Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla está historia no son creaciones mías ni me pertenecen, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Heredera de la Voluntad de Fuego

XVIII

Sakura dormía acurrucada a su lado, tendida sobre el costado derecho, desnuda de la cintura para arriba, con una sábana cubriéndola hasta el obligo. Parecía tranquila. La piel blanca brillaba como el sol. Quería tocarla de nuevo, pero al estirar la mano , ella tembló apenas, como si estuviese soñando. Los ojos negros del Uchiha viajaron hasta la oreja donde era posible vislumbrar el bloqueador de chakra. Un símbolo de propiedad, de valor.

Reparó en su cabello lacio. Era largo y hermoso. Con un dedo siguió el contorno de su hombro, del brazo, de la cadera, de las piernas hasta llegar a los pies. Acaricia las cicatrices nacaradas esparcidas por todo su cuerpo. Sin lugar a dudas, ante los ojos de Sasuke, Sakura era la mujer más bella.

Se recostó a su lado, muy cerca, sin rozarla. Sintió el calor de su cuerpo, la respiración lenta, pausada. Sin pensarlo, se acercó un poco más. Respiró a su ritmo. Despacio, despacio. Su olor le impregnó las fosas nasales. Es fuerte por el sudor, pero no le desagradaba, parecía al olor intoxicante de los jazmines, salvaje y agudo, alegre.

Apartó unos mechones de cabello que le cubrían el rostro, admirando la mueca apacible que decoraba su faz.

Nunca se había arriesgado tanto; desde la época como soldado raso siempre había buscado la seguridad y, esperaba, la protección, planificando un refugio en el que poder llevar a cabo su trabajo, desempeñar su labor con la mínima interferencia del mundo exterior.

Decirle a Sakura que todo había sido una equivocación, cuando se despertase por la mañana…

La idea lo aterrorizó. No porque temiese que ella pudiese hacerle daño; sino por la naturaleza de su relación y las complicaciones antañadas a ella.

—¿Qué demonios estás haciendo?— murmuró en la oscuridad. Estaba hablándole a ese otro yo, el obstinado Sasuke, que raramente le decía lo que sucedía realmente.

Salió de la cama, se puso el pantalón, fue hasta el escritorio y tomo asiento en la silla desocupada. Recargó todo el peso de su cuerpo contra el respaldar y clavó la mirada en el techo mientras su mente trabajaba al mil por hora, analizando las distintas opciones disponibles para ellos.

Podría escapar con ella ahora mismo. Conocía las rutas y el horario de vigilancia a la perfección. Si iniciaban la marcha en ese instante, habrían pasado uno de los puestos de control más importantes de la aldea; después de eso, se adentrarían en la tierra de nadie y comenzarían desde cero.

—Esto es una estupidez— dijo—. ¿Qué estoy planeando?— y añadió, dirigiéndose a ese obstinado y secretista yo—: ¿Qué demonios pretendes?

No le diría que se fuera. Le hacía sentirse bien. Junto a ella, su mente se calmaba, sus miedos y preocupaciones eran menos apremiantes. Tenía aspecto de saber qué estaba haciendo, y quizá lo supiese. Tal vez fuese el mundo el retorcido, el que ponía trampas y emboscadas, y obligaba a las personas a hacer malas elecciones.

«Es una asesina, Sasuke. — le dijo Obito sin reparar en sus sentimientos».

Poco le importaba el juicio de otras personas cuando pensaba en cuanto la amaba. Debía encontrar la forma de permanecer a lado de ella, aun si eso implicaba ir en contra de los ideales de su padre, del honor y del deber.

Antes de seguir adelante, necesitaba munición. Necesitaba armas.

—¿Sasuke?

La voz surgió por encima del ruido de sus pensamientos, calmada, ronca, adormilada.

Sin ánimos de continuar enfrascado en sus pensamientos, regresó a la cama.

La kunoichi se movió entre las sábanas haciendo acopio de las fuerzas cuando las pupilas brumosas de Sasuke llegaron hasta las esmeraldas de ella. Tuvo que parpadear varias veces antes de aceptar que el Uchiha tenía la mirada sobre su persona y no en algo a su alrededor. En un acto reflejo, presa del pudor y víctima de la vergüenza, cubrió la parte superior de su cuerpo con la manta.

—¿Qué estabas haciendo?— quiso saber—. ¿Estabas trabajando?

—No— acentuó su respuesta con un movimiento de cabeza—. Solamente no podía dormir y no quería despertarte.

Sakura arrugó el entrecejo. Sin embargo, no dijo nada al respecto. Toda esa situación, la coyuntura en la que estaban inmersos, lo que acababa de suceder entre los dos era incorrecto. Jamás debieron traspasar esa barrera, pero eran jóvenes en medio de la guerra, donde lo único que habían experimentado en sus veintidós años de vida era el dolor en su máxima expresión. En un mundo como en el que vivían no había cabida para el amor.

En silencio, Sasuke se tumbó en la cama. Sin necesidad de decir una palabra, Sakura buscó refugio entre sus brazos, sintiendo la piel desnuda y caliente de Sasuke sobre la suya, la mezcla de olores que emanaban de sus cuerpos.

—Estaba pensando en algo— murmuró Sasuke por encima de la ensordecedora afonía que los arropaba.

Le rodeó los hombros con un brazo. El cuerpo de Sakura era de una suavidad indescriptible. Ella se movió un poco, acomodándose cona el de él.

—¿Qué es tan importante para obligarte a salir de la cama?— susurró ella, con el rostro hundido en el pecho de Sasuke.

—Estaba pensando en que ambos deberíamos marcharnos lejos de la aldea, donde nadie pueda encontrarnos. Lejos de las ambiciones de mi padre y de la Insurgencia— respondió él, con la cabeza apoyada en su sien.

Sakura siguió abrazada a él, pero Sasuke notó que se producía en ella una reacción, como si hubiera cobrado conciencia del estado en que se encontraban, de sus cuerpos enredados. La kunoichi tragó saliva.

No respondió de inmediato, en su lugar, soltó un suspiro inseguro, un sonido entrecortado a medio camino entre la sorpresa y el temor que el Uchiha interpretó como un incentivo para dar rienda suelta a sus fantasías.

—Iríamos al país del Hierro— sugirió—. Es territorio neutral— agregó Sasuke, acariciándole la frente con los labios.

Durante un largo rato, Sakura permaneció en silencio. Sasuke sentía el latido de su corazón, la suave caricia de su cabello, extendido sobre la piel de su cuerpo.

—Detesto el frio— dijo con un hilo de voz.

—Bien, entonces el País del Hierro no, sino más allá. Podemos abordar un barco e ir a lugares desconocidos.

La kunoichi se apartó de él.

De algún modo, conseguiría que funcionara. Ambos se marcharían. Formarían una vida lejos de las intrigas políticas y las obscenidades de la guerra, harían el amor en todos los parajes del mundo. Sasuke se dio cuenta, por la reacción horrorizada de Sakura, de que había sido vergonzosamente directo.

—Sasuke, estas siendo malvado— dijo Sakura angustiada, y se incorporó tan deprisa que la cama dio una sacudida—, te lo ruego, no hagas esto.

Sasuke también se incorporó.

—Sakura, hablo en serio. Podrías considerar…

Escapar con el hijo de un General. Considerar abandonar la aldea y no regresar jamás- Considerar atarse de por vida a un farsante. Se interrumpió y la miró fijamente en la oscuridad.

—Lo siento— susurró Sakura—, nunca te pediría que abandonaras todo por mí.

El Uchiha se pasó la mano por el pelo. Fla negativa de Sakura fue como un auténtico mazazo, un impacto letal que al principio no dolía, que tan solo producía una extraña descarga en el cuerpo, unos instantes de adormecimientos antes de que el dolor se manifestara con toda su ferocidad.

—No quiero nada de lo que el Régimen pueda ofrecerme, mucho menos si tú no estás a mi lado— continuó diciendo.

—Sabes que eso es imposible— espetó—. Tu eres un comandante y yo soy una prisionera. Dentro de unos días me enviaran a uno de los campos de trabajo forzado y jamás volveremos a saber nada el uno del otro— increpó irónica, controlando su creciente tono de voz.

—Nunca lo permitirá— insistió.

Estaba actuando como un muchacho obstinado, empedernido a negar la cruel realidad a la que se enfrentaban. Tan pronto como los primeros rayos del sol comenzaran a asomarse entre las montañas, ambos volverían a interpretar los roles que el Régimen les había asignado en contra de su voluntad.

—Te acusarían de traición.

—No me importa— insistió.

Y era verdad. Desde hace mucho tiempo, Sasuke había dejado atrás los días en que el deber era todo en lo que pensaba. Al ser un Uchiha, el honor, el sacrificio, era todo lo que importaba. Sé un buen shinobi, haz el bien con el clan y serás recompensado. Todo eso podía irse al carajo.

Tomó su mano y la llevó hasta su pecho, a la zona donde era posible percibir el acelerado palpitar de su corazón. La observó de una manera tan profunda que podría atravesarla y llegar hasta las profundidades de su alma en un intento desesperado por decirle algo. Pero, antes de poder hacerlo, Sakura se inclinó sobre él, buscando sus labios.

La melena de la joven acarició su pecho mientas lo besaba con ternura y timidez, vacilante, como si no estuviera segura de su reacción. Aún bajo el impacto de su negativa, tratando de hacer frente a la realidad, Sasuke alzó las manos y tomó el rostro de Sakura entre ellas.

La besó con fiereza y de un tirón la tumbó sobre su cuerpo. Introdujo los dedos en la mata de cabello rosado y, con un rápido movimiento, la obligó a recostarse de nuevo de espaldas. El aire frío acarició sus torsos desnudos.

Sasuke se echó encima de ella, su boca suspendida sobre la de Sakura.

—Iremos al Oeste, a la costa— dijo entre jadeos—. Construiremos una cabaña y viviremos allí.

En la oscuridad, Sakura asintió levemente con la cabeza.

—Nunca pensé que los sitios cálidos serian de tu agrado— sonrió.

—Los odio, pero por ti puedo hacer una excepción.

Recorrió con las manos la forma de Sakura mientras la besa profundamente.

Ambos sabían que aquello era imposible. Por la mañana, él volvería a portar su uniforme de Comandante y ella regresaría al confinamiento en su habitación, antes de que la enviaran a un nuevo destino, donde pasaría el resto de sus días hasta que la muerte llamara a su puerta.

Tan pronto como la luz se filtrara por las cortinas, él volvería a ser Uchiha Sasuke y ella Haruno Sakura, enemigos juramentados.


Itachi se llenó los pulmones del vivificante aire de la mañana y se permitió albergar esperanzas. Hacia el este, el cielo esta rosado a la altura del horizonte, y color gris claro más arriba. Inari, aun se veía en el sur; la brillante estrella blanca todavía resplandecía como un diamante en la madrugada, pero los negros y grises del bosque nocturno se estaban convirtiendo una vez más en verdes, dorados, rojos y bermellones. Y por encima de los pinos soldado, los robles y los fresnos se alzaba la aldea, con los colores claros y centellantes bajo la capa de neblina que horadaba su superficie.

Shisui suspiró de forma muy larga y profunda.

—El momento llego.

Itachi observó a su amigo. Luego miró el cielo, en actitud contemplativa.

—Sí— espetó—. Nunca pensé que tendríamos una segunda oportunidad— confesó —. Todo lo que necesitamos para ponerle fin a esto, reside allí— apartó la oscura mirada del firmamento hasta dejar recaer todo el peso en el diminuto dispositivo que yacía en la palma abierta de Shisui.

—¿Funcionara?

Itachi ladeó la cabeza ligeramente.

—Vale la pena intentarlo.

Shisui frunció el ceño.

—En ese caso, ¿Cuál es el plan? Porque debes tener algo en mente para precipitar el escape de Sakura— terció.

Itachi sacó un mapa. Lo desdobló y extendió sobre la hierba, bajo la tenue luz del amanecer.

Bajo la mirada expectante de Shisui, el menor de los Uchiha comenzó a señalar con el dedo los diferentes puntos azules que indicaban los campos de trabajo forzado a lo largo del territorio.

—Lo más probable es que Sakura será enviada a uno de los campos de trabajo forzado, probablemente hacia el Norte o al Oeste. El convoy saldrá un día después de dictar sentencia.

Hubo un corto silencio antes de que la voz de Shisui volviera a elevarse.

—¿Cuántos guardias?

—Quince. La caravana es grande, pero puedes arreglártelas ¿no?, después de todo, eres un shinobi excepcional.

El Comandante escuchó sin parpadear los puntos importantes del plan de escape. Shisui confiaba ciegamente en el criterio de Itachi, normalmente, sus confabulaciones salían a la perfección. Sin embargo, no podía evitar experimentar cierta preocupación ante la precipitada idea de fuga. Sacudió la cabeza, abrumado y guardó silencio por un largo rato mientras analizaba con detenimiento las diferentes rutas de escape.

—No me preocupan los custodios, sino lo que hay más allá de la aldea— replicó Shisui, tardíamente. Señaló con el dedo dos cruces rojas en el mapa—. Estos puntos de control están vigilados todo el tiempo.

—Te equivocas— se apresuró a rebatir Itachi—. El territorio está despejado hacia el Este. La zona ya no es patrullada— dijo, señalando lo que parecía ser un punto muerto en medio del bosque—. Encontraras un refugio antes de llegar a la frontera. Lo más apropiado es que ambos permanezcan en ese lugar el tiempo que sea necesario, hasta que consiga hacer contacto con la Insurgencia.

Shisui se volvió con una expresión de suprema mortificación.

—¿Cómo conoces ese sitio?— preguntó al mismo tiempo que enarcaba una ceja.

—Izumi.— Su respuesta parecía precedida de un recuerdo.

El joven comandante optó por no indagar. La escueta respuesta de su amigo era suficiente para ayudarlo a entrar en contexto.

—Respecto a lo que dijiste antes, la Insurgencia no está al tanto del escape de Sakura, ¿cierto?

—Aún no. Enviaré el mensaje tan pronto como sepa que ambos consiguieron huir— empezó con voz pausada—. Debe haber comida y recursos suficientes para sobrevivir dos semanas. Nadie debe verlos, ¿entendido?

Shisui dejó escapar otro suspiro.

—Eso será complicado— dijo, acariciando los músculos acalambrados del cuello—, considerando la apariencia llamativa de Sakura— sonrió.

Itachi le dedicó una mirada rápida antes de regresar la atención al mapa.

—Su única es cruzar— espetó con firmeza—. El puente ya no existe, pero pueden descender fácilmente, hay un sendero. Una vez que crucen el rio estarán a salvo. El punto de control de la Insurgencia está ubicado a diez kilómetros.

—Si, ya lo entiendo— dijo Shisui pacientemente—. Es más fácil decirlo que hacerlo.

Las miradas de ambos se encontraron, una expectante y la otra llena de determinación.

—Confió en ti, Shisui, no conozco a otro hombre capaz de hacerlo.

El aludido tensó los labios.

—Si fallo… ¿Qué sucederá contigo?

—No vas a fallar— lo interrumpió Itachi—. Además, puedo cuidarme yo solo— dejó en libertad el aire en sus pulmones y sus hombros decayeron unos centímetros mientras desviaba la mirada al cielo teñido en un perfecto color azul—. La Insurgencia te necesita más que yo. Con tus conocimientos, puede que tengan una oportunidad de ganar esta guerra.

Ambos sabían que aquel objetivo era complicado. Durante años, las fuerzas compuestas por los ninjas renegados de Konoha y otros sobrevivientes luchaban para desarmar al Régimen liderado por los Uchiha, quienes no dudaban en borrarlos del mapa.

—Todas las noches, antes de dormí, me pregunto cómo habrían sido las cosas si hubiese cumplido con la misión inicial— guardó silencio con cierto pesar, el desconsuelo era palpable en cada palabra pronunciada—. Siempre llego a la misma conclusión.

—¿Cuál es?— quiso saber Shisui, vislumbrando su perfil perfectamente iluminado por la luz matutina.

—El odio es un lastre— suspiró Itachi—. Estamos pagando los crimines de ancestros que no conocimos, puedo sentir el peso de ellos aplastando mis huesos, quebrantándolos, poco a poco. Puedo sentir como mi alma se ha consumido.

Ambos desviaron la mirada hacia el frente. Con el nuevo día llegaba la esperanza.

—Es la única manera— concluyó Itachi, refiriéndose al plan de escape que involucraba a la kunoichi y su mejor amigo.

—Ahora se trata de una propuesta más seria— contestó Shisui.

—Apuesto por ti— dijo Itachi—. Será alucinante si ganas.


Takumi, Base de la Insurgencia.

Salió del cuarto de interrogatorios sin llamar demasiado la atención. Había pasado gran parte de la mañana y toda la tarde respondiendo las insistentes preguntas de Ibiki y su colaborador. Se aseguró de relatar todo con lujo de detalle, desde sus labores dentro de la organización hasta los planes a futuro de los Uchiha.

—Buen trabajo— la felicitó Shikamaru una vez que arribó a la pequeña habitación que conectaba la cámara de interrogatorios con el pasillo principal.

La rubia esbozó una sonrisa tímida.

—¿Continuaremos con otro interrogatorio?— preguntó ella.

Shikamaru negó con la cabeza.

—Creo que esto bastara por hoy.

Ino se frotó los ojos para disipar la extenuación. Durante la mayor parte de su vida había aceptado todo tipo de retos. Pero para ese entonces estaba cansada y se sentía floja; hubiera podido decirse que, en un sentido espiritual, no se encontraba en forma.

—En ese caso, iré a mi cuarto— anunció.

—Ino, espera…

—De verdad, Shikamaru, tengo que irme.— Antes de que pudiera poner un pie fuera de la habitación, Shikamaru la detuvo, tomándola con delicadeza del antebrazo.

—Espera— insistió el joven—. Se que no he podido pasar tiempo contigo— comenzó a decir al mismo tiempo que se masajeaba descuidadamente el cuello.

—No te preocupes, lo entiendo. Tu nueva posición… sabía que ibas a llegar lejos— sonrió.

Sin embargó, Shikamaru se veía imposibilitado a emular la alegría de Ino.

—Después de todo lo que pasó, le prometí a tu padre que…

—No— lo interrumpió de tajo—. No quiero que cargues con esa culpa— susurró, acercándose a él para tocarle uno de los brazos en señal de afecto—. Ahora estoy aquí y lo único que importa es encontrar la manera de sacar a Sakura de ese lugar.

Los ojos rasgados de Shikamaru se deslizaron hacia el piso de concreto. Podía sentir la inseguridad y la tristeza emanando de su compañero.

—Lo estoy intentando— espetó.

Ella asintió, impertérrita, aturdida por la decepción. Lo había escuchado responder igual cada vez que su amiga se convertía en tema de conversación. Gracias a Naruto, sabía que las tentativas de rescate eran pocas, por no decir inexistentes. El gabinete de Kakashi consideraba ventajoso mantener a Sakura cerca de los Uchiha para conocer los próximos movimientos y planes de Fugaku.

Iba perdiendo la esperanzas por momentos. El Régimen tenía un poder inmenso. Habían matado a Tsunade y Jiraiya, darían con el paradero de la base y la matarían a ella también, y luego borrarían a la "Voluntad de Fuego" del mapa.

—Intenta más fuerte— dijo ella, tajante.

—No es tan fácil como imaginas.

Ino reflexionó un momento.

—Sakura hizo más por sí misma en cuestión de semanas, que lo que ustedes han hecho por ella en años— reclamó.

Shikamaru soltó un suspiro tratando de apaciguar la presión entre sus costillas con respiraciones profundas.

Los ojos cerúleos de Ino se clavaron en la mirada oscura de su compañera como dos frías hojas de kunai y solo se despegaron cuando ella se dio cuenta de lo que acababa de decir.

—Mierda, lo siento— se disculpó, abatida.

—Tienes razón— coincidió Shikamaru; ocultó las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.—. La hemos cagado ¿no es asi?

Ino no respondió de inmediato. Desde su arribo a la base, se había percatado que Shikamaru actuaba diferente, distante. Al inicio atribuyó la respuesta a la culpa del sobreviviente, pero conforme pasaban los días, las evasivas incrementaban. Lo mismo sucedía con los otros miembros de la base. Ninguno de sus antiguos compañeros confiaba en ella.

—No sé, Shikamaru, es tarde. Toda esta situación, los interrogatorios… Ahora no puedo. Estoy demasiado cansada.

Lejos de insistir, el muchacho asintió. Hubo una pausa, y todavía podía haber ido todo bien. En su lugar, le dedicó una sonrisa trémula y caminó en dirección a la puerta sin echar un vistazo atrás.

Bajo un silencio endurecido, Ino salió de la habitación sin tentativa de regresar. Dejando atrás una amistad rota y, tal vez, perdida para siempre.

Por un momento esperó que Shikamaru actuara en contra de sus deseos y acudiera a encararla, no obstante, para su sorpresa, no lo hizo, haciéndola sentir más miserable.

Caminó hacia su habitación a paso tétrico inmersa en una telaraña de pensamientos, sin reprimir las punzadas de arrepentimiento que surgían en cada rincón de su cabeza. Comenzaba a sentirse débil y extraña, como si las fuerzas la abandonaran. Desde que tenía memoria, la vida siempre le había enseñado a soportar el dolor de la pérdida. Lo aprendió con la muerte de madre y, eventualmente la de su padre. No obstante, tenía la impresión de que había arruinado su amistad con Shikamaru. Cerró los ojos en un intento por ignorar el dolor que atenazaba sus costillas.

La distracción que le proporcionaba los problemas dentro de su mente le impedía fijarse a donde iba.

—¡Ino!

La kunoichi elevó la cabeza tan rápido que, con un poco más de fuerza, estaría sufriendo el síndrome de latigazo cervical. Elevó la mirada hacia Naruto que se había materializado frente a ella.

—¿Cómo te fue?— preguntó, llevando las manos hasta la parte posterior de su cabeza, intentando lucir tranquilo e indiferente.

—Bien— respondió, escueta.

El rubio ignoró el deje hostil y continuó caminando a su lado, emulando el rápido andar de la Yamanaka.

—Tranquila, pronto terminaran. Son quisquillosos al inicio.

Ino resopló.

—Le he dicho todo lo que sé. Estoy segura que tienen la información que desean— protestó.

Su voz neutra no traslucía ni la cuarta parte de su mal ánimo, pero la tensión sobre sus hombres y el brillo irascible de su mirada eran señales inequívocas de que realmente estaba molesta.

Sabía que estaba siendo injusta con Naruto. Proyectar todo ese enojo al chico que, desde su encuentro no había hecho nada más que ayudarla, era un acto soez de su parte.

—Ya sabes como son los altos mandos— llevó ambas manos a los bolsillos de sus pantalones, al mismo tiempo que se encogía de hombros, apenado—. Ino, ¿te encuentras bien?

La aludida no respondió de inmediato. Miró de reojo a Naruto que tenía un gesto preocupado ocupando su rostro.

Abatida, detuvo el paso.

—Sí, bueno, no. Mierda. No, no estoy bien— confesó.

—¿Quieres hablar al respecto?— preguntó el Uzumaki, cauteloso. Lo último que deseaba era incomodarla.

—No quiero ser una molestia— apuntó Ino por lo bajo.

—No lo eres— una sonrisa triste se dibujó en la faz de Naruto—. De hecho, iba de camino al comedor a tomar un descanso, ¿te importaría acompañarme?

Ino asintió.

Solo fue cuestión de segundos para que ambos cambiaran de rumbo. En su camino a la cafetería, los shinobis lo saludaron excesiva efusividad. Naruto les devolvió el gesto con una señal formal de la cabeza. Desde pequeño fue un chico popular; su actitud servicial y las hazañas en el campo de batalla fueron suficientes para ganarse el respeto y cariño de sus camaradas y los refugiados.

Al ser hijo del antiguo Hokage y una de las ultimas descendientes del Clan Uzumaki, Naruto era una especie de celebridad en las filas de la Insurgencia.

Naruto abrió la puerta de metal y caminó hasta una de las mesas situadas en la esquina de la geografía del cuarto, apartado del barullo y las miradas curiosas, cerca de un enorme ventanal con vista al hermoso paisaje.

—¿Qué te pido?— dijo Naruto—. ¿Té?

Ella arrugó la nariz ligeramente en señal de disgusto, un gesto que hacía a menudo.

—Odio el té.

—También yo— coincidió él.—. Veré que puedo conseguir.

Ino respiró hondo. Últimamente había notado que sucedía algo extraño cuando hablaba a la gente en grupos. No sabía bien cómo comportarse. En cambio, cuando estaba a solas con Naruto, todo estaba bien. Sentía intacta su personalidad cuando estaban los dos solos. Porque lo desde hacía mucho.

Al cabo de unos minutos, regresó a la mesa con una bandeja en las manos; sobre ésta había dos platos humeantes de ramen y una inconfundible botella de sake.

—Creo que nos caerá bien— dijo él cuando se sentó.

Comenzaron a comer en silencio. Naruto parecía actuar como si nada malo pasara, y ella, con sus manos descansando sobre la mesa, lucía estar de nuevo absorta en sus cavilaciones.

—¿No estás molesto conmigo?— preguntó de repente; su voz se alzó por encima del silencio que reinaba entre los dos.

Confundido, Naruto arqueó una ceja.

—¿Debería estarlo?

Ino hincó los codos sobre la mesa y clavó la vista en el escenario compuesto por árboles y montañas. Tal vez esperaba encontrar allí las palabras adecuadas. Por supuesto, no las halló. Suspiró, cerró los ojos, y se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Me refiero a que yo conseguí escapar y deje a Sakura atrás— terció.

Naruto la miró por un segundo o dos, sorprendido. La picardía disminuyó lentamente, perdiendo cualquier tono divertido cuando volvió a hablar.

—No había reparado en ello— profirió.

Ino pareció decepcionada por su comentario.

Naruto alcanzó una de sus manos; acarició sus nudillos con detenimiento y, para su sorpresa, ella no se apartó.

El rubor ascendió indetenible por su cuello.

—No estoy molesto, Ino. Al contrario, me alegra que consiguieras escapar con ayuda de ella— sonrió.

Antes de que pudiera reparar en la repentina muestra de afecto, volvieron a su comía como si nada pasara.

—Sakura no está bien— dijo Ino con ansias de alejar sus pensamientos de lo ocurrido minutos atrás. Un segundo más y la torpeza no se conformaría con su lengua, sino que invadiría cada parte de su cuerpo. Detestaba esa reacción.

—Por supuesto que no lo está— Naruto estuvo a un momento de beber lo que quedaba del sake, pero dejó el contenedor a medio camino—. Mientras s e encuentre en ese lugar, nunca estará bien.

—Debemos encontrar la manera de llegar hasta ella— insistió. No iba a darse por vencida—. Si tan solo pudiésemos comunicarnos con Shisui…

Una vez más, Naruto tomó su mano. El sonrojó alcanzó sus mejillas y consiguió atolondrar su lengua.

—No te atormentes pensando en ello, Ino, te prometo que ambos trabajaremos juntos para sacar a Sakura de allí.

Ino echó un vistazo al lugar donde sus manos estaban entrelazadas.

—¿Lo prometes?— Ino levantó la vista y lo miró a los ojos.

—Lo prometo— aseguró con una sonrisa—. Ahora, come tus fideos o se enfriaran.

Ella puso los ojos en blanco.

Al cabo de un rato, Ino miró por la ventana hacia la panorámica del bosque.

—Tengo la impresión que la situación de Sakura no es lo único que te tiene así— señaló.

Al igual que muchas otras cosas en el transcurso de los días, Ino había subestimado la capacidad de observación de Naruto.

—Discutí con Shikamaru. Bueno, no lo sé, las cosas entre nosotros han estado un poco tensas— dijo ella con un suspiro.

Ino se encogió de hombros. Por un momento parecía una adolescente que hablara (o no hablara) con sus padres. Ese encogimiento de hombros que decía Por favor, dejame en paz. Ella siempre se había burlado un poco de ese gesto universal porque a ella nunca le había pasado, hasta ese día.

—Dale tiempo. Tu regreso ha sido impactante para todos, en especial para él— Naruto expuso sin despegar sus ojos azules del reflejo de los de ella—. Probablemente este lidiando con la culpa.

Ella lo miró a los luego. Luego apartó la mirada, como si no le hubiera gustado lo que veía.

—Se que hizo todo lo posible por rescatarme, y no lo culpo. Él creyó que yo había muerto.

—¿Y se lo has dicho?

—No lo he intentado— dijo Ino.

Le salió un tono extrañamente formal.

—Tal vez deberías intentarlo— Naruto imitó el tono.

—Temo que nada vuelva a ser como antes— dijo Ino. Puso una voz estúpida e impostada y levantó la barbilla, pero tenía los ojos brillantes.

Naruto volvió a su tono de voz normal.

—No lo será, hemos pasado por tantas cosas que difícilmente todo volverá a ser como lo fue en un comienzo.

Naruto tenía razón. La guerra había hecho mella en ellos. Ya no eran los niños que miraban desde lejos el conflicto. Desde muy corta edad, se vieron obligados a participar activamente en las batallas. No era inocentes, sus manos estaban manchadas de sangre.

—Supongo que debería hablar con él ¿cierto?

Naruto asintió, complacido con el repentino cambio de parecer de Ino.

—No está de más. Los dos son buenos amigos, no permitas que los Uchiha también destruyan eso.

—Nunca creí decir esto en voz alta, pero tienes razón.

Ino miró por el rabillo del ojo a Naruto que curiosamente también la observaba. Una pequeña risa brotó de las profundidades de sus gargantas, tratando en vano de no sonreír entre sí.

—Para tu sorpresa, he cambiado— se jactó, fingiendo estar ofendido.

—Lo sé, puedo verlo.

El rumor de las risas desapareció, abriendo paso a un sentimiento desconocido y a la vez nostálgico. Ambos se miraron el uno al otro sin necesidad de añadir algo más. Algo en el interior de Ino revoloteó, pero intentó no prestarle mucha atención. Estaba confundida, vulnerable. No era la primera vez que un chico mostraba interés en ella. Sin embargo, era la primera vez que permitía a alguien ver ese lado inerme, humano.

—Gracias— susurró ella, exponiendo toda la sinceridad que le era posible en una sola palabra.

Naruto esbozó una sonrisa.

—No es nada.


Dos manos fuertes se enredaron en sus brazos, obligándola a ponerse de pie y descender de la parte trasera del armatoste. La luz se sentía como cuchillos dirigiéndose a sus córneas. Cerró los ojos en un intento por protegerse; los guardias la habían inmovilizado esposando sus muñecas y tobillos, para evitar que hablara, colocaron un bozal alrededor de su boca, tal como lo habían hecho la primera vez que se reunió con Fugaku Uchiha.

El edificio apareció en un claro quemado por el sol.

Era menos imponente de lo que había imaginado, las pocas veces que lo había imaginado. Tenía el aspecto de cualquier edificio construido después del Golpe de Estado, podía confundirse con las oficinas de alguna sede de gobierno si no fuera por la alambrada que se retorcía en lo alto de los muros.

Dentro la cosa no mejoraba demasiado. Los espacios interiores eran sofocantes, mortecinos, lúgubres. La mayoría de las oficinas tenían ventanas; quedaban sepultados por la forma de bloque solido del edificio. Las salas de justicia, tampoco tenían ventanas. Era una estrategia común, para aumentar el efecto de cámara aislada del mundo cotidiano, un teatro para la gran obra atemporal de la ley. Era necesario que allí no se les molestara. Las personas podían pasarse días enteros en ese edificio sin ver nunca el cielo ni el sol.

En la puerta de entrada había como mínimo cuatro shinobis para recibirla. Los reconoció a todos, eran miembros de la policía militar, pero solo conocía bien a uno, el Comandante llamado Tekka. La escoltaron como una guardia pretoriana a través del vestíbulo hacia el despacho y, entre cubículos y pasillos desiertos, hasta el tribunal.

Sentía todos los ojos clavados en ella. Se habían congregado cientos de personas para presenciar su juicio. O al menos esperaba que estuvieran allí para mirar. Divisó en la galería a Mikoto Uchiha, pálida y hermosa con su ostentoso kimono. Junto a ella estaba una joven, muy alta, y una mujer menuda al otro lado, rodeadas por damas y hombres que parecían ser miembros del Clan Uchiha, que ocupaban toda la galería.

Los miembros del jurado estaban de mal humor y alicaídos. Una decena de hombres y mujeres que no habían sido suficientemente hábiles para eludir sus obligaciones, sentados, apretujados en sillas prefabricadas con mesitas adosadas a los brazos.

Ella permaneció de pie en medio de la enorme sala, mostrándose lo más estoicamente posible para su nivel de nerviosismo; los ojos buscando a la única persona que deseaba ver en ese momento. Sabía que Sasuke se encontraba en algún rincón de la habitación; su deber como soldado y Comandante lo obligaban a asistir a ese tipo de eventos, sobre todo si se trataba del juicio de un criminal íntimamente relacionado con la Insurgencia.

Todo el mundo se levantó al oír la familiar cantinela de uno de los guardias: «Atención, la Corte del Alto Consejo de la Republica del Fuego abre la sesión».

Fugaku tomó asiento detrás de la enorme mesa, presidido por los comandantes que formaban parte del gabinete privado del General.

—La acusada número cero uno dos seis cero uno se enfrenta a cargos de terrorismo, incumplimiento de autoridad, deserción, insurrección y homicidio en primer grado— anunció otro hombre a toda la sala.

Sakura echó un vistazo al gentío. Avergonzada e incómoda, bajó los ojos al suelo.

—La Corte en conjunto con el Alto consejo habían condenado a la prisionera a muerte. Sin embargo, el día de hoy buscamos modificar la condena.

Algo en la sala del tribunal había cambiado. El ambiente estaba cargado de electricidad. Era como si todos acabaran de decidir algo.

—¡Orden en la sala!— comandó uno de los shinobis que había dado la bienvenida al alto consejo.

—General— llamó uno hombre perteneciente a los miembros del jurado. Sakura no demoró en identificarlo, se trataba de Inabi Uchiha, con su confianza a flote, se movía con cierta arrogancia—. Haruno Sakura formaba parte de la Insurgencia, debió ser ejecutada tan pronto como cruzó las puertas de la aldea— expuso.

—Es la aprendiz de Tsunade Senju— clamó uno de los altos Comandantes.

—Una traidora más— insistió Inabi.

Los murmullos volvieron a alzarse, escandalizados. Sin lugar a dudas, Sakura no saldría bien librada de esa situación. La benevolencia y los altos mandos de la nueva Konoha no iban de la mano. Difícilmente revocarían la sentencia de muerte. Si Fugaku actuaba con base a un juicio de valor, su posición como General seria cuestionada por todos, incluso sus hijos.

—Caballeros, si ustedes me lo permiten— dijo una voz al otro lado de la habitación.

Por primera vez en cuarenta minutos, los presentes en la sala apartaron la atención de la acusada para reparar en el hombre que osaba interrumpir la alegata entre los miembros del Alto Consejo y el jurado.

En cuanto a Sakura, su corazón se detuvo abruptamente.

Orochimaru se quedó de pie para dirigirse a sus superiores. Incluso se bajó un poco la cremallera del chaleco y tomo el cuello de su jersey, como si estuviera posando para una estatua.

—Solicito a todos los aquí presentes, en especial a os miembros del Alto Consejo que ignoren el pasado de la kunoichi. Dejen de apreciarla a través de los lentes de sus fallas y contemplen sus habilidades. Haruno Sakura es la muestra de que todos merecen una segunda oportunidad. Se que hay un dicho, «no se puede desandar lo andado», pero voy a pedirles que hagan exactamente eso. Al ser aprendiz de Tsunade Senju, es de vital importancia preservar sus conocimientos en ninjutsu médico y transmitirlo a otras generaciones. Si la condenan a muerte, también estarían condenando todo ese acervo al olvido.

El simple hecho de escucharlo hablar la hacía sentir como si se estuviera asfixiando. El corazón le latía con fuerza. Podía escuchar el errático palpitar en sus oídos.

Los miembros del jurado intercambiaron miradas entre ellos. Unos cuantos observaron de soslayo a la kunoichi.

—¿Y qué es lo que sugiere hacer?— preguntó otro hombre con voz modulada.

Una grotesca sonrisa curvó las comisuras del renombrado Sannin.

—Propongo que sea enviada a uno de los campos de entrenamiento— las voces a su alrededor volvieron a alzarse, escandalizadas—. Entrenara a una nueva generación de ninjas médicos. Una vez que cumpla con su misión, sería remitida a la Unidad 121 para continuar con el adiestramiento y la mejora de los métodos de ataque y armamento.

Sakura se congeló. Intento moverse, pero su cuerpo temblaba y no reaccionaba a las órdenes de su cerebro. Se mordió el labio inferior, tratando de respirar, tanto de obligarse a sí misma a mover un solo musculo.

Comenzó a hiperventilar. La idea de regresar al lugar de sus peores pesadillas era intolerable, inconcebible. Preferiría morir antes que regresar a ese sitio.

—¿Cuánto tiempo tomara este plan?— quiso saber Inabi, irritado.

—Un año bastara, Comandante— aseguró Orochimaru; una expresión triunfal decoraba su faz.

Fugaku permaneció quieto un momento, chirriando los dientes.

Sus manos comenzaron a temblar y retorcerse mientas pensaba en ello. Las lágrimas le escocían los ojos. El pánico subía a través de ella como una marea. Su corazón latía cada vez más rápido, era como si un pájaro enjaulado revoloteara dentro de su pecho, golpeándose hasta morir mientras intentaba escapar.

Escuchó un carraspeo. El emisario Oficial iba a comunicar el veredicto.

—De acuerdo a lo dispuesto por el Jurado en conjunto con el Alto Consejo y con la aprobación del General, la prisionera cero uno dos seis cero uno se integrara a los campos de entrenamiento durante un año. Finalizado este periodo, cumplirá el resto de su condena brindando servicio en la Unidad 121.

No oyó a Fugaku pronunciar las palabras que la condenaron. No hacía falta palabra alguna.

El terror se hundía en ella como si una criatura deslizara las garras sobre su espalda, arrastrándolas por la columna vertebral. Desollándola. Exponiendo todos sus músculos, nervios y huesos al gélido aire del invierno.

Estaba a medio camino cuando se dio cuenta de que los guardias la llevaban de vuelta al carromato.

Cuando cayó en cuenta, demasiado tarde, de que estaba muriendo, empezó a reírse histérica.

»»»»««««

Su respiración era rápida y entrecortada mientras procuraba no sollozar en voz alta.

Era imposible entender la cruel broma del destino: había sobrevivido a la guerra. Vislumbró a sus compañeros morir frente a ella. A pesar de los años de encierro y tortura, se las apaño para mantenerse cuerda durante tres años. Pero… verse obligada a ser cómplice de una serie de crímenes atroces era algo que no podía soportar. No cuando sabía que los Uchihas esperaban que lo hiciera de nuevo al día siguiente. Y el siguiente. Y el día después de esto hasta el final de su existencia.

Había un montón de cosas que podría hacer. Podría prender fuego a la casa. Haría un bulto con algunas de sus ropas y con las sábanas y encender la cerilla que tenia guardada. Si no prendía, no pasaría nada. Pero si encendía, al menos habría una señal de algún tipo que marcara su salida. Unas pocas llamas que se apagaran fácilmente. En el intervalo escaparían unas nubes de humo y moriría asfixiada.

Podría romper la sábana en tiras, retorcerlas como una cuerda, atar un extremo a la pata de la cama e intentar romper el cristal de la ventana.

También podría atarse la sábana al cuello, colgarse del armario, dejar caer su cuerpo hacia delante y estrangularse.

Podría caminar por el pasillo con paso firme, salir por la puerta principal hasta la calle, intentando dar la impresión de qué sabia a dónde iba, y ver hasta dónde podía llegar.

Podría ir a la habitación de Sasuke, como hizo la noche anterior. Le preguntaría si él la dejaría entrar o no, si le daría refugio. Ahora que era realmente necesario.

Pensaba en todo eso distraídamente. Cada una de sus posibilidades parecía tan importante como el resto. Ninguna era preferible a otra. La fatiga se apoderaba de ella, su cuerpo, sus piernas y sus ojos.

Estaba cansada de ese melodrama. Estaba cansada de guardar silencio.

«No hay nadie a quien puedas proteger, tu vida no tiene valor para nadie. Quiero que esto termine». Dijo la persistente voz de su cabeza.

Al oír ruidos al otro lado de la puerta de su habitación, Sakura se dispuso a morir. Las pisadas sonaban en el suelo; los pasos mudos y pesados retumbaban en su frente.

Cuando la puerta se empezó abrir, Sakura cerró los ojos con fuerza. Habría dado cualquier cosa por un arma. Todavía le quedaba la posibilidad de morder y dar patadas.

Espero ver a un desconocido, pero era Sasuke quien abrió la puerta de golpe, encendió la luz.

Durante un momento, Sakura se quedó sin respiración.

—Intente venir lo más rápido posible— dijo sin aliento. Recorrió la distancia que lo separaba de ella con dos grandes zancadas, como la fuerza de un huracán.

Sakura tragó grueso, sin alejar la mirada de él.

—¿Estuviste ahí?— su voz sonó ronca.

Sasuke asintió. Sin más, sostuvo a Sakura de los brazos y la atrajo aún más hacia él.

—No voy a permitir que vayas a ese lugar, ¿entiendes?

La aprisionó más sobre su cuerpo, un gesto de protección influenciado por la devoción y el amor que sentía por ella.

—Sabías que iba a suceder esto ¿verdad?

Las manos de Sakura se aferraron a su camisa, buscando algo a que aferrarse cuando sus ojos nublados por el llano se alzaron atiborrados de decepción.

—No, Sakura, no.

—Ambos lo sabíamos.

Habían hablado del tema la noche anterior, mientras reposaban desnudos en la cama aguardando por la llegada del amanecer.

—Lo merezco— Sakura jadeo desesperada; una lagrima solitaria rodó por su mejilla—. Mate a esos hombres, yo lo hice.

Ella intentó soltarse, pero Sasuke la apretó con fuerza.

—Fue mi culpa, mi culpa— repitió, presa de un colapso mental.

Trató de alejarse de él, pero Sasuke no la soltaba. Se retorció tratando de escapar. Tenía que marcharse, no podía soportarlo, él la miraba con desesperación escrita en su rostro y eso la rompía por dentro.

Soltó un sollozo desgarrador y, antes de que tuviera tiempo de pensar, se aferró a su camisa y lo atrajo hacia sí, besándolo.

—Lo siento, lo siento— repitió Sasuke contra sus labios—. Intente sacarte de esté lugar. Debí tratar más fuerte.

Sakura tragó grueso.

—No, no hay nada que puedas hacer— masculló; el llanto entrecortaba su voz—.Si tu padre se entera de esto…

—No va a matarme y tampoco a ti.

Una vez más, procuró alejarlo, pero era como empujar una pared que pesara una tonelada.

—No puedes estar tan seguro de eso— protestó.

—Me encargare de que no suceda— dijo con determinación—. ¿Puedes confiar en mí?— preguntó, suplicante.

Quería creerle, sin embargo, su mente consiguió traicionarla. Sus pensamientos nunca estaban quietos. Siempre había realizaciones, culpa consecuencias que no podía ignorar.

—Sí.

Esa respuesta tenía una connotación más profunda: era una forma de ignorar el futuro; un pacto de no agresión; un voto irrevocable de confianza. Era la manera de Sakura de entregarse sin reservas.

Sasuke le besó la boca, la mejilla, la línea del cuello, con tanta delicadeza que por un momento Sakura creyó que iba a llorar.

Eran como dos nubes de tormenta; un accidente de seres independientes que se convierten inmediatamente en una sola entidad.

Al igual que su primera noche juntos, ninguno de los dos demoró en despojarse de la ropa. Antes de que Sakura pudiera experimentar vergüenza al ser consciente de su desnudez, Sasuke acarició con detenimiento su sexo, dejando besos ardientes por la piel sonrojada.

—Hermosa— susurró contra su oído—. Eres hermosa.

En respuesta, la kunoichi se humedecía cada vez más conforme los segundos pasaban y Sasuke continuaba acariciando su clítoris.

—Se siente bien— suspiró Sakura, frotando su coño mojado contra la mano del Uchiha.

–Sakura— susurró Sasuke contra su oído, provocando que su cuerpo temblara por completo—. ¿Puedo probar algo?

Ella asintió de inmediato.

Su mente era un torbellino de pensamientos lascivos cuando Sasuke trazó un camino de besos que comenzó desde su cuello, bajó por su abdomen hasta detenerse en su vientre.

Sintió que sus mejillas se encendía con nerviosismo por la posición en la que se encontraban, ambos tímida y excitada por mostrarse tan descaradamente ante él. El peso de la mirada de Sasuke era opresivo, provocando que su vientre ondulara.

En un parpadeó, él se inclinó hacia adelante.

La besó de la misma forma en que besaría su boca, con una delicadeza que Sakura no esperaba. Sasuke bebió el néctar que emanaba de su intimidad como si su vida dependiera de ello, disfrutando cada pequeño jadeo que salía de ella.

En sus vientres años, Uchiha Sasuke ni siquiera había besado a una mujer. No tenía idea de cómo dar placer con su boca, aparte de los libros que había leído cuando era un adolescente.

Pero sabía dónde estaba ese pequeño bulto de placer, y ahí es donde llevó sus labios y lengua. Era una parte extraña y encantadora del cuerpo de Sakura. Tan diminuto, tan capaz de provocar tal respuesta. Cuando succionó suavemente por primera vez, la kunoichi trató de cerrar las piernas en un acto reflejo, pero él las mantuvo firmemente separadas.

Sasuke presionó con su lengua, lentamente, y los muslos de Sakura se relajaron al mismo tiempo que arqueaba su espalda.

—Sabes tan bien— elogio, acariciando con los dedos. El crudo deseo en su voz era devastador—. Podría comerte toda la noche— deslizó un dedo en su interior.

Cada vez que levantaba la mirada, la veía observándolo con esos ojos verdes, plagados de lujuria. Era tan hermosa, tan perfecta y tan suya en ese momento.

Sakura lo tomó hasta los nudillos, aferrándose a él en un preludio de lo que estaba por venir. Cuando se retiró, los hilos cristalinos de su excitación se adhirieron a su piel, arrancando un gemido casi agonizante de la garganta de Sasuke. Con un ritmo rápido, pero poderoso, la acarició desde adentro. Curvó su dedo, torciendo la muñeca en cada empujón, masajeando el techo de sus paredes aterciopeladas antes de agregar un segundo dedo. La resistencia fue débil, los músculos internos de Sakura se esforzaban por mantenerlo envainado en lugar de desalojarlo, y solo se tensaron más cuando él lamió de nuevo.

—Sasuke…— suspiró; tenía la respiración entrecortada. El miedo de ser descubiertos era inexistente.

Sabía que esa era su última noche juntos, así que se propuso a disfrutar cada minuto de ella. Grabar a fuego en su memoria cada instante transcurrido en esa habitación.

Sasuke succionó su almohadilla de placer y ella arqueó la espalda. Sin detener sus atenciones, él levanto la vista para mirarla a la cara mientras se corría.

Lo hizo en oleadas; pulsaciones y contracciones que el Uchiha pudo notar alrededor de sus dedos mientras su orgasmo se derramaba desde sus entrañas. Sasuke agachó la cara contra la entrada de su centro y bebió por completo.

—Gracias— jadeó, mientras descendía del nirvana. Sus manos permanecieron en su cabello, masajeando el cuero cabelludo como si tratara de arrullarlo—. Gracias, Sasuke.

Se sobresalto cuando, sin decir palabra, se incorporó para besarla: sus labios se encontraron una vez más y de repente el mundo desapareció. Sakura se perdió en la sensación de su carne, el sonido de sus jadeos y respiraciones agudas.

—Sakura— susurró Sasuke, presionando un beso caliente en su frente—. Quiero sentirte.

Y ella también ansiaba más, necesitaba sentirlo más cerca, más profundo que eso. Se estiró para detener los movimientos de sus manos, instándolo a sentarse. Él la miró inquisitivamente, con las mejillas sonrojadas mientras ella llevaba sus manos temblorosas a su pecho, luego a la parte inferior de su abdomen antes de descansar una mano sobre su miembro. Un grito ahogado emano de él cuando lo envolvió delicadamente con los dedos.

Sasuke jadeó, fuerte está vez y Sakura levantó la vista, asustada de haberlo lastimado. No tuvo la oportunidad de preguntar antes de que su boca estuviera sobre la de ella.

Sakura movió la mano con cautela, bombeándolo suavemente una y otra vez, al mismo tiempo que escuchaba con atención cada gemido y contemplaba su reacción.

Él gimió en silencio contra su boca. No necesitaban pasar una vida juntos para leer el lenguaje de sus cuerpos. Con un simple roce en su espalda desnuda, Sakura comprendió lo que quería hacer y, sin más preámbulos, se colocó a horcajadas sobre sus muslos mientras la mano de Sasuke se arrastraba hacia abajo para aferrarse a su cadera.

El instinto se hizo cargo cuando ambos mecieron sus caderas: sus respiraciones se mezclaron en silenciosos jadeos y breves gemidos mientras se rozaban íntimamente. El miembro de Sasuke se deslizó contra sus pliegues húmedos, haciéndola gemir carnalmente contra su boca. Se sentía tan grueso, grande y pesado descansando contra ella.

Sakura rompió el beso; sus ojos esmeralda se toparon con los carmesí del Uchiha, pero eso no la asusto. En su lugar, la incitó a ajustarse lentamente, inclinado sus caderas para que la punta de su sexo se presionara contra su entrada.

Él apretó la mandíbula.

—Yo también quiero sentirte, Sasuke.

El aludido asintió; luego hubo presión, a medida que se deslizaba en su interior y notaba como las paredes de Sakura se estiraban para recibirlo. Sakura obligó a sus músculos tensos a relajarse mientras él entraba centímetro a centímetro. Cuando toco fondo, su pecho se movió con una gran exhalación, como si hubiera estado conteniendo la respiración.

—¿Estás bien?— preguntó con voz ronca. Se mantuvo perfectamente inmóvil, podía sentir sus músculos temblando contra ella.

Si bien, la sensación no era nueva, todavía resultaba un poco incomoda, pero todo se disipó al estar tan íntimamente unida al hombre que amaba y la forma en que su cuerpo anhelaba la liberación.

—Estoy bien, Sasuke— le aseguró, bajando su rostro para capturar sus labios en un beso. Jadeó cuando sus caderas se movieron, saliendo lentamente de su interior antes de empujar de nuevo.

Lágrimas descendieron por sus mejillas mientras hacían el amor. Su corazón y su cuerpo estaban a reventar cuando se encontró acercándose al clímax. Las embestidas de Sasuke aumentaron en ritmo y fuerza hasta que chocó contra ella con abandono, aferrándose a su cadera mientras mordisqueaba y chupaba la carne de su cuello, gruñendo maldiciones y susurrando alabanzas en su oído.

La manera en que recitaba su nombre era como música para sus oídos. Sakura lo abrazó con fuerza y luego se desmoronó, con el cuerpo y el corazón rebosantes de amor y del sentimiento de ese magnífico afecto. Los latidos de su corazón eran simplemente un eco de su propio ritmo, la respiración llenaba sus pulmones, su cuerpo se agitaba al igual que sus músculos y podía sentir el chakra en sus venas. Sasuke, el hombre al que amaba, estaba con ella, dentro de ella… era libre.

Continuará


N/A: Antes de comenzar con los anuncios parroquiales, quisiera agradecerles, de todo corazón (y como siempre) sus lindos reviews, sus follows y favorites. Se que la historia va a paso muy, muy lento y, aunque me gustaría poder invertir más tiempo en la escritura, lo cierto es que en ocasiones me resulta complicado. No soy mucho de compartir parte de mi vida "privada" por este medio, pero ahora mismo me encuentro en mi último semestre de universidad, estoy a un paso de graduarme y desde el comienzo de este año ha sido una montaña rusa de emociones, cargado de nuevas responsabilidades y obligaciones que me dejan con poco horas libres para invertir a este bonito pasatiempo.

Tengan por seguro que la historia llegara a su fin ¿Cuándo? No lo sé. Sin embargo, quiero agradecer la infinita paciencia y el apoyo que me han brindado a lo largo de estos años, espero que cada capítulo compense el tiempo de espera.

Sin nada más que agregar por esa parte, pasaré a tocar algunos puntos importantes del fic.

Como verán, la sentencia de Sakura no fue satisfactoria. Este es un determinante para el plan de escape.

La relación entre Sasuke y Sakura es… complicada. Y ambos, en el fondo, saben que lo suyo no va a resultar, pero lejos de pensar en el futuro, deciden enfocarse en el presente.

También, creo que en algún momento advertí que habría un crack ship en esta historia. Naruto e Ino son personajes que en la mayoría de mis fics, pasan a ser secundarios. No obstante, decidí tomar el riesgo de cambiar un poco esa parte y experimentar.

Una vez más, gracias por acompañarme en esta dramática y larga travesía. Nos leemos pronto.

¡Cuídense mucho! ¡Les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren!

¡Hasta la próxima!