Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla está historia no son creaciones mías ni me pertenecen, todo es obra de Masashi Kishimoto.
Advertencia: El siguiente capítulo contiene descripciones graficas de violencia.
Heredera de la Voluntad de Fuego
VII
País del Fuego, diez años atrás.
Soplaba una suave brisa. Se podía oler el mar. Hacía demasiado fresco para una noche de mayo, pero no le resultaba insoportable.
Aquella cuarta noche, tras un largo día a pie, acamparon en una pequeña hondada, entre los arboles del bosque, y se acurrucaron junto al fuego. Sasuke contemplaba la danza de las llamas mientras sus superiores mantenían una ruidosa charla respecto al alcohol y mujeres, algo que, por el momento, no era —ni sería— relevante para él.
Era su primera misión con el equipo de reconocimiento. Su padre había considerado adecuado conferirle una encomienda de rango S, la cual consistía en capturar a dos altos mandos de la resistencia para someterlos a un intenso interrogatorio.
«Itachi conoció el campo de batalla a los cuatro años». Las palabras de su padre resonaron dolorosamente en los recovecos de su mente.
Sasuke desvió la vista del fuego hasta recaer en los dos bultos atados frente a él.
La chica observaba a sus captores sin decir nada. El Uchiha se dio cuenta de que era mayor de lo que le había parecido al principio. Tendría tal vez veinte años, aunque era menuda para su edad, con el rostro redondo, las manos pequeñas y la nariz respingona.
—¿Los enviaron a vigilar por si aparecíamos nosotros?— preguntó uno de sus compañeros.
—A ustedes o cualquiera.
—¿Qué nos aguarda más allá del puente?— preguntó otro de los Uchiha mientras se calentaba las manos sobre la fogata.
—La Insurgencia.
—¿Cuántos son?
—Cientos y miles. Más de los que has visto nunca, Uchiha— sonrió, a renglón seguido lanzó un escupitajo a los pies de su capitán.
—Maldita insolente, te enseñare cual es tu lugar— gruñó el afectado.
Con un brusco movimiento, Takesu Uchiha la apartó de su compañero tomándola por el brazo; la lanzó al suelo. Ella intentó incorporarse, pero él ya estaba tras ella, restregando su cuerpo contra el suyo. Una de las manos de Takesu la sostuvo por la nuca, forzándola a quedar boca abajo, con el rostro hundido adherido en la tierra. Entre tanto, las grandes manos del Uchiha se movieron trabajosamente por los pantalones de la kunoichi. Los demás rieron y soltaron silbidos al vislumbrar la piel desnuda de sus muslos. Ella se resistía, pero la fuerza del capitán sobrepasaba con creces las suyas.
Resignada, la joven miró para otro lado mientras que su compañero contemplaba las llamas, prefiriendo ignorar lo que estaba pasando.
Aquella escena debía ser habitual para ellos, incluso irrisoria. Quizás se animarán unos a los otros para continuar haciéndolo. Puede que incluso se unieran a la tortura. Después de todo eran hombres, todos bien entrenados. Podían hacerlo lo que les viniese en gana con la prisionera.
Hastiado, Sasuke abandonó su asiento. Rodeó la fogata bajo la mirada expectante de sus compañeros y se plantó frente a su superior, solemne y autoritario.
—No seas impaciente, Sasuke-kun, ya llegara tu turno— Takesu soltó una carcajada.
—Esto no es parte de la misión— el aludido frunció el ceño—. ¿Es por esto que los niveles de efectividad han decaído? El General estará complacido de conocer uno de los tantos motivos.
Takesu rió sin ganas, soltando a la chica con desprecio para erguirse hasta quedar frente a frente con el pelinegro.
—¿Crees que puedes hablarme de esa manera solo porque eres hijo de Fugaku Uchiha?— la sangre comenzaba a ascender por su cuello, enrojeciéndolo de pura ira—. Al igual que esta puta necesitas que alguien te enseñe a respetar a tus superiores.
Takesu lo tomó de la solapa de la camisa, dispuesto a asestarle los golpes necesarios para aplacar su ira.
—Takesu, deja al chico en paz— ordenó el Oficial a cargo de la misión. Dos guardias detrás de él estaban listos para intervenir si era necesario.
Con un gruñido, el aludido lo dejó caer de bruces al suelo.
—Uchiha, montaras la primera guardia— dijo el hombre tan solemne como impertérrito—. Takesu, revisa el perímetro. La Insurgencia debe estar buscando a sus comandantes, los refuerzos no tardaran en llegar.
Molesto, Sasuke se puso de pie; se sacudió los remanentes de polvo visibles en su impecable uniforme y regresó al sitio donde se encontraba habitualmente.
Humillada, la chica procedió a colocarse nuevamente los pantalones, aunque con las manos atadas, aquella tarea se le dificultaba.
El pelinegro procuró no reparar nuevamente en ella. Fingiría que nada de eso había pasado. A pesar de su posición dentro del clan, la jerarquía militar era más importante que su lugar como hijo del General.
Una vez bajo el árbol, acumuló chakra en las plantas de los pies y escaló hasta la rama más alta. Desde ese punto veía el fuego que ardía en medio de la noche, al otro lado del monte, como una estrella caída. Su brillo era más rojo que el de las otras estrellas y no parpadeaba, aunque a veces cobraba energías renovadas, y a veces casi se apagaba. No era más que un brillo lejano, mortecino y tenue.
Cerró los ojos cuando la gélida brisa acarició su rostro.
Al menos nadie se atrevería a molestarlo mientras montaba guardia.
No obstante, sus sentidos se activaron cuando todo a su alrededor se sumió en silencio.
Un objeto plateado pasó silbando justo delante de sus ojos, clavándose directamente en el tronco.
Sasuke se estremeció. Si su atacante hubiese tenido mejor puntería, habría sido inmediatamente abatido. El enemigo estaba en algún sitio, oculto entre las sombras.
Apretó los dientes, agarró el kunai y descendió del árbol. Se volvió y miró hacia arriba. Bajo el cielo débilmente iluminado por la luna se recortaba una figura negra, apostada en una de las ramas del árbol.
Todo ocurrió tan rápido que Sasuke ni siquiera tuvo tiempo de agachar la cabeza cuando se efectuó el segundo ataque.
El ruido de las armas vibraba en el aire cuando el Oficial dio unos pasos tambaleantes hacia la derecha y se derrumbó entre los cuerpos inertes de dos compañeros.
Una leve humareda rodeaba el entorno. Sus enemigos habían sido lo suficientemente astutos al lanzar bombas de humo como distracción.
Sasuke vio entonces la cara familiar de su superior vuelta hacia él. Sus ojos saltones seguían abiertos, clavados en un lugar indefinido del suelo. Un brillante charco de sangre comenzó a formarse. El brazo derecho del oficial comenzó a contraerse, desde el hombro hasta los dedos.
—¡Noboseki-sama!— gritó, y se agachó junto al cadáver.
Su cerebro iba al mil, pero su cuerpo estaba congelado. Solo se movían sus ojos. El brazo derecho del oficial continuaba contrayéndose. Su herida sería fatal a menos que recibiera atención médica inmediata.
No obstante, antes de que pudiera mover un musculo, la cabeza de Noboseki Uchiha rebotó contra el suelo, y luego algo procedente interior de su cráneo salpicó el rostro de Sasuke.
Mudo de asombro, el azabache permanecía boquiabierto. Su cara estaba cubierta con una sustancia rojiza y oscura.
Los ojos del hombre aún permanecían clavados en la misma zona del suelo. Pero ya no estaba temblando ni tenía contracciones. Estaba inmóvil.
Sasuke se encontraba aturdido. Sus ojos seguían clavados en el rostro de su superior, apoyado en el suelo. La mente estaba paralizada, como si sus propios sesos hubieran volado en pedazos.
Al cabo de unos segundos renunció a intentar cerrar los ojos del Oficial. Debía salir de ahí en cuanto antes, intentar regresar al campamento para notificar lo ocurrido.
Le pareció como si estuviera en una pesadilla. Se puso otra vez en pie y miró a su alrededor. Sin embargo, se quedó boquiabierto porque el hombre que minutos atrás era su prisionero, yacía de pie frente a él.
Cuando su cuerpo se agitó en una sacudida violenta, Sasuke se agachó y cayó hacia atrás. Con aquel estallido, el kunai explosivo escupió una pequeña llama. Algo muy caliente rozó su cabeza. Por supuesto, sabia que había sido. De todos modos, el arma había errado en el blanco.
Aún tumbado de espaldas, el pelinegro no tuvo ni tiempo para pensar. Solo intentó huir. La maleza seca hacía un ruido quebradizo bajo su espalda.
Estaba demasiado cerca: no podía escapar. El shinobi solo estaba a unos cuantos metros de distancia, apuntando directamente a su pecho.
El rostro de Sasuke se puso más rígido que una escultura de mármol. Apenas podía pensar coherentemente, pues un verdadero miedo lo tenia atenazado en lo más profundo de sus entrañas.
—¡Alto!— gritó otra voz.
El comandante de la Insurgencia de repente se volvió hacia un lateral. Sasuke también buscó el lugar hacia donde se dirigía la mirada de su contrincante…
Una alargada figura se veía a la sombra de los arboles. Era Shisui. Sostenía en la mano el sable que cargaba consigo a todas las batallas y sus ojos carmesí brillaban en la oscuridad.
Sin ningún gesto de aviso, el comandante saltó al ataque. No obstante, con un rápido movimiento, Shisui consiguió esquivar el ataque con facilidad y, un instante después, el brazo del enemigo había desaparecido. Una oleada de rocío sanguinolento llenó el aire. El hombre miró atónito la media manga de su uniforme; el resto, desde el codo a la mano que sostenía el kunai, yacía sobre la hierba. Shisui rápidamente volvió a cargar en su contra.
El cuerpo del hombre se dobló en un triangulo, con el pecho elevado como un saltador de altura y voló hacia atrás. Cayó sobre sus pies y, un segundo después estaba derrumbándose sobre el polvo boca arriba. Se hundió en la maleza y allí quedó, inmóvil.
Sasuke consiguió ponerse a duras penas en pie.
Pudo ver el cuerpo del comandante entre la hierba y la maleza.
Shisui apenas prestó atención al cadáver y rápidamente al chico. Sasuke estaba aturdido por la rápida sucesión de acontecimientos.
—¡Itachi! ¡Sasuke esta conmigo!— gritó el pelinegro—. ¿Estas herido?— le preguntó con voz suave, visiblemente consternado.
Sasuke tragó grueso.
—N-no— consiguió responder.
—Bien. Quedate atrás, nos encargaremos del resto— le indicó.
El resto de la batalla se llevó a cabo en la oscuridad. Sasuke observaba todo desde una distancia prudencial.
Los refuerzos de los Uchiha habían arribado antes que los de la Insurgencia. Tanto Itachi como si equipo debían zanjar el asunto rápidamente, de lo contrario, sus enemigos los superarían en fuerza.
El rostro de Sasuke se crispó de repente al notar como uno de los contrincantes asestaba un fuerte golpe en el rostro de Itachi, obligándolo a tambalear y caer de bruces al suelo.
El menor de los Uchiha sintió que su campo de visión se estrechaba por la tensión, pero por el rabillo del ojo fue capaz de distinguir el gran arma que su oponente traía en la mano derecha.
Como un acto reflejo, Sasuke alcanzó uno de los sables que yacía en el suelo y entonces comenzó a correr hacía él.
Sasuke se situó frente a su hermano mayor. Rápidamente levanto su mochila. La afilada hoja fue a clavarse directamente en ella, rajándola y dispersando el contenido por el suelo. El filo alcanzó su brazo. Un dolor punzante le recorrió la piel.
Arrojó al suelo la mochila destrozada y se giró para ganar distancia. El rostro de su enemigo estaba tan tenso que el blanco de sus ojos parecía inyectado de sangre.
En un abrir y cerrar de ojos, el chico se giró hacia él y esgrimió la katana hacia ambos lados.
Sasuke paró el golpe con el sable. Por desgracia, todavía no lo había desenfundado, pero, en cualquier caso, se produjo un chasquido metálico. Consiguió parar la embestida a menos de cinco centímetros de su mejilla. Pudo ver las ondulaciones azuladas en el hoja de la katana, probablemente formadas cuando se forjó.
Antes de que el joven shinobi pudiera retirarse, Sasuke desenfundó su sable y agarró el brazo con el que su contrincante sostenía la katana. Él intentó darle otro golpe; fue lento, no obstante, consiguió rozar el lado derecho de la cabeza de Sasuke. Volaron algunos cabellos y el afilado rasguño le hirió el lóbulo de la oreja.
El chico se cambió la katana de mano, pero antes de que pudiera golpear de nuevo a Sasuke, este le barrió los pies con la pierna izquierda. Las rodillas del joven se doblaron.
Lo que sucedió a continuación pasó muy rápido y de manera confusa. Cuando Sasuke abrió los ojos, notó algo raro. Al levantar la mirada vio por qué.
El sable se había clavado en la cara de su enemigo. Paró en su frente. Un liquido viscoso resbalaba mezclado con la sangre, y la hoja reflejo un luminoso azul claro.
Sasuke sintió una horrible sensación corriendo a la velocidad de la luz desde el rostro de su oponente hasta sus muñecas.
Como si estuviese siguiendo el rastro de esa sensación, la sangres resbalaba por la hoja, fluyendo desde el cadáver hasta las manos de Sasuke.
Resoplando y jadeando, el pelinegro sintió una náusea inaplazable.
Había matado a una persona. Después de todo, hizo todo lo posible por rechazar sus ataques.
Se sintió increíblemente mareado y con ganas de vomitar, pero tragó saliva y consiguió mitigar la náusea.
—¡Sasuke!— clamó Itachi a gritos—. ¿Te encuentras bien?— lo tomó por los hombros, sacudiéndolo ligeramente. Realizó un rápido escaneo con la mirada para asegurarse que no estuviese herido.
—Si… lo estoy— respondió con voz queda; la mirada ausente, pérdida.
En un acto reflejo, Itachi lo atrajo hacia su cuerpo, envolviéndolo en un fuerte y cálido abrazo.
—Todo termino— susurró contra su cabeza—.Es hora de marcharnos, regresaremos a casa.
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Escuchó los gritos desesperados a sus espaldas. Todos estaban agotados, pero no podían detenerse a descansar.
La misión fue un rotundo fracaso.
Por el rabillo del ojo observó a Itachi; sus maldiciones iban acompañadas de los jadeos y la respiración entrecortada de Shisui. Ambos tenían miedo de mirar abajo, donde seguramente estaban dejando un rastro de sangre proveniente de la herida entre las costillas del pelinegro. Si no hubiese sido por la rápida reacción de Sasuke que lo empujó hacia los arbustos, la katana se habría clavado de lleno de en su pecho.
Al igual que su compañero, él también se encontraba herido; el abdomen le dolía cada vez más. Se rehusó a la atención medica, de manera que se le abría de nuevo cada vez que se movía. No era una herida profunda o que pudiese causar más complicaciones, pero si lo suficientemente molesta para drenarle exorbitantes cantidades de sangre.
Shisui fue un completo idiota al lanzarse al ataque con tanta confianza. La Insurgencia consiguió emboscarlos. Cuando quiso intervenir, la mayoría de los integrantes de su equipo habían muerto, sólo una tercera parte del escuadrón sobrevivió.
—No va a lograrlo— la voz de Izumi se alzó por encima de los gruñidos y la sonata de la noche.
Itachi la había escuchado a la perfección, pero decidió ignorarla.
—¡Itachi!— le urgió la joven, sonando increíblemente molesta por la falta de respuesta.
—Izumi tiene razón, para cuando arribemos al hospital será demasiado tarde— concordó él.
Shisui precisaba de atención inmediata.
—Mierda— maldijo el mayor de los Uchiha—.No iremos al hospital.
—¿Y adonde pretendes llevarlo?— quiso saber la chica. Estaba al borde de un colapso nervioso.
Sin detener el paso, Itachi se apresuró a dar ordenes. Lo único que importaba era salvaguardar al resto de su equipo. Una vez que cruzaran las puertas de la aldea, los heridos podrían curar sus heridas en el hospital.
—Lleva a los demás heridos al hospital— se dirigió a Izumi—. Shisui necesita otro tipo de atención y sé quien puede tratarlo específicamente.
Lejos de aguardar por una respuesta, el primogénito de Fugaku cambió la dirección de sus pasos. La voz de Izumi resonó nuevamente en un grito ahogado, casi una suplica, pero ninguno de los dos podía detenerse a dar explicaciones.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo, Itachi? Va a desangrarse— lo acusó Sasuke entre dientes—. Además, los dos estamos heridos.
Las dudas se disiparon cuando la enorme mansión entró en su campo de visión.
Shisui lucia terroríficamente pálido, con los ojos hundidos y desorbitados. Sería un verdadero milagro si aun estuviera con vida al cruzar las puertas de la casa.
No obstante, para sorpresa de Sasuke, Itachi se dirigió a la planta baja con el cuerpo de su mejor amigo a cuestas. Sin pensarlo demasiado, ingresó a la habitación que tenía la ventana abierta, aquella que pertenecía a la ninja medico de cabello rosado y ojos esmeraldas.
Los tres penetraron en la oscuridad de la habitación.
Cansado, Itachi acabó desmoronándose en el suelo.
Un flujo de sensaciones hormigueó en su conciencia, de bordes afilados, goteando con letalidad. Probablemente ella se había percato de su presencia antes, pero sus sentidos languidecían, su mente era demasiado lenta para armar el rompecabezas.
Cualquier persona en su sano juicio lanzaría un grito de terror al ver la escena: dos cuerpos tumbados en el suelo, cubiertos de sangre de pies a cabeza; uno de ellos medio vivo, aferrándose con uñas y dientes a los remanentes de existencia presentes en su interior. Muchos lo llamaban Voluntad de Fuego, pero Sasuke consideraba que no era más que obstinación.
Los ojos de la kunoichi se abrieron de golpe proyectando nada más y nada menos que terror puro.
El tiempo se detuvo. Ella lo miró fijamente, con la lengua trabada.
Sasuke captó un cierto olor en el aire. Era sangre. El olor de la sangre. El hedor era bastante más intenso, pero dedujo que se debía a la cantidad. Había tanta sangre derramada que se podría llenar una bañera
La mirada del pelinegro se volvió de nueva cuenta a la chica, quien buscaba a tientas en la oscuridad el interruptor de la luz de su habitación.
—No—la detuvo Itachi con voz firme—. Dejalo así— ordenó.
—¿Qué demonios esta pasando?— pronunció Sakura al fijarse en los mismo que observaba Sasuke.
Utilizando toda la fuerza de voluntad en ciernes, el mayor de los Uchiha consiguió ponerse de pie con ayuda de la mesita de noche. Presa del escrutinio aterrorizado y expectante de la kunoichi, comenzó a despojarse de algunos elementos del uniforme táctico, dejándolos caer en el suelo sin consideración alguna.
—Shisui está herido— anunció Itachi con la voz nivelada, acompasando las respiraciones profundas que le hacían recuperar el aliento.
Aun en la cama, Sakura miró al hombre en cuestión.
—Debiste llevarlo al hospital— rebatió intranquila.
Negarle atención no era una opción. Así que, lejos de aguardar por la replica del Uchiha, la pelirosa bajó de la cama, colocándose de rodillas en el suelo, a un costado de Shisui.
—¿Aún vive?— preguntó Sasuke jadeando ligeramente.
Sakura demoró un segundo en responder. El segundo más largo de toda su existencia.
—Si— confirmó en un chillido tras notar la tenue palpitación de su corazón bajo la yema de sus dedos. El shinobi yacía en el suelo, jadeante. Tenía las manos en el pecho haciendo un patético esfuerzo por suprimir el flujo de sangre que emanaba de la herida. Antes de que pudiera determinar su condición lanzó una mirada furtiva al Uchiha postrado cerca de la puerta—. Debiste llevarlo al hospital, en mi actual estado no hay mucho que pueda hacer por él.
Los ojos de Itachi se tornaron más siniestros bajo la espesura de la oscuridad.
—Lo harás. No es algo que este sugiriendo— deliberó en tono autoritario.
En esta ocasión, la kunoichi no pudo contener el impulso de fruncir el ceño, pero, lejos de protestar, se dispuso a desnudarlo hasta la cintura, apartando de su camino el chaleco táctico y la camiseta debajo de éste.
Era la primera vez que Sasuke veía a la aprendiz de Tsunade Senju entrar en acción; la pelirosa examinaba al shinobi, con la mirada penetrante y el rostro lleno de concentración.
Ninguno de los presentes en la habitación tenía ánimos de hablar, mucho menos en un momento de tensión. Así pues, el silenció se cernió atestando la atmosfera de incomodad.
Antes de que la ninja médico pudiera determinar la condición de Shisui, los labios del hombre se levantaron en una sonrisa temblorosa, abierta y… entrañable.
—¿Eres un ángel?— tosió más de lo que habló.
Incapaz de contenerse, Sasuke puso los ojos en blanco. Aún al borde la muerte, Shisui no malgastaría la oportunidad de hacer un movimiento desesperado con una chica.
—Perdió mucha sangre, pero no hay daño severo, salvo una contusión en la cabeza, probablemente— dijo en tono neutro y profesional.
—¿Puedes curarlo?— indagó Itachi. Lucía más calmado, pero su aspecto no era mejor que el de los otros Uchihas en la habitación.
Sakura lo miró fijamente, congelada en su lugar, con la mandíbula apretada.
—Haré lo mejor que pueda— dejó en libertad un suspiro y llevó las manos hasta la zona afectada.
De nueva cuenta, el mutismo fue amortiguado por los susurros de la naturaleza al exterior.
Sólo cuando Itachi abrió la puerta, la mirada oscura de Sasuke recayó en él.
—¿Qué estás haciendo?— cuestionó, confundido.
—Iré a asegurarme que el resto del escuadrón se encuentre bien— le recordó—. Quedate aquí hasta que Sakura termine de atender las heridas de Shisui.
Sasuke dejo escapar un suspiro a la par que escuchaba el sonido de la puerta al cerrarse. Sin fuerzas remanentes en sus extremidades, resbaló por la pared hasta sentarse en el suelo. Recargó la cabeza en la superficie al mismo tiempo que posaba los ojos en el techo y ejercía más presión en su propia herida.
A pesar de encontrarse en un deplorable estado, eso no fue impedimento para que la mirada del pelinegro vagara en reconocimiento de sus atributos: primero reparó en sus manos, manos capaces de curar y asesinar, perfectamente amaestradas para salvar vidas. La titilante luz verde iluminaba su rostro. Pese a las cicatrices en su cuerpo, su cara aun era hermosa. No porque pudiese destacar alguno de sus rasgos como extraordinario, salvo el brillo lemanita de su mirada cristalina. Todo en ella estaba en perfecto equilibrio. Todo tenia sentido, de una forma asombrosa. Grandes ojos verdes, pómulos bien marcados que flanqueaban el pequeño triangulo de la nariz. Unos labios carnosos que se torcían ligeramente hacia abajo en las comisuras.
La mirada oscura viajó hasta la zona donde el delgado camisón de algo se alzaba peligrosamente, permitiéndole capturar la extensión nívea de sus torneadas piernas.
Atendiendo al último atisbo y raciocinio que logró imponerse a sus instintos, apuño una de las manos sobre sus muslos como una forma de controlar el impulso de entrar en contacto con aquella radiante piel.
Sin lugar a dudas, Sakura era devastadoramente hermosa. Si las cosas hubiesen sido distintas, podría haberse divertido de lo lindo con ella. Podría haber coqueteado. Podría haberse casado.
Sacudió la cabeza. Probablemente era él quien había sufrido una contusión en algún punto de la batalla. No podía verla bajo esa luz. Sakura era una prisionera y él, de manera indirecta, su captor.
—¿Qué fue lo que sucedió?— la voz de Sakura sonó lejana cuando preguntó.
Sasuke frunció ligeramente el ceño.
—Nos emboscaron. La mitad del escuadrón murió. Sólo unos cuantos conseguimos salir con vida— memoró él.
Algo en su expresión debió haberlo traicionado. Con un giro de cabeza, sinuoso y lánguido, sus ojos buscaron los de ella.
—Lo lamento— dijo en un susurro, manteniendo el profundo contacto que intercambiaban.
Las cejas de Sasuke se dispararon hacia arriba.
—¿Hablas en serio?
Una sonrisa infeliz ladeó los labios de la Kunoichi cuando volvió a hablar.
—Si, realmente lo siento.
Sasuke guardó silencio. Por lo visto, la preocupación de Sakura era genuina y no podía ir en contra de eso.
Una vez más, el azabache se tomó la libertad de admirarla desde su asiento: sus piernas estaban manchadas de sangre, al igual que la tela del camisón. El sudor le lamía a la piel, se adhería a los recovecos creados por los huesos, sobre las cejas, en el hueco de su cuello, a lo largo de las líneas de sus brazos, por su pecho. Su respiración se había tornado entrecortada, lenta y no demoró en deducir que estaba sufriendo, realizar el ninjutsu más sencillo debía provocarle un dolor insoportable.
Los minutos pasaron en silencio; en el ambiente sólo era visible el flujo de chakra y el resuello de las respiraciones dificultosas.
Cuando finalizó con la tarea que le había encomendado Itachi, la pelirosa dejo escapar un suspiro de genuino alivio. Cansada, se recargó contra la cama; su pecho se alzaba al compás de sus inhalaciones entrecortadas.
—¿Sobrevivirá?— inquirió Sasuke al cabo de un rato; sentía la boca repentinamente seca, como si resguardara un desierto entero dentro de ella.
Sakura cerró los ojos y asintió.
—Sí, ahora debemos esperar y dejarlo descansar.
Por primera vez en todo el transcurso de la noche, Sasuke se sintió tranquilo.
Envuelto en el manto de tan agradable sensación, cerró los ojos. Poco a poco, el cansancio hacia mella en él.
—Sasuke— llamó la kunoichi con voz trémula.
El aludido abrió un ojo y enarcó una ceja, confundido.
—¿Mhm?
—También estás herido— señaló; la mirada fija en la zona que había adquirido una tonalidad oscura.
Cuando volteó a verle se dio cuenta como ella lo examinaba con cuidado.
—No es nada— movió la mano para restarle importancia—, puedo atenderme más tarde. Tan sólo se trata de un rasguño.
Aquel comentario fue aliciente suficiente para obligar a la kunoichi a recobrar la compostura y desplazarse hacia él.
—Eres muy malo mintiendo— se burló—, dejame echar un vistazo.
—Ya te dije que no es nada— rebatió—. ¿Acaso estas preocupada?— se jactó en tono burlón.
Sakura entrecerró los ojos.
—Naturalmente. Estaría fallando a mi deber como ninja médico si permito que te desangres hasta morir.
De mala gana desabrochó el chaleco y levanto la camiseta, revelando la fea herida que cruzaba su abdomen.
Como para responder a la contestación de Sasuke, Sakura inspiró profundamente para dar a entender su satisfacción. Luego se situó entre las piernas abiertas del pelinegro, acortando la distancia que los separaba.
Su camisón se deslizo suavemente, revelando casi todos sus blancos muslos, pero Sasuke no hizo nada más que mirar a otro lado, fingiendo que no se había dado cuenta.
El shinobi tragó grueso, suplicando en silencio a cualquier ente divino que la chica pasara por alto el rápido palpitar de su corazón.
Un escalofrió recorrió su piel al notar el chakra danzando por la extensión de su abdomen; era cálido, reconfortante, intrusivo, pero de buena forma.
—No deberías gastar tus reservas en mi, Itachi también está herido— su aliento roció el rostro de Sakura.
—Por favor guarda silencio, no puedo concentrarme si continúas hablando— susurró ella en un tono jocoso, tan cerca de su rostro que su aliento le erizó la piel.
El corazón le golpeó las costillas, tensándose de pies a cabeza al vislumbrar el rostro de Sakura tan cerca.
En un intento desesperado por desbancar los pensamientos intrusivos de su mente, apartó la mirada de su bonita faz hasta posarla en su oreja izquierda, allí donde el bloqueador de chakra se mostraba imponente, recordándole el lugar que tenía dentro de su fascista sociedad. De repente sintió náuseas y ganas de vomitar.
Aquella chica que tenía todo el derecho de odiarlo, y que podría dejarlo morir en venganza, estaba allí, entre sus muslos, curando sus heridas, mostrándose compasiva.
—¿Cómo es que alguien como tu consiguió convertirse en ninja médico?— la pregunta brotó de sus labios casi por inercia. El corazón le golpeó las costillas al darse cuenta de lo que acababa de decir.
Los hombros de la kunoichi descendieron abatidos. Era evidente que aquel no era un tema del que fuese agradable hablar.
—Es sorprendente ¿cierto? Considerando que ninguno de mis padres era shinobi, pero eso es algo que ya debes saber— susurró Sakura más para si misma que para Sasuke.
El pelinegro guardó silencio. Por supuesto que estaba al tanto del historial de Sakura. Había leído el informe completo al menos tres veces, sabía cada detalle de su vida, o, mejor dicho, de su carrera como Kunoichi.
—¿Te habría gustado ser otra cosa? Ya sabes, no necesariamente una kunoichi— probablemente sonaba como un verdadero idiota.
Sakura arqueó una ceja, divertida.
—Me habría gustado no vivir inmersa en la guerra— volvió la mirada hacia Sasuke y una sonrisa pequeña pero genuina hizo elevar la comisura de su labio—.¿Tu no querrías lo mismo?
El azabache dejo escapar un suspiro cansado.
—Todo el tiempo— admitió.
Sus ojos se toparon con los de ella. Bajo aquella cortina de pestañas, vio como la mirada de la kunoichi reflejaban un enorme arrepentimiento y una profunda culpabilidad.
—Supongo que es el mundo en el que nos tocó vivir— dijo encogiéndose de hombros, abatida.
El Uchiha tensó los labios.
—Eso suena sumamente conformista.
—Nunca mencione que iba a conformarme— aclaró.
Reticente, la pelirosa apartó las manos, colocándolas en su regazo. La herida había sanado por completo y, con ello, cualquier rastro de incomodidad se había disipado.
—Gracias— dijo entre dientes colocándose nuevamente la camiseta.
Sakura desvió sus ojos, ocultando lo que le pareció una sonrisa entre mechones de cabello rosado.
Aún postrado en el suelo, Sasuke observo en silenció el intento de la kunoichi al ponerse de pie. Se percató de la terrible palidez que había invadido su rostro. Durante su asenso, tropezó.
Gracias a los afinados reflejos del Uchiha, la rodeó por la cintura, evitando que su cuerpo cayera de lleno al suelo. Sakura tenía los labios rígidamente cerrados, formando una línea recta que cruzaba su rostro pálido. Solo entonces Sasuke se dio por fin cuenta de que el aire se abría paso a duras penas entre sus labios. Respiraba con mucha dificultad.
—Debes descansar— masculló.
Pasmada, sin saber muy bien qué hacer, Sakura colocó ambas manos sobre sus hombros, buscando la sostenibilidad que le faltaba.
La temperatura de su cuerpo, que Sasuke sintió en sus manos y el hombro a través de la tela, parecía anormalmente alta, como si estuviera incubando a un pájaro bajo la ropa.
—Estoy… estoy bien…— dijo Sakura débilmente.
Antes de que él pudiese decir algo, Itachi irrumpió en la habitación. Los contempló a ambos de hito en hito, intentado entender lo que pasaba.
Sasuke observó a Itachi durante un instante y luego ayudó a la kunoichi a llegar a la cama.
—¿Cómo se encuentra Shisui?— quiso saber. Esta vez su hermano mayor pasó de la largo de la ninja médico para ayudar a su amigo a ponerse de pie.
—Supongo que bien— contestó.
—Esta bien… sólo necesita descansar— habló Sakura. Incluso el simple hecho de vociferar palabra parecía dejarla exhausta.
—Se quedará en mi habitación— ayudó a Shisui a colocarse de pie sabiendo muy bien que no era una idea brillante, y ambos caminaron hasta la puerta de la habitación—. Sasuke— le urgió al percatarse de su irresolución—. También es momento que te vayas.
El pelinegro observó a Sakura durante un instante. La chica abrió los ojos y sonrió débilmente.
—Estoy bien…
Pero su respiración agitada no indicaba en absoluto que se encontrara bien. Sasuke volvió a mirar a Itachi. Procuró no parecer demasiado nervioso y lo siguió al exterior del cuarto, directamente al pasillo.
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Sasuke pasó por delante de la puerta de su propia habitación y se dirigió al baño. Gotas de color rojo oscuro salpicaron la cerámica del suelo a su paso, y con un suspiro se deslizó dentro de la bañera, demasiado cansado para moverse. Demasiado entumecido para quitarse la ropa.
En su lugar, simplemente levanto la mano y abrió el grifo del agua caliente, permitiendo que la línea de agua que subía constantemente lo calentara, aun cuando acabara arrastrando el barro, la hierba y la sangre.
El calor mordía dolorosamente sus músculos hasta que pudo volver a sentirlos, comenzó la laboriosa tarea de quitar una a una la piezas de su armadura, aunque no fue hasta que escuchó que el agua comenzaba a salpicar las baldosas del piso que se dio cuenta que estaba tambaleándose al borde de la conciencia.
Sabía que tendría que hacer algo al respecto la mañana siguiente.
Recolectó un poco de líquido marrón entre sus manos y se restregó el rostro… el mismo rostro de un hombre que había acabado con incontables vidas a lo largo de los años. La cara que, probablemente, diferentes hombres y mujeres vislumbraban antes de dar su ultimo aliento. El rostro del enemigo. El rostro de un hombre que sólo traía consigo infinita pena y dolor.
Sasuke Uchiha no era, en efecto, un personaje vulgar. Su padre le había ya destinado desde niño a las artes de la guerra y el combate; a tal fin le enseñó a luchar, atacar y defenderse siendo aún muy pequeño.
Era, por lo demás, un niño triste, grave y serio que estudiaba con gran entusiasmo y aprendía muy rápido; no alborotaba excesivamente en los recreos y participaba rara vez en los jaleos que armaban sus compañeros.
Por todo ello, a sus dieciséis años, el joven shinobi había dominado en su totalidad los diferentes jutsus y técnicas que se le inculcaron durante toda su vida.
Poco a poco, superó igualmente los grados más bajos dentro de la milicia; le dominaba una autentica fiebre de poder y tenía un enorme empeño en superar a su hermano.
A los dieciocho años ya se había convertido en capitán de su propia división y estaba convencido de que el único objetivo de esa vida era el poder.
Jamás cuestionó la ideología totalitaria del Régimen impuesto por su padre. Acató los cambios sin preguntar y se adaptó al nuevo sistema.
Sin embargo, ahora mismo se encontraba absorto en un conflicto moral, el cual no solo lo ponía en contra de todo lo que representaba, sino también en sus creencias.
Al igual que Itachi o todo soldado dentro del Régimen, ante los ojos de su padre y de sus superiores, no era más que un instrumento, una herramienta, el medio para llegar a un fin.
Lentamente, salió goteando de la bañera. Se envolvió una toalla alrededor de la cadera. Regresó a la habitación, con la mente plagada de pensamientos sin sentido.
Se plantó frente a la venta, serio, inmóvil, absorto en un pensamiento y con la mirada fija en algún punto.
Lo que acababa de suceder con la misión y, posteriormente, su encuentro con Sakura, lo habían afectado más de lo que quería admitir. Verla de esa manera, agonizante, le provocaban inmensa culpa, porque sabía que ellos eran los causantes de ese tormento, ellos se encargaron de quebrantar su voluntad hasta someterla a sus deseos. Formaba parte del grupo de personas al que ella tenia todo el derecho de odiar, y al que, sin pensarlo dos veces, asesinaría en un abrir y cerrar de ojos, porque era la única forma en la que podría saldar sus deudas.
Sumergiéndose en aquel vorágine de culpabilidad y arrepentimientos, Sasuke no pudo evitar cuestionarse qué habría sucedido si ambos se hubiesen conocido bajo otras circunstancias ¿serian felices? ¿se habrían convertido en amigos? Tal vez. Probablemente Sakura habría sido una chica popular en la academia. Ante sus ojos era talentosa, sumamente inteligente y astuta para dejarla pasar desapercibida.
Dejó escapar una carcajada de solo imaginarlo. El espejo de la habitación le regresó la imagen de lo que cualquier persona catalogaría como un Uchiha ejemplar. Era un ninja que mostraba su valía en el campo de batalla al igual que su profundo respeto al Régimen, dos cosas de las cuales había que enorgullecerse. En su mundo no había cabida para sentimentalismo, el mundo que ellos crearon sobre una pila de cadáveres cerca de un rio de sangre.
Necesitaba dejar de pensar en Haruno Sakura, porque tenía la certeza de que ella sería su perdición.
»»»»««««
Base de la Insurgencia, seis años atrás.
La pantalla enmarcaba las fotografías de dos Uchihas de la más alta clase. Se trataba del hijo del General, Itachi y su leal compañero de batallas, Shisui.
Ambos destacaban en la jerarquía del clan por sus habilidades y monstruoso historial. Eran los integrantes más jóvenes en el escalafón militar y, sin lugar a dudas, los más poderosos.
A cada persona presente en la sala se le había otorgado un meticuloso informe respecto a las estadísticas de los jutsus de cada individuo, lo que valía para corroborar las alabanzas a su perfecta destreza como shinobis.
Los ojos esmeraldas de la kunoichi recayeron en el rostro de Shisui. El chico tenía el cabello largo. Su barbilla era rígida, la nariz perfilada, y piel tan blanca como la luna. Sin embargo, lo que llama su atención eran sus ojos, aquellos orbes que transmitían una sensación intimidante y poseían gran poder.
—Son tan guapos— susurró Ino a su lado.
Sakura volteó los ojos ante el impertinente comentario.
—Ino— la censuró, echando un vistazo en todas las direcciones para asegurarse que nadie más hubiese escuchado a la descarada Yamanaka.
La rubia dejó escapar un bufido fingido.
—Ya se que son nuestros enemigos, pero no soy ciega, frentona. Ambos son bien parecidos— concordó cruzándose de brazos a la par que se removía en su asiento, inquieta—. Definitivamente la genética jugó a su favor.
La pelirosa entrecerró los ojos e hizo una mueca.
Por más que le costase admitirlo, Ino tenía razón, pero no iba a expresarlo en voz alta. Los Uchiha, además de ser reconocidos por su implacable poder, también eran distinguidos por su belleza. Todos ellos compartían como rasgo el cabello oscuro y los ojos azabaches. No era un secreto que, al ser un Clan antiguo, apreciaban y respetaban las tradiciones. Por lo tanto, practicaban regularmente el incesto en un intento por mantener la sangre pura.
—¿Vas a negarlo?— la urgió la Yamanaka—. Ambas sabemos que es cierto.
Indispuesta a proseguir con aquella charla sin sentido, Sakura apartó la mirada de su amiga para posarla nuevamente en la pantalla.
Las fotografías de Shisui e Itachi habían sido sustituidas por las de Uchiha Sasuke, el hijo menor del Fugaku.
A pesar de que el joven correspondía a la descripción que varios de sus compañeros había relatado en los interrogatorios: la de un joven alto con la corpulencia de un shinobi, cubierto por una tersa y nívea tez y una mata de cabello oscuro perfilando su rostro. Al igual que su hermano, Sasuke llevaba como ojos dos enigmáticos orbes negros, oscuros y distantes.
Le remitió un enérgico corrientazo; estímulo suficiente para que sus nervios se crisparan en respuesta. El incuestionable atractivo de Sasuke se imponía a sus tontas y falsas expectativas era el hombre más guapo que ella había contemplado en años.
El corazón le golpeó las costillas al darse cuenta de lo que acababa de pensar.
—¿Ves? Te quedaste embelesada mirándolo. Eso prueba mi punto— dijo victoriosa.
Notó una ola de calor subir hasta su rostro, estaba ruborizada.
—Esta bien. Es guapo ¿sí? Pero no podemos ignorar lo que han hecho— susurró, podía enumerar la infinidad de razones por las cuales estaba mal contemplarlo bajo otra luz.
—Jamás dije eso— batió su cabello tan rodado como los rayos del sol—. Pero, son hermosos. Daría lo que fuera para pasar el rato con alguno de ellos— dijo con su habitual energía, riendo al ver la expresión escandalizada en el rostro de Sakura.
—No seas puerca, Ino— replicó Sakura en un hilo de voz; la rubia juntó las cejas en una falsa pose de cavilación.
—No te comportes como una mojigata, Sakura— añadió Ino de forma dramática—. Tener un enamoramiento es algo natural. A pesar de la guerra la gente sigue entablando relaciones tanto de amistad como amorosas— agregó—. Algún día te enamoraras y deberás ser cuidadosa con tus palabras.
Sakura volvió el rostro al frente intentando ocultar el pequeño sonrojo en sus mejillas.
—Estás exagerando. Eso nunca sucederá.
»»»»««««
Logró enviar una señal a sus piernas para que se movieran, pero con el dolor atezándole cada músculo y articulación, la orden se convirtió en una tortura. Sentía que su espalda iba a romperse un millón de diminutos fragmentos. Todo le pesaba, como si su sangre se hubiese transformado en plomo.
Los efectos secundarios del uso indiscriminado del chakra eran cada vez peores. Tenía la certeza que un día acabaría muerta.
Durante el episodio de agonía, creyó por un instante que Sasuke estaba genuinamente preocupado, pero debía estar delirando porque el menor de los Uchiha sólo podía albergar odio en su contra.
Ingresó a la habitación sin anunciar su llegada. Lejos de encontrar al pelinegro en la cama, vislumbro la figura de otro chico en medio de la geografía del cuarto. Era alto y de espalda ancha. Llevaba la ropa de Itachi, pero en definitiva no se trataba de él.
Al percatarse de su presencia, el joven se volvió a ella, dejando recaer la mirada oscura y distante en su rostro. Ambos se contemplaron de hito en hito sin decir una palabra.
Sakura terminó de unir los cabos sueltos.
—Itachi regresara pronto, está tomando un baño— anunció con una sonrisa prefabricada.
—En ese caso, regresare más tarde— anunció. Ahora mismo se encontraba lo suficientemente confundida para pasar mucho tiempo a lado de un Uchiha.
No obstante, los movimientos del shinobi fueron más rápidos que los de ella y, antes de que pudiera acercarse a la puerta, el azabache la detuvo rodeando su antebrazo delicadamente.
Debió percibir su creciente intranquilidad.
—Tranquila, no voy a hacerte daño— procuró sosegarla—. Tan sólo quiero agradecerte.
Sakura levantó la mirada, esta vez con una ceja arqueando su rostro.
Shisui era diferente a los demás Uchiha, no obstante, eso no quería decir que no luchara por la misma causa. Al igual que Itachi y Sasuke, aquel hombre era su enemigo.
—¿Pero donde quedaron mis modales?— se reprimió a si mismo con otra sonrisa afable—. Soy Uchiha Shisui.
—Haruno Sakura— dijo ella con una leve reverencia.
Una risa vibró en la garganta del Uchiha.
—No eres lo que esperaba.
Incluso si no había una admisión implícita, Sakura tenía la certeza que él la conocía. Su observación era descarada, pero ella fingió no notarlo.
—¿Has oído hablar de mi?
—Mhm.
Una vez más apareció esa sonrisa, todo dientes blancos y mejillas estiradas y juguetonas.
—Ya veo— Sakura decidió morder el anzuelo—. ¿Y qué es lo que esperabas?
Shisui la miró directo a los ojos, como si quisiera enviarle una señal de advertencia para lo que estaba a punto de decir.
—Eres linda— hizo un sonido que podría haber sido una risa, posiblemente una carcajada en otras circunstancias—. No hay muchas chicas lindas que se conviertan en un mal necesario para los Uchiha.
Ella parpadeó varias ocasiones antes de negar con la cabeza. Shisui cerró los ojos, divertido.
—Estaba en lo correcto— suspiró el Uchiha.
—¿Respecto a qué?— quiso saber ella.
—Realmente eres un ángel.
Un evidente rubor coloreó sus mejillas y se amonestó por el rumbo que habían tomado sus pensamientos. Debía tener en cuenta que Shisui era su captor, un sujeto al que había tratado la noche anterior.
La risa de Shisui se le antojo melodioso, cálida.
—Por favor, Shisui, deja de molestarla— dijo Itachi al ingresar en la habitación. Aparentemente había escuchado lo suficiente para leer la situación.
—No estaba molestándola, tan solo le agradecía por salvarme la vida— rezongó con fuerza. Se alejó de ella con la misma rapidez que había contemplado anteriormente, situándose cerca de la ventana—. Ahora entiendo porque actuabas de esa manera, es bastante linda.
—Shisui— lo censuró.
Sakura cerró los ojos para contener un escalofrió que la risa del aludido le causó. Sin embargo, al sentir una ola de calor reptar hasta su rostro, fue consciente de que otra vez estaba ruborizada. Los últimos minutos los había pasado entre ataques de espasmos y rubores ridículos cada vez que el descarado Uchiha hacia o decía algo que sus anticuados nervios no podían sortear. Si seguía así, Sakura temía, no seria capaz de finalizar con sus tareas.
Como era de esperarse, todo estaba finamente ordenado, desde la cama perfectamente hecha hasta el pequeño ramillete de no me olvides azules en la mesita de noche.
—Vi los dangos en tu escritorio y también las flores ¿son de Izumi?— se atrevió a preguntar Shisui.
Itachi asintió en la brevedad mientras tomaba asiento al borde de la cama.
—Pasó por aquí la noche anterior, quería saber cómo te encontrabas— explicó con voz queda—. Partirá en una misión dentro de dos días.
—¿Tan pronto?— preguntó Shisui un tanto confundido, incapaz de maquillar la sorpresa en sus palabras.
Itachi se encogió de hombros, abatido.
—Al parecer necesitan su presencia en el frente— no mostró ninguna expresión.
—No tienes nada de qué preocuparte, no es la primera vez que va al frente, además es una kunoichi talentosa.
Pese a que la intención de Shisui era animarlo, sus palabras parecían haber generado el efecto contrario.
Sakura carraspeó para recordarles su presencia.
—Lamento interrumpir, comenzare con la revisión— dijo dirigiéndose a Itachi.
El pelinegro formó una sonrisa floja. Cuidadosamente, la pelirosa colocó ambas manos sobre su pecho sin tocarlo completamente.
—¿Ya averiguaste qué está mal conmigo?— susurró Itachi.
Sakura hizo una pausa y tragó grueso.
—Sinceramente… no tengo la menor idea—. Pero tengo la certeza que puedo curarte.
Itachi arqueó una ceja.
—Suenas peligrosamente animada.
Ella frunció los labios y el Uchiha sonrió con la mirada.
—Tengo un plan— trató de sonar segura—. Las probabilidades de que funcione son menores del cincuenta por ciento.
—¿Cuál es ese plan?— quiso saber.
—Chikatsu Saisei no Jutsu.
Sakura mantuvo la mirada fija en Itachi, pero luego la desvió evitando responder mientras se mordía el labio inferior.
—Es una técnica que precisa una parte del cuerpo de un familiar, generalmente es cabello, para regenerar una parte del cuerpo destruida o destrozada gravemente— explicó ella con el rostro neutro, ilegible—. Requiere de mucho tiempo para culminarse y son necesarios cuatro ninjas para llevarla a cabo. Tsunade-sama era capaz de realizarla por su cuenta.
—¿Puedes hacerlo?— le preguntó a Sakura.
—No, eso me mataría—contestó la kunoichi—.No obstante, con la ayuda de otros ninjas médicos podríamos lograrlo.
Itachi pareció comprender lo que ella le estaba pidiendo. Ningún ninja médico que trabajara para los Uchiha permitiría que una prisionera como ella les diera ordenes o comandara el procedimiento.
Los ojos de Sakura se encontraron con los de Itachi en un largo silencio que extrañamente pudo interpretar.
—Probablemente a mi no me escuchen, pero si se trata de una orden directa del General…— dijo Sakura usando un tono forzado de tranquilidad.
Hubo un corto mutismo antes de que la voz de Shisui se elevara dentro de la habitación.
—Vale la pena intentarlo, tu padre no se negará.
Una vez más, Itachi y Sakura intercambiaron miradas. Acabaron contemplando a Shisui sin decir una palabra.
—Te hice una promesa y no voy a fallarte, pero no puedo lograrlo sin tu ayuda— agregó Sakura.
—Haré todo lo posible— masculló—. Una vez que regrese de la misión hablaré con mi padre.
—Gracias— susurró ella.
»»»»««««
Seis años atrás
Ya había vislumbrado suficientes horrores, pero fue el detalle inesperado el que le asaltó y luego no habría de abandonarle. Cuando llegó al paso a nivel, al cabo de una caminata de cinco kilómetros por una carretera estrecha, vio el camino que estaba buscando y que torcía hacia la derecha, luego bajaba y volvía a ascender hacia un soto que recubría un colina baja hacia el noroeste.
Con un mal presentimiento oprimiéndole el pecho, Naruto continuo con su camino, tan rápido como los músculos tensos de frío se lo permitían.
Delante, el cielo empezaba a despejarse un poco resplandecía como una promesa. Todo lo demás era grisáceo.
Entrecerró los ojos, observando las viviendas a medio derrumbar sin nada adentró más que escombros, suciedad y naturaleza. El extraño olor que permeaba en el aire se hizo más intenso.
Detuvo la marcha solo un instante para admirar la ciudad a su alrededor; en realidad se trataba de un pueblo fantasma, arrasado por la guerra. Los habitantes habían huido a los campos de refugiados. Tan sólo los escombros quedaban como recuerdo, consumidos por el verde vibrante de la naturaleza.
Su corazón latió con fuerza al vislumbrar el motivo de su búsqueda a unos doscientos metros de distancia: Sakura se encontraba sentada afuera de una casa, demasiado agotaba para seguir corriendo, sumamente cansada para continuar con su escape.
—¡Sakura!— gritó con fuerza al aproximarse a ella.
La aludida despegó la mirada del suelo para contemplarlo. Lejos de leer los detalles, Naruto se abalanzó, abrazándola con fuerza. Estaba tan concentrado en la sensación de alivio que lo embargaba que ni siquiera se percató de que la pelirosa no correspondió el gesto, siempre mantuvo las manos a los costados de su cuerpo.
—¿En qué estabas pensando? Salir corriendo así en medio de la noche— la tomó de los hombros al mismo tiempo que la sacudía ligeramente—. Te fuiste y sólo dejaste una maldita nota, eso no es suficiente— le recriminó.
Sakura no respondió de inmediato, en su lugar, ella lo vislumbro en estado catatónico. Sus ojos estaban enrojecidos e hinchados por el llanto.
—Dime qué fue lo que sucedió en realidad con la misión— gruñó ella—, y si vuelves a mentirme me iré, nunca más volveré— amenazó, procurando mantener la firmeza en su voz trémula—, pero si hablas con la verdad, regresare a la base. Sea lo que sea.
Las pupilas de Naruto se dilataron, dejando la boca ligeramente entreabierta.
—¡Dímelo!— sus ojos centellaron.
El Uzumaki dejó escapar un largo suspiro al mismo tiempo que cerraba los ojos con fuerza.
Aquello fue una acción insignificante, pero suficiente para hacerla comprender hacia dónde se dirigía la conversación.
—El plan inicial de Kakashi-sensei era enviarte a la misión con Tsunade-sama, sin embargo, yo me opuse a la idea y sugerí que Ino la acompañara en tu lugar, argumentando que era demasiado riesgoso enviar a dos de nuestras mejores ninjas médicos en una encomienda de la que probablemente nadie regresaría con vida— espetó impertérrito.
—Tu lo sabías desde el principio— susurró con hostilidad, siéndose traicionada.
—Sakura…— intentó detenerla.
Las lágrimas afloraron en sus ojos. En cuanto vertió la primera, el llanto fue imparable. Lloraba encorvada hacia delante, aferrando las manos al pecho. Era la primera vez que veía sollozar a alguien con tanta desesperación.
—Oh por dios— gimió, estaba hiperventilando.
El rubio alargó la mano para tocarla, pero ella lo detuvo.
—Ni se te ocurra ponerme un dedo encima— advirtió, dejando fluir su impotencia a través del temblar de su cuerpo—. Regresaré, pero se acabó— agregó entre dientes.
Siguió todos y cada uno de sus movimientos con la mirada. Sabía que había arruinado las cosas entre los dos. No iba a negar que su opinión fue sustento suficiente para persuadir a Kakashi, sin embargo, tanto la Yamanaka como Tsunade-sama, la mejor amiga de Sakura y su mentora, estaban desaparecidas, probablemente muertas.
Sin más, la kunoichi tomo sus cosas y emprendió el paso de regreso a la base.
»»»»««««
El sol de la tarde resplandecía en el mar. El color del océano era completamente distinto al que tenían las aguas sucias y mugrientas que lamían los diques de cemento del puerto del Otogakure. Era un maravilloso azul brillante con tonos verdes. Apenas había olas, y los destellos de luz aumentaban en la distancia. Otras islas parecían flotar en el Mar Interior, y era como si estuvieran cerca, pero eso probablemente se debía, como le dijeron en cierta ocasión a Naruto, a la ilusión óptica que produce un acortamiento de la distancia cuando no hay referencias. Pero por lo menos debían estar a unos cinco o seis kilómetros.
La base era un edificio antiguo, pequeño, de una sola altura. Las paredes de madera se habían vuelto negras, y el techo de tejas de pizarra estaba tan ajado por los años que las esquinas se habían tornado blanquecinas.
Ausente, escuchó el tecleó rápido de la secretaria quien, desde su arribo se limitó a pedirle que aguardara sentado en la improvisada sala de espera asegurándole que Kakashi lo recibiría pronto.
Resignado, el chico apartó la vista de la ventana y se perdió en el techo, trasladándose peligrosamente a los recuerdos de esa tarde. Aun llevaba consigo la imagen de una destrozada Sakura grabada en sus ojos. De alguna manera sentía que debía compartir ese secreto con Shikamaru, pero los remanentes de buen juicio le pedían a gritos que no lo hicieran. De cierta forma era el responsable de la muerte de Tsunade e Ino, incluso de la posible muerte de su mejor amigo, aquella a la que había herido profundamente.
Tragó saliva y dejo escapar un largo y pausado suspiro.
Creía que Sakura estaba tendida boca abajo en un matorral, una maraña de helechos, las ramas del año anterior debajo de las verdes apenas desarrolladas. Lo que queda de ella: su cabello rosado, sus huesos, el uniforme de la insurgencia, sabía exactamente lo que llevaba puesto. Veía sus ropas mentalmente, brillantes como una litografía o un anuncio a todo color de una revista, pero no se imagina su rostro, no tan claramente. Empezaba a desvanecerse.
La imaginaba descansando, porque no soportaba la idea de proyectarla en otro momento, así como ni podía imaginarse que tuviese algo debajo del cuello, o en los puños. No quería ni pensar en lo que le habían hecho a su cuerpo. ¡Sabía que estaba allí, viviendo, y que seguía pensando en él? Tenia que creer que si. Cuando se estaba en una situación apurada, debía creer todo tipo de cosas.
También creía que no la capturaron, que después de todo no la alcanzaron, que ella lo logró, llegó a la orilla, atravesó el río a nado, cruzó la frontera y se arrastró hasta la orilla opuesta; consiguió llegar a una granja cercana y la dejaron entrar, al principio con suspicacia, pero después, cuando comprendieron quien era, se mostraron amistosos, no eran el tipo de personas que la entregarían.
Probablemente entró en contacto con los demás, quizás formaba parte de una resistencia, un gobierno en el exilio. Creía en la resistencia del mismo modo que creía que no podía haber luz sin sombra o, mejor dicho, no hay sombra a menos que también haya luz.
Cualquier día podía llegar un mensaje de ella. Vendría de la manera más inesperada, de la persona que menos se imaginaba, alguien de quien jamás lo habría sospechado.
—Naruto-san— lo llamó la chica detrás del escritorio, sacándolo abruptamente de sus pensamientos—. Kakashi-sama aguarda por usted.
Él asintió antes de que sus piernas actuaran por si solas y lo condujeran hacía la puerta apostada a espaldas de la joven asistente.
La oficina de Kakashi era amplia. La pared de vidrio permitía ver los barcos que entraban y pasaban bajo la Puerta de Oro. En ese momento había un carguero más allá de la isla, pero a Naruto no le interesaba el espectáculo.
En medio del salón se vislumbraba un escritorio con cientos de papeles en la superficie, pergaminos y libros. Tras las montañas de documentos, aguardaba el peliblanco.
—Cierra la puerta, Naruto— pidió el General en turno con habitual tranquilidad.
—Shikamaru mencionó que querías verme— espetó en una voz tan baja como se lo permitía el ardiente furor que empezaba a inflamarle el pecho.
—Han pasado siglos desde la última vez que nos vimos— comentó el hijo del Colmillo Blanco, ignorando por completo la mordacidad en las palabras de su antiguo alumno.
—Cinco meses— recordó Naruto—. Hablamos por ultima vez hace cinco meses. Antes de mi partida a la base de Tanzaku.
—Lo recuerdo. Pero desde entonces no habías dado señales de vida. Supongo que Yamato te ha mantenido ocupado.
El rubio se encogió de hombros, incomodo.
—Naruto— dijo una voz al otro lado de la sala.
—Shikamaru— lo saludó genuinamente sorprendido ¿En que momento llegó?
—Es bueno tenerte de regreso— agregó el Nara con una leve sonrisa, tan genuino como lo recordaba.
El aludido asintió.
—Supongo que solicitaron mi presencia para una misión— se aventuró a adivinar. No tenía la menor idea de lo que hacia en ese lugar. Su jurisdicción se encontraba al norte, cerca de los campos de batalla activos.
Se escuchó un leve suspiro proveniente de Kakashi.
—Esta vez no.
Las señales de alarma se encendieron en su interior.
—Shikamaru— clamó el general.
El aludido se aproximó a él; de uno de los bolsillos del chaleco extrajo una pequeña hoja de papel, arrugada y maltratada.
Naruto entrecerró los ojos.
Lejos de hacer más preguntas, alcanzó el papel que su amigo le extendía.
Lo tomó y vio que era la letra de Sakura o una muy parecida a la de ella.
—¿Dónde consiguieron esto?— preguntó, un nudo le estrujaba la garganta.
—Un contacto de Amegakure, de una delegación comercial— respondió Shikamaru.
—Lamento que no sea tan extenso, está claro que no tuvieron mucho tiempo— agregó Kakashi, colocando los codos sobre el escritorio.
Naruto tragó grueso.
—¿Cuándo?— quiso saber; apartó la mirada acuosa del papel.
—Hace tres semanas— respondió el General.
—Eso quiere decir que está viva— dijo el rubio con voz sibilante.
—Creemos que es así— coincidió Shikamaru.
Las lágrimas descendieron a goterones por sus mejillas al mismo tiempo que dejaba escapar una pequeña risa, no sabia precisar si era de nerviosismo o alivio.
Regresó la mirada al papel.
Naruto, te quiero.
Soltó una carcajada.
—Es un alivio saber que se encuentra con vida— alegó el peliblanco en un susurro.
Naruto secó las lagrimas con el dorso de su mano. Necesitaba tranquilizarse.
—Vamos a rescatarla ¿cierto?— sonaba a una pregunta bastante incrédula, en especial porque desconocían las condiciones exactas en los que se encontraba Sakura.
Tanto el peliblanco como Shikamaru intercambiaron una mirada consternada.
—Naruto, la situación es delicada— comenzó a decir Shikamaru en tono adusto.
—¿Delicada en qué forma?— insistió el Uzumaki—. Sabemos que Sakura está viva, lleva cinco años en ese lugar, debemos sacarla de ahí.
—Naruto.
Él detuvo el balbuceo en seco, notando los vellos de la nuca y sus brazos erizarse. Su nombre rasgo el aire.
Entornó la mirada hasta caer en la profundidad de la mirada de su antiguo profesor. Pocas veces lo había llamado de esa forma tan autoritaria y cruda. Nunca lo había contemplado con esa mirada tan opresiva.
—No podemos hacer un ataque directo para rescatarla, seria un movimiento imprudente de nuestra parte— agregó Kakashi, esperando transmitir algo de buen juicio—. Lo único que podemos hacer es contactarla de nuevo, mas no me atrevo a asegurar que tengamos éxito.
Naruto miró a su sensei, taladrándole el rostro con una mirada de furioso desconcierto ¿acaso estaba insinuando en abandonarla? No era como si Kakashi no conociera el lazo que lo unía a ella. Sopesó la respuesta en silencio al tiempo que estrujaba el papel.
—Naruto… ¿no quieres saber si está bien?— intervino Shikamaru en tono conciliador.
El aludido esbozó una sonrisa atestada de amargura. Tomó una honda bocanada de aire y, sin saber bien cómo logró sacar las palabras, finalmente dijo:
—Por supuesto que no está bien, simplemente está viva y nada más.
Hubo un silencio ensordecedor. Sus manos temblaron frente a él y ocultó los ojos en los mechones de cabello dorados. A su izquierda, Shikamaru expulsó una bocanada de aire. Ambos sentían demasiada culpa por haber dejado a Sakura atrás.
El movimiento que generó Kakashi al descansar su espalda en el respaldo de la silla advirtió a ambos chicos que debían enfocarse en lo que estaba a punto de decir.
—Entiendo y comparto tu preocupación por Sakura, Naruto—, pero debes ser paciente.
La garganta del shinobi emitió un sonido ahogado; entre un gruñido tenue y un acceso de tos.
—Ya fui paciente durante mucho tiempo— espetó—. Ahora que se que está viva no puedo abandonarla… no como aquella vez— su rostro se ensombreció al revivir el recuerdo—. Debemos rescatarla.
Shikamaru aclaró su garganta.
—Sakura es nuestra compañera y amiga, se lo que ella significa para ti, todos tenemos personas amadas en Konoha, sin embargo, no podemos arriesgarnos a un ataque directo, no ahora— explicó Shikamaru cerrando los ojos—. No podemos arriesgarnos por una persona.
Naruto se puso pálido y agrandó los ojos; el corazón acelerándose por la anticipación. Aspiró aire desordenadamente.
—No es una persona, estamos hablando de Sakura— su voz sonó estrangulada—. También fue tu alumna ¿acaso eso no significa nada para ti?— dijo, dirigiéndose directamente al hombre postrado detrás del escritorio.
La tensión era palpable en el ambiente. Un destello de una mirada de dolorosa sorpresa cruzó el rostro de Kakashi, turbándolo por un segundo o más.
—Debemos obtener más información respecto a su situación— sugirió Shikamaru antes de soltar la mitad del aire de sus pulmones.
—¿Qué es lo que sugieres?— cuestionó el General, comprendiendo el rumbo al que se dirigía esa conversación.
—Los últimos informes indican que hay cuatro informantes claves, para ser exactos— explicó el Nara cruzándose de brazos—. Trabajan como agentes dobles. Dos de ellos son tenientes, mantienen comunicación directa con sus superiores.
Naruto parpadeó un puñado de veces.
—Podemos intentar contactarlos— dijo Kakashi, manteniendo aquella posición calculadora—. Quizás de esa manera podamos alcanzar a Sakura.
—No— negó rotundamente el Uzumaki—. Ni pensarlo. Si los Uchiha lo descubren, no dudaran en ejecutarla.
—Vale la pena intentarlo— insistió el hombre al mando de la Insurgencia.
—No, eso no sucederá— añadió Shikamaru.
Naruto frunció el ceño.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Sakura es valiosa para los Uchiha, en especial para el General. Nuestro informante mencionó que trabaja para ellos, esta viviendo bajo el mismo techo que Uchiha Fugaku.
—Sakura— susurró Naruto terminando por enmarañar aún más sus pensamientos. Sabía lo que Shikamaru estaba sugiriendo al revelar esa información.
—Naruto— lo llamó Kakashi, esta vez con suavidad—. Se lo difícil que es esto para ti, pero te aseguro que Sakura estará bien, la sacaremos de allí— prometió, exponiendo sinceridad en sus palabras—. Sin embargo, ahora mismo es más útil dentro de Konoha que fuera de la aldea.
Naruto estrujó los puños a los costados de su cuerpo, furioso.
Sakura se había transformado en una herramienta tanto para los Uchiha como para la Insurgencia.
En ese caso ¿Qué los hacia diferentes a su enemigo?
—Esta bien— concedió él, atrayendo las miradas de los otros dos hombres en la sala—, pero si ella llega a morir, me asegurarse de que ambos paguen por ello.
Continuara
N/A: ¡Hola, hola, gente bonita! Espero se encuentren muy bien :3
Ha pasado un mes desde la ultima actualización, así que decidí regresar con un nuevo capítulo.
Antes de comenzar, estoy considerando cambiar la clasificación del fic debido a las descripciones de ciertas situaciones que pueden catalogarse como sensibles y no necesariamente porque contenga smut (esta parte definitivamente no esta considerada), si no porque en capítulos futuros se abordan temas sobre abuso físico, psicológico, etc.
Pasando a las notas: decidí incluir tres recuerdos particularmente interesantes. El primero centrado en Sasuke y su primer contacto con la guerra siendo un niño, no especifique la edad en esa escena, pero debía tener entre 11 y 12 años. Esto esta ligado con su pensamiento y forma de ver el mundo, el cual, comienza a cuestionarse, porque es parte de su persona, la base de su moral y principios. Además, antes de ser shinobi es humano y quería proyectar el trauma, aquel impacto que debe generar estar en una situación así.
El segundo recuerdo nos muestra a Sakura e Ino. Todos estos pequeños atisbos al pasado son necesarios para vislumbrar el contraste y el desarrollo de los personajes, en especial la relación entre ellos. Como en el caso de Naruto es posible darse cuenta que siente culpa, pero esa culpa no es reciente, sino de muchos años atrás.
Ahora si, una vez abordado este punto en particular. Me gustaría agradecer, de todo corazón, el constante apoyo que me brindan, ya sea agregando la historia a favoritos, activando las notificaciones de seguimiento o dejando un bonito review. Tengan en cuenta que leo todos y cada uno de sus comentarios, cualquier critica constructiva, duda, pregunta o teoría siempre será bien recibida, me interesa saber lo qué piensan respecto a la historia 3
Muchísimas gracias por dedicarle parte de su valioso tiempo a leer, en verdad, espero que la espera valga la pena y el contenido sea suficiente para compensarlo.
Sin nada más que agregar, espero que hayan disfrutado de la lectura.
Nos leemos pronto. Cuídense mucho, les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren :3
¡Hasta la próxima! ¡Bye, bye!
