Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no son creaciones mías ni me pertenecen, todo es obra de Masashi Kishimoto.
Heredera de la Voluntad de Fuego
XI
El brazo le ardía.
Le seguía ardiendo mucho tiempo después; todavía sentía la lanzada de fuego en su hombro, en los dedos, incluso en la nuca.
Ya la habían herido antes, pero nunca de aquella manera y podía decir lo mismo por Sasuke. En ocasiones, durante el trayecto, se le escapaban de los labios oraciones, plegarias acompañadas de trémulos jadeos y profundos suspiros.
Debido al escape, la ninja médico no había encontrado la oportunidad ni el momento perfecto para revisar sus heridas. Sasuke se obstinó en que continuaran andando tanto como fuera posible.
Por ahora se habían alejado lo suficiente de la sangrienta escena de la masacre. Dudaba que el resto del grupo — si es que existía alguno—, estuviesen dispuestos a cazarlos. Ambos se las apañaron para aniquilar al menos diez de ellos. No obstante, el ser perseguidos por ese grupo de psicópatas era la última de sus preocupaciones. Lo que de verdad la agobiaba era la deplorable situación de su compañero. Lo llevaba prácticamente a cuestas. En algún punto, él intentó caminar por su cuenta con el patético objetivo de preservar su orgullo y dignidad, pero luego de unos cuantos minutos, Sakura recibió el peso de su cuerpo, permitiéndole reposar el brazo alrededor de sus hombros mientras andaban por el accidentado sendero.
Justo ahora lucía terriblemente pálido, con las mejillas hundidas y los ojos desorbitados. La kunoichi insistió en detener la marcha en dos ocasiones, pero cuando Sasuke se ponía testarudo no había manera de que cambiara de opinión, así que siguieron por la ruta más intrincada.
Aquella caótica noche se rompió con un brillante amanecer.
Sakura levantó la mirada y observó cómo el cielo azul se iba tornando blanco a través de la enramada. Las ramas y las hojas de los robles, las camelias, algunas especies de bayas y otras clases de árboles tejían una intrincada red en torno a ellos, y les permitían ocultarse a la perfección.
La kunoichi se percató de algunas cosas mientras analizaba el terreno. Al oeste de donde se encontraban, el bosque acababa abruptamente y se cortaba con una empinada ladera. Había una pequeña llanura abajo y, un poco más allá, continuaba la ladera hasta descender a un lago. Se vislumbraba una diminuta choza con el suelo elevado, en medio de la llanura por la que habían pasado horas atrás. Al ver las ruinas de un arco sintoísta de madera, como a diez metros de la choza, Sakura dio por supuesto que era un antiguo templo. La puerta principal estaba abierta, y no había nadie dentro.
Tomando la misma decisión que había adoptado respecto a otros posibles refugios, la pelirosa se negó a esconderse en aquel templo. Puede que hubiera gente allí… y dado que solo había una entrada, se verían cazados en cuanto aparecieran por la puerta.
De vez en cuando, Sakura giraba la cabeza y miraba hacia atrás para cerciorarse que nadie los perseguía.
Porque sabía que los perseguirían. Habían masacrado a un grupo completo. Alguien encontraría los cadáveres en charcos de sangre, y al momento se armaría un gran escándalo.
No fue sorpresa cuando, tres kilómetros más adelante, Sakura optó por ocultarse en un lugar entre la espesura, rodeado de arbustos, relativamente cerca del lago, donde pudieran tumbarse y descansar. Más arriba, en la colina, los arbustos parecían más espesos, pero pensó que atraería a otros, y en caso de que toparan con otro que resultara ser un enemigo, pensó que sería mejor estar en un lugar no tan empinado, donde resultara más fácil correr. Después todo, ambos estaban heridos.
Sakura se sentó y se recostó contra un árbol que apenas tenía diez centímetros de anchura, Sasuke se acomodó justo a su lado y se apoyó en el tronco, con las piernas estiradas. Estaban completamente exhaustos. El Uchiha cerró lentamente los ojos.
Rápidamente, la pelirosa se obligó a exiliar el cansancio. Sasuke necesitaba atención medica de inmediato.
Haciendo caso omiso a cualquier atisbo de decoro o vergüenza, se colocó en el espacio disponible entre las piernas del pelinegro. Él no rechisto y esa fue señal suficiente para que Sakura comenzara a trabajar. Sin pedirle permiso levantó su camisa, descubriendo la piel bañada de un color carmesí.
—Tranquilo, voy a encargarme de esto ¿sí?— dijo quitándose la mochila del Uchiha de un jalón sin alejar la mirada de la herida; tenía una forma recta, pero había rasgado más tejido de lo que esperaba, y era más profunda de lo que hubiese querido—. No te muevas— pidió mientras acumulaba chakra en las manos para iniciar su labor.
—No— se negó Sasuke con un gruñido. Sus miradas se encontraron y quedaron fijas. Entonces él dijo calladamente—: No lo desperdicies en mí.
La kunoichi se sintió un tanto cohibida, porque notó el peso de la mano de Sasuke sobre la suya, así como el delicado apretón, interrumpiendo el flujo de chakra.
—No digas tonterías— rebatió con bastante decisión—. La herida es bastante fea y si no detengo la hemorragia probablemente acabes desangrándote.
—Estoy bien— dijo tajante—. Deberías curar tus propias heridas.
Sakura siguió la mirada de Sasuke hasta el brazo afectado. La manga del Jersey cubría el orificio que la punta de la flecha dejó en su hombro, pero estaba empapada de sangre.
—No es nada— movió la mano para restarle importancia, tratando de no sentir el dolor que le subía por el brazo cada vez que lo movía—, puedo atenderme más tarde.
Pese a la agonía que la sacudía, su único propósito era estabilizar a Sasuke. No permitiría que dos Uchiha murieran en sus manos, en especial si ambos eran hijos de Fugaku. No en su guardia.
Una vez más, cerró los ojos y canalizó el flujo de energía hasta las palmas de sus manos, acumulando una pequeña cantidad de chakra verde vibrante.
—No lo hagas— le advirtió Sasuke.
—¿Podrías dejar de ser tan obstinado?— resopló indignada.
—Los que aconsejan, se hablan a si mismos.
De nueva cuenta, Sasuke la retuvo por la muñeca.
A Sakura se le cortó la respiración como si el aire se le hubiese solidificado en los pulmones. Ahora tenía tiempo suficiente para sentir los estragos de aquel simple tacto en sus sentidos, en su corazón. Un corrientazo de electricidad recorrió todo su cuerpo, enturbiando sus procesos mentales, reduciendo su capacidad neuronal a niveles realmente mediocres.
—Lo haremos de la forma tradicional— la voz del Uchiha se transformó en una orden militar, regia e inclemente.
La kunoichi había olvidado respirar en todo ese tiempo, sucedía cada vez que él la tocaba, un hecho que sucedía a menudo desde el procedimiento de enlace de chakra.
Como si fuese capaz de percibir e interpretar el estado momentáneo de shock, Sasuke la liberó retrayendo la mano hasta colocarla a un costado de su cuerpo. Fue de una manera gentil y pausada, como si quisiera prolongar el contacto tanto como fuese posible.
Sus instintos de ninja médico la llevaron a rebuscar el botiquín de primeros auxilios dentro de su mochila. De acuerdo con Sasuke, todos llevaban uno consigo. No se comparaba con las habilidades curativas de los shinobis capacitados para realizarlas, pero podía hacer una diferencia entre la vida y la muerte.
Le tomó cerca de una hora recolectar los utensilios necesarios para iniciar el proceso de curación. Cada vez que se alejaba un poco, un cálido y extraño cosquilleó le recorría el muslo. Sabía que se trataba del chakra de Sasuke; sus nervios estaban impregnados de éste, incluso sus sentidos. Pese a sus conocimientos anatómicos, Sakura no era capaz de precisar qué cambio sufrió su cuerpo, pero cada vez que estaba cerca del Uchiha, sus mejillas comenzaban a arder, y su corazón se aceleraba, merodeando los límites del tormento.
Necesitaba concentrarse.
Por esa misma razón hizo un esfuerzo sobrehumano al no interrumpir su trabajo. Evitaba en la medida de lo posible tocar su piel a menos que fuese estrictamente necesario.
—No te muevas, voy a lavar la herida— explicó la kunoichi. Sus manos temblaban ligeramente y sentía como el corazón amenazaba con acelerarse una vez que acarició una fracción del plano de su abdomen—. Esto va a doler un poco— advirtió mientras humedecía una venda en alcohol.
Evidentemente fue algo más que doler un poco. Por el rabillo del ojo vislumbro la forma en que los dedos del azabache se aferraban a la tierra al mismo tiempo que comenzaba a jadear, pero no logró gritar.
Ambos se sumieron en un incómodo silencio, cosa que Sakura agradeció inmensamente. Aprovecho ese tiempo para desinfectar el agua y el hilo. Gracias a su ingenio, colocó una lata vacía en un saledizo de roca, en lo alto de un par de trozos de madera ardiente, a modo de hornillo. Aplicar el agua directamente en la herida sin desinfección no se podía plantear.
Lo contempló de reojo sin llamar su atención. Su respiración se había modulado desde hace algunos minutos, pero el rostro se le contraía cada vez que hacia un tenue movimiento. Probablemente tenía unas cuantas fracturas, pero conociendo su impotente y majestuoso orgullo, el Uchiha no diría nada.
—La herida…— comenzó a decir al cabo de un rato. Sasuke contrajo los músculos del abdomen ante el delicado tacto de la pelirosa—. Iban a hacerte lo mismo que a ese hombre ¿cierto?
Atravesó un pequeño fragmento de la epidermis con la aguja. Ya había empapado la herida en alcohol antes de comenzarla a coser. Se disponía a desinfectarla de nuevo. Sasuke, que había conseguido relajarse un poco, volvía a mostrar aquella mueca de dolor.
—Fui descuidado— farfulló—. Uno de ellos consiguió asestarme un golpe en la cabeza antes de activar el Sharingan. Cuando recobré un poco la consciencia estaba colgando de una rama, con la hoja del cuchillo clavada en mi abdomen.
Escuchó el relato atentamente. Había sido un verdadero milagro que ambos consiguieran escapar con vida.
Poco a poco, el hilo de algodón unió la piel de forma limpia. Con el paso del tiempo y los cuidados apropiados, tan solo quedaría una cicatriz y un mal recuerdo.
—Tuvimos suerte— suspiró.
—No son más que mercenarios sin escrúpulos— concluyó iracundo.
—Por poco consiguen asesinarnos— le recordó.
Aun no podía explicar de dónde sacó las fuerzas necesarias para hacerles frente.
Él no contestó, en su lugar se mantuvo estático, esperando que ella finalizara con el trabajo. Sakura fingió no notar la mirada inquisitiva del Uchiha.
—Muy bien— dijo Sakura cuando presionó la gasa desinfectada en la herida. Luego rápidamente enrolló una venda alrededor del abdomen—. Ya está.— Y añadió con un deje de preocupación—: Espero que no se haya infectado. Las puntadas resistirán lo suficiente hasta que lleguemos al campamento.
Como si la idea se le hubiera ocurrido repentinamente, Sakura removió nuevamente el contenido de la mochila y sacó una pequeña bolsa de piel. Sacó un blíster con píldoras blancas y se lo dio a Sasuke.
—Analgésicos, para el dolor. Deberías tomarte alguno.
El Uchiha la miró atónito, pero luego tomó las pastillas.
Satisfecha con su trabajo, recargó el cuerpo contra el tronco de un árbol. Pese al dolor, el agotamiento, su brazo, los mercenarios; pese a todo, Sakura sonrió.
—Tus heridas— señaló Sasuke al cabo de un rato.
—No pasa nada, estoy bien— casi se le había olvidado aquello—. Solo son pequeños rasguños— Sasuke tenía el ceño fruncido.
—Mentirosa— le recriminó con voz monótona. Sakura vio como el Uchiha cerraba los ojos buscando un ápice de paciencia.
—Hablo en serio— rebatió.
—Dejame verlas— ordenó.
La piel de la nuca se le erizo al escucharlo. No le gusto el tono que utilizo para dirigirse a ella. Era un sonido férreo, terminante.
Aun así, pocos segundos después y, sin interrumpir el inusitado contacto visual, se las apañó para quitarse el jersey sucio; la piel nívea de su brazo derecho estaba teñida de un tono carmesí. Ante la imagen, el Uchiha frunció el ceño con ahincó.
Sakura parpadeó para romper el inusitado, pero penetrante contacto visual y volvió el rostro para ocultar su bochorno.
No obstante, Sasuke la detuvo al sostener su barbilla.
Como cada vez que la tocaba o estaba demasiado cerca, la kunoichi advirtió como la fuerza de voluntad flaqueaba.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal al notar el suave tacto de Sasuke sobre su piel lastimada; primero pasó la yema de los dedos por su pómulo hinchado y enrojecido hasta descender a las marcas violáceas alrededor de su cuello. La tocaba con delicadeza, como si estuviese forjada de la más fina y sibarita porcelana.
El Uchiha tragó saliva cuando vio lo que aquellos salvajes habían hecho con ella.
—¿Tan mal está? ¿Voy a morir?
—No. Tampoco parece haber restos de la flecha en la herida.
—Hice todo lo posible por extraerla limpiamente.
—Aun así hay que limpiarla— el cálido aliento le bañó el rostro.
Sakura se obligó a sí misma a desviar la mirada a un costado, aunque ameritase ser un trabajo imposible.
Para su fortuna, el azabache no vociferó palabra alguna durante el proceso de curación. Sus manos eran diligentes, demasiado preciso para sorpresa de la kunoichi. Podía intuir que lo había realizado un centenar de ocasiones.
Aun así, una sensación de electricidad le recorrió cada centímetro de piel cada vez que él la tocaba sutilmente, dejando a su paso llamas ardientes que su corazón no era capaz de sortear.
No sabía porque su cuerpo reaccionaba instintivamente a cada movimiento que Sasuke realizaba. Ninguna fibra de su ser respondía a las inclemencias de los últimos remanentes de buen juicio en su cabeza.
Probablemente, hace un par de meses se hubiese sentido intimidada con solo tenerlo cerca, tal como sucedió la noche en que se conocieron, pero ahora ¿Qué lo hacía diferente? ¿Por qué su pecho amenazaba con explotar con cada latido? ¿Por qué sus sentidos se agudizaban con el roce de sus pieles, con el sutil olor a tierra y bosque que despedía su cuerpo? ¿Cómo era viable que, en lugar de alejarse, anhelara estar más cerca de él? ¿Cómo era posible ignorar la impetuosa necesidad de cubrir la casi inexistente distancia que los separaba?
Sakura no dijo nada en voz alta. Aunque en su interior, las mismas llamas del infierno hacían arder su cuerpo hasta hervirle la sangre, su rostro permanecía impertérrito.
—¿Por qué regresaste? — susurró al fin el Uchiha sin quitarle la mirada de encima.
La kunoichi contuvo el aliento. No había olvidado su pequeño e imprudente gesto de humanidad.
—Ya te lo dije— alegó, procurando permanecer lo más estoica posible.
—Eso fue una excusa para distraerme— dijo en susurros—. Quiero saber la verdadera razón.
Sakura desvió la vista del rostro de Sasuke y se afanó en apartar los pensamientos absurdos que empezaron a rondar por su cabeza. Lo cierto es que ella había sido víctima de ese poder categórico que poseía el Uchiha y por eso misme le costaba tanto trabajo formular una mentira. Así que optó por hablarle con la verdad.
—Le hice una promesa a Itachi— sonrió.
—Eres una mujer estúpida, testaruda y valiente— susurró Sasuke en un tono jocoso, tan cerca de su rostro que su aliento le erizó la piel. Ella se tensó de pies a cabeza—. No deberías arriesgarte por nosotros, no después de todo el daño que mi familia te ha causado.
Sakura sabía que, en algún punto, sus acciones iban a hacer que la mataran.
—Siempre cumplo con mis promesas—dijo—. No puedo dejarlo morir.— La mano le ardía de nuevo. Sakura apretó los dientes.
Emulando el ingenio de la pelirosa, Sasuke se las apañó a la hora de improvisar una férula para inmovilizar el brazo herido de la kunoichi.
—Abre el ojo.— Sasuke empapó un paño en agua caliente y le limpió la costra de sangre seca. El párpado estaba hinchado, pero Sakura consiguió abrirlo un poco. Vio sobre ella el rostro del muchacho—.¿Cómo te hiciste eso?— preguntó.
—Fue regalo de uno de los bandidos.
—Esos bastardos…
—Esos bastardos están muertos— se adelantó la pelirosa, cerrando los ojos con fuerza.
Sasuke no dijo nada al respecto, cosa que la kunoichi agradeció inmensamente.
Una vez finalizó el Uchiha, se alejó lo suficiente de ella, regresando al sitio donde estaba sentado inicialmente.
El sol ya estaba alto en el cielo y el aire olía como los bosques en mayo.
—¿Crees que Itachi se encuentre bien?— preguntó Sakura.
Sasuke levantó la mirada hacia ella. Titubeó un poco, y luego dijo:
—Supongo que si— suspiró—. Mi hermano puede ser un hombre obstinado en ocasiones, igual que tú.
Una sensación de hormigueo llegó a su pecho, alertándola de un inminente sonrojo en sus mejillas.
Ahora fue el turno del Uchiha para cerrar los ojos; asintió. Y después de titubear un poco más, avanzó:
—Me refiero… se necesita más que eso para matarlo— concluyó Sasuke a secas determinado a culminar con esa conversación.
Sakura inspiró profundamente. Y luego asintió.
—Sí…— un poco después, Sakura levantó la mirada de nuevo hacia Sasuke—. Supongo que es así.
Los dos desviaron la mirada hacia el frente. Ambos estaban lo suficientemente cansados para continuar conversando. Necesitaban descansar un par de horas antes de proseguir con su camino.
Sin embargo, Sasuke tenía otros planes.
Sakura continuaba absorta en sus pensamientos, casi en trance, por tal motivo se alteró cuando el muchacho pronunció la declaración a bocarrajo:
—No permitiré que nada malo te suceda, Sakura. Es una promesa.
Ambos intercambiaron miradas. La de Sakura reflejaba absoluta incertidumbre, la de Sasuke un torbellino de emociones.
—Sasuke, yo…— comenzó a decir en un tono sobresaltado.
—Descansa un poco— la interrumpió—.Yo montare guardia.
Al caer la tarde, Sasuke y Sakura acabaron trasladándose aproximadamente veinte kilómetros al suroeste de su posición previa.
El lago, que podía verse de vez en cuando a medida que avanzaban entre los árboles, centelleaba con un azul brillante. Si estuvieran de excursión, aquel sería un lugar maravilloso.
Pero no estaban de excursión. Ante sus ojos apareció el campamento militar levantado alrededor de las faldas de la montaña.
A media legua habían alzado una barricada de estacas puntiagudas, vigilada por shinobis de alto rango. Tras aquella línea se extendía el campamento. Un centenar de hogueras donde se cocinaban cenas lanzaban al cielo dedos de humo, los hombres vestidos con el uniforme distintivo de los Uchiha, sentados bajo los árboles, afilaban los kunais y otras armas.
Un grupo de soldados se adelantó para desfilarlos cuando se aproximaron a las estacas. El gendarmen que los guiaba no era más que un soldado de menor rango que Sasuke; en el hombro derecho portaba la manga celeste que delataba su posición como Suboficial.
—Kohaku-san— saludó.
—Sasuke-sama— dijo atónito el aludido cuando lo vislumbró de cerca—. Capitán, temíamos que algo malo hubiera pasado, o…— Miró inseguro a la kunoichi.
—¿Dónde está mi hermano?— preguntó Sasuke tajantemente.
Sakura se removió incomoda a su lado. Por el aspecto de ambos, no se necesitaba ser un genio para deducir que algo malo les había pasado en el camino.
Al final de la batalla, ella acabó con el rostro tan tumefacto y ensangrentado como debía estar el de Sasuke. Además, estaban cubiertos de sangre y barro de la cabeza hasta los pies.
El joven los estudió con cautela sin importarle la hostilidad que emanaba de su capitán.
—Itachi-sama, él…— comenzó a decir, titubeante.
Incapaz de controlarse, Sasuke puso los ojos en blanco ante la renuencia de su subordinado. Se aseguraría de cobrarse dicha falta de respeto con intereses. Ahora mismo no contaban con el tiempo suficiente para someterse a un meticuloso proceso de revisión e interrogación. La vida de su hermano corría peligro, y la única persona capaz de salvarlo se encontraba retenida a su lado.
Cerró los ojos un instante, inspiró profundo y, reuniendo un poco de esa efímera calma en alguna parte de su ser, abrió la boca para decir algo, pero una voz a la lejanía lo interrumpió.
—Vamos, Kohaku, no seas tan quisquilloso, déjalos pasar. El capitán responderá tus preguntas después— lo urgió Shisui a unos cinco metros de distancia.
Tanto Sasuke como Sakura guardaron silencio. Shisui se veía cansado. Su uniforme de general estaba impecable, pero desordenado; llevaba el chaleco táctico desabrochado, permitiendo entrever el jersey oscuro. A pesar de que sonreía levemente y proyectaba una actitud despreocupada, su rostro lucía pálido, los hombros caídos y la mirada perdida, decían todo lo contrario.
Shisui les hizo una seña a los guardias que estaban junto a él para despejar el camino y permitirles la entrada. Sakura tuvo la impresión de que caminaran hacia atrás, como en presencia de un antiguo dios-rey.
—¿Pero qué demonios pasó con ustedes?— preguntó el Uchiha de mayor rango luego de que ambos le dieran alcance a mitad del sendero.
—Larga historia— replicó Sasuke en un gruñido. Lo cierto era que no tenía ánimos para hablar del incidente.
Cuando hizo amago de dar un paso al frente, sus piernas temblaron de repente. En un acto reflejo, la pelirosa se aproximó a él, recibiendo el brazo alrededor de su cuello, obligándolo a dejarse ayudar para no perder el equilibrio.
Él la miró de forma significativa, tal como lo había hecho anteriormente en el bosque cada vez que sus cuerpos entraban en contacto.
Sin pensarlo demasiado, habían alcanzado un nivel de intimidad inexplicable; ambos eran capaces de interpretar cada gesto, cada mirada, cada palabra no pronunciada.
—Necesita atención médica de inmediato— anunció Sakura en tono firme.
—Estoy bien— exhaló Sasuke—. Tan solo necesito descansar.
—Sakura tiene razón— la mirada de Shisui se tornó severa—. Estas blanco como la leche. Le pediré a uno de mis hombres que te escolte a la carpa médica.
Sasuke masculló una maldición mientras colocaba una mano sobre su abdomen para amortiguar el dolor punzante que emanaba de su herida.
—No es necesario— protestó.
—Cumpliste con tu misión, Sasuke— dijo Shisui, haciendo un gesto con las manos como si quisiera detener al aludido—. Escoltaste exitosamente a nuestra ninja médico estrella. Ahora retirate a descansar.
Sasuke frunció el ceño, enfadado.
—Shisui.
El interpelado se encogió de hombros.
—No es una sugerencia, Sasuke, es una orden— respondió en tono cortante—. Rokuro-san— se dirigió al hombre que lo seguía como una sombra—. Escolta al capitán Uchiha a la carpa médica. Asegurate que no salga de ahí hasta que haya sido atendido. No quiero cargar con el peso de la muerte de otro de los hijos de nuestro brillante General, suficiente tengo con Itachi, ¿está claro?
—Como usted ordene, Shisui-sama.
Sasuke permaneció en silencio. Miró atónito a Sakura. Ella sonrió, como si fuese capaz de leer sus pensamientos.
—Estaré bien, Sasuke— procuró tranquilizarlo. Era la segunda vez que se apartaban durante el viaje. La primera ocasión por poco eran asesinados por un grupo de bandidos.
Sin más preámbulos, el pelinegro siguió de cerca los pasos de su nuevo acompañante en dirección contraria a Shisui y Sakura. Tan pronto como estuvo lejos del oído del general, la atención del Uchiha recayó por completo en la presencia de la kunoichi.
—¿Qué te ha pasado en la cara?— preguntó, reanudando el paso.
—Me vi envuelta en una pelea— casi se le había olvidado aquello—. ¿Cuál es el estado de Itachi?
—Peor de lo que imaginaba.
—Sí, pero ¿Qué tan mal está?
—Conforme pasan las horas su condición empeora. Los ninjas médicos han intentado mantenerlo con vida. Parece aferrarse a algo, es obstinado, por esa razón no ha muerto.
Los labios de Sakura se fruncieron.
—¿Qué fue lo que sucedió?— quiso saber, con la esperanza de que Shisui disipara cualquier remanente de duda. Aun así, tuvo que contenerse para no gemir.
—Tienes el brazo empapado de sangre— dijo Shisui.
—Una herida de flecha…— Sakura bajó la vista. Era verdad. La herida se le había vuelto a abrir.
—Una flecha de los bandidos.— No era una pregunta—. Tal vez también debería llevarte a la carpa médica.
—No tenemos tiempo. Además, no respondiste mi pregunta.
Quiso relajar la espalda, pero todos sus músculos estaban contraídos en una oleada de agitación y cansancio que la hacía mantener estática. Era de esperarse que nadie dentro del campamento se tomara las molestias de informarle sobre la serie de acontecimientos que habían dejado al heredero del General al borde de la muerte.
—En medio de la batalla intentó utilizar el Mangekyou Sharingan. No era la primera vez que lo hacía, así que todo parecía ir normal…— bajó la mirada. Luego prosiguió—: Cayó de rodillas en el suelo y comenzó a toser incontrolablemente.— Se le quedó mirando fijamente—. Cuando el equipo de atención consiguió alcanzarlo ya estaba inconsciente. Lo han mantenido en ese estado para evitarle el dolor.
Sakura maldijo por lo bajo.
La enfermedad desconocida que lo aquejaba estaba consumiéndolo de manera desproporcionada.
Ambos se agacharon para pasar bajo el faldón de la tienda, aguardó un instante hasta que se le acostumbraron los ojos a la penumbra. A medida que sus orbes esmeralda se adaptaban a la oscuridad, vislumbró el interior atestado de un grupo de ninjas médicos que deambulaban alrededor de Itachi como pequeñas hormigas atareadas, yendo y viniendo con un ritmo apresurado entre susurros apagados.
Shisui carraspeó un poco para llamar su atención; la habitación improvisada se sumió en silencio.
—Gracias— espetó—. Ahora que tengo su atención, me gustaría presentarles a Haruno Sakura.— Ella cerró los ojos para contener un escalofrío que el simple roce de la mano de Shisui contra su espalda le causó—. El General la ha enviado para dar su opinión médica en el caso e intervenir. A partir de este momento todos están obligados a obedecerla ¿quedo claro?
—Sí, General— respondieron todos al unisonó.
Sakura estaba por mucho, aterrada. Se plantó en medio de la geografía de la tienda con los tamborileos firmes de su corazón ensordeciéndola.
Aquello no era nuevo para ella, sin embargo, había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvo a cargo de un equipo médico.
Sabía de buena cuenta que los Uchiha no mirarían con buenos ojos dicha intervención. No era común que una prisionera se convirtiera en su superior de la noche a la mañana, en especial si esa misma prisionera era su enemiga.
Caminó reticente al frente. Uno de los ninjas médicos la miró con los ojos entrecerrados y sin mediar palabra, se hizo a un lado, permitiéndole el paso a la camilla donde reposaba Itachi. Evitó mirar de reojo a las personas que se encontraban a su alrededor. Las piernas le temblaban, al mismo tiempo que su corazón latía con violencia, amenazando con salir disparado en cualquier momento de los confines de su caja torácica.
Se desplazó hasta posicionarse a un lado de la camilla de Itachi; sus ojos verdes vagaron desorbitados hacia el punto donde se apreciaba la vibración de la sábana que cubría el pecho del shinobi, marcando el ritmo de su respiración asistida, a la cánula de su nariz que lo conectaba a un tanque de oxígeno.
—I-informe— titubeó. Su voz no estaba ni cerca de emular el tono autoritario de Shisui. Sonaba insegura, temerosa.
La tienda permaneció en absoluto silencio. No fue hasta que una joven kunoichi se abrió paso hasta quedar frente a ella.
Sakura la analizó por una fracción de segundo; lucía igual o más joven que ella cuando comenzó a asistir a los soldados de la Resistencia en los diferentes campamentos a los que era enviada.
—Masculino de veintiséis años, sin antecedentes de enfermedades crónico degenerativas— comenzó a relatar a la perfección—. Ingresó con un cuadro de cuatro meses de evolución consistentes en expectoración hemoptoica intermitente, pérdida de seis kilogramos de peso, astenia, mialgias y disminución de la fuerza muscular. Se encontraron crépitos en ambas bases musculares. Existe un claro deterioro de la función renal y hepática.
La pelirosa asintió. Al menos el diagnóstico era igual al suyo. Los cambios eran mínimos, pero letales.
—Bien— suspiró—. Llevaremos a cabo el Chikatsu Saisei no Jutsu— manifestó echando un vistazo a todos los presentes en la habitación—.Sera necesaria la presencia de todos los médicos disponibles para realizar los cambios durante el proceso. Así mismo, requiero de un mechón del cabello de Sasuke— a medida que su voz proyectaba más confianza, los ninjas médicos a su alrededor comenzaron a movilizarse—.Procuraremos enfocarnos en reparar el daño de los pulmones, riñones e hígado, ¿entendido?
Una vez más, todos se mostraron de acuerdo.
—Preparen otra tienda— ordenó—. Yo me encargare del sello.
Sin decir una palabra más, la pelirosa salió al exterior en compañía de Shisui.
—Eso que hiciste allí adentro fue increíble— espetó con una media sonrisa.
—Solo estoy haciendo mi trabajo— se encogió de hombros—. No hay nada de increíble en ello.
Aprovechó el poco tiempo libre para lavarse el rostro y las manos, así como despojarse de la ropa sucia y cambiarse por una muda limpia que pertenecía a Shisui.
Cuando ingresó a la tienda recién montada se encargó de trazar el sello tal y como su maestra se lo había enseñado. Aquel procedimiento requería de una concentración inexorable, por lo que agradeció encontrarse a solas, lejos del curioso escrutinio de los demás ninjas médicos.
Creía que estaba más dispuesta a rememorar las tragedias de la guerra que los deprimentes años que siguieron a su cautiverio y eventual "liberación". En un par de meses, pasó de un mundo donde la vida o la muerte, la victoria o la derrota, la supervivencia o la extinción nacional habían sido los únicos problemas, a una sociedad donde únicamente se hablaba del honor y el deber; asuntos que tenían mucha más importancia que las operaciones de guerra.
Tras una década de ajetreo constante atendiendo a moribundos durante el día y esperando a los muertos que se cernían sobre sus cabezas durante la noche, le resultaba insoportable fingir interés y conmiseración ante esos asuntos. Era muy posible que no lo consiguiese, pues la banalidad de la situación la sumía en la desesperanza. La antigua frustración que había conocido en la Unidad 121 regresaba multiplicada por mil; mientras el desastre azotaba el mundo, ella se sentía abandonada en una suerte de muerte en vida, derrochando años de una experiencia que tan útil la hacía para sus enemigos.
Una vez finalizó con el sello, el grupo bajo su mando ingresó a la tienda; depositaron el cuerpo inerte de Itachi en el centro.
—Estamos preparados para iniciar— le anunció otro shinobi en voz baja.
Ella asintió en confirmación. Por inercia, llevó una mano al bloqueador de chakra que coronaba su oreja izquierda, allí donde el dispositivo se incrustaba en la mezcla de carne y cartílago, avivando el recuerdo de una pesadilla.
—Es hora, todos a sus posiciones.
Sus fanales esmeraldas se dirigieron hacia el Uchiha inconsciente. El procedimiento era riesgoso y las probabilidades de éxito eran bajas, aun así debían intentarlo.
«No te atrevas a morir, Itachi— dijo para sus adentros—. Hicimos una promesa».
»»»»««««
El eco tenue de voces, de voces médicas, llenaba el pabellón, y lo perforaban a intervalos suspiros y gemidos de extenuación.
Ocho horas habían transcurrido desde que ella dio la orden para iniciar el extenuante proceso. Durante ese tiempo, la pelirosa se mantuvo como espectadora a lado de Shisui, con la mirada fija en Itachi y el ceño ligeramente fruncido, analizando meticulosamente la situación.
Los ninjas médicos iban y venían; realizaban el cambio cada dos horas para no agotar las reservas de chakra. El Chikatsu Saisei no Jutsu requería mucho tiempo para poder culminarse. Tsunade era la única persona capaz de realizarlo con el mínimo esfuerzo, sin derramar una gota de sudor en el proceso. Sakura lo había intentado en una ocasión en sus días como aprendiz; el resultado fue satisfactorio, demostró ser capaz de preformarlo en poco tiempo. Sin embargo, en su actual condición, sería irrisorio si quiera relevar a uno de los médicos.
—Sakura-san— la llamó tímidamente una de las kunoichis; el cansancio se percibió en cada rincón de su pálida faz—. Los riñones comienzan a trabajar a la perfección— notificó con una leve sonrisa curvándole la comisura de los labios finos y resecos.
La aludida dejó escapar un suspiro de genuino alivio.
—Es una buena noticia— dijo la pelirosa con serenidad.
Era demasiado pronto para cantar victoria.
La dicha se disipó en un parpadeo cuando uno de los ninjas de relevo se desplomó. La extenuación había ganado la batalla, rompiendo con la armonía reinante.
Sakura admiró la escena con los pies clavados en el suelo. Estaba demasiado asustada para moverse, aunque no quisiera admitirlo.
—¿Qué demonios está pasando?— preguntó la voz de Shisui a su lado, obligándola a contener un respingo.
La kunoichi tragó grueso, como si así pudiera recobrar el valor para sacar la voz.
—¡Qué alguien cubra el puesto!— escuchó decir a uno de los ninjas involucrados en el proceso.
—¡No hay más médicos disponibles!— secundó una joven perteneciente a la tanda saliente—. Si continuamos de esta forma, todos acabaremos igual. Dejaremos al campamento desprovisto de ninjas médicos en un santiamén.
Sakura aguardó para saber si la necesitaban. Los demás estaban atareados y no le prestaban la menor atención. Una sensación hueca se le esparció por el estomagó. En el preciso momento en que la guerra llegaba nuevamente a su vida, en aquel momento de tensión, había fallado.
Si tenía que involucrarse, no conseguirá aguantar una hora. Su tolerancia al bloqueador de chakra disminuía cada vez que recurría al ninjutsu médico. Los estragos eran violentos. Comenzaba a pensar que el dispositivo acabaría matándola antes de cumplir su condena de muerte.
—Yo tomare su lugar— musitó la pelirosa nerviosa.
Los murmullos llegaron a su fin y las miradas expectantes recayeron nuevamente en ella.
—Debes estar bromeando— espetó Shisui a su lado. Lucía igual o más consternado que la pelirosa.
—Todos hicieron un gran trabajo— continuó diciendo sin reparar en las palabras del Uchiha—. A partir de ahora continuare con el proceso a solas— los apremió con una ligera sonrisa—. Vayan a descansar— su voz, ante tímida y temblorosa, se transformó en una orden regia e inclemente.
Uno a uno, los ninjas médicos abandonaron la tienda hasta dejarla a solas con Itachi y Shisui.
—¿Qué crees que estás haciendo?— le preguntó el Uchiha de mayor rango tomándola del brazo.
La pelirosa se tensó de pies a cabeza. Cuadró los hombros, altiva, e imitando probablemente la actitud impávida de Shisui, lo fulminó con una mirada de odio. Cuando su ceño se frunció y una clara mueca de repulsión se estiró en sus labios trémulos, espetó:
—Por lo visto, mi trabajo.
Shisui estaba listo para responderle cuando ella consiguió zafarse de su agarre. Antes de que pudiera darle alcance, Sakura se adentró entre los límites del sello, cayendo de rodillas a lado de un inconsciente Itachi.
—Voy a terminar con esto de una vez por todas— masculló al mismo tiempo que juntaba chakra en sus manos para iniciar su labor—. Solo tienes que resistir un poco más, Itachi. Solo un poco más.
Nunca antes había estado tan nerviosa a la hora de curar a alguien. Temía que algo terrible llegara a sucederle.
Su mente dio un salto de vuelta al recuerdo del primer herido que atendió. Se trataba de un joven de diecisiete años, era rubio y muy apuesto. Todo en él era hermoso, todo en él era limpio. Todo, excepto el cráter de su vientre. En ese agujero negro cabía la podredumbre entera del cosmos, era un pozo al que ni los médicos regulares ni los ninjas médicos podían asomarse ya.
Lo habían atravesado con una especie de Jutsu desconocido, arrastrando al interior del cuerpo parte del uniforme. Ahí lo había dejado, dentro de sus vísceras y, con él, cieno, heces, sangre coagulada propia y ajena, y tanta suciedad como puede acumular una casaca que nunca fue lavada.
La diferencia entre esa situación y ahora, era que el terror que recorría sus nervios era mil veces peor de lo que alguna vez había experimentado.
Las manos le temblaron con la simple idea de imaginar que todo podía salir mal, sin embargo, sus dedos nunca se alejaron del cuerpo de Itachi.
—M-mierda— titubeo. Jamás se había despojado con tanta rapidez de su propio chakra para salvar a alguien. Había convertido todo el pánico que la embargaba en pura pericia médica. Justo en ese momento, estaba decidida a salvar a Itachi. Salvarle a como diera lugar.
Un latigazo rojo de dolor la recorrió, repentino y feroz. Su chakra amenazó con desvanecerse; la luz que emanaba de sus manos comenzaba a extinguirse.
«Resiste, maldita sea— dijo una voz en las profundidades de su cabeza—. Resiste, resiste, resiste».
El sudor empapaba su frente y descendió por su cuello como si se tratase de la corriente de un río.
—¡Agh!— gruñó estrujando la mandíbula.
Una sensación familiar comenzó a danzar por su cuerpo; el cosquilleo que se originó en la parte frontal de su cabeza se expandió por sus nervios repentinamente.
Las líneas negras se dispersaron por su rostro hasta sus extremidades, dotándola de toda la energía que creía perdida.
«¡El sello! ¡Conseguí liberar el sello aun con el bloqueador de chakra!», pensó extasiada.
Estaba segura que iba a romper en llanto a causa de la felicidad.
No obstante, requirió un esfuerzo sobrehumano centrarse nuevamente en su tarea inicial.
Los órganos eran tejido difícil de regenerar, necesitaba acelerar la tasa de crecimiento de las células para reparar la zona afectada, por tal motivo dejó una mano sobre su pecho mientras la otra recorría su abdomen, deliberando si otros órganos requerían su atención.
—Un poco más, solo un poco más— profirió para ambos.
Controló el desastre en el organismos de Itachi con la misma pericia que su maestra. Al cabo de unos minutos, notó el flujo de sangre regresar a la normalidad, así como el ritmo de su corazón.
No fue hasta que otra punzada de dolor cegador la obligó a detener el proceso.
Se limitó a dejarse caer a lado de Itachi y quedarse inmóvil, sintiendo nauseas. Las cosas comenzaron a desvanecerse lentamente ante sus ojos.
En medio de la bruma que cubría sus orbes esmeralda, Shisui entró en su campo de visión. Se percató que sus labios se movían, pero fue incapaz de escuchar las palabras que emanaban de ellos.
Todas las partes de su cuerpo le dolían por igual de modo que no lo sentía. Solo estaba entumecida y adormilada.
Aquel maldito dispositivo estaba destinado a marear y ensordecer. Dolía tanto que pensó que todo el dolor del mundo estaba atrapado en algún lugar entre su frente y su nuca intentando abrirse camino a martillazos. El dolor era tan intenso que lo único que podía pensar era en no morir.
—Te tengo, todo está bien— escuchó susurrar a Shisui al mismo tiempo que la levantaba del suelo, acunándola entre sus brazos—. Hiciste un excelente trabajo, Sakura.
«¿Viste eso Tsunade-shishō?— cuestionó en su mente—. Lo conseguí… aunque solo duró un instante, lo logre». Una sonrisa se dibujó en su rostro.
Poco después, sus ojos enfocaron las estrellas vacilantes como en un sueño febril y, de pronto, las cosas se quedaron en silencio. Todo se quedó quieto en su cabeza. Las luces ante sus ojos se extinguieron tan rápidamente como si alguien las hubiese apagado con un interruptor. También el dolor desapareció. Lo único que sentía era el palpitar de la sangre en su cerebro hinchándole y comprimiéndole la cabeza. Pero era una sensación apacible. Era indolora. Era tal el alivio que salió de su ahogo. Pudo dormir.
No podía acostumbrarse a la forma en que las cosas se fundían unas con otras. A veces flotaba a la deriva sobre nubes blancas asustada por su pequeñez en medio de algo tan inmenso como el firmamento. A veces se sentía sumida en almohadas blancas que tenían una manera de deslizar los pies por delante sobre un terreno áspero y ondulante. Pero la mayoría de las veces flotaba en algún remanso del río en su lento paso por la base.
Flotaba de espaldas. Cerca de la orilla había sauces y tréboles. El sol le daba en pleno rostro pero su estómago y su espalda estaban helados por el agua que no hacía mucho había sido hielo en las montañas. Flotaba y pensaba en su madre.
—Es agradable flotar aquí, Sakura— dijo con un tono de voz almizclado—. Ponte de espaldas así— le mostró como hacerlo—. ¿Verdad que es delicioso?
Sakura quería hablar, mas no conseguía pronunciar palabra alguna.
—Debes mantener la cabeza fuera del agua para respirar— mascullaba—. Quédate cerca de mi Sakura. ¿Verdad que es hermoso flotar sin ir a ninguna parte y din preocuparse siquiera por ir? Sencillamente deja que el río se ocupe de ello. Nada que hacer y ningún lugar donde ir. Estar en la superficie del río fresca y pensativa, pero sin pensar en nada.
Sin embargo, la Kunoichi no coincidía con aquello. No podía darse la vuelta para nadar, solo podía flotar.
—¿Mamá? ¿Dónde estás?— preguntó temerosa. No podía encontrarla, el agua le cubría la cara.
La calma se diluyó.
Quería decirle a su madre que no permitiera que el agua le tapara la cara. Sin embargo, cuando abrió los ojos nuevamente, Mebuki ya no estaba. Se había ido. Solo quedaba ella con la nariz y la boca y los ojos llenos de agua.
El líquido le cubría el rostro y no podía evitarlo. Era como si su cabeza resultara demasiado pesada para su cuerpo y no pudiera echarla hacia atrás sin hundirse. O tal vez su cuerpo fuese demasiado liviano para su cabeza de modo que no tenía peso suficiente para equilibrarla y mantenerla en alto. El agua fluía sobre sus ojos, nariz y boca, obligándole a escupirla. Era como si flotase de espaldas contra la corriente, con los pies delante, pero iba como en un trineo; con los pies y las piernas totalmente fuera del agua y la cabeza bajo la superficie. Cada vez más rápidamente, y si no se detenía se ahogaría con toda esa agua que le cubría el rostro.
Empezó a sofocarse, a jadear. Era como si alguien le hubiese puesto una almohada sobre el rostro y la mantuviese allí. Respiraba honda y aceleradamente.
No podía seguir así. Tenía que terminar con los ahogos y los hundimientos y los ascensos. Tenía que reprimir el miedo que le daba ganas de gritar, aullar y reír por partes iguales, hasta de estrangularse y morir.
Al cabo de unos minutos, se descubrió concentrando toda su fuerza y su voluntad en un intento por reincorporarse en la cama.
Las cortinas estaban recogidas. Apartó las mantas e intentó sentarse, pero el dolor era excesivo, y pronto se rindió, con la respiración entrecortada. Lo que menos le dolía era el rostro. Su costado derecho era una enorme masa de agonía, y cada vez que levantaba el brazo, una estocada de dolor le atravesaba el pecho.
Apretando mucho los dientes, aferró los dedos al lecho. Pero todo lo que pudo lograr mediante sus más violentos esfuerzos fue una ligera inclinación que la bañó en transpiración y la hundió en un doloroso mareo.
Sintió un gran cansancio. Tendida sin hacer ningún movimiento, pensó en esa otra herida más pequeña había comenzado a advertir. Era un hueco en su hombro. Un pequeño hueco que se negaba a cicatrizar.
Las cosas se volvían cada vez más borrosas. Supo que volvía a desvanecerse. Se escabullía. Parecía como si la oscuridad de sus ojos se convirtiera en algo purpura, o en algo azul como el crepúsculo.
El peso a los pies de la cama evitó que regresara a la bruma de sueños y alucinaciones en la que había estado sumida quien sabe cuánto tiempo. En medio de la penumbra, consiguió enfocar la mirada en la silueta ligeramente encorvada hacia el frente; le tomó un par de segundos percatarse que se trataba de una persona, un hombre en específico.
Una vez más, intentó moverse, pero lo único que consiguió fue derrumbar el porta suero que yacía a lao de la cama. Aquel pequeño esfuerzo la había mareado. La habitación daba vueltas en torno a ella, sólo paredes desnudas y sobras oscuras.
—¿Sakura?— llamó la silueta difusa que reposaba cerca de sus pies—. ¿Sakura?
Hacía calor entre aquellas cortinas, bajo las sábanas y la manta que la cubrían. Estaba sudando. «Fiebre», pensó, como si estuviera ebria. Se sentía muy débil, y el dolor fue como una estocada cuando hizo un esfuerzo por levantar la mano. Sentía enorme la cabeza, tan grande como una roca colosal, demasiado pesada para levantarla de la almohada. Apenas lograba percibir su cuerpo.
Intentó responder al llamado, pero lo único que logro fue un gemido apagado.
En aquel momento, el joven entró en la zona iluminada por la luz, miró atentamente el rostro pálido de la kunoichi y dejo escapar un suspiro.
—Al fin despertaste— susurró el azabache entre preocupado y aliviado—. En verdad eres testaruda.
Sakura frunció el ceño. Procuró centrar la fuerza en los músculos del torso que no se flexionaban convenientemente, sin embargo, éstos no respondieron a sus propósitos.
—Detente— pidió Sasuke en un tonó que sonó entre serio y alicaído—. Agotaste todo tu chakra.
El Uchiha le observó verdaderamente inquieto. Era evidente que Sakura no estaba en las mejores condiciones. De un momento a otro, la pelirosa corría el riesgo de desvanecerse y caer en otro profundo sueño por cuenta propia sin ayuda de los medicamentos.
—¿Estoy muerta?— exhaló Sakura, mirando al azabache.
Él dejó escapar un suspiro de verdadero alivio. El cuestionamiento por sí mismo no tenía mucho sentido. No obstante, comenzaba a hablar, eso era buena señal.
—Por poco.
Derrotada, la kunoichi optó por rendirse en aquella batalla contra su cuerpo; estaba demasiado cansada para realizar otro intento.
Sin más remedio, recostó la cabeza en la almohada -o mejor dicho, la movió un poco-, hasta encontrar la comodidad del lecho.
—Itachi…— Tenía la garganta en carne viva, y su lengua había olvidado cómo articular las palabras.
Por un momento lo perdió de vista, pero agudizó el oído hasta captar los sonidos a su alrededor. Estaba agotada, mas no lo suficiente para escuchar las pisadas de Sasuke que emulaban el ritmo del monitor hasta detenerse en la silla donde dejó caer su cuerpo una vez que Sakura fue capaz de distinguir su rostro de nuevo.
—Se encuentra bien, está fuera de peligro— musitó tan bajo que a Sakura le costó enlazar todas las palabras—. Los ninjas médicos aun lo mantienen inconsciente, pero consiguieron reparar el daño en su hígado. De no haber sido por tu intervención probablemente el habría muerto.
Sakura esbozó una sonrisa, aliviada.
Hubo un corto silencio donde solo resonó la máquina que marcaba la danza rítmica d su corazón a un lado de la camilla.
—¿Cuánto tiempo ha transcurrido?— la pregunta salió de sus resecos y mortecinos labios sin repasarla una vez por su mente.
—Cuatro días— susurró él, manteniendo toda su atención en ella.
—¿Cuatro días?— graznó impresionada. Al menos había recuperado la voz, aunque fuera ronca y áspera. Aún tenía fiebre y carecía de la menor noción de la hora.
—Así es— consintió Sasuke con un pequeño encogimiento de hombros.
Sakura frunció el ceño con ahincó. La mezcla de sedantes con la extenuación de su cuerpo habían hecho un magnífico trabajo al sumirla en un profundo e imperturbable sueño.
Sin embargo, lo que acabó por desamarla fue la realización que la golpeó luego de reparar en el semblante cansado de Sasuke.
—¿Estuviste a mi lado todo este tiempo?— tartamudeó. El esfuerzo que hacía para hablar la dejaba exhausta, y lo que oía la dejaba confusa.
Observó como Sasuke meditaba en silencio. Los dos orbes ébano la estudiaban empedernidamente. Quería creer que estaba consternado, pero la ausencia de sentimientos en sus gestos tornaban casi imposible interpretar el reflejo de la oscuridad en aquellos ojos abismales.
—Sí, lo hice— admitió.
Su corazón dio un vertiginoso tumbo al escuchar la declaración. un extraño hormigueo se abrió paso por sus extremidades y su respiración se disparó tanto que si no hubiese sido capaz de controlarlo, sus resuellos hubiesen sido audibles hasta el otro extremo del campamento.
Sin dar crédito, se sumió en un asombroso silencio; la conmoción noqueándola como si se tratase de una patada adormecedora en la boca del estómago.
El sonido del monitor se alzó por encima del mutismo, provocando que la frecuencia se desequilibrara aún más cuando sintió la mano de Sasuke enlazarse con la suya.
La mirada de Sakura viajó del rostro sereno del Uchiha hasta sus manos entrelazadas. Experimentó un cosquilleó general por todo su cuerpo y la respiración se le cortó de golpe.
En medio de ese infierno, aún existían hombres buenos y Sasuke, sin duda alguna, era uno de ellos.
Lejos de reparar en sus reservas de energía, estrujó la mano del Uchiha. El tacto era reconfortante; se trataba de un contacto atestado de todo eso que ambos necesitaban uno del otro. De su presencia.
Cualquier cosa que ambos se hubiesen propuesto a realizar se vio interrumpida cuando dos personas ingresaron en la tienda.
Sasuke retrocedió, imponiendo una distancia prudencial entre ambos. Los ojos negros, crispados en una decepción sin precedentes, miraban al suelo. Contrajo los músculos de la espalda a la par que la Kunoichi inhalaba y exhalaba a trompicones. Su corazón seguía insistiendo en forjar latidos desbocados y la piel seguía caliente en los lugares que él había tocado.
—Por fin estás despierta— dijo Shisui haciendo acto de presencia. Iba acompañado de un joven ataviada de blanco de pies a cabeza—. Eres toda una celebridad allí afuera. Todos hablan de ti— la media sonrisa se trasladó al otro lado de su boca.
—Espero que sea por algo bueno— Sakura trató de incorporarse.
—Lo es— afirmó el mayor de los Uchiha.
Por el rabillo del ojo captó la expresión colérica en el rostro de Sasuke. Sabía de buena cuenta que no confiaba en él, se lo había dicho la misma noche que la vio arribar a la mansión en compañía del General.
Lo que le costaba determinar era si Shisui estaba al tanto de la animadversión de Sasuke. Por su sonrisa y la actitud despreocupada podría decirse que no, y si lo sabía, parecía no importarle.
—Realizaré un chequeó general para asegurarme que todo esté en orden— explicó la joven al llegar a lado de la camilla, levantando el porta suero que había derrumbado ante la inclemencia de sus torpes movimientos.
—¿Cómo te sientes?— quiso saber Shisui.
—¿Honestamente? Como una mierda— no se opuso al contacto cuando la kunoichi pasó la linterna de la luz blanca por ambos ojos—. Pero estaré bien— concluyó.
—Soy admiradora del trabajo que realizó a lado de Tsunade Senju— interrumpió la pelinegra con una tímida sonrisa—.Verla en acción fue un verdadero deleite.
Sakura estaba demasiado absorta en la tensión que emanaban los Uchiha, pero no lo suficiente como para que sus mejillas se sonrojaran ante el comentario.
—Gracias— tartamudeó la pelirosa, buscando las palabras adecuadas para contestar.
La joven continuó con el examen físico en silencio.
—Sasuke— llamó Shisui—. Probablemente deberías descansar. Yo me quedaré a relevarte.
Sasuke recibió el comentario con un desprecio injustificado. Todo el ambiente se tornó tenso.
—No es necesario—murmuró Sasuke—. Además, se me ha encomendado vigilarla. Solo estoy cumpliendo con mi deber.
La forma en que la media sonrisa de Shisui se convirtió en una sonrisa completa, la manera en que sus ojos se iluminaron con un destello de intriga, fueron atisbos suficientes para revelar tanto.
—Insisto— masculló—. Has pasado cuatro días y tres noches enteras a lado de ella, también necesitas dormir.
Por un momento, Sakura temió que aquella batalla de miradas se trasladara a los golpes. Tal fue la sorpresa que se llevó cuando, en lugar de rebatir, Sasuke se puso de pie y dijo:
—Iré a ver a Itachi— anunció, más para ella que para las otras dos personas en la tienda—. Regresare más tarde.
Inconscientemente, Sakura apretó el puño al mismo tiempo que lo miraba partir. Quería detenerlo, pero el último ápice de buen juicio aferrado a su mente le decía que aquello no era lo más prudente.
—Sé lo del ataque— dijo Shisui por fin.
Desde la cama, Sakura se irguió con brusquedad. Un latigazo de dolor le recordó sus problemas.
—Cualquiera diría que tu lealtad ya no recaen con los tuyos, si no con aquellos que te capturaron y sometieron— dijo en tono casual, sin embargo, cuando emitió la última palabra lo hizo con cierta puntuación, dándole a entender que había sacado sus propias conclusiones sobre su relación con el hijo menor del General.
—No tuve otra opción…— empezó a murmurar Sakura, pero Shisui negó con un gesto y replicó:
—Siempre hay opciones, Sakura.
La aludida tragó saliva con dificultad.
—Dejanos solos, Rei— ordenó el General sin rastros de cortesía en su voz.
Haciendo uso de la respuesta favorita de Sasuke, Sakura guardó silencio. Algo en su interior le pedía a gritos que se mantuviera alerta. El giro que había adquirido la situación no le gustaba para nada.
—¿Por qué salvaste a ambos hermanos?— preguntó de manera retórica, clavando los irises azabache en ella—. Podrías haberles dejado morir como una venganza personal.
Los labios de Sakura se tensaron mientras le devolvía la mirada al Uchiha.
—Se lo prometí a Itachi.— Luchó contra el dolor para sentarse—.En cuanto a Sasuke… ¿no te parece que abandonarlo a su suerte sería inhumano?— el pelinegro se encogía de hombros—.Kakashi solía decir que, en el mundo ninja, aquellos que rompen las reglas son escoria, pero aquellos que abandonar a sus amigos son peor que la escoria.
No abrió los labios para refutarle, al menos no de inmediato.
Volvieron a quedarse callaos. Luego Shisui, como si quisiera ofrecer una explicación, dijo:
—Mataría por ver la reacción de Obito al escuchar esas palabras otra vez. Estoy seguro que no será de su agrado.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal ante la simple mención de aquel nombre.
Estuvo a punto de decir algo, pero titubeó y decidió que lo mejor era no contestar.
—No voy a torturarte más— la voz de Shisui sonó suave. Sonrió un poco, pero sus ojos centellearon de furia de repente—. Estabas cumpliendo con tu deber al igual que todos nosotros en este lugar. El General te recompensara como es debido. Sin embargo, dudo que esta acción consiga comprar tu libertad ¿ o no es eso lo que más anhelas?
Sakura se quedó boquiabierta para luego formar una línea recta con sus labios.
Ahora era Shisui quien contaba con un argumento sólido.
Fugaku no le permitiría marcharse. Cualquiera que fuesen sus planes, el destino de la kunoichi era regresar a Konohagakure para continuar viviendo como una prisionera por el resto de sus días.
Cuando regresó la mirada al Uchiha, lo atisbaba con los ojos desorbitados por el miedo.
Inesperadamente, Shisui negó con la cabeza solo un poco, como si tratara de relajar los músculos de su cuello. Desacopló un profundo suspiro y habló en tono serio:
—Será mejor que descanses. Está muy bien que hayas despertado, pero tienes que tomarte tiempo para curarte. El camino de regreso a la aldea es largo.
La ansiedad la retenía en la cama inmovilizada. Sus miembros se había incrustado en el lecho; hizo una tentativa vana, mas no consiguió liberarlos.
Pero de inmediato la inundo una nueva oleada, una oleada de vergüenza, de arrepentimiento y al mismo tiempo de entereza.
—Shisui, espera— su llamado desesperado lo obligó a detener el paso en medio de la habitación—. La última vez que hablamos, mencionaste que había un espía entre los Uchiha.
El General abrió mucho los ojos, pero luego hundió la mirada y comenzó a reírse para sí mismo. Le parecía divertido. Al final dijo:
—Ah, con una mente tan brillante como la tuya imaginaba que ya habrías llegado a una conclusión.
Guardó silencio y Sakura le observó escéptica.
—¿Vas a decirme de quien se trata?— insistió.
Shisui siguió sonriendo y negando con la cabeza. La respuesta del Uchiha no cumplió todas sus expectativas.
—Buenas noches, Sakura.
Continuará
N/A: ¡Hola, gente bonita! Espero se encuentren de maravilla :D
Volví antes de tiempo y con una nueva actualización, esta vez no hubo necesidad esperar un mes para poder leer que iba a pasar con nuestros protagonista. Crucen los dedos para que este ritmo continue y así poder avanzar más rápido :3
Hay tres puntos que quiero abordar:
1.- En cuanto a la historia, estos capítulos me encantan porque hay un cambio en Sakura, uno positivo. Deja atrás las inseguridades y demuestra que es una kunoichi fuerte, digna de temer.
2.- Respecto a la relación entre Sasuke y Sakura, esta desarrollándose poco a poco, así que esta tortura continuara unos cuantos capítulos más mientras ambos deciden admitir lo que sienten jeje.
3.- Si bien, Shisui no es un personaje recurrente en la historia, su presencia es de gran de relevancia. Es una especie de guia, como el gato Cheshire con Alicia.
Esta segunda parte de la historia está cargada de mucha tensión. Es un punto clave en el que Sakura se ve obligada a tomar una decisión y luchar por la misma.
Como siempre, mil gracias por tomarse el tiempo para leer, dejar un bonito review, añadir a follows o a sus fics favoritos. Estoy al tanto de todas y cada una de sus interacciones. Saben que, cualquier duda o comentario es bien recibido 3
Sin nada más que añadir, nos leemos pronto. Intentare escribir tan rápido como mis responsabilidades me lo permitan.
¡Cuídense mucho! ¡Tengan buen inicio de semana! ¡Bye, bye! :D
