Iori encendió el auto. Sin palabras llevó a Athena a donde vivía su abuela.
Antes de su llegada, Athena había pasado por su apartamento para buscar los regalos para la familia Yagami. Un juego de te para la abuela. El vino tinto de Francia es para los demás. En cuanto a los niños ha escrito sus nombres en las bolsas de sus regalos.
Athena había preparado regalos para los miembros de la familia en función de su estatus, sus pasatiempos y su gusto.
—Iori, ven aquí. - Llamándolo ella con el dedo, ella le hizo señas al pelirrojo para que se acercara.
Entrecerrando los ojos a Athena, el se acercó con una mano en el bolsillo.
—Lleva los regalos por mí - ordenó Athena.
—¿Yo? -el se señaló a sí mismo con asombro
—¿Entonces quién? Eres mi novio, se supone que debes llevar las cosas para mí -insistió ella. En el pasado, el chófer era el chico de los recados. Ahora, Athena estaba decidida a darle una lección a Iori.
—Llamaré a los sirvientes. - Iori se dio la vuelta para pedir ayuda.
Athena lo agarró de la muñeca.
—Cariño, esta será la primera vez que celebro Navidad con tu familia. Serán buenos conmigo sólo si estás atento a mí. ¿No quieres hacer algo por mí?
Su voz era coqueta y le dio ojos de cachorro al pelirrojo.
Al instante, Iori, indefenso, cedió. Sin palabras, tomó los regalos.
También había regalos en el maletero.
Por lo tanto, el pelirrojo tuvo que sostener las cajas de regalos con ambas manos. Pronto, la pila de cajas estaba sobre su cabeza.
Inclinando la cabeza, siguió a su novia psíquica a la casa con regalos.
La llegada de Athena emocionó a la abuela. Fue a saludar a la joven pareja.
—Abuela, feliz Navidad. Te traje un juego de té y un buen té. -Sonriendo, Athena saludó a la anciana quién sonrió de oreja a oreja.
—Hay tantos regalos. ¿Quién lleva los regalos? Dile que se mueva rápido. Me temo que tropezará.
La cara de Iori se escondió detrás de las cajas de regalo, por lo que la abuela no reconoció a su amado nieto.
—¡Abuela, ese es tu nieto! ¿No lo conoces?- Athena preguntó con una sonrisa.
La anciana se hizo a un lado. Solo entonces vio la cara de Iori.
—Es él. Sigue adelante. Vamos a la sala de estar. - la abuela, sonriendo, llevó a Athen a la casa.
Iori se quedó atrás para llevar los regalos. De pie en los escalones de mármol, temblaba de ira. Por impulso, quería tirar todos estos regalos al suelo.
¿Era un sirviente aquí? Finalmente, Iori logró calmarse.
Dejó los regalos sobre la mesa. Cuando la abuela conversó felizmente con Athena, Iori salió de la sala de estar.
Athena saludó a la familia y se emocionó a ver a sus padres también en la sala. Al parecer la abuela le tenía una sorpresa también a ella.
El pelirrojo estaba solo en el invernadero en el patio trasero, jugando con un loro en la jaula.
Mai vino con un vestido de encaje con un abrigo de piel blanco como la nieve afuera.
— Iori, ¿por qué estás aquí solo?- Mai trató de sostener el brazo del pelirrojo.
Iori le dirigió una mirada fría y dijo:
—¿Qué haces aquí?
—Solo vine por un momento, hay tantas cosas que debo decirte. - dijo Mai haciendo pucheros.
— Tengo novia, se molestara si te ve aquí - Iori apartó la mano de Mai.
—Iori ¿te peleaste con Athena? - Mai preguntó tentativamente.
—No. Estamos bien.
—¡Iori vamos! estuvimos juntos por años, así que te conozco bien. Aunque te veas frío todo el tiempo, tus cejas traicionan tus sentimientos cada vez. No fruncirías tus cejas cuando estés feliz. i Cálmate! No frunzas el ceño ahora, o tú tendrás arrugas.
Mai se puso de puntillas para suavizar el ceño fruncido de Iori con los dedos.
Por instinto, Iori dio un paso atrás y apartó su mano.
Mai casi se cae sobre la barandilla.
Ella podría morir de esta caida porque este era el segundo piso del invernadero.
Se acercaba noche buena, y su muerte podría estropear lates dichosa atmósfera. Por lo tanto, Iori tiró de Mai hacia atrás agarrándola del brazo.
Mai aprovechó la oportunidad, se arrojó a los brazos de Iori y sostuvo la cintura del pelirrojo con fuerza.
—Da miedo. Iori gracias a Dios que estás aquí.
—Vi a través de tu truco- dijo Iori con frialdad.
Sabía que Mai aun lo amaba a pesar de aberlo abandonado ahora queria recuperar lo perdido. Sin embargo, nunca podría volver a sentir nada por ella.
—Tsk, tsk. ¡Qué íntimo! ¿Debería construir una habitación para ustedes dos ahora?- Apoyada contra la puerta del invernadero, Athena miró a Iori y Mai con los brazos cruzados.
Ella vino a ver a Iori como la abuela lo sugirió.
Para su sorpresa, Mai estaba en los brazos del pelirrojo.
¡Qué mezquino era Iori! ¿Abrazó a Mai porque Robert hizo lo mismo? ¿Su venganza? Iori inmediatamente empujó a Mai para darle una explicación a Athena pero ella solo se dirigió a la castaña y le dio un golpe en la cara que hizo que Mai cayera al suelo.
— Mai, espero no volver a verte y aprendas tu lección esta vez. iTe reto a que vuelvas a arrojarte a los brazos de mi hombre! - Athena sonaba fría y su expresión era sombría.
Sin embargo, Mai parecía confundida. Pronto, Athena se fue.
Mai, que yacía en el suelo, sintió como su piel ardia.
—Iori, por favor no me dejes.
Después de una mirada fría a Mai, Iori persiguió a Athena. Mai, en un ataque de ira, se levantó del suelo. Sintiendo tanta impotencia, ahora que se dio cuenta de su error ya era tarde pero no todo terminara así.
—Maldita sea, Athena. iSolo espera!
Hasta la cena, Athena no habló con Iori.
Para celebrar la llegada de la noche buena, la cena fue espléndida.
La familia Yagami se reunió en una mesa. La abuela le dio un regalo a Athena. Entonces, los padres de Athena y los demás siguieron su ejemplo. Con un montón de regalos frente a ella, Athena sonrió de oreja a oreja.
Iori pensó que obtendría el perdón de Athena con un regalo y una proposición de matrimonio.
Por lo tanto, Iori se acercó a ella con una pequeña caja roja y tomó su mano.
Ella bajó la cabeza y vio el regalo de Iori, era un anillo de compromiso.
—Se mi esposa Athena Asamiya.
Todos suspiraron felices, no esperaban esta sorpresa pero sabían cuando se amaban la pareja. Athena quedó impresionada ante aquellas palabras.
— Si, acepto ser tu esposa Iori.
Ella inmediatamente sonrio y dejo que el pelirrojo colocara el anillo en el dedo anular.
Las comisuras de la boca de Iori se levantaron ligeramente y la abrazo. No iba a dejar que un malentendido arruinara sus planes.
Esta escena tomó a la abuela por sorpresa, por lo que rápidamente levantó su copa de vino hacia Iori para expresar su gratitud. Sabia que ella queria ver a sus nietos correr antes de partir.
—Un brindis por la feliz pareja.
Todos levantaron sus copas para celebrar que pronto ambas familias se unirían.
La cena había terminado.
La abuela invitó a su familia a disfrutar del espectáculo de fuegos artificiales, el hermanito menor de Athena incluso jugo con algunos destellos que había preparado, produjeron un espectáculo deslumbrante en el aire.
Cruzando los brazos, Athena se paró en los escalones de marmol y miró los fuegos artificiales en el aire.
Hace un año que se habia acostado con Iori por equivocación y ahora se había comprometido con el en matrimonio. Muy pronto sería su esposa, su mujer.
Un abrigo negro cubrió el hombro de Athena y luego el alto Iori se puso de pie junto a ella. La pareja miró hacia el cielo juntos.
Gracias al espectáculo de fuegos artificiales patrocinado por la familia Yagami, la ciudad era animada y ruidosa.
La noche buena estaba aquí. Iori de repente envolvió su brazo alrededor de la cintura de Athena, sintió que debía hacerlo en esta atmósfera romántica. Ella lo miró con sorpresa. Ella no esperaba que él la abrazara suave e íntimamente.
—¿Tienes un deseo? - Iori preguntó en una voz suave.
— Solo puedo desear que mi padre cuide bien del patrimonio de la familia. -murmuró ella levantando la cabeza, eso le preocupaba pero debía confiar en su buen juicio ahora.
— Tal vez pueda ayudarte con ellos- dijo Iori con firmeza.
—Solo hay una cosa que puedes hacer por mí. Quiero que dejes de ver a Mai Shiranui.- ella empujó a Iori, se dio la vuelta y regresó a la habitación para descansar.
La abuela veía la televisión, los padres de Iori le hicieron compañía y los padres de Athena se fueron a su hogar.
En el dormitorio, Athena no se dio cuenta de su necesidad de un teléfono nuevo, no podía ni recibir mensajes sobre bendiciones de sus amigos.
No importa.
Después de una ducha, Athena se fue a la cama temprano y se arropó. Pronto, se durmió.
De repente, ella sintió que su sabana se levantó y llegó un aroma masculino familiar. Sin la luz, Athena todavía sabía que era Iori.
Estaba tan familiarizada con este aroma. Inconsciente, Athena abrió los ojos, sostuvo a Iori por la cintura y se acurrucó en sus brazos como un gatito.
No importa cuán fuerte fuera, todavía era una niña.
Esta sensación de seguridad era necesaria para ella.
Iori levantó las manos y respondio a su abrazo.
Podía decir que Athena lo necesitaba.
¡Ding!
El reloj en la pared sonó a medianoche.
Golpeó doce veces.
La noche buena finalmente estaba aquí.
—¡Feliz Navidad, mi amor!- En los brazos de Iori, Athena dijo suavemente.
Iori respondió en voz baja:
—Feliz Navidad.
Su par de ojos brillaban en la oscuridad.
—¿Por qué sostuviste a Mai hoy? La odio. Le gustas. ¿No sabes eso? -Después de la bendición, Athena comenzó a ajustar las cuentas con el pelirrojo. No le haría una rabieta, pero tenía que darse cuenta de sus errores.
—¿Por qué abrazaste a Robert?
—No lo hice. Él lo hizo.
—No lo hice. Ella lo hizo. Casi se cae de las escaleras, así que le di una mano.- Iori explicó. No quería que Athena lo malinterpretara.
—Oh. Te preocupaste por ella. ¿No tenías miedo de caerte? - Athena se sentó y encendió la lámpara de la pared.
Acostado en la cama, Iori la miró en estado de shock.
—Ese es tu lugar -dijo ella, señalando el sofá.
— ¡Vamos! Tú abrazaste a Robert, y yo abracé a Mai. Por lo tanto, estamos parejos. ¿Por qué debería dormir en el sofá. ?
— Iori..
— No voy a permitir que sigas viendo a Robert, cuando tu eres mia. -Suelta determinado.
—Yo no soy suya, ini de nadie! el hecho que sea tu prometida no me hace ser de su propiedad, soy libre de hacer con mi vida lo que me de la gana.
—Perdóname por haber dicho esas cosas, no soporto la idea que otro hombre te ponga las manos encima -Expresa.
—Oh, ¿en serio? -Athena agarró a Iori por el cuello, lo empujó sobre la cama y se sentó a horcajadas sobre sus cintura. Luego, se inclinó y se acercó a los labios de Iori. Poco a poco. — Eres el único hombre que me ha tocado Iori Yagami, quiero que nuestro matrimonio sea lo más feliz posible. Sin malos entendidos, sin terceros.. solo nosotros. ¿Qué dices?
Iori se estabilizó, sostuvo a Athena por la cintura y la hizo rodar sobre el colchón quedando sobre ella. Apoyando su barbilla en su hombro, le susurró al oído "Y así será lo prometo " para luego dejar un reguero de besos sobre su cuello haciendo que ella se deje llevar por el deseo.
Iori sostuvo la cara de ella hubo y un beso.
Este beso fue suave y un poco dominante. Athena estaba salvaje de éxtasis. Su olor masculino era embriagador. Ella lo abrazo con sus brazos alrededor de su cuello y picoteó sus delgados labios llenos de olor a vino.
—Te amo. - dijo Athena en voz baja, su frente presionando contra la de Iori. —A pesar que seas un fetiche.
El sonrió sujetando a Athena en la cama y sostuvo su delgada cintura y dijo:
—Te castigaré.
Él acarició suavemente su cintura con los dedos, por lo que ella sintió picazón.
Athena suplicó piedad en la cama, y su risa fue como la campana de plata.
Fuera de la habitación, la abuela de Iori, presionando su oreja contra la puerta, escuchó la risa desde adentro.
Sonriendo complacida se alejo de la puerta con un pensamiento.
"Muy pronto tendré a mis nietos"
El pelirrojo había estado cachondo durante mucho tiempo, se quito la ropa y se inclino para besarla.
La temperatura en la habitación se volvió ardiente, y los fuegos artificiales fuera de la ventana eran deslumbrantes.
Estaba oscuro en la habitación y la tenue lámpara de pared en la habitación estaba encendida.
Contra la luz, dos sombras se superpusieron y se enredaron en la pared blanca.
Athena se quedó sin aliento despues que el pelirrojo terminara dentro de ella. El hombre sobre ella de repente se calmó. Se inclinó hacia Athena, descansó su cabeza en su cuello, y olfateó desesperadamente su aroma único.
Athena nunca creyó que tener sexo era algo no solo especial sino de lo más placentero, jamás se cansaría de hacer el amor con el pelirrojo.
—Eso fue increíble.
— Haré realidad todas tus fantasías. - Promete y ella tiembla entre sus brazos, el con su otra mano me toca los puntos sensible de la parte delantera de los senos de su prometida despertando el deseo, el sabe como tocar una mujer, ha tenido mucha experiencia antes de ella.
El enredo duró desde la medianoche hasta el amanecer. Antes de dormir, ella susurró al oído de Iori coquetamente:
—Querido, feliz Navidad.
FIN
