? Da y provee tanto como quita.

—Lo dices por la nueva chica con la que sales ahora ¿No? —comenta Tsurugi, bosquejando una mueca vencida— Ella tiene un hijo.

—Se llama Hugo. Y es un muchachito maravilloso, Kagami —manifiesta, jocoso— No te imaginas lo bueno que es ese niño.

El hijo que nunca me diste…—sisea cabizbaja, entre lágrimas.

—El hijo que no merecíamos —aclara Félix, quien escuchó abiertamente su soslayo— ¿No se trata de eso la vida? Tu misma me lo enseñaste.

—No juegues con mi maternidad, Félix —le amenaza, frustrada— Es cruel.

—¿Me guardas rencor por esto?

—No.

—¿Entonces?

—Hasta luego, Félix —abre la puerta— Protege a Emma de todo mal. Y…—agrega, antes de marcharse— Felicidades por tu nueva relación.

—¡Kagami! —la intercepta por última vez, deteniéndola.

—¿Sí? —lo mira por sobre el hombro.

—¿De casualidad sabes el nombre de la chica del accidente? —pregunta el muchacho, anonadado.

—No, Félix —sentencia Kagami, con actitud soberbia— Pero, así como van las cosas, temo seas el primero en averiguarlo…—cierra la puerta— Adiós.

—Adiós…Kagami…

No recordaba una conversación tan amarga en mi vida. Bueno, sí. La tuve en su momento con mi madre cuando confesó de mala gana que estaba enferma. Pero no me costó tiempo averiguar que era cáncer a los huesos y que, de alguna forma, deterioraba su cerebro y parte de sus movimientos psicomotores. Me considero un hombre ateo. No rezo a nadie por las noches, más que a mi propia virtud. Pero ese día, luego de hablar con mi ex mujer comprendí el valor de la pérdida de un ser querido. Remembre sin querer, lo que significaba aceptar que mi madre no iba en recta lineal de la vida, si no en retroceso. Y fue eso mismo, lo que me invitó a llamarle esa tarde de verano. Fue lo primero que hice, tras verla abandonar mi oficina.

—¿Madre? —murmura Félix al teléfono— Escucha, sé que la última cena no salió del todo bien. Pero te tengo novedades en mi vida. Si me das la oportunidad, te invito a pasar este fin de semana conmigo en casa —agrega, sonriente— Te tengo una sorpresa que, de seguro, te animará mucho. Y no te preocupes, invitaré a toda la familia.

Le había colgado a mi progenitora no hace menos de dos minutos, cuando un mensaje de Marinette me entró al móvil. Lo abrí y leí con asombro.

«M: Hoy es el cumpleaños de Fei. E iremos con Hugo al cementerio. ¿Vendrías con nosotros? Sería muy importante que te unieras. Trae a Emma, solo si quieres. Te espero a las 18:30PM en el Parque del Recuerdo. Te mando la dirección. Te quiero —emoji de corazón.

Vale. ¿Cómo decirle que no?

«F: Ahí estaremos. Besos —emoji de besos.

[…]

—Son unas flores muy bonitas —comenta Emma, sonriente.

Cementerio Parque del Recuerdo. 18:35PM.

—Son girasoles —revela Hugo, con orgullo— A mamá Fei le encantaban.

—Discúlpame si te hice cancelar algún compromiso —murmura Marinette, afligida— Se que eres un hombre atareado por su trabajo y temo no me esté confiando de tu horario tan cambiante.

—Tu tranquila, Marinette —responde Félix, feliz— El decoro es mío por invitarme a tal solemne acontecimiento. Pase lo que pase entre ambos, no dejaré de honrar a tu difunda mujer.

—Félix —añade Dupain-Cheng, ruborizada— ¿Sabes? Ya que somos novios ahora, hay algo que quisiera confesarte de lleno que…no me atreví antes.

—¿Sí? ¿Qué es? —la mira, concentrado.

—Bueno…—masculle tímidamente la profesora, llevando dos mechones de cabello detrás de su oreja— Es que…siento que, de un tiempo a esta parte, yo creo que…Te am-…

—¡Mamá! —interrumpe abruptamente Hugo— Con Emma le dejaremos girasoles y rosas azules. ¿Te parece?

—¿Rosas azules? —Marinette suelta la mano de Félix, sin querer. Se hace la desentendida— ¡S-si! ¡Claro! ¡Es un color maravilloso!

—¿Por qué haces eso? —refuta Emma, molesta.

—¿El que, hija? —Félix se hace el tonto.

—¿Por qué te avergüenza tanto que Hugo y yo los veamos besarse? —lo increpa la menor, ofuscada— Querías darle un beso. Yo te vi.

—Yo-…bueno, es que…—Fathom suelta una carcajada infantil, sin saber que chucha decir— Perdona, es que no estamos acostumbrados a que nos vean en público.

—Pero si son novios, papá —se encoge de hombros, con naturalidad— ¿Por qué te avergüenza besar a tu novia?

—N-no lo sé…cariño…—manifiesta, liado— ¿Qué quieres que te diga?

—Y no-…—Emma calla de golpe. Observa a Marinette, boquiabierta.

—Gracias por todo, Fei —interrumpe Marinette, juntando las palmas e inclinándose frente a su lapida— Se que no estás aquí, pero como hoy es tu cumpleaños, quiero que conozcas a alguien en particular. El…es el hombre que me hace feliz ahora —señala a Félix, invitándole a acompañarla. El varón se arrodilla a su lado, imitando su gesto— Aquí está frente a ti. Se que tus cenizas están en china, pero teníamos que darte una sepultura digna en Francia. Perdona si no te gusta…pero tiene una hija.

—Mucho gusto, señora Wu —Emma se incorpora, reverenciando como su crianza japonesa le da— Si es su cumpleaños ahora, la venimos a honrar, como me enseñó mamá.

—Esta es mi familia ahora, mamá Fei —adiciona Hugo, arrodillado al lado de otros— Feliz cumpleaños…que cumplas muchos más, en el corazón.

Silencio sepulcral. Literal, en un cementerio. De pronto, cuatro pisadas abruptas interrumpen el campanudo momento de todos. Son Alix Kubdel y Nathaniel Kurtzberg. Ah…genial.

—Disculpen la interrupción —esclarece Alix, con zozobra— ¿Tienen un minuto?

—Pésimo momento para venir —insta Marinette, disgustada— ¿Qué demonios hacen aquí, detectives?

—Con todo respeto señora —aclara Nath, muy nervioso detrás de su compañera— yo no quería venir. Pero el procedimiento-…

—Cállate dos años, Nathaniel —intercepta Kubdel, asaltada— Dios, como siempre tan Amateur —chasquea la lengua— En fin. Señora Dupain-Cheng, lamentamos interrumpirla en un momento como este. Créame que no es parte del protocolo, pero es lo que pasa cuando no atienden mis llamadas.

—Son bastante impertinentes, la verdad —refuta la ojiazul, colérica— Estamos en un momento sensible con mi familia, así que les pediré que se larguen.

—A menos que tenga una orden judicial para eso, o sea mi papá, me niego —farfulle la pelirroja, con altanería— Usted misma nos contactó la otra noche. ¿O acaso ya le dio el alzheimer?

—¿Qué está pasando, mami? —Hugo se atemoriza con la actitud de los policías. Raudo, se esconde detrás de las piernas de la profesora. Mismo gesto, reproduce Emma— ¿Quiénes son estos señores y por qué te hablan así de feo?

—Todo estará bien, mi amor —lo protege su progenitora, acariciando su nuca— Descuida…

—Eh…con todo respeto. Disculpen, detectives —Félix toma la palabra, parándose en frente de todos cual muralla protectora, con actitud hosca— Me parece que se están tomando atribuciones que no les corresponden.

—¿Y tu eres? —la prefecta arquea una ceja, son sarcasmo.

—Doctor Félix Fathom, para servirle detective —le estira la mano con indulgencia.

—No me gustan los doctores —rechaza su saludo.

—Ni a nosotros los detectives —frunce el ceño, empoderado— Mucho menos si son sordos. Ya oyó a la señorita. Lárguense y agenden otra visita. Este no es el momento más adecuado.

Eh…prefecta —Kurtzberg le habla al oído, musitando— Es el. El ex esposo de la señorita Tsurugi.

—¡Ah! ¡Claro! —Alix se da un golpe en la frente con la palma de la mano, simulando estar perdida— ¡Que descuidada de mi parte! ¿Cómo no lo noté antes? Es usted el ex de la congresista Tsurugi.

—Vaya…veo que está enterada de todo —carcajea Graham de Vanily, sarcástico— ¿Por qué no me sorprende?

—Si, perdone. Le pido mil, mil disculpas, doctor Fathom —sisea burlesca la bermeja— Digamos que me enteré del chisme a medias y me he llevado una sorpresa. Se que es el ex marido de la concejal. Lo que no sabia es que ahora es amante de la profesora Dupain-Cheng.

Es mi novia —sentencia, brioso.

—Claro…su "novia" —enfatiza, satirizando la escena— Bueno, Félix. Hágase un favor y no intervenga en el asunto ¿Quiere? Es privado.

—¿Sí? Pues si quería mantenerlo privado —contesta el británico, ofuscado— No debieron venir a una reunión familiar en medio de un cementerio, que es de hecho público. Mucho menos, si hay niños presentes. ¿Me explico?

—Tan claro como el agua —masculle Alix, frustrada. Haciendo un paneo rápido de los asustadizos pequeños, solo se limita a entregarle una tarjeta a Marinette— Tenga entonces, señora. Llámeme apenas se digne a hacerlo. Tenemos novedades sobre su caso. Y le ruego, conteste mis llamadas ¿Quiere? Evitemos el show mediático.

—Lo tendré en mente, "detective" —contesta molesta la fémina. De mala gana, ha guardado su tarjeta. Algo innecesario ya que tiene su número— Y créame, el show no lo monté yo.

—Tsk…como sea. Nath —Alix se aleja.

—¿Te encuentras bien, Marinette? —Félix instintivamente se voltea hacia su compañera, acariciando su rostro con premura— ¿Niños? ¿Todos bien? —inquiere con los menores.

—Tranquilo, estoy bien. Todos estamos bien ¿Verdad? —manifiesta Marinette, abochornada con el gesto de su pareja— Ya pasó. Todo bien —ellos asienten— Eso…eso ha sido muy valiente de tu parte, Félix. Enfrentarte así a la policía para defendernos…

—Mi prioridad no era pelear, solo tu seguridad y la de los niños —expone Fathom, regalándole una sonrisa sobria.

—Yo…—Dupain-Cheng se muerde el labio, soltando un jadeo caliente— Unas ganas de comerte la maldita boca y meterte la lengua hasta la tráquea, joder…—le transmite con los ojos.

Estoy igual, no te imaginas cuanto…—responde de igual manera, el médico.

Tensión en el ambiente.

—Ay, por todos los cielos —reclama Emma— ¡Ya bésense si tanto lo quieren! ¡Me ponen nerviosa por las puras!

Marinette y Félix intercambian miradas entretenidas con su comentario.

¡Ah! —contestan al unísono los mayores, soltando carcajadas nerviosas.

—Está bien, tranquila. Solo quería agradecerle —murmura la docente, depositando un piquito casto en los labios de su compañero— Gracias, Félix. Por protegernos.

—Bah…se que pueden hacer algo mejor que eso —la señorita Fathom se encoge de hombros, decepcionada con la escena— Vamos, Hugo. Dejemos las flo-… ¡¿Hugo?!

—Este…—Hugo está en shock, mas rojo que un tomate— ¿Pueden repetirlo? Es que no vi bien…jejeje…

—¡Eres un pervertido! —la chica lo jala de la oreja— ¡Las flores, niño!

—¡Ouch! ¡Emma! ¡Es que, te juro que parpadee justo! —es tironeado, a la fuerza— ¡¿No pueden hacerlo de nuevo y más largo?! —chilla al aire.

—¿Es mi imaginación o a Hugo le ha gustado eso? —comenta Graham de Vanily, pasmado.

—Dios mío, no quiero hablar de ese tema ahora —Marinette se cubre medio rostro con la mano, avergonzada— Después de que nos escuchó la otra noche…lo que menos quiero es sexualizar a los niños.

—Hey, mi amor. Fue solo un accidente ¿Sí? —Fathom la consciente, abrazándola— No volverá a pasar. Seremos cuidadosos.

—Es…la primera vez que me dices "mi amor" —ríe febril la muchacha, llevando un par de mechones retraídos a su oreja— Se siente bien, cuando lo dices.

—Te lo diré cuanto sea necesario, hasta que te quede claro…—aclara el británico, tan ruborizado como ella— De que si eres mi amor…

—Está anocheciendo —carraspea la peliazul, desviando la mirada— Terminemos con esto y vayamos a casa.

—Hablando de eso —cambia drásticamente de tema, atajándola de la muñeca— Eh…Marinette. He estado pensando en lo nuestro y…bueno, creí que seria importante comentarte que…—traga saliva, intranquilo— Este…jeje…

—Al grano, Doctor —su novia le zarandea la nuca— ¿Qué pasa por esa cabecita?

—Organicé una cena familiar. En casa…—explica, con voz sensitiva en el proceso. Juguetea con sus dedos— Invité a mi madre, a mis tíos, a mi primo y, estaba pensando que…

—¿Quieres presentarme a tu familia, Félix? —pregunta, con cierto aire de ansiedad en la mirada.

—Si. Si quiero, Marinette —asiente, cual niño pequeño— Creo que, ya que formalizamos, para mi sería muy importante que conozcas a mi familia. Bueno, a mi madre, mas bien…porque a Adrien ya lo conoces. Es básicamente nuestro terapeuta.

—Ahí estaré —asiente, con orgullo. De paso, toma su mano, encaminándose hacia la salida— ¡Niños, ya nos vamos!

—¡Si mamá! —responde Hugo a lo lejos.

—¿Esta invitación es solo para mi o…?

—Marinette —se detiene en medio del sendero, tomando sus manos con decisión— Cuando yo hablo de ti, de nuestra relación, de tu vida, siempre hablaré en plural. Si hemos aceptado formar algo juntos, Hugo es parte de esto igual. La otra noche, me llamó papá y estoy dispuesto a serlo para él, solo si lo considera digno —aclara— Así que, por favor…no vuelvas a preguntarme algo así. Quiero que vengan ambos. Sería para mi un gran honor, tenerlos conmigo.

—De acuerdo. Ahí estaremos —responde jocosa, besando su mejilla con ternura— Lindo. ¿Ya te dije que eres lindo?

—Mh… ¿No? —bromea, haciéndose el loco— ¿Soy lindo?

—El más lindo, hermoso y precioso de todos —agrega, afirmando su cabeza sobre su hombro mientras reanudan el paso— Haces que vuelva a creer en el amor.

—El amor no tiene edad, Marinette —adiciona, completando su frase— Y te lo demostraré…

—¡Se nos van los viejos! —grita Emma— ¡Córrele, niño!

—¡Espérame! ¡Estoy mas gordito que el señor suave lomito! —Hugo intenta alcanzarla.

—¡¿Cómo que estás gordo?! —carcajea, echando carrea por el pasto— ¡Si eres un poste!

—¡Eh! ¡Mas respeto con el alumbrado callejero! —brama detrás, a duras penas.

[…]

—Quiero que averigües todo sobre ese imbécil —sentencia Kubdel, agraviada— ¡Joder!

En el estacionamiento.

—¿De…de ese imbécil? —parpadea anonadado el pelirrojo— ¿De qué imbécil hablamos? Hay un montón de imbéciles en parís…

—¡Despabila, Nath! —le da un zape— ¡Del doctor Fathom! Quiero todo sobre ese idiota. Su historial, sus títulos, su nombre completo, su pasado, su conexión con Kagami. ¡Todo!

—Con todo respeto, prefecta…—murmura, liado— ¿Por qué vamos a investigar al doctor Fathom?

—Es el ex marido de Kagami y ahora es pareja de mi investigada —confiesa, malograda— ¿Lo captas?

—Pero…no tenemos a autorización para indagar en su vida, detective —le recuerda— Solo tenemos ordenes de-…

—¡Me importa una reverenda mierda lo que diga el fiscal! —Kubdel lo jala del cuello, amenazándole— ¡Esto es personal ahora! —lo suelta— Ningún machito de mierda vendrá a plantarme cara en mi presencia. Lo quiero desnudo en mi despacho.

—Eso suena medio sexual —no se entera.

—Es un decir, tarado —la policía enciende el motor, incomoda— Mañana, en mi despacho. Su carpeta. ¿Te queda claro o te lo dibujo?

—Me queda claro…—asiente, temeroso— Aunque…si quiere…

Te voy a despedir.

—¡N-no! ¡Estaba bromeando! —ríe Nathaniel, bajando el vidrio del auto— Uff, que buen clima hace.

—Cierra eso. Va a llover sobre mojado —concreta Alix, acelerando al máximo por la avenida— ¡Se van a enterar todos!

—Dios mío, me pondré el cinturón mejor. Permiso —se lo pone, con el culo agarrado a dos manos en el asiento.

Si hay algo que he aprendido durante todos estos años de carrera como detective, es que TODOS son culpables, hasta que se demuestre lo contrario —la fémina toma la intersección hacia el sur— Te llevaré a casa ahora. Es tarde y tengo asuntos que atender.

No me gusta como pinta este caso…—piensa Nathaniel, confundido mientras mira por el vidrio— Pero sin duda…suena ilegal.

[…]

—¿Qué demonios significa esto? —gruñe Kagami.

Apartamento de Zoé Lee. 22:10PM.

—¿Sigues con lo mismo, cariño? —Zoé reaparece en el cuarto, cargando una toalla de cabello en la nuca— ¿No dijiste que ya hablaste con Félix?

—Claro que hablé con el idiota de mi ex marido —esboza Tsurugi. Le enseña un mensaje en el celular— Pero aún así, tiene el descaro de invitarme a una cena familiar.

—¿Ah…? —la rubia se retrae con la noticia, frenando su andar de golpe— ¿Te invitó a cenar con su familia?

—Mas bien…nos invitó.

—¿Es joda? —la ojiazul suelta el lienzo que envolvía sus hebras doradas, despojándola de una apariencia ordenada. Ahora parece mas bien un fideo mojado— ¿Yo…?

—Si. Tu —revela la nipona, enseñándole la invitación— "Kagami y su novia". Textual. No redunda en nada.

—¿Qué tanto hablaron ustedes como para que Félix haga esto? —cuestiona la reportera, sentándose sobre sus rodillas en la cama— ¿Qué pasó realmente?

—No lo sé. Pero no confío en su convite.

—¿Por qué no? —examina Lee, preocupada.

—¿Y por qué sí? —la increpa la japonesa de vuelta— El está al tanto de nuestra relación, de la verdad sobre al accidente. Y no sé, me da mala espina.

—Mala espina porque…—Zoé le toma el hombro, melancólica— ¿Qué? ¿Piensas que se quiere despedir de todos? ¿Crees que confesará lo que hizo esa noche? ¿Eso te da miedo?

—Si…no lo niego —sentencia la política, abrazándose así misma— Me da un pánico tremendo lo que podría hacer. Pero al mismo tiempo, no lo sé. No sé sus intenciones. Y no lo sabré hasta asistir. Si rechazo la invitación, jamás podré conocer sus sentimientos frente al caso.

—Sentirse nervuda ante un tema es natural —comenta la rubia— Pero si tus dudas son demasiado acérrimas, ni yo ni nadie te las combatirá. Si estamos invitadas las dos, no iré yo sola ni tu sola. Iremos juntas ¿Ok? Porque estamos juntas.

—Te amo…Zoé, como no tienes idea —descubre Kagami, tironeando de su toalla hasta desnudarla— Y ya no hablemos de esto ahora…—sisea, relamiendo sus labios, con lascivia— ¿Hace cuanto no hacemos el amor?

Anoche solamente lo hicimos…—desvela, febril. Pero con cierto dejo de ironía.

Perdona, es que a veces siento que han pasado años…—susurra Kagami, repartiendo besos húmedos por su cuello.

¿Qué dices? Si lo hacemos a diario —ríe Zoé, encantada con sus mismo. La rodea con sus piernas y la frota contra su anatomía desnuda— Mh…iremos a esa cena. ¿Sí?

Si, si, ya…—Tsurugi lleva dos de sus dedos a la boca, ensalivándolos en el proceso— Shh…deja…mañana hablaremos de eso.

A veces te vuelves tan…—hace una pausa, estremeciéndose de golpe— ¡Mhng…! Autoritaria…—añade— Un poco más adentro…

Cállate, que así te gusta…—farfulle la concejal, repartiendo succiones por su cuello— muéstrame los pechos…

Son tuyos —manifiesta la rubia, obnubilada por un mar de lujuria— Hazme lo que quieras…te lo ruego…

[…]

—Bienvenidos sean todos —comenta Félix, con los brazos abiertos.

¿Ok? ¿Sí? Puede que no haya tenido la recepción que esperaba, dado que en mis casi 10 años viviendo en Paris jamás invité a nadie a mi hogar. Natural que se sientan extrañados. No quiero endosarle la culpa a cualquiera realmente, pero Kagami fue la que me dijo que no hiciera tantas parafernalias en casa. Solía repetir que era sagrado y bla bla bla, mierdillas. Pero ahora mismo… ¡Estoy contento! Vinieron… ¡Todos! O eso creo…

—Félix, cariño —Emilie besa su mejilla de dos besos en cada lado— ¡No sabes cuanto esperábamos al fin que te dignaras a invitarnos a conocer tu morada!

—Una disculpa de ante mano, Tía. No era personal —advierte Fathom, con vehemencia— Digamos que antes yo…tenía mis "aprensiones". Pero quiero que sepan que ahora, no están. Se fueron y quiero compartir de corazón mi vida con ustedes.

—Debiste avisar con tiempo, Félix —gruñe Gabriel Agreste, quien empuja a Amelie de la silla de ruedas— Nos hubiéramos organizado mejor.

—¡Ay! ¡No le hagas caso a este amargado, tesoro! —reniega la aristócrata, regalándole un abrazo— ¡Una semana es tiempo suficiente! ¡Me alegré tanto con tu llamado! Y ahora que estoy en casa…anda. ¿Dónde está mi nietecita?

—Aquí estoy, Granny —espeta Emma, brotando desde las sombras para recibirle. Le abraza y besa con inmodestia— Gracias por venir, en serio.

¡Darling! ¡Tesoro! —Lady Graham de Vanily la apachurra, amorosa como siempre— Te ves hermosa esta noche. Espero nos llevemos todos de maravilla…

En el estacionamiento.

—Carajo —gruñe Kagami, importunada— Alguien acaba de estacionarse en mi lugar.

—Tócale la bocina —comenta Zoé, haciendo caso omiso a todo— Que se mueva.

—Eso es impertinente —niega la japonesa, haciendo amago de su cultura— Lo mejor es bajarse a dialogar —se quita el cinturón.

—¡Espera, mi amor-…!

—Eh…disculpe —interviene la congresista, al piloto de aquel vehículo— Acaba de usar un estacionamiento que-…—calla de golpe, apretando los labios— Pero si es…

—Ah, lo siento. No sabía que había lugares designados para esto —se defiende ingenuamente, la profesora. Un niño se arrima a ella— Disculpa…—la reconoce a la vista— ¿Kagami Tsurugi?

—Marinette Dupain-Cheng —esboza, mosqueada— Al fin nos conocemos.

—Mami —interviene Hugo, asustado— ¿Quién es esta chica?

—Bu-bueno…—se rasca la nuca— Es…

—Soy la ex mujer de Félix Fathom, niño —declara Tsurugi sin tapujos.

—Ah. Pensé que era uno de esos policías feos que nos vinieron a ver el otro día —Hugo se aproxima hacia Kagami y le extienda la mano, ingenuamente— Mucho gusto, mamá de Emma. Soy Hugo Dupain-Cheng. El nuevo hijo de Félix.

¿El hijo…de Félix…? —Kagami se desfigura al instante, con actitud nauseabunda— ¿Cómo es eso de que policías los fueron a ver?

—¡Hu-Hugo! —Marinette se aterra ante su gesto, retirándolo hacia atrás— No hables de esto tan sueltamente, jejeje…es que…

—¡Marinette! ¡Hugo! Que bueno que llegaron ya —interrumpe abruptamente Félix. Percatándose tarde, de la incomoda escena que ha presenciado— Kagami…

—Fathom —masculle la política, ofendida, aunque disimule— Descuida, solo acabo de conocer a…—se retuerce, antes de decirlo abiertamente— Tu hijo…

Félix mira a Marinette. Marinette mira a Félix. Ambos asienten al unísono, con potestad y sin tejos de displicencia. El rubio toma posición en el acto, parándose al lado de su novia y su nuevo retoño adoptado.

—Me alegra que hayas venido, Kagami —esboza con madurez, el inglés— Tu presencia aquí era imperativa.

—Si, ya vi por qué —comenta, sarcástica.

—Se lo que estás pensando. Pero dejémosle eso a la cena ¿Sí? —Graham de Vanily la invita a entrar a la casa— Anda, Zoé y tu son mis invitadas.

—Ah. ¿Vino Adrien también? —divisa a los mayores, en el interior— Me alegra. Al menos tendré con quien charlar de algo pertinente. Andando, Zoé —ordena la japonesa, jalando del brazo a su pareja.

—Eso…si fue bastante incomodo —comenta Marinette, bastante intranquila— ¿Estás seguro de que estará bien que hayamos venido?

—Tranquila, Marinette. Tu estas conmigo —Félix la toma de la mano con vigor— No olvides, que eres mi invitada de honor esta noche. Esta reunión, es por ti. Anda, quiero presentarte a mi familia.

En el living.

No es ninguna sorpresa. Se que por mas que le repita a Marinette el motivo de esta reunión, ella no logra relajarse del todo. Lo primero que hice fue presentarle a mi madre y a mi tía. Hugo no podía creer que fueran gemelas, al parecer no ha visto a muchas en la vida real según veo. Luego hice las introducciones con mi tío y sin mayores miramientos, mi primo fue el último en incorporarse. Y si bien, todos se tomaron la noticia con gracia y jolgorio, percibí cierto dejo de preocupación en Amelie cuando le conté sobre la existencia de Hugo en mi vida. No quiero especular cosas. Pero algo me decía en mi corazón, que tenía sus aprensiones sobre adoptar como mío al muchacho de mi novia. Conozco a mamá como la palma de mi mano. Ella fue criada con otra clase de convicciones, así que hacerla cambiar de opinión a estas alturas es tonto. Esperaría un regaño por su parte, por el tema del "tiempo". De seguro lo consideraba muy apresurado. No obstante, a ello, mi relación en cuanto al dialogo no era la mejor con ella por esos días. Así que, si tenía algo que decirme…sería cuando nadie nos viera.

Antes de pasar a la mesa, bebimos champaña, platicamos, reímos y escuchamos atentos a las anécdotas que sorpresivamente soltaron las hermanitas Graham de Vanily. Al cabo de una hora, mi pareja ya se mostraba menos reacia y con mas soltura de cuerpo a la hora de interactuar con todos. Y eso, sin duda incluía a Zoé Lee. Con quien, increíblemente hicieron match de maravilla. Hasta el momento…todo bien.

Al sentarnos a comer, yo había escogido meticulosamente los puestos en ella. Decidí por unanimidad jerárquica dejar que Marinette tomara su lugar al lado mío, el cabecilla. Deliberadamente, la senté frente a mi madre. Mientras que los pequeños se acomodaron cada quien donde se profesaran mas cómodos. Di un pequeño discurso, Adrien propuso un brindis jovial y degustamos los alimentos con naturalidad; hasta pasada la medianoche.

Ya nos encontrábamos haciendo sobremesa, cuando los primeros indicios de un posible quiebre, salieron a relucir en mi familia.

—Así que —comenta Gabriel Agreste, con actitud huraña— Una profesora de primaria ¿No?

—Así es, señor Agreste —sonríe con ternura, la docente— Me dedico a hacer clases en el Colegio Françoise Dupont.

—¿Ese no es un colegio estatal? —cuestiona el varón.

—Lo es, sin duda —añade, serena. En lo que bebe un sorbo de vino— Pertenece a la cadena de colegios gratuitos de Paris y nos financia el estado.

—Claro. Con los impuestos de todos los buenos parisinos, imagino —ironiza— ¿Es usted miembro de algún partido político, señorita Dupain-Cheng? —el pelilanco arquea una ceja, suspicaz.

—¿Eh? ¿Qué? N-no…no que yo sepa, señor —contesta inmiscuida, la muchacha.

—Papá —Adrien interpela al mayor, ligeramente incomodo— ¿Qué haces?

—¿Qué pasa? ¿Acaso no puedo preguntar eso? —se encoge de hombros, como si nada.

—No te preocupes, tío —Félix lo fulmina con la mirada, desde el otro extremo de la mesa— Marinette no es comunista, si es lo que preguntas.

—Yo no he dicho eso, Félix —Gabriel gesticula una mueca amarga.

—¿Y eres católica, Marinette? —consulta Amelie, curiosa.

—Soy cristiana —define, la peliazul.

—¿Eso que significa? —induce la rubia.

—Madre —Fathom le llama la atención— Por favor…

—Que. ¿Ahora también me vas a censurar a mí? —bufa la británica, masticando una fresa— Solo queremos conocer a tu nueva novia, cariño. No tiene nada de malo.

—Con todo respeto —interviene Emilie, entre todos— No considero apropiado hablar de política ni de religión en esta ocasión. Ya tendremos la oportunidad para ahondar en esos temas. ¿Sí?

—Gracias, tía —el medico apela a su cordura. MENOS MAL.

—Vale —suspira el diseñador— ¿Y si podemos hablar de otra cosa?

—¿Otra cosa, como qué? —masculle el doctor, ya notoriamente ofuscado.

—No lo sé, sobrino querido —farfulle sarcástico, el mayor— Como por ejemplo saber si le gustan las chicas o los chicos. Digo, porque tenemos lesbianas en la mesa.

—¡Papá! —Adrien se profesa agraviado con sus preguntas— ¡Ya basta!

—¿Disculpe? —interviene Zoé, pasada a llevar— ¿Se refiere a mí, señor Agreste?

—¿Ves otra lesbiana en la mesa, jovencita? —se mofa en respuesta.

—Yo si —le intercepta Kagami, tomando con firmeza la mano de su pareja sobre la mesa— ¿Algún problema con eso, Gabriel?

—Siempre me pareciste tan impertinente, Kagami —masculle Gabriel— En eso no te pareces en nada a Tsurugi-san.

—Cariño, es suficiente —Emilie lo ataja del brazo, visiblemente ofendida— Te estás extralimitando y me estas avergonzando.

—Si el señor Agreste quiere hablar de algo, adelante. Que lo diga —le amenaza Lee— Pero que sea claro y directo.

Suficiente —Félix para todo de golpe, asesinando a su familiar con la mirada inyectada de rencor— Tío. Se que tú y yo jamás nos llevamos bien en el pasado y no pretendo que ahora sea la excepción. Si te he invitado, es meramente porque eres el esposo de mi tía y el padre de primo hermano. Pero te voy a pedir, encarecidamente, que por esta vez te guardes tus malditos comentarios ponzoñosos —sentencia— O tomes tus cosas y te largues de mi casa.

Félix…—Marinette traga saliva, pasmada con su dominante posición. Instintivamente, toma su mano.

Silencio sepulcral en el ambiente.

—Una disculpa de ante mano, familia —el hombre de anteojos se levanta de la mesa, cogiendo su copa de alcohol en el proceso— Supongo que el vino se me subió a la cabeza.

—Pues elige mejor a la próxima —berrea Fathom— Porque esas botellas las trajiste tu.

—Lamento mucho el bochorno —asiente, derrotado— Con permiso, pasaré a la sala —se va.

Otro mutis extenso se ciñe en el ambiente. Marinette intercambia miradas furtivas con su novio y ambos acaban sonriendo de manera serena. Todo estará bien, mientras estén juntos. Es el sentimiento que desean transmitirse.

—Bueno…ya sé que a mí nadie me preguntó —expresa el menor de los Dupain-Cheng, acabando su copa de helado. Pero con un claro mostacho de leche en los labios— Pero yo me llamo Hugo. Soy del signo piscis. Me gustan las chicas, mi religión es Marvel y no sé qué es comunismo, pero suena a un plato picante y no como cosas picantes porque me dan diarrea. Un gusto a todos —sonríe.

….

…..

Todos los adultos, incluyendo a Emma se largan a reír. Esa ha sido sin duda, una intervención locuaz muy audaz de su parte. Y ha logrado romper el hielo inherentemente incomodo que los consumía a todos. Marinette solo se limita a regalarle un abrazo y un beso en sus mejillas rosadas, orgullosa de su introducción.

—Una muy buena presentación, mi amor —carcajea Marinette— Te felicito.

—Lo sé. Soy el mejor —se encoge de hombros, orgullosamente altanero.

—Tu hijo es un muchachito maravilloso, Marinette —halaga Adrien, jocoso— Te felicito. Veo que han mejorado muchísimo la interacción entre ambos.

—Supongo que se lo debo a mi terapeuta —ríe la profesora, entretenida con su monada— Le tendré que invitar un café un día de estos.

—¡Jajaja! Solo por las dudas, a el le gustan los Mokkachinos de Starbucks —bromea el Agreste— Te paso el dato.

—Gracias, que amable ¡Jajaja!

—¿Y tú, Emma? —examina el señor Fathom, mirando a su retoño— ¿No gustas presentarte también?

—En realidad estoy que me meo —sentencia la ojiverde, levantandose de la mesa— ¡Ya vengo!

—Están rodeados de niños elocuentes, sin duda —ríe Emilie Agreste, con ternura— ¡Un brindis! Por la familia…y porque esta nueva relación, sea increíble para ambos.

—¡Salud! —todos los invitados alzan sus copas, bebiendo.

—Pues ya que esto va muy en serio —agrega Amelie, risueña— Supongo que ya estarán pensando en casarse ¿No?

Félix, Marinette y Kagami escupen sus brebajes de golpe, completamente desconcertados con su comentario. La francesa observa a su hermana británica y esboza una mueca incomoda, como quien te dice que realmente la has cagado, pero de una manera demasiado burocrática. Tras un preámbulo de silencio, Félix aclara la voz.

—N-no…madre. Eso es ya palabras mayores, jeje…

—Disculpen, es que como has reconocido ya que adoptarás al pequeño Hugo como tu hijo —adiciona la aristócrata, sobre su silla de ruedas— Creí que sería oportuno que al menos puedan contraer matrimonios para formalizar aquello ¿No les parece?

—Si, madre —murmura liado el británico— Pero eso es-…

—Agradezco de todo corazón que esté preocupada por estos temas, Lady Amelie —interrumpe Marinette, estrujando la mano de su pareja debajo de la mesa. Tan solo, para que se calle— Y créame que no es una idea del todo descartada. Pero comprenderá que recién estamos iniciando nuestra relación y con su hijo…—lo observa de reojo— Hemos decidido tomarnos esto con mucha calma y mesura. Nadie nos apura. Estamos… ¿Cómo se dice? Viviendo nuestro romance de adolescente que nunca tuvimos. ¿Verdad, mi amor?

—S-sí. Eso. Es lo que dijo Marinette —asevera el rubio, asintiendo de manera torpe— Tiempo al tiempo, madre. Pero también agradezco tus ideas. Siempre serán bienvenidas, jeje…

El chirrido de una silla arrastrándose violentamente hacia atrás, interrumpe la escena.

—Emma está tardando demasiado —Kagami se levanta— Si me disculpan, iré a ver si está bien.

—Eh…con todo respeto —Zoé se levanta también, alertada por la errática reacción de su novia— Iré a ver que Kagami esté bien, también. Ya vengo.

Tiempo al tiempo… ¿Huh? —Amelie piensa, examinando la escena con desazón.

En el pasillo.

—Hey. ¡Hey! —Lee la detiene, preocupada— ¿Qué te está pasando? ¿Qué fue eso en la mesa?

—¿De que hablas? Todo normal —niega Tsurugi, rehuyendo de su mirada— Solo quiero ver que Emma está bien. Está demorando.

—No. A mi no me mientas, congresista —refuta la periodista, juntando el entrecejo— Tus discursos políticos a tus seguidores. Yo, soy tu novia. Dime que te está pasando.

—Ya te lo dije, no me pasa nada —la japonesa se suelta del brazo— Por favor, déjame.

—¡Kagami! —chilla en voz baja, la rubia— ¡Ya basta! Te conozco. Mucho mas de lo que crees. Y esa actitud tuya no es normal. Tu no eres así. ¿Qué fue? ¿Estás molesta?

—¿Molesta? —ríe, satírica— ¡Ja! ¿Molesta con qué? Por favor, Zoé. No quieras compararme con esa profesorcita de cuarta.

—Coño…si lo estás —la ojiazul traga saliva, pasmada— Si lo estas. Estás celosa…

—¡¿Celosa yo?! —berrea la nipona, en voz baja— ¡¿Qué mierda insinúas?! ¡No saques conclusiones así!

—Kagami —Zoé la toma de los hombros, sumamente compungida— Félix es tu ex marido… ¿Me quieres explicar por qué estas sintiendo, lo que estas sintiendo? Porque si no me lo dices, me harás pensar lo peor.

—No estoy celosa ¿Ok? —gruñe la política, desviando la mirada con agravio— Pero…bueno, sí. Puede que si esté molesta con esta situación.

—¿Por qué? —ruega— Por favor, hazme comprender el por qué.

—¡Porque…! —aprieta los labios, indiscutiblemente frustrada. La conversación acaba con un suspiro extenso por parte de la peliazul— Porque considero que no es justo. Es todo…

—¿Justo? ¿En qué sentido?

—No lo entenderías…—se abraza a sí misma, melancólica.

—Créeme, no hay tema que yo no entienda —su pareja le contiene, sujetando su rostro para no perder contacto visual durante la conversación— Anda, dímelo. Confía en mí. No te juzgaré ni nada, lo prometo.

—Zoé, esto no tiene nada que ver contigo ¿Sí? Ni si quiera con el idiota de Félix —murmura Tsurugi, turbada— Tiene que ver mas bien conmigo. Es esta…situación, la que me hace sentir cosas que no quisiera. Una mujer nueva, un hijo nuevo, una vida nueva. ¿Qué es esto?

—Ya veo —asiente comprensiva, la rubia— ¿Así que es eso? ¿Te molesta que Félix ahora quiera adoptar un hijo…cuando no te dio otro a ti?

—Suena burdo si lo planteas así…—musita, con lágrimas en los ojos.

—No. Para mi no —niega con la cabeza— Por el contrario. Me parece sumamente valido, que tengas estas aprensiones. Tu querías esa vida ¿No? La vida que ahora Marinette tiene con Félix. Es natural…

—Si, pero yo no amo a Félix como Marinette lo hace. ¿Comprendes?

—El amor no tiene nada que ver con el hecho de que te sientas frustrada, mi amor —Lee junta su frente contra la de su amante, removiendo sus lagrimas que corren infames por sus mejillas— Tranquila…es un proceso que debes vivir y créeme que no te dejaré sola en esto. Juntas lo vamos a superar, ya verás.

—Eres demasiado buena para comprender lo mala que soy —advierte la muchacha de ojos marrones— Y mis aspiraciones, no son sin duda las tuyas.

—¿En verdad…tantas ganas tenias de ser madre de nuevo?

—No te voy a mentir…

—Bueno…si realmente es lo que quieres —la reportera traga saliva, no muy segura de lo que dirá. Pero siente que debe transmitirlo, por honor a sus sentimientos— Aun puedes serlo. Quiero decir, tal vez yo no pueda engendrarte hijos. Pero si es lo que buscas para sentirte completa de nuevo, por mi parte no hay problema en acompañarte en ello.

—¿Qué estás…diciendo…?

—Digo que, si lo que quieres es tener otro hijo o hija…—sentencia Zoé, bosquejando una sonrisa afable— Yo con gusto me haré cargo de ello.

—¿Harías…eso por mí?

—No lo hago solo por ti —adiciona, templada— No es un "sacrificio" o una molestia. En realidad, solo estoy abriéndome a la posibilidad que yo misma me cerré también. El hecho de que sea lesbiana no quiere decir que no aspire a ser madre también.

—Pe-Pero creí que habías dicho que-…

—Ya sé lo que dije —aclara Lee, acallándola con un dedo sobre sus labios— Pero, bueno…las personas maduran, cambian, se moldean, así como las relaciones. Y quiero que sepas, que, de todo corazón, si es lo que te haría sentir realizada como mujer o persona, yo estaré ahí para ti —la suelta, echándose a reír con naturalidad— ¡Además! No es imposible ¿O sí? Marinette tenia una relación así con su ex mujer. A menos claro, que quieras que sea Félix quien te lo dé.

—No digas babosadas ¿Quieres? —Kagami la abraza con briosa intención, susurrando en su oído— Ya no quiero hijos de Félix. Quiero…hijos contigo…

—Lo mismo digo…—sisea Zoé, correspondiendo su gesto con amor— Lo mismo digo…

Una agria discusión que felizmente culmina con la mayor muestra de cariño que alguien podría demostrar por un ser amado. Todo es flor en primavera para la lozana pareja de chicas. A excepción de alguien, que indiscretamente y sin querer, ha sido testigo auditivo de la plática. Una pequeña sombra, corre hacia el jardín trasero; dejando una estela de pequeñas gotas de agua en el suelo.

Qué momento, tan inoportuno.

En el jardín trasero.

—¿Segura que estarás bien aquí, Madre? —pregunta Félix, empujando su silla de ruedas hacia la pérgola de flores— A estas horas ya cae el fresco de la noche. Podría hacerles daño a tus huesos.

—Cariño…voy a estar bien. Mis huesos ya están malditos, por si no te enteras —revela su progenitora, tocando su diestra por atrás— Realmente Gabriel se pasó con ese vino. No sé qué tenía, pero también me anduvo mareando un poco.

—De igual forma te dejo este chal —Fathom lo acomoda detrás de su espalda, envolviéndole con el— ¿Necesitas algo más?

—Nada —manifiesta Amelie, extrayendo desde el interior de sus prendas de vestir, una cigarrera— En realidad, solo quería espacio abierto para fumar.

—¿Desde cuándo fumas? —rezonga el británico— Madre, eso no te hace b-…

—Desde ahora. Félix, por favor…—lo detiene, sonriente.

—Bien, vale…—suspira, rendido— Si me necesitas, llámame. Estaré adentro con los demás —se retira.

Este niño aun no entiende…—exhala Graham de Vanily, encendiendo un cigarrillo— Además, hace buen clima. Es una noche maravillosamente estrellada y debo…aprovecharla cuanto pueda —comenta al aire, aspirando con zozobra— Se siente bien…—algo se mueve detrás de la pequeña casita de juegos. Se ve alertada— ¿Mh? ¿Un gato? —avanza hacia el lugar, desplazándose con lentitud. Es una sombra danzante mucho más grande que un animalito— ¿Quién anda ahí?

Soy yo…

—¿Emma, cariño? —pregunta aturdida la mayor— ¿Eres tú?

Una cabellera rubia brota desde el interior de la casita. Si que es ella. En todo su esplendor. Carga consigo el libro que le ha regalado antes y, además, muestra signos visibles de haber estado llorando. Instintivamente, Amelie se aterra.

—Por el rey…—se aproxima hacia ella— Emma ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado?

—Oh…abu…—la menor se quiebra delante de ella, rompiendo en llanto. Corre hacia sus brazos, como si hubiese presenciado un fantasma en medio de la penumbra— ¡Abu! ¡Ya no entiendo nada! ¡Tengo miedo y estoy muy confundida!

—Válgame dios, mi princesa —la mayor la consuela, apapachandola con vigor entre sus brazos— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué dices que tienes miedo? ¿Qué te ocurre, tesoro? Sabes que puedes confiar en tu abuela.

—Lo intento…te juro que lo intento —hipa Emma, entre sollozos de dolor— ¡Pero no lo consigo! Es muy complicado para mí. Los adultos, son demasiado difíciles de entender. ¡No logro sentirme bien con nada!

—Cristo bendito ¿Lo dices por lo de esta noche? —examina la inglesa, acariciando sus hebras doradas en el proceso— ¿Es porque Félix y Marinette…?

—¡Por todo! —chilla, desecha en su regazo— Por papá, por Marinette, por Hugo, por mamá, por Zoé, por-…

—Un momento. ¿Cómo que por tu madre? —consulta, en shock— ¿Tu madre te hizo algo?

—No realmente…—expresa acongojada la pequeña, limpiándose las mejillas con el antebrazo— O sea, no sé. Ya no sé. Creí que podría lidiar con el divorcio de mis padres y solo atenerme a la relación que me mostraran. Pero…—desvía la mirada, enseñándole el texto que carga en sus manos— ¿Sabes? Tú me dijiste, que si tenía dudas de algo, consultara con este libro sagrado.

—Es verdad. Yo te di esa biblia para ayudarte.

—Si. Y aprecio tu gesto. Pero siento que solo me ha confundido más, de lo que ya estaba —revela Emma, herida— Hoy escuché sin querer una conversación de pasillo. Vi a mamá y a Zoé, hablar sobre formar una familia y tener hijos. Ellas…son dos mujeres. Tienen una relación homosexual —le extiende la biblia— Y este libro dice, que los homosexuales son malos. Que irán al infierno. Que son "pecadores". Y yo no entiendo lo que es el pecado, porque mamá no es mala. No es una mala persona. Es una buena madre y una buena mujer. ¿Cómo quieres que piense que mi propia madre se irá a ese lugar tan horrible de sufrimiento infinito?

—Emma, yo…—Amelie hace una pausa, tomándole de lleno el peso a sus palabras. Acto seguido, le arrebata el libro de las manos— Perdóname. Esto es mi culpa. Nunca debí darte esto. Fue una estupidez de mi parte intentar inculcarte algo que no era tuyo.

—Espera, no me lo quites —rebate.

—No. Debo hacerlo —lo aleja de ella, completamente afectada— Esto no es para ti. Ni si quiera, es para mí del todo. Tus padres te dieron la vida y la educación, sin tapujos ni miramientos. Y temo que te haya enseñado algo tan limitante, cuando eres una chica brillante con ideas extensas que…—explica, avergonzada— No está bien. Cometí un error.

—¿No era esa mi religión?

—Tú no tienes ninguna religión, cariño —Amelie toma su rostro con indulgencia y aprensión— Tu eres tú. Y tú puedes ser, lo que tú quieras ser. Fui una tonta en darte esto.

—Creí que los adultos no eran tontos —inquiere Tsurugi.

—A veces si lo somos. Porque hacemos tonterías —ríe Graham de Vanily— Y esta fue la mía. No sé qué habrás escuchado realmente en el pasillo sobre Kagami y Zoé. Pero no hagas caso a lo que leíste aquí. Nadie se irá al infierno. Y nadie, es malo aquí —confiesa, guardando la biblia entre sus ropas— Te debo una disculpa.

—Gracias. No sabes lo mucho que hablar contigo me tranquiliza —la vuelve a abrazar, ahora mucho más relajada que antes.

—Emma —comenta Amelie, más ansiosa que otra cosa— ¿Qué opinas sobre la relación de Marinette y Félix? Quisiera saber tu opinión. Para mí lo que tu digas, es muy valioso. Ese chico… "Hugo" … ¿Se porta bien contigo? ¿Te trata bien?

—Vamos, Granny —sonríe la pequeña, trasladando su silla de ruedas hacia el salón de regreso— Te contaré todo lo que sé…

En el salón.

—Ni se te ocurra follarte a Juleka —advierte Félix, bebiendo un sorbo de brandy— Jamás mezcles trabajo con compromiso, primo.

—No seas tarado, jamás haría algo como eso —esclarece Adrien, ruborizado— Joder, si te lo conté no fue para que lo usaras en mi contra.

—Bueno, pero ¿Qué mierda quieres que te diga? —se mofa el inglés— ¿Fantasías sexuales con tu secretaria? Eres un enfermo.

—¡¿Cómo me llamas así cuando-…?!

—Félix —Kagami los interrumpe, asustada— Emma no estaba en el baño.

—¿Qué dices, mujer? —Fathom se espanta— ¿Cómo mierda mi hija no estaba en el baño?

—¡Tranquilos todos! —Amelie hace ingreso por el balcón, auxiliada por la hija del matrimonio— No pasó nada. Emma y yo solo platicábamos en el patio. Una disculpa de ante manos por raptarla.

—Hija —Tsurugi corre a socorrerla. Se percata de su semblante ajado y se desfigura— ¿Qué te pasó…?

—Nada, mami. No fue nada, en serio —niega la ojiverde, ocurrente— Solo desde el baño me fui al patio a jugar y vi a la Abuela. Es todo.

Un poco más allá.

—La T intrauterina es un método anticonceptivo muy útil —explica Emilie, a una sorprendida Marinette— ¿Qué métodos usas tú, querida?

—Solo la inyección…—traga saliva Marinette, asustada con todo lo que le ha contado— ¿No es suficiente?

—Claro que lo es. Es otro método —ríe con infantilismo la señora Agreste, en lo que bebe whisky— Perdóname, estoy algo ebria. Pero si quieres consultarme algo, con gusto te ayudo. Hey…pregunta indiscreta —baja la voz— ¿Félix es buen amante? Espero no esté acabando dentro…

—¿Q-que cosas me pregunta…Emilie? —Dupain-Cheng se va a la chucha, totalmente sonrojada— ¿No debería estar preocupada por Adrien?

—¡Que va! Mi hijo es un solterón sin vuelta —carcajea— Hubieras conocido a su ex. El será muy psicólogo, pero se mete con puras locas.

—Dios mío…—Mejor bebo o me voy a la mierda— Jejeje…—se mete de golpe su trago.

Y un poco más allá.

—El vino que trajo estaba bien fuerte, señor Agreste —lanza Zoé, ligeramente mareada— No suelo mezclar destilados con fermentados. Sépalo ya.

—A usted la conozco, Lee —advierte Gabriel, con aura oscura— Puede que no se acuerde de mí, pero estuve para el matrimonio de sus padres. Era solo una beba para ese entonces. Solo recuerdo a la chillona de su hermana.

—¿Chloé? —se jacta— Ja, ella solo es mi hermanastra. Y créame sigue igual de chillona.

—Si. Pero ella es una verdadera Bourgeois —declara el diseñador de modas— ¿O me equivoco?

—No se equivoca —no va a negarlo— Compartimos la misma progenitora. Lo sé porque ella lo descubrió a usted y gracias a eso saltó a la fama. Pero nuestros padres dejan mucho que desear. Adoro a mi padrastro, quiero que lo sepa. Sin embargo, sus ideas no van con las mías. Una lástima.

—¿Qué me cuenta, señorita reportera? —atañe Gabriel— ¿Traicionaría a su padrastro por mera ideología?

—Familia es familia por donde la vea —falsea— Pero veo que es un término que usted no comparte. ¿O sí?

—André se unió al partido republicano el año pasado —confiesa el peliblanco, tomando un sorbo de su trago— Es despotismo ilustrado. ¿Si sabe lo que es eso?

—Obvio —explica, con soberbia— Despotismo ilustrado es: "Con el pueblo, pero sin el pueblo". André dice estar con los parisinos, pero solo está con el mismo.

—No sea tan dura con él. No comprende su posición —esclarece el magnate de la moda. Su móvil comienza a resonar en su bolsillo— ¿Me disculpa? Tengo una llamada que atender.

—¿Un sábado por la noche? —ironiza la caucásica— Usted no deja de trabajar ningún día. Imagino es alguien atareado en el mundo del escrutinio social parisino.

—Uno es esclavo de las apariencias —sentencia Gabriel, saliendo del living— Con permiso.

Si, claro…infeliz…—Zoé lo fulmina con la mirada.

Es un momento culmine para la reunión familiar a portas de todo inocente. No, más bien, era simplemente una tertulia honesta. Pero a diferencia de todos los borrachos o víctimas de las soluciones liquidas alucinantes, Zoé Lee va dos pasos más allá de lo irreal. Nadie parece notar la ausencia del señor Agreste. Por lo que aprovecha el momento preciso en la coartada perfecta, para seguirle sigilosa por el pasillo. Se ha encerrado o al menos eso cree, en el despacho del doctor Fathom. Hace énfasis de lo último, porque ni llave le puso. Entre bambalinas, la lozana periodista toma posición de oyente, sacando su móvil para grabar. Algo en la actitud de este hombre no le agrada. Bueno, en general, todo. Comentarios homofóbicos, políticos, anti semitas, cualquier mierda que le parezca moralmente incorrecta, la invita a espiarle. Se siente justificada, dado que hay una carpeta investigativa en juego y como nadie sabe para quien mierda trabaja su padre, da para hilar muy fino en sus contactos. Gabriel es íntimo amigo de su padre y su madre. Así que… ¿Qué le hace el agua al pez? Nada. Las primeras palabras de una conversación sin contexto llegan a sus oídos. Acerca el móvil a la puerta. Es hora de que sus sospechas tomen asideros.

—¿Por qué mierda me llamas a estas horas? Es sábado por la noche —reclama Gabriel— Te he dicho un montón de veces que no lo hagas. Mi esposa podría escuchar.

Ah. Genial. ¿El señor Agreste posiblemente tiene una amante? Es lo que pensaría todo incrédulo civil. Pero entonces, la conversación se torna turbia, más sucia que una cloaca.

—Ya lo sé. Está en casa de mi sobrino esta noche —revela, al teléfono— Mira, me importa una reverenda mierda. Siempre y cuando no-…—hace una pausa prolongada, chillando en respuesta— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué carajos le entregaste la grabación a tu hija?!

Es André…

—¡¿Y eso que?! —vocifera, colérico— ¡¿Te parece que nos importe tu vida?! ¡Escúchame bien, imbécil! ¡Soy el presidente de esa concesionaria! ¡Tengo clientes soplándome la nuca! ¡Si vas a volver a llamar fuera de horario que sea para algo útil! ¡Porque actualmente, eres un asco! —manifiesta, enervado. Hace otra pausa, escuchando. Añade— ¡Se acabó! ¡Nadie te va a apoyar en tu próxima reelección! ¡Siléncialos a todos o te vas a la mierda! ¡Adiós! —cuelga.

No sé qué mierda acabo de escuchar, pero…—traga saliva, anonadada— Esto se puso mal…—hace abandono de la escena.

[…]

—Los llevo a casa —desvela Félix.

—No —endosa Adrien, deteniendo el actuar de su primo— Deja que sea yo, quien los lleve. Tú has bebido más de la cuenta.

—Primo…—Fathom le otorga la palabra, asintiendo con humildad— Está bien. Por favor avísame cuando todos hayan llegado a sus casas.

—Súbanse ya —desmembra el Psicólogo, montándolos en su carro— Cinturones arriba, por favor.

—Te ayudo, hermana —Emilie asiste a su gemela, auxiliando su comodidad detrás del vehículo— La silla de ruedas atrás, por favor mi amor.

—Ya va, cariño —comenta Gabriel, guardando todo en la cajuela.

—¿Ustedes se quedan? —adiciona Emilie Agreste.

—Si —advierte Marinette, con humildad— ¿Le molesta a alguien aquí…?

Nadie emite sonido alguno. Ni una mosca vuela.

—Buen viaje —Félix los despide con la manito, notando que el auto se aleja.

—Nos vamos igual —comenta Zoé, besando dos mejillas de Félix— Perdona por todos los inconvenientes. Te juro que-…

—Zoé —la ataja del brazo, nervioso— Espera…yo…quiero decirte algo…

—Félix —interviene Kagami, con actitud ofensiva— Ya basta. Es suficiente. Mira, hay algo que no entiendo.

—¿Que no entiendes? —declara abiertamente el inglés, ebrio— Escucha. Dale…la cagué. Nunca me importó que fueras lesbiana —espeta el rubio, con amargura en sus palabras— Me fuiste infiel. Pero me vale mierda. ¿Sabes por qué?

—¡Félix! —vocifera Tsurugi, notando que hay niños presentes— ¡Cállate!

—¡No! Escucha, sé que las cosas entre nosotros no terminaron del todo bien. Pero quiero que sepas…—sentencia Félix, sereno— que no te guardo rencor. Y que, aunque no lo creas, incluso hasta te tengo cariño ¿Sabes? —agrega, bosquejando una mueca bochornosa— Si. Así como lo escuchas —ríe—Te quiero. Después de todo, fuiste mi primera mujer y eres la madre de mi hija. Nada de lo que hagamos, cambiara eso.

Papito…—Emma los observa de atrás, conmovida con su gesto— Tu…

—¿Que significa todo esto…? —parpadea la japonesa, confundida— Por favor se claro.

—Kagami. Lo que te estoy tratando de decir…—Fathom sujeta sus hombros con total empatía en cada palabra que enuncia— Es que tienes mi apoyo en esto. Tú y Zoé…tendrán mi respaldo. Así que, por favor, sean muy felices. ¿De acuerdo?

—¿Qué mierda haces? —refuta la nipona, ofendida— ¡¿Esto se trata de tu trabajo?!

—Si vamos a hablar de trabajos. El tuyo es mentirle al mundo y el mío es salvar vidas —esclarece el inglés, abrazándola frente a todos los presentes— Kagami, yo-…

—¡Espera, no-…!

—Lo acepto —interrumpe Zoé, con actitud humilde— Félix…digan lo que digan de ti, eres un padre ejemplar. Y no pretendo reemplazarte ¿Ok? Cuidaré de Emma, tanto como tu cuidas ahora de Hugo.

—¡Pero-…! —Kagami se va al a mierda. No entiende nada.

—Vamos, Kagami —revela Zoé, jalándola del brazo. Le transmite con la mirada, indulgencia de hablar algo— Tenemos que hablar…en casa…

Dale…—acepta, sin más preámbulos. Reverencia a ambos con cordialidad. Besa a su hija y se retira— Estamos en contacto. Y tú, Marinette —advierte, solapada— Si. Claro que hablaremos ahora. Gracias por la confianza. Adiós.

De camino a casa.

—Lo escuché del hijo de Marinette. Mencionó algo de los policías. Joder ¿Por qué mierda los detectives esos quieren investigar a Félix, si nunca les dije nada? —interviene Kagami, de copiloto— ¿Cómo llegaron a el? ¿Acaso tu les comentaste algo?

—No tengo la menor idea —niega con la cabeza, embrollada con la información— Créeme, te hice una promesa. No les diría nada. Pero tampoco estamos seguros de si alguien mas habló. Todo es demasiado turbio ahora.

—Si. Sobre todo, con lo que me contaste de Gabriel Agreste —Tsurugi se toma un tiempo contemplativo, para pensar— Ha decir verdad, de todas las personas involucradas en el tema de la concesionaria el que menos me imaginé, era él.

—¿Qué sabes del señor Agreste? —Lee toma la intersección derecha.

—Prácticamente lo mismo que tú. Nada —narra la política— Se que hizo algunos tratos con mi madre hace unos años atrás. Gabriel siempre se mostró favorable del matrimonio con Félix, por un tema de negocios. Pero en el fondo nunca nos caímos bien.

—Yo le conocía como un exitoso diseñador de ropa. Nada que ver en estos temas.

—Si, pero que no te extrañe tanto tampoco —confiesa su pareja, mesurada— Te impresionaría lo que el mundo de la moda hace en la gente. No es un ambiente en donde se mueva la gente pobre de parís, precisamente.

—Me lo temía —asiente, con el entrecejo fruncido— Si, lo supuse. Audrey es igual en ese aspecto. Conozco a sus amigas. Son de lo peor. Unas viejas chismosas con aliento a momias que ni ellas se la pueden

—¡Jajaja! ¿Qué tonterías dices? —carcajea divertida, la japonesa

—Bah…pero te hice reír ¿No? —bufa la rubia de vuelta, descansando su diestra sobre el muslo de su compañera.

—Ya sé. Sabes que por eso te amo —halaga jocosa la mayor, besando su manito— Perdóname por lo de esta noche. Me salí un poco de onda. Ahora mismo, necesito que me ayudes a averiguar mas sobre el señor Agreste y su relación con Bourgeois. Esa llamada no me dio buena espina.

—Ni a mí. Parecían dos divorciados peleando —chista.

—Pase lo que pase…—Kagami endurece el semblante, con decisión— Tengo que proteger a mi hija de esta mierda.

[…]

La tibieza de sus dedos me paralizó. En medio de la penumbra, buscaba tentada con las yemas, girar la llave y apagar el motor del carro. Nuestra cita de extingue bajo el firmamento estrellado de un viernes por la noche. Las luces de la urbe se han fundido en un mar de bohemios aromas y melodías arcanas, que ya no logro distinguir. Pues ahora mismo, percibo como sus labios emanan en mi oído palabras diluidas con el disfraz de una promesa de amor, prohibida y dotada de una lascivia indescriptible. La temperatura de mi anatomía me ha traicionado. Me obliga a deslizarle la mano bajo el vestido, sin ningún reproche por su parte. Hay una musiquita ochentera de fondo sonando en la radio. Puedo oírla. Pero por alguna extraña razón ya no distingo la letra. ¿Como era que decía…?

—Félix. No me lleves a casa esta noche. Quedémonos aquí hasta que veamos el amanecer.

—Descuida. No pretendía precisamente…llevarte a ese lugar —confiesa Graham de Vanily, invitándola hacia la parte trasera del auto— Ven…

En algún mirador parisino. 01:20AM. Un poco más allá, en un carro de vidrios polarizados.

—¿Me recuerda por qué estamos siguiendo al doctor Fathom? —consulta Nathaniel, con unos audífonos y una pequeña maquina transmisora en sus piernas.

—Ese sujeto fue marido de Kagami y son muy amigos ahora. Sé que esa congresista está metida en todo este lio —espeta Alix, observándolos a lo lejos con ayuda de unos binoculares— Además ¿No te parece raro?

—¿El que?

—¿Que sea el ex de una investigada por homicidio y también se tire a la víctima? —relata Kubdel, inflando un globo de chicle.

—Yo…no le veo lo raro —el bermejo se encoge de hombros, con actitud inocente— Solo es una coincidencia. Suenan muy enamorados, la verdad…

—Una coincidencia, es solo una coincidencia. Dos, son una pista. Tres, una prueba —sentencia la detective, dándole un empujón— ¡Solo has tu maldito trabajo! Si ha de soltar información de Tsurugi, sin duda lo hará con la profesora.

—Este… ¿Prefecta…? —Kurtzberg traga saliva— N-no creo que hayan venido a este mirador precisamente a… "hablar" —se quita los audífonos, sumamente abochornado.

—¿Qué haces, idiota? ¡No dejes de escucharlos!

—Es que…—el policía gesticula una mueca de nerviosismo, dotada de mucha intencionalidad. Le estira el artefacto— No puedo seguir escuchando esto…

—Arg, eres un tonto. Dame eso —se lo arrebata de las manos y se los acomoda ella— ¿Qué tan terrible puede ser? —escuchando— ¿Esto te pone nervioso? Solo están cogiendo.

—¿Y usted considera apropiado estar escuchando como tienen intimidad? —cuestiona, agraviado.

—Si, si, bueno…tienes razón —lanza el objeto a la mierda y enciende el carro— Ya fue. Larguémonos de aquí. Pero hey, te aclaro que no descansaré hasta encontrar alguna pista o conexión con los involucrados. Este tipo sabe cosas…solo deja y caerá.

[…]

Claro que sí. No es precisamente el amor adolescente que no tuve a los 15. Pero ¿Saben? Me alegra no haberlo vivido del todo. Nadie a esa edad tiene la madurez ni la capacidad resiliente de sentirlo en las venas como ahora a mis 33. Félix y yo nos encontramos, en medio del momento conciso. Lozanos, independientes, libres, sin que nada ni nadie nos impidiera vivirlo como se nos plazca. Padres solteros, pero amantes de las viejas usanzas. Ya no hay figuras paternas detrás criticando con autoritarismo, ni regaños por permisos nocturnos. No hay jefes maltratando ni colegas abusando. O chismes de amigos insidiosos que solo busquen destruir nuestra paz mental.

Podíamos levantarnos un domingo o simplemente quedarnos durmiendo hasta tarde. A veces el venía por mí al trabajo o a veces yo iba por el al suyo. Durante la semana solíamos ir a cenar con los niños, o a veces simplemente solos. Podíamos organizar viajes a la playa, a la montaña, o incluso a otro país si quisiéramos. Nadie nos iba a decir que no. Y lo más bonito de todo, es que siempre había una canción viejita sonando en la radio. De esas que me recuerdan el por qué me gustaba tanto ver Ghost: El fantasma del amor.

Al cabo de 2 meses de novios, nuestra relación había tomado ciertos dotes de enraizar un compromiso mayor. No era un tema que habláramos a diario, pero sin duda brotaba en los momentos mas inofensivos de todos. Un día recibí un ramo de flores a la escuela. Creí que los había mandado Félix, pero no. Para mi sorpresa, eran de Lady Amelie. Me gustó mucho saber que ella de cierta manera me estaba pidiendo disculpas por lo ocurrido y que mostraba abiertamente su compromiso con la familia que estaba comenzando a formar con su hijo. Le mandé chocolates de vuelta, en agradecimiento. No sé con exactitud si a una mujer con cáncer le permiten comer esas cosas, pero dudo la vayan a poner peor de lo que estaba.

Con la certeza de un promiscuo mañana romántico, por fin me armé de valor en contarle a mis padres sobre este maravilloso chico que había conocido una tarde de verano. Y se los presenté. Papá saltaba en una pata. Mamá estaba más feliz que perro con dos colas, porque Emma le había parecido una muchachita increíblemente hermosa e inteligente. ¿Y qué mejor para ella que ser abuela? No de uno, si no de dos. He de asumir que como maestra si bien mi sueldo nunca fue austero, tampoco nos sobrara. La presencia de Félix en mi vida también aligeró un poco esos temas. Aunque yo siempre me negué a que se hiciera cargo de gastos monetarios. Mi orgullo de madre soltera me lo impedía. Conforme nuestra confianza se fundía en lo cotidiano, se hizo mas y mas habitual que de vez en cuando el pagara la cuenta de algún pormenor de Hugo. Aunque claro, le tuve que explicar que tampoco abusara con pedir cosas. En un comienzo, mi hijo solía dar como punto base a referencia la presencia de Fei como su madre predilecta, cayendo en un favoritismo que terminó diluido en Félix. Fei se había transformado en un mártir para nosotros. Pero no de esos que te empujan a sentir culpa. Si no mas bien, a reflexionar el como su partida, nos había traído mas bendiciones que desgracias.

Estaba segura, de que estuviera donde estuviera, sonreía para nosotros.

Emma fue quien me ayudó en ese proceso. Al explicarme, que la muerte no existía del todo. Y que debía celebrarse como la vida misma. Y así, pasó otro mes. Y otro mes. Hasta que cumplimos 6 en el oficialismo. Por esos días, era invierno. Se acercaba navidad y año nuevo. Mi novio me confesó que Emma no estaría en ambas celebraciones. Había códigos que debía respetar con Kagami. Pero incluso si yo tenía la película clara respecto a mi posición en su vida, porque yo no era una madre sustituta, quise invitarla de igual manera. Deseaba que fuera parte de esas fiestas, para no alejarla de su hija.

Sonará una locura, pensarán. Sin embargo, en mi corazón no había un ápice de arrepentimiento. Yo no le hecho nada malo a la ex de mi pareja ni ella a mí. Así que… ¿Por qué no? No había forma de que su presencia en mi vida, destruyera lo que sentía. Nada lo haría. O al menos…eso pensé…

Ayuntamiento de Paris. 20 de diciembre. 16:50PM.

—No fue fácil, te lo digo —exhala Zoé, victoriosa— Pero lo logré. Finalmente, pude recopilar información valiosa del caso —le enseña su computadora— Tras revisar una y otra vez el video, me concentré en el vehículo de la chica que conducía esa noche. Era un Peugeot 208 de color blanco, patente FM-423-WM.

—¿No has pensado en ser detective mejor? —ríe Kagami, impresionada— Se te da bien.

—No hace falta serlo, sabes que soy profesional en mi campo laboral —Lee le guiñé el ojo, mostrándole un documento— Lo saqué del departamento de vialidad. El carro pertenecía a una ciudadana china de nombre Fei Wu. Como no había más antecedentes de ella, dado que era extranjera con visa provisoria y nunca regularizó su situación, tuve que pedir información a su propio país —añade— No me preguntes como lo hice, no fue legal. Y no quiero que interpol me persiga.

—Retiro lo de ser un agente de la ley entonces —bromea Tsurugi— Así que…al fin nuestra victima tiene un rostro. Fei Wu —murmura, examinando la fotografía— Era una chica joven…

—Lo era. Demasiado para terminar así —expresa abatida la rubia— Pero se casó y tuvo una vida feliz, dado que salía con un estado civil de casada. Sin embargo, tras intentar sacar su acta de nupcias, no hallé nada. Al parecer, su matrimonio no era legal en la republica popular china.

—Lo cual quiere decir que…—deduce la japonesa— O no se casó por un registro civil de fe competente. O…

—O…si lo hizo, fue con alguien de su mismo sexo —la ojiazul le enseña otro texto— Los matrimonios homosexuales son ilegales allá. Lo cual, quiere decir que Fei era lesbiana.

—Eso solo complica mas las cosas, cariño —Kagami se levanta de la silla, mosqueada— Podrían incluso agregarle un agravante de homofobia al caso o algo así. Ya sabes como es la gente de sensacionalista y sensible con estos temas.

—Ni me lo menciones. Son capaces de agarrase de lo que sea —comenta la reportera— Pero, tenemos una carta bajo la manga. Tu eres la ex esposa de Félix y nuestra relación, destruye por completo cualquier animosidad de odio fóbico al asunto —la sujeta de los hombros, templada— Mas ahora, que el doctor Fathom reconoció abiertamente que nos apoya.

—Bueno, si…en eso tienes razón. Sería básicamente su palabra contra la del estrado en caso de juicio —murmura nerviosa la congresista— Pero aún así y todo…me pone mal este tema. Ahora no sé si realmente quería saber el nombre de la muchacha. Tal vez nunca debí-…—su móvil tiembla en el escritorio— ¿Mh? ¿Qué es? —le ha llegado un mensaje.

—¿Qué sucede? ¿Es Félix?

—N-no…es…—traga saliva, confundida— Es… ¿Marinette Dupain-Cheng?

—¿Marinette? —repite extrañada la caucásica— ¿Cómo consiguió tu número?

—Posiblemente Félix o Emma se lo dieron —dictamina, al aire— Me está invitando a pasar navidad en su casa junto con…Emma…

—¿Qué? ¿De verdad? —Zoé se profesa ligeramente desconfiada— Que extraño. Primero Félix te invita y ahora ella. ¿Qué pretenden?

—No lo sé. No tengo la menor idea. Pero… ¿Crees que sea prudente desconfiar de sus intenciones? —Kagami suelta una mueca incomoda— Marinette no se ve que sea una mala chica. Tal vez sería un buen momento para hacer las paces, por lo de esa noche.

—Ha pasado un tiempo. Es cierto —su compañera le toma del rostro, con cariño— Si tu quieres ir, ve. Si lo está haciendo por Emma, es porque quiere que tu y tu hija pasen tiempo juntas. Además, navidad era una fecha que habían acordado, no celebrar con ella. Y creo que es una buena oportunidad.

—Tienes razón. Si iré —asiente, osada— Pero no iré sin ti. Le preguntaré si puedes venir conmigo —escribiendo.

—Eh…no creo que te diga que si…

—Acaba de decir que si —le enseña la respuesta y un emoji feliz— ¿Lo ves? Si dijo que sí.

—Vaya…eso fue rápido —parpadea, obnubilada.

—La verdadera pregunta ahora es —Tsurugi examina, con ceja alzada— ¿Tu quisieras venir? Porque si no quieres, yo-…

—¿Bromeas? —carcajea Zoé— ¿Y perderme una navidad junto a la chica de mis sueños y su hija? ¡Claro que voy! Vamos a escoger los regalos juntas.

[…]

—Bolas rojas —sentencia Hugo.

—No. Bolas doradas —sentencia Emma.

—Que no. Bolas rojas —insiste el varón.

—Dorado y punto —refuta la muchacha.

Casa de los Dupain-Cheng. 24 de diciembre. 20:10PM.

—Niños —Félix interrumpe, curioso— ¿Ya terminaron de armar el árbol de pascua?

¡No! —responden unánime, obligándole a tomar una decisión— ¡¿Qué bolas?!

Mierda…—se espanta de pronto, completamente liado— Eh…jeje… ¿Qué? ¿Cómo que, que bolas? ¿No pueden ir las dos?

—…

—…

—¿No? —ríe nervioso el británico— Me parece que ambas se verían bonitas, con las luces y eso, jeje…

—Vale. Está bien —acepta el peliazul— Pero pongámoslas en desorden. Así se ven mejor.

—No. Deben ir en orden —manifiesta Tsurugi con autoridad— Las doradas primero.

—Emma —reclama el ojiazul, frustrado— Deben hacer contraste. Hazme caso, se verá bonito así.

—Es la primera vez en muchas navidades, que veo esto —ríe Marinette, sumándose a la escena— ¿Quién lo diría? Peleando por los adornos.

—Te va a parecer una mierda, pero es la primera vez que participo en el árbol de pascua —revela Fathom, con tristeza— Por lo regular, me tocaban turnos extensos en vísperas. Y cuando llegaba a casa, ya estaba armado. Kagami siempre fue muy indulgente a la hora de organizar todo.

—Si. Se ve que Kagami es una muchacha muy estructurada. Pero no te sientas mal por eso, mi amor —Dupain-Cheng le regala un besito cariñoso en la mejilla— Eran otros tiempos. Ustedes tenían roles y una dinámica diferente. Ahora…podrás estar para todas las navidades y participar en el arbolito, cuanto gustes.

—Y se siente bien —murmura Graham de Vanily, bosquejando una mueca febril en los labios— Te amo, profesora…no sabes cuánto.

No. No sé cuánto —le sigue el juego, jovial— Pero lo suficiente como para amarte de la misma forma, doctor.

—Mami —interviene Hugo, malogrado— Emma no me deja poner a Spiderman en el árbol. No entiende que es importante. ¿Podrías ayudarme con eso?

—Ay, hijo. Es que Emma nunca ha pasado la navidad con nosotros, pero no te preocupes —su progenitora lo toma de la manita— Ven, le explicaremos.

El timbre suena.

—¡Ah! ¡¿Félix, cariño, podrías abrir?! —chilla desde más lejos— ¡Deben de ser Kagami y Zoé!

—Si, mi reina —carcajea, en dejo infantil— ¡A sus órdenes!

—Payaso —bufa de vuelta.

La puerta se abre.

Kagami y Zoé se paralizan tras ver a un… "hogareño" Félix Fathom, con mandil rosa, unos cuernos de reno en la cabeza y chaleco festivo. Intercambian miradas delictivas, tentadas a soltar una risotada de aquellas. Graham de Vanily carraspea, abochornado. Intenta restarle importancia a su vestimenta y las invita a pasar.

—Feliz Navidad, chicas —comenta el británico, indiscutiblemente ruborizado.

—¿Barbie navideña? —bromea Kagami, con irónica zozobra.

—Algo así —responde el médico, bosquejando una mueca infantil— Los cachos se venden por separado.

—Gracias, Fathom. Entendí la referencia —agrega Zoé, cubriéndose la boca con la mano— Te sientan bien, por cierto. Luego me das las gracias.

—Ja-Ja-Ja, que chistosita —satiriza huraño, el varón— ¿Pasan? Se me está durmiendo la mano en la puerta.

—¿Qué te quejas? Si te la jalas a diario con ella —farfulle Tsurugi, entrando a la casa— ¡Emma!

—¡Mami! —la pequeña corre hacia ella, en un abrazo apretado— ¡Me alegra que hayas venido!

—¿Y tú traje de cirquera? —Félix cierra la puerta— ¿Lo llevas en el bolso?

—Nah, eso te lo dejo a ti campeón —carcajea Lee, cambiando de tema drásticamente— Marinette, un placer ser invitada en tu casa. ¿Cómo estás?

—¡Zoé! —Marinette le regala dos besos en cada mejilla— Válgame dios, que guapa te ves esta noche. Ese color de vestido te sienta muy bien.

—Oye, tu no te quedas atrás —halaga de vuelta la rubia— Ese peinado se ve fantástico. Y tú delineado está increíble.

—¿Verdad que sí? —se ruboriza de golpe, jugueteando con sus hebras azabache— Fuimos a la peluquería con Emma esta tarde. Queríamos ponernos guapas. Pero tu te luces. ¡Casi que me haces dudar de mi sexualidad!

—¡Jajaja! ¡Que divertido! —ríe Zoé.

—¿De que me perdí…? —a Félix se le cae un cuerno.

—Te ves fatal, nuevo papá. ¿Tienes diarrea? —pregunta Hugo, intentando abrir un turrón— Bueno me da lo mismo. Por cierto ¿Me lo abres? —le estira el envoltorio.

—Ya cállate Hugo —le mete el turrón en toda la jeta.

—¡Cof! ¡Cof! —tose de vuelta, atragantado— ¡Óyeme soy un niño y tengo derechos! —hace una pausa— Oh, bueno. Si esta rico —se lo entuba completo.

Durante la cena.

—Gracias por venir, mamá —Emma abraza a su progenitora, a través de la silla— En verdad me hace muy feliz verlas aquí.

—Y a mi me hace feliz compartir estas fiestas contigo, cariño —Kagami corresponde, maternal.

—A mí en lo personal me hacen feliz los regalos —agrega Hugo con normalidad, bebiendo un sorbo de su gaseosa— Le escribí una carta a Papá Noel y espero me traiga lo que pedí.

—Hugo, Papá Noel no existe —sentencia la pequeña Fathom, son soberbia.

—¡Emma por favor no empieces con tus cosas porque te juro que me da colitis ulcerosa! —chilla Hugo, con ansiedad a tope.

—¿Co-Como que le da colitis? —pregunta Zoé, divertidamente curiosa con su amenaza.

—Perdónenlo, es muy dramático —ríe la rubia— Pero es un buen niño. Pasa que es algo ansiosito…—susurra.

—Ejem…un brindis —interrumpe Félix, alzando su copa. Ya está bien vestido y se quitó los cuernos, por razones terapéuticas— Me complace tenerles en casa de Marinette, quien por cierto es una anfitriona increíble. Nos pasamos toda la tarde, preparando esta deliciosa cena y creo que con mucha humildad me atrevo a confesar, que esta es la mejor navidad de mi vida. Gracias a Kagami y Zoé por venir. A Emma y al adorable Hugo, por formar parte de mi vida. Los quiero a todos…—finaliza— Salud, por ustedes.

—Salud —responden al unísono. Beben.

—En lo personal —adiciona Kagami al discurso, con mucha altura de mira y madurez— Solo quisiera agregar a tu cursi declaración, que para mi es un honor poder ser parte de este proceso tan bonito. Pasar una navidad con mi hija después de un divorcio, era lo ultimo a lo cual podría aspirar. Marinette, tienes mis respetos más profundos —la observa, a través de la mesa— Está claro, que esta fue una idea tuya. Félix es muy torpe y jamás me lo planteó.

—Gracias, Kagami. Créeme que, si Félix hubiera dicho que no, no lo hacía —Marinette toma la mano de su novio, satisfecha— Pero lo conversamos como pareja y estaba de acuerdo con la idea. Sin el apoyo de, el nada de esto, podría haber salido tan bien.

—Entonces es un brindis por los dos —confiesa la reportera Lee, contenta— Que viva la familia, la confianza y la salud.

—Antes odiaba Navidad —farfulle Emma Fathom, aportando su granito de arena en el dialogo— Pero ahora me gusta mucho. Espero pasemos juntos muchas más.

—Así será, princesa —endosa Félix, jubiloso— Así será.

Hora de abrir los regalos.

—Imagino que este de envoltorio rosa es para…—sisea Marinette, leyendo la etiqueta— Oh…eh…vaya. Papá Noel dice que es para Hugo.

—¡Es mío ese! —entusiasta, rompe el envoltorio— ¡Por todas las Valquirias! ¡Es la cocinita de Barbie en su casa Malibú! ¡Justo como lo pedí!

—¿Tu…pediste una cocinilla? —consulta la profesora, confundida.

—Si —declara el menor, sumamente serio— ¿Qué tiene?

—N-no. Nada…—ríe, tentada a mostrarse impresionada— No pensé que te gustaba cocinar.

—¿Y quien te ayudó a preparar los rollitos de canela hoy?

En realidad se dedicó a comérselos…pero…—rueda los ojos, afable— ¡Si! Tienes razón. Eres un gran chef. Así que…dado que los colores están cambiados. Asumo que este de color azul es para…—hace una pausa, ruborizada— ¿Para mi…?

—Parece que el viejito pascuero tenia sus preferidas —Zoé le da un codazo a Kagami en el proceso. Ambas ríen bajito— ¡Adelante! ¡No nos dejes con la duda!

¿Quién me regaló esto? Félix no fue. Lo miro y me mira con cara de perro muerto. Ah… ¿Acaso fueron las chicas? —rasga el envoltorio— Veam-…—aprieta el culo en el suelo— ¿Pero esto que es…?

—¿No te gusta? —carcajea Lee, indiscutiblemente borracha— ¡Es una ayudita para cuando Félix no esté!

Pero si es un conso-…

—¿Qué es eso? —interviene el menor de los Dupain-Cheng, intrigado— ¿Un micrófono de Karaoke?

—¡N-no! ¡No es nada de eso! ¡Es…! —Marinette ya no sabe donde chucha meter la cabeza. Solo atina a lo primero que se le viene a la mente— ¡Una batidora de huevos! ¡Es eso! —lo esconde debajo de sus rodillas— ¡El siguiente!

Que graciosa…me querías fastidiar ¿No? —Félix fulmina con la mirada a Zoé.

No te hagas el virgen ahora, Fathom —le responde Zoé, con los ojos— Te pasa por webón.

—Este se lo trajo Papá Noel a Emma —la profesora se lo entrega en sus manos— Adelante, ábrelo.

—¿Para mí? —pestañea turulata, la menor— Pero…si no le pedí nada…a nadie…

—Bueno —Graham de Vanily se arrima a ella, musitando— Es una sorpresa. Las mejores sorpresas, son las que no conoces ni pides. Adelante, ábrelo.

—Este… ¿No es una bomba o sí? —bufa. Todos echan a reír. Mas intrigada que otra cosa, abre el suyo— Esto es…

—¿Te gusta? —examina Kagami, sonriente— Pensé que sería de tu agrado. Feliz navidad, tesoro.

Era un retrato familiar. Pero no cualquiera. No. Era una foto grupal. En la que incluso, tanto Félix, Marinette, Hugo, Kagami, su abuela, sus abuelos, todos estaban reunidos en una sola muestra de afecto generoso de su unión. Lo suficiente, para ayudarle a sobrellevar un divorcio que no merecía pasar. Emma se cubre la boca con la mano y suelta un par de lagrimones. Es hermoso. Lo mas hermoso, que ha visto nunca.

—Gracias, es…está increíble…—musita acongojada la pequeña.

—¿Qué es? —Hugo la interpela— ¿Una aburrida foto?

—No es una aburrida foto para mi —conserva el marco, con recelo contra su pecho— Es…mi familia. Junta. Unida. Y es todo…lo que me importa.

—¿Por qué lloras…? —Dupain-Cheng junior se preocupa.

—Es Cáncer, déjala —explica Félix, despeinando al mocoso— Es lo que le hace feliz…

—¿Eso no era una enfermedad? —no entiende un carajo.

Continuamos la noche abriendo regalos. Y cada uno de nosotros, nos llevamos mas de una sorpresa. Kagami me había regalado una billetera nueva. Lo cual no supe como tomármelo, dado que tenia mas compartimientos de lo habitual. Asumí que se estaba preocupando por el pasar económico de la familia. Yo que sé. Marinette también recibió un obsequio mío. Era una cadenita de oro con un grabado que mandé a hacer para ella. Supo de inmediato que el presente venia de mi parte y me agradeció con un beso en los labios, que todos presenciaron abiertamente. Nadie se mostró incomodo con el gesto. Amo con el alma a esta mujer y todo lo que me ha entregado. Me siento dadivoso con su existencia en mi vida. No sé como el destino no nos puso antes en nuestros caminos. Pero quiero pensar con sabiduría, que simplemente no era el momento adecuado. Aunque ahora mismo me replantee el "si hay un destino" para cada vida que se nos cruza. Solo sé que estoy feliz y que haberla conocido, fue un regalo del universo. En tan poco tiempo se transformó en el mi motor de vida. Mi razón de vivir. De respirar y de existir.

Marinette ha sufrido tanto, que merece lo mejor. Es lo que siento. Todo lo más hermoso de esta bella tierra, gira entorno a ella ahora. Soy su esclavo. Estoy a sus pies. Si Marinette me deja de amar, yo…

Yo…

Me muero…

01:45AM.

—Tu casa está muy bien decorada, Marinette —complace Kagami, paseándose con una copa de vino por la sala— Fui hace un rato a tu baño y se ve que aplicaron el modelo "San He" para el alumbrado y las cortinas. Incluso la cocina y el comedor, tienen un toque de colores y contrastes pacíficos. Eso es Feng Shui en su principio más primitivo.

—Diría que estoy impresionada por tu deducción, pero tu eres japonesa —responde la ojiazul, con inmodestia— Mi madre es descendiente de una dinastía china y eso me llevó a comprender mejor el arte del espacio en el hogar.

—¿Crees en las energías y los chakras? —pregunta la congresista.

—Yo no. Pero mi ex esposa si lo creía —manifiesta con naturalidad.

—¿Ex esposa? —Tsurugi se detiene de golpe, indiscretamente intrigada— Discúlpame si te ofendo. Estaba en conocimiento de que eras viuda. Pero no sé con quién te casaste. Ya sabes, mi naturaleza no me permite indagar más.

—Vamos, Kagami —ríe, jovial— No es un secreto a voces tampoco. Todo el mundo lo sabe y, de hecho, no es tema para mí. Es verdad —acepta, feliz— No siempre salí con chicos, si es eso lo que te preguntas. Tampoco me considero lesbiana. Pero, aunque no lo creas, comparto tu estilo de vida. Y es eso lo que me motivó a seguir adelante con esto.

—Una forma solapada de decir que no eres homofóbica —bufa la política.

—No. Una forma sana de admitir, que no soy prejuiciosa y puedes preguntarme lo que gustes —Marinette la jala del brazo y la acerca hasta el "mini altar" de la sala— Ella fue mi esposa y madre de mi hijo durante 8 años. Te la presento. Su nombre es-…

Fei…Wu…—musita Kagami, en shock.

—¿Disculpa? ¿Dijiste algo?

—N-no. Nada. Está muy bonito el retrato…—Maldito bastardo… ¿En dónde te metiste? —Tsurugi hace un paneo rápido por la casa. Divisa a Hugo llevando platos a la cocina. Zoé y Emma juegan en el living— Si me disculpas, debo ir a decirle algo a Félix sobre Emma. Ya vengo.

—Eh…—no entiende nada— ¿Está bien…? —regresa la vista hacia el retrato de la difunta. Sonríe— Supongo que los japoneses son distintos a nosotras.

En la cocina.

—Como te gusta lavar platos, eh. Podrías ser mi esclavo personal —bufa el menor, con altanería.

—Y a ti como te gusta guardarlos —ríe Félix, entregándoselos de vuelta— Ten, ese va ahí abajo.

—Papá Félix —inquiere Dupain-Cheng, embrollado— ¿Crees que esos detectives vuelvan a molestarnos?

—Bueno, me temo que sí. Ellos andan buscando justicia por la muerte de tu madre Fei —agrega, cortando el paso del agua— Que, por cierto, hablando de ella. Déjale este trozo de pastel de arroz en el altar —se lo entrega en las manos.

—¿Qué es la justicia?

—Eh…bueno…—Fathom se rasca la nuca, intentando procesar su pregunta para darle una respuesta mas sencilla— La justicia para mi es…tratar de obrar bien para encontrar la verdad sobre algo en específico.

¿Y tú harás justicia por la muerte de Fei Wu, Fathom?

Kagami Tsurugi a entrado a la cocina, como se la lleva el diablo. A juzgar por su expresión facial, está sumamente ofuscada y irritable. Sus esclerotizas sueltan chispas de dolor y frustración al mismo tiempo. Ni Félix ni Hugo entienden el contexto de su accidentada interrupción. Pero de seguro, no es nada bueno. Está sumamente molesta. Y no es algo que el inglés permita que Hugo presencie.

—Ve…a dejárselo ya, niño. Corre —lo empuja por la espalda— Parece que Kagami tiene algo que decirme.

Una vez a solas…

—¿A que ha venido todo esto, Kagami? —el varón se quita el delantal, colgándolo en la silla— ¿Y por qué estás…?

—¡Maldito infeliz! —Tsurugi se abalanza hacia él, enervada. Lo golpea contra el mesón de pared, haciendo presión en su cuello con el antebrazo— Yo no sé como mierda pudiste hacer lo que hiciste esa noche, sin si quiera sentir un ápice de vergüenza.

—¡Ka-Kagami! ¡Es-espera! —tose— N-no me dejas respirar…

—¡Si hubieras sido una pisca de la mitad de hombre que eres, te hubieras rajado el estómago con un bisturí por la deshonra! —

—E-Eso suena…—traga saliva, asfixiado— muy japones de tu parte, Kagami…

—¡ESO! —lo aprisiona contra la pared, aún más fuerte— Eso se llama tener honor, maldito. Y hubiera sido preferible a solo hacer vista gorda a lo que hiciste.

—Te-Te juro por mi madre que…—gruñe Graham de Vanily, tomando una coloración morada en el rostro— ¡Que no sé de qué hablas!

—¿Y? Estoy esperando. ¿Harás justicia por Fei Wu? —redunda colérica, estrujándole el cuello— ¿La mujer que tu mataste, esa noche?

¿Qué me estás…contando…? —Félix entra en pánico.

—¿Qué? —Emma está parada en la puerta de la cocina, completamente estupefacta— ¿Qué has dicho…mamá? —los observa a ambos, con la mirada humedecida— ¿Cómo que papá…mató a la mamá de Hugo?

No puede ser. Por favor, díganme que es una broma. ¿Qué clase de pesadilla es esta? ¿Cómo es que la mujer del accidente era…? El retrato que sujetaba su hija cae al suelo, formando una grieta entre la fotografía de Félix y Marinette.

Oh por dios. ¿Qué mierda hice…?

—¿Hija…tu? —Kagami suelta a Félix e instintivamente, se voltea a retenerla— ¿Qué escuchaste? Espera, no es lo que piensas. Yo-…

—¡No me toques! —chilla Emma, huyendo de la escena entre lágrimas.

—¡Emma! ¡¿A dónde vas?! —Tsurugi la persigue hasta el salón, pero esta ha echado carrera hacia la puerta de la calle— ¡Emma! ¡Con un demonio!

—¿Qué está pasando? —Zoé se levanta, alertada por los gritos— ¿Por qué de pronto Emma salió corriendo así?

—¿Qué sucede? —Marinette despabila, abrazando a Hugo en el proceso— ¡¿Félix?! —lo llama, sin recibir respuesta— ¡Félix, Emma salió de la casa! —sigue sin responder— ¿Pero a este hombre que le pasó?

—Mierda, Zoé. Se fue a la calle —la nipona coge su chaqueta, despavorida— Está nevando y es muy tarde. ¡Iré por ella!

—¡Espera! ¡No vayas sola! —le sigue detrás— ¡Voy contigo!

—Dios mío… ¿Qué fue todo esto? —Dupain-Cheng mira a su hijo— Hugo ¿Qué pasó en la cocina?

—Yo no sé nada, mami —murmura el pequeño peliazul, temeroso— Estábamos con papá Félix lavando trastes. Yo le ayudaba. Me dio este pastelito para Fei y luego entró la señora Tsurugi convertida en un perro rabioso. No supe más, porque me salí. Dijo que tenían que hablar algo importante.

—Entiendo. Pero ¿Qué pudo haber pasado para que Emma reaccionara así?

—¿Mi hermanita estará bien? —cuestiona Hugo, melancólico— Es muy de noche…y ella le tiene miedo a la oscuridad.

Con un carajo, Félix —niega con la cabeza, besando la nuca de su retoño para tranquilizarlo— Todo estará bien ¿Sí? Kagami y Zoé fueron por ella y la traerán de vuelta. Ahora, quiero que tomes tus cosas y te vayas a tu cuarto ¿De acuerdo? —ordena— Pero atento a cuando toquen el timbre para que les abras. Iré a hablar con el doctor Fathom.

—De acuerdo —asiente, nervudo.

[…]

No recordaba haber sentido un miedo tan visceral como lo que viví esa anoche de navidad. Lo más parecido a ello, fue cuando los detectives llegaron a la escuela a entregarme los artículos personales de Fei. Y ni si quiera cuando la vi, pálida, tiesa en esa camilla, profesé algo como esto. Félix no me respondió más y si bien, estaba consciente de que seguía dentro de la cocina, algo en mis venas tironeaba a no entrar. Como si fuese a encontrarme con una escena del crimen en el interior, el monstruo debajo de mi cama, un fantasma o…una dolorosa verdad.

Posé mi mano sobre la puerta y abrí esta, paulatinamente. Conforme se aclaraba la escena, me relajó el sentido de no ver una masacre. En el fondo, solo me topé con la silueta moribunda de un hombre, que, sin expresión aparente en el rostro, yacía sentado en la fría baldosa. Con un jodido cuchillo carnicero en las manos, la puta madre. ¡¿Pero que mierda?!

—Félix, por todos los cielos…—murmura Marinette, dando pasos escuetos sin mucho ruido de por medio— ¿Q-Que está pasando? ¿Qué haces…con eso en las manos…?

Kagami tiene razón…

—¿Cómo? —cuestiona la profesora, desplazándose más lento— Apenas…puedo escucharte…

Te parezco un cobarde ¿Verdad?

—¿Qué tonterías dices, mi amor? Claro que no. Tu eres para mi…—da otro paso— El hombre más maravilloso de todos y-…

No te acerques —sentencia, redireccionando la punta del arma hacia el vientre.

—Dis-Disculpa. Es que…—la docente observa el filo del objeto corto punzante, aterrada— Tienes esa cosa ahí y me pones nerviosa.

Los japoneses me parecen muy honorables, la verdad —comenta con voz fría y desalmada, hacia el suelo— Debería avergonzarme y solo abrirme el estómago.

—Cariño, con todo respeto a dicha cultura…—traga saliva, nuevamente retomando el camino hacia el con sumo cuidado— Me parece que el suicidio no es la vía mas valiente de afrontar la vida.

Te dije que no te acerques más.

—Vale…—Dupain-Cheng se detiene, buscando por todos los ángulos posibles alguna manera de llegar a el— Emma salió corriendo de pronto. Iba llorando…

Un padre que hace llorar a su pequeña hija, no merece llevar tal título. Ahora me teme.

—Félix…—musita Marinette, con la voz quebrajada— Emma te ama. No creo que te tenga miedo. Pero ahora mismo, yo si lo tengo. Me estas asustando y no tengo contexto de nada.

Es lo mejor, Marinette. Después de todo, no iba a funcionar.

—¿Por qué demonios me dices todo esto de la nada? —Dupain-Cheng rompe en llanto, sin mucho escándalo. Todo su cuerpo comienza a temblar, atosigada en desgracia— Por la mierda, Fathom. Estábamos tan bien y de pronto quieres… ¿Terminar conmigo? Yo no soy una niña. ¿De qué va esto? —no obtiene respuesta. Lo cual, inevitablemente la hace romper en cólera— ¡Respóndeme! ¡¿Acaso solo jugaste a la casita conmigo?!

¡Yo lo hice! —vocifera el británico, levantando la cabeza— ¡YO LO HICE!

—¡¿Qué cosa?! ¡¿Qué?! ¡¿Qué cosa hiciste?! —chilla, horrorizada— ¡¿Qué mierda dices?! ¡HABLA YA DOCTOR DE PACOTILLA!

¡YO MATÉ A FEI!

Mi corazón…—Marinette se desploma sobre sus rodillas, con ambas manos sujetando su pecho. Lo escucha y no lo cree— ¿Qué fue lo que hiciste…amor de mi vida?

Perdóname…