Capítulo 6 "El regreso de Naraku"
El sonido de la noche se hacía presente en medio del palacio, el canto de los grillos inundaba cada espacio de la aldea, el ambiente era tranquilo para todos, excepto para Kagome, que se revolvía un poco incomoda en su cama. Habían pasado varios días desde aquella promesa que le hizo Sesshomaru, tenía muchos sentimientos encontrados, sabía que se había enamorado, la necesidad por verle y estar junto a él la hacía darse cuenta. Sin embargo, junto a los sentimientos de amor que florecían en su corazón, crecían también cual maleza, la angustia, el miedo y la inseguridad, ella sabía cuáles eran los sentimientos que poseía por el señor Sesshomaru, pero no estaba segura de lo que él sentía por ella. La sacerdotisa tenía miedo de llegar a amarlo y terminar igual o peor que cuando fue abandonada por Naraku.
"Naraku" -pensó en él.
El asunto de ese demonio pelinegro volvía a inundar su mente, sin quererlo, sin pedirlo, sin poder evitarlo. Hace cuatro años que no sabía nada de él, hasta hace unas semanas atrás que percibió su presencia y luego de unos días, recibió aquel regalo.
Con delicadeza, la pelinegra salió de su cama, sus pies descalzos sintieron el frio mármol de aquel palacio, se colocó una bata para cubrir su cuerpo y al girar, vio en la pared de su habitación aquel cuadro que Naraku había pintado para ella cuando apenas iniciaban su noviazgo. Kagome había quemado todas las cartas de amor que su ex prometido le escribió antes, había regalado las joyas, las telas y kimonos que él le había obsequiado, pero ese cuadro, simplemente nunca pudo deshacerse de él. Sentía que ese era el obsequio más importante y puro que había recibido de su parte y a pesar de todo, nunca tuvo el valor de mandar a botarlo.
La sacerdotisa alzo sus manos para tomar el cuadro, pasó sus dedos encima del lienzo y recorrió cada línea dibujada, una lágrima rodó por sus mejillas, el recuerdo del amor que sintió por él, el dolor de la traición, el dolor del abandono y las noches enteras que lloró y lo odió por su ausencia la azotaron duramente. Aquel asunto que, según ella, ya había sido enterrado, volvía a dolerle como si fuese el primer día. Se desplomó en el piso y empezó a llorar silenciosamente mientras abrazaba el cuadro contra su pecho.
El sonido de la pluma rasgando el papel del pergamino en el que escribía, fue interrumpido por el silencioso sollozo de Kagome. Sesshomaru se levantó de su escritorio de inmediato al oler y escuchar las lágrimas que caían por el rostro de la mujer que estaba en la habitación de al lado. Se mantuvo sereno para tratar de apaciguar el creciente deseo de ir y estar con ella, pero el sonido de sus sollozos incrementaba a cada segundo y su cordura fue perdiendo fuerza. Sin más titubeos de por medio, salió de su habitación y sin rodeos entró por el gran ventanal del cuarto de la sacerdotisa, la luz de la luna llena alumbraba todo el espacio y la vio, sentada en el piso, con su espalda recostada a la cama y sus brazos abrazando el lienzo.
-Kagome -la llamó por su nombre mientras buscaba que ella lo viera a los ojos. Kagome levantó su vista a él y una sensación de insatisfacción desbordo su pecho al ver que la sacerdotisa tenía sus hermosos ojos cafés llenos de lágrimas.
-Sesshomaru-sama -respondió con profunda vergüenza la pelinegra. Había estado tan sumida en sus emociones que no se dio cuenta cuando él entró a su habitación. - ¿Qué hace aquí? -preguntó, tratando de no sonar grosera.
- ¿Por qué lloras? -contestó con otra pregunta el ambarino mientras se agachaba para quedar a la altura de la mujer y acercaba su mano al rostro de la chica - ¿Cuál es el motivo por el cual tus ojos derraman tantas lágrimas? -volvió a preguntar, pero esta vez sus dedos acariciaban el rostro de la sacerdotisa.
La suave caricia de su mano en su rostro, la hizo volver a la realidad del ahora. Bajó la mirada para ver el lienzo que aún tenía en las manos, con elegancia se puso de pie nuevamente y caminó hacía la pared para volver a colgar el cuadro.
-Sáqueme de aquí, por favor Señor -le pidió de forma casi suplicante.
Sesshomaru se acercó a ella sin perder el toque de seriedad en su mirada. –¿A dónde quieres ir? –preguntó muy cerca de su rostro.
-A donde usted quiera -contestó con firmeza y con los rastros de lágrimas surcando por sus mejillas.
Sesshomaru caminó hacía al balcón siendo seguido por ella, echó una vista al horizonte y habiendo seleccionado el lugar, la tomó por la cintura para acercarla a él. "Sujétate a mi" -dijo mientras empezaba a elevarse por el firmamento adornado de estrellas.
Varios minutos pasaron antes de llegar a aquel lugar. Poco a poco, la nostalgia del pasado fue abandonando los pensamientos de Kagome, quien se concentraba en atesorar el olor de Sesshomaru en su memoria. El demonio que sujetaba con firmeza su cintura tenía un olor muy particular, era como el olor que emana el rocío de la madrugada o el olor del bosque en una noche invernal.
-Llegamos -mencionó el youkai. Kagome sintió la hierba en sus pies y se dio cuenta que estaba descalza.
El lugar era precioso, Sesshomaru la había llevado a la cima de un risco que estaba rodeado por el mar e inundado por el verdor de la naturaleza. Un frondoso y antiguo árbol de Glicinia cubría todo el espacio y un columpio de piedra en forma de media luna reposaba justo debajo de una de sus ramas.
El demonio observaba ensimismado la reacción de la mujer, los pétalos de las flores de glicinia que caían danzaban alrededor del cuerpo de Kagome que mantenía su vista en todos los detalles del paisaje, la mirada maravillada de ella le daba tranquilidad a su inquieto corazón. Los días para él habían sido un remolino de inquietudes, los crecientes sentimientos que tenía por la chica hacían eco en su interior y no podía seguir negando lo innegable. El prejuicio que tenía en contra de los humanos le imposibilitaba reconocerle a los demás que había perdido la cabeza por una mujer humana.
- ¿Dónde estamos? Este lugar es hermoso -Comentó emocionada la azabache.
-No muy lejos de la aldea -mencionó él con serenidad - ¿Por qué me pediste salir de tu casa? -realmente el ambarino quería saber el motivo de su llanto, pero tampoco quería presionarla para obtener respuestas.
La azabache suspiró resignada y se apartó suavemente del agarre del ambarino, durante todo este tiempo estuvieron muy cerca uno del otro y caminó un poco para ver mejor el mar. Sesshomaru interpretó su silencio y alejamiento como un claro "no quiero hablar" así que decidió no insistir, dio media vuelta y se dirigió hacía el árbol de glicinia para sentarse en el columpio. Unos segundos más tarde, Kagome llegó hasta él y se sentó en el pasto, justo a los pies de Sesshomaru. No sabía si debía contarle o no pero ya no podía seguir guardando el secreto del amor que sentía por él y los temores que tenía a causa de su pasado, iba a declararse, si al final él la rechazaba por lo menos podría empezar a olvidarlo y no vivir ilusionada.
- ¿Alguna vez se ha enamorado? -preguntó Kagome sin saber cómo iniciar a contarle todo el drama que estaba viviendo. Estaba sentada a sus pies, con la vista al frente, iba a confesarle sus sentimientos y no podría hacerlo viéndole a los ojos.
-Quizá -contestó. El demonio había tenido una que otra aventura con algunas mujeres de su especie, pero jamás había involucrado ningún tipo de sentimiento. Respondió con un "quizá" por los sentimientos que tenía ahora por ella.
Kagome suspiró antes de hablar para aumentar su gallardía y no acobardarse.
-Hace cuatro años estuve comprometida con un mitad demonio que llegó a la aldea como invitado de mi padre -empezó a narrar la sacerdotisa -Yo era aún muy joven, pero me enamoré profundamente de él -el viento ondeaba el cabello de la joven quien hacia pequeñas pausas al hablar -Su nombre era Naraku -dijo retomando la conversación -nos íbamos a casar hasta que...
-Hasta que cancelaste el compromiso -dijo Sesshomaru interrumpiendo el relato de la chica quien sonrió amargamente.
-No, yo no cancelé el compromiso, fue él quien me abandono -confesó sorprendiendo al youkai quien permanecía con su típica mirada fría y apacible que lo caracterizaba -El día de la fiesta de compromiso, me dejó una carta donde explicaba la razón de su abandono, yo asumí la culpa de todo ante mi padre para evitar que él fuese perseguido por mi familia. -terminó de confesar la chica.
- ¿Y por qué todavía cargas con esa culpa si no te pertenece? -preguntó el ambarino.
-Porque después de tanto tiempo no tendría sentido que lo revelase, solo Sango y ahora usted lo saben -dijo con resignación.
El silencio reinó nuevamente entre ellos. Kagome no sabía cómo continuar para poder confesarle su amor y Sesshomaru se debatía entre preguntar o callar. Por primera vez el ambarino no sabía si enfrentar la situación o quedarse como estaba, el temor de saber si la mujer aún amaba a aquel hanyou le carcomía en celos el alma. Al final, como siempre en los asuntos del amor, los sentimientos se interpusieron a la razón y preguntó.
- ¿Aún lo amas? -Esa pregunta salió de sus labios con dureza - ¿Era él la causa de tu llanto? -volvió a preguntar y en su tono se dejaba asomar un poco de reproche y disgusto.
La sacerdotisa de ojos miel permaneció un rato en silencio y sin más titubeos decidió confesarse.
-Estoy enamorada, señor Sesshomaru -dijo la muchacha mientras que el corazón del peliplata se estrujó -es por eso que estaba llorando, porque tengo miedo.
La chica se puso de pie para quedar frente al hombre que estaba empezando a despertar en ella los sentimientos que pensó nunca más volver a tener.
-Señor Sesshomaru, estoy enamorada de alguien que seguramente no me corresponde y tengo miedo de ser abandonada otra vez -dijo mirándolo a los ojos, sus ojos marrones se mezclaron con los ojos ámbar de su amado.
-Te ha enviado un presente, creo que eso puede alimentar tus esperanzas -contestó fríamente el youkai que se ponía de pie para retirarse. No estaba dispuesto a escuchar todo lo que ella diría de ese asqueroso mitad demonio.
-No estoy hablando de Naraku -dijo la sacerdotisa mientras que con valentía tomaba la mano del demonio para detener su andar. -Estoy enamorada de usted señor Sesshomaru -confesó mirándolo a los ojos, con la voz temblorosa y con la cara completamente sonrojada.
El cuerpo del youkai se estremeció por completo y sus ojos se abrieron de asombro.
-Usted me ha enamorado por completo -continuó diciendo la mujer -pero no sé si usted me corresponde -terminó de confesar con profundo temor.
Un sentimiento de decepción se apoderó del corazón de la azabache cuando miró que Sesshomaru le daba la espalda, una lágrima rodó por su mejilla al ver que él permanecía en silencio dejándola sin ninguna respuesta.
-Mujer -el ambarino la había llamado rompiendo la atmósfera silenciosa que había formado, al diablo los prejuicios, él también le confesaría que sus sentimientos eran correspondidos.
-Lograste capturar mi alma, Kagome -confesó él también -Mi alma, mi espíritu, mi corazón y mi mente ahora te pertenecen. Eres tú la dueña de mi destino y la única que existe a partir de ahora para mis ojos -dijo mientras que con su mano acariciaba los labios de la sacerdotisa.
La sacerdotisa sentía como de su vientre florecían emociones que inundaban cada parte de su cuerpo, una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo al escuchar la confesión del hombre del que se había enamorado. Ella sentía la caricia de sus dedos en sus labios y las ganas por besarlo ganaron, así que se puso de puntitas y depositó un beso tímido en los labios del youkai. El beso de Kagome le pareció tierno, estaba cargado de timidez, pero para él no era suficiente, la tomó por la cintura y lo que inició como un acto inocente se prendió en pasión rápidamente, un creciente deseo se hizo presente en ambos.
El corazón de la sacerdotisa era un caballo desbocado sin rienda, una sensación de placer recorrió su cuerpo cuando sintió como los labios del demonio se impregnaban en su cuello y sus hombros, una urgente necesidad de sentirlo empezaba a hacer que cada parte de ella se erizará solo de pensarlo. Por su parte, Sesshomaru estaba extasiado con el olor que emanaba la mujer que tenía en sus brazos, el olor de la humedad en su intimidad y las feromonas que emanaban de su piel hacían casi imposible que el pudiese controlarse, mantuvo una de sus manos firme en su cintura mientras que con la otra fue descendiendo, levantó suavemente la bata de la sacerdotisa para tocar sin ninguna vergüenza su pierna, la cual acaricio con fuerza hasta llegar a sus glúteos.
La mente de Kagome se nubló por completo, el deseo que ese hombre provocaba en ella no la hacía razonar correctamente, se debatía si parar la situación o dejar que continuase, pero, cuando sintió el tacto de su mano en su pierna no pudo seguir pensando. Lo hizo retroceder hasta hacerlo sentarse en el columpio y él, entendiendo sus intenciones la cargo mientras abría sus piernas para que ella se sentará en él, quedando enganchados uno con el otro, frente a frente. Kagome se aferró a besos en el cuello del youkai mientras él besaba sus hombros y parte de su pecho. La posición que mantenían era demasiado comprometedora, el suave roce de sus zonas íntimas les estaba llevando demasiado lejos. La cordura regresó de golpe a la mente de ambos cuando la dureza del miembro de Sesshomaru hizo que un gemido se escapara de los labios de la azabache, el sentirlo de esa forma, aunque sea por encima de la ropa, la estaba volviendo loca y se moría de vergüenza.
La sacerdotisa detuvo el contacto de golpe, tenía el rostro completamente rojo de vergüenza y excitación. Aterrizó de inmediato a la realidad y vio la posición en la que estaba, estaba enamorada del demonio, pero era demasiado pronto como para entregarse a él, no era que no quisiese, solo no quería que él tuviera un concepto equivocado de ella.
-No tienes ni la más remota idea de todo lo que quiero hacerte, Kagome -la voz de Sesshomaru estaba ronca de deseo -Por favor mujer, permíteme poseerte -susurró en el odio de Kagome en tono suplicante.
Como adivinando lo que pensaba la mujer, Sesshomaru suplicó y esas palabras hicieron que la sacerdotisa se olvidara de las dudas que estaba teniendo en ese instante, sentir el aliento de él en su oído la hizo excitarse mucho más de lo que ya estaba. La morena besó nuevamente los labios de Sesshomaru y ante su atenta mirada, desató la bata de dormir que llevaba dejando su cuerpo desnudo y a disposición del youkai, quien sonrió satisfecho al ver que ya no había nada que evitara tocar directamente la piel de su mujer.
Sesshomaru quitó parte de su traje, lo acomodó en el verdor del pasto e hizo que la chica se acostará encima. Él también se quitó todas las prendas que llevaba, quería sentir a la chica con todo su cuerpo. Ahí, en ese lugar en medio de la noche, ambos totalmente desnudos empezaron a entregarse sin titubeos ni impedimentos, los gemidos de Kagome armonizaban perfectamente con el sonido de la respiración agitada del youkai, quien lleno de pasión y nublado por el deseo penetraba una y otra vez su tembloroso cuerpo. La sacerdotisa rasguñaba por ratos la espalda de su macho o enredaba sus dedos en su larga cabellera, mientras abrazaba con sus piernas las caderas del demonio en un intento desesperado por fundirse más a su cuerpo. El temblor, el cosquilleo y las palpitaciones características en el orgasmo se hicieron presentes después de un rato, ambos, al mismo tiempo habían llegado al clímax.
Se mantuvieron desnudos y acostados en el pasto por un largo rato, Kagome abrazaba a Sesshomaru y le dejaba pequeños besos traviesos en sus labios, cuello y pecho, los cuales eran devueltos por el demonio. Ninguno de los dos habló, no dijeron nada, no tenía sentido puesto que en ese momento las palabras eran nada frente a los hechos.
Después de unas horas, decidieron regresar puesto que faltaban pocas horas para el amanecer.
- ¿Le gustaría quedarse? -preguntó un poco tímida Kagome. Ya estaban en el palacio, específicamente en la habitación de la sacerdotisa.
-Quizá pueda sacrificarme -contestó con sorna el youkai a lo que Kagome sonrió.
-Solo trataba de ser amable, si no quiere puede retirarse -La morena le dio la espalda mientras caminaba a su cama -Buenas noches señor Sesshomaru, que descanse.
-Eres tan insoportable -dijo el youkai mientras la abrazaba por la espalda y empezaba a besar su piel nuevamente.
Una vez más esa noche, en la oscuridad de esa habitación, ambos volvían a entregarse al deseo…
Los rayos del sol alumbraban cada espacio del palacio, el sonido de unos pasos apresurados hacían eco en el pasillo que daba a la habitación de Kagome. Sango caminaba con desespero para llegar lo más pronto posible hacía donde todavía estaba dormida su prima.
-Kagome despierta -dijo mientras abría de un solo golpe y sin aviso la puerta de su habitación -Esto es una emergencia, despiértate -dijo al borde del desespero.
La sacerdotisa se estiró perezosamente en su cama mientras abría suavemente sus ojos. Por su parte, Sesshomaru se mantenía expectante viendo todo, estaba escondido detrás del ventanal de la habitación, se estaba terminando de vestir cuando escuchó los pasos presurosos de Sango, así que le había dado chance de salirse antes.
- ¿Qué pasa Sango? ¿Por qué entras así? -preguntó la azabache dejando caer la sabana que la cubría.
- ¿Desde cuándo duermes desnuda Kagome? -contestó sumamente intrigada su prima.
El rostro de Kagome se desfiguró por completo mientras volvía a cubrir su cuerpo con la sabana, los recuerdos de la noche anterior llegaron a su mente y en un intento desesperado por no ser descubierta empezó a buscar a Sesshomaru con sus ojos.
- ¿A quién estás buscando? -preguntó nuevamente Sango mientras alzaba una ceja.
-A nadie, solo tuve un mal sueño -respondió tratando de ocultar su nerviosismo -Dime que sucede Sango, ¿por qué entras así? ¿qué pasa?
-Kagome, necesito que te bañes y bajes inmediatamente -mencionó con un tono angustiante la exterminadora.
-Pero ¿por qué? ¿qué sucede Sango? -preguntó desesperada la azabache
El rostro de Sango denotaba una gran preocupación, no sabía como decirlo, inhalo fuertemente y dijo: "Naraku ha vuelto Kagome, está aquí en el palacio"
El corazón de la azabache dio un vuelco, sus pensamientos se nublaron y unas inmensas ganas de vomitar la inundaron, la noticia le había dado un ataque de ansiedad. Sango se acercó a ella.
-Sé que esto no es fácil para ti Kagome, pero ya es hora de que lo enfrentes -mencionó para reconfortarla -Báñate, ponte linda y baja, ya es momento de aclarar las cosas, eres fuerte, yo sé que puedes -esto ultimo lo dijo mientras la abrazaba. Sango le dio una última mirada a su prima y sin más que agregar salió de la habitación, sabía que Kagome necesitaba estar sola para procesar semejante información.
La azabache trató de ponerse de pie, pero sus piernas no le respondieron, el nerviosismo que recorría su cuerpo no le permitía dar un paso. Sesshomaru quien hasta unos minutos atrás permanecía oculto salió de su escondite, su mirada se cruzó con la de Kagome.
-Sesshomaru -dijo la morena, una sensación de calidez inundó el corazón de la chica al verlo, pero la seriedad en la mirada del youkai congeló su cuerpo, él no dijo nada, simplemente dio media vuelta y salió del lugar, estaba furioso, había escuchado todo y una sensación de celos empezaba a crecer en su interior.
Kagome suspiró resignada, reunió sus fuerzas y empezó a bañarse. Se puso su traje típico de sacerdotisa y decidida salió de la habitación. Para ella, en esos momentos, antes que nadie estaba Sesshomaru, lo buscaría a él primero. Naraku podía esperar.
