Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no son creaciones mías ni me pertenecen, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Heredera de la Voluntad de Fuego

XIII

País de las Olas, base de la Insurgencia.

En el pequeño auditorio, una asamblea de responsables de guerra celebraba la última sesión vespertina sobre los últimos movimientos en los distintos campos de batalla donde había conflictos activos. Los asistentes estaban inquietos, agotados tras las reuniones que se prolongaban durante todo el día.

—El terreno montañoso que conforma la frontera entre Iwagakure y Amegakure nos brindara ventaja sobre las tropas del Tsuchikage— estaba diciendo Shikamaru.

En la pantalla apareció un mapa de la región.

—Un ataque directo retrasara la llegada de los refuerzos en la zona norte del País del Fuego— agregó el Nara mientras colocaba los puntos clave del ataque en la pantalla.

En la sala de reuniones, los responsables estiraron el cuello para examinar la curiosa diapositiva. Era el primer ataque directo que planeaban desde el incidente del puente. La estrategia de la Insurgencia consistía en obstaculizar los puntos de suministros del Régimen para cortar el flujo de los mismos.

—Basándonos en el porcentaje de eficacia del último ataque, se estima que la efectividad sea de un ochenta por ciento— prosiguió Shikamaru.

—¿Ochenta por ciento de probabilidad de éxito?— Kakashi, líder de la Insurgencia, interrumpió el silencio causado por el desconcierto.

—Tomamos en cuenta el tipo de batallón, tiempo de llegada entre otras cosas— repuso Shikamaru.

—¿Podríamos atacar una base directamente?— preguntó Kiba al otro extremo de la sala.

—Es poco probable— respondió Shikamaru—. Los Uchiha no dejaran de reforzarse. Atacar una base supondría un suicidio para nosotros.

El joven prodigio aguardó un momento, pero Kakashi se recostó en el asiento dándose golpecitos con el dedo en los labios, con un gesto pensativo. El encargado del siguiente tema paso al frente, atrayendo la mirada y atención de todos los ahí presentes.

—Conseguimos establecer comunicación con nuestro informante en la base de la Montaña Takurami.

Naruto, que había permanecido en absoluto silencio y con una mueca de hastió durante toda la reunión, se removió en su silla, inquieto.

—¿Todavía insiste en mantenerse en el anonimato?— preguntó Kakashi desde su asiento con voz monótona.

—Dice que es por el bien de todos los involucrados— excusó el joven capitán al cargo de la misión.

—¿Hay alguna noticia respecto al paradero de Hinata?— quiso saber Neji, con un deje de desesperación.

—Me temo que no, Hyūga-san— se encogió de hombros en un gesto que pretendía transmitir simpatía—.Cualquier información sobre Hinata Hyūga es desconocida para ellos, sin embargo, nuestro informante aseguró que formularían un plan de escape cuando se estableciera el contacto con ella.

Naruto echó un rápido vistazo a los rostros de los presentes en la reunión. Sabía que, ninguno de ellos mencionaría el elefante en la habitación. Armándose de valor y con toda la serenidad que le era posible, espetó:

—¿Qué sucederá con Sakura?— el peso aplastante de las miradas cayó sobre él como una pesada roca—. Si no lo recuerdan, Sakura-chan también se encuentra allí.

Aquel comentario escoció a Neji.

—No sabemos si continue con vida— replicó, irritado.

Naruto alzó la voz.

—Está viva. Recibimos un mensaje de ella hace dos meses.

—Dos meses— repitió el joven de los ojos aperlados—. En ese lapso pudieron suceder muchas cosas.

La debilidad de esos argumentos lo sacaba de quicio.

No es que Naruto odiara al clan Hyūga ni alguno de sus integrantes en particular. No obstante, detestaba que se priorizara el rescate de Hinata por encima de Sakura. Los motivos de dicha motivación no eran nada más que políticos. La tensión entre los integrantes de la legendaria familia y la Insurgencia incrementaba a medida que los días transcurrían. Gracias a las habilidades que su poderoso Dojutsu les confería, los Hyūga suponían una omnipotente adición a las filas comandadas por el hijo del Colmillo Blanco, eran los únicos que podían hacerle frente a los Uchiha en el campo de batalla. Por esa razón, Kakashi hacia lo imposible para localizar a la heredera del clan.

—¿Qué te hace pensar qué Sakura es menos importante?— cuestionó.

—No se necesita ser un genio para darle respuesta a tu pregunta— espetó mortalmente serio—. Todos en esta sala lo sabemos.

—En ese caso, dilo en voz alta— insistió; su cuerpo vibraba a causa del enojo, podía sentir la manera en que la furia viajaba a toda velocidad por sus nervios, nublándole el buen juicio.

Neji le dirigió una mirada grave.

—Hinata es la heredera del Clan Hyūga y Sakura…— regresó el joven con voz sibilante—. Sakura es una Kunoichi que proviene de una familia sin importancia.

Todos se giraron para ver a Neji, algunos con indignación y otros con pesar. Naruto contrajo la cara en una mueca colérica y dio un golpe seco en la mesa.

—Naruto, Neji.

El rubio se detuvo en seco, sintiendo los vellos de la nuca erizarse y reparando en el ensordecedor palpitar de su corazón latiéndole en los oídos.

Entornó la mirada cerúlea hasta caer en la profundidad del ojo de su antiguo mentor. No era la primera vez que Kakashi lo llamaba de forma autoritaria cruda. Tampoco la primera ocasión en la que había recibido esa mirada opresiva.

Naruto miró un instante a Shikamaru. La única persona en aquella sala que comprendía la urgencia de la situación. Fue por eso que le imploró en silencio interviniera en la discusión. Sin embargo, Shikamaru sólo negó con la cabeza.

—H-hay algo más que deben saber— interrumpió el capitán, titubeante e inseguro—. El informante iba acompañado de una kunoichi de cabello rosado y ojos verdes.

Naruto no pudo contener su asombro cuando ambas pupilas se dilataron de pavor y esperanza estuvieron a punto de instalarse en todo su cuerpo.

Se había mentalizado durante semanas que el rescate de su compañera seria complicado, por no decir imposible. Aun cuando la angustia lo consumía por dentro, hubo un par de ocasiones en las que estuvo tentado en embarcarse a la búsqueda de Sakura, pero había escuchado que vivía bajo el mismo techo que Fugaku Uchiha, y por si fuera poco, los rumores decían que trabajaba para ellos.

En alguna parte de su subconsciente proyectó que todo acabaría de esa manera, pero intentó con todas sus fuerzas disipar aquellos pensamientos, implorándole al firmamento que no se volvieran realidad.

—¿Por qué no se nos informó de esto con antelación?— pregunto Kakashi controlando el tono de voz ennegrecida por la impotencia—. Cualquier noticia de Sakura es de suma importancia.

—Creímos que su intervención en el plan podría mantenerse en secreto hasta llegar a un acuerdo con ella— agregó el capitán, esperando transmitir tranquilidad a los hombres del otro lado del escritorio.

—¿Podemos confiar en que Sakura nos apoyara?— sonaba a una pregunta bastante incrédula, sobre todo por la situación en la que se encontraba inmersa la aludida. Era casi inverosímil que ella accediera sin rechistar.

—Tenemos la certeza de que lo hará— explicó el hombre cruzándose de brazos—. Nuestro informante menciono que el General y sus comandantes están hilvanando una especia de plan de ataque desconocido para los capitanes de menor rango. Sólo los consejeros de Fugaku Uchiha tienen conocimiento del proyecto.

Su cabeza era una mezcla de miedo e impotencia. Era una locura dejar a Sakura sola. Si los Uchiha llegaban a enterarse de la traición de su prisionera no había nada que ellos pudieran hacer.

—No pueden estar hablando en serio— susurró Naruto conteniendo la necesidad de volver a golpear la mesa. Los integrantes del consejo de guerra regresaron la atención hacia los tormentosos ojos del Uzumaki—. ¡Lo que debieron hacer fue traerla con ustedes! ¿Por qué no lo hicieron?— demandó saber.

Esta vez fue Kakashi el que optó por habla.

—Porque Sakura es demasiado valiosa para ellos— Naruto entrecerró los ojos, atento a cada palabra del hombre al extremo de la mesa. El peliblanco se mantuvo en esa posición calculadora e imperturbable cuando continuó—. Sakura es una herramienta para los Uchiha. Tomando en cuenta sus habilidades como ninja médico, debe haber un motivo para que Fugaku la mantenga con vida y viviendo bajo el mismo techo.

La mandíbula de Naruto tembló ligeramente.

—¿Saben lo que hacen con los traidores?— dijo entre dientes—. Los cuelgan de los postes hasta que las aves de carroña han devorado lo suficiente para lanzarlos a un pozo con otro centenar de cadáveres.

La sala se hundió en un silencio ensordecedor.

—Probablemente sea la única oportunidad que tengamos para obtener información desde adentro— Shikamaru frunció el ceño cuando añadió—.Si todo sale bien, tal vez podamos realizar una negociación.

La voz de su amigo sonó lejana, como el sonido amortiguado de la lluvia tras la ventana.

Dolía. El nudo en su garganta tornaba agonizante el sencillo hecho de respirar y los latidos en su cabeza le hacían sudar. Por más que intentase negarlo, Shikamaru tenía razón.

Sin embargo, no iba a sacrificarla por segunda ocasión.

—Así que… ¿van a sacrificar a Sakura con el objetivo de salvar a Hinata y obtener información?

La afonía fue suficiente para responder a su cuestionamiento.

—Su muerte sería una ínfima compensación por todos los que han perecido a causa de su insensatez— espetó Neji con firmeza.

—Eso que has dicho es perverso, Hyūga— escupió el rubio, procurando transmitir todo el veneno y molestia en cada palabra recitada—.No eres diferente a los Uchiha.


República del Fuego

De lo único que era consciente fue de las voces distintas de los guardias que encabezaban la caravana, y del ruido que hacían las ramas mientras hundía los pies en la alfombra de hojas amarillentas y húmedas. Empezó a levantarse un viento que no alcazaba a agitar las ramas bajas de las hayas, pero hacía un ruido lejano y distante, como si la madera estuviera cobrando vida.

Al levantar la mirada se encontró con que el diseño broncíneo y rojizo de las hojas de hayas estaba interrumpido por finos rayos de luz de un blanco pálido. Notaba la dureza de la tierra, y el olor punzante y oscuramente reconfortante de la tierra y de las hojas.

Se decía a sí misma que debía disfrutar al máximo sus últimos minutos de falsa libertad. Tan pronto como cruzaran el siguiente puesto de control ubicado a dos kilómetros de la entrada principal, su destino cambiaría para siempre.

Despegó los fanales esmeralda del cielo y los reposó en la figura difusa que caminaba frente a ella. Desde ese punto sólo era capaz de vislumbrar la espalda de Sasuke y el emblema de su clan perfectamente bordado en la tela oscura de su impecable uniforme de capitán.

No habían cruzado palabra alguna desde hace tres noches, cuando le confesó con toda la sinceridad de su corazón el arrepentimiento que lo embargaba al no haber huído con ella. Pasó las siguientes horas despierta, luchando contra la necesidad de filtrarse en su tienda y sellar el trato con un beso.

Lo que más le aterraba no era el hecho de que podrían ser descubierto. ¿Cómo había llegado a confiar en él de esa manera, lo cual era temerario de por sí? ¿Cómo podía suponer que lo conocía, aunque fuese mínimamente, y que sabía lo que hacía realmente?

Pasó por alto esos molestos susurros. La cuestión era que ya no quería irse, ni escapar, ni atravesar la frontera hacia la libertad. Quería quedarse allí, con Sasuke, donde pudiera estar con él.

Cuando decía eso, se avergonzaba de sí misma. Pero eso no era todo. Incluso ahora, reconocía que esa confesión era una especie de alarde. Había en ella algo de orgullo, porque demostraba lo extremo de la situación y, por lo tanto, la justificaba. Valía la pena. Era como la historia de una enfermedad de la cual se ha recuperado después de estar al borde de la muerte; como los relatos de guerra. Demostraba cierta gravedad.

Jamás le había parecido posible semejante gravedad con respecto a un hombre, mucho menos si se trataba de uno de los hijos de Fugaku Uchiha. A veces era más racional. No pensaba en ello en términos de amor. Pensaba: aquí, en cierto modo, hice mi vida por mi cuenta. La humanidad era muy adaptable, solía decirle Tsunade. Era realmente sorprenderte la cantidad de cosas a las que una persona podía acostumbrarse siempre que existiera alguna compensación.

Poco a poco, a medida que avanzaban el ambiente se transformaba. Sakura lo podía sentir en su pecho. El aire que respiraba era pesado, el viento soplaba gélido anunciando la próxima llegada del invierno. Las hojas dejaron de crujir bajo sus pies, tornándose dura, muerta e inerte. Las ramas que entretejían una cúpula para protegerlos de las inclemencias del sol desaparecieron a una lentitud tortuosa.

Por inercia, detuvo el andar al vislumbrar las enormes puertas de la aldea. Ajeno al debate mental que sostenía la pelirosa, Sasuke continuó caminando, incrementando la velocidad de sus pisadas.

El viento volvió a soplar, azotándole el cabello y erizándole la piel como si se tratase de una descarga eléctrica recorriendo sus extremidades. La pelirosa boqueó un instante y frunció el ceño con ligereza.

—Hogar, dulce hogar— el suspiró de Shisui sonó histriónico, exagerado en demasiá—. Es bueno estar de regreso ¿no lo crees?— sonrió.

Como era de esperarse, Sasuke ignoró el comentario de su superior. Desde el inicio del viaje de regreso se las apañó para dejar en claro que no tenía los ánimos para sostener una conversación y, mucho menos, soportar las intervenciones sarcásticas de su antiguo mentor.

—Alguien se levantó con el pie izquierdo— dijo el azabache en voz baja al percibir, por quinta ocasión, el pérfido estado de ánimo de Sasuke.

En defensa del pelinegro, Sakura había actuado de la misma forma.

No era como si los guardias mostraran mucho interés en mantener una conversación con ella. A final de cuentas, dentro de aquel selectivo escalafón y, a pesar de haberle salvado la vida al próximo general y patriarca del clan Uchiha, Haruno Sakura era y seguiría siendo una prisionera a merced del Régimen. Por más que intentase cambiar la realidad, su posición era de la menos privilegiada dentro de la sociedad. Fue por esa razón que buscó refugio en sus pensamientos, lejos de la verdad.

A medida que Sasuke se alejaba, el cosquilleó en sus canales de chakra incrementó. El enlace era fuerte; sus energías se habían mezclado a la perfección.

—¿Vienes?— preguntó Shisui a la par que enarcaba una ceja, expectante.

Derrotada, la pelirosa tragó grueso y cruzó el umbral de la puerta, armándose de valor para aceptar y afrontar el destino que Fugaku Uchiha tenía preparado para ella.

Caminaron en dirección a la sede principal del consejo. Para su fortuna, su nuevo custodio había sido lo suficientemente considerado a la hora de tomar un atajo y evitar el tránsito peatonal de las calles principales.

Sakura se abstuvo de hablar y continuó los siguientes minutos en un silencio opacado por el ruido de su alrededor.

Al entrar al edificio, Sakura reconoció al granadero que estaba de guardia en la puerta. Éste le dijo a Shisui: "Buen día, Comandante", y le sonrió casi como si no hubiese existido ese lapso de una semana y media y Shisui viniera a asumir el cargo asignado para él. Otro guardia, esta vez un desconocido, se adelantó y lo saludó. Subieron juntos por la escalera ornamentada.

Fugaku no había querido utilizar la torre de los Hokages ni como oficina ni como residencia; había elegido el viejo edificio de Cancillería . Allí, en el último piso, tenía su oficina privada y que también fungía como cámara del Consejo desde el principio.

El hombre abrió la puerta sin golpear y anunció el nombre del capitán en voz alta.

Como era de esperarse, el asistente al otro lado del escritorio apartó los ojos de la pantalla y dedicó una mirada severa en los recién llegados. Con un gesto, le pidió al granadero se retirara y le ordenó al Comandante y a la Kunoichi que aguardaran sentados en la sala de espera, ahora mismo el General se encontraba en una reunión con el capitán Uchiha y probablemente demoraría más tiempo de lo esperado.

Sakura se hundió en la silla antes de apretar sus manos a ambos lados del asiento. Levantó la vista y se perdió en el fulgor blanquecino de la lámpara que colgaba del techo, transportándose a la intimidad de los recuerdos de hace tres noches. La imagen del rostro afligido de Sasuke quedó grabada en fuego en su cerebro. De alguna manera sentía que debía odiarlo, tal como él se lo pedía, pero existía algo en su interior que le impedía alcanzar ese sentimiento.

Indispuesta a prolongar la tortura que ejercía su mente, apartó la mirada del techo y vislumbró de reojo el perfil de Shisui. El renombrado comandante portaba una mueca de absoluta serenidad, como si no se hubiese reunido con miembros de la Insurgencia en las inmediaciones del campamento de Takurami. Le parecía increíble que, a pesar de los riesgos de su trabajo como doble agente, Shisui estuviese dispuesto a jugar un papel dentro del Régimen para no levantar sospechas. Suponía que, hasta el momento, su actuación era lo suficientemente convincente para mantenerlo lejos del muro.

Tras escuchar la puerta abrirse, en un gesto casi reflejo, Sakura se removió en su asiento y clavó la mirada esmeralda en Sasuke.

El pelinegro pasó de largo a lado del asiste, quien lanzó un gruñido y una maldición ante la falta de modales del hijo del General. Lejos de detenerse a reparar en su presencia, caminó hacia el pasillo y, sin decir una palabra, se precipitó a un rumbo desconocido, dejando en Sakura el mal sabor de la indiferencia atestado en su garganta.

—Prisionera 012601— la llamó el asistente sacándola bruscamente de sus pensamientos. La aludida elevó la quijada y parpadeó una vez, recibiendo el atisbamiento íntegro del joven al otro lado del escritorio—. Fugaku sama aguarda por usted.

Tragó grueso antes de que sus piernas reaccionaran de manera autómata y la condujeran hacia la puerta apostada a un lado del hombre. Llevó una mano a la perilla, pero dudó un instante en girarla.

—Le recomiendo que se dé prisa— dijo el hombre sin dirigirle la mirada—. El General demasiado indulgente, incluso con personas como usted.

Sakura contuvo la necesidad de emular su rudeza con una respuesta, mas no pudo hacerlo. Giró el picaporte expulsando un suspiro, e ingresó en la oficina.

Se encontró ante Fugaku Uchiha, de pie cerca de su escritorio.

—Toma asiento— le ordenó con voz sombría.

La Kunoichi observó la silla vacía justo en frente al asiento del General. Sabía que el Uchiha no se había perdido su involuntaria hesitación en la puerta, el rubor ocasionado por la ira y la vergüenza. Pero la sorpresa se convirtió en un acceso de ira y eso la ayudó.

Con la misma elegancia que lo caracterizaba, el hombre dejó caer el peso de su cuerpo en la silla de cuero. Apoyó las manos levente en la mesa, con los dedos doblados y reposó los ojos cansados sobre ella, escrutando su rostro.

—Sasuke me informó lo que hiciste por él e Itachi— comenzó a decir sin tintes de emoción en la voz.

La declaración la tomó por sorpresa; en primera porque nunca imaginó que Sasuke le informaría sobre el altercado que tuvieron durante el viaje y, en segunda, porque podía entrever que había hecho la petición de removerle el bloqueador de chakra, tal como lo habían acordado.

—Sólo estaba cumpliendo con mi deber— espetó secamente.

—Claramente lo hiciste. El estado físico de Itachi mejoró de manera significativa gracias a ti.— Continuó Fugaku usando una voz gruesa, con un tono mordaz—. Por esa razón apelé tu sentencia de muerte.

En esta ocasión no pudo contener el impulso de fruncir el ceño. Aún no tenía muy en claro los planes que tenía Fugaku para ella.

—Estoy plenamente agradecida con usted, General— controló el tono de voz para escucharse calmada.

Fugaku hizo una pausa antes de contestar; entrecerró los ojos y miro fijamente hacia el paisaje enmarcado por la ventana, como si algo que para los demás era invisible le hubiera llamado la atención.

—Los Altos Comandantes no estuvieron del todo de acuerdo, después de todo, asesinaste a dos de nuestros capitanes— acotó, reposando una vez más el peso de su aplastante mirada sobre ella.

Las pupilas se le dilataron presas del pánico. Maldijo por dentro.

Sakura no contestó; entonces Fugaku dijo con calma:

—Sin embargo, soy un hombre de palabra y como tal, creo que mereces una segunda oportunidad.

La pelirosa tragó grueso.

—Gra-gracias, General— respondió titubeante. Era como si su cerebro estuviese programado para recitar esa palabra en diferentes formatos.

—No quiero tu gratitud, Sakura— soltó de repente el General obligándola a levantar la mirada de su regazo para seguir sus movimientos por el rabillo del ojo. En un parpadeó, Fugaku se levantó de su asiento y se plantó frente a ella, recargándose ligeramente contra la superficie del escritorio—. Quiero tu lealtad.

Mientras yacía allí, postrada en la cómoda silla, Sakura experimentó por centésima ocasión en su vida aquella sensación de impotencia. Estaba siendo manipulada por ese sujeto de una forma que no podía evitar.

—¿Sabes por qué Sasuke estuvo aquí?— preguntó tranquilamente.

—No.

Hubo un instante en que el silencio se hizo más pesado y el ambiente se tornó sombrío, espesando el aire, cumpliendo con su cometido de asfixiarla.

—Solicitó formalmente remover el bloqueador de chakra. Mencionó que era una especie de compensación por salvarle la vida.

Sakura apretó los labios y clavó la mirada en Fugaku. La nuez en su garganta denotaba que estaba tragando saliva. Aquel movimiento apenas lo habría percibido nadie.

—Le dije que era un acto indulgente, incluso misericordioso— Fugaku se frotó las manos. Sus ojos centellearon.

Frunció el ceño sin miedo a que el General la viera. Era un completo desgraciado.

—El hecho de que te hubiese perdonado no quiere decir que tengas derecho a gozar de ciertas comodidades— Fugaku se quedó mirándola fijamente.

Sin pedirle permiso, colocó un mechón de cabello detrás de su oreja, descubriendo el dichoso dispositivo que se encargaba de bloquear el flujo de chakra por los distintos canales de su cuerpo.

Cuando Orochimaru lo colocó le dejó en claro cuál era su lugar en esa cadena. No era posible que una prisionera de su tipo gozará de tanto poder. En un intento por quebrantarla, la desposeyó de lo más preciado que tenía, convirtiéndola en un despojo humano.

—Verás, el bloqueador no es nada más que un sencillo dispositivo para recordarte tu posición y los crímenes por los que fuiste condenada.— Aún conservaba aquella siniestra muestra de satisfacción en la cara—. Si te sirve de consuelo, debo admitir que tus habilidades son tan preciadas que no podemos darnos el lujo de perderte.

Sakura la observó perpleja y luego la miró de reojo. Volvió la vista al techo de la oficina. Podía sentir las lágrimas acumulándose en sus ojos, amenazando con romperse como una violenta tormenta.

—Eres una prisionera, Sakura. Los comandantes nunca olvidaran tu pasado— con paso calmado rodeó el escritorio y tomó asiento nuevamente en la ostentosa silla de cuero—. Aun así, decidieron ponerte a prueba.

Sakura permaneció quieta, pero como Fugaku seguía mirándola fijamente, de repente dijo con un tono de voz vacío y extraño, como si lo que iba a decir se le hubiera ocurrido en aquel momento.

—No lo pillo. ¿A qué se refiere con eso?

Fugaku sonrió y asintió.

—Si, bueno, solo hay dos escenarios viables dependiendo de la decisión que tomes. La Sakura de la Insurgencia será trasladada a una celda, allí pasara sus días hasta que agote sus habilidades y sea condenada a muerte.

Sakura no contestó. Fugaku suspiró y tomó un sorbo. Lo agitó con una mano y sacó el contenido. Colocó la hoja de sentencia enfrente de la pelirosa.

—En cambio, la Sakura que es leal a los Uchiha tiene una oportunidad.

Sakura sentía el calor del fuego recorrerle las venas.

—No pongas esa cara, estoy siendo benevolente. De no ser por mí, probablemente ya habrías muerto semanas atrás— dijo Fugaku.

Se quedó en silencio, y ambos permanecieron mirándose sin pestañear, completamente quietos.

El general inspiró profundamente. Sakura estaba indeciblemente tensa, como si estuviera a punto de comenzar a temblar de un momento a otro.

Completamente ajeno a lo que la kunoichi podría pensar o sentir en ese momento, Fugaku presionó un botón del intercomunicador y, en cuestión de segundos, dos guardias aparecieron en la habitación.

—Asegúrense de escoltar a la prisionera 012601 al hospital— ordenó.

Sakura se colocó de pie lentamente.

La tomaron de los brazos obligándola a apresurar el paso hacia la salida.

Mientras la llevaban a rastras por el pasillo, Sakura se prometió a sí misma que no pensaba dejarse eliminar, si podía impedirlo. Necesitaba valorar sus opciones, una vez que supiera cuáles eran, y decidir cómo actuar.

Ya había estado en aprietos otras veces. Y consiguió salir airosa. Esa no sería la excepción.


La habitación era blanca. No había ningún detalle llamativo, lo mismo que en la sala de espera, excepto un biombo con el logo del clan Uchiha y debajo una serpiente retorcida alrededor de una katana, en posición horizontal, como una especie de empuñadura.

Era la segunda ocasión que realizaba una visita al hospital. Los custodios aguardaban por ella al otro lado de la puerta, un hecho irrisorio a decir verdad, en su actual estado lo último que cruzaría por la mente de Sakura sería escapar.

—Tus signos vitales están bien— anunció la ninja médico plantándose frente a ella—, sin embargo, me preocupa el daño que pudo haber generado el bloqueador en tus canales luego del abrupto incremento de chakra.

La kunoichi mordió su labio inferior, inquieta. Sus palabras la estremecieron.

—Estoy perdiendo el control— admitió, clavando la mirada en sus manos.

Aquel era un secreto que pretendía llevarse a la tumba. Una vez que los Uchiha estuvieran al tanto de ese hecho, no dudarían en disponer de ella como si fuese basura. Fugaku la enviaría nuevamente a la unidad 121 para que Orochimaru terminara de experimentar con sus restos.

—Lo lamento tanto— su voz sonó baja, los ojos perdidos en algún punto entre el suelo y sus pies—. ¿Alguien más lo sabe?— preguntó temerosa por la respuesta.

Cuando las palabras no salieron de su garganta, negó con la cabeza.

—No— dijo con la voz entrecortada—, pero no se cuánto tiempo podré ocultarlo.

—Espero que sea transitorio, encontrarle la forma de ayudarte— espetó con una ligera sonrisa.

Sakura no respondió y su rostro expresó la tristeza contenida en su pecho y sus pensamientos. Había abandonado el hábito de llorar y justo ahora, en su posición, no podía darse el lujo de mostrarse más vulnerable de lo que ya era. Simplemente no podía hacerlo.

Los ojos de la kunoichi la buscaron, su mano se posó sobre su hombro con gentileza.

—Te dejare sola un momento para que termines de vestirte.

Sakura agradeció en silencio. Al menos le ahorraría la vergüenza de verla expuesta.

Se puso de pie pesadamente. Todo le daba vueltas, el dolor se desató por su espalda y sus piernas iniciaron una danza tambaleante. La bata resbaló de los confines de sus hombros hasta caer a sus pies. Con manos temblorosas alcanzó el jersey oscuro y lo pasó por su cabeza, cubriendo la desnudez de su torso para hacer lo mismo con el pantalón y calzarse las sandalias.

Vislumbró una llave plateada en los confines de la alpargata izquierda. Examinó el objeto durante un segundo o dos, tratando de figurar como había llegado allí. No había forma que hubiese ignorado su presencia durante el trayecto de la oficina de Fugaku hasta el hospital. Alguien debió colocarla a propósito.

Echó un vistazo en ambas direcciones en busca de respuestas. Respiró con fuerza e inspeccionó los alrededores. Prestó especial atención a la conversación del exterior, las voces sonaban amortiguadas y demasiado enajenadas en otros asuntos para reparar en los acontecimientos dentro de la habitación.

Fue entonces que, ante sus ojos, detrás del biombo que había examinado hasta memorizar el patrón trazado en la tela, vislumbró una pequeña puerta.

Observó con detenimiento la llave. Sus pulmones se expandían; subían y bajaban. Apretó con fuerza los puños. Sabía que el buen juicio no estaba jugando a su favor, pero estaba consciente que no podía desperdiciar esa oportunidad.

No estaba pensando con claridad cuando introdujo la llave en el cerrojo. Curiosamente, tuvo problemas al abrirla, incitándola a seguir el camino. El lugar estaba oscuro y sólo se vislumbraba un largo pasillo. El olor a antiséptico quedó en alguna parte a sus espaldas. Con el alma en vilo y el corazón atascado en la garganta, se escurrió en la lobreguez de la galería desconocida. Miró a su alrededor con recelo, no tenía idea a donde se dirigía, podría estar caminando a una muerte segura y ella no lo sabría.

Disipó el miedo y la inseguridad que la embargaban y permitió que sus instintos la guiaran por el entramado de pasillos y escaleras mientras el corazón le golpeaba las costillas y el palpitar desbocado retumbaba en sus oídos hasta ensordecerla.

A pesar del miedo , todo le resultaba normal.

Miró alrededor con recelo, percatándose de los diez metros que la separaban de una puerta grande con la luz encendida. Tragó grueso e hizo su camino hasta allá, reparando en el sonido de sus pasos firmes.

La calidez de la habitación la estremeció. La luz que había visto provenía de un foco amarillento en el techo que simplemente iluminaba una diminuta fracción de la habitación, dejando el resto de la geografía del cuarto en tinieblas. Y frente a ella, plantada en el centro, estaba ella.

—¿Sakura?— preguntó Ino sin inmutarse en maquillar la sorpresa. El ruido de su llegada la obligó a clavar las ojos al frente.

No tenía voz para responder. Seguía agitada. Su pecho subía y bajaba a causa de la respiración descontrolada.

Sin embargo, pese al miedo que debían experimentar ambas ante las circunstancias de su extraño encuentro, la Yamanaka recibió a la pelirosa con un fuerte abrazo antes de tomarla por los hombros y alejarla para evaluar su estado.

—¿De qué se trata todo esto?— quiso saber la rubia.

—¿Recibiste mi mensaje?— secundó la kunoichi. Jamás imaginó que Shisui actuaría rápidamente. Los trabajos sucios los hacen personas sucias.

—Al parecer si— dijo Ino encogiéndose de hombros, sin saber muy bien que pensar o responder.

—Eso es bueno— asintió Sakura—, no tengo mucho tiempo, seré concisa. Necesito que me hagas un favor— murmuró.

Ino la miró con una ceja levanta. Sakura respiró hondo, con la falsa esperanza de que así conservaría la calma.

—¿Qué clase de favor?

—La última vez que nos vimos mencionaste que trabajabas en la unidad de inteligencia ¿no es así?— dijo por fin.

La Yamanaka irguió la espalda con brusquedad.

—Necesito que consigas información sobre el proyecto Hirasaka y me la entregues a mí— explicó Sakura volviendo a tomar aire.

No pudo continuar hablando. Ino retrocedió instintivamente con una mueca de confusión decorándole el rostro.

—No me gusta nada lo que estoy escuchando— vociferó en voz baja.

Hirosaka era el nombre del proyecto al cual Shisui no tenía acceso y, por ende, desconocía por completo. Cualquier cosa que se supiera al respecto bastaría para generar un plan en conjunto con la Insurgencia. El capitán le había explicado brevemente los puntos importantes de la misión; la obtención de un atisbo de dicho secreto era fundamental para los futuros ataques en contra del Régimen.

—Es nuestro pase de salida— insistió la kunoichi con un tono quedo, pero exento de contrición.

—¡Sakura!— Ino la reprendió—. ¿Ahora eres una espía?

La aludida se encogió de hombros, demasiado impactada por los descubrimientos de los últimos días y sus posibles repercusiones. Realmente, que descubrieran que ella trabajaba nuevamente con sus compañeros, ahora mismo la tenía sin cuidado. Después de todo, la única persona que debía saberlo, ya estaba al tanto.

—Supongo que sí. Pero no una buena. Aún no consigo salir de este maldito lugar.

—Mejor— la interrumpió Ino—, porque esto es ridículo— vociferó escandalizada—. ¿Quién solicita esa información?

—Los miembros de la Insurgencia—dijo la pelirosa, tragando sonoramente.

—¿Y ahora arriesgas tu vida sólo porque los miembros de la Insurgencia lo han dicho?— dio un paso al frente y bajó la voz hasta convertirla en un rugido entre dientes.

—Nada más es información.

—¿Qué clase de información?

—No lo sé— confesó—. Ino…

La rubia se volvió a su amiga casi con la mirada oscurecida.

—No, ¿bien?, no.

—¿Qué demonios sucede contigo, Ino?

Haciendo caso omiso a sus palabras, la Yamanaka dio un paso al frente en un ademán por largarse de ahí en cuanto antes. Lo que Sakura estaba pidiendo era una verdadera locura.

Si bien sus habilidades como ninja medico mermaban, sus reflejos todavía eran tan finos como los de un shinobi de elite; sin ánimos de lastimar a su amiga, frenó cualquier tentativa de escape al envolver la mano alrededor de su muñeca.

—¿Qué demonios quieres, Sakura?— rugió su amiga. Podía sentir lo errático de sus palabras llegando hasta ella, pero la kunoichi no se inmutó—. En caso de que no lo hayas notado soy una prisionera al igual que tú.

—No, vamos…

Una vez más, sus palabras se vieron interrumpidas. Ino consiguió liberarse de su agarre con un manotazo.

—¡Basta! Para ya.— Sacudió la cabeza más preocupada que molesta; su voz adoptó un tono más íntimo—. No estás pensando en las consecuencias que acarrea ser informante de la Insurgencia.

Aquella era una aseveración osada por parte de una kunoichi tan brillante como Ino Yamanaka.

Tal vez tenía razón. Quizás estaba tan consumida por la desesperación que no podía pensar con claridad. Sin embargo, cuando ingresó a la tienda de Shisui aquella noche, lo hizo decidida a terminar con esa guerra en cuanto antes. Vio que la única oportunidad de lograrlo era uniendo fuerzas con la insurgencia.

—Pensé que habías muerto— comenzó a decir la pelirosa; sus palabras sonaban entrecortadas a causa del llanto que amenazaba con salir de sus ojos y el nudo estrujándole la garganta—; imagine que te habían matado… que los Uchiha habían colgado tu cuerpo en cualquier lugar para que te pudrieses. Quedé destruida. Pero no me rendí como una cobarde— dijo entre dientes.

La rubia comenzó a molestarse y Sakura le devolvió la mirada intensa. La paciencia se les agotaba a ambas.

—Piensa lo que quieras— rebatió la rubia al colmo de la originalidad.

—Eres una mentirosa— la acusó Sakura—. Prometiste que ambas saldríamos de aquí.

—Tú lo harás.

—No— se apresuró en negar la pelirosa—. Nosotras. Eso fue lo que dijiste. Cuando todo esto acabara, lo juraste, ¡lo juraste! Maldición ¿acaso no lo recuerdas?

Ino quedó con la boca entreabierta para luego formar una línea recta con sus labios.

—No conseguirás nada con esos ideales, Sakura.

—Tú también luchaste por ellos, en el pasado… tu padre murió por la causa— dijo, altiva.

—No te atrevas a jugar esa carta conmigo, Sakura. Yo jamás utilizaría a Naruto para hacerte cambiar de opinión— gruñó Ino.

Sakura frunció el entrecejo tan fuerte que sus cejas estuvieron a milímetros de chocar entre sí.

—No permitas que te destruyan, Ino. No te vengas abajo, maldición ¡pelea!— dijo la pelirosa muy cansada, lo cual recreó una mueca de hastío en el rostro de la Yamanaka.

Ino condujo su mirada abatida hacia el suelo ennegrecido.

Ninguna de las dos se detuvo a analizar la situación. Lo único que podían hacer era intercambiar miradas tensas y prolongar el silencio con respiraciones pesadas y dolorosas.

Fue Ino la que decidió romper con la falsa tranquilidad, dándose media vuelta para salir de la habitación-

—Me estaba yendo bien hasta el momento que volví a verte— las palabras brotaron de manera automática de sus labios en un murmullo insignificante.

Continuara


N/A: ¡Hola, hola, gente bonita! Espero que la estén pasando muy bien.

Me reporto ante ustedes con un nuevo capítulo luego de desatender un poco mis obligaciones de estudiante y adulta y pasar por un periodo de crisis que me quitó las ganas de continuar escribiendo. Espero que les haya gustado esta nueva entrega. El capítulo de hoy es un tanto corto en comparación con los anteriores y transicional, pero es necesario para desarrollar algunos aspectos de la trama antes de volcarnos al argumento principal.

Ahora bien, encontramos a una Sakura conflictiva, insegura, rota y sin ganas de seguir luchando. La parte en la que medita respecto a su relación con Sasuke es algo que está ligado a uno de sus reviews donde mencionaban el síndrome de Estocolmo. Es por esa razón que me encanta leer sus puntos de vista, me ayudan a pulir ciertos puntos de la historia y añadir detalles.

Luego tenemos a Naruto, quien estaba un poquito olvidado al igual que Ino. Por medio de recuerdos y menciones he resaltado la importancia que ambos tienen en la vida de Sakura. De un lado tenemos al Uzumaki insistiendo en formular un plan de rescate para Sakura y por otro, podemos apreciar a una Ino indispuesta a marcharse, demasiado asustada para ir en contra del sistema. Este contraste no fue intencional, caí en cuenta de ello poco después de terminar el capítulo.

Aún faltan muchas interrogantes por responder. Espero regresar con una actualización lo antes posible, comenzaremos a ahondar en otros personajes que traen consigo ciertos detalles que servirán para continuar con la trama principal.

Por el momento, me despido de ustedes mandándoles un fuerte abrazo y agradeciéndoles por el apoyo constante. Cuídense mucho, nos leemos pronto.

¡Hasta la próxima!