Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no son creaciones mías ni me pertenecen, todo es obra de Masashi Kishimoto.
Advertencia: El siguiente capítulo contiene escenas Smut (Lemon) explicitas. Saltar a las notas de autor si desean omitir esta parte.
XVII
Sus ojos lo captaron en la lejanía: de pie, frente a una tumba vacía como muchas otras a su alrededor. Tenía las manos resguardadas en los bolsillos del pantalón y la mirada fija en la lápida de mármol oscuro.
—¿Qué haces aquí?— musitó Itachi sin despegar la atención de la lápida donde descansaban -simbólicamente- los restos de Izumi.
Shisui elevó la mirada al cielo. Había sido un día largo, soleado y letárgico. Durante dos días Itachi lo rehuyó: sabía que si estaban a solas no podría evitar tener una conversación con él, no veía claro si quería tenerla ni adónde podía conducirlos.
—En ocasiones puedes ser bastante predecible.— El mayor de los Uchiha se encogió de hombros, dejando pasar por alto la actitud hostil de su compañero—. Eres un hombre rutinario, supuse que estarías aquí.
Itachi soltó un suspiro tratando de calmar la presión entre sus costillas con respiraciones profundas.
—Se que no lo dije en su momento, pero realmente siento lo que ocurrió con Izumi— dijo por fin—. Ella no merecía morir de esa forma.
Itachi no respondió pasado un segundo o dos, y entonces clavó en Shisui una mirada fija e inexpresiva.
—No, pero eso fue lo que sucedió.
Su mejor amigo actuaba con tal estoicismo que se sintió irritado y aliviado a la vez. Al parecer, tendría que enfrentarse a él sin el testimonio del caos.
—¿Alguna vez…?— Antes de pronunciarlas, Shisui percibió lo ridículas que eran sus palabras, cómo se las habían ingeniado para escapar de su control, como un gato, en cuanto había empezado la frase—.¿Alguna vez te has cuestionado lo que hubiera pasado si tu decisión fuese distinta a la que tomaste esa noche?
Al oír esas palabras, Itachi soltó una especia de graznido demasiado fuerte y áspero para ser una carcajada, y se volvió de nuevo hacia la lápida.
—Todo el maldito tiempo— respondió, y aunque el tono era suave, Shisui advirtió que la fuerza con la que estrujaba el puño era tanta que los nudillos se le pusieron amarillos y sudorosos.
Itachi cerró los ojos como si estos pesaran una tonelada. Respiró una sola vez, buscando equilibrar su pulso y la mano que temblaba bajo el recuerdo de todos esos años que trabajó como espía doble. Soltó el aire de su pecho antes de pronunciar con voz baja y modulada:
—Cualquier decisión que hubiese tomado, implicaría el derramamiento de sangre. Los inocentes morirían.
La respuesta inmediata de Shisui no fue nada más que silencio. Una afonía espesa y desagradable.
—Ahora estás intentando enmendar las cosas.
Itachi no levantó la vista.
—¿Tú no?
Shisui sabía que debía ser sumamente cuidadoso con sus respuestas. La mayor parte del tiempo, las conversaciones con Itachi eran encriptadas, difíciles de entender. Durante todos esos años de relación, descubrió que su mejor amigo disfrutaba de los acertijos y, conforme iban creciendo, ambos desarrollaron un extraño método de conversación que implicaba significados ocultos y mensajes de doble sentido.
—Sabes que comparto tu visión del mundo— dijo en voz muy baja.
Itachi volvió a quedarse callado. Su atuendo estaba impecable y a simple vista era difícil determinar que estuviese cansado. Pero su rostro pálido, los hombros caídos y la mirada perdida, decían todo lo contrario.
—¿Por qué quieres ayudar a escapar a Sakura?— preguntó de una vez por todas.
Itachi se encogió de hombros y Shisui notó que su enfado daba paso a la ira.
—Le hice una promesa y no pienso romperla.
Shisui apreció el dolor de su amigo como suyo. Bajó la mirada hacia el suelo. La cólera se desvaneció.
—Hablas como si estuvieras a punto de morir— replicó con cierta malicia.
—Tal vez lo este, no lo sé— bramó Itachi entre dientes.
Se quedaron de pie en silencio durante lo que pareció un largo rato, escuchando el murmullo de las cigarras.
—¿Y bien? ¿Cómo planeas sacarla de aquí?— le preguntó Shisui con suavidad—. Estamos en peligro. Ahora más que nunca debemos mantener las apariencias y no hacer ningún movimiento que aumenten las sospechas de tu padre hacia nosotros.
—Algo se me ocurrirá.
Se hizo otro silencio.
Shisui lo miró con una ceja levantada. Itachi respiró hondo, con la falsa intención de que así disiparía las dudas de su mejor amigo y conservaría la fútil calma que mantenía a raya sus pensamientos.
—De lo único que tengo certeza es que tu irás con ella.
—Realmente has perdido la cabeza— respondió Shisui inmediatamente con la voz tan baja que se habría confundido con un gruñido.
Itachi apartó la mirada de la lápida y echó un rápido vistazo a sus alrededores. Se volvió a su amigo con la mirada oscurecida.
—Tus habilidades le vendrán bien a la Insurgencia— espetó, al no recibir respuesta inmediata de Shisui, añadió—: Si queremos derrocar a mi padre, necesitaran toda la ayuda disponible. Conoces la estructura militar del Régimen.
—No pienso dejarte solo, Itachi— rugió—. Hemos estado juntos todo este tiempo, no puedes pedirme nada más que me marche— le reprochó. Podía percibir la amalgama de molestia y ansiedad por partes iguales en sus palabras.
—Ambos sabemos lo que sucederá si nos descubren.
Shisui comenzaba a molestarse e Itachi le devolvió la misma mirada intensa. A los dos se les estaba agotando la paciencia. El método de espionaje silencioso se iría a la basura tan pronto como Haruno Sakura consiguiera poner un pie fuera de la aldea.
—Ya te lo dije, Itachi. No voy a irme de aquí.
—¿Qué hemos logrado con la cautela?— resopló el interpelado—. La Guerra sigue en pie, los campos continúan regándose con la sangre de inocentes mientras tú y yo jugábamos a los espías. Sabes que todo esto está mal— alzó las manos para hacer énfasis en su punto—. Estoy harto de ser un peón de mi padre.
Cuando contactaron con los miembros de la Insurgencia, ambos se mostraron renuentes a la hora de cooperar. Itachi tenía un punto. Era cierto que no podrían detener el conflicto por su propia cuenta. Sin embargo, Shisui tenía la impresión de que su mejor amigo quería acaba con esa guerra por sus propios medios. La culpa de haber iniciado todo eso lo carcomía por dentro.
—Es hora de arreglar todo el desastre que ocasioné— dijo Itachi cuando por fin recuperó el habla—. Condené a miles de personas a la desgracia, lejos de ser un salvador me convertí en un verdugo.— Sus ojos volvieron a perderse en la lejanía—. Quiero reparar el daño y la única forma en que puedo hacerlo es descubrir el plan de mi padre y sacar a Sakura de este lugar.
Shisui tragó saliva y contó hasta tres.
—Lo hare, pero bajo una condición— suspiró—. Prometeme que si fallamos no volverás a intentarlo.
Sus miradas colisionaron con brutalidad: la de Itachi atestada de culpa y la de Shisui solo era capaz de proyectar una profunda preocupación.
—Estas pidiéndome que me conforme con una vida que no quiero— reconoció muy cansado Itachi.
—Solamente estoy salvando tu trasero. Algún día me lo agradecerás.
—Está bien, lo prometo— respondió en voz baja, furioso consigo mismo y al mismo tiempo aliviado.
Shisui pasó una mano por los músculos tensos de cuello y masajeó la parte afectada.
—Bien— comenzó a decir, mirando por el rabillo del ojo el demenor estoico de su acompañante—. Ahora, ¿Quieres hablarme de tu brillante plan?
Le tomó menos de lo que esperaba llegar a casa. Ingresó por la puerta principal como era costumbre y, sin despojarse de los zapatos o parte de la indumentaria de Comandante, subió corriendo a la primera planta.
Abrió la puerta de la habitación de un tirón y encontró a Itachi sentado en el suelo con una botella de sake en la mano derecha y la mirada clavada en un pequeño retrato de Izumi; sus facciones eran indistinguibles a la brillante luz de la lampara.
Itachi alzo la vista al oírlo entrar, mas no se levantó, por un momento se miraron en silencio.
—Mira quien ha decidido unirse— moduló Itachi torpemente; la lengua atolondrada por la cantidad de alcohol que había ingerido.
En sus cortos veintidós años de vida, Sasuke jamás había contemplado a su hermano en un estado tan deplorable como en el que se encontraba. Itachi detestaba el alcohol y solo ingería licor en ocasiones especiales, normalmente en reuniones oficiales o las ostentosas cenas que su madre disfrutaba realizar de vez en cuando.
Los ojos de Sasuke viajaron del rostro sonrojado de su hermano hacia la botella vacía a los pies de la cama. En un acto reflejo, la frente se le pobló de arrugas al fruncir el ceño con ahincó.
—¿Cuánto has bebido?— cuestionó.
—Como si te importara— susurró el mayor de los Uchiha antes de llevar el contenedor de cerámica hasta sus labios para propinarle otro largo trago.
Tambaleante, intentó aferrarse a cualquier superficie que le brindara soporte; sus pasos eran torpes y bruscos, al igual que todos sus movimientos. Nunca había visto a Itachi borracho, pero enseguida se dio cuenta de que había bebido más de la cuenta y estaba de un humor de perros.
—Estás ebrio— señaló con palpable disgusto.
Itachi dejó escapar una risa gutural.
—No pensé que comenzarías a señalar cosas obvias— sus palabras sonaban atropelladas, a duras penas entendibles—. ¿Por qué no comenzamos contigo, hermanito?— dio un paso hacia el frente, no tan firme como había pretendido—. Me ocultaste que Izumi estaba desaparecida— reprochó.
Sasuke notó una corriente crepitar por el aire.
Durante los días posteriores a la noticia de la muerte de Izumi y su conversación con Obito, se empeñó a rehuir a Itachi a como diera lugar.
Había mentido a su superior al decirle que no sabía de la extraña actitud de su hermano. No sabía con certeza los motivos detrás del comportamiento, pero eso no era más que un detalle técnico; lo sabía, y desde hacía mucho tiempo.
Si hubiera sido otra persona, no habría titubeado. Habría exigido respuestas, lo sentaría y gritaría, habría suplicado y amenazado hasta sonsacarle una confesión. Pero eso formaba parte del trato cuando Itachi estaba implicado. Había que dejar de lado cosas que el instinto decía que no se debían pasar por alto y dar un rodeo a las sospechas. Entendía que su relación con Itachi residía en guardar las distancias, en aceptar lo que le decía, y darse la vuelta e irse cuando le cerraba la puerta en la cara, en lugar de intentar abrirla por la fuerza.
—No quiero hablar contigo ahora mismo— dijo con brusquedad.
—Ya es suficiente, Itachi— se acero a él para arrebatarle la botella de las manos y situarla en un lugar lejos de su alcance—. Hay algo de lo que debemos hablar.
—Cualquier cosa que quieras decirme puede esperar. Ahora mismo no estoy de ánimos para soportar tu papel de mártir.
—Y yo no estoy de humor para tolerar tu actitud de crio.
Itachi esbozó una sonrisa al mismo tiempo que se encogió de hombros.
—Bueno, al menos parece que estamos de acuerdo en algo.
Los últimos meses transcurrieron con los continuos aunque ineficaces esfuerzos de Sasuke por lograr que Itachi respondiera a una pregunta que nunca tendría valor para formular.
Sin embargo, la duda seguía ahí, y cuando menos se lo esperaba se abría paso en su conciencia y se posicionaba con obstinación frente de ella, tan inamovible como una roca.
Esta vez estaba decidido a decir algo porque tenía pruebas. Si dejaba que su hermano se escabullera y lo eludiera, él sería culpable de lo que ocurriera.
—¿Desde hace cuánto tiempo eres un doble espía?— preguntó a bocajarro, sin inmutarse a maquillar el cuestionamiento, confrontándolo con agresividad.
El rostro de Itachi transmutó radicalmente de la tranquilidad al espanto en cuestión de segundos.
—Tu… no, no…— comenzó a balbucear. Evidentemente el alcohol había hecho mella en sus procesos neuronales, reduciéndolos a niveles mediocres, impidiéndole al genio formular una respuesta coherente que apelara a la inocencia.
—¿No debería saberlo?— completó Sasuke.
—¿Quién te lo dijo?
Sasuke no respondió de inmediato. El ambiente que los rodeaba estaba viciado, cargado de ira.
Sabía que no debía mencionar nada al respecto. Su tentativa por detener a Itachi, ridícula e infantil, lo pondrían en alerta. No obstante, los miembros del alto consejo desconfiaban a sobremanera del heredero nombrado por Fugaku. Aún así confiaba en que frenaría cualquier plan que tuviera en mente. No podía ir en contra de Itachi, no de esa manera.
—Obito— resolvió responder al cabo de un segundo.
Tan pronto como el nombre de su superior quedó flotando en el aire, el aspecto de Itachi se transformó; ahora se le veía tenso, nervioso y le rechinaban los dientes de tanto apretar la mandíbula.
Antes de darle tiempo de responder, Sasuke atacó con otra estocada:
—¿Por qué te decidiste a luchar por los ideales de nuestro padre?
Sin poder evitarlo, Itachi dio un paso atrás con las pupilas dilatas de espantado y el corazón acelerándose en su pecho con fuerza.
Aquel era un secreto a voces dentro del clan, Sasuke lo sabía. Su hermano fue una pieza clave en la ejecución del Golpe de Estado, su trabajo como agente doble le brindó a Fugaku el poder y las armas necesarias para derrocar a Hiruzen Sarutobi y establecer un nuevo gobierno regido por los ideales de los Uchiha.
Ahora veía que la relación entre su padre y su hermano tenía cierta simetría dotada de sentido. Los dos sabían que había algo vergonzoso en lo que habían hecho. Estaban unidos por mutuo asco y malestar.
Desde ese punto, notó como la mirada de Itachi se posaba una vez más en la fotografía enmarcada de Izumi. Pronto, el desconcierto y la ira que lo embargaban se convirtió en un profundo desconsuelo.
—Por amor— respondió él al fin.
La réplica tomó a Sasuke por sorpresa, puesto que imaginaba una contestación elaborada, prevista de todos los detalles que pudiesen dar respuesta a las preguntas que lo acosaban.
—¿Amor?— ironizó.
—No lo hice por amor a mi padre se apresuró a esclarecer—. Sino por amor a ti, Sasuke.— El aludido quedó pasmado, o mejor dicho, atónito—. Shimura Danzo me dio la orden de aniquilar a todo el clan, incluyéndote a ti. Cuando se negó a negociar por tu vida, tuve claro lo que debía hacer, la decisión que debía tomar.
La voz de Itachi se perdió en el murmullo exterior que ingresaba por la ventana abierta.
Sasuke reconoció la manera en que el desconsuelo se apoderaba de él, la forma en que el peso de sus consecuencias brotaba como la sangre de una herida abierta.
Notó que el agotamiento se apoderaba de él, mas no se trataba de un agotamiento físico, sino mental. En su interior fluían tantas sensaciones que no era capaz de detenerse solo en una. Su mente estaba inmersa en una vorágine de pensamientos a los que difícilmente podía conferirle un sentido lógico o racional.
El silencio que los envolvía era tanto una tortura como una bendición. Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba Itachi sin hablar, pero estaba claro que ambos necesitaban un espacio para reflexionar lo que la confesión de Itachi traía consigo, incluso si el mutismo tornaba pesado el aire al punto de dificultarles la respiración.
—¿No era la respuesta que esperabas?— dijo Itachi con una sonrisa curvándole la comisura de los labios.
—Yo…— titubeó.
—Ese día decidí poner el amor por encima del deber y el honor— hizo una pausa en donde Sasuke solo pudo observar cómo sus hombros subían y bajaban en respiraciones profundas.
—¿Te arrepientes de tu decisión?— le preguntó Sasuke con suavidad.
Itachi se quedó inmóvil.
—Ya es muy tarde para eso— se encogió de hombros.
En un intento por deshacer el nudo que le estrujaba la garganta, Itachi le propinó otro largo trago a la botella.
—La verdad, en ocasiones, puede ser una mierda ¿no lo crees?— preguntó Itachi una vez terminó de beber, al mismo tiempo que se limpiaba la boca con el dorso de la mano.
Sasuke cerró los ojos.
—Ahora dime, hermanito, ¿Mi padre estuvo implicado en la muerte de Izumi?
Sus miradas se encontraron, desafiantes.
—No.— Mintió Sasuke.
—No intentes protegerlo— resopló.
—Papá no tuvo nada que ver. Inabi fue quien dio la orden.
Itachi dejó escapar todo el aire contenido en sus pulmones. Dejó la botella sobre el escritorio y, al pasar al lado de Sasuke, no pudo evitar tener la impresión de que le asestaría un golpe en el rostro. Sin embargo, pasó junto a él en dirección al pasillo y, cuando se apartó de la puerta para dejarlo pasar, él estiró la mano y le toco el hombro, levemente. Sus miradas se cruzaron y la de Itachi se suavizó, de modo que por un momento pareció otra persona, y entonces se apartó de él.
Ubicación desconocida, Base de la Insurgencia
El edificio estaba cubierto por una capa de polvo de carbón, los bloques de piedra que en otros tiempos habían sido de un blanco inmaculado ofrecían en esos momentos un color gris oscuro que emborronaba los uniformes de los soldados que, en un descuido, rozaban las paredes.
—¿Estás lista?— preguntó Naruto cuando ambos se detuvieron a unos cuantos metros de la entrada.
Ino asintió con un ligero e imperceptible movimiento de cabeza.
Se alegraba de estar de vuelta, y aun así, la perspectiva de ver a Shikamaru y Choji la aterraba.
—Espera un momento— dijo ella al mismo tiempo que lo sujetaba de la manga del jersey.
Naruto se volvió, confundido; frunció el entrecejo y tensó los labios, aguardando por una respuesta.
Cohibida, la Yamanaka rehuyó su mirada. Durante todo el trayecto, su acompañante se encargó de distraerla con una serie de historias heroicas y divertidas por partes iguales. El tiempo pasó volando y, cuando menos lo pensó, se encontraban penetrando el territorio de la resistencia, dirigiendo el andar directamente a la base principal.
Una indescriptible sensación de pánico la sacudió al percatarse de lo que suponía regresar al cuartel; imaginaba que, para esas alturas, sus compañeros y amigos de la infancia estaban al tanto de la situación.
Aun así, no podía evitar sentir miedo tan solo de imaginar el rechazo. Después de todo, había colaborado con los Uchiha durante todos los años que estuvo cautiva.
Al observar fijamente el perfil de Naruto, Ino dudó si decírselo o no. Al final de cuentas decidió hablar.
—Naruto…— aun con el ceño fruncido, Naruto se volvió hacia ella—. ¿Qué pasara si ellos no me quieren de regreso?
—¿Por qué habrían de hacer eso?— articuló el Uzumaki bastante extrañado por el repentino cuestionamiento.
Pena e inseguridad no eran dos adjetivos que se ajustaran a Yamanaka Ino. Desde que tenía uso de memoria, cada vez que evocaba una remembranza relacionada con la heredera del Clan, el primer recuerdo que acudía a su mente era el de una kunoichi fuerte y segura de sí misma. Suponía que eso era lo que sucedía con las personas que pasaban mucho tiempo bajo el dominio de los Uchiha. Esos bastardos habían encontrado la forma de quebrantar la llamada "Voluntad de Fuego".
Ino apretó los labios y se encogió de hombros.
—Trabaje con los Uchiha, luche a lado de ellos.
Naruto suspiró.
Lejos de juzgarla, colocó ambas manos sobre sus delgados hombros y la obligó a mirarlo directamente a los ojos.
—Cualquier cosa que hayas hecho, ahora está en el pasado y perdonado— bajó la voz hasta convertirla en un simple murmullo—. Eso no te define como persona.
Ella no pudo evitar sonrojarse ante el comentario.
—Naruto, tu ¿me odias?
—¿Qué?
—¿Tú me odias?
Bajo la luz de la luna, Ino no podía verlo bien, pero los ojos de Naruto parecían abiertos como platos.
—No, por supuesto que no, eso nunca sucedería.
Ino esbozó una ligera sonrisa. Naruto hizo todo lo posible para devolvérsela. Estaban en una situación espantosa, pero se sintió un tanto aliviado cuando la preocupación se disipó de su rostro.
Sin pensarlo demasiado, entrelazó los dedos con los de Naruto y se aferró a su mano como si su vida dependiera de ello.
—¿Preparada para entrar?
—Estoy bien.
—Entonces avancemos. Tengo la certeza de que todos estarán felices de verte.
Naruto notó su agitación y trató de calmarla colocándole una mano en la espalda para dirigirla a la puerta de entrada. Ino sintió la cálida energía que irradiaba su brazo y, al instante, se sintió mejor.
Al entrar a la Base, lo primero que llamó la atención de Ino fue la cantidad de personas congregadas en los pasillos aguardando por ella. Apenada, ocultó el rostro. Estar en esa situación le resultaba incómodo e irreal. Antes de que pudiera retroceder, la sala erupto en aplausos. Tal como Naruto se lo había dicho, todos parecían felices con su regreso.
—Bienvenida, Yamanaka-san— dijo una kunoichi a su paso; su rostro irradiaba una genuina algarabía.
Echó un vistazo por encima del hombro solo para comprobar que Naruto se encontraba unos cuantos pasos atrás. Le dedicó una sonrisa reconfortante y, con un ligero movimiento de cabeza la incitó a continuar con su camino. Las personas se cernían sobre ella, todo el mundo gritaba su nombre, chillando, literalmente chillando.
—¿Ino?
Del mar de gente emergió una figura conocida. Ataviado con el uniforme de un shinobi de alto rango, Shikamaru apareció frente a ella; en su faz el verdadero gesto de la sorpresa estaba tallado vívidamente cada centímetro de piel.
Ante la intensidad de aquella llamada, Ino se volvió hacia él. Saba la impresión de una desesperación absoluta. Sus ojos húmedos y agrandados centellaban ferozmente al mirarlo, y su pecho se agitaba en un jadeo convulso. Durante unos instantes siguieron manteniendo la distancia que los separaba.
La reacción de ambos fue inmediata, casi premeditada. Ino dio un saltó y Shikamaru la recibió, quedando enlazados en un abrazo estrecho. Enterró el rostro en su cuello, aferrándolo con los brazos.
—Pensé que habías muerto— susurró Shikamaru casi sin aliento. Le acarició el pelo y sostuvo su rostro entre sus devotas manos.
El llanto de la Yamanaka se vio opacado por la aparición de una genuina sonrisa.
—No, hice todo lo posible para sobrevivir— dijo.
Al otro lado de la sala, Naruto observaba el emotivo encuentro con orgullo.
—No es común darle la bienvenida a un viejo amigo— espetó Kakashi sin apartar la mirada de la conmovedora escena—. Buen trabajo— lo felicitó.
—En realidad yo no hice nada, Ino llegó por su cuenta— dijo con una mueca en los labios—. Tan solo dio la casualidad de que estaba en el lugar y momento indicado— se encogió de hombros.
Naruto no había hecho nada para rescatarla. Durante los años de ausencia, tanto Shikamaru como los demás miembros del gabinete pensaban que Ino había muerto. Por esa razón, la nueva cabeza del Clan Nara no hizo ningún esfuerzo por localizarla. Gran parte de los recursos se designaron a la búsqueda y rescate de otros Shinobis cerca de las bases de la Insurgencia, puesto que era bien sabido el destino que sufrían los prisioneros de guerra en manos de los Uchiha.
—¿Hablaste con ella?
Naruto parpadeó un instante sin comprender de inmediato lo que había dicho el General. Contempló a sus amigos hablando en la distancia, riéndose a carcajadas mientras Choji levantaba a Ino con facilidad.
—Sí.
—¿Y bien?
—Sakura la animó a escapar— explicó Naruto por lo bajo—. Al parecer, Ino tenía una posición privilegiada entre los Uchiha, fue sencillo para ella marcharse cuando lo consideró apropiado, aun si eso implicaba poner en riesgo su vida.
Kakashi asintió, complacido.
—¿Van a interrogarla?— insistió Naruto sin despegar su mirada de la Ino más allá.
—Eventualmente. Toda la información es valiosa para nosotros. En caso de que haya trabajado para los Uchihas, sabe más sobre la estructura militar y los planes de ataque que nuestros propios contactos.
—Bien— concedió Naruto.
Cuando sus pies estuvieron listos para marchase cuanto antes, el peso de una mano sobre su hombro lo obligó a detenerse en seco.
—No dejare que Sakura muera en ese lugar— dijo él, como si fuese capaz de leer los pensamientos del Uzumaki.
—Es curioso, dijo lo mismo respecto a Tsunade— le recordó.
Dirigió el andar por el mismo pasillo que había ingresado minutos atrás, lejos del barullo y la multitud.
Su trabajo había concluido. Ino estaba de regreso. De ahora en adelante centraría toda su energía en un solo objetivo: rescatar a Sakura como diera lugar.
Cerró la puerta a su espalda con el rostro entumecido, las manos heladas. Solo fue capaz de dar un par de pasos hacia el interior de la habitación antes de sentir la necesidad de apoyarse contra la pared para recuperar el aliento.
Sus ojos viajaron por la estancia hasta recaer en el extraño objeto que reposaba descaradamente en el escritorio. Notó un brote de nauseas al percatarse que se trataba de un sobre que resguardaba en su interior contenido desconocido.
Debía ser una de las tantas bromas que Shisui tenía preparadas para ella. El Uchiha no era un hombre ortodoxo, su actuar era inusual, lo comprobó la noche en que la hizo pasar como una prostituta para reunirse con Itachi. Por esa razón, no le sorprendería que iniciara contacto de esa forma, aunque sería arriesgado para todos los involucrados.
No obstante, las sospechas entorno a Shisui se disiparon cuando con una mano temblona, tomo el pliego sellados. Lo estudio por fuera un par de minutos, deteniéndose una y otra vez en la inscripción que adornaba la caratula. No se atrevió abrirlo de inmediato; sus ojos repasaron una y otra vez las líneas que conformaban el timbrado del sobre.
«Aquí está tu maldito paquete, frentona».
Sakura miró alrededor. Ino se había propuesto en hacerle saber lo astuta que era. Porque en el interior del sobre yacía un minúsculo dispositivo que contenía la información solicitada por Shisui e Itachi. Se quedo allí de pie, jadeando esperando.
El corazón le golpeaba el pecho. La respiración y todos los procesos somáticos eran como respuestas a la crisis, incluyendo el sistema diancefálico autónomo: adrenalina, pulso, intensidad de los latidos, secreciones glandulares, garganta paralizada, ojos fijos. Una nausea en el estómago.
Aun con la llave de escape entre sus manos, Sakura no encontraba nada que pudiera orientarla. Decidir era por lo tanto imposible.
Dio un respingo asustado al escuchar el suave llamado a la puerta.
—¿Sí?— preguntó, tratando de sonar tan firme como sus nervios se lo permitían.
—Mikoto-sama desea verte— anunció Suzume sin ingresar a la habitación.
Asustada, entró con cuidado al pequeño armario. Necesitaba encontrar un sitio seguro para resguardar el sobre, mantenerlo alejado de la vista de los curiosos. Con las manos temblorosas, tanteó todas las superficies disponibles hasta colocarlo dentro de una caja.
Restregó las palmas sudorosas en la falda de su yukata y salió al encuentro con Suzume.
—Se encuentra en el jardín— le indicó mientras caminaban por la pequeña galería que conectaba el pasillo de la servidumbre con el principal.
La kunoichi suspiró, derrotada. Temía no ser capaz de concentrarse por completo en Mikoto Uchiha.
Tamaki relució en el jardín trasero, con el yukata blanco de enfermera resplandeciente entre tanto verde. Sostenía una bandeja de plata sobre la que Mikoto estaba depositando crisantemos imperfectos. La mujer llevaba un bonito kimono color crema que hacía contraste con su cabello oscuro. Se paseaba al acecho entre los macizos de flores rosadas y amarillas con unos alicantes en la mano, y examinaba cada una de ellas con ademán voraz, arrancando los pétalos, manoseándolas y agitándolas.
—Tienes que regarlas más a menudo, Tamaki.
Separó una de color blanco de uno de los arbustos, la tiró al suelo, la inmovilizó con un delicado pie y la cortó por la raíz. En la bandeja de Tamaki debía haber ya unas dos docenas de crisantemos. Sakura no supo ver qué tenían de malo.
—¿Cómo sigue el golpe?— pregunto la mujer sin apartar la mirada y la atención de sus flores.
En un acto reflejo, la kunoichi llevó una mano hasta el sitio donde Obito la había golpeado días atrás. A esas alturas, el grotesco color violáceo debía haber trasmutado a tonalidades amarillentas y verdosas.
—Está sanando bien— dijo.
Mikoto arrancó otro crisantemo.
—¿Por qué no has hecho nada para curarte?
Sakura tragó grueso.
—Prefiero reservar chakra para Uchiha-sama. Mi herida curara con el tiempo— su voz sonó débil, seca, frágil, casi como el rumor de unas hojas secas y lejanas.
—No tuve la oportunidad de agradecete por lo que hiciste por mis hijos.— Depositó un último tallo en la bandeja—.Muy bien, Tamaki, puedes tirarlas a la basura. Ya tomaremos algunas más decentes para la casa más tarde.
Una vez que Tamaki estuvo lejos del oído, Sakura respondió:
—Solo cumplía con mi deber.
—¿Lo hacías?— preguntó, sarcástica.—. No es como si tuvieras otra opción ¿o sí?— señaló. No era una pregunta, sino una realidad.
Sakura sabia de qué estaba hablando. Entre ellas dos no había tantos temas de conversación; no tenían muchas cosas en común, excepto ese detalle misterioso e incierto.
—Pudiste dejarlos morir y no lo hiciste, ¿Qué es lo que realmente pretendes con ellos?— preguntó la matriarca, clavando la mirada oscura y ausente en los orbes esmeraldas de la ninja médico.
Era la primera vez en mucho tiempo que se miraban a los ojos. Desde que se conocieron. El momento se prolongó, frío y penetrante.
—Supongo que mi esposo ya habló contigo sobre tu próximo destino— dijo.
—No.
—Bien, tu heroica hazaña fue suficiente para evitar que terminaras colgada en el muro— declaró.
—Y estoy agradecida por eso— respondió, cuidando de no revelar su irritación.
—No deberías— dijo ella encogiéndose de hombros—. En ocasiones, la muerte es una mejor opción, una puerta a la libertad.
Sakura se limitó a contemplarla. Mikoto se puso de pie y limpió la tierra de sus manos con una impoluta toalla blanca.
—Tus servicios ya no serán requeridos en la mansión, tan pronto como el tratamiento de Itachi finalice, regresaras a un campo de trabajo y nunca más volveremos a vernos.
El tiempo se le acababa. Si no actuaba rápido, la oportunidad de escape se le iría de las manos.
»»»»««««
Se quedó de pie cerca de la ventana, contemplando la noche estrellada. Esas luces en el cielo, con toda su belleza atroz, la aplastaban. El firmamento parecía un océano quieto.
Todo permanecía en penumbras y silencio. Mikoto y Fugaku pasarían el resto de la noche fuera, en alguna de las tantas reuniones que los Comandantes disfrutaban realizar mientras los shinobis bajo sus mandos morían en los campos de batalla.
Itachi y ella tenían un acuerdo. No era el primero de ese tipo en la historia, aunque la forma que había adoptado tampoco era habitual.
Sostuvo el dispositivo con una mano y lo adhirió a su pecho mientras abandonaba la habitación. Sus pisadas sonaron amortiguadas contra el suelo de madera. Debía ser cuidadosa, los habitantes de la casa tenían oídos, desde sus aposentos podrían escucharla mientras caminaba por el pasillo.
Reunirse con Itachi suponía una condena de muerte, si alguien llegaba a descubrirlos, ella pagaría las consecuencias de los actos. Aun así y, pese a todo el peligro que implicaba, necesitaba entregarle el extraño dispositivo; su pase a la libertad.
Llegó al final de pasillo, se detuvo frente a la puerta con los firmes tamborileos de su corazón. Armándose de valor, golpeó la superficie de madera con los nudillos.
—Adelante— escuchó la voz firme y suave de Itachi revolotear en el interior de la habitación.
Echó un último vistazo al pasillo antes de ingresar. Presionó con fuerza el dispositivo y atravesó el marco con paso firme, cerrando la puerta a sus espalda, dejándola a solas con la luz opaca del cuarto. Caminó fingiendo seguridad hasta el centro de la habitación, sin dejar de mirar el cuerpo de Itachi sentado cerca del escritorio.
El Uchiha reparó en ella un instante, antes de volver la atención al viejo libro que reposaba sobre el escritorio, como si no estuviese interesado en el motivo de su visita.
—Hey— saludo con decidía.— . ¿Cómo te sientes?
No había hablado con él desde el acalorado encuentro en el cuarto trasero del prostíbulo. Itachi parecía estar al tanto del cese de sus habilidades médicas y ambos habían hecho un gran trabajo a la hora de pretender. Las últimas sesiones destinadas a la curación las pasaron en silencio, enfrascados en sus pensamientos.
Lo escuchó suspirar; la silla crujió ante el movimiento de su cuerpo.
—He tenido mejores días— admitió.
Sakura vio su rostro pálido y cansado; entonces arrastró los pies hasta colocarse a su lado y se quedó de pie, mirándolo.
Bajo el escrutinio del Uchiha, tomó su mano y colocó el dispositivo que había encontrado esa mañana en su habitación.
Itachi levantó la cabeza, impresionado.
—¿Cómo lo conseguiste?— quiso saber; parpadeó una, dos, tres veces. El objeto que tanto anhelaban ahora estaba en su poder.
—Lo encontré esta mañana en mi habitación. Tenía un mensaje de Ino.
Itachi sonrió de medio lado.
—¿Yamanaka?
—Sí, al menos que conozcas a otra Ino— dijo ella con serenidad.
Los dos guardaron silencio un segundo.
—Micropuntos— murmuró el Uchiha.
—¿Micropuntos?— peguntó—. ¿Qué es eso?
—Una tecnología en desuso, pero que aún es perfectamente viable. Se fotografiaban documentos con una cámara en miniatura que los reduce a tamaño microscópico. Después se imprimen en puntos de plástico minúsculos, que pueden colocarse prácticamente sobre cualquier superficie y que el destinario los lea con un visor a medida tan pequeño que puede ocultarse, por ejemplo, en una pluma.
—Asombroso— exclamó.
Itachi rió secamente.
—En efecto— dijo—. Esto es tu boleto de salida— señaló.
A Sakura se le encogió el corazón.
—Es real ¿verdad?, está sucediendo ahora mismo— masculló.
—¿Asustada?
—Como no tienes una idea— confesó.
El hecho de que Itachi y Shisui contaran con los medios suficientes para sacarla de allí no quería decir que fuese seguro. Cualquier cosa podía suscitarse, un paso en falso y todos terminarían colgados en el muro.
—Hice una promesa contigo, Sakura, no voy a permitir que algo malo suceda— dijo Itachi en voz baja.
Sakura percibió la tensión y la esperanza la voz.
—Pero puede pasar— dijo ella, Itachi hizo una mueca—. No estamos seguros de que vaya a salir bien.
Itachi sonrió.
—Debe salir bien, es la última oportunidad que tengo para enmendar las cosas.
El Uchiha mantuvo el silencio. Sakura se acercó no sin antes tomar el aire necesario para calmar sus nervios. La idea de escapar comenzaba a materializarse, ya no se trataba de una fantasía a la que recurría todas las noches antes de dormir. Ahora mismo, existía la posibilidad de que el plan saliera a la perfección.
—Respecto a Ino…— comenzó a decir el pelinegro—. Ella se encuentra bien, probablemente ya haya arribado a la base.
Sakura lo miró, sorprendida. Sintió la falta de aire y tomo una buena bocanada en silencio.
—No tengo todos los detalles, pero al menos sé que está viva— añadió. La comunicación entre Itachi y los miembros de la Insurgencia aún era un proceso desconocido para ella—. Supongo que tuviste algo que ver con ello.
—Indirectamente— dijo encogiéndose de hombros.
Ella solo sembró la idea, Ino fue quien ejecutó su propio plan de escape.
—Shisui fue quien concretó el encuentro entre las dos.
Sakura lo miró por el rabillo del ojo y asintió. Por un momento imaginó que la reunión con su mejor amiga era obra de Itachi. Ahora que sabía la verdad, comenzaba a vislumbrar al Comandante bajo otra luz.
—Al principio se negó a participar, dijo que había perdido la cabeza al acceder a arriesgar mi vida por Shisui— espetó.
Escuchó a Itachi soltar una pequeña carcajada. Cualquiera pensaría que un hombre de la talla del hijo de Fugaku estaba privado de toda emoción y sentimiento, incluso ella lo pensaba de vez en cuando. Le resultaba increíble saber que, al igual que ella, Itachi era humano.
—No la culparía por pensar así.
—Tu arriesgas tu vida por Shisui todo el tiempo— señaló.
—Lo hago porque es como un hermano para mí.
Ahora fue el turno de Sakura para sonreír.
—¿Son cercanas?— preguntó Itachi refiriéndose a Ino.
—Sí— contestó—. Ino es lo más cercano a una familia.— Desvió la vista del rostro de Itachi y la clavó en el retrato de una sonriente Izumi—. ¿La amabas?
Itachi sabía a lo que ella se refería.
—Como no tienes idea— suspiró, reclinándose en la silla; la mirada ya perdida.
A partir de ese momento, ambos se sumergieron en un mutismo común. Sakura advirtió que Itachi había hablado más de lo que ella alguna vez le escuchó decir. Ignorando el historial de matanzas y todos sus acciones en nombre del Régimen de su padre, Itachi era simplemente un joven, con problemas como todo el mundo, pero lejos de tener una mete retorcida. Lo que el mundo le había hecho creer que era estaba lejos de la realidad.
—Lo siento tanto— se disculpó.
Itachi cerró los ojos y negó con la cabeza.
—Yo la arrastré a esto… de no haber sido por mis sentimientos, probablemente Izumi seguiría con vida.
De una forma inexplicable y casi física, Sakura reconoció como el desconsuelo se apoderaba de él, la forma en que la culpa brotaba como la sangre de una herida abierta.
—No tuviste nada que ver con su muerte— intentó brindarle consuelo, porque sabía que Itachi no era responsable del cruel destino de Izumi.
—Lo soy… y no solo de eso, sino también con todo lo que está pasando ahora mismo.
De la nada, colocó una mano sobre la de él, atrayendo toda la atención del Uchiha hacia ella.
—Escuchame— sus miradas estaban ahí, fijas uno en el otro—. Cualquier decisión que hayas hecho en el pasado, no te define como persona en el presente. Hiciste lo que creías que era correcto.
Otra sonrisa triste se dibujó en el rostro de Itachi y, sin pensar demasiado en sus palabras, espetó:
—Ahora entiendo porque Sasuke está enamorado de ti.
Como si de brasas se tratara, Sakura apartó la mano de Itachi y volvió el rostro en otra dirección, esperando ocultar el bochorno que coloreaba sus mejillas.
—Sasuke, é-él no me ama— espetó.
—¿Cómo puedes estar tan segura?— preguntó Itachi arqueando una ceja.
—La pregunta sería, ¿Cómo estás tan seguro?— rebatió.
Itachi se encogió de hombros como un niño que no quiere abordar un tema en específico.
—Lo conozco a la perfección— se jactó con orgullo—. Puede que consiga engañar a mis padres, pero he visto la manera en que te mira, la forma de actuar cuando está contigo, Sasuke… Sasuke de verdad te quiere.
Como si el beso no hubiese sido suficiente para confirmar sus sentimientos, Sakura había hecho un esfuerzo sobrehumano para no reparar mucho en ello. De nada servía alimentar esa ilusión con mentiras. Nunca podrían estar juntos. La vida era demasiado cruel para darles esa oportunidad.
Itachi comprendió, por el repentino cambio de semblante en Sakura, que había tocado un tema sensible, así que desvió la conversación hacia otro rumbo, lejos de las implicaciones de una relación romántica con su hermano menor.
—¿Qué harás cuando arribes a la Base?— preguntó.
Sakura frunció el entrecejo y meditó en silencio.
—Tal vez abrazar a Naruto— dijo—. No estábamos en los mejores términos cuando me capturaron. Supongo que fui injusta con él— suspiró.
—¿Continuaras luchando?
La Kunoichi negó con la cabeza.
—No lo creo, gracias al bloqueador de chakra perdí mis habilidades.
—No me refería al campo de batalla— dijo en voz baja.
—¿Acaso no lo hemos hecho todo este tiempo?
Ambos sonrieron. La esperanza de un nuevo comienzo era viable para todos. Al menos, esa noche, se permitirían soñar con un mundo mejor.
Itachi se puso de pie. La conversación había llegado a su fin. Tan pronto como ambos salieran de la habitación, pondrían en marcha la siguiente fase del plan.
—Shisui tiene que ver esto— dijo, alzando el dispositivo de micropuntos.
Se desplazaron por la habitación hasta llegar a la puerta. Una vez que Itachi dio un paso al frente, se detuvo; la miró por encima del hombro y espetó:
—Gracias por todo, Sakura.
Aquel era el atisbo de una despedida, un adiós que, con suerte, sería definitivo.
Se sorprendió deteniéndose delante de la puerta de Sasuke con una mano alzada, lista para llamar, torturada por el deseo de volver sobre sus pasos. No tenía nada decidido, ni si quiera cuando aguardaba bajo la lampara del pasillo y la única polilla fiel que la rondaba, tratando de elegir la menos desastrosa entre dos pobres opciones.
Llegó a la siguiente conclusión: entrar ahora y encarar sus sentimientos, dar una explicación que no sería aceptada y, lo más probable, que le rechazaran, que le rechazaran: una humillación insoportable; o bien volver a su habitación sin decir una palabra, dejando la impresión de que aquel beso que habían compartido días atrás no significaba nada, atormentarse rumiando toda la noche y los días siguientes, sin saber nada de la reacción de Sasuke: más intolerable aún. Y más pusilánime. Volvió a pensarlo, con el mismo resultado. No había salida, tendría que hablar con él.
Mientras se pregunta qué pensaba decirle y qué quería escuchar, golpeó la superficie de madera dos veces. Persistía la tentación de huir. La madera fría estaba debajo de sus nudillos, y antes de sopesar una vez más los argumentos, se forzó a golpear por tercera ocasión. Se retiro de la puerta como un shinobi que acabase de tragar una píldora suicida: no había nada que hacer, salvo esperar. Oyó pasos dentro de la habitación, la firmeza de pasos masculinos cruzando la geografía del cuarto.
Cuando él abrió la puerta había una lámpara encendida, lo suficientemente potente para hacerla parpadear. Se miraron de hito en hito durante varios segundos, y ninguno dijo nada. Pese a todas sus vacilaciones, no había preparado nada que decir. Se detuvo a otear el semblante de Sasuke; llevaba el cabello desordenado, como si hubiese pasado sus manos por las hebras en más de una ocasión; iba sin camisa y solo portaba un pantalón de algodón negro. La escena que vislumbraba contenía demasiados detalles que no concordaban del todo con la pulcritud y el estoicismo de Sasuke.
Inmediatamente desvió los ojos esmeraldas al interior de la habitación, no quería mirarlo a los ojos. El cuarto era pequeño, con una cama doble, que ya estaba preparada, un escritorio empotrado en el otro extremo y otra puerta que debía conducir al lavabo. Una habitación desmantelada, estilo militar y minúscula, similar a los aposentos disponibles dentro de las bases de la resistencia. No había cuadros en las paredes, ni plantas. Todo lucía tan impersonal y lejano a Sasuke que tenía la impresión de que él no pasaba mucho tiempo ahí.
Dio paso hacia atrás permitiéndole ingresar. En el ambiente flotaba un calor veraniego que hizo contraste con la frescura de su piel. El aroma de la tinta y pergamino embriagó sus fosas nasales, obligándola a contener la repentina necesidad de estornudar.
—¿Estás ocupado?— preguntó al reparar en la pequeña montaña de papeles apilada en el escritorio.
—No, solo revisaba algunas cosas del trabajo.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando escuchó las bisagras quejarse.
—Puedo volver después— comenzó a decir ella, nerviosa. Tal vez aquello era señal suficiente para marcharse a su habitación.
Sin embargo, cualquier tentativa de escape se vio frustrada al notar los dedos de Sasuke rodear su muñeca con delicadeza. Sus ojos se armaron de valentía y se mantuvieron fijos en el rostro del Uchiha mientras aguardaba por una respuesta.
—No, quedate— dijo por lo bajo.
Sakura tragó grueso. Se sentía demasiado pequeña y abrumada en esa habitación rodeada por la presencia de Sasuke. Si bien, el decorado dejaba mucho que desear, el olor a hombre, cálido y limpio, llenaba los rincones del cuarto: no era desagradable, pero si un poco sorprendente que formara parte de ese lugar.
Buscando alguna distracción, siguió los movimientos de Sasuke por el rabillo del ojo. Inmediatamente, el Uchiha se dirigió al otro lado de la habitación, levantó del suelo una camiseta y la pasó por sus brazos para cubrir la desnudes de su torso.
Sakura tenía la impresión de que estaba violando su privacidad, así que, aferrándose al último ápice de pudor remanente en su sistema, desvió su mirada hacia la única fotografía disponible en la habitación.
La efigie era adorable, el marco, pese al desgaste, cumplía su función a la perfección; se apreciaba a dos pequeños Uchiha, sonrientes, Sasuke sostenía un gato negro, al mismo tiempo que Itachi pasaba una mano sobre su hombro y hacia una seña con los dedos. No le tomó mucho tiempo deducir que la imagen fue capturada un par de años atrás, antes del Golpe de Estado. La inocencia de la niñez era visible en su semblante. Los niños que apreciaba ahora mismo no eran conscientes del giro que darían sus vidas una vez comenzada la guerra.
—Mi madre tomó esa foto un día antes de ingresar a la academia.
—Lo siento. Yo solo…—Se sonrojó.
—Está bien— masculló.
Sasuke no se mostró molesto con la intromisión, eso la orilló a realizar otra pregunta.
—¿Era tu mascota?
—No. Itachi y yo teníamos una especie de competencia. Aquel que consiguiera capturar más gatos callejeros ganaba un premio— comenzó a desvelar.
—¿Qué clase de premio?— inquirió. Le gustaba pensar que antes de la muerte y la destrucción, la realidad era distinta, prometedora. Esa fotografía era prueba del mundo antes del Régimen.
—Para Itachi, dulces, y para mi… entrenamiento— suspiró.
Sakura enarcó una ceja, curiosa.
—¿Qué hacían con los gatos?
—Nos aseguramos de encontrarles hogar, era una tarea complicada, pero todos ellos terminaron en un buen lugar.
La kunoichi sonrió.
—De cualquier forma— carraspeó Sasuke un tanto inseguro sobre cómo proceder—. Tengo la impresión de que no estás aquí para hablar de eso.
Un suspiro fue lo suficiente para que Sakura aunara las fuerzas necesarias para levantar la quijada y mirarlo. Sasuke aguardó imperturbable, de pie frente a ella, estaba tan cerca que, desde ese punto, era capaz de percibir el calor que emanaba de s cuerpo.
—Quería hablar contigo— la osadía se le escapó un segundo por los pulmones y cerró los ojos ante la inquisidora mirada carbón sobre ella—. Mi labor aquí está concluida— un nudo le estrujo la garganta; había luz suficiente para ver que ella tenía lágrimas en los ojos y se esforzaba en hablar. Por el momento no lo conseguía, y movió la cabeza para indicarle que debía esperar. Se volvió hacia un costado y formo una campana con las manos para taparse la nariz y la boca, y se apretó con los dedos los rabillos de los ojos.
—Me estoy quedando sin tiempo y no quería marcharme sin antes confesar lo que siento por ti— Se le estrechó la garganta y tuvo que hacer una pausa. Respiró hondo y continuó, más reflexiva—. Dentro de unos días, tu padre decidirá mi destino.
Hasta ahora, había mantenido la mirada baja. Cuando hablo de nuevo, lo miró.
Sasuke solo vio el destello en el blanco de sus ojos.
—A pesar de todo lo que he hecho…— dijo el Uchiha a la par que daba un pequeño respingo, asaltado por una idea desagradable—. ¿No me odias?— dijo con voz grave.
—Jamás podría hacerlo.
Aquella declaración fue suficiente para hacerle ver que sus sentimientos eran correspondidos, era el último impulso que Sasuke necesitaba para dar un paso al frente y acabar con la distancia que los separaba.
—No podemos estar juntos— recitó Sakura en un susurro estrangulado, amoldándose al firme agarre del Uchiha—, pero solo esta vez… este momento, quiero que quede por siempre en mi memoria.
Se miraron uno a otro confundidos, incapaces de hablar, intuyendo que algo delicadamente establecido podía escapárseles. Que fuesen enemigos por los ideales que les impusieron constituía ahora una barrera: estaban avergonzados de ser quienes habían sido. Su relación se había transformado en algo incierto y hasta se había visto constreñida, pero era una especia de hábito antiguo y quebrarlo ahora para llegar a ser desconocidos en una situación de intimidad exigía claridad de propósito de la que momentáneamente carecían. De momento, las palabras no parecían ofrecer una salida.
Él acunó su rostro con ambas manos, su piel estaba fría al tacto y las lágrimas amenazaban con desbordarse por la comisura de sus ojos.
—No tengo mucho que ofrecerte— dijo ella encogiéndose de hombros—. Los dos estábamos condenados desde el comienzo— sonrió, triste.
Sasuke negó con un movimiento de cabeza.
—Para mí no fue una condena— su aliento rozó el rostro de Sakura.
—Sasuke— clamó ella.
Las manos del aludido llegaron a su cintura, tirando de ella con gentileza, permitiendo que sus caderas chocaran entre sí hasta convertirse en un solo cuerpo.
—Soy un monstruo— soltó él en un susurro.—. Tal vez sea retorcido de mi parte, pero yo, yo realmente…
La kunoichi colocó un dedo sobre sus labios para callarlo. Mencionar la palabra amor sería tentar a la suerte, significaría romance y desdicha.
Sin más preliminares, se apartó de él lo suficiente para permitirle observar con lujo de detalle lo que estaba a punto de hacer. Decidida, se quitó la horquilla e hizo que el cabello cayera sobre sus hombros como una cascada castaña. Con las manos temblorosas prosiguió con el jersey y siguió con los pantalones. Sasuke no dijo nada, se limitó a mirala con una expresión seria.
Dicho intento de seducción la hacía sentir estúpida y horrible. Jamás había hecho algo así. ¿Qué estaba pensando, por qué no decía nada?
Cerró los ojos para recuperar el valor perdido y, sin más dilaciones, terminó de despojarse de todas las prendas, permitiéndole admirar su cuerpo desnudo en todo su esplendor.
La boca de Sasuke se abrió y sus mejillas adquirieron un tono rosado. Su pecho subía y bajaba al mismo tiempo que sus ojos bebían con deleite la imagen etérea protagonizada por ella.
—Eres hermosa— respondió Sasuke sin aliento.
Sakura abrió los ojos, sorprendida; nunca había escuchado a nadie llamarla hermosa con tanta certeza. A pesar de lo que estaban a punto de hacer, sus palabras sonaron inocentes, sinceras hasta la médula.
Sasuke respiró hondo al dar un paso al frente. No podían culparlo por querer tocarla. Ante sus ojos, Sakura era exquisita, la mujer más bella que jamás había visto. De pies a cabeza, no había una parte de ella que no fuera digna de adoración.
Ella tragó grueso, sin embargo, no retrocedió ni un paso. En su lugar, se aproximó a él y sin apartar la mirada esmeralda de sus orbes negros, lo ayudo a despojarse de la camiseta primero. Expectante, el Uchiha enarcó una ceja; el aire se le atascó en los pulmones cuando los delgados dedos de la pelirosa se aferraron al elástico de su pantalón.
Sakura se detuvo cuando sintió el brazo de él en la cintura. Le parecía irreal, como si formara parte de un sueño donde nada tenía sentido. En un parpadeo la acercó a su cuerpo. Agacho la cabeza y la besó tiernamente en los labios. Ella sintió la piel caliente y algo áspera contra la suya.
La Kunoichi respiró hondo, dividida entre la vergüenza, la incredulidad y las ganas de llorar. Sin embargo, el roce de los labios de él hizo que cerrara los ojos y convirtiese la fantasía de tantos meses pasados en realidad. Ese era Sasuke, el único hombre que la había tocado de ese modo, el único que había conseguido que Sakura deseara ser tocada de ese modo.
Se separaron durante un segundo, él la rodeo con ambos brazos y se besaron de nuevo con mayor confianza. Audazmente, se tocaron la punta de la lengua, y fue entonces cuando ella emitió el sonido de desfallecimiento, de suspiro que comprendería él más tarde, marcó una transformación. Hasta aquel instante, seguía existiendo algo absurdo encontrarse en esa situación. Se sentían observados por la mirada perpleja de las personas que habían sido antes de conocerse. Pero el contacto de sus lenguas, músculo vivo y resbaloso, carne húmeda sobre carne, y el extraño sonido que arrancó de Sasuke lo cambiaron todo. Aquel sonido pareció penetrarle, perforarle de arriba debajo de tal forma que el cuerpo se le abrió y pudo salirse de sí mismo y besarlo libremente. Lo que había sido cohibición era ahora impersonal, casi abstracto.
Sin saber muy bien cómo o cuando, Sasuke la acorraló contra la cama, sobre el colchón. Mientras se besaban ella tiró de la última barrera de ropa sin resultado.
Sasuke le besó la garganta, empujando su cabeza contra la almohada, ella le tiró del peló y prensó su rostro contra sus pechos. Hubo un tanteo inexperto hasta que él localizó un pezón, minúsculo y duro, y lo apresó con la boca.
Sakura gimió, aferrada a sus hombros y, con voz jadeante, le rogó que siguiera. En esa posición podía sentir el duro atributo masculino de Sasuke deslizándose entre sus muslos. Ella lo deseaba más cerca, aquello no era suficiente, la sensación era intolerable.
Por fin eran desconocidos, su pasado quedaba olvidado. Habían olvidado quienes eran o donde estaban. Se encontraban más allá del presente, fuera del tiempo, sin recuerdos ni futuro. No había nada aparte de aquella sensación devastadora, emocionate y henchida, y del sonido de sus respiraciones entrecortadas por los gemidos mientras sus sexos se frotaban en aquel forcejeo incesante y sensual.
Sasuke tenía una experiencia limitada, lo que sabía era gracias a las oídas relatadas con lujo de detalle por parte de sus compañeros. En cuanto a ella, eso era otra historia.
Pese a aquellas limitaciones, no les tomó por sorpresa la calidad con que conocían sus propias necesidades.
Sasuke acarició la parte interna de sus muslos. Se atrevió a besar la comisura de sus labios mientras su mano encontraba el camino hasta su centro. Dejó escapar un gemido cuando sintió la humedad entre sus piernas; había cubierto los labios exteriores y parte de su ingle y emitió un extraño sonido cuando los dedos del Uchiha se abrieron paso entre sus labios.
Los gemidos de Sakura fueron imperceptibles al comienzo; simplemente rápidas respiraciones realzadas con jadeos de placer, mientras su sexo lubricaba los dedos del pelinegro.
Arqueó la espalda y cerró los ojos cuando él encontró ese lugar que la hizo sollozar con un enmudecido placer. Había intentado sofocar los sonidos que brotaban de su garganta, pero Sasuke volvió a besarle los pechos y ahondó más en el interior de su cuerpo, a la vez que gemía y conseguía que Sakura soltara un grito ahogado, de placer, confusión y desesperación, deseosa de más.
La kunoichi tomó conciencia de los gemidos de ambos, acompañados por una respiración cada vez más agitada, que se mezclaban y crecían hasta que ella experimentó una oleada de placer tan intenso que no pudo evitar gritar, olvidándose de todo excepto de él.
Abrió los ojos para encontrarse con su rostro iluminado por la luz de la lampara a centímetros del suyo. A pesar de la posición, a pesar de todo lo que habían hecho y todo lo que estaban a punto de hacer, la expresión en la faz de Sasuke la hizo sentir como una niña enamorada. Sin lugar a dudas era un hombre hermoso: las mujeres del cuartel solían hablar de ello cada vez que la efigie de alguno de los dos hijos de Fugaku Uchiha aparecía en las pantallas, pero ella apenas comenzaba a darse cuenta de lo atractivo que era.
No obstante, iba más allá de la belleza. La cara de Sasuke no solo era agradable de ver. Su rostro le traía paz en medio de la tempestad, su sonrisa , sus ojos… todo le traía una extraña sensación de comodidad, de hogar. No era un hogar del que la guerra la había privado; no, este era un hogar en el que se había convertido, uno que había aprendido a respetar, aceptar y amar a lo largo del tiempo.
No era que estuviera enamorada de él. No, podría haber aplicado la misma metáfora para Ino, Naruto o cualquier persona de la insurgencia, sin embargo, luego de pensarlo durante un segundo, se percató de que la metáfora no encajaba con ellos.
—Sasuke— suspiró, deslizando una mano por las hebras de su cabello—. Estoy lista— dijo contra su oído, echando las manos alrededor de su cuello y separando las piernas.
—¿Puedo besarte mientras lo hago?— preguntó casi sin aliento.
—Sí— dijo ella, aunque por su tono de voz, sonaba más como una petición. Sasuke se inclinó hacia delante y unió sus labios con los de ella mientras frotaba la cabeza de su pene contra su entrada húmeda.
Enloquecido por la lujuria y la mente colmada de felicidad, el Uchiha retrocedió un poco para grabar en la memoria ese momento: la forma en que Sakura abría más sus muslos y como su miembro se deslizaba con facilidad entre sus labios, rozando la protuberancia hinchada. Mordió su labio inferior y gimió suavemente, estremeciéndose con anticipación.
La muerte rondaba alrededor de ellos todo el tiempo , las nuevas experiencias siempre eran un quizás en lugar de planes. Sakura nunca pensó que alguna vez iría tan lejos como para hacer el amor con otra persona; nunca imagino que su cuerpo podría tener tal respuesta a la anatomía de un hombre. Y, sin embargo, allí estaba, entregándose no solo en cuerpo, sino también en alma.
—Mierda, mierda… Cielos, eres preciosa— jadeó Sasuke, mientras entraba en ella. Empujó ligeramente al principio, y luego con más presión, hasta que la cabeza estuvo cubierta.
Sakura sonrió a la vez que se le escapaba un pequeño chillido a causa de la intromisión.
Echó un vistazo al lugar donde sus cuerpos se fusionaban. El pene de Sasuke estaba totalmente duro y, por un segundo, temió que no sería capaz de soportarlo. Era fuerte, sí, y estaba habituada a los entrenamientos y batallas extremas, sin embargo, esa parte de ella era tan intima, tan secreta, que no podía evitar temblar de ansiedad y anticipación.
—Mirame, dejame ver tu cara— susurró Sasuke. Sakura levantó la cabeza para enfocar sus ojos en él. Tenía la boca ligeramente entreabierta mientras empujaba dentro de ella; su expresión pronto se contrajo en placer cuanto más la abría.
La kunoichi respiró hondo y apretó los dientes al sentir cada centímetro de su miembro penetrarla; podía sentir sus músculos expandirse y ajustarse al tamaño, cómo se apretaban y lo envolvían a medida que avanzaba. Por un segundo, tuvo la impresión de nunca terminaría y que el escozor continuaría por siempre.
—Ah, ahí está— dijo, apenas conteniendo la voz. Bajó su rostro hacia el de ella nuevamente, sus ojos rebosantes de afecto. Sakura miro hacia abajo, percatándose que sus cuerpos estaban completamente fusionados entre sí—. ¿Puedo moverme?
—Sí— logró decir.
—¿Puedo besarte?— solicitó permiso. Sakura asintió; su pecho subía y bajaba con un poco de dificultad a la vez que sus paredes internas se contraían y expandía alrededor de él. No era capaz de precisar si disfrutaba tenerlo dentro o no.
Sasuke movió sus caderas hacia atrás, dejando su coño vacío por unos segundos antes de embestir. Gimió una maldición y se mordió el labio inferior la primera vez, luego, la segunda, bajo el rostro y la besó como si su vida dependiera del oxígeno que su boca pudiera darle.
Por un segundo, Sakura temió que él se abalanzara contra ella y embistiera con dureza, pero Sasuke tuvo cuidado con sus movimientos. A pesar de la lujuria y el deseo, era lento y paciente. Cada vez que retrocedía para penetrarla, sus besos se volvían más lentos.
—Sakura— susurró—. ¿Me deseas?
Ella se relajó. Separó las manos y le acarició la espalda.
—Oh, si— respondió con la voz entrecortada.
Sasuke empujó con más fuerza. Sakura gimió, y fue un sonido dulce y apasionado, frenético, mientras los cuerpos de ambos volvían a estrecharse.
—¿Me odias?— se retiró lentamente, torturándose.
—No.— Sakura arqueño la espalda y lo abrazó mientras él volvía a empujar.
Sasuke echó la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados.
—Dios…
—Sí. Sí.— Sakura jadeaba, se aferraba a él, tiraba de su cuerpo hacia sí.
—Eres tan cálida— gimió Sasuke contra sus labios—. Es como si me estuviera derritiendo dentro de ti.
—Oh, Sasuke.
—Es fantástico, jodidamente fantástico— se rió el Uchiha. Besó su boca, luego sus mejillas, descendió hasta sus pechos y volvió a subir por su cuerpo hasta llegar a sus labios, donde profundizó el contacto con un profundo beso, torpe, pero perfecto para ellos.
Sakura no quería nada más que no fuera su cuerpo, y eso de alguna manera aumentaba el deleite entre sus piernas. Cuando más la besaba y acariciaba, menos incomodos se sentían sus movimientos, más placer percibían sus nervios. Lo tomó por la barbilla y lo obligó a permanecer en su boca.
—Más rápido— suplicó ella mientras apartaba parte del cabello que había caído sobre su frente—. Más rápido, Sasuke.
Hizo lo que ella le pidió un segundo después. Sin dejar de besarla, reajusto la posición encima de ella y cambió el ángulo. Su miembro se movió dentro de ella y Sakura gimió en voz alta; el placer superó con creces la sensación de escozor.
Aquel momento era disruptivo, caótico, pero hermoso al mismo tiempo. Pese a conocer todo lo que correspondía de anatomía del cuerpo humano, no reparó en que albergara tantas sensaciones placenteras.
—Estás tan húmeda— suspiró Sasuke contra su oído. No necesitaba mirar para saber; podía escuchar su sexo chapotear alrededor de su miembro, el obsceno sonido de la carne chocando.
—Sasuke, abrazame— dijo.
Pensó que el Uchiha iba a desmoronarse encima de ella, en cambio, la tomó por la cintura y la levanto en sus brazos, ahora se encontraba sentada encima de él. Allí, la abrazó por la cintura, besando su boca sin parar. Empujó dentro de ella y una descarga de dolor y placer se disparó por todo su cuerpo. No era nada que no pudiera disfrutar, pero la hizo jadear en voz alta.
—Creo que es demasiado— rió Sasuke mientras la ayudaba a recostarse de nuevo. Salió por completo de ella, pero Sakura movió sus caderas en la misma dirección, haciendo que su pene entrara por completo en un solo movimiento. Sasuke gimió, pero fue capaz de recuperar el ritmo de sus embestidas en segundos. Capturo uno de sus pezones y volvió a subir para besarla en la boca, enloquecido por la necesidad de embriagarse de ella—. Dejaremos esa posición para la próxima vez.
—¿La próxima vez?— suspiró Sakura, el sentimiento se apoderaba de ella.
Quería todo de él. Quería sentir su boca sobre sus pezones, sobre sus labios, quería su lengua entre los pliegues de su coño. Ella lo deseaba, todo a la vez, y él estaba concediéndole ese deseo de cierto modo. Presionó su pulgar contra su clítoris y lo rodeó suavemente, al mismo ritmo de las embestidas.
—Si quieres una próxima vez, por supuesto— dijo él, sin disminuir la velocidad. Podía verlo en su rostro, estaba a punto de correrse.
—Quiero una próxima vez— su cuerpo se sacudió.
—Me aseguraré de que eso suceda.— Sasuke se inclinó contra ella—. Eres hermosa, Sakura…
Ella lo sostuvo entre sus brazos mientras se corría por la combinación de su miembro y dedos. Notó que su pene se endurecía aún más dentro de ella y, segundos después, Sasuke dejó escapar un largo gemido que sonaba a algo muy parecido a su nombre. El clímax se derramo en su interior en forma de chorros; era una especie de humedad que la llenaba por completo, un calor que abrumaba a su vientre, dejando rastros de él que nunca podrían borrarse con el tiempo.
Continuará
N/A: ¡Hemos recorrido un largo camino para llegar a este punto! No saben cuánto me emocionaba escribir estos capítulos de la historia, porque un nuevo arco está por comenzar.
¡Hola, hola, gente bonita! Espero que se encuentren de maravilla. Una vez más estoy de regreso con ustedes y que mejor que con una actualización llena de drama y mucha, mucha pasión.
La relación de Sasuke y Sakura, particularmente en esta historia, tiene muchos matices. Desde el comienzo es evidente que cualquier cosa que resulte entre ellos es prácticamente imposible. Partiendo de ideologías, valores y crianzas distintas, cada uno de los dos comienza a cuestionarse sus dogmas y paradigmas para llegar al entendimiento y, con base en esto, los sentimientos nacen y es cuando la magia surge.
Me tomé el atrevimiento de añadir esta última escena, puede ser excesiva, pero quería mostrar que en un mundo asolado por la guerra, el amor y el deseo son palpables, aun si los implicados se encuentran en posiciones distintas. Sasuke y Sakura están en sus veintitantos, lo único que conocen es la destrucción y la muerte, por ende, explorar esta etapa de sus vidas, en el momento menos apropiado, lo tiñe con ciertos tintes de nostalgia.
El día de hoy solo me enfocare a abordar la dinámica entre nuestra pareja favorita para no hacer ningún spoiler.
Como siempre, muchísimas gracias por leer, dar follow o añadir a sus favoritos. Gracias infinitas por sus reviews y por la paciencia 3
Espero que el capítulo sea de su agrado. Sin nada más que añadir, pasare a retirarme.
¡Cuídense mucho! ¡Nos leemos la próxima ocasión! ¡Les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren!
¡Bye, bye!
