El rugido de la criatura hizo que sus oídos retumbaran, todos se detuvieron abruptamente, tapándose los oídos mientras sentían que la cabeza les estaba a punto de estallar. Cuando el rugido finalmente se detuvo todos se echaron a correr, como nunca lo habían hecho antes, todos excepto Cedric.
El guerrero se quedó mirando a la serpiente, la serpiente se le quedaba mirando a él mientras movía su largo cuerpo de un lado a otro con su cabeza fija sobre él; era como si ambos se entendieran perfectamente, como si estuvieran intercambiando unas cuantas palabras cuan rivales reencontrándose. Cedric no paraba de temblar de miedo, mientras que la serpiente fijaba sus ojos y su mirada llena de ira sobre él.
Recuerdos empezaron a pasar por la mente de Cedric, el vello de su cuerpo se erizó, su ritmo cardíaco empezó a aumentar, sus ojos se abrieron completamente mientras sus pupilas se dilataban y una ola de miedo pasaba por todo su cuerpo. Quería correr, quería irse de ahí pero su cuerpo no reaccionaba a sus órdenes.
Lincoln miró hacia atrás, dándose cuenta de que el Cedric no se había despegado de su lugar. Miraba cómo tanto él como el monstruo se observaban mutuamente, sabía que algo estaba pasando; podía mirar el miedo en el guerrero, sabía que estaba aterrado. No recordaba haberlo visto tan asustado antes.
—¡Cedric!— gritó el peliblanco en un intento de hacer que Cedric reaccionara.
Cedric despertó de su trance y comenzó a correr. La serpiente lo siguió con la mirada hasta que se reunió con el grupo, una vez ahí asumió posición de defensa para tratar de proteger a los demás. Por momentos ninguno de los dos hizo nada, ambos esperaban que el otro lanzara el primer golpe. Al ver que nada sucedía el monstruo se sumergió de nuevo en el agua, desapareciendo del lugar. Luego de esto, todos se echaron a correr, temiendo que el monstruo apareciera de nuevo en cualquier momento.
En un punto, el grupo decidió detenerse para tratar de recuperar el aliento. Se percataron de que el peligro había cesado por ahora, pero eso no significaba que debían bajar la guardia.
—C-Cedric...— trató de hablar Lincoln mientras recuperaba algo de aire. —¿E-Esa era la serpiente de la que me hablaste?
Cedric no quería hablar o recordar nada acerca de lo que pasó hace años, eso era algo que aún le dolía y por lo que se culpaba hasta este día. Pensó en su respuesta, tratando de buscar una que respondiera a su pregunta pero al mismo tiempo no revelara que él sabía el por qué los estaba atacando.
—Si...— respondió Cedric. —Esa es la serpiente de la leyenda, quien sea que cruce será juzgado por ella; si esa persona no es digna, no pasará...
Al escuchar las palabras de Cedric, Lincoln no podía pensar en qué pudieron haber hecho para no ser dignos; no recordaba haber hecho algo en específico que pudiera considerar malo.
—¿Y por qué nos está atacando?— preguntó Selene, visiblemente cansada y alterada. —¿Qué hicimos para que nos atacara?
Selene se quedó en silencio por un momento, esperando la respuesta del rubio. La pelirroja de cabello largo se puso a repasar lo que sucedió hace unos momentos, le parecía extraño cómo la serpiente sólamente lo miraba a él, analizándolo detenidamente...
Cedric la miró a los ojos, el ver la preocupación en su rostro y en el rostro de los demás, lo carcomía por dentro. No resistió y desvió la mirada hacia el suelo, no podía resistir el saber que estaban en peligro de muerte gracias a él. El golpe más duro fue cuando vio a la pequeña Amy abrazada del cuello de su padre, podía ver el terror en su rostro; aún cuando la niña era muy pequeña, Cedric sabía que ella estaba al tanto de que estaba en peligro real.
—Yo...— trataba de explicarse, pero las palabras simplemente no salían de su boca. No quería revelar la verdad, pero tampoco podía con la culpa. Moon miraba como el guerrero se debatía si decir la verdad o no; por una parte se sentía feliz de que finalmente fuera a decirle a alguien más sobre lo que pasó hace tiempo. Pero por otra parte sentía el estrés por el que estaba pasando. —E-Es mi culpa...
Se quedaron en silencio, trataban de comprender lo que el guerrero les había dicho, pero no lograban hacerlo.
—¿A qué te refieres?— preguntó el peliblanco.
—Es por mí que esa cosa nos está persiguiendo...
Selene lo miraba sin decir nada, aún seguía sin comprender cómo esto tenía sentido.
—No lo entiendo, Cedric.— comentó la pelirroja de cabello largo. —¿Acaso hiciste algo para causar la ira de esa cosa? ¿Hiciste algo para molestar al pantano y hacer que esa cosa nos persiga?
Cada pregunta era como un golpe directo a su estúpido orgullo. No solo le recordaba lo que hizo, sino que también sabía que esto estaba enfureciendo a Selene. No la culpaba.
—¡Responde, Cedric!— exigió la pelirroja, su voz sonaba más severa.
—¡Ya basta, Selene!— interrumpió Moon, quien se interpuso entre ella y el guerrero. Ambas gemelas se miraban una a la otra, parecía que en cualquier momento iba a estallar una pelea entre ellas. Luego de unos momentos, Selene fue quien cedió.
—Vamos a concentrarnos en salir de este lugar a salvo,— comentó Selene, dando unos pasos atrás; aún parecía enojada, pero decidió dejarlo por la paz. Este no era el momento para pelear —Pero tan pronto como salgamos, nos dirás el por qué esa cosa está tras de ti.
Moon miraba aún con seriedad a su gemela, pero luego de unos segundos dejó salir un largo suspiro. Era rara la vez que ellas peleaban, pero no podía dejar que ella siguiera hostigando a Cedric.
El rubio suspiró, sintiéndose agradecido con Moon por haber intercedido por él. Su estrés disminuía, su mente empezaba a aclararse y su tenso cuerpo empezaba a relajarse. Analizó la situación, no tenían otra opción más que continuar. Esa cosa iba a por él, si su presentimiento era correcto, no atacaría a sus amigos ni a la familia. Sería muy arriesgado, pero no tenía otra opción.
—Vamos a hacer esto, ustedes avancen hasta llegar a la otra punta y pónganse a salvo. Yo me quedaré para distraer a la bestia; ella me quiere a mi, por lo que si me qued-
—¡No te atrevas a continuar, Cedric!— interrumpió Moon, quien miraba con seriedad al guerrero. —¡Nadie se va a quedar, vamos a ir todos y vamos a llegar a salvo!
Cedric se quedó sin palabras, sabía que a ella le dolería si él llegaba a morir, pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr. —Moon, esta es la única opción para-
—No lo es.— esta vez fue Lincoln, quien miraba con comprensión al rubio. Cedric no pudo evitar sonrojarse al mirar la preocupación de sus amigos, aún no se acostumbraba a ello.
—Comprenden que, conmigo en el grupo, es una misión casi suicida, ¿No es así?— respondió el guerrero, resignándose a que no iba a poder convencerlos.
—Sí.— Esta vez fue Selene. —Pero estamos juntos en esto. Somos todos o ninguno.
Cedric miró a sus amigos, su seguridad le daba una calma que no sabía que necesitaba. Pero no fue hasta que miró a Amy, quien asintiendo y ofreciéndole una sonrisa, que se dio cuenta de que no tenía que hacer esto solo. No quería decir nada, pero de verdad le conmovía ver cómo sus amigos se preocupaban por él. Si estaban tan seguros de querer continuar con él, no podía decepcionarlos.
—Bien, supongo que está decidido.— comentó el guerrero. —Entonces, supongo que tendremos que actuar sobre la marcha. Vamos a continuar con el mismo plan, tendremos que estar más atentos que antes; esa cosa nos va a atacar cuando menos lo esperemos.
Todos asintieron, y sin más opción decidieron empezar a caminar. Por momentos, no podían evitar sentirse observados; sentían que esa cosa estaba oculta, esperando cualquier descuido para hacer su jugada.
Justo cuando pensaron que esa cosa los había dejado pasar, cuando pensaban que finalmente se habrían librado de ella, empezaron a escuchar como algo se movía en el agua. No se precipitaron, esperaron a ver qué era lo que esa cosa tenía planeado; esta vez no iba a ser como hace años, Cedric prometió que no se repetiría lo que sucedió con Volk. Tenía sus poderes, y ahora contaba con la ayuda de sus amigos, no había manera de que pudieran perder.
La serpiente regresó, erigiéndose hasta mostrar más de su gigantesca anatomía. El grupo la miró, los ojos blancos de ese monstruo estaban fijos en ellos. Cedric lo miró de vuelta, sintiéndose aterrado pero sin dar ni un paso atrás. Luego de un momento de silencio entre ambos grupos, la bestia dio un poderoso rugido.
Cedric miró como la serpiente empezaba a abrir su boca, los tentáculos que formaban su lengua se extendían hacia afuera para estar a salvo de lo que estaba a punto de hacer; de su boca empezó a salir una enorme columna de vapor.
Cedric se preparó, entrando en el Jiin 4 para recibir el ataque, y entonces la bestia disparó un poderoso chorro de agua hirviendo hacia el grupo. Cedric logró contener el ataque, aunque le costó un poco el no retroceder debido a la potencia de éste.
El ataque terminó, dejando a Cedric algo cansado y a la vez algo orgulloso por haber hecho algo esta vez. La bestia miró cómo su ataque no había surtido efecto, por lo que decidió volver a intentarlo. Cedric alcanzó a prever el ataque, y volvió a hacer la misma técnica para bloquearlo. El rubio sonrió una vez más al lograr detenerlo, pero ahora se sentía aún más cansado. Aún así no planeaba darse por vencido. Decidió tomar un pequeño respiro, bajando la guardia por un momento y dejando de mirar a la serpiente, ésta aprovechó este descuido para lanzar sus lenguas e intentar ir por él o alguna de las personas que lo acompañaban; para cuando Cedric logró ver el ataque ya era demasiado tarde, no podía detenerlo. Todo lo que pudo hacer fue cerrar los ojos en espera del ataque.
Para su suerte sus amigos cubrieron su espalda. Varios ataques de fuego fueron lanzados por Moon, Selene y Lincoln, logrando detener el ataque con éxito e hicieron a la serpiente gritar de dolor. Cedric miró a sus amigos, y una genuina sonrisa se formó en su rostro; ahora se daba cuenta del error en el que se encontraba, veía a sus amigos como personas a las que debía proteger, pero como ellos se lo dijeron anteriormente, ellos se pueden proteger solos.
Se puso de pie y miró como la serpiente retrocedía por el fuego. Eventualmente el monstruo regresó al agua, probablemente para tratar las quemaduras. El grupo miró cómo las aguas se calmaban, el monstruo desaparecía en las profundidades y les daba oportunidad para continuar.
Lincoln caminó hacia Cedric y puso una mano en su hombro. —Estamos juntos en esto, amigo. No estás solo.
Cedric lo miró a los ojos, y vio sinceridad en ellos. A pesar del trato que él le había dado al peliblanco, a pesar de lo que lo hizo pasar, él todavía lo consideraba un amigo. Cedric reflexionó, y entendió que no podía vivir en el pasado por siempre, eso le impedía caminar hacia el futuro.
—Si...— respondió el guerrero. —Tienes razón.
Luego de esto el grupo empezó a caminar nuevamente, aún estaban alerta, algo les decía que no habían visto lo último del monstruo. Lincoln conversaba con la familia, Moon hablaba con Cedric, quien parecía haberse abierto aún más al grupo. No le querían preguntar sobre por qué la serpiente lo quería atacar, al menos no por ahora; querían esperar a que estuvieran a salvo primero.
Las horas pasaron rápido, y lograron recorrer gran parte del camino sin ningún problema. El sol empezaba a ponerse apenas, por lo que debían montar un campamento. A Cedric no le agradaba la idea, aún estaban en terreno peligroso, pero tanto la familia como sus amigos se veían cansados. Y no podía mentir, él también estaba algo cansado también, pero no quería parar.
—Hey, Ced,— lo llamó Moon, quien se inclinaba mientras usaba sus palmas . —¿Qué te parece si nos detenemos a descansar? No creo que pueda caminar más...
—Moon tiene razón.— respondió Selene. —Hemos estado caminando por horas, no creo que pueda continuar.
Cedric lo pensó por un momento, aún no estaba contento con la idea, aún estaban en el estrecho, y eso quería decir que esa cosa podía atacarlos en cualquier momento. Pero también sabía que no podía privarlos de descansar; él podía continuar, pero ellos necesitaban dormir.
Con un suspiro, Cedric respondió. —Está bien. Vamos a montar un campamento en esta área, ustedes descansen, yo me quedaré a cuidar.
—Pero Cedric...— intentó replicar Moon, pero una mirada comprensiva de Cedric le dijo que no se preocupara.
—Yo todavía no me siento cansado, puedo estar despierto toda la noche. Ustedes coman y descansen.
Sabiendo que no podrían convencerlo decidieron seguir su consejo.
La luna estaba en la parte más alta del cielo, las estrellas adornaban el firmamento mientras el sonido de los insectos inundaba el ambiente. Todos se encontraban dormidos, habían montado un campamento improvisado, sin tiendas ni sacos de dormir, solamente una sábana en el suelo; no podían darse el lujo de perder sus cosas, y si esa cosa llegaba a acatarlos simplemente podían levantarse y huir.
Cedric estaba sentado frente al fuego tratando de calentarse un poco, los demás dormían pacíficamente, pero él no podía, no por el cansancio, sino por todos los malos recuerdos que este lugar le traía.
Escuchó un ruido a sus espaldas, pero se tranquilizó al darse cuenta que solamente era Lincoln. El peliblanco caminó hacia la fogata y se sentó al otro lado del fuego frente a Cedric.
—¿Problemas para dormir?— preguntó Cedric.
—Problemas para dormir.— respondió el peliblanco. —¿Qué hay de ti? ¿No te sientes aunque sea algo cansado?
—No. Una de las cosas que aprendes luego de años de entrenar es a controlar tu propia energía. Los ataques la disminuyen y eso es algo inevitable, pero estando en reposo puedes limitarla y conservarla.— comentó. En realidad eso no era cierto, pero no se sentía listo aún para hablar de eso.
Cedric observaba el fuego, mirando cómo las brasas eran consumidas. Luego de unos momentos levantó la mirada para observar al peliblanco. —¿Por qué no puedes dormir? ¿Pesadillas?
Lincoln suspiró. —Es...algo complicado. No es por una pesadilla ni nada, podría decirse que es algo aún peor...
—¿Quieres hablar de eso?
Lincoln no estaba seguro al principio, no sabía si estaba listo para hablar abiertamente de sus preocupaciones con él. Pero a la vez, esta podría ser una buena oportunidad para hacer que él se abriera también.
—Es que...si me siento cansado, pero aunque intente dormir... "eso" me persigue.
Cedric levantó una ceja con curiosidad. —¿Eso?
—Es como una sombra, algo sin cuerpo que me visita dentro de mis sueños. Tiene forma humana, más específicamente es idéntico a mi, pero no tiene ojos ni dientes.— Lincoln suspiró. —Hay veces que incluso lo veo cuando estoy despierto, está ahí, camuflado entre las sombras, mirándome con detenimiento y siguiendo cada paso que doy...
Cedric miraba al peliblanco, escuchando con atención sus palabras mientras trataba de recordar algo en sus lecciones que pudiera ayudar a Lincoln; si bien realizó estudios espirituales en el pasado, no recordaba haber leído algo parecido a lo que Lincoln le contaba. Decidió pensar un poco, no verlo desde un punto de vista malo, sino desde uno neutral.
—¿No piensas que puede haber algo más allá de lo que ves?—preguntó el guerrero. —Digo, no creo que sea coincidencia que solo tú seas quien puede ver a esa cosa, o que solo te esté visitando a tí. En mi opinión, si esa cosa quisiera hacerte daño por el simple hecho de que eres el héroe, pienso que lo habría hecho los primeros días que llegaste, cuando no tenías poderes y eras más vulnerable.
Lincoln no había pensado en eso, y a medida que repasaba las palabras del rubio en su cabeza, empezaban a tener algo de sentido. Durante las noches las pesadillas lo mantenían despierto, pero también era el miedo de que esa cosa lo atacara mientras dormía. Aún no se sentía totalmente a salvo, pero las palabras de Cedric le dieron un poco de calma. —¿Tú crees que de verdad pueda salir algo bueno de eso?
Cedric se encogió de hombros. —Es una simple sugerencia, solo trato de verlo de una manera neutral; no te digo que sea algo bueno, pero tampoco pienso que llegue a ser algo completamente malo.
Lincoln suspiró, aún cuando no tenía respuestas, estaba feliz de haber hablado de eso; si bien lo había discutido con Selene anteriormente, hablarlo con Cedric lo ayudó a sentirse un poco más tranquilo. —Sabes, creo que...
Un sonido al que ya estaban acostumbrados empezó a escucharse, era el agua, que empezaba a moverse de manera violenta alrededor del pedazo de tierra en el que el grupo se encontraba. Tanto Lincoln como Cedric se levantaron de golpe y empezaron a mirar las turbulentas aguas, tratando de predecir por dónde los iba a atacar esa cosa.
El sonido del agua despertó a las gemelas, quien al darse cuenta de la situación se apresuraron a despertar a la familia para ponerla a salvo. Una vez todos estaban despiertos comenzaron a alejarse del lugar.
Cedric estaba hasta atrás del grupo, él cubría la retaguardia mientras observaba de cerca al monstruo; la noche no ayudaba para nada, y el oscuro color de la bestia solo complicaba más las cosas. La luna era la única fuente de iluminación con la que disponían, pero tampoco lograba hacer mucho. Cedric se vio obligado a crear un rayo de luz desde su mano el cual apuntó hacia el agua; esa bestia se erigió tan pronto como vio la luz en la superficie, mostrando su horrible rostro ante la luz de la luna.
Cedric miró a la bestia abrir la boca, y eso únicamente podía significar una cosa. Se detuvo en su lugar, dejando que los demás siguieran con la huida. El agua empezaba a formarse en la boca del monstruo, amenazando con lanzar un nuevo ataque. Cedric se preparó para recibirlo, entrando en el estado Jiin 4 para detenerlo. La serpiente apuntaba hacia él, Cedric estaba seguro que podría recibir el ataque y resistirlo. Pero en el último momento la bestia cambió su objetivo, dirigiéndolo hacia el grupo.
Cedric miró cómo el ataque salía disparado, tratando de interponerse entre éste y el grupo pero fallando miserablemente. El guerrero cayó al suelo con un fuerte golpe, mirando como la hirviente agua a presión se acercaba peligrosamente a la familia y a sus amigos.
—¡NO!
El guerrero miró el chorro de agua impactar contra el grupo, sintiendo la desesperación apoderarse de él al ver que el ataque continuaba. Cedric miró por unos momentos, luego cerró los ojos con impotencia. Era imposible que hubieran sobrevivido a eso.
—¡No te rindas, hermana!— se escuchó la voz de Selene. Esto hizo voltear al guerrero, quien miró a las gemelas detener el ataque en conjunto; sus rostros denotaban el esfuerzo que estaban haciendo, y el aura morada que las rodeaba le dio esperanza.
Cedric se calmó, sintiendo como su pulso volvía a la normalidad. Miró a la serpiente, quien buscaba atacar de nuevo. Sin perder tiempo, Cedric se puso de pie y empezó a preparar su ataque; una carga eléctrica empezaba a formarse en sus manos, creciendo a medida que pasaban los segundos. La serpiente se dio cuenta de lo que planeaba el guerrero, por lo que centró su atención hacia él; dio un fuerte rugido mientras sacaba su lengua, los tentáculos junto con la serpiente intentaron atraparlo, pero Cedric disparó una corriente de electricidad justo a tiempo.
La serpiente sintió una poderosa descarga eléctrica en todo su cuerpo, daba un chillido desgarrador al tiempo que se estremecía sobre el agua. Cedric empezó a sentir su brazo arder, la electricidad estaba empezando a cobrar factura en su cuerpo. Luego de unos momentos se detuvo, bajando su brazo y sosteniéndolo contra su cuerpo mientras caía de rodillas. La serpiente colapsó hacia el agua, cayendo pesadamente y levantando una gran cantidad de agua que empezó a caer sobre ellos como lluvia. Cedric miró su cuerpo hundirse en el pantano; sabía que eso no iba a ser suficiente para detenerla, pero sí para dejarla fuera de combate durante un rato.
Se levantó y empezó a caminar hacia el grupo, pudo notar cómo las gemelas regresaban a su estado normal; a pesar de haber dominado el Jiin 4, se notaba que su cuerpo necesitaba un poco más de tiempo para acostumbrarse.
—¿Están todos bien?— preguntó, asegurándose de que nadie hubiera resultado herido.
—No te preocupes, la serpiente no nos hizo nada.— respondió Selene, quien se veía más calmada.
Cedric sonrió. —Bien. Por ahora estamos a salvo, eso solamente la va a detener, pero no por mucho.
El sol estaba empezando a asomarse por el horizonte, los primeros rayos cayeron sobre ellos como una luz de esperanza. Ahora podían avanzar sin miedo.
Luego de caminar por algunas horas, miraron a lo lejos un parche de tierra que se extendía por varios kilómetros en la superficie del pantano. Esto era una vista esperanzadora para el grupo, quienes finalmente veían el fin de este maldito estrecho; este peligroso viaje estaba llegando a su fin, ahora estaban a salvo...
—No se alegren.— comentó Cedric, quien tenía la misma mirada seria que se cargaba desde que entraron al estrecho. —No sabemos si ese es el final. Vamos a acercarnos con precaución.
El grupo caminó hasta llegar al final del camino. Ahí, el estrecho se ensanchaba por varios kilómetros, dando paso a un espeso bosque. Cedric no tenía un buen presentimiento, si bien este parecía ser el final, no terminaba de convencerlo. El guerrero notó que no había ningún tipo de estructura a la vista como cuando entraron, justo como sospechaba...
—Aún no hemos salido, esto es parte del estrecho.
La alegría que sentía el grupo fue rápidamente reemplazada por un sentimiento de preocupación. No podían creer que el viaje aún seguía.
—¿Estás seguro, Cedric?— preguntó Lincoln, quien parecía algo cansado.
—Completamente.
Las palabras de Cedric cayeron sobre el grupo como un balde de agua helada. No podía ser que, luego de todo lo que pasaron para llegar ahí, luego de enfrentarse a esa maldita serpiente y casi morir en el intento, tuvieran que seguir en ese maldito lugar. Cedric se adelantó para revisar que nada bloqueara el camino, y después de no ver nada, le hizo una seña al grupo para que lo siguieran.
Selene estaba hasta atrás del grupo, ella se ofreció a cuidar la retaguardia mientras los demás cuidaban los otros flancos. Miraba a todos lados en busca de posibles amenazas, y afortunadamente no había encontrado nada hasta ahora.
Pero esa no era la única razón por la que se había ofrecido a ir hasta atrás. No quería ser vista por nadie, no quería arriesgarse a que alguien además de su hermana se enterara de su condición.
La chica de cabello largo suspiró y miró hacia el grupo, asegurándose de que nadie volteara a verla. Se detuvo un momento para arremangar su pantalón, mirando una coloración negra que empezaba extenderse desde su pie hasta su tobillo.
Eso era lo que más odiaba de verse al espejo, tener que recordar que su tiempo de vida estaba contado y que tan pronto como la maldición alcance a cubrir todo su cuerpo, ella morirá.
Se arregló el pantalón y se apresuró a regresar con el grupo. Hacía ya mucho tiempo se resignó a que las posibilidades de que ella sobreviviera eran demasiado bajas, sabía que iba a necesitar un milagro para deshacerse de la maldición, de otra manera estaba condenada. No pudo evitar soltar un suspiro, recordando cómo una niña pequeña fue condenada a vivir con una sentencia de muerte.
Cuando ella y Moon tenían apenas 3 años, sus padres trataron de protegerlas de una malvada bruja que buscaba secuestrarlas; necesitaba un par de gemelas para sacrificarlas en nombre de una deidad pagana,. Sus padres pelearon valientemente y lograron derrotar a la bruja, pero ésta al ver que no pudo robarse a las niñas, decidió lanzar una maldición como venganza.
No entendían muy bien cómo funcionaba la maldición hasta que la curandera del pueblo, una mujer cuya edad se contaba en siglos, se los explicó. Esta era una maldición muy antigua, de la cual se tenían escasos registros a través de la historia. La maldición corromperá el espíritu del pobre diablo que la sufra, iniciará desde el punto por donde entró y se extenderá por todo su cuerpo. Una vez que la persona haya sido cubierta, su cuerpo dejará de funcionar y finalmente morirá.
Una manera de deshacerse de ella era pasándola a alguien más, pero no podía ser cualquier persona, ésta debía tener un espíritu similar al de la persona que la sufría. Por desgracia para Selene, esa persona resultaba ser Moon.
Sus padres, viendo que estaban atrapados en la horrible situación de tener que decidir a cual de sus hijas salvar, buscaron ayuda con los mejores hechiceros y las mejores curanderas, pero nadie pudo erradicar la maldición. No fue hasta que encontraron a una bruja con un gran poder que pudieron hacer algo; si bien no la pudieron erradicar, lograron dormirla para evitar que siguiera avanzando.
La bruja les advirtió que no era permanente, que la maldición eventualmente despertaría y seguiría su curso, pero no pensó que fuera en este preciso momento, en medio de una guerra que decidirá el destino del mundo. Selene sabía que por ahora debían concentrarse en ayudar a Yuki a crecer como guerrero y entrenarlo para derrotar al demonio, pero no podía evitar sentir impotencia. No era justo que una niña tuviera que crecer sabiendo que en cualquier momento esa maldición despertaría para seguir avanzando y acabar con su vida.
La bruja que logró dormir la maldición murió hace años, no tenía manera de retrasar la maldición una vez más. Ahora si estaba en peligro.
Miró a Yuki, quien hablaba felizmente con la familia, se veía tan jovial y despreocupado que ni siquiera parecía que el destino del mundo estaba en sus manos. A Selene le gustaba, le gustaba demasiado, de la misma manera en la que a Moon le gustaba Cedric. Sentía que cada vez que el peliblanco hablaba con ella, miles de mariposas revoloteaban en su estómago y su corazón latía como si quisiera salir de su pecho. Pero gracias a esta maldita maldición no podía decirle lo que sentía; no sería justo iniciar una relación sabiendo que ella iba a morir pronto, solo lo lastimaría a él y la lastimaría a ella. Sería demasiado egoísta de su parte, es por eso que se mantiene indiferente.
Sentía ganas de llorar, sentía que no podía con todo lo que estaba pasando. Y como hacía cada vez que se sentía así, lo ignoró para no preocupar a los demás. Era por esa razón que siempre procuraba ser calmada, y solo se sobresaltaba cuando era necesario.
El grupo se detuvo en un terreno amplio, el suelo se veía plano y no había rocas a la vista.
—Nos vamos a detener aquí.— comentó Cedric, quien miraba hacia el cielo. —El sol está empezando a meterse, debemos detenernos a descansar.
Nadie opuso objeción, a decir verdad, se sentían cansados y necesitaban olvidarse que todavía les quedaba camino por recorrer para llegar a su destino. Selene suspiró, tal vez descansar la ayudaría a sacar esos pensamientos...
Lincoln acababa de despertar de su usual pesadilla nocturna, se sentó sobre la manta que lo separaba de la fría y seca tierra, respirando profundamente para calmar sus agotados nervios. Ya no se enojaba por eso, ya no se preguntaba por qué le sucedía, simplemente lo aceptaba y continuaba con su vida. No era la solución que él tenía en mente, es más, ni siquiera creía que fuera una solución. Pero, ¿Qué más podía hacer? No tenía control sobre cada cuando veía esa cosa, o cada cuando la soñaba. Estaba atrapado, no podía hacer más que tratar de no pensar en ello.
Trató de volver a dormir como siempre, pero le era simplemente imposible, el sueño se le había ido y sabía que solo podía esperar para que el sol salga y continuar su camino. Se levantó con cuidado para no despertar a nadie y se sentó frente a las brasas de la fogata. Sentía que, aún cuando trataba de fingir que estaba bien para que nadie se preocupara, su salud mental estaba siendo muy afectada. Últimamente estaba paranoico, había empezado desde que llegó al pantano, como si este lugar hubiera despertado algo en él. Trataba de resistirlo, pero se estaba volviendo cada vez más difícil.
Miraba profundamente las brasas que quedaban en la fogata, el brillo que despedían le resultaba...llamativo, como si estuvieran tratando de mantener su atención en ellas. Lincoln empezaba a pensar que estaba perdiendo la cabeza, y no pudo evitar reír silenciosamente; parecía que mientras más las miraba, estas empezaban a formar un rostro que se burlaba de...
Abrió bien los ojos, no era su imaginación, las brasas de verdad estaban formando un rostro.
Ahora se estaba volviendo loco, eso no era posible. Cerró los ojos y los talló, pensando que solo era un espejismo más causado por su irregular ciclo de sueño. Al abrirlos, notó que las brasas ya no estaban en donde él las había visto. Extrañado, se levantó de donde estaba y caminó hasta la fogata, parecía como si hubieran...
Escuchó un ruido proveniente de los arbustos que estaban alrededor, era como si algo se estuviera moviendo entre el follaje. O alguien.
El sonido ahora vino desde su izquierda, una vez más volteo y no miró nada. El peliblanco trató de convencerse de que era un truco de su mente; trató de respirar un poco, no podía ser verdad, no era...
Levantó la mirada, del otro lado de la fogata, frente a él estaba la misma cara que se había formado en las brasas. Lincoln se le quedó mirando por un momento, y miró cómo alrededor del rostro empezaba a formarse ese maldito ser de sombra que tanto lo ha estado persiguiendo, apenas iluminado por los remanentes de la fogata. Se quedaron mirando por un momento, Lincoln sentía como esa cosa penetraba a través de él con sus ojos incandescentes, haciendo crecer su ansiedad y enojo.
El ser empezó a retroceder, flotando lentamente mientras se perdía en la espesura del bosque; la sonrisa no desaparecía de su rostro mientras que sus brillantes ojos permanecían pegados a él. Lincoln sólamente lo veía alejarse, a pesar de la inquietud que lo carcomía sentía algo que no podía explicar, era como si su cuerpo estuviera actuando por sí solo. Para cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo ya se encontraba lejos del grupo, persiguiendo al ser que tanto interés tiene en él.
Cuando finalmente recobró el control de su cuerpo, se dio cuenta que estaba en una especie de claro en medio del bosque; era igual al que estaban usando para descansar, pero algo más pequeño. No entendía cómo había sucedido esto, pero no podía regresar. No sabía ni siquiera por donde había llegado ahí en primer lugar.
Apenas y se podía ver con la poca luz de luna que se alcanzaba a filtrar por los árboles, realmente empezaba a ponerse nervioso.
Un ruido llamó su atención, provenía de la copa de los árboles; era como si algo estuviera moviéndose de árbol en árbol, asechando incesantemente e incrementando sus nervios con cada segundo que pasaba. Lincoln no podía evitar sentirse amenazado, se puso en posición de defensa y encendió una llama en su mano para poder tener mejor iluminación. Miraba de lado a lado, buscaba copa entre copa por lo que sea que estuviera moviéndose.
—¡Muéstrate!— exigió el peliblanco, quien hacía un esfuerzo para mantenerse calmado. Su cuerpo empezaba a temblar, su corazón latía erráticamente mientras sentía todo el vello de su cuerpo erizarse de los nervios.
Escuchó un ruido a sus espaldas, parecía que lo que sea que lo estuviera amenazando finalmente había bajado. El elegido se volteó y alcanzó a mirar algo que viajaba a alta velocidad hacia él. Escuchó un sonido silbante, como si algo muy delgado y aerodinámico fuera lanzado hacia él. Fueron unos cuantos milisegundos, pero cuando su cerebro alcanzó a registrar lo que estaba pasando ya era demasiado tarde. Sintió como si estuviera siendo amarrado por algo, un manto muy resistente y pegajoso que restringía sus movimientos.
El peliblanco cayó al suelo y comenzó a forcejear para liberarse, pero lo único que logró fue cansarse rápidamente. Luego de unos segundos empezó a sentir como algo jalaba de lo que sea que lo paralizaba, arrastrándolo por el suelo través de la oscuridad del bosque; Lincoln gritaba, forcejeaba de nuevo, hacía lo posible para llamar la atención de sus amigos o alguien que vinieran a rescatarlo, pero era imposible ya que estaba demasiado lejos del campamento como para que sus súplicas fueran escuchadas. Sentía como si sus energías estuvieran siendo drenadas hasta que finalmente perdió la conciencia.
Luego de unos minutos logró despertar finalmente, cuando su visión se aclaró se dio cuenta de que se encontraba en una especie de cueva hecha de cristales, los cuales emanaba una luz blanca y tenue; esto le permitió ver con total claridad en donde se encontraba, pero eso no ayudó en nada para calmar sus nervios. Estaba atrapado en una telaraña gigante, a su alrededor había varios capullos, los cuales suponía eran cuerpos de criaturas que no lograron escapar. Sabía que si no hacía algo, pronto él iba a acabar igual de inerte como esos desgraciados.
Trató de envolver sus manos en fuego y quemar la telaraña, pero el fuego apenas duraba un segundo antes de apagarse; lo intentó varias veces, pero el resultado siempre era el mismo. Trató de entrar en el estado Jiin, pero no podía hacerlo. Poco le tomó para empezar a unir los puntos, esa telaraña estaba absorbiendo su poder.
Escuchó un ruido proveniente de la entrada, era como un quejido débil, seguido de pisadas que hacían retumbar el lugar. Dirigió su mirada hacia la entrada de la cueva y miró como una araña gigante caminaba con lo que parecía ser otra víctima; esta parecía ser otra persona, tenía el cabello rubio pálido que casi llegaba a blanco, una cicatriz en el rostro que...
Lincoln abrió mejor los ojos, en un inicio para ver mejor, y después de la impresión.
Era Cedric.
¿Cómo fue que esa cosa lo atrapó? Eso era algo que no lograba entender. El peliblanco comprendía que, al menos en su caso, él prácticamente se había entregado y por eso estaba en esa situación. Pero, ¿Cedric?
—¡Cedric!— gritó Lincoln. —¡Cedric, despierta!
El rubio parecía estar regresando en sí al escuchar su nombre retumbar en las frías paredes de piedra. Abrió los ojos, mirando a su alrededor y dándose cuenta de la situación en la que estaba.
—¿L-Lincoln?— alcanzó a decir tan pronto su mente se aclaró.
La araña parecía tener cierto interés en Cedric, sus ocho ojos negros como el carbón centraban su atención en él, como si esperara a que despertara completamente para atacar. Lincoln podía ver como la araña sacaba sus colmillos; estos se veían afilados, y eran tan largos como espadas.
Cuando Cedric despertó completamente, alcanzó a ver los aterradores colmillos de la araña prácticamente sobre él, intentaba zafarse, intentaba invocar sus poderes, pero simplemente no podía hacer nada para defenderse. Cerró sus ojos, esperando su inevitable final.
No pasó nada. Esperaba sentir su piel siendo perforada, el veneno siendo inyectado, sus entrañas siendo convertidas en licuado para que la araña lo beba, pero no pasó nada. Abrió los ojos y miró como un torrente de fuego era disparado directo en la espalda de la araña, las llamas brillantes se reflejaban en los cristales que había alrededor. El fuego se detuvo, dejando en su lugar un penetrante olor a quemado y una pequeña columna de humo que salía del monstruo. Cedric alcanzó a mirar por detrás del monstruo, dándose cuenta de que Lincoln estaba en una situación parecida a la de él. No tardó en darse cuenta de que Lincoln había sido quien disparó el fuego.
La criatura se tambaleó un momento antes de voltearse, miraba a Lincoln mientras frotaba sus colmillos para producir un sonido chirriante y sumamente molesto. Claramente estaba enojada.
Aparentemente si una parte del cuerpo no está cubierta, aún puede usar magia para atacar... pensó el guerrero, quien empezó a tomar aire para preparar un ataque. Desgraciadamente para él, la araña lanzó un disparo de tela sobre su boca, cubriéndola completamente. Cedric maldijo su suerte, esta cosa al parecer era lista.
El monstruo empezó a escalar por las paredes, sus colmillos se frotaban mientras emitían gotas de veneno corrosivo que iban derritiendo la piedra en donde caían.
Aún cuando su ataque cumplió su propósito, Lincoln se sentía débil por haberlo realizado; la telaraña no le prohibió atacar, pero ésta seguía absorbiendo su magia. No podía lanzar otro para defenderse. La araña llegó hacia él, sus patas delanteras levantadas para lucir aún más amenazante mientras colocaba sus colmillos sobre el cuerpo incapacitado de Lincoln. El peliblanco solo podía mirar con cansancio en sus ojos, no podía hacer nada, estaba a punto de morir, y esta vez moriría de verdad.
Nunca pensó que acabaría de esta manera, no a merced de un monstruo, lejos de sus amigos y lejos de su familia; pensó en sus hermanas, en sus padres, jamás los volvería a ver. Pensó que derrotando al demonio de la leyenda podría regresar a su mundo y continuar con su vida normal, y ahora moriría de una manera horrible.
Cerró los ojos para esperar el inevitable fin, no quería ver.
—¡LINCOLN!— gritó Cedric, quien estaba en la misma situación que el peliblanco.
Cuando Lincoln abrió los ojos se dio cuenta de que ya no estaba en la cueva, no estaba atrapado en la telaraña y podía moverse con total libertad. No había ninguna luz, únicamente oscuridad, y eso lo empezaba a poner nervioso. ¿Estaba muerto? ¿Era esto el otro mundo?
—Nos volvemos a encontrar...
Lincoln se dio la vuelta y miró el rostro formado por las brasas de la sombra que lo perseguía. Sus ojos se abrieron completamente mientras empezaba a retroceder inconscientemente.
Las luces se encendieron tan repentinamente que el peliblanco tuvo que cubrirse los ojos. Una vez que su visión se ajustó al repentino cambio de iluminación se dio cuenta de que estaba en una especie de habitación blanca, no había nada más que él...
Y la sombra.
Miró a la sombra con total claridad. Era la viva imagen de él, tenía su misma ropa, e incluso estaba igual de desgastada. Esa cosa se veía más real, parecía que de verdad estaba hecha de carne y hueso. La única diferencia que había entre la sombra y él era que la sombra tenía un brillo rojo en sus ojos y el color de su cuerpo y su ropa se veía más apagado.
—¡¿Qué demonios eres?!
La sombra lo miró por unos momentos, su mirada no hacía más que incomodar a Lincoln. Luego de unos segundos empezó a sonreír.
—Esa pregunta ya la respondí, héroe.— dijo con la misma voz de Lincoln, esta vez sonando clara y sin modificaciones.
Lincoln trató de entender a qué se refería, analizando recuerdo tras recuerdo hasta que finalmente lo encontró.
La cueva.
—¿C-Cómo puedes ser yo?— preguntó el elegido, aún le costaba creer que esto estaba pasando. —¿Cómo puede algo como tú, algo tan vil y maligno ser yo?
La sombra no dejaba de sonreír, lo cual no dejaba de perturbar y enfadar a Lincoln.
—Sabrás las respuestas a esa y más preguntas a su debido tiempo. Debo decir que...nunca pensé que nos veríamos cara a cara. Al menos no tan pronto.
Lincoln no podía decir nada. No sabía a lo que se refería esa cosa. ¿No tan pronto?
—Pero parece que, para que nuestro encuentro tome lugar, primero debes sobrevivir...
Fue entonces que la realidad golpeó a Lincoln, recordó que estaba a punto de ser asesinado por una araña gigante; la preocupación que sentía al ver a la sombra fue rápidamente reemplazada por terror. No tenía idea de cómo iba a salir de esto y...
La sombra soltó una pequeña carcajada, cerrando sus ojos y bajando la mirada. —Supongo que tengo que salvarte. No te preocupes, solo tomará un momento.
Cuando la araña trató de dar el golpe de gracia, se vio interrumpida por una fuerza desconocida que no le permitió hundir sus colmillos en el héroe. Lo intentó una y otra y otra vez pero el resultado siempre era el mismo. Lincoln abrió los ojos, estos ya no eran los cálidos ojos azules del héroe, sino que ahora eran completamente negros . Una especie de onda de choque estalló a su alrededor, forzando a la araña a retroceder. Cedric miró todo desde donde estaba, sin saber qué había pasado.
Un fuego morado envolvió a Lincoln, la telaraña que lo mantenía prisionero empezó a humear hasta que eventualmente empezó a arder, liberando al peliblanco.
El rubio alcanzó a mirarlo mejor una vez que Lincoln se liberó, se veía diferente, no solo se veía más apagado, sino que había algo siniestro en él. Cedric entrecerró los ojos, y alcanzó a ver los negros ojos del elegido; definitivamente había algo mal, podía sentir una presencia maligna emanando de él.
Lincoln flotó hasta donde se encontraba la araña, quien solo podía retroceder con temor al sentir el ardiente fuego que envolvía a Lincoln. Incluso ella sabía que algo no estaba bien, podía sentir el poder que emanaba de su presa, sabía que ahora ella era quien estaba en peligro. El instinto de la araña se activó, levantó las patas delanteras para hacerse ver más grande, Mostró sus afilados colmillos, siseó amenazadoramente, pero nada de eso funcionó.
Lincoln levantó su brazo izquierdo, y de él salió algo parecido a una espada hecha del mismo fuego que lo cubría. Luego de eso la apuntó hacia la araña, quien seguía intentando verse amenazante. Con una sonrisa sádica nada común en Lincoln, el peliblanco dio una estocada directamente en la cabeza de la araña. La espada atravesó parte de su tórax también, saliendo por abajo y clavándose en la roca de la pared.
Cedric miró todo, sintiendo una mezcla de impresión y miedo. No era posible, ese no podía ser Lincoln.
La araña cayó al suelo pesadamente, causando que la cueva temblara con el golpe. Lincoln descendió hacia el suelo lentamente, mirando con una fría indiferencia los llameantes restos del monstruo. Sabía que no estaba solo, volteó su cabeza hasta que quedó mirando directamente a Cedric. El guerrero, a pesar de sentirse asustado, mantuvo una mirada seria durante todo el careo; rezaba por que Lincoln, o lo que fuera que lo había poseído, lo siguiera viendo como un aliado.
La espada que Lincoln había invocado había desaparecido, lo cual le dio un buen presentimiento a Cedric. Tal vez aún quedaba algo de Lincoln en esa cosa después de todo.
Lincoln cerró los ojos mientras bajaba la cabeza, una llama morada se formó en su mano, y el peliblanco la arrojó hacia Cedric.
El rubio sintió miedo al principio, cerró los ojos en espera de sentir su cuerpo envuelto en llamas. Sintió el golpe, pero no sentía dolor. Abrió los ojos, y miró cómo lo único que ardía era la telaraña que lo tenía atrapado. Una vez estaba libre se apresuró a levantarse; sus ojos no dejaban de ver a Lincoln, en espera de su siguiente movimiento.
Nada ocurrió durante algunos segundos, solamente había un silencio incómodo que nadie sabía cómo romper. Cedric miraba fijamente a Lincoln, mientras que Lincoln permanecía con el brazo extendido hacia él. De un momento a otro el peliblanco se desvaneció y cayó al suelo. Cuando Cedric fue a ayudarlo se dio cuenta que había recuperado su color habitual.
