Capítulo 3: Cosas pequeñas y simples.

Mi cuerpo se mueve por los ductos de ventilación. El doctor es inteligente, lo sé, pero no importa como esté diseñado un sistema de ventilación, tarde o temprano tiene que conectar al exterior. Fue una fortuna haber obtenido este quirk de aquel experimento que atacó a la heroína conejo. Esa cosa sabía horrible, como siempre.

Gracias a mi nuevo quirk, mi cuerpo puede cambiar de un estado sólido a líquido y de regreso libremente. Con este poder, moverme por la ventilación es relativamente fácil, lo malo es que, mientras mi cabeza es líquida, no puedo ver hacia donde me dirijo, por lo que tengo que mantener mis ojos intactos. Tardo un par de intentos en mantenerlos quietos, pero finalmente lo consigo.

Continúo moviéndome por el laberinto de metal que son los ductos. En mi forma líquida tampoco tengo sentido del tacto, por lo que no puedo sentir corrientes de aire y seguirlas, esto me limita a vagar por los ductos, siguiendo la poca luz que se filtra por el interior, y observando los alrededores cada que paso junto a una rejilla, intentando ver si estoy más cerca de la superficie.

Mientras continúo avanzando, no puedo evitar pensar en el doctor.

Los héroes no me dejaron matarlo. Entiendo eso. Su trabajo es atrapar villanos y entregarlos a las autoridades, así que dejar morir a uno iría en contra de su propósito. De cualquier forma, ya lo marqué, así que aun si intentan esconderlo, sabré donde está. Los héroes también me ayudaron a ver que solo matarlo no es suficiente.

Quiero que sufra, igual que cuando maté al chico de cabello blanco.

Quiero que el hombre sin rostro también sufra.

El rostro destrozado y lleno de lágrimas del doctor fue una hermosa vista.

Me pregunto si el hombre sin rostro será capaz de llorar.

Algo me saca de mis pensamientos. Es una luz. Es distinta a las otras que pude ver. No es una luz artificial, si no que viene desde el final de un pasillo. La rendija más cercana al origen de la luz está a varios metros, por lo que solo puedo ver la silueta de lo que supongo es una puerta.

Es la salida.

Por fin.

Salgo del ducto, deslizándome entre la rendija, y solidifico mi cuerpo. Apenas recupero la vista, veo el marco de una puerta abierta, por el cual entra luz amarilla cálida. Lo poco que puedo ver del exterior sin acercarme más es un muro blanco y un piso limpio.

Me acerco al umbral, y comienzo a escuchar ruido. Son sonidos de pelea; gritos y golpes. Supongo que los experimentos del doctor siguen peleando con algunos héroes. No me importan. Quiero salir.

Atravieso la puerta y siento el cambio en la temperatura. El laboratorio era frío, pero aquí está tibio. Giro la cabeza y observo a mi alrededor. Como pensé, aún hay héroes peleando, pero puedo ver que prácticamente tienen todo bajo control. Puedo ver algo más allá de los héroes. Es un portón abierto, por el cual entra más luz. Puedo ver un azul pálido y algo de verde del otro lado del portón.

Es la salida.

Por fin.

Puedo oír los sonidos viniendo de afuera. Gritos, no de dolor o miedo, sino de urgencia. Parece que los héroes están organizándose, evacuando a los civiles y preparando su siguiente movimiento.

Comienzo a caminar. Quiero salir.

Mientras me acerco a la salida, puedo oír más gritos. Los héroes han notado mi presencia. Supongo que soy el último de los experimentos que queda. Me parece escuchar que deben detenerme, pero no me importa. Quiero salir.

Varios héroes se lanzan en mi contra, pero no tengo tiempo para ellos. Licúo mi cuerpo, evitando el daño que cualquiera de sus golpes pueda causarme, mientras sigo avanzando. Solo un poco más.

Estoy frente a la puerta. Puedo sentir la leve briza entrando. Puedo sentir el calor en mi piel. Por fin.

Una fuerte ráfaga de viento me golpea, y me hace volar varios metros hacia atrás. Cuando regreso la mirada puedo ver a un héroe entrando por la puerta, parece que escuchó el alboroto y entró para ayudar. Los demás héroes continúan atacándome, pero ahora son más rápidos y coordinados.

Otro fuerte golpe me derriba contra un muro. Me descuidé solo un momento y pudieron conectarlo en mi pecho. Se están acostumbrando a mi quirk.

Levanto la mirada. Me están rodeando. Quieren acabar conmigo. No los culpo, para ellos no soy diferente a los otros experimentos.

Podría matarlos. No sería complicado. Si logro tomar ese quirk de viento sería incluso más fácil. Ninguno parece poder seguir mi velocidad, y con la distorsión espacial puedo ocuparme de los que atacan a distancia.

Pero no lo haré. Soy un monstruo, pero solo para aquellos que se lo merecen.

Me levanto y veo como los héroes suben la guardia, parecen sorprendidos de que no tenga heridas.

Doy un gran salto a través de la habitación. Solo tengo que evitarlos.

Un muro de burbujas se alza frente a mí y me golpea, deteniendo mi avance. Las burbujas me rodean, flotando en el aire. Se siente como regresar al tubo.

Tengo que recuperarme.

Activo otra de mis habilidades, y mi cuerpo se envuelve en llamas, evaporando las burbujas en un instante. Sin las burbujas, caigo en el medio de la habitación.

Al caer noto algo, el suelo se siente distinto. Está cambiando. Debe ser otro héroe.

Otro muro aparece frente a mí, pero esta vez no es de burbujas, si no de tierra, elevándose desde el suelo. Viene hacia mí. Quieren hundirme bajo él.

Tengo que ponerme serio.

Aún estoy en llamas, y eso interfiere con mi quirk de licuefacción, por lo que primero me apago. La ola de tierra está más cerca.

Creo una distorsión espacial justo en medio del ataque de los héroes, y obligo a esa porción de tierra a mantenerse estática, mientras que el resto sigue avanzando. Un agujero se forma en la ola, pero solo durará un momento.

Es todo lo que necesito.

Licúo mi cuerpo entero, y paso por el agujero antes de que se cierre. Recupero mi forma, y noto a una heroína justo frente a mí. Tiene ambos brazos en el suelo, y me ve sorprendida y confundida. Supongo que el ataque de tierra fue suyo. Es curioso que su traje parezca un gato. Me pregunto si podrá usar su quirk sin tocar el suelo.

Tomo a la heroína de la cabeza antes de que pueda hacer algo, y la levanto. Me golpea. Sus golpes y patadas son fuertes, pero en realidad no puede herirme. No hay más ataques de tierra. Supongo que mi teoría era correcta.

—¡Pixie Bob!

Escucho un grito. Viene de otro héroe. Su traje es parecido al de la heroína. Puede que sean compañeros.

Arrojo a la mujer contra el héroe, y él reacciona atrapándola. La arrojé con bastante fuerza, por lo que ambos salen volando algunos metros. Espero que eso baste para librarme de esos dos.

Frente a mi hay un grupo de héroes. Todos me observan cuidadosos. Supongo que intentar cruzar la puerta principal fue una mala idea. Todos estos héroes están en guardia para detener cualquier experimento que aparezca, así que esperar pasar sin resistencia fue…tonto.

Solo quiero salir de aquí.

Escucho a más héroes acercarse desde afuera, y los que están adentro están moviéndose. Están aprovechando que estoy quieto para reagruparse y prepararse.

Solo quiero salir de aquí.

La puerta no es la única salida.

Si me quedo más tiempo aquí, me veré forzado a usar la fuerza contra ellos. No se detendrán a menos que no puedan moverse. Por esos son héroes.

Flexiono mis piernas. Activo el silencio. Uso toda mi fuerza y doy un salto hacia arriba, atravesando el hospital como una bala.

El silencio siempre los confunde. Ver algo estallar sin que haga ruido es desconcertante.

Destruyo concreto y metal a mi paso. Solo me toma un segundo atravesar el hospital y salir al exterior.

El exterior.

Al salir aún tengo bastante impulso, por lo que no puedo evitar seguir elevándome, y termino en el aire, varios metros sobre el techo del hospital, y puedo ver todo lo que lo rodea.

Al frente puedo ver una ciudad pequeña. El hospital está en las afueras, apartado, sobre una colina, lo que le da una vista completa de los demás edificios. Detrás comienza un bosque; un mar verde que se extiende hasta donde alcanza mi vista.

Mis ojos se llenan de luz, y los rayos del sol cubren mi piel, llenando mi cuerpo de una calidez que no había sentido hace años. El sol está en lo alto. Debe ser medio día.

Por fin.

Estoy afuera.

Soy libre.

Puedo sentir el viento en mi cabello. Puedo ver el sol, el azul del cielo, el verde de los árboles que bailan con la briza.

Es…hermoso.

Casi había olvidado esa palabra.

Había olvidado lo hermoso que era el mundo.

Me siento ligero. Me parece que podría solo salir volando…hacia el horizonte.

Pero no tengo esa clase de poder. La gravedad regresa a mi cuerpo, y comienzo a caer. Apenas toco el techo del hospital, comienzo a correr hacia el bosque. Dudo que los héroes puedan seguirme el paso, y seguirán despistados por el silencio.

Salto desde el techo y aterrizo en el césped. Me camuflo con el color del bosque y sigo avanzando. Puedo oír los gritos distantes de los héroes apagarse poco a poco mientras me alejo. No me están siguiendo.

Estoy corriendo.

Nadie me persigue, pero no parece que pueda dejar de correr.

Corro porque puedo hacerlo.

Nada me detiene ahora.

Nada me volverá a detener.

No sé cuánto corrí, ni por cuánto tiempo. El sol sigue en el cielo, así que no pudo ser mucho.

Me detengo, un poco exhausto.

El bosque está en silencio por mi repentina llegada, pero solo un minuto después puedo escuchar a las aves retomando su canto. Siento la tierra en mis pies, y escucho el sonido de las hojas.

Me acuesto en el suelo, dejando que el sol me dé directamente. Quiero sentir su calor. Cierro los ojos y relajo mi cuerpo. Quiero saborear este momento.

¿Cuándo fue la última vez que dormí por mi propia voluntad?

Despierto al sentir un viento frio rozar mi rostro.

El cielo ahora es de un naranja oscuro, pronto anochecerá.

Me pongo de pie. Me siento ligero, como si fuera la primera vez que duermo en mucho tiempo. Puedo ver a la distancia varias luces pequeñas. Me alejé más de lo que pensé. Son las luces de aquella ciudad.

¿Debería acercarme?

Sé que estarán aterrados, pero no puedo evitar querer ir…aun si ya no soy un humano convencional…aun si me ven como un monstruo.

Puede que los héroes se hallan calmado y no me ataquen de inmediato. Tal vez sea el mejor momento para acercarme…

Tarde o temprano tengo que volver…a buscarlos…a buscarme.

A mi mente regresan recuerdos confusos. Soy incapaz de ver más que momentos incompletos y borrosos de quien alguna vez fui.

Puedo ver una sonrisa, un bosque y un rio, un hombre y una mujer.

Puedo oír risas, llanto, burlas, y una canción.

Me pregunto cómo era mi familia. Recuerdo que tenía una, pero no puedo recordar cómo eran. Sé que tenía amigos, pero tampoco puedo recordarlos.

¿Seguirán por ahí…buscándome? ¿Cuánto tiempo me habrán buscado? ¿Me habrán llorado? ...creo…creo que yo lloré por ellos...cuando aún podía hacerlo.

Doy un paso al frente, y luego otro. Comienzo a acercarme a aquellas luces. Alcanzo la ciudad en poco tiempo.

Comienzo a caminar por las calles. Necesito encontrar un héroe. Ellos están donde hay más gente, así que me dirijo hacia donde hay más ruido.

No tardo en encontrarme con personas.

Al girar en una esquina, me topo de frente con dos hombres jóvenes. Me notan prácticamente de inmediato. Puedo ver el color abandonar sus rostros, sus expresiones se vuelven de terror, y salen corriendo y gritando.

Nomu.

Así es como me llamaron. Escuché a los héroes llamar así a los otros experimentos. Supongo que así nos nombró el doctor.

Sigo caminando. Si causo un alboroto atraeré a un héroe.

Llego a una calle concurrida, e inmediatamente comienza el caos. Gritos por todos lados. Los civiles saben lo que soy. Me llaman nomu y no monstruo. ¿Cuántos ataques con criaturas como yo se llevaron a cabo?

Sigo caminando, y llego a una calle especialmente animada. Hay luces brillantes, anuncios, e incluso algunas mesas y sillas a pie de calle. Es un distrito comercial. Con razón aquí había más ruido.

Sigo caminando, y la calle lentamente se va vaciando. Gente corriendo y gritando, avisando a todo el que esté escuchando. Varios negocios cierran apresuradamente su cortina de metal, encerrándose junto a algunos clientes. Esto está bien.

Me detengo. Desde que llegué a esta calle pude oler mucha comida apetecible, pero este aroma simplemente es…maravilloso, tanto que me detiene en seco. Se que no debería, pero ¿hace cuanto que no como comida de verdad? ¿Cuánto tiempo me mantuvieron vivo a base de sueros y suplementos? Comienzo a salivar.

Giro la cabeza, encontrando el origen de ese aroma. Es un edificio simple, clásico. Tiene una puerta corrediza sencilla. Me acerco. Hay anuncios, y un gran cartel que supongo que es el nombre del local.

Me acabo de dar cuenta de algo. Las letras, los símbolos…no puedo leerlos. Sé que significan un lenguaje, y sé que debería poder leerlos…pero no puedo. Mi mente está más rota de lo que pensaba.

Alcanzo la puerta y la abro sin problema. Es muy pequeña para mí, por lo que debo encorvarme mucho para entrar. Mi cuerpo es incómodamente grande para la entrada. Me retuerzo intentando entrar. Es complicado, pero lo logro. El restaurante no es muy amplio, tiene unas cuantas mesas, y una barra. La cocina es visible para los clientes, supongo que parte del atractivo es ver al cocinero preparar tu comida. Al entrar, noto que el techo también es pequeño para mí, por lo que me mantengo en cuclillas al moverme. Empujo un par de sillas y mesas en el proceso, pero logro llegar a la barra. Al estar frente a la barra, me siento en el suelo, aun siendo tan alto como una persona normal en esta posición.

El cocinero no está por ninguna parte, pero puedo escuchar una respiración entre cortada detrás de la barra. Se escondió. No lo culpo.

Me intento poner de pie, solo para estirarme sobre la barra, estirando la mano detrás de la cocina, alcanzando una figura que hasta ese momento solo había podido escuchar. Lo tomo con algo de fuerza, y lo levanto sin problemas…o debería decir "la levanto sin problemas".

Del otro lado de la barra, escondida, había una mujer joven, no puede tener más de 30 años. Está encogida en posición fetal, tapándose la cara con las manos, temblando y llorando. Puedo escucharla decir algo, pero no puedo realmente entender qué dice. Su ropa está sucia, pero no demasiado. Su cabello es negro y largo, amarrado en una cola de caballo. La tengo sujeta por la cintura. Al seguir en posición fetal parece una pelota de tamaño humano.

—Quiero comer—digo con esfuerzo.

Aun si mi lengua y labios aún se mueven cómodamente, y mis dientes no se interponen demasiado al pronunciar, mi garganta ya no puede vocalizar como lo hacía. Me cuesta hablar, por lo que no puedo decir más de unas tres palabras cortas antes de tener que hacer una pausa.

—¡P-por favor, no me comas! —grita la mujer.

Genial. Piensa que quiero comérmela a ella.

—Quiero comer comida— digo, esperando que se arregle el malentendido.

—¡Yo no soy comida! —grita en respuesta— ¡Bueno, supongo que puedo ser comida, pero por favor no me comas!

Está demasiado asustada. Será difícil hablarle.

—¡Sé que no he sido la mejor persona, y puede que no haya hecho las mejores decisiones en mi vida, pero no por eso me merezco que me coman! ¡Si me iban a comer, al menos me hubieran tratado como a una vaca Kobe! ¡Idiota, el punto es que no te coman! ¡Waaaaaa! ¡Me van a comer!

Y ahora está balbuceando sin control, ¿cómo puedo convencerla de que no soy una amenaza para ella? Solo quiero que me trate como un cliente…cliente.

Suelto un gruñido grave, con el único propósito de hacer que se calle para que pueda oírme. Surte efecto. Luego de mi gruñido, la mujer soltó un pequeño chillido y quedó en silencio. Perfecto.

—Yo soy…un cliente—digo, tan claramente como puedo.

Pasa un momento en silencio, ¿no me entendió?

—¿C-cliente? —pregunta, con una voz temblorosa.

—Sí.

—¿T-tú?

—Sí.

La mujer aparta sus manos de su rostro y voltea a verme. Sus ojos son grandes y de un color café brillante, similar al caramelo. Tiene pecas en el rostro, y una pequeña cicatriz en su nariz. Parece confundida.

—¿Tú quieres comer…aquí?

—Sí.

La mujer, aunque aún se ve confundida, parece más relajada, así que la dejó lentamente en el suelo, y vuelvo a sentarme. Ella me ve durante un largo momento, antes de asentir.

—¡Ok! Emm…y… ¿qué quieres comer?

—Comida.

—Obvio, pero ¿qué platillo?

No entiendo a qué se refiere.

—El que…huele…bien.

La mujer ahora parece más confundida.

—Entiendo… ¿puedes leer el menú? —me pregunta, apuntando a una pared.

Volteo la cabeza, encontrando un cartel en el muro; tiene escritas varias cosas, pero no puedo entenderlas.

—No.

—Bueno, verás, aunque esto parece un restaurante de ramen, servimos comida japonesa en general. Tenemos 4 tipos de ramen, varios tipos de sushi, soba preparado o solo, okonomiyaki, katsudon…

Katsudon.

Esa palabra me golpea el cerebro. De alguna forma, despierta recuerdos borrosos.

Puedo ver un tazón humeante, y puedo recordar lo emocionado que estaba de comerlo. Estoy sentado en una mesa, no es muy grande, y frente a mi hay una persona, creo que es una mujer.

—…ese—respondo luego de salir de mis recuerdos.

—¿Tempura?, te aviso que ya se nos acabó el langostino, así que será de camarón o pescado.

Parece que siguió hablando luego de que dejara de prestarle atención.

—No…katsu…don.

—¿Katsudon? ¿Quieres katsudon?

—Sí.

—¡Bien! ¡Enseguida sale!

La mujer comenzó a preparar mi comida. Ahora se veía mucho más relajada, como si fuera un cliente más. No sé si solo es una persona peculiar, o en realidad no me veo tan monstruoso como pensaba.

Vi a la mujer moverse con habilidad por su pequeña cocina, picando ingredientes, friendo, cortando, preparando. Procede a entregarme un tazón de arroz con una chuleta empanizada y un omelette. El aroma es excelente, y me hace salivar.

—¡Aquí tienes! ¡Disfrútalo! ¡Oh! Emm…perdona…creo que es un poco…pequeño para ti.

Ignoro su comentario, y tomo el tazón entre mis dedos…sí es pequeño, casi parece una burla, pero no me importa. Lanzo el tazón a mi boca y comienzo a masticar. Puedo saborear el platillo. Es…no sé cómo describirlo.

Mis recuerdos regresan de golpe.

Estoy sentado en aquella mesa, y tengo un tazón de katsudon frente a mí. Está humeando. Recuerdo que era un tazón más pequeño que el que acabo de comer, pero también yo era mucho más pequeño. Recuerdo mi boca salivando, y mis ansias por comenzar a comer. Escucho una risa amable, viene de aquella mujer. Ella está sentada del otro lado de la mesa, con un tazón un poco más grande para ella.

—Bien hijo, ¿cómo se dice?

—¡Gracias por la comida (Itadakimasu)!

Los dos comenzamos a comer. Mis manos son torpes para manejar esos utensilios…palillos, pero logro llevarme la comida a la boca y…es deliciosa. Mi favorita…sí, es mi favorita. El katsudon es mi comida favorita, y mi madre solía prepararla para mí.

Mi madre. Recuerdo el sabor de su comida, el calor de sus abrazos, el sonido de su voz…y su rostro.

Levanto la vista de mi platillo, y puedo verla. Tiene un rostro amable y grandes ojos verde oscuro. Su cabello también es verde…como el mío. Tiene una enorme sonrisa en el rostro, y no ha comido, solo está viéndome, como si yo fuera lo más interesante en el mundo, al menos para ella. Le respondo con mi propia sonrisa.

—Jajaja, tienes arroz por toda la cara, déjame limpiarte.

Ella se estira con una servilleta en la mano, y la pasa por mi rostro. Me hace cosquillas, y no puedo evitar reírme por ello.

—¡Gracias!

—De nada, hijo.

Puedo sentir una sensación cálida dentro de mi pecho. No sé qué sea, pero se siente bien. Junto a ella puedo tranquilizarme. Sé que estaré seguro estando con ella.

Abro los ojos.

Todo se ha ido.

En realidad, nunca estuvo ahí.

Era un recuerdo…uno hermoso.

Mi pecho se contrae y mi garganta se cierra.

Si aun fuera capaz de hacerlo, lloraría.

Frente a mi está la cocinera. Su rostro se ve nuevamente preocupado.

—Más…por favor— le pido.

Uno debe ser cortés cuando pides algo. Recuerdo que mi madre me enseñó eso.

—Claro…pero… ¿puedes no comerte el tazón esta vez?

Cierto, no se supone que me coma el tazón. Asiento con la cabeza, y ella parece más relajada.

Me sirve otro tazón, esta vez es uno más grande, aunque sigue pareciendo pequeño a comparación mío. Lo tomo y vierto el contenido en mi boca. Delicioso.

El sabor me regresa a aquella mesa. Es el mismo recuerdo, pero un poco más nítido.

Estiro la mano y pido otro tazón, y luego otro. Tras unos cuantos, la cocinera ya tiene listo el siguiente tazón cuando se lo pido.

En cierto momento escucho la puerta abrirse a mis espaldas, acompañado de un pequeño estruendo y gritos, seguido por preguntas confundidas. Supongo que los héroes llegaron, pero ellos pueden esperar a que termine de comer. La cocinera también los ignora y sigue sirviéndome comida, no sé si es por su propia voluntad o por miedo a que haga algo si se detiene, cualquiera me sirve.

Escucho que preguntan cosas para mí y para ella, y aunque ella les contesta, yo estoy comiendo; es de mala educación hablar con la boca llena.

Estiro la mano para tomar mi…perdí la cuenta de cuantos tazones llevo…pero no hay otro. Giro para ver qué ocurre, y me encuentro con el rostro de la mujer. Se ve un poco preocupada, pero no tanto como antes.

—Lo siento—dice—, pero se me acabó la chuleta.

Escucho a los héroes detrás de mi prepararse, esperando una reacción violenta, pero lo único que siento es desilusión. En serio quería seguir comiendo.

—Pero—dice la mujer—, aún tengo otros ingredientes, si te interesa probar algo más.

No sé si mi rostro mostró mis emociones a la mujer, o si solo lo dijo por cortesía, pero está siendo muy amable conmigo. Le estoy muy agradecido.

Asiento, aceptando la oferta de la mujer. Ella parece feliz por esto.

—¿Qué te parece algo de ramen?

Ella me pregunta, pero realmente no espera a que le responda para comenzar a prepararlo. Después de un poco, me sirve un tazón de caldo con fideos y otros ingredientes. El sabor es muy diferente al del Katsudon, pero sigue siendo increíble.

Cuando termino con el ramen, ya me están esperando unas brochetas, y luego algo de sushi, y después algo que dijo que se llamaba okonomiyaki. Sigue sirviéndome platillos, y yo sigo comiendo. Todo está delicioso, y ella parece divertirse. Me parece que se tomó como reto cocinar más rápido de lo que como, y yo le sigo el juego.

Estoy lleno.

Han pasado casi dos horas desde que llegaron los héroes, y aunque intentaron detenerme a mí y a la cocinera un par de veces, simplemente los ignoramos. Ella incluso les ofreció algo de comer mientras esperaban; al principio se negaron, pero con el paso de los minutos terminaron aceptando. Ahora hay tres héroes y unos diez agentes de policía dentro del local, sentados en una de las mesas, observándome, pero ninguno de ellos está realmente preocupado por la situación. Los demás héroes y policías están afuera, intentando hacer que la multitud no me vea.

En algún momento, mientras comía, algunas personas se acercaron al restaurante para ver qué pasaba, y parece que ver a un nomu comiendo pacíficamente les pareció lo bastante interesante como para llamar a más gente. Ahora incluso hay un periodista intentando entrar.

Levanto la cabeza de mi último plato para ver a la cocinera. Ella está sudada, y respira con algo de dificultad, pero parece lista para seguir cocinando.

—Bien grandote, ¿quieres más?

—No—le respondo.

—¿Ya estás lleno?

—Sí.

Mi respuesta provoca una sonrisa de satisfacción en la mujer. Está feliz, casi saltando.

—¡Excelente! ¡¿Y?! ¡¿Qué te pareció?!

¿Qué me pareció? ¿Cómo puedo describirlo? Es la primera comida que tengo en mucho tiempo, y fue excelente. Me ayudó a recordar un poco de la persona que alguna vez fui. Jamás podré pagarle por haberme tratado tan bien a mí, un monstruo.

—Delicioso.

Eso es todo lo que puedo hacer salir de mi boca, y parece encantarle la respuesta.

—¡¿Escucharon eso?! ¡Mi comida es deliciosa! —dice, con el pecho inflado en orgullo.

—Sí que lo es—responde uno de los policías. El hombre se levanta y se dirige a mi—Bien, ahora que ya comiste ¿nos acompañarías a la estación?

El hombre no está vestido como un héroe, pero tampoco como el resto de los oficiales. Supongo que es un detective.

Asiento ante su pregunta, y todos los policías y héroes responden levantándose, listos para escoltarme.

Pero aún no puedo irme.

Hago un gesto con la mano, indicándoles que esperen.

—Tengo que…pagar.

La mujer se ve sorprendida. Me quedo quieto un momento, observándola, buscando las palabras correctas para evitar otra confusión.

—¿Qué quieres…a…cambio?

Ahora se ve confundida, y busca con la mirada al detective.

—No te preocupes—me dice el detective—, yo me ocuparé que se le compense por todo lo que te sirvió.

No le pregunté a él. Me quedo viendo a la mujer, esperando su respuesta.

—L-lo que él dijo.

Ella está de acuerdo con él, eso está bien.

—Bien—digo.

Lentamente comienzo a girar y a dirigirme a la puerta. Puedo ver la postura de los héroes y los oficiales; siguen tensos. Supongo que mi comportamiento no puede compensar mi apariencia.

Estoy cruzando la puerta, y escucho una pequeña risa, y la voz de la mujer llamándome.

—¡Oye! ¡Regresa cuando quieras! ¡Asegúrate de traer dinero la próxima vez!

Escucho a los héroes y los oficiales reprenderla, diciéndole que no debería decir eso. No entiendo por qué me dice eso, pero me hace sentir bien…tampoco entiendo por qué.

—Bien.

Es todo lo que digo antes de salir por completo del lugar.

Me levanto por completo y me estiro. Estuve encogido demasiado tiempo, y estirarse se siente bien.

—¡Tranquilo!

—¡¿Qué es eso?!

—¡Por favor, aléjense!

Varios gritos me golpean apenas salgo. Volteo hacia abajo y veo a varias personas observándome. Cierto. Había gente reunida afuera. Puedo ver a varios héroes y oficiales tratando de tranquilizar a la multitud, y a otros en guardia, listos para atacarme. Parece que mis súbitos movimientos alarmaron a todos.

Lentamente bajo los brazos y giro a ver al detective.

—Ok, todos tranquilos. Grandote, te vamos a poner esto—dice, señalando unos grilletes grandes que sostenía otro oficial—, ¿estás bien con eso?

Asiento con la cabeza y extiendo los brazos. Los hombres me ponen los grilletes y me escoltan hacia un camión. Las esposas se sienten livianas, y algo frágiles.

Volteó al cielo mientras me guían. Está oscuro. Pasé más tiempo adentro del que creí. Ahora puedo ver las estrellas. Me gustan. Siempre me gustaron…eso creo.

Llegamos al camión y me hacen entrar. Solo mi peso hace al vehículo tambalearse, así que solo el detective y dos policías entran conmigo.

—Muy bien grandote, ahora que ya establecimos que nos entiendes, ¿tienes un nombre o algo? ¿Cómo te llamamos?

Nombre.

Mi nombre.

Yo…tenía un nombre, lo sé, pero…

—No lo…recuerdo.

El detective me ve durante un momento.

—Bueno, yo soy el detective Tsukauchi, mucho gusto.

Escucho como encienden la camioneta, y siento que comenzamos a movernos.

No recuerdo mi nombre, eso ya lo sabía, pero pensé que entre los recuerdos que recuperé vendría algo como mi nombre. Se supone que un nombre es algo básico. No se supone que olvides tu nombre…

Al menos recuerdo el rostro de mi madre. Necesito encontrarla, pero ¿cómo la busco? No puedo ir por ahí inspeccionando a todas las mujeres con cabello verde… ¿o sí?

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Me recordará? ¿Me reconocerá? ¿Podré reconocerla?

¿Y si cuando me ve se espanta?

Aun si la encuentro, no creo que me reconozca, y aun si logro hacerle saber que es mi madre…no creo que lo acepte.

No quiero verla asustada, no quiero verla llorando…pero lo que menos quiero es-

¿Qué?

Se mueve.

¿Por qué se mueve?

No puedo dejar que se mueva.

Él sabe cómo esconderse incluso de mí. Me sorprendió que pudiera saber su ubicación desde el principio.

—Se mueve.

Lo digo sin pensarlo.

—¿Se mueve? ¿Quién se-?

No lo dejo terminar. De un movimiento rompo los grilletes, y antes de que los oficiales puedan reaccionar, atravieso el techo del vehículo de un salto.

No puedo dejar que se me escape.

Alcanzo el techo de un edificio cercano, y desde ahí puedo verlo claramente. La ruta más rápida hacia él. Hacia el hombre sin rostro.

Tengo que moverme, rápido.

Salto desde el edificio con toda mi fuerza.

Rápido.

Comienzo a correr apenas toco el suelo.

Rápido.

Es de noche. No me topo con muchos obstáculos.

Rápido.

Escucho las sirenas y los gritos. Los héroes me persiguen. Bien, será mejor que vengan conmigo.

Rápido.

Tenemos que detenerlo.

Rápido.

Aun sin el doctor, podría lastimar a alguien más. Hacerle lo mismo que me hicieron a mí.

Rápido.

Rápido.

Rápido.


Espero que este capítulo se entienda bien, y para los que tengan dudas sobre las habilidades del cazador, después se explicarán todos sus quirks. Tengo ganas de hacer a la cocinera un personaje recurrente, pero no sé como implementarlo…ya se me ocurrirá algo.

Ion fuera.