Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla está historia no son creaciones mías ni me pertenecen, todo es obra de Masashi Kishimoto.
XIV
República del Fuego, localización desconocida.
Avanzaba entre los matorrales. Era peligroso para ella correr de un modo tan imprudente, pero tenía que escapar. Esa era su prioridad.
Su respiración se tornaba entrecortada a medida que avanzaba. Se aferró con fuerza a su arma. El sable era pequeño en comparación a una katana, pero parecía incluso grande en los pequeñas manos de Ino.
Sin darse cuenta, se iba mordiendo el labio. Había estado escuchando el mismo ruido una y otra vez desde que atacó a sus acompañantes. Y cada vez que lo oía, se sentía aterrorizada… luego sentía un profundo alivio cuando se daba cuenta de que aquellos ruidos solo los causaban el viento o algún pequeño animal. Pero eso no menguaba su terror. Se mordía y se cortaba el labio, que ahora estaba cubierto de heridas que se habían convertido en costras. Si los Uchiha conseguían atraparla no dudarían en matarla.
Era insoportable. Su cuerpo ardía, como si estuviera caminando por un desierto bajo un sol ardiente. Estaba cada vez más cansada. Había estado corriendo sin parar desde el inicio del ataque, así que su agotamiento era normal.
«Ino. No te vengas abajo, maldición ¡pelea!». Las palabras de Sakura sonaban una y otra vez en el fondo de su mente, incitándola a seguir corriendo, aun cuando sus músculos escaldaban y las piernas le dolían.
Extenuada, detuvo el errático andar cerca de un árbol. Sólo entonces reparó en la gelidez que flotaba en el aire. Hacía un frío pesado, abrumador; penetraba en los huesos, en las venas, en los pulmones. Se hablaba con dificultad, se respiraba de mala gana. El aire cubría todo con un gigantesco lienzo de neblina. El frío se adhería a la piel como una maldición. Aun así, durante mucho rato había estado sudando profusamente bajo su uniforme, pero ahora había dejado de hacerlo.
La luna estaba muy alta, en medio del cielo. No había ni una sola nube. La luz blanca de la luna, casi llena, derramaba una fina bruma por el resto del firmamento, oscureciendo las estrellas.
Seguía su camino a los pies de la montaña del norte de Kusagakure. La zona estaba tachonada de árboles dispersos. Si hubiera ido por un trazado distinto, más abajo, habría pasado cerca de un punto de control. Según el mapa, el puente Kannabi que conectaba ambas naciones le daría acceso hacia la costa occidental.
El ruido de una rama rota consiguió sobresaltarla. Su instinto le decía que debía huir no luchar, los Uchiha eran un riesgo.
—¡Percibo su rastro esta dirección! ¡No debe estar muy lejos!— escuchó gritar a alguien a sus espaldas.
Aquella fue señal suficiente para disipar el cansancio y obligarla a continuar, dio media vuelta para huir entre el follaje. No le importó que las ramas le estuvieran arañando la cara y enredándole el pelo. Lo único que quería era huir.
Se abrió paso entre los arbustos y lo primero que entró en su campo de visión fue un camino tortuoso de unos dos metros de anchura. Ino instintivamente decidió correr cuesta abajo. Si iba colina arriba, ellos la alcanzarían, pero si corría cuesta abajo, a lo mejor…
Pudo escuchar el estrepitoso ruido de las ramas quebrándose a su espalda.
Hizo acopio de todas las fuerzas que le quedaban en su cuerpo exhausto y corrió lo más rápidamente que pudo.
—¡Yamanaka, detente!
El tono amenazador de su voz era palpable y ella no iba a detenerse. El camino se bifurcaba y tomó el ramal de la izquierda. La zona se despejaba en esa dirección. Había hieleras de mandarinos que se distinguían en aquella luz turbia a través de la neblina. Más allá había un bosquecillo de árboles bajos. Si consiguiera llegar hasta ahí… pero no, era imposible. Al menos le quedaban cincuenta metros.
Sin embargo, sus planes se vieron frustrados cuando aquellos agudos sentidos de los que era poseedora la obligaron a frenar en seco al notar el terreno lodoso bajo sus pies. Asustada, oteó el imperioso río que delimitaba la frontera entre ambas naciones. Como era de esperarse, el puente estaba destruido, cortando la conexión terrestre. Cualquier persona que quisiera cruzar debía tomar el camino largo hacia el este, en dirección a las montañas.
—Mierda, mierda, mierda— dijo en tono estridente próximo al alarido.
Si permanecía allí, moriría; si se adentraba en el río, probablemente su destino no sería diferente, pero existía la ínfima posibilidad de que pudiese escapar.
—¡Yamanaka, será mejor que regreses!
Su cuerpo reaccionó antes que su cerebro; salió disparada hacía el frente, internándose en el agua. Continuó adentrándose y, sólo cuando estuvo cubierta hasta la cintura se dio cuenta de lo frio que era el viento, pero no paró. ¿Adonde? ¿Adónde ir? Hasta que no vuelve a escuchar las voces a su espalda recuerda lo atrapada que está realmente. Dio un paso al frente, jadeando, la corriente es tan fuerte que consigue sumergirla.
Salió abruptamente, boqueando con más violencia de la que esperaba. Había tragado agua y el frio comenzaba a entumecerle el cuerpo. Sabía lo que sucedería con ella en los próximos minutos; dejaría de percibir la gelidez, la disfunción del sistema nervioso central progresaría a medida que la temperatura corporal descendiera. A la obnubilación y el enlentecimiento le seguirán la confusión, alucinación y finalmente el coma.
«Pelea, Ino». Podía escuchar la voz de Sakura repetirle una y otra vez.
—¡Ahí está!— la luz impactó de lleno en su rostro.
Desde ese punto, atisbó las figuras difusas de los dos hombres que la acompañaban.
—¡Ve por ella!— ordenó el capitán.
—La corriente es engañosa y el río esta casi congelado— exclamó el shinobi de menor rango.
Horrorizada, contempló con detenimiento la tentativa de ambos hombres de adentrarse en el agua. Sin pensarlo demasiado y, esperando que cualquier fuerza divina se apiadara de ella, permitió que el agua guiara su cuerpo.
Aferró los dedos a una roca, concentrando una considerable cantidad de chakra en las yemas para no resbalar. Echó un vistazo a su alrededor, si se soltaba una vez más y conseguía nadar un poco, probablemente lograría llegar a la orilla.
«Padre, por favor, ayudame». Solicitó en silencio antes de cerrar los ojos. Se tumbó de espaldas atravesando las aguas heladas, preguntándose si llegaría o no a la superficie. Se decían muchas tonterías acerca de la gente que se hundía tres veces y luego se ahogaba. Peleaba duramente y sabia. Una persona no puede luchar por siempre. Si se ahoga o se asfixia tiene que estar lista para ahorrar fuerzas para la definitiva y ultima lucha a muerte.
República del Fuego: Mansión Uchiha
Los ojos carbón del azabache bebieron con deleite el paisaje frente a él: el jardín le parecía inmenso. Arbustos de hoja perenne y pinos retorcidos rodeaban el estanque decorativo lleno de carpas. Atravesada en la parte más estrecha del estanque había una losa de mármol, donde su madre solía tomar asiento con un libro en su regazo para disfrutar los rayos del sol del verano.
Pocas veces acudía a esa zona de la casa. En ese momento, mientras admiraba su alrededor, intentó hacer memoria de la última vez que había pisado ese lugar. Probablemente fue antes de que Itachi recibiese su promoción como capitán o quizás él día en que ambos se metieron en problemas por molestar a las carpas. Una tímida sonrisa se dibujó en sus labios al permitirse evocar tan lindo recuerdo. Tenía la impresión de que todas esas memorias conformaban las remembranzas de una vida pasada, una realidad alterna en la que no existía guerra, muerte ni sufrimiento.
Se le hizo un nudo en el estómago cuando cruzó el puente de madera en dirección al invernadero. Estremeciéndose por el frío, Sasuke ingresó a la estructura de cristal con pasos renqueantes, casi como si no quisiera entrar al lugar. No quería. Estaba allí, podría decirse, por obligación.
Lo cierto era que no quería encontrarse con su padre. Si bien, Fugaku era la autoridad suprema dentro de la aldea, Sasuke se las había apañado para evadir su jurisdicción en los últimos días. Sabía que eso no duraría para siempre y, más pronto que tarde, tendría que insuflarse de valor para enfrentar la cólera y decepción del General.
El llamado se realizó antes de lo esperado. La tímida Tamaki acudió a su habitación con la encomienda de dirigirlo al invernadero, el General necesitaba discutir con él un tema de vital importancia. Cuando se atrevió a preguntarle a la trémula niña si sabía a qué se refería, evadió su mirada y se encogió de hombros. Había sido completamente estúpido de su parte suponer que el patriarca de la familia confiara sus intenciones a una de las chicas de limpieza.
—Padre— musitó en un escueto saludo—. ¿Me llamaste?— preguntó, cauteloso.
—Sí. ¿Serías tan amable de pasarme el alicate de Jin?— solicitó sin despejar los ojos del pequeño Bonsái.
En sus tiempos libres, el temible General disfrutaba pasar el rato confinado en el invernadero privado, atendiendo las necesidades de su exquisita colección de Bonsáis. Sasuke consideraba dicho pasatiempo un tanto extraño para un hombre que disfrutaba la guerra, suponía que las personas excéntricas también podían encontrar placer en actividades mundanas.
Examinó la misa con rapidez y alcanzó la herramienta, situándola en la mano extendida de su padre.
—¿Recuerdas cómo cuidarlos?— rompió el silencio con otra pregunta sencilla.
—Sí, aunque Itachi es mejor en ello.
Fugaku había intentado transmitir esa afición a sus dos hijos. Cada domingo después del almuerzo, los llevaba al invernadero para instruirlos en el meticuloso cuidado del bonsái. Itachi, como todo buen primogénito, escuchaba atentamente las tediosas lecciones de botánica sin mostrar un ápice de aburrimiento y, como el genio que era, perfeccionó la técnica hasta superar a su padre. En cuanto a él, podía decirse que no había heredado dichas habilidades.
—Estoy seguro que no me llamaste para hablar de bonsáis— suspiró.
—Tuve una reunión con los miembros del Alto Consejo esta mañana— le anunció Fugaku mirándolo de reojo—, abordamos el tema de tu promoción. Todos estuvieron de acuerdo cuando sugerí que era momento de nombrarte comandante.
Sasuke sintió un escalofrió.
Entrenó durante años con el único objetivo de volverse más fuerte y pulir sus habilidades. Su asombrosa mente le valió un dramático ascenso en el escalafón militar. Había comenzado como un soldado raso a los doce y, para los quince era su capitán de su propia división, superando las expectativas de muchos. Mantuvo su posición durante tres años, cuando estuvo bajo el cuidado y entrenamiento de Shisui Uchiha. Para los dieciocho años, fue condecorado por sus hazañas en el campo de batalla y lo nombraron Capitán. Probablemente habría alcanzado el rango de Comandante al cumplir los diecinueve años, pero si su padre no hizo el nombramiento fue por mera formalidad: un muchacho tan joven no debía ocupar un puesto tan alto dentro de la jerarquía militar.
Pensó que cuando el momento llegara, estallaría de felicidad. Sin embargo, lo que sentía en ese momento era todo lo opuesto a la algarabía. Lo que Uchiha Sasuke experimentaba en ese instante era repulsión en su máxima expresión.
Lo primero que alcanzó su mente fue Sakura y la encrucijada en la que se encontraba a causa de ella; el deber y el honor enfrentados. Sin lugar a dudas, tenía un deber hacia con su familia, el clan y, por ende, la aldea. Pero ¿qué era el honor comparado con las caricias de la pelirosa? ¿Qué era el deber en contraposición con lo que sentía cada vez que estaba cerca de ella?
—Ya es hora de que tomes un rol activo en la decisiones del Régimen.
Miró fijamente los ojos frías de su padre, negros con brillantes reflejos plateados.
Sasuke frunció el ceño con ahincó. No tenía un buen presentimiento.
Itachi estaba destinado a suplir a Fugaku cuando el llegara el momento indicado. Durante todo su existencia, Fugaku vertió toda la atención en su primogénito, dejándolo de lado, aun cuando estaba al tanto de todos los errores y las decisiones cuestionables de su heredero.
Los miembros del Alto Consejo no era ciego y mucho menos tontos. Como era de esperarse, arribaría el día en que cuestionarían la capacidad de su hermano mayor para convertirse en líder, tal como él se lo había advertido meses atrás.
—Pensé que la noticia te alegraría— dijo Fugaku.
—Yo…no sé qué decir. Estoy sorprendido— admitió con toda sinceridad. No pensó que su promoción ocurriese tan pronto.
—Solamente están reconociendo tus hazañas.
—Lo sé— se encogió de hombros.
—La ceremonia se llevara a cabo dentro de unos días.
Sasuke asintió en silencio. Aun contaba con tiempo suficiente para solucionar las cosas entre él y la kunoichi, antes de que sus obligaciones lo consumieran por completo.
—Padre— llamó—. ¿Qué sucederá con Sa… la kunoichi?— consiguió corregirse antes de referirse a ella con tanta libertad.
—¿Qué hay con ella?— respondió Fugaku sin mucho interés.
—¿Tomaste en cuenta mi propuesta?— insistió—. Mi General, el Régimen ha hecho desgraciada a Haruno Sakura hasta límites horribles desde el día en que se convirtió prisionera. Me parece una crueldad inaudita. Incluso para ti, padre.
Fugaku dejo escapar un suspiro cansino.
—¿Por qué? ¿Tienes intención de liberarla?— en la voz de su padre había más curiosidad que preocupación—. La felicidad de esa traidora no es mi objetivo, ni tampoco debería ser el tuyo. Eres un Uchiha y ella una prisionera. Tan pronto como termine con su labor volverá a los campos de trabajo forzado.
El corazón del azabache dio un vuelco doloroso.
—No creo que estemos siendo justos con ella.
—Estamos haciendo lo correcto— rebatió el General, pasando por alto el cuestionamiento de su hijo hacia sus decisiones—. En ocasiones lo correcto no siempre es justo— le espetó con una mirada despectiva.
Sasuke guardó silencio. En contraste con Itachi, si quería salvar a Sakura debía proceder con discreción. Su constante interés levantaría sospechas. A Fugaku no le tomaría mucho tiempo deducir que algo estaba ocurriendo entre los dos.
—Tu hermano regresara pronto— cambió de tema el General—. La cadena de mano continuara igual, pero debemos estar preparados.
—¿Preparados para qué?— inquirió viéndolo de reojo.
Hubo un silencio prolongado. Por primera vez en el trascurso de la reunión, Fugaku se despojó de los guantes y colocó las herramientas sobre la mesa.
Un escalofrió recorrió su espina dorsal cuando la mirada de su padre recayó en él.
—Para cualquier cosa, no podemos darnos el lujo de ser ingenuos.
Si bien, las verdaderas intenciones no estaban implícitas, existían ciertas coyunturas que no podían ser ignoradas. En los últimos días la división de inteligencia había recibido el reporte de una red de espías. El trabajo de Sasuke consistía en darles un nombre y rostro a los colaboradores de la Insurgencia y, de acuerdo con los rumores, se decía que existía la participación de dos altos mandos, los cuales intercambiaban información de futuros ataques y movimientos dentro del cuartel.
—En los próximos meses trabajaras con Uchiha Obito— anunció Fugaku dejando escapar un suspiro cansado—.Es un buen hombre, aprenderás mucho de él si te lo propones.
—Entiendo…— masculló Sasuke.
—Confió en ti, Sasuke. No te atrevas a decepcionarme.
El pescado yacía en el suelo, inerte, dispuesto en el centro de un sello trazado perfectamente en la refinada madera.
Al mismo tiempo que tomaba una enorme bocanada de aire, colocó las manos sobre el animal, sin tocarlo directamente. Aquella era una de las lecciones básicas que se les impartía a los ninjas médicos en entrenamiento. Sakura había pasado horas confinada en la oficina de su maestra hasta conseguirlo.
La actividad era sencilla en teoría y poco complicada en la práctica. Para una kunoichi de su calibre debería ser algo tan indispensable como parpadear o respirar, sin embargo, con el bloqueador de chakra obstruyendo los principales canales de energía, la encomienda se tornaba irrealizable.
«Vamos, vamos, vamos». Gritaba la insistente vocecita instalada en las profundidades de su cabeza, la misma que no dejaba de fastidiarla y que salía a relucir en las situaciones menos adecuadas.
Procuró canalizar la energía en la palma de sus manos; dentro de poco, el chakra comenzaría a brotar y el pescado volvería a la vida, o eso era lo que ella esperaba que sucediera. Aún tenía esperanza de que los daños causados por el bloqueador no fueran irremediables.
«Tú puedes hacerlo, Sakura». Escuchó a su consciencia una vez más. Una gota de sudor resbaló por su cara enmarcándolo el pómulo hasta caer en silencio directo al suelo. Contuvo la respiración y realizó una cuenta regresiva mental. Cuando llegó a cero, dejó escapar todo el aire que oprimió sus pulmones en compañía de una maldición.
Era inútil. Nunca lo conseguiría. Había dejado de percibir el flujo de chakra dos días atrás, algo que nunca le sucedió al ejecutar ninjutsus médicos que no requerían esfuerzo. No obstante, activar el sello la orillo a traspasar sus propios límites; sus canales estaban arruinados, aquello que la convertía en una herramienta se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos. Tan pronto como los Uchiha lo descubrieran la enviarían de regreso a la Unidad 121 para que Orochimaru finalizara sus retorcidos experimentos con ella.
Limpió con el antebrazo el sudor que le perlaba la frente y volvió a repetir la sesión.
—Vamos, vamos, vamos— gruñó; apretó los dientes tan fuerte que en cualquier momento la mandíbula dejaría de estar encajada en su articulación.
Soltó un quejido de exasperación y golpeó el suelo con ambos puños. Las lágrimas resbalaron por su rostro; sus labios temblorosos al fin se separaron y consiguió emitir un violento sollozo.
El único vestigio que quedaba de la antigua Sakura era el sello en su frente, pero su poder había desaparecido.
—Sakura, ¿estás allí?— preguntó Suzume al otro lado de la puerta.
Contuvo las ganas de lanzar una carcajada ¿Dónde más habría de estar? Mikoto y Fugaku Uchiha la confinaron en esa habitación, una diferente prisión; sin barrotes ni paredes ladrillo, pero prisión al final de cuentas.
—Sí— contestó sin levantarse del suelo—. ¿Sucede algo?— De repente se sentía muy cansada. Lo único que le apetecía era refugiarse en sus recuerdos y tumbarse en el lecho.
—Mikoto-sama solicita tu presencia en la sala principal— anunció con un tono de voz adusta.
De nueva cuenta, cerró los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos por segunda ocasión. Cualquier persona que contara con el don de la observación podría darse cuenta de que había llorado, sus ojos hinchados y la nariz rojiza suponían suficientes pruebas para corroborarlo.
—¿Ha dicho el motivo?
—Itachi-sama llegará en cualquier momento. Al parecer desea que todos le demos la bienvenida.
Se limpió el rastro húmedo de las lágrimas con el dorso de la mano y salió de la habitación, encontrándose a la diligente encargada aguardando por ella en el pasillo con los brazos cruzados a la altura del pecho y una mueca de desaprobación danzando en su rostro.
La siguió por la corta extensión sin recitar palabra alguna. Cuando estaban las dos solas, Suzume recelaba de ella.
—¿Todo está bajo control?— preguntó la mujer al frente, contemplándola por el rabillo del ojo. Sakura no respondió de inmediato. Tenía la impresión de que Suzume, al ser una de las personas que más convivía con Mikoto Uchiha, podría comunicarle toda palabra que brotara de su boca. Al notar la mirada escéptica de la kunoichi, la mujer dejó escapar un audible suspiro—.Pareces ofuscada— señaló.
—Estoy bien, no pasa nada— contestó, escueta.
Lo mejor era no hablar más de la cuenta.
Lejos de indagar, Suzume se dio por vencida con el interrogatorio. Al llegar a la cocina, lo primero que notó la vista cansada de la pelirosa fue el atareado andar de los miembros de servicio por todo el lugar. Se suponía que era una congregación "pequeña", Fugaku y Mikoto no organizaban cenas; en cambio montaban reuniones relacionadas con las causas diversas en las que participaban. La noche anterior había acudido gente: en el lavaplatos quedaban aún varios recipientes para el té y un plato con migas de galletas saladas y unas cuantas uvas marchitas. No consiguió ver quiénes eran, porque se quedó en su habitación, tratando de revivir al maldito pescado que yacía en el suelo del cuarto.
Entró en la cocina y se sentó en la isla. Pronto, Suzume se colocó de espaldas hacia ella, regresando la atención a la tarea que había dejado inconclusa antes de ir a buscarla.
—Esto no parecer ser una pequeña reunión— remarcó en voz baja, asegurándose de hacer énfasis en el adjetivo para resaltar su punto.
—Por supuesto que no. Acudirán los Altos comandantes con sus respectivas familias, la reunión es privada, ya sabes— se encogió de hombros.
Claro que lo sabía. Los altos mandos disfrutaban de los lujos y la comodidad que su puesto les brindaba. Rara vez se apreciaba a uno de ellos en el campo de batalla, eran demasiado valiosos, indispensables para el correcto funcionamiento del Régimen. En su lugar los hombres poderosos enviaban a jóvenes inexpertos a morir por ellos, vendiéndoles la patética idea del honor y el deber como fin último para el bien de la Nación.
—¿También vendrá Izumi-sama?— cuestionó con cautela. Era de esperarse que la novia de Itachi estuviese presente en la congregación.
—Izumi-san no…
—Izumi-san está de misión— interrumpió Tamaki haciendo acto de presencia en la habitación—, al menos eso fue lo que dijeron las otras chicas.
Sakura frunció el ceño.
El comentario de Tamaki dejaba en evidencia que las mujeres de servicio contaban con su propia red de contrabando de secretos.
—Tamaki— la llamó Suzume en tono censurador—. Deja de hablar y termina de emplatar los aperitivos. Iré a preparar la mesa.
Sakura echó un vistazo en la misma dirección en la que Suzume se había marchado. Una vez se aseguró que estaba lejos del oído, optó por hurgar en otro tema y obtener más y información. En contraste con la encargada, Tamaki hablaba con facilidad.
—Tamaki— la llamó, cautelosa—. ¿Conoces a Yamanaka Ino?
Sin apartar la mirada de la tarea que realizaba con esmero, replicó:
—No personalmente, pero mi amiga trabaja para ella.
La rosada ceja de Sakura se curvó en señal dubitativa.
—Tu amiga…¿ha mencionado algo sobre ella, particularmente de su trabajo?
—No mucho— se encogió de hombros—. Yamanaka -san es una mujer reservada, no por voluntad propia, sino por la naturaleza de su labor. Está constantemente vigilada, acercarse a ella es más complicado de lo que cualquiera se imagina— canturreó sin dudar—. ¿Por qué la pregunta? ¿La conoces?
La kunoichi se apresuró a negar con la cabeza.
—Solo de vista— espetó—. Me pareció una mujer interesante.
—Es realmente bella ¿cierto?
Sakura sonrió.
—Si que lo es.
Se negaba a darse por vencida con su mejor amiga, debía encontrar la manera de sacarla de ese lugar en cuanto antes, aún si eso implicaba sacrificar su propia vida.
—¡Tamaki!— clamó Suzume desde la otra habitación.
—Supongo que esa es mi señal para continuar trabajando y la tuya para ir a la sala, Mikoto -Sama no es una mujer que le guste repetir las cosas— dijo con una sonrisa tímida.
Entonces se puso de pie y fue al cuarto contiguo, como lo había pedido Mikoto, y permaneció callada, como también lo había solicitado ella la primera vez que se vieron.
La mayoría de los invitados apenas repararon en ella. Imploraba que la reunión no se prolongara más de la cuenta, el cansancio que sentía era diferente y, para ser sincera consigo misma, no quería permanecer más de una hora rodeada de Uchihas.
Sin embargo, Mikoto Uchiha parecía tener otros planes diferentes a los suyos y, tan pronto como su aguda mirada consiguió localizarla, le ordenó aproximarse con un sencillo gesto de manos.
—El día de hoy te situaras con nosotros— susurró.
Le dio unas palmaditas en el hombro como si tuviera cinco años. A la kunoichi le entraron ganas de morderla: ¿acaso formar parte de la fotografía familiar podía compensar todos los años de sufrimiento? Pero era preferible morderse la lengua que expresar lo que pensaba de verdad. No siempre era capaz, pero en esa ocasión lo consiguió.
Cabizbaja y en silencio, tomó su lugar a un costado de la matriarca. Por la conmoción en el cuarto supuso que Itachi no debería demorar en llegar, así que se decidió a levantar un poco la mirada, solo para tener un atisbo de la situación.
El corazón le dio un doloroso vuelco cuando vislumbro al objeto de sus deseos y poseedor de sus más turbios sentimientos ingresar en la habitación: ataviado de negro de pies a cabeza, Sasuke a duras penas reparó en ella. Desde su arribo, el pelinegro había hecho todo lo humanamente posible por evitarla. Pasaba más tiempo fuera de casa y cuando estaba en la mansión rara vez coincidían.
Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar el sonido de la puerta principal deslizarse por la maderada encerada. A paso lento, un frágil Uchiha Itachi ingresaba a su hogar: iba un poco encorvado hacia el frente, tal vez por el dolor o las fuerzas que le faltaban, la piel cetrina daba acuse de su deplorable estado al igual que las marcas cerúleas bajo sus ojos. Le tomaría tiempo recuperarse, pero Sakura tenía la certeza de haber realizado un trabajo impecable, casi perfecto.
Mikoto fue la primera en ir a encontrarlo. Bajo la mirada atónita de los ahí presentes, lo envolvió en sus brazos al mismo tiempo que lo atrajo a su cuerpo, susurrando cuanto le alegraba que estuviera en casa, por su propio bien. Cerca de ellos, Fugaku oteaba la conmovedora escena con una expresión pletórica en el rostro. Su primogénito estaba vivo, listo para continuar cumpliendo con sus obligaciones y responsabilidades.
—Bienvenido de vuelta, Itachi.
La atención que recibía el aludido ahora se dirigía a una nueva persona en la habitación. Poco a poco Sakura levantó la mirada, sintiendo los latidos de su corazón sobre la piel y el aroma del bosque inundar sus sentidos justo antes de encontrarse con los ojos de Sasuke.
Aun cuando se esforzaba en no evocar la última conversación, el calor que emanaba de su cuerpo la envolvió de una forma que deseaba volver a repetirlo; la cercanía, sentir el palpitar de su corazón bajo la punta de sus dedos, la intensidad de su mirada…
Gracias al cielo, Mikoto estaba ahí para obligarla a recobrar el juicio.
—De no haber sido por tu intervención mi hijo estaría muerto— dijo ella con los labios temblorosos y lágrimas en los ojos—. Gracias, gracias— masculló.
Sakura mantuvo la mirada fija en Sasuke, pero luego la desvió, dejándola recaer en la mujer que clama su intención entre súplicas y sollozos quedos.
—Solo cumplo con mi deber.
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire hasta desvanecerse en el sonido de las conversaciones y las risas.
—Sakura— murmuró Itachi tratando de llamar su atención—. Gracias— le dedicó una sonrisa trémula, incluso tímida. Aquel gesto habría bastado para conmoverla hasta el llanto. Sin embargo, el peso de una mirada intrusiva la obligó a mantener el rostro estoico y una actitud evasiva.
No muy lejos de donde se situaban ellos, Shisui hacia abajo el umbral de la puerta, admirando con cierta diversión el despliegue del espectáculo ante sus ojos.
Seguramente querría hablar con ella respecto a su encuentro con Ino, después de todo, la Yamanaka era la única opción viable para cumplir su plan. Sin el apoyo de ella, todo estaba perdido.
La reunión transcurrió sin eventualidades. Los altos mandos, incluidos el General, en verdad se proponían a festejar el regreso de Itachi a casa. Aunque para ser justos, ninguno de los ahí presentes pecaba de ingenuo para desvelar información delicada frente a un antiguo miembro de la Insurgencia.
Expirado el motivo de su presencia, la pelirosa realizó una reverencia discreta y enfiló el paso de regreso a su habitación; lejos de los murmullos y las risas, de las miradas inquisitivas y del insistente escrutinio de Sasuke.
Ambos se habían evitado de la forma más espectacular posible, y ese juego de evasivas sólo había conseguido incrementar sus pensamientos hacia él. Poco ayudaba tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos. Actuar como dos completos desconocidos hacía mermar algo en su interior.
Con esos pensamientos danzando en su memoria, caminó por el pasillo sin prestar especial atención a su alrededor. Tan rápido como cruzara el umbral de la puerta, se tumbaría en el lecho y dormiría por el resto del día. Su cabeza estaba a un latido de reventar por la tensión.
Levantó la mirada al techo y sonrió desvalida. Si la vida se empeñaba en ponerle más pruebas como lo venía haciendo en los últimos meses, estaba segura que no dudaría en atentar contra su propia vida antes de finalizar el año.
Alcanzó su habitación atravesando el pasillo solitario, luego de girar por otro entramado de galerías que rara vez eran visitadas por algún miembro de la familia. Aquella zona era exclusivamente para los miembros de servicio.
Abrió la puerta e ingresó en el cuarto, que a diferencia de otras áreas de la casa, está escaseaba en luz. Caminó sin miedo, cerrando la puerta tras ella y masajeándose el puente de la nariz en un intento por disipar el cansancio depositado en su cabeza. Antes de tomar asiento al borde de la cama, sintió un escalofrío recorrer toda su columna dorsal y erizarle todo vello presente en su cuerpo; le había tomado más tiempo de lo previsto darse cuenta que no estaba sola.
—Encantadora habitación, es muy… pintoresca. Hasta tiene algo de acogedor— dijo una voz a su espalda.
La kunoichi giró en redondo, viendo ante ella la figura del intimidante Shisui Uchiha.
—¿Qué haces aquí?— susurró Sakura arqueando una ceja.
—¿No es obvio? Quería verte.
Sakura echó un vistazo asustado en dirección a la puerta.
—Si alguien descubre que estas aquí…— comenzó a decir en tono apurado. Las paredes eran delgadas y todo a su alrededor parecía tener oídos. Cualquier alma en la sala se percataría de la ausencia de Shisui y, más pronto que tarde, indagarían sobre su paradero.
—Tranquila, no lo harán— sentenció con ese tono categórico tan suyo que era capaz de convencer a cualquier persona que la luna era de queso—. No han descubierto a Sasuke ¿o sí?
Sakura le dedicó una locuaz mirada de odio.
—Tu secreto está a salvo conmigo— continuó diciendo el Uchiha en tono burlesco—. Aunque debo admitir que me tomó por sorpresa saber que el pequeño Sasuke se arriesgaría a tanto, supongo que de verdad debes gustarle.
El corazón le dio un vuelco entusiasmado al escuchar la última afirmación. Por supuesto que había algo entre los dos, aquellas palabras, las caricias, las miradas… todo era indicativo de que sucedida algo, algo tan grande que ninguno era capaz de verlo y se negaba a afrontarlo.
—Estás equivocado— negó en redondo.
Shisui dejo escapar una melodiosa risa.
La embuste no logró arredrarlo, y haciendo gala de esa perspicacia Uchiha, espetó:
—El joven enamorado está herido, ¿Qué fue lo que hiciste para ofenderlo?
—Shisui— farfulló ella con la voz quebrada; ya fuera por el dolor o por la ira.
—Está bien, está bien, prometo no molestarte más— espetó.
—Al grano, Shisui. Por qué el hecho de que mi reputación esté en juego no es algo que me quite el sueño.
—¿Cómo estuvo la reunión con Ino?— la cortó de tajo.
La pelirosa tragó grueso.
Desde su conversación, no era capaz de conciliar el sueño. La rubia se había negado en rotundo a participar en el plan por miedo a ser descubierta. Estaba lo suficientemente cómoda con su vida para arriesgarse de esa manera y Sakura no podía culparla, en las mismas circunstancias, probablemente habría actuado de la misma forma.
—No resultó como esperaba— sonrió falsamente, esperando que el dolor de cabeza y el tumulto de sus emociones no corrompiera su impecable fachada de falsa tranquilidad.
Shisui enarcó ambas cejas, visiblemente sorprendido.
—¿Por qué?
—No quiere cooperar con nosotros, está asustada.
Por primera vez desde el inicio de su conversación, Sakura se atrevió a mirarlo: el Uchiha mostraba una mueca estoica, demasiado serio e impredecible para su gusto.
No olvidaba que trataba con un ninja de elite, n movimiento en falso y él podría asesinarla en un parpadeo.
—Supongo que no conseguiste información relevante— dijo al cabo de un minuto o dos.
—Nada que pueda ayudarnos.
El pelinegro soltó el aire contenido en sus pulmones.
—Lo lamento— se apresuró a disculparse la kunoichi.
—No es tu culpa, esas cosas suceden— dijo negando con la cabeza.
—No es eso lo que me preocupa—siseó—. Ino sabe que soy una espía.
—Pero es tu amiga, no sería capaz de traicionarte ¿o si?
«Me estaba yendo bien hasta el momento que volví a verte». Las palabras de Ino en su mente, se entremezclaban con las suposisiones de Shisui. Tenía jaqueca; Sakura sentia que si no se callaba, la cabeza le explotaría. Cuando por fín creyó haber superado el episodio, la voz de Shisui se alzó con más fuerza:
—En ese caso debemos ser precavidos— dijo en la oscuridad, sintiendo un incremento masivo en la tensión de su cuello—. Si no funcionó con Yamanaka, tal vez deberias intentarlo con Sasuke.
Sakura frunció el ceño.
—Por si no lo has notado, Sasuke me detesta— protestó. No quería violar la confianza del interpelado con el objetivo de extraerle información.
Una sonrisa divertida apareció en los labios del hombre.
—Eso es imposible— espetó.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Viró sobre sus tobillos para encararlo de lleno, e inconscientemente, se encontró retrocediendo dos pasos cuando atisbó a Shisui aproximarse a ella. Abrió los labios para abordar el tema, pero el joven comenzó a tantear la piel de sus nudillos.
—Para ser una kunoichi terriblemente inteligente, en ocasiones eres incapaz de ver lo que hay entre las grietas— susurró en su oido—. Sasuke te quiere tanto que jamás podría odiarte.
Ella contuvo la respiración. No era la primera vez que notaba el problema entre Shisui y el espacio personal, pero si la primera ocasión en la que él se comportaba osadamente.
Ante el silencio, la sonrisa del joven se agrando.
—Lo sabes ¿Cierto?
Sakura quería refutar, pero era como si las palabras se hubiesen quedado estancadas en su garganta.
—No luzcas tan apenada— ronroneó—. Puedes usar esto a tu favor— la mano que antes jugeteaba con sus dedos, ahora reposaba por completo sobre su cadera.
—N-no veo como— titubeo.
Lo escuchó soltar una pequeña risa a la par que su cálido aliento bañaba la columna de su cuello.
—Es sencillo— suspiró—. Puede que Sasuke parezca una estatua, pero a final de cuentas es un hombre, Sakura.
La pelirosa se cohibió pero nunca separó sus ojos de los de él. Shisui interpretó aquello como una grata bienvenida; llevó la mano hasta el cuello, apartando gentilemente el cabello para elevar su rostro.
—No voy a seducirlo— dijo ella entre dientes.
Shisui examinó su rostro, tal vez intentando averiguar los sentimientos de la kunoichi hacia Sasuke o procurando encontrar algo que no estaba a simple vista. En su lugar, lejos de inclinarse como Sakura pensó que lo haría, se alejó de ella.
—Es la unica forma— decretó—. Lo han promovido, pronto sera parte del escuadron de inteligencia.
—Él no es ingenuo, se dará cuenta que algo anda mal— rebatió en tono apurado.
—No— la interrumpió de nueva cuenta—. No si haces bien tu trabajo.
Ahora fue su turno para guardar silencio. El simple hecho de aproximarse a Sasuke de esa forma le removio las entrañas.
Aun así, era un problema en su vida. Nunca habia salido con nadie, porque nunca habia conocido a nadie con quien le apeteciera salir. Y parecia que eso no tenía remedio. Con todo el ebrollo de la guerra y, aunado a esto, los chicos de la Insurgencia no contaban: convivian desde que eran niños, los habia visto hurgarse la nariz, y a algunos incluso mojarse los pantalones. Esas imagines mataban cualquier asomo de romanticismo.
Si bien, Sasuke tenía un efecto encantador sobre ella, no podía ir por la vida fantaseando que algo más ocurriria entre ellos. Ni siquiera se habian besado para asegurar que era capaz de meterse en su cama.
—Es un pequeño precio a pagar para obtener tu libertad— vociferó Shisui—. ¿O acaso prefieres quedate aquí hasta pudrirte?
Sakura lo miró, atonita.
—Consultalo esta noche con la almohada. Debemos actuar rapido, el tiempo se nos acaba— sonrió como si su conversación hubise sido una gran trivialidad, dio media vuelta y levantó la mano antes de salir de la habitación—. Nos vemos, Sakura.
Encontró a Itachi de espaldas hacia él, mirando por la ventana. Desde ahí se veía el jardín de la casa y si se prestaba suficiente atención, era posible atisbar el resplandor de las luces del pueblo.
—Deberías guardar reposo— le dijo Sasuke mientras cerraba la puerta de la habitación.
—Estoy casado de pasar tanto tiempo postrado en cama.
—Si mamá te ve así…
—No saldrás corriendo a decirle ¿Verdad?— Itachi sonrió con una ceja arqueada.
A medida que ambos crecían y maduraban, la relación también se había transformado. Para el bien o mal de Sasuke, Itachi lo confiaba lo suficientemente en él para asegurar que nunca lo traicionaría. Fue el primero en enterarse de su promoción como Comandante, al igual que el primero en saber sobre su relación con Izumi. Estaba presente en los momentos más importantes de su vida y le gustaba pensar que ese amor fraternal traspasaba ciertos límites impuestos por su padre.
—Respecto a la reunión, trate de impedirlo— se encogió de hombros.
Cansado, el mayor de los Uchiha se desplazó a la cama; sus pasos eran lentos, trémulos y débiles. El agotamiento no pasó desapercibido ante los ojos de Sasuke.
—Tranquilo— dijo al mismo tiempo que tomaba asiento al borde de la cama—. No tienes que disculparte, en todo caso el único culpable soy yo. Ya sabes cómo es mi naturaleza.
Sasuke asintió.
—Escuché que tuviste problemas antes de llegar a la base— una mueca de dolor transformó su estoico demenor.
—Fue un grupo de fanáticos— por desgracia, el desagradable encuentro no hizo más que incrementar el dolor de cabeza, y decidió desahogarse ventilando más información de la que debería—. Nos atacaron antes de llegar al paso de las montañas.
Itachi arqueó una ceja, como era de esperarse.
—Es extraño, considerando que los integrantes de dichos grupos no se comparan en nada a tus habilidades.
—Te sorprenderá escucharlo pero Sakura me salvo— se encogió de hombros y le dedicó una mirada significativa a su hermano . Él le recibió reservado y comprendió lo que quería decirle—. De no haber sido por ella habría muerto.
—Supongo que ambos estamos en deuda con Haruno Sakura.
Sasuke se mostró de acuerdo. Aquella era un adeudo que nunca podría saldar.
Ante el silencio, Itachi decidió recostarse en la cama. Sus movimientos eran lentos e imprecisos por el dolor que lo embargaba, pero a medida que los días transcurrieran empezarían a notar una mejoría.
—No luces contento, ¿sucede algo?— preguntó Itachi casual.
—Van a promoverme a Comandante.
Hubo un silencio donde Itachi permaneció desorientado. Al igual que su hermano menor, la noticia lo tomó por sorpresa. Era la tercera ocasión en la que el Alto Consejo aprobaba la promoción de alguien tan joven.
—Ya era hora de que nuestro padre lo hiciera.
—Por favor, no… no pretendas conmigo. Ambos sabemos por qué lo está haciendo y no es, precisamente por mis logros— bramó Sasuke. El dolor de cabeza no lo ayudaba a pensar con claridad, y si creía que aquello mejoraba la posición de ambos estaba muy equivocado.
Itachi estrujó la mandíbula y desvió la mirada hacia otro punto que no fuese el rostro de su hermano.
—El consejo ya confía en ti— le informó Sasuke.
—Van a prepararte para suplirme.
—¿Y tú vas a permitirlo?
Itachi tensó la mandíbula. Como era de esperarse, sus acciones desinteresadas y a menudo imprudentes traerían consecuencias irreparables, entre ellas la desconfianza del Alto Consejo y los demás Comandantes. Al tener peso a la hora de tomar decisiones, Fugaku no podía hacer nada para ir en contra de ellos. Era de esperarse que, tras el fracaso de la última incursión militar, los consejeros del General optaran por desviar la atención en dirección a Sasuke, el hijo desplazado, brillante militar y fiel servidor del Régimen. Todos esos buitres se encargarían de moldearlo a la perfección para ser un digno sucesor de su padre y asegurarse de que continuara gobernando con mano dura.
—Lo lamento, Sasuke— vociferó Itachi, incapaz de ocultar la decepción que lo embargaba.
El aludido cruzó la geografía del cuarto y dejó caer el cuerpo en el espacio vacío de la cama; encajó los codos en sus muslos y ocultó la cabeza entre sus manos, permitiéndose por primera vez en mucho tiempo, mostrarse vulnerable.
—No, lo entiendo, antes no era capaz de hacerlo, pero ahora…
—Sasuke, debí ser más cuidadoso y atender tus consejos. Esto es culpa mía— tranzó Itachi, mortificado.
Las miradas de ambos se encontraron y, con toda la sinceridad que le era posible transmitir, el menor de los Uchiha recitó:
—Ahora entiendo a lo que te referías cuando hablabas del debate entre el honor y el deber.
—Acaso tu… ¿Estás hablando de Sakura?— intentó decir en tono despreocupado.
—¿No es obvio?— su tono fue burlesco.
Había visto a la pelirosa esa misma tarde y probablemente la vería al día siguiente, pero le aterraba pensar que quizá no tuviera ocasión de verla otra vez. ¿De veras era incapaz de pasar veinticuatro horas sin ella? No se tenía por un hombre débil, pero esa mujer lo había atrapado en su hechizo. Sasuke, no obstante, no tenía ningún deseo de escapar.
Era el espíritu independiente de la kunoichi lo que le resultaba tan atractivo. La mayoría de las mujeres de su generación parecían conformarse con interpretar el papel pasivo que les otorgaba la sociedad: servir al régimen, casarse con un soldado de alto rango, formar una familia. Sasuke estaba aburrido y Sakura parecía más a algunas mujeres que había conocido en Iwagakure durante la temporada que había pasado en la embajada de la aldea de la roca. Eran elegantes y encantadoras, pero no serviles. Ser amado por una mujer así era sumamente estimulante.
Ahora fue el turno de Itachi para dejar escapar una mezcla entre una risa y un suspiro.
—Es una mujer interesante, mantenerse alejado de ella resulta imposible— dijo, dándole a entender que había sacado sus propias conclusiones sobre su relación con la ninja médico.
Sasuke lo miró, receloso.
—Relajate, solo estoy señalando los hechos— masculló. No era como si Itachi sintiese particular interés romántico por la kunoichi. Su corazón y atención le pertenecían a otra mujer, las dos tenían un carácter similar, pero Izumi le había encantado en cuerpo y alma.
—Todo esto es una mierda— suspiró Sasuke, derrotado.
—Si que lo es— coincidió el mayor de los Uchiha.
Lejos de inquirir en la pérfida situación en la que ambos se encontraban inmersos, Itachi optó por desviar el tema en otra dirección.
—¿Y bien?— preguntó luego de removerse en la cama—. ¿Ella… ya sabes… está al tanto de tus sentimientos?
Sasuke volvió a suspirar, y sin verle, respondió.
—Creo que sí.
—¿Crees?
—Lo deje implícito— se apresuró a responder. Algo en su tono de voz había sonado esperanzador, casi risueño. Cualquiera que lo escuchara pensaría que se trataba de un muchacho perdidamente enamorado. Pero ambos hermanos sabían que iba más allá de la pasión pasajera—.La última noche en el campamento hablamos… yo, yo… le dije cuanto me arrepentía de no haber huido con ella cuando tuve la oportunidad de hacerlo.
Itachi creyó atragantarse con su propia saliva. Jamás en su sano juicio imaginó que su hermano pequeño llegaría a contarle algo que implicara tanto nivel de intimidad. Para ser justos, Sasuke tampoco lo hacía. Pero ahí estaban los dos, en medio de la noche, hablando de chicas como si la guerra y la muerte no rondara a su alrededor.
—¿La besaste?— quiso saber el mayor de los hermanos.
En respuesta, Sasuke arrugó la nariz. No porque la pelirosa le desagradara, al contrario, moría por degustar sus labios, sin embargo, aún le resultaba vergonzoso abordar ese tipo de temas con Itachi.
—No, no lo hice.
—¿Por qué?
—¿Bromeas? Ella probablemente me detesta— la decepción se abrió paso entre sus finas facciones. No podía asegurar que sus sentimientos fuesen correspondidos, lo más seguro era que Sakura lo odiara, al igual que todos los Uchiha que la rodeaban.
—No, no lo hace— aseveró Itachi. El azabache lo miró, sorprendido—. Ella tiene todo el derecho a odiarte y, aun así…
—Eso no me hace diferente a los demás.
Itachi frunció el ceño.
—¿En qué sentido?— quiso saber.
Cuando meditaba acerca del peligro de la guerra y su posición, su primer pensamiento era Sakura, y solo después para su país. Le avergonzaba ese egoísmo suyo, pero no podía hacer nada por remediarlo. Su mayor miedo era que se la arrebataran; la amenazas al Régimen ocupaba un segundo lugar. Estaba dispuesto a morir por la Republica del Fuego, pero no a vivir sin la mujer a quien amaba.
—Retenerla aquí sería egoísta… después de todo el daño que le hemos hecho— un sentimiento de amargura se había apoderado del alma de Sasuke.
El silencio se expandió por la habitación, adquiriendo una presencia casi física.
—Ambos son víctimas de las circunstancias— expresó Itachi al cabo de un rato—.No creo que Sakura te odie o desprecie.
—Somos enemigos— insistió Sasuke, más para él que para su hermano. Aquel era el único argumento que necesitaba para no proseguir con sus intenciones, porque de hacerlo, sabía, por todos los dioses que sabía, no habría vuelta atrás.
—¿Quién lo dice? ¿Nuestro padre? Ya sabes cómo es respecto a lo ideología, pero si lo piensas, todo esto es absurdo— espetó—.No digo que ambos puedan estar juntos, pero tengo la certeza de que, cuando el momento indicado llegue, sabrás como actuar.
Sasuke permaneció en silencio al mismo tiempo que sentía un escalofrió.
—Itachi, yo… lo siento— se disculpó sin pensarlo.
—¿Por qué?— preguntó sin entender a lo qué se refería.
—Respecto a Izumi…— las noticias aún no habían alcanzado los oídos de su hermano. Era un acto cruel y cobarde de su parte traer el tema a coalición, en especial cuando sabía que él conservaba la esperanza de encontrarla con vida.
—¿Sabes algo de ella?— sus ojos se abrieron ofuscados.
—No, ninguna, pero confió en que el equipo de búsqueda lograra dar con su paradero— mintió al mismo tiempo que su corazón se hacía pedazos—. Izumi es una mujer fuerte.
Itachi asintió.
Sin poder permanecer un momento más ahí, el azabache se puso de pie. Al llegar a la puerta, detuvo el andar y vislumbró a su hermano por encima del hombro.
—Hasta pronto, Itachi, descansa.
Continuara
N/A: Antes que nada, lamento la tardanza. La verdad es que tenía un poco abandonada la historia y no porque hubiese perdido el interés en ella, sino porque estuve inmersa en otras obligaciones al punto de no tener tiempo libre para escribir.
Sin más excusas, cruzo los dedos para que el capítulo compense el tiempo de espera. No es tan extenso como me hubiese gustado, pero siento que es un apartado de transición y realización para nuestros personajes.
Por un lado tenemos a una Sakura dispuesta a salir de ese sitio a como dé lugar y por otro, a un Sasuke que admite lo que siente por la pelirosa, pero que a la vez mantiene un dilema de ética y moral consigo mismo y todo lo que le rodea.
También hay una aparición estelar, Ino se atrevió a escapar, mas no sabemos si consiguió hacerlo o no.
A partir de este punto de la historia, comenzamos a navegar por más hilos narrativos que le dan peso a las decisiones de todos los personajes en el desarrollo de la trama.
También, me tome la libertad de cambiar la clasificación del fic a "M". Llegue a la conclusión que, al contener escenas que narran muertes explicitas, era apropiado hacer esta modificación.
Sin nada más que añadir, espero que el capítulo haya sido de su agrado. Como siempre, gracias totales por su paciencia y el apoyo constante, así como sus lindos reviews. Puede que no les otorgue una respuesta, pero sus comentarios son importantes para mí :3
Les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren. ¡Felices fiestas! Disfruten mucho a lado de sus seres queridos y cuídense.
Nos leemos pronto.
¡Hasta la próxima!
Bye, bye.
