Descargo de responsabilidad: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta bonita historia es Tufano79, yo solo traduzco con su permiso. ¡Gracias, Josie!
Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer. The author of this beautiful story is Tufano79, I only translate with her permission. Thanks, Josie!
Todos los errores son míos.
Capítulo 3
Mirando fijamente su teléfono, se sintió sediento. Cogió a ciegas su botella de agua y se la bebió de un trago. Estaba tan concentrado en el teléfono que no se dio cuenta de que Emmett se sentaba a su lado, llevando sólo una toalla y goteando sobre Edward. —¿Qué haces?— preguntó Emmett, frotando bruscamente una toalla por sus mechones oscuros y rizados, salpicando a Edward con sus desechos.
—Recogiendo mi mandíbula del suelo—, respondió Edward, mostrándole el mensaje de Bella.
—¡Que me jodan!—, rio Emmett. —¿Estás seguro que es ella?
—No, pero no reconozco el número—, contestó Edward, apagando la pantalla y restregándose la cara. —Quiero decir... ¿y si mi descabellado plan funciona?—. Se levantó, sacudiendo la cabeza.
—¿Vas a responder?
—Cuando llegue a casa—, dijo Edward, sacando varias toallas limpias de la canasta.
—Al menos deberías contestarle—, replicó Emmett, metiendo la mano en el casillero de Edward y sacando su teléfono. —Dile que recibiste su mensaje y que quieres bailar con ella el mambo horizontal.
—¿Por qué soy amigo tuyo?— dijo Edward, caminando hacia las duchas. —No voy a decirle eso, imbécil. Puede que a ti te funcione, pero ese no es mi estilo.
—¿Y cuándo fue la última vez que echaste un polvo?—. Preguntó Emmett, poniéndose de pie y rebuscando en su propio casillero.
—Eso no te concierne—, se atragantó Edward, intentando salir airoso de la conversación. Hacía más de un año que no tenía relaciones sexuales. Fue con una mujer con la que había estado saliendo, pero no había conexión. Poco después de tener sexo, ella lo había dejado plantado.
Eso lo alejó de las citas, convirtiéndolo en un proverbial monje...
Sin embargo, había fantaseado con Bella Swan más veces de las que se atrevía a admitir, rodeándose la polla con la mano e imaginando su belleza: el rostro en forma de corazón, los ojos marrones, la piel pálida y el pelo castaño que le caía sobre los hombros en suaves ondas, con una voz angelical que lo arrullaba.
Metiéndose en las duchas, Edward se lavó para quitarse el sudor de la práctica y su mente dio vueltas en torno al mensaje que inocentemente esperaba en su móvil. Al terminar, se envolvió la cintura con una toalla y regresó a los vestuarios. Algunos compañeros se estaban vistiendo. Por suerte, Emmett se había marchado, pero no sin dejar una nota en la puerta del casillero de Edward.
Cómete. Ese. Bomboncito.
Cogiendo su teléfono, hizo una foto de su dedo corazón y se la envió a Emmett. Vestido con unos vaqueros y una sudadera con capucha del equipo, Edward salió de los vestuarios y se dirigió a su apartamento. Estacionó su auto, subió a su ático y se preparó la cena. Cuando terminó, se sentó en el sofá. Leyó y releyó el mensaje de Bella. ¿Sí era Bella?
—A la mierda—, proclamó, pulsando el mensaje de texto y marcando el número desconocido. Sonó dos veces hasta que una dulce voz descolgó.
—¿Hola?—, preguntó ella.
Edward se tragó los nervios, removiéndose en el sofá. —B-B-Bella—, respondió. —Soy Edward Cullen.
Ella soltó una risita. —Lo sé. Tengo tu número guardado en mi teléfono. Encantada de conocerte, Edward Cullen. Soy Bella y tengo que decir que esta es la forma más singular de coquetearle a una mujer.
Edward soltó una carcajada. —Normalmente soy mucho más formal, pero estoy teniendo un momento fanboy.
En su hotel, Bella se sonrojó y sonrió suavemente. Después de su investigación, estaba teniendo su propio momento fangirl. Edward Cullen era cincuenta tonos de sexy. —Creo que lo de la pulsera fue muy formal, Edward—. Mirando hacia su brazo, vio la dulce muestra de su coqueteo alrededor de su muñeca. —¿Quién te ayudó a hacerla?
—Te haré saber que la hice yo mismo—, se rio él. —Las cuentas eran diminutas, pero perseveré. Estaba decidido a hacerlo bien.
—Bueno, estoy impresionada—, sonrió ella. —También impresionaste a mi asistente, Rosalie.
—¿Alta y rubia?— preguntó Edward.
—¿Con un lápiz en el pelo y corriendo como una gallina sin cabeza?—, aclaró Bella.
—Sí, ella—, asintió con una risita tranquila. —Vino al palco a ver cómo estábamos y se la pasé pidiéndole que te la diera. Al principio pensé que me la iba arrojar en la cara—. Edward recordó cuando le entregó la pulsera a Rosalie. Ella frunció el ceño, mirando a Edward con desconfianza, pero cuando vio su expresión seria, se la metió en el bolsillo.
—Rose suele analizar bien a la gente— dijo Bella. —Vio algo en ti, algo bueno y amable.
—Lo soy la mayor parte del tiempo. Pero, ¿cuando voy perdiendo en el último cuarto?, no tanto—, resopló Edward. —Sigo sin creer que me hayas mandado un mensaje. Eres la cantante más popular del planeta... por no decir que las más hermosa.
La cara de Bella se encendió ante su cumplido. —Lo dice uno de los más hermosos según People. Todavía no he entrado en esa lista—. Se mordió el labio. —Pero gracias. Háblame de ti. Algo que no se pueda encontrar en internet.
—Bueno, nací en Chicago y crecí en Wheaton—, dijo. —Juego fútbol desde que empecé a andar. Llevé a mi instituto a los campeonatos estatales dos años seguidos antes de irme a la Universidad de Texas, donde me gradué en Negocios con una especialización en Música.
—¿Música?— preguntó Bella. —¿Tocas algún instrumento?
—Sé tocar el piano, la guitarra, el bajo y canté en el coro—, respondió Edward, sintiendo que su propia cara se encendía. —Tuve que cantar en el coro como parte de mi beca.
—Quizá debería obligarte a cantar con la banda—, bromeó Bella. —O tocar el teclado.
—No sé nada de eso—, dijo Edward secamente. —Hace tiempo que no hago nada musical. Creo que la última vez que canté fue hace cuatro años en un karaoke, cuando estaba borracho como una cuba. Eso fue poco después de que nos eliminaran de la lucha por el Super Bowl, poniendo fin a nuestra temporada.
—Por favor, dime que hay pruebas en vídeo— Bella suplicó. —Me encantaría verlo.
—Puede que Emmett tenga algo, pero no voy a preguntarle—, replicó Edward, levantando los pies, poniéndose cómodo. —¿Y qué me dices tú? ¿Puedes contarme algo que no pueda encontrar en Internet?
Bella se acurrucó en la cama, mordiéndose el labio. —Me crio un padre soltero. Es el jefe de policía del pequeño pueblo donde crecí, Forks, Washington. ¿Y mi madre? Desapareció y no he sabido nada de ella... excepto cuando quiere explotar mi fama—. Bella adoraba a su padre y sabía que él haría cualquier cosa por ella. ¿Y su madre? Siempre intentaba sacarle dinero a su famosa hija.
—Lo siento, Bella—, Edward frunció el ceño. —¿Has sabido algo de ella últimamente?
—Está constantemente en contacto con mi equipo y ellos saben que deben ignorar sus estupideces—, dijo Bella, bostezando.
—No te estoy dejando dormir. Lo siento mucho—, balbuceó Edward. —Ni siquiera sé dónde estás...
—Estoy en San Luis—, dijo ella. —Tengo un concierto mañana.
—Te dejaré ir, Bella—, dijo Edward, sintiéndose desconectado y triste de que su conversación fuera tan corta.
—Quiero volver a hablar contigo—, susurró ella, acurrucándose entre las almohadas. —¿Podemos?
—Me gustaría—, respiró Edward. —Además, siéntete libre de enviarme un mensaje cuando quieras. ¿O por correo electrónico? Sé que, como cantante, hablar puede ser un reto y tienes que hacer reposo vocal.
—Esa era yo hoy temprano—, dijo ella. —Mucho té y nada de hablar. Me encantan las giras, compartir mi talento con mis fans, pero es agotador para la mente, el cuerpo y el espíritu. Es mejor cuando tienes un sistema de apoyo. ¿Rosalie y mi padre? Lo son todo para mí.
—Entiendo el aspecto agotador de tu trabajo. Me pongo literalmente en peligro cada domingo, donde podría perderlo todo, al ser placado por un liniero de ciento cincuenta kilos. Mi familia y mis compañeros... me cuidan—, explicó Edward.
—Cuídate, Edward—, murmuró Bella.
—Tú también, Bella — respondió él.
Ninguno de los dos colgó. Bella soltó una risita. —Normalmente, después de despedirse, se acaba la llamada.
—No quiero colgar—, dijo Edward con sinceridad. —Tengo miedo de que sólo haya sido un sueño.
—No es un sueño—, aseguró Bella. —Que duermas bien, Edward Cullen. Gracias por acercarte de la forma más adorable.
—Gracias a ti por responder a mi coqueteo poco convencional—, se rio Edward. —¿Hablamos mañana?
—Es una cita—, sonrió ella.
*LoveStory*
Super Bowl es el nombre que se le da al partido final del campeonato de la National Football League —principal campeonato profesional de fútbol americano en Estados Unidos—, en el que se enfrentan los campeones de la Conferencia Nacional y de la Conferencia Americana.
