¡Hola Corazones!

Al fin, después de tanto y tanto tiempo he vuelto a actualizar y se que me he tardado, espero me disculpen por la demora, además, que nuestra querida Rumiko me hará quedar como un zapato con Hanyo No Yashahime, ¡Ay querida mía! Quede xD

En fin, seguiré por la misma línea, como si fuera una A.U. ojalá sigan apoyándome y espero sus comentarios, preciosos y hermosos. Así que espero este capítulo les guste mucho más. Sin más espero lo disfruten.

Los personajes de Dragón Ball Z no me pertenecen, son propiedad de AkiraToriyama al igual que los personajes de Inuyasha son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados por entretenimiento.

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Capitulo: 62-64 INUYASHA

Michael Jackson — Heaven Can Wait

Advertencia: Ninguna

PD: Perdón si tengo algún errorcito de ortografía

PD2: Perdón por demorar tanto xD

XxXxXxXxX

El aire parecía disminuirse con mayor velocidad y la tensión en esa pequeña cabaña prolongarse al punto de aguantar la respiración, Aome intentaba contenerse a pesar de sentir esa incomoda necesidad de dejarse llevar, Inuyasha procuraba no moverse, cualquier movimiento podría descontrolar a la joven, mantenía su mirada fija, sin despegar sus ojos de la joven estudiante, el pequeño zorro aun en una esquina de la cabaña estupefacto por la acción repentina de su compañera. Tanto Milk como la vieja Kaede estaban atentas a cualquier movimiento que realizara la chica, ya había lanzado dos flechas a pesar de su estado debilitado y adormilado, el verla temblar estando en poción de ataque se lo confirmaba, todo podría pasar, ¿Cómo detenerla sin lastimarla?

—...I-Inu-yasha...—la flecha apuntaba al pecho del peliblanco y el rostro pálido de la chica empezaba a verse cubierto por una delgada capa de sudor, el tono negruzco de su cuello se hizo más notorio para la otra morena a medida que una energía maligna empezaba a rodear la cabaña. ¿De nuevo esa mujer?

—Esa mujer... —apretó la mandíbula sintiendo la impotencia cubrir sus manos, sin saber cómo actuar nuevamente ante una situación de ese calibre, un leve paso a su izquierda y ella se movió junto a él, desviando la flecha sobre sí, volvió a moverse y esta vez el nailon de aquel arco se tensó con mayor fuerza, frenando su movimiento.

"Quiere hacerle daño es a él"

—V-Vete... Inuyasha... —soltó casi en un susurro la morena, sorprendiendo su leve intento por proteger al chico.

—Ni creas que pienso dejarte aquí sola... —respondió en seguida el joven, lanzándose hacia la morena provocando que la flecha fuera disparada y que en esa pequeña fracción de segundo sus respiraciones se cortaran. Por poco y lo lastima.

—¡Hay que purificar los fragmentos! —grito la anciana cuando ingreso a la cabaña después de que la última flecha fuera desviada por Inuyasha y sujetara las manos de la morena —¡Rápido! —Milk se acercó empujando la parte trasera de las rodillas de la joven tirándola sobre el tatami, observando las manos de la anciana posarse sobre el cuello de la misma y con leves rayitos de luz rodear sus manos haciendo gemir de dolor a la morena. No parecía ser tan fácil ahora.

—¿¡Qué pasa!? —le susurro al acomodar parte del flequillo de la chica.

—La maldición que le lanzaron parece intentar matarla, sino purificamos estos fragmentos rápido no podremos sacarlos y quizás, llegue a lastimar a otros al perder su conciencia —advirtió con una pequeña mirada hacia el joven mitad bestia, al ser evidente el ataque que sufrió.

—Maldita sea, si aún no logran dar con esa sacerdotisa, tendré que ir yo mismo...

—Cálmate Inuyasha —alego la mujer sin dejar de fruncir el ceño mientras sus manos lentamente empezaban a temblar —si logramos controlar esta parte de los fragmentos podremos tomar un poco más de tiempo, pero mi poder se está volviendo insuficiente... si tuviéramos la mayoría de la perla podría hacer algo, pero es un caso perdido...

—No diga eso señora Kaede —parpadeo aun contrariada antes de alzar la mirada y ver aquella otra lucecita en la esquina de la cabaña, el recuerdo de ese fragmento paso veloz por su mente y no le importo seguirla sosteniendo, levantándose rápidamente y acercándose a su bolso, sacando aquel trozo de tela donde sus manos extrañamente también parecían sentir esa corriente desagradable provocarle un leve temblor —Podemos hacer algo más... —dijo para sí misma mientras giraba sobre sus talones y se acercaba a ellos. Era una posibilidad tonta, pero aun así podría funcionar.

—¿Qué tienes ahí? —Pregunto Inuyasha desconfiado, a pesar de intentar sostener a la morena sin llegarla a lastimar.

—Hace un tiempo encontré esto y lo conserve creyendo que era algo insignificante —desenrollo el trozo de tela mostrando aquel fragmento oscurecido y que irradiaba aquella energía oscura —Pero parece que no.

—¡Es un fragmento de la perla! ¿¡Como es que lo tienes!? —su ceño se frunció un poco más y un leve gemido de dolor de Aome les hizo desviar la mirada —Maldición... ¡Trae eso acá!

—Si intentamos purificar este fragmento también podríamos ayudar a Aome ¿No?

—No es suficiente, solo aquellas personas con poderes espirituales podrían hacerlo y yo ya no creo soportar mucho esta energía, es demasiado para mí...

—¡Anciana Kaede! —las manos de la morena apretaron el fragmento y sintió mucho más fuerte esa energía lastimar la piel de sus manos —solo dígame si podemos hacer algo, de ser así lo intentaremos...

—Hay que matar esa mujer, es la única salida que tenemos para ayudar a Aome —objeto cuando el cuerpo de la chica dejo de moverse y pareció volver a la inconciencia, casi burlándose en su cara al no poder hacer más que eso; ambas mujeres volvieron sus miradas y en una pequeña pelea de miradas la joven espero a cualquier indicación, apretando aún más sus manos y llevándolas al pecho por mero reflejo, tragando pesado al sentir su impotencia ¿Qué podría ingeniarse? Si apenas podía mantener un combate cuerpo a cuerpo, ridículo e inservible, todo era mucho más complejo, llevándola a un campo que poco, casi nada conocía, en absoluto, descendió la mirada y sus ojos se clavaron en la joven, débil y vulnerable, que a pesar de sus esfuerzos parecía dejarse vencer, suponía, que aquello también le era algo nuevo, después de todo, solo era una jovencita de secundaria.

—Podemos intentar algo —la chica levanto la mirada y el peliblanco chasqueo la lengua más permaneció en silencio —tienes un fragmento de la perla bajo tu poder y si Aome no dijo nada es porque algún motivo tendría —la anciana pauso su habla, trago pesado y se tomó un par de segundos, dejándolos en silencio casi martirizante, no tenían tiempo para perder... —Acaso... ¿Puedes ver los fragmentos de la perla? —indago señalando el cuello de la joven que a simple vista solo se visualizaba un par de puntitos sobre su piel, era evidente para ella, pero ver ese creciente color negro expandirse con aquella zona le decía que no cualquiera podía notarlo... ¿Estaría mal contestar afirmativamente sin saber exactamente que podría significar? Se quedo en silencio, mordiendo su mejilla interna, debatiendo si en verdad era bueno expresarlo y que de todo lo que había estado pasando tenía cierta responsabilidad sobre su espalda, no estaba segura, pero debía hacer algo, por lo menos al simpatizar con ellos. Lentamente asintió y sus músculos se tensaron cuando el aliento de la mujer parecido también frenarse —siendo así, canaliza tu energía e intenta purificar ese fragmento de la perla... —los ojos de la joven se abrieron en sorpresa y el peso de la mirada de la mujer la hizo tambalear ¿Podría acaso hacer algo así?

—¡Es absurdo! Solo las sacerdotisas y monjes experimentados pueden hacer algo así, ella no puede hacerlo, ni siquiera Miroku...

—¡D-Déjame intentar! —le interrumpió de golpe, mirándolo sobre el hombro, incluso más dudosa que el mismo, pero dispuesta a hacerlo, solo para poder despejar esa duda, aunque fuese un poco —sino funciona, ya sabremos qué podemos hacer, de lo contrario sería un plan B para ayudar a Aome —trago pesado, el rostro del peliblanco pareció descomponerse, viéndola confundido y con cierto rasgo de incredibilidad, pero en ese momento paso en su mente aquel pequeño entrenamiento que tuvieron, aquel que parecido casi enloquecerle cuando la situación escapo de sus manos y se sintió perder a la joven entre un manojo de bestias, pero podía sentirlo, podía apreciarlo cada día que la veía avanzar junto a ellos, reconocía en cada momento a pesar del poco tiempo, ella llego a implantarle un deje de curiosidad, era como verse así mismo muchos años atrás, aprendiendo de errores y obligándose a luchar por sobrevivir, tenía una voluntad de hierro.. volvió a chasquear la lengua y se sentó bruscamente sobre aquel tatami.

—Hazlo entonces... —se vio un poco sorprendida, pero no dijo más, cerro sus ojos y soltó el aire contenido por la boca, concentrando su energía de su ser intentando encontrar aquella energía propia de purificación, encontrando poco tiempo después una diminuta energía rosa que se escondía entre la demás que se hallaban en su interior, su ceño se frunció y el nerviosismo pareció perderse cada que esa energía crecía ante sus ojos, como si al profundizar descubriera su verdadera amplitud, era increíble...

Empezó a guiar esa calidez por todo su cuerpo, encaminándola hacia sus manos y que esta intentara salir lo más suave posible por cada uno de sus poros a pesar de que a cada segundo sentía su cuerpo relajarse aun en contra de su voluntad, la vista en unos segundos pareció cambiar y leves recuerdos llegaron a su mente, donde los paisajes, el sonido del agua y la tranquilidad del viento parecía dificultarle más su trabajo, si es que aquello lo podría denominar así, montándole al final la figura de su madre entre un matorral de flores. Sus ojos se abrieron de golpe y sus dedos dejaron de temblar, sin recordar en que comento estas habían empezado a hacerlo, abrió lentamente sus manos mostrando aquel brillo fucsia que tanto caracterizaba a la perla, asombrándola a ella y a sus dos únicos testigos. Lo había logrado...

Sus mejillas tenuemente habían tomado color y sus ojos parecieron adormilados ¿Cómo es que lo había logrado al primer intento? Aun no comprendía, más algo en su interior parecía saber la respuesta sin querer informarle.

...Milk..

—Inuyasha... —la voz de la joven volvió a escucharse, despertarlos del tenue letargo en el que parecieron haber entrado, enfocando nuevamente la razón de aquel acto, Aome, sus ojos apenas y se habían abierto encontrando su forma natural a pesar del malestar que sentía.

—Has vuelto en sí, Aome... —dijo el peliblanco, la joven tembló tenuemente y asintió intentando levantarse de ese lugar, más la anciana Kaede se había mantenido al margen aun observando a la otra chica que apenas y lograba controlarse al verse expuesta ante sus ojos, o eso creía.

"Logro purificar el fragmento sin mucho problema y su esencia se me hizo demasiado familiar..."

Cerro los ojos, alejando sus manos de la joven al confirmar que aquella intercepción había logrado ayudarla al mantenerse tan cerca y que, a pesar de débil estado de la estudiante, esta también luchaba por no dejarse vencer, era admirable...

—¿Y ahora que vamos a hacer? —el pequeño zorrito que se había mantenido al margen de todo, rompió tal incomodo silencio, casi con una voz más aguda de la que ya tenía, pero recordándoles que se debía actuar rápido. No tenían asegurado el tiempo.

—Hay que ir a buscar esa mujer... —Inuyasha se puso de pie exhalando un fuerte quejido, pero sintiéndose aliviado que por ahora la joven hubiese salido de aquel estado en el que esa sacerdotisa la había mantenido.

—Y-Yo también... quiero ir... —termino de incorporarse, pero el mareo y las náuseas se hicieron evidentes, no estaba en condiciones para estar cerca del peliblanco, podría volver a recaer y atacarlo nuevamente.

—Pero Aome, estas muy débil, no deberías moverte —Shippo logro detenerla al subirse a su regazo y tocar el rostro de la morena, su fiebre había aumentado.

—Yo iré con Inuyasha —contesto la morena apretando el fragmento en su mano y miro al hombre —Creo saber quién es esa mujer y los demás están allá, algo debe estarles impidiendo avanzar —volvió la mirada y con un leve empujo logro recostar a la joven de nuevo — Shippo, tú y la Señora Kaede cuidaran de Aome, nada nos asegura que vuelva a ser manipulada, por eso hay que actuar rápido.

—Esto es ridículo... —alego para si el peliblanco, cuando la morena se puso de pie y se acercó a él.

—¿Entonces que sugieres? Que llevemos a Aome hacia esa mujer, para que la mate más rápido —los ojos de sorpresa de hombre la miraron, sin haberse esperado que esta tomara tan mal sus palabras —sino estoy mal, están a unos ochenta y tres kilómetros de aquí o un poco más, sus energías llevan tiempo sin desplazarse... —alego cuando cerro sus ojos y busco la presencia de la rubia, casi confirmando su ubicación, si por lo menos tuviera algún vehículo a la mano, seria genial para ella... —si es así, la distancia debe ser un factor de tiempo, a mayor lejanía más complicado puede ser manipular a Aome, o eso creo, si quería lastimarte no hubiera esperado tanto tiempo —calculo al ver la oscuridad del cielo hacerse aun mayor al correr de los minutos. Su cerebro se había encendido.

—Entonces démonos prisa, puede que no le dé más tiempo a Aome —el peliblanco volvió la vista a esta y apretó tenuemente su mano, camino hacia fuera de la casa y espero que la morena le siguiera.

—Milk —la mujer la hizo girar a verla mientras esta extendía el carcaj y el arco tendido del suelo —lleva estas flechas, puede que las llegues a necesitar —la mirada de la morena se desconcertó un poco, pero no se negó, guardo el fragmento en su bolsillo y tomo aquella arma —intenta mantener ese fragmento purificado, cuando estés cerca a la perla puede que este tome su energía con mayor facilidad —la joven asintió y se acomodó el carcaj en la espalda—yo no dejare de intervenir, si los fragmentos no se oscurecen por completo tendremos una oportunidad...

—Bien, confíen en nosotros... —salió de la cabaña y para su sorpresa el joven se hallaba en canclillas, en su espera —¿Qué haces?

—No hagas preguntas tontas y sube, no hay tiempo... —le hubiera encantado objetar, pero este tenía razón, aun corría más rápido que ella.

.

.

.

A pesar que el camino no se le había hecho muy largo al ir sobre aquella gata habían tenido que frenar su andar cuando esta no pudo seguir avanzado, un enorme campo de energía se interponía en medio del bosque y la presencia de criaturas parecer entre cada árbol reforzando el mismo campo... Como si los estuvieran esperando.

—Sera imposible atravesarlo —el monje mordió su mejilla mientras apretaba el collar que rodeaba su mano derecha —tendré que adsorber a todas estas criaturas primero —tiro del collar dejando libre su mano extendiéndola hacia la parte inferior de ellos empezando a atraer a los monstruos que rodeaban el lugar, la rubia le miro entre sorprendida y nerviosa, desvió su mirada de nuevo hacia el campo de energía y apretando el hombro de la exterminadora como algún tipo de aviso y contando con la distracción del hombre a sus espaldas vio una parte del campo libre de esos seres, así que de un leve impulso salió de entre ellos brincando hacia la cúpula que formaba esa energía.

"Sé parece al campo de fuerza que crea Vegeta, no debe ser difícil quebrarlo"

—¡Espera 18! —grito la exterminadora antes de ver como la energía de por si repelaba a la chica no antes sin darle una pequeña descarga de energía para, dio una pequeña voltereta en el aire y se abrazó a si misma al frenar quedando suspendida en el aire de cabeza viendo las tenues líneas de vapor que salía de su cuerpo. Se había equivocado... debía dejar de pensar que entre ambos mundos las cosas eran similares.

—Mierda... —se enderezo y aunque avergonzada empezó a descender hasta sentir el suelo en sus pies y las criaturas que no lograron ser absorbidas por el monje revolotear una última vez y escapar del lugar.

—¿¡Estas bien!? —le grito la exterminadora desde arriba de Kirara, haciendo que el monje descendiera su mirada sin entender cómo es que la rubia había llegado allí, se había concentrado demasiado en la técnica maldita de su mano, que no la había notado desaparecer de su cercanía. La androide le asintió a la castaña mientras volvía a acercarse al lugar, lo suficiente para intentar tocar recibiendo de nuevo un latigazo de energía —No podremos atravesar el campo, así como así, excelencia —le miro por sobre el hombro y bufo intentando buscar como romper aquella barrera, mordió su lengua y bufando volvió su vista al frente —intente dispersar ese campo por favor.

—Lo intentare... —saco un par de pergaminos de su vestido y conjurándolos rápidamente los lanzo hacia el campo de energía —intentémoslo ahora... —la castaña vio los trozos de papel sobre este y dudo de si algo tan simple funcionara, mas esta vez era su turno de intentar, le dio un par de palmaditas a la enorme gata y esta se acercó al campo de energía, si quiera pudieron ingresar medio metro antes de que los pergaminos se consumieran por completo y que este los expulsara de igual manera —¡Ah!

—Así será imposible... —comento para si la rubia mientras estiraba una de sus manos empezando a reunir energía en la palma de su mano izquierda —quizás esto sirva... —apunto hacia el borde de la barrera, intentado cruzar bajo el campo para así poder ingresar sin mayor problema.

—Hazte a un lado — el tono de voz femenino a sus espaldas la hizo tensarse al no haber sentido alguna presencia cerca, miro por sobre su hombro, sin poder disimular su sorpresa, casi la misma cara de esa chiquilla, pensó al ver a esa mujer caminar a paso calmo hacia ella, portando un traje tradicional blanco y rojo y con un arco en la mano, más al ir parpadeando se dio cuenta de algo que en todo lo que llevaba de vida no lo percibió, excepto con algunos de los androides base que había creado el Doctor Gero.

"Esta mujer no está viva"

Su energía vital era casi inexistente, era como una marioneta con conciencia propia, podría jurar que sintió un cosquilleo recorrer toda su columna como si acabara de ver un espectro, se giró a verla, repasándola de pies a cabeza sin comprender realmente que significaba eso.

—Tu...

—Dije que te apartaras... —la joven morena se acercó más, mirándola fijamente intentando también reconocer la energía de la rubia viendo como algo en ella tampoco cuadraba, su cuerpo Expedia energía en algunos puntos y su aura era bastante superior a las demás criaturas que hubiese llegado a conocer, mas no comprendía como un rompecabezas podía estar como si nada en un lugar así, definidamente esa mujer no era aledaña al lugar. Soltó un suspiro y siguió caminando esperando comprender aquello más adelante, con más calma.

La rubia retuvo su respiración por un segundo, cuando el cabello negro de la mujer se meció tenuemente por el movimiento al caminar al dejarla atrás logro atravesar con suprema facilidad aquel campo de energía, como si no hubiera nada en medio, humillándola al instante.

—¡Señorita Kikyo! —grito el monje al también haber detectado la figura de aquella mujer —¿¡Que está haciendo aquí!? —alego cuando decidió saltar de la enorme gata y casi posarse al lado de la rubia, pero aquella morena lo ignoro tácitamente.

—¿Quién es esa mujer? —pregunto rápidamente mientras Sango también descendía de Kirara —Parecía estar muerta —soltó cortante viéndola alejarse del otro costado de la barrera.

—Si, sabía que te darías cuenta de eso 18—dijo la joven exterminadora enterrando su Hiraikotsu en el césped.

—Esa mujer es la antecesora de la señorita Aome —su ceño se frunció y el suspiro desganado del monje pretendió explicarle lo que hasta el momento la rubia había ignorado — su reencarnación.

—¿Su qué? —por un pequeño segundo su cerebro no quiso funcionar a la misma velocidad, obligándose a preguntar de nuevo, frunciendo el ceño y ladeo su cabeza, necesitando más información.

—La señorita Kikyo como antepasado de Aome tuvo algún tipo de relación amorosa con Inuyasha, pero por culpa del maldito de Naraku ellos se "Mataron" mutuamente, o eso escuche, fueron engañados, provocando que la señorita Kikyo muriera por una grave herida y que Inuyasha fuera sellado por casi 50 años —el monje se cruzó de brazos sin soltar su cetro y mirando el campo que no les permitía ver mucho mas de su interior sino apenas unos metros—hace poco fue revivida por una bruja que pretendía utilizar sus poderes sobrenaturales, pero no le resulto, ahora ella como nosotros estamos buscando dar con Naraku, pero, ella va por su lado, o eso es lo que creemos. Es extraño porque no sabemos si esta de su parte o de la nuestra, a pesar de ser el antepasado de la señorita Aome sus personalidades son diferentes... —muda quedo la rubia cuando proceso esa información y casi como un golpe las figuras de ambas morenas se paralelizaban en su mente encontrando más semejanzas físicas de las que hubiera esperado, que si no fuera porque estaba más atenta al descubrir porque esa marioneta caminaba por si sola en aquella época hubiera comparado los rasgos de ambas morenas.

"Genial, ahora eran dos"

—Es complicado, no es alguien fácil de tratar y escasamente tiene contacto con Inuyasha, a pesar que de alguna manera Aome es como su familia, no se llevan bien —admitió la castaña, casi como un secreto teniendo la afirmación del monje, esperando que aquella información quedara como un chisme pasajero, pero necesario. Era todo un caos.

Un asentimiento y esta se irguió y suspirando ignoro lo demás y volvió a enfocarse en lo realmente importante, Tsubaki y su estadía en ese lugar, después tendría tiempo de inmiscuirse en ese tema, sin embargo, algo volvió a su mente después de tanto tiempo y aunque no espero que algo así pudiera relacionarse podría suponer que todo empezaba a ponerse en su lugar.

"No tienes idea de cuanto te pareces... demasiado diría yo"

Fue lo que dijo aquella vez esa mujer cuando las capturaron en el templo de Kami-sama, se había aparecido de la nada, solo para verla, quizás en su momento pensó que era una mera casualidad que su compañera se pareciera a la joven estudiante, pero al tener esa nueva información se le hacía más complejo entender, habían terminado en un Japón demasiado antiguo para su época y de la nada aparecían dos mujeres que de por sí podría calificar como una misma, que de alguna manera que aún no asimilaba del todo tenía conexión con su compañera más de 1500 años en el futuro ¿¡Que significaba todo eso!? Por qué de la nada había aparecido Tsubaki y atacaba a Aome, su mente se había confundido creando más preguntas de las que ya tenía. Pero de algo si estaba segura. Todo allí tenía su conexión y como antes pensó, el parecido no podía simplemente calificarse como casualidad, que parte de la ecuación se reusaba a encajar,

"Maldita sea, Milk ¿Cuál es tu objetivo aquí?"

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.

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Un par de brincos más había sido suficiente para que aquella morena sintiera la energía de rubia a escasos metros, indicándole de nuevo al peliblanco por donde encaminarse, aferrándose al traje de este con el arco en su mano libre.

—Estamos cerca, pero... —frunció sus cejas un poco a pesar de ir entre los árboles, cuando la sensación de preocupación creció y una energía enorme se formaba cual barrera frente a su compañera.

—¿Pero que? —cuestión el chico, acelerando una vez más su andar sacudiendo sus cabellos sobre el rostro de la morena, mas esta no le tomo importancia, solo se acercó un poco a sus orejas mientras apretaba la tela entre sus dedos.

—Hay una energía enorme junto a ellos, no sé si es por algún monstruo o algo parecido.

—Debe ser algún campo de fuerza, quizás por eso no se han movido de su posición.

—Puede ser, pero no comprendo aun del todo bien...

—No importa, tendremos que atravesar ese campo, yo también siento una energía maligna cerca —volvió a brincar mucho más alto, evidenciando la nubosidad del cielo y un muro azulino opaco a la distancia en medio del bosque —¡Alla es! —Afirmo el peliblanco acelerando una vez más su paso, llegando a ellos en cuestión de segundos.

—¡18! —grito la chica aun en las espaldas del chico cayendo sobre el césped poco después, aliviada de asegurarse de su bienestar.

—¿¡Que estás haciendo aquí!? —alego cuando esta descendió de las espaldas de este y corría hacia ella.

—Teníamos que venir, Aome se ha puesto peor y no resistirá por mucho tiempo —todos la miraron con sorpresa a pesar que el peliblanco gruñera a su lado —intento dañar a Inuyasha, intentan manipularla por medio de los fragmentos.

—Tenemos que apresurarnos entonces, intentamos ingresar a este campo de energía, pero es más difícil de lo que pensamos, es muy resistente, repela cualquiera de nuestros intentos —señalo el joven monje sacando muchos más pergaminos de entre su traje —si tan solo la señorita Aome estuviera cuerda podría intentar desvanecer este campo con alguna de sus flechas igual que la señorita Kikyo.

—¿¡Como que Kikyo!? —interrogo el peliplata —¿¡Ella estuvo aquí!?

—Si, llego de la nada y traspaso el campo, pero no lo desvaneció —con esas palabras el monje logro descolocar al peliblanco que corrió hacia el mismo campo de energía, sacando su espada para atravesarlo—¡Espera Inuyasha! —alego al ya imaginar que pasaría con aquel ataque, siendo solo segundos para que el chico saliera igual de expulsado por aquella energía soltando un grito de dolor al caer casi de cabeza a unos metros de ellos —le dije que se detuviera...

—¡Maldito campo de mierda!

Un corrientazo apareció en su pierna izquierda haciéndola buscar el causante con sus ojos, hurgando en su bolsillo sintiendo aquella onda de energía volver a tomar fuerza y casi con urgencia exponer aquel fragmento de la perla frente a todos, viendo morir aquel brillo que había recuperado en la aldea de la vieja sacerdotisa.

—¡Se está oscureciendo! —le grito al chico de rojo, de un brinco volvió a estar a su lado, frunciendo el ceño y boqueando un par de veces.

—¡P-Pues has algo! ¡Purifícalo! —enterró la espada sobre el césped y recibió el arco que la joven le extendía, acuno el fragmento en sus manos ahora si temblorosas y volviendo a pegarla al pecho cerro los ojos e intento concentrar de nuevo su energía.

—¿Qué significa esto? —comento la rubia cuando reconoció aquel trocito de vidrio que la morena había encontrado ya hace tiempo —¿En verdad puede hacer algo así?

—Si, no sé dé donde lo saco, pero tenía un fragmento, la anciana Kaede le dijo como hacerlo y logro purificarlo, por eso también decidimos venir —Inuyasha se hallaba mucho más impaciente de lo que expresaba, pero no sabía si al estar tan cerca ella podría hacerlo, era demasiado novata.

—No la presionen, si logra hacerlo, podrá desvanecer el campo, aunque sea un poco, así podremos entrar también —la castaña se acercó a ella y toco uno de sus hombros —solo concéntrate.

—¿Crees que pueda desvanecer el campo? —su mirada dorada se desvió sobre la castaña, haciéndola entreabrir los labios, pero su rostro logro afirmarlo.

—Purificar un fragmento de la perla no es tan fácil, requiere de mucha energía espiritual y hasta el momento solo he conocido que pueda hacerlo Aome y la señorita Kikyo, entonces puede ser una posibilidad si ya lo hizo antes.

—Bien... Volvió la vista sobre la chica y esta como si hubiera ignorado toda la conversación, soltó un suspiro y un poco más nerviosa dejo ver el fragmento, soltando una pequeña sonrisa cuando este se vio nuevamente limpio y brilloso.

—...Lo hice... —su rostro se levantó orgulloso y con mayor confianza que antes, recibiendo un asentimiento por parte del chico bestia

—¿Crees poder desvanecer ese campo Milk? —La sonrisa de la chica desapareció y su vista se desvió hacia aquella barrera rápidamente negando. Era demasiado para ella...

—¡Claro que sí! toma las flechas que te dio la vieja Kaede y hazlo —empujo el arco hacia la joven haciéndola retroceder.

—¡Inuyasha! No debes ofuscarla —reprendió el moreno, colocándose al otro costado de la chica, tocando su hombro libre —solo inténtelo Señorita Milk —recibió una pequeña mirada en desconfianza, pero al no hallar otra opción, busco en los ojos de la castaña, pero al igual que el par de chicos parecían dejar en sus manos aquella tarea, sintiendo más presión de la que creía pero logro asentir antes de buscar los ojos de la rubia que con una ceja arqueada esperaba expectante a que podía llegar con solo esa canalización de energía. Sería interesante.

Guardo el fragmento en su bolsillo y sujeto algo dudosa el arco, abriéndose camino para estar a pocos metros de la enorme barrera, llevo su mano sobre su hombro derecho y sintiendo las plumas de aquellas flechas, soltó un leve jadeo y sujeto una, alineándola sobre el arco como creía correcto, tenso el mismo y sujetando con fuerza la flecha y el nailon para que mantuviese la misma trayectoria que apuntaba sus brazos, soltó otro jadeo y concentrándose de nuevo busco drenar su energía por medio de aquella arma y al exhalar el aire la dejo ir, una especie de arco de luz escarchada se formó cuando la flecha se alejó de ella, desapareciendo tan rápido como aparecía, no llegando siquiera a rosar el campo de energía pero este logro desestabilizarse por la cercanía formando un par de grietas cual cristal.

¿Qué significa todo eso?

—No me lo creo... —alego la castaña mientras una pequeña sonrisa adornaba sus labios —hazlo de nuevo, pero sube un poco tus brazos y acerca la flecha al hombro —la morena asintió y sujeto otra flecha volviendo a alinearla junto al nailon, estirándola hasta casi rosar su hombro derecho, tan cerca de su rostro consiguiendo un mayor Angulo de mira, optando por estirar uno de sus dedos para que la flecha no se desviara al soltarla y se sostuviese con su propio falange, elevo un poco más los brazos tal cual le dijo la castaña y exhalando de nuevo volvió a disparar la flecha, viendo un poco más de luz violácea rodear la flecha y traspasar el campo de energía, destruyendo su estructura cual taza de porcelana y que una neblina oscura se esparciera violentamente, agitando sus cabellos al salir, teniendo que cubrir su rostro mientras los vellos de su cuerpo se erizaban al sentir aquella energía conocida rodear toda la zona.

"Ya no podía duda, en verdad era ella".

—¡Hay una cabaña en su interior! —alzaron la mirada, por una extraña razón el lugar se sentía mucho más frio y los árboles que los cubrían parecían morir lentamente, más el leve golpeteo sobre la madera los alerto, se fueron acercando a pasos lentos y el fragmento en el bolsillo de la morena parecido retomar aquel color oscuro que hace poco había desvanecido, más ella solo apretó levemente su bolsillo y acelero el paso quedando a escasos metros, donde lentamente una puerta se abría y dejaba ver la figura curva de una serpiente albina enrollarse sobre otra.

—¿¡Quién diablos eres!? —alego el peliblanco —¿¡Eres aquella malvada sacerdotisa!? —una tenue sonrisa y la figura de esta se mostró altiva e imponente, con sus cabellos blancos y su vestimenta oscura.

"¡Es ella"

La piel de ambas chicas se erizo más de la cuenta, mientras sus ojos se fruncían en pavor, encogiéndose sus pupilas y sus mandíbulas se apretaban para no cometer alguna imprudencia, después de tanto tiempo volvían a verse frente a frente.

—¡Maldita basura! —chisto la rubia al posicionarse y por inercia tronar sus dedos —Te matare — su voz salió casi ahogada, sintiendo la verdadera impotencia de aun no poder arrancarle la cabeza.

—No te atrevas a acercarte mujer —le advirtió sin importarle fijarse en ella, alzando su mano hacia aquel animal sobre sus hombros, haciendo que este de entre sus fauces dejara caer la oscurecida perla que ocultaba en su interior — si yo lo quiero puedo asesinar a esa chiquilla llamada Aome en un segundo —su voz pareció un hielo en sus espaldas, su mano se estiro hacia ellos mostrando la perla —la maldición continua, no se equivoquen en retarme.

—Maldita, que truco más cobarde —las manos del chico de rojo se afretaron impotentes, teniendo que optar por no recurrir a su espada en ese momento.

—Inuyasha, quien pensaría que tu amada Kikyo vino hasta aquí para conservar tu asquerosa vida, pero, un simple cadáver no puede hacerme frente ¿Puedes creer eso? —el animal se enrollo en su brazo al apretar la perla en su mano —pronto los mandare a todos al mismísimo infierno, donde nunca debió salir esa mujer —una horda de bestias salió de entre el bosque, alertándolos y desviar la atención de esa mujer.

—¡B-Basta! —grito la morena por primera vez, a pesar de que sentía todas esas criaturas rodearlos y amenazarlos con sus colmillos y garras, más la impresión de volver a verla realmente después de tanto tiempo superaba el deseo de supervivencia, solo deseándola muerta entre sus manos, sin siquiera fijarse sus colmillos se sobreexpusieron y sus hombros temblorosos la hicieron encogerse en su lugar, haciendo que el fleco ya más largo le tapara buena parte del rostro —¿Como te atreves a lastimarla? ¡Maldita bruja! —levanto su ceño fruncido, lleno de ira, no pasando desapercibido por aquella mujer que al detallarla no pudo comprender porque esa expresión iba hacia ella y su aura parecía combinarse extrañamente ¿Cómo definir algo que jamás había visto? ¿Quién era esa mujer? —Me destruiste y ahora lo haces con una niña inocente —apretó con fuerza su bolsillo sintiendo como su energía se drenaba, mas no pensó que esto también llegase a afectar la perla preocupando a la mujer de cabellos claros, que rápidamente frunció el ceño y dejo que el veneno de aquella serpiente resbalara sobre su piel y con solo entreabrir sus dedos los rastro de purificación lucharan por no volverse a desvanecer gracias a su maldición, confundiéndola si saber si era esa mujer, la visita que tuvo de Kikyo o su contraparte luchando por no morir —¡Eres un demonio! —bufo ante su comentario y aunque sorprendida, sabía que lo que menos debía hacer dejarse llevar ante sus emociones.

—Cállate, si quiera se quién eres... —sus pasos descendieron lentamente por la pequeña escalera de la cabaña y el viento meció sus cabellos —pero, hare lo que sea necesario por obtener la perla de Shikon entera... —su ojo derecho lentamente fue mostrando una marca azulada que estropeaba su pulcra piel mientras su ojo derecho lentamente dejaba salir un brillo rojizo y una nube blanquecina se asomara por este, haciéndola sonreír —Los matare a todos... —la nube se lanzó hacia ellos obligándose a retroceder y no dejarse caer por el impacto sobre el suelo, saliendo una bestia enorme, de garras y colmillos afilados, con una abultada melena albina.

—Un demonio... —el primer ataque se hizo efectivo, la criatura en un par de zancadas ya los había atacado y los demás seres dificultarles la huida, teniendo como única opción saltar hacia el bosque para obtener mayor distancia entre cualquier posible ataque.

El ceño de la morena se frunció cuando se escudó de un ataque de un monstruo con sus dos ante brazos, optando por golpearlo con el arco que aún tenía en su mano, al comenzar a descender una sensación de ser observada la hizo girar el cuello encontrando lejos de la cabaña la figura glacial de aquella mujer pelinegra que no espero volver a ver, esta vez observándola directamente conectando su mirada helada antes de perderla al estar cada vez más cerca del suelo

"Es ella de nuevo, Kikyo"

Intento buscarla de nuevo al dar apenar un par de pasos, pero la situación no se la ponía fácil, no quedándole de otra que concentrar todo su ser en el verdadero problema, Tsubaki, sin embargo, su cabeza le gritaba cada que lograba captarla con la mirada al esquivar bestias en el campo de batalla, intentado comprender la conexión y por qué esta mujer había decidido ir sola en vez de llevar alguno de sus nuevos aliados ¿Acaso en verdad no la conocía? ¿Qué no estaba comprendiendo?

—No te atrevas a usar esa espada Inuyasha o Aome morirá —la sensación de la verdad en sus palabras freno al chico cuando intento deshacerse de todas las molestias de un solo ataque y así quedar frente a frente a la enorme criatura, que en un leve gruñido decidido ser su ahora único atacante, alejando de un par de coletazos a cualquier criatura que pretendiera interferirse, la risa de la sacerdotisa lo ofusco y el monstruo emprendió ataque contra él, gruñendo fuerte y alistando sus garras queriendo rebanarlo.

—¡Maldita sea! —la rubia rápidamente nota aquella situación formo una esfera de energía en su mano y lazándola contra un cumulo de monstruos, destruyéndolos al contacto, terminando está contra la enorme bestia derribándola momentáneamente a escasos centímetros del peliblanco, que tuvo que cubrirse para no aspirar la nube de polvo que se había formado, retrocediendo cuando vio demasiado cerca, para sorpresa de ambos la criatura entre retorcijones se fue levantando dejando ver el interior de su cuerpo y como aquel daño parecía haberlo dejado fuera de combate, gran error, los musculo del animal se fueron regenerando a una velocidad pasmosa y aunque se veía asquerosa su recuperación, no era algo de lo cual prestar mucha atención y menos cuando este se vio más enojado y de pie, listo para atacar.

"Mierda"

—¡Insolentes! Ninguno de ustedes podrá destruir a mi demonio —su ojo volvió a iluminarse y una horda mayor de monstruos salió de su interior, formando una barrera a su alrededor—¡Mátenlos!

—¡Aun lado! —el Hiraikotsu abrió una pequeña brocha en aquel ejército de bestias, dispersándolos sobre el claro de ese bosque, teniendo que luchar cada uno por su cuenta si quería evitarse alguna herida de gravedad —¡No la pierdan de vista! — una de las criaturas intento enrollar a la castaña, recibiendo el golpe directo de su bumerán y de nuevo despejar el campo de visión, cuando a escasos metros la rubia les cubría la espalda a los demás con sus esferas de energía y la morena intentaba avanzar hacia la cabaña, si lo lograba podría purificar la perla y salvar a Aome, asintió para sí sola y recibió de vuelta su arma, enfrentándose al resto de criaturas esperando que la morena corriera con mayor suerte.

—¡Mientras más se opongan más dolor recibirá esta chiquilla! —grito a pesar de verlos ocupados con la cantidad de criaturas, casi burlándose al no tener más opción que jugar a su juego, se relamió los labios sintiendo el sabor amargo de su labial y apretó su mano izquierda sobre su inseparable compañera, dilatando sus eyectores de veneno dejando caer un poco más de esa sustancia sobre la perla, si la llegaba a matar no tendría modo de saberla y así podría disfrutar del espectáculo un poco más.

"Morirá rápido, ya no le queda mucho tiempo"

No se percató de los pasos golpear fuerte el suelo, no se percató del cuerpo ir en su dirección por el ruido del combate, no se percató al estar su vista fija en la perla y para cuando su serpiente le alerto ya era demasiado tarde, esa mujer que no hace mucho le había confrontado estaba a escasos metros, lejos de la pelea y con el arco listo, apuntando en su dirección.

—¡Detente! — la flecha estuvo en microsegundos frente a ella, decapitando a su serpiente antes de que el veneno suficiente cayera sobre la perla dejando solo un tenue rasgo violáceo en su pobre intento de esquivarla. La flecha se incrusto en la madera de la cabaña vibrando por la fuerza y velocidad que había tomado en tan corta distancia, dejando a Tsubaki anonadada, buscando esa figura rápidamente que en ningún momento se había detenido y que de un salto ya se hallaba sobre ella, quedando a escasos centímetros, uniendo ambas miradas llevando su adrenalina al límite al verse en tan corta distancia, siendo apenas un parpadeo, donde el tiempo se detuvo y pareció aislarlas en otro lugar, siendo solo oscuridad y que las prendas que tenían hubiesen tomado un tono claro, casi como si fueran unas simples Yukatas y que la posición de sus cuerpo cambiaran al segundo parpadeo, distorsionando su ubicación teniendo que girar sobre sus espaldas en busca de la otra al ya no verla, tan rápido como esa extraña condición se los permitiera, sintiendo sus corazones palpitar lento y sus cabellos mecerse ante el viento que no había lograban sentir, entreabriendo sus labios visualizando por medio de los mechones de cabello como ambas parecía hacer el mismo movimiento, acercando sus extremidades superiores para darle alcance a la otra, mas, tan solo fue necesario un rose para sentir sus cuerpos arder y el aire escaparse de sus pulmones —¡Ahh! —gritaron ante la horrible sensación, saliendo disparadas a lados opuestos, destruyendo parte de la pequeña cabaña por la presión del aire que había salido de aquel contacto, trayéndolas nuevamente a la realidad.

El impacto los alerto, buscando el origen de aquella explosión viendo ambos cuerpos tirados en el suelo y la perla de Shikon deslizarse de la mano de la aun desorientada Tsubaki.

—¡La perla! —el grito la hizo reaccionar, avanzando a gatas hasta donde había terminado la joya, contemplando impotente como cada rastro de su maldición se esfumaba en delgados hilos de humo, recuperando aquel color claro que la caracterizaba.

"Se ha purificado"

Chasqueo su lengua y un tanto magullada se puso de pie, impotente, la sangre que había reunido ya no queda ni un leve rastro, perdiendo aquel encuentro sin tener que la pudiese respaldar, frunció más el ceño, buscando fúrica la figura de aquella mujer, hallándola no muy lejos de ella, incorporándose lentamente.

"¿¡Quien demonios es esa tipa"

Bufo exasperada haciendo un movimiento brusco con su mano libre, llamando al demonio albino que se fragmento en un montón de criaturas, lanzándose hacia ella, encerrándola entre una enferma de monstruos emprendiendo rápidamente huida. Tendría que ingeniarse algo más apropiado.

—¿¡Adonde Diablos crees que vas!? —alego la rubia formando una esfera de energía en su mano derecha lanzándola hacia el cumulo de bestias haciéndolos explotar y que los trozos de carne cayeran sobre lo que quedaba de la cabaña, más la figura de la mujer aun segua latente entre una de las criaturas que la llevaban con mayor velocidad lejos de ellos —Maldita sea... —chasqueo la lengua y giro sobre sus talones dirigiéndose en un par de zancadas hasta la morena que medio temblorosa ya se hallaba de pie, sacudiendo sus prendas e intentando calmar su respiración. ¿Qué Diablos había sido eso?

—¿Esta bien? —la mano de la morena había sido sujeta por la rubia además de que su otra mano había prensado sus dedos tras su codo para ayudarla a sostenerse, mientras lograba asentir y soltar un suspiro de cansancio, se sentía agotada a pesar de no haber hecho gran cosa. Aun intentaba comprender que había pasado y porque se sintió estar en otro mundo aquellas milésimas de segundos —oye...

—Si, sí, estoy bien, si notaste... que... —boqueo mientras movía su brazo, buscando como explicar, lo evidente para ellas, a pesar de que eran la misma persona, había cosas que no encajaban, como el color de su cabello y por qué parecía simplemente ignorar su presencia. Además del extraño sucedo de hace pocos minutos.

—¿Qué No nos reconoció? Si, si lo note... —empezaron a caminar y aunque la chica portara el carcaj en su espalda, parecía no existir rastro del arco que había traído consigo, una pequeña mirada a sus espaldas, pero al no hallar nada lo desecho y siguió sosteniéndola hasta asegurarse que podría caminar por su cuenta sin ninguna dificultad.

—Estamos ignorando algo, 18, hay algo que no encaja... ¿Crees que esta Tsubaki en verdad no nos conozca?

—No lo sé... —llegaron junto a los demás y con sonrisas leves se sentían más aliviados al saber que la perla había desvanecido la maldición hacia su compañera.

—¡Muchachas! ¿Ambas están bien? —asintieron con firmes a la exterminadora, un leve empujón del peliblanco señalo demasiado cerca con una de sus garras a la morena, rosando su nariz a pesar que retrocedió todo lo que su cuello le permitiera.

—No mientan, había muchos bichos aquí —escondió sus manos entre sus mangas después de un bufido —Tsubaki no quería hacernos la tarea fácil, pero, se ve que no le dejaste de otra... —una sonrisa torcida y les dio la espalda empezando a caminar —andando, tenemos que asegurarnos que Aome ya se encuentre mejor.

—Te puedo asegurar que está estable, su Ki es débil pero no estoy familiarizada con su energía para confírmalo —la rubia les contesto rápido para por lo menos en ese momento ir en calma, a pesar de que estaría encantada de perseguir a Tsubaki, no lograba percibirla tan pronto se alejó de ellos, parecía confundiéndose con toda el área.

—Bien... —susurro ya encabezando el retiro del lugar, manteniéndose los demás en absoluto silencio, admirando lo que quedaba de noche al retornar a la aldea.

En todo ese transcurso, solo el cansancio por el estrés del momento, les incomodaba y seguros de lo que había dicho la rubia podrían despejar cualquier duda por el momento. La chica canalizaba las energías a su alrededor, atenta de cualquier cosa, mas todo parecía estar bien, agradecía que para ese momento el nivel de riesgo no fuera tan alto y aunque se sentía impotente al no poder ayudar demasiado, se seria cada vez más segura, deslizando una mirada a su compañera, viéndola levemente adormilada, pero con un aura mucho más segura y amplia. Parecía cada vez abrirse más y le era crudamente sorprenderse verla desarrollar nuevas habilidades tan rápido y sin su ayuda, posiblemente era el potencial que la mujer no exploto en todos sus años como ama de casa y que dejo de lado para enfocarse en su familia, entre más lo analizaba más parecía ser cierto, de antemano había muchos más secretos que ni siquiera su padre sabría, ojalá pudiesen volver rápidamente y acabar con todo ese infierno para poder desarrollarse como en verdad debió pasar.

"Cada día pareces tener más razón Dende"

El tiempo paso rápido y al avanzar entre tanta vegetación vieron cómo se empezaba a abrir, despejando su vista dejando solo los inmensos campos de arroz frente ellos, como una bella bienvenida a la aldea dela vieja sacerdotisa junto a los colores brillantes del amanecer y el calor del astro aliviar el frio de sus espaldas, al verse mucho más cerca tanto Inuyasha como el monje corrieron los pocos metros que quedaban hasta la cabaña de la vieja sacerdotisa, escuchando como tenuemente los pasos de esta abría la cortina que ocultaba su interior dejando a la vista al adormilado zorrito que caminaba también hacia el exterior al haberlos percibido no hace mucho.

—Ya han regresado ¿Pudieron detener a esa Sacerdotisa? —los chicos negaron a su manera, uno afirmándolo y el otro bufando hacia un costado en impotencia.

—No pudimos atraparla, señora Kaede.

—Escapo como la víbora que es, pero ahora es lo de menos —irrumpió el peliblanco—¿Cómo esta Aome? —dio un paso más dejando que la anciana les abriera camino y los dejara ingresa, ya seguido de la exterminadora, la pequeña gatita y ambas forasteras.

—Ya está mucho mejor, los fragmentos salieron de su cuerpo cuando pensé que no podría más, es una niña muy resistente, peleo hasta el final contra esa maldición... —el pequeño grupo se acuno alrededor de la joven, viéndola aun descansar y soltando un suspiro de alivio al ver los fragmentos en un nuevo frasco y que la joven pareciera disfrutar del sueño reparador —pero... aún tengo esa duda —la mirada de la anciana se dirigió al par de extranjeras que apenas y habían logrado acomodarse a un costado de la pared —¿Lo confirmaron?

—...Si... —asintió la androide poco antes de que Milk contestara, acaricio su nuca dejando escapar un suspiro cansado —pero parecía otra persona, aunque fuera la misma... ¿Si me explico? —ladeo su cabeza mientras fruncia el ceño, estaba confundida por la acción de esa mujer, pese que se obligó a mantener la mente en blanco todo el camino para, aunque fuese captar su energía, no logro hallarla, era como si se hubiera desvanecido entre las nubes.

—Es verdad que parecía como si ya conocieran a Tsubaki, pero ella no las reconoció... ¿Qué es lo que estamos ignorando todavía? —el monje había dejado su báculo sobre el suelo mirando directamente a la rubia, que sin inmutarse desvió la mirada apenas unos segundos mientras apretaba su mandíbula, nunca fue buena para los interrogatorios...

—Es confuso hasta para nosotras, aun no entendemos por qué —soltó sin más retomando la mirada hacia el joven pelinegro

—Comprendo, pero siendo así, Tsubaki parece no darse por vencida, lo ideal no sería bajar la guardia, quizás vuelva a aparecer... —las palabras del monje se perdieron cuando leves quejidos salieron de la adormilada chica, que tranquilamente estiraba su cuerpo para despejar un poco el sueño.

—¿¡Aome!? ¿¡Ya estas mejor!? —el peliblanco sujeto a la joven rápidamente de sus brazos, sacándola de sus sueños y ayudándola a incorporarse un poco brusco —Aome...

—¡Estoy bien! Inuyasha, estoy bien, tranquilo... —una sonrisa tierna adorno sus labios a pesar de la debilidad que sentía su cuerpo —gracias por ayudarme, no sé qué abría pasado sin ustedes...

—Aome, por poco mueres, no es de menos ayudarnos, somos amigos... —la joven exterminadora sujeto una de las manos de la morocha, apretando sus dedos. Se legraba que estuviera mejor y con mayor energía de lo que esperaba

—Gracias...

—...P-Por cierto... —un suave carraspeo los hizo girar a ver hacia aquel costado de la cabaña, donde la otra morena escarbaba entre sus bolsillos, sacando lentamente ese diminuto cristal fucsia por el que tanto habían peleado en reunir —Creo que les sirve más a ustedes que a mí... —estiro su mano aun con vendajes con el fragmento luminoso en el centro —Debiste pedirlo antes... —hablo un poco más bajo mirando directamente a la joven estudiante, a sabiendas que la misma Kaede le había recalcado ese hecho hace ya unas horas. Un leve asentimiento y sus manos volvieron a unirse, esta vez con muchísima más facilidad, siendo un tacto común y corriente, casi como si sus energías fuera la misma, guardando ese nuevo fragmento en aquel frasquito que contenía los demás.

—Me parece muy curioso este hecho —le monje apretó su barbilla, manteniendo sus ojos cerrados, llamando la atención de todos —de un momento a otro supiste como manejar tu energía espiritual y purificaste ese fragmento, además de que le hiciste frente a esa sacerdotisa —entreabrió sus ojos mirando a ambas jóvenes con mayor seriedad —la posibilidad de que ustedes tengan una conexión es mínima, pero de que es posible, es posible... —una gota de sudor resbalo por sus mejillas y una fuerte palmada en su espalda desestabilizo al chico.

—¡Vamos Excelencia! —rio Sango—hay muchas personas con habilidades espirituales, incluso Milk, ha demostrado ser una caja de sorpresas ¿No? —una sonrisa nerviosa escapo de ambas morenas, un leve gruñido escapo de sus estómagos y a pesar que el sol aun no salía por completo la pequeña hoguera que tenía la anciana mujer volvió a reavivar sus leños, empezando a calentar un poco de arroz con curry que la morena había traído de su época.

Aome se había hecho a un lado, manteniéndose al margen cuando la comida ya habia estado y la empezaban a repartir, casi como si el hecho de que estuvo a punto de matar al peliblanco quedara de lado, entendía que no había pasado a mayores pero la culpa no parecía querer desaparcar, incluso aunque el chico estuviera ahí y estuviera más preocupado por su estado que incluso por el riesgo de haber estado al borde del barranco, soltó un suspiro y tomo un pequeño bocado de comida.

—Basta, Aome, hasta aquí puedo oler tu preocupación, todo ya paso, deja de martirizarte —comento el joven al dejar su plato limpio sobre el tatami de la cabaña.

—Inuyasha... —este desvió su rostro con desagrado exhalando pesadamente, restándole importancia. En cualquier otra situación no le hubiera importado matar a quien lo estuviera atacando, pero lo que diferenciaba todo era el hecho de que bien o mal la morena ya era parte de si y no podía simplemente sacarla del juego, ella era importante.

—Se que esto te puede molestar, así que lo mejor será que estén preparados —la anciana sirvió otra porción de la comida para el peliblanco, al ver tención entre ambos, decidió intervenir por el bien de los testigos —Hace mucho tiempo había escuchado de Tsubaki, como se lo había comentado a Milk, tanto ella como mi hermana Kikyo estaban en el grupo de las mejores sacerdotisas y las posibles candidatas a custodia de la perla de shikon, pero su avaricia la alejo de ese deber, dejándole tal tarea a mi hermana —sirvió otra porción para la castaña y recibiendo toda la atención posible continuo — lo poco o mucho que se de ella es que su poder espiritual es realmente grande y aunque hayan pasado los años no parece haberse deteriorado demasiado...

—Siendo así, si son la misma persona... esa mujer debería tener casi 70 años ¿No? —susurro la androide dejando su plato de comida sobre sus piernas —¿Porque se ve tan joven? ¿Su cabello siempre fue de ese color? —miro de soslayo a su compañera que por inercia sujeto un mechón de su cabello y lo apretó entre sus dedos, recordando esa vez donde la vieron por primera vez en el templo y su cabello era casi igual de oscuro al de Milk, adornando su rostro joven y delicado, su poder, aunque en esencia igual, después de ese enfrentamiento parecía inferior al que tenía en su época, todos estaban bajo su poder y no le habían podido hacer frente, eso significaba que era aún más poderosa ¿Seria acaso que habían llegado al pasado de Tsubaki?

— Eso puede explicarse, el demonio que invoco era una clara evidencia de que había ejercido un contrato con él, quizás por eso aún mantiene su juventud, al menos en su cuerpo—dijo el joven monje.

—También puede que no sea el único con el que hizo un trato, después de haber desaparecido de la aldea los demonios y bestias abundaron la región por la llegada de la perla, su camino pudo haber cambiado en ese lapso y con el paso del tiempo encontrado como manipular a los demonios a su antojo, pero si me extraña que en su proceso de rejuvenecer su cabello no lo haga con ella, sus canas pueden ser la evidencia que aún no tiene el control completo y algo le falta para asegurarse el ser joven por siempre.

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Habían terminado de comer con el cansancio derribándolos, casi obligándolos a tomar un corto receso de sueño, recostándose prácticamente en donde habían comido, quedando rápidamente profundos, recuperando fuerza y aunque Aome también quería seguir durmiendo esta tardo un poco más en conciliar el suelo, recostándose aún más cerca de la exterminadora, como una barrera ante cualquier curioso que llegara a importunar, sin embargo, su mirada quedaba en dirección a la morena, que descansaba sobre las piernas de la rubia, que apenas y se había cruzado de brazos y dejado caer su cabeza hacia el frente, las observo un largo rato, detallando sus apenas visibles facciones hasta adormilarse por el calor que el fuego les brindaba.

Su mente se oscureció y rápidamente se vio en medio de un sueño, con el bosque como primera imagen y el ambiente frio de la noche darle la bienvenida, camino por el sendero frente a ella, observando los pequeños animalitos que salían en busca de alimento, o aquellas aves nocturnas que la seguían lentamente al avanzar, no se detuvo en ningún momento, sin comprender por qué iba en esa dirección y el sonido pesado de su respiración ir en aumento ¿Por cuánto tiempo había avanzado? La noche no parecía avanzar, pero sentía sus piernas empezar a fallarle, de la nada su paso se aceleró y el trote de sus pies retumbaban contra el suelo y sus jadeos ir acompañados de un tenue vapor ¿A qué horas había empezado a llover? Su cuerpo se sintió húmedo y las pisadas humedecer sus pies, salpicando parte de sus piernas haciendo más presuroso su andar como si estuviera huyendo de algo, aún más rápido avanza y un jadeo de desespero salió de sus labios cuando el camino la llevo hacia un rio, turbulento, que bajaba fuerte desde la colina por la torrencial lluvia, busco el modo de como cruzar y fue allí que sintió algo tras su espalda, pudo oírlo al caminar así ella, pudo escucharlo gruñir a sus espaldas y al apenas girar sobre sus talones ver una bestia enorme, con marcas de sangre sobre su pelaje blanco, erizándose al verla y lanzándose sobre si, haciéndola trastabillar y caer en el agua.

Jadearon al compás al abrir los ojos y levantarse de golpe de donde habían estado durmiendo, sintiendo el corazón casi salírsele del pecho y el sudor bajar por sus frentes, buscando rápidamente señales de la criatura, mas solo vieron la una a la otra, igual de agitadas, como si hubieran tenido la misma pesadilla, tragaron pesado y soltando un suspiro desviaron la mirada, levantándose suavemente para no despertar a los demás, un paso y volvieron a confrontarse, incluso la misma idea de querer salir fuera, se acompañaron mutuamente al exterior, hacia el rio frente la cabaña, tomando un poco de su agua para beberla y enjuagar el sudor de su rostro.

—¿Estas bien? —hablaron al unisonó, soltando un bufido al interrumpirse, volviendo las manos al agua, tomando un trago más, viendo el sol ya en lo alto, casi como si fuera medio día ¿Tan tarde ya? La mañana se había ido volando.

—¿Dormiste bien? —volvió a preguntar esta vez Aome cuando se aseguró que la morena no diría ninguna palabra más, viéndola sacudir sus manos y luego secarlas con la parte baja de su camisa.

—Creo que dormir después de comer sin reposar no es una buena idea —rio levemente ante el extraño sueño que había tenido —¿Y tú?

—Creo que confirmo lo mismo —también rio, secando su cara con las mangas de su blusa, sentándose más cómodamente sobre el pequeño desnivel que había en la orilla del rio —… ¿C-Cómo te diste cuenta que yo sabía que tenías un fragmento de la perla? —busco un tema de conversación, cualquiera que fueses para despejar su mente somnolienta y que aquel sueño, quedara como uno más, de los tantos que había tenido en algún momento.

—No me fije, me lo dijo la señora Kaede anoche, después que atacaste a Inuyasha —hizo una pequeña pausa y sentándose con las piernas cruzadas la vio de lado —cuando te atacaron, me di cuenta porque este fragmento también se oscureció y tenía la misma energía de los tuyos, se los enseñé cuando no supe que más hacer para ayudarte —se encogió de hombros, mirando las aguas cristalinas correr lentamente, casi reviviendo la ansiedad que tuvo en ese momento.

—¿Puedes percibirlos también? —la miro una vez más y enarco una de sus cejas —¿has visto más fragmentos de la perla?

—No... y tampoco creo poder percibirlos, este lo encontré por casualidad, nunca asemeje este fragmento con la perla, ni me fije en los tuyos...

—Bueno, es una posibilidad... —la emoción surgió en su persona, al sentir algún tipo de apoyo, creyó en su momento que esa habilidad la hacía única, pero hasta la fecha se le hacía cada vez más fácil hallarlos, pero siempre corría más riesgo al volverse las situaciones más difíciles para ella y si esa morena también llegaba a percibirlos podría ser de mayor apoyo, además de que, a diferencia de ella, podía depender por si sola. Era envidiable...

— ¿Y tú los puedes ver por qué...? —la morena el saco de sus pensamientos, parpadeando en repetidas ocasiones, buscando las palabras correctas para no llegas a confundirla.

—Ammm, yo, bueno, yo soy la reencarnación de Kikyo, la hermana de la señora Kaede, al ella morir decidió que se quemara su cuerpo junto a la perla, pero al reencarnar en mí, esa joya estaba en mi interior —el recuerdo de como llego a esa época la hizo sonreír un poco, a pesar de haber sido una sorpresa, ser engullida por el pozo de su casa y terminar herida allí por la mujer ciempiés, teniendo como resultado aquella perla revelarse de entre su ser, al menos había conocido a Inuyasha y aunque fue difícil lograron llevarse mejor con el pasar de los días — la perla es lo único que une a este mundo con mi época...

—Sin ella no podrías ir o volver...

—Así es... por eso, estos fragmentos son tan valiosos... —saco el frasquito de entre sus ropas, mostrándoselos a la morena y que estos brillaran por la luz del sol. Sin embargo, una extraña sensación pareció llamarla desde lejos de la montaña, haciéndola desviar la mirada ante la atenta mirada de morena de ojos claros —¿Lo sientes? —esta la miro rápido recibiendo una curvatura de una de sus cejas.

—¿Sentir que? —señalo la dirección que ella misma había percibido, pero que la morena había ubicado más rápido al tan solo girar el rostro.

—La presencia de la Perla... —sus ojos se abrieron lentamente, sin saber que decir, si rechazar o confirmar la extraña sensación que nacía de su pecho ¿Desde cuándo podía sentir tal cosa? en todo lo que llevaba en ese lugar nunca había tenido esa sensación, a excepción de cuando tuvo que purificar el fragmento de la perla entre sus manos.

—C-Creo que deberías decirle a Inuyasha, puede que Tsubaki este cerca entonces... —aclaro su garganta, llevando una mano cerca de su boca.

—Si, les diré a todos... —se puso de pie, con una pequeña sonrisa y avanzo hacia la cabaña, seguida de la voz de la morena, que se giró un poco sobre si para mirar a la joven.

—Aome...

—No te preocupes, será nuestro secreto por ahora... —asintió y llevo sus manos sobre las piernas, sin saber cómo asemejarse ese nuevo cambio, más la distrajo el revuelo que se armó en la pequeña cabaña y las rápidas pisadas en esta ir hacia el exterior.

—¿¡De que hablas!? ¿¡Ahora!? —el peliblanco salió ajustando la cuerda de su espada a su cintura —¿¡Donde!? —señalo las montañas mientras que Milk se ponía de pie al verlos a todos asomarse de entre la cabaña—¿¡Que estamos esperando!? ¡Andando! —el peliblanco se hinco a un costado de Aome, esperando que esta subiera a su espalda.

—Eh, Eh, Eh, no pueden ir así no más —alego la rubia mientras alzaba una de sus manos —la niñita aún no se recupera y no sabemos si la perla sigue con Tsubaki.

—Es verdad —alego Milk —no sabemos que esperarnos allá...

—Pues es obvio que van a venir con nosotros ¿No? —ambas chicas se miraron entre dudosas e indecisas —¡Tienen que venir! —riño Sango cuando no tuvo respuesta de estas.

—Si Tsubaki tiene en su poder aun la perla, es su oportunidad de confrontarla —la anciana Kaede salió tras la cabaña tirando de un caballo marrón, cargando con un nuevo arco y el carcaj que trajo de vuelta la pelinegra —al ser una sacerdotisa es conveniente que los acompañe en esta oportunidad, cualquier información adicional puede ser valiosa.

—¡Lo siento señora Kaede! Perdí su arco anoche... —la morena se dio cuenta de la falta de este y llevo sus manos al rostro apenada por su descuido.

—No importa, tengo muchos guardados...

—Anciana Kaede, mírese a un espejo, estas demasiado vieja para esto... —irrumpió el joven de rojo, mirándola burlesco desde su posición.

—Aome...

—Inuyasha... —unió sus manos frente sus piernas sosteniendo su respectivo arco y suspiro suavemente — Abajo —el rostro del chico una vez más termino clavado en suave césped de la pequeña colina.

—¡Que muchacho tan grosero! —alego la anciana antes de montar al animal y tomar rumbo por medio de la cosecha de arroz, seguido de la exterminadora y el monje, tanto Dieciocho y Milk miraron un segundo a la pareja que se había quedado de ultimas antes de emprender camino, prefiriendo esta vez no comentar nada innecesario, concentrándose de nuevo en ir tras esa mujer, si es que aún conservaba la perla de Shikon.

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Había logrado huir casi con éxito, sino fuera porque había quedado demasiado débil y la mayoría de sus demonios habían sido exterminados en esa batalla, no había esperado que fuera a terminar en semejante desastre — Sino fuera por esa mocosa... —su mente revivió esa extraña imagen y el rostro de la morena clavarse en su mente, algo conocía esa morena que ella ignoraba, la había atacado con fiereza y sus palabras no parecían mentir y pensar que quizás la había confundido con alguien más era ridículo, parecía saber bien lo que hacía, sin quitar que ahora que lo analizaba, parecía tener alguna relación con Aome o Kikyo ¿Por qué otro motiva lo atacaría? A menos que fuera alguna hija o hermana de todos aquellos a los que había maldijo algunos años atrás, no lo sabía con certeza

"¡B-Basta! ¿Como te atreves a lastimarla? ¡Maldita bruja! Me destruiste y ahora lo haces con una niña inocente ¡Eres un demonio!"

Negó fuertemente al levantarse de donde había permanecido recostada, empezando a caminar de donde la habían dejado sus débiles demonios.

—Por ahora es irrelevante —continuo su camino, pasando las escasa horas hasta el amanecer recorriendo esa zona boscosa, encontrando un punto de referencia que la llevara al templo donde se había especializado como sacerdotisa años atrás, paso gran parte de las montañas hasta llegar a un amplio bosque, donde en medio había un enorme templo y se divisaba desde su posición, recorrió lo poco que le quedaba, hasta llegar a la entrada oficial de aquel territorio, notando la leve decadencia que este tenía a pesar de los años, en su entrada un enorme Yin Yang enmarcaba su ingreso, teniendo en su interior dos fases de la luna, llena y media luna, como símbolo representativos de su escuela, apretó su mano derecha, donde la perla se mantenía tenuemente brillando y decidió ingresar.

—¿¡Quién eres!? —la voz femenina y calma llamo su atención, alzando la mirada y topándose con un par de niñas, apuntándola con dos báculos, ante la expectativa de lo que pudiese hacer —¿Qué no sabe qué lugar es este?

—Si eres un ser humano, vete y si eres un demonio ¡Te exterminaremos! —alegaron ambas, provocándole un mal sabor de boca, odiaba que le hablaran de esa manera. Chiquillas insolentes.

—¡Apártense! ¡Soy Tsubaki y fue en este templo donde realice mi entrenamiento! —guardo la perla en el bolsillo de su traje y saco de entre sus prendas aquel pergamino que mantenía el mismo sello que enmarcaba el ingreso a ese santuario, rápidamente el par de chicas se hizo a un lado, disculpándose por su imprudencia, dejándola pasar haciendo una pequeña reverencia y que sus pasos recorrieran una distancia considerable para poder ir tras ella, guardando el respeto que se merecía, al ser su superiora, sin embargo, el par de chicas analizaban rápidamente la figura de la mujer, denotando como a simple vista parecía ser realmente joven, pero su cabello resistía cualquier conjuro que hubiera podido crear para mantenerse en ese estado, además que en todo ese tiempo que llevaban viviendo allí jamás la habían visto o escuchado de ella.

—Señora Tsubaki — una de ellas tomo la palabra, alzando su rostro —mi nombre es Momiji —dijo la chica peli castaña de hebras cortas, que portaba un traje ceremonial blanco y rojo —y ella es Botan —señalo a su hermana y compañera que, a diferencia suya, su cabello era largo y oscuro, sujeto casi en la punta, portando un traje blanco y azul —somos las únicas guardianas de este lugar, además de ser las ultimas aprendices que tuvo el gran maestro.

—Así es y como hace un momento menciono, dijo que había entrenado en este lugar... perdone nuestro atrevimiento, pero... ¿Hace cuántos fue eso? —una risa burlona escapo de los labios de Tsubaki y mirándolas de soslayo no supo si responder o simplemente asesinarlas, le estorbaban —sigue permaneciendo joven y bella, pero percibimos mucho poder en usted... —esa diminuta fibra oculta en su ser fue removida, tomando una decisión, aunque rápida, decisión, al fin y al cabo, el elogio les dio el favor que dudaba consiguieran por sí solas rápidamente, soltó un bufido y las miro más directamente.

—Es evidente que soy mayor que ustedes, deben seguir entrenando si quieren alcanzar mi nivel... — una pequeña gota de sudor resbalo por sus cabezas, cambiando rápidamente el tema.

—Comprendemos, entonces, Señora Tsubaki, cual es el motivo por el que regreso a este templo —comento botan aun en su reverencia.

—Es por que unos demonios me están persiguiendo —soltó lo primero que se le vino a la cabeza, armando un muro de respaldo por si algo llegaba a pasar.

—¿¡Demonios!? —asintió

—¡Permítanos ayudarle! Después de todo, es nuestra superiora —el par de jóvenes, se levantaron del suelo y se acercaron un poco más a ella —déjenos guiarla al interior del templo —las jóvenes emprendieron camino hasta la capilla, donde el templo había mantenido sus oraciones diarias, para la purificación del área, al entrar pudo reconocer claramente el lugar, el altar que este guardaba en medio de la sala y las columnas de repletas de nombres de sus antecesores a cargo de la escuela.

—Si uso los pergaminos de este templo, podre exterminar a esos demonios... —comento alto para continuar con aquella fachada, aprovechando la ayuda extra que el par de niñitas le pudiesen dar.

—No se preocupe señora Tsubaki, aunque no podamos exterminarlos, los distraeremos hasta que usted esté lista.

—¿Están seguras? Son unas criaturas realmente fuertes... —por poco sonríe en burla ante lo ridículas que podían llegar hacer las sacerdotisas novatas ¿Qué acaso no podía ver su verdadera naturaleza?

—Haremos todo lo que esté a nuestro alcance, no se preocupe por ello —el par de chicas le brindaron una tenue reverencia, mientras Tsubaki afirmaba apenas y estas se retiraban a buscar cualquier objeto que les sirvieran para detener a los supuestos demonios, llevando casi una mochila de estos cada una de ellas.

—Realmente que son tontas... —comento para si al verlas marchar ya casi una hora después de su llegada a ese lugar, giro sobre sus talones y se dirigió realmente a donde necesitaba llegar, a ese enorme y algo lejana pagoda detrás del templo, sintiendo el cambio de energía al apenas tocar el primer escalón, el demonio de su interior era su verdadero objetivo, controlarlo no sería un problema y en la posible idea que la estuvieran siguiendo de verdad, podría atacarlos en sorpresa, antes de que idearan cualquier plan. Una ráfaga de viento meció sus cabellos y en seguida la figura de aquella mujer llamada Kagura se hizo presente mientras agitaba tenuemente su abanico, no la había sentido acercarse, había perdido mucho poder —¿¡Que estás haciendo aquí!? —le interrogo fuerte al bajar los escalones que había ascendido.

—¿Qué crees? —ladeo su cabeza con una sonrisa suave —Naraku me envió por la perla... — sus ojos se afilaron y el recuerdo de como hace unos días esa misma mujer había dado con ella en el que era su hogar para llevarla ante ese tal Naraku y pedirle descaradamente que asesinara al peliblanco y a la reencarnación de Kikyo a cambio de la perla que a medias tenía en su poder. Ese había sido el inicio de su ataque.

—¡Pero la joya me pertenece! —apretó su bolsillo e hizo frente a la joven de ojos rojiza. Si no estuviera tan débil...

—Si hubieras cumplido con el favor que te pidió, te la daría... — volvió a ladear su rostro al lado contrario y su mirada pareció burlarse más de ella — ese era el trato.

—¡Y lo cumpliré! —freno su habla, tragando pesado traspasando su energía hacia la perla sintiéndola oscurecer lentamente — ¡Matare a Inuyasha, Aome y a todo su sequito! —escupió con ira mientras afirmaba sus palabras con un movimiento brusco de su brazo derecho.

—¿Cómo lo harás? Ya perdiste una vez ¿Que nos garantiza que no volverá a pasar? —la albina chasqueo la lengua y desvió la mirada bruscamente hacia la pagoda, sino se hubiera confiado, Aome por lo menos ya estaría muerta e Inuyasha a puertas de su fin... no tendría de otra que contarle para convencerla y que no la matase para recuperar la perla, aun podría hacer algo para recuperar su poder.

—Con la fuerza de este lugar, aún tengo posibilidades... —apretó sus manos y la marca azulada en su rostro volvió a ser visible.

—Jmp... —Sonrió la mujer acercándose a paso lento hacia Tsubaki, susurrándole sobre el oído —¿Quieres que te cuente un secreto? —sonrió mucho más amplio captando la atención de la joven sacerdotisa —te puedo decir como maximizar tu poder con la perla de Shikon... —sujeto la mano que tenía la perla, alzándola para que ambas la observaran cubriéndola de su aura oscura.

"Pobre ingenua..."

.

.

.

Poco más de media tarde ya iban llegando al lugar donde Aome había sentido la perla de Shikon, siendo un viaje un poco más largo pero esta vez se habían sentido menos fatigadas, quizás por la adrenalina que en ningún momento había pretendido desaparecer de sus cuerpos, lentamente el llano se hacía más amplio y la molesta energía pareciese acrecentar, con una mayor desazón, frenándose en cuestión de segundos cuando la enorme gata se rehusó a avanzar, sin darle respuesta a su ama, descendiendo y disminuyendo su tamaño quedando frente a un par de rocas y una amplia barrera contra espíritus, que se mostraba sencilla pero que aun así afectaba al animal.

—Kirara... —Sango se acercó más a esta junto al monje mientras los demás terminaban de darles alcance —esto es...

—Un capo de protección... —dijo la anciana al frenar el andar de su caballo, relinchando un poco antes de que esta bajara de el —las sacerdotisas dejamos estos campos para mantener al margen a cualquier criatura o monstruo que deseen entrar a algún territorio.

—Esto es ridículo, un estúpido campo no me va a detener —el peliblanco emprendió camino, pasando sobre el pasto levemente alto sin percatarse de los pergaminos que rápidamente repelaron su presencia, pasando una descarga por su cuerpo, lanzándolo al suelo.

—Por Favor... —comento levemente agitado la morena, quitando el rastro de sudor que se había acumulado en su frente —Inuyasha, si te dicen que es un campo de protección será por algo —miro a la anciana y esta afirmo sus palabras, camino hacia el trozo de papel que estaba clavado en el suelo, donde el pequeño zorrito ya había intentado tocarlo, recibiendo una descarga parecida a la del peliblanco —este es un pergamino de limitación ¿No? —pregunto cuando vio el claro nombre sobre este y lo sujeto de aquella rama sintiendo apenas un leve dolor más nada que llamara la atención de los demás, arrancándolo del suelo, internamente suspirando, después de todo era hija de un ogro, podría incluso haber sido un choque peor —lo mejor será que la señora Kaede y el Monje Miroku se deshagan de la barrera para que podamos pasar todos sin ningún problema.

—Lo haremos rápido —comento el monje al quitarle el pergamino a la morena para analizarlo el mismo.

—¡Los estábamos esperando Demonios! —justo detrás de aquel par de rocas salieron las dos chiquillas, sujetando un amplio báculo en su dirección —¡Deben ser ustedes los que quieren hacerle daño a la señora Tsubaki! ¡Aléjense de aquí! —el simple nombre les erizaba la piel a ambas jóvenes y más cuando en verdad tenían que enfrentarse nuevamente ante esa mujer, pero ¿Por qué usar a esas pequeñas niñitas y no a las bestias que estaban bajo su servicio?

—¿Qué les pasa? —el peliblanco se puso de pie y dio un par de pasos hacia ellas —¿Acaso son amigas de esa mujer? ¿¡También son sacerdotisas malvadas!?

—¡Por supuesto que no! La Señora Tsubaki es nuestra superiora, es normal estar de su lado.

—Nosotras jamás utilizaríamos artimañas para dañar a los demás, pero ustedes demonios... ¡No podemos asegurarlo! —humo parecido salir de la cabeza del peliblanco, irritado además de ofendido.

—¡Grrrr! Mocosas... sino van a hacerse a un lado ¡Las exterminare también!

—Espera Inuyasha, tratemos de convencerlas, esas niñas no son malas personas —La mano de Aome se había interpuesto frente al chico, reteniéndolo del pecho y negando rápidamente hacia sus locas ideas.

—Yo me encargare de eso —el monje aliso tenuemente su traje y miro a las jovencitas, más el brinco del zorrito sobre su cabeza lo detuvo.

—No iras a molestarlas con tus cochinadas ¿No Miroku? —una tenue sonrisa apareció en su rostro y las gotas de sudor sobre las frentes de los demás. ¿¡Era enserio!?

—Seguro se iba a aprovechar de eso, mejor no dejarlo cerca a esas niñas —comento la exterminadora entre bufidos.

—¡Suficiente! Si no desisten en atacar a la señora Tsubaki no nos dejan otra opción —comento Botan buscando junto a Momiji entre sus tunicas unos trozos de papel.

—¡Esperen! —grito Aome pero fue tarde, cuanto estos ya se habían lanzado sobre ellos convirtiéndose en muñecos de papel, que siquiera les dieron alcance cuando inuyasha ya había desenfundado su arma y cortado gran parte de ellos con el filo de su espada.

—¿Enserio? —comento Milk quitando uno que había caído sobre el cabello de la rubia, pateando otro par que se acercaba a sus pies —son simples muñecos...

—Al parecer no tiene la capacidad suficiente para hacer conjuros de pergamino más poderosos —la vieja Kaede también derribo a un grupito de ellos con el extremo de su arco sin hacer gran esfuerzo.

—Basura... — agito su espada de nuevo, destruyendo a cuanto papelito encantado estuviera en su rango de visión, dejando solo un par escapar cuando ya estaban muy lejos de el —No nos hagan perder más el tiempo —hablo fuerte hacia el par de niñas apuntándolas con su colmillo de acero —háganse a un lado.

—Son muy listos monstruos, pero esto solo fue una distracción para poder apoderarnos de unos de sus cabellos —alego la pelicorta, cuando uno de los papelitos subió hasta su hombro.

—No puede ser, pretenden darles forma a espíritus de pergamino otorgándoles nuestra apariencia, tengan cuidado —alego la anciana mientras sacaba una flecha de su carcaj. Sus movimientos fueron a la par, sacando otro pergamino y doblándolo junto al cabello que robaron, lanzándolo al cielo, donde un destello de luz pareció formar a quienes serían los supuestos dobles. Mentirían si no estaban expectantes de ver sus dobles, a cualquiera que fuera...

—… Es... Inuyasha... —la primera figura tomo su forma de copia, una enorme y redondeta figura del peliplata que parecía un peluche de unos cuatro metros de alto, otra gota de sudor bajo por sus frentes y Milk tuvo que ahogar una carcajada a ver la apariencia afelpada de este, cubriendo su boca y nariz con el cuello de su camiseta, se veía ridículo.

—¡Claro que no! Yo no estoy tan feo —aguanto su respiración, ofendido ante semejante aberración.

—¿Entonces el otro conjuro quién es? — animo la morena con la voz baja, sintiéndose un poco menos tensa ante el espectáculo, moriría de risa si era ella la otra copia. figura fue aparecida lentamente, dejando ver un arco descartando rápidamente a la rubia, a Sango y a ella misma, quedando solo dos personas que portaban un arco en ese momento... pero la falda verde fue la prueba definitiva —¡Es Aome! —Estallo un bufido, inclinándose para que su risa ahogada no la delatara por completo.

—¡Noo! ¡Yo no estoy así! —la impostora soltó un gritillo, empezando a dar saltitos en cada una de sus piernas y alzando sus dos bracitos. —¡Y tú no te rías! —giro a ver a la otra chica con una mirada asesina.

—Perdón... —recompuso su rostro obligándose a tomar la seriedad del momento, dejando su risa interna y con una mueca divertida en sus labios —hay que darnos prisa.

—¡Yo acabare con estos malditos! —se lanzó el peliblanco al ataque, su espada en alto apuntaba hacia las dos copias, que con pasos largos y fuertes retumbaban el suelo hacia ellos mientras las fechas de la falsa Aome explotaban en dirección al chico de rojo —¡Aome! —esquivo uno de los ataques enviándolo hacia el lado opuesto de donde él estaba —¡Haz algo con tu hermana gemela!

—¿¡Que te pasa!? ¡No me iguales con esa cosa!

—Bien, empezamos con lo de costumbre —susurro el monje —detengamos a esas niñas, así podremos llegar a Tsubaki —asintieron los cuatro, corriendo por los costados de las dos criaturas, dejando a la pobre Aome en medio sin saber qué dirección tomar, incluso la anciana se había alejado.

—¡No interfiera! —grito la pelicorta cuando una de las enormes flechas fue en dirección de Sango, teniendo que saltar sobre si y lanzando su Hiraikotsu como advertencia —Vemos que no podremos ponernos de acuerdo ¡Botan! —sacaron otro papel más de entre sus ropas, formando un par de sellos con sus manos lograron inmovilizar a Inuyasha que escasamente freno un ataque de su copia, al tiempo que la pobre Kirara caía al suelo junto a Shippo.

—¡Ey! —grito el peliblanco hacia Dieciocho al verla cerca de las niñas, lanzando una esfera de energía, desestabilizándolas de donde estaban paradas rompiendo aquel conjuro que habían hecho —¡Lánzale uno a esa cosa! —grito señalando con su espada a la copia de su compañera de viaje.

—No —susurraron ambas niñas cuando pudieron ponerse de pie nuevamente intentando formar nuevamente el sello.

—Ya basta... —la presencia de la morena las sobresalto, haciéndolas girar, les sujeto la parte alta de sus trajes sobre su nuca —ellos no están haciendo nada malo... —una sensación en su espalda la alerto y una sombra paso sobre la roca donde estaban de pie, confundiéndola y silenciándola a la vez, a pesar de que estas se empezaran a remover con fuerza. ¿Qué había sido eso?

—La señora Tsubaki no nos mentiría —se agitaron aún más, intentando empujarla lejos —si estas con ello, entonces también eres su enemiga... —el rostro de la morena palideció y al compás de la explosión que genero la rubia un dolor agudo atravesó su vientre horrorizando a sus dos únicas testigos.

—¿¡Que es eso!?— gritaron cuando la extraña extremidad atravesó el interior de la morena y la rodeaba con rapidez sobre la cintura, tirando de ella hacia la barrera que habían construido, traspasándola sin dificultan hacia el interior del bosque, escuchándose apenas el grito de las chiquillas alertando a los demás.

—¡Milk!

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.

.

La presión en su vientre aumentaba a cada metro que recorría su ser entre la vegetación, teniendo que cerrar su ojos para que la fricción de las ramas no lastimaran su rostro, llevando sus manos a aquella cosa, temerosa de que fuera devorada por alguna bestia, chasqueo su lengua y el golpe seco en su espalda le saco el aire, quedando prensada en lo alto de un árbol sin poder moverse y sus entrañas casi desgarrarse, apretó su mandíbula para evitar cualquier grito, una luz le hizo abrir los ojos y en esa posición se vio envuelta entre pétalos de cerezo y algunas hojas que el viento zarandeaba con violencia, poco más de unos segundos el tiempo se frenó, dejando inmóviles los pétalos y hojas, escuchándose apenas su respiración pesada antes de que entre estos mismo al fondo se vieran dos figuras caminar, esta vez reconociéndolas tan pronto pudo vincular sus figuras a sus recuerdos, aquella morena de traje rojo y blanco caminaba tranquila entre los árboles con el arco de sus flechas en una de sus manos y poco más de veinte metros atrás Tsubaki la seguía sin que Kikyo se diera cuenta de su presencia, la persiguió con tal sigilo hasta un pequeño claro, bañado por las botones de cerezo, sin darse cuenta de que lentamente los petaos volvían a tener movimiento. Aquella serpiente que acompañaba a esa mujer se hizo visible nuevamente entre sus brazos, pero esta vez con tonos verdes rodeando parte de los hombros, por un segundo le pareció verlas charlar, más de un momento a otro la enorme víbora había sido lanzada hacia la joven sacerdotisa, teniéndola escasos centímetros de su cuerpo antes de que la repelara con su mismo arco, lanzándola de vuelta hacia su dueña de cabellos negros... no corrió con la misma suerte, recibiendo aquel impacto en su rostro, escuchándose aquel grito desgarrador.

...El comienzo de todo...

El viento volvió a agitarse y el dolor en su vientre crecer cuando la presión la había arrancado de aquel árbol jalando mucho más fuerte hacia el fondo, perdiendo aquella escena volviendo hacia la oscuridad que le impedía reconocer el lugar, chasqueo la lengua y en un parpadeo volvió a chocar contra alguna superficie rocosa, su cuerpo lentamente se entumió y el viento que no había frenado a su alrededor pretendía congelarla, formando capas heladas sobre su cuerpo, volviendo su vista blanca hasta que pudo levantar la mirada viéndose en medio de una tormenta de nieve.

"¿Qué demonios está pasando?"

Sus ojos ardían al intentar mantener la mirada fija con el viento helado buscando alguna salida, apoyo sus manos sobre la capa blanquecina sorprendiéndose esta vez poder moverse, irguiéndose a pesar del dolor quemante en sus extremidades, quiso levantarse pero frente suyo capto una sombra correr hacia ella, dejándose ver lentamente, evidenciando aquel traje rojo característico del peliblanco, quien apenas pudo sostenerse con su espada sin siquiera llegar a desenfundarla, aún seguía lejos de ella, pero podía verlo claramente, mas esta vez algo negro surgido entre la nieve mucho más cerca del peliblanco de lo que ella pudiese advertirle clavándole algún tipo de cuchillas sobre el cuerpo, enterrándolo entre la nieve.

"¡No!"

—... — intento gritar, llamarlo por su nombre, más ningún grito salió de su boca, solo el sonido de cada una de las puñaladas al salir y entraban reiteradas veces del cuerpo del chico y su intento por no ahogarse entre las bocaradas de sangre —... —grito de nuevo hacia él, pero de nuevo no hubo sonido, solo que esta vez volvieron a tirar de ella, lenta y tortuosa, teniendo que enterrar sus brazos y piernas sobre la nieve, queriendo hacer algo a pesar que su mente le gritaba que no era más que meras alucinaciones, que el repentido ataque había causado una conmoción en su sistema nervioso provocándole aquellas imágenes, sí, eso era, no podía ser otra cosa...

Abrió los ojos viéndose una vez más siendo arrastrada por esa cosa, dejándole solo la imagen rojiza sobre el manto blanco y un nudo en la garganta, sus cabellos se revolvieron ante el nuevo jalón y sus manos se apretaron sobre aquella cosa mucho más fuerte al sentir como apretaba más su agarre provocándole náuseas y mareo, cerrando fuertemente sus ojos y su diente se asomaron al separar sus labios ante el desespero.

"¡PARA!"

Se grito mentalmente y como su fuera tenido alguna relevancia se vio suspendida sobre un suelo tapizado, cayendo de bruces sobre este golpeándose la cabeza, sintiendo un leve rastro húmedo en la zona, abrió sus ojos para esta vez detallar ese escenario, sintiéndose cálido al ya no estar expuesta al frio de la nieve, sino entre una pequeña cabaña, pero mucho más grande de la que tenía la anciana Kaede, su cuerpo se tambaleo al ya no sentir la presión del viento ni el frio quemarle la piel, sino que esta vez estaba todo tranquilo, lo único que parecía inquietarla era ver otra figura recostada entre un futón, cubierta casi en su totalidad, con una vela como su única fuente de luz, se arrastró hacia allí, temerosa y con temblores ante la nueva situación ¿Seria algún tipo de prueba? Parecían ser alucinaciones demasiado preparadas, o no comprendía por qué se mostraban estas personas en vez de sus seres queridos... no comprendía.

...Aun no...

Alargo una mano intentando descubrir aquella figura, tocando el borde del edredón descubriendo unos mechones oscuros asomarse allí y como a medida que descubría aquel ser un olor putrefacto inundaba sus fosas nasales casi afirmándole sus arcadas y que su rostro se alejara al estar tan cerca, tan solo necesito descubrir su rostro para horrorizarse con la imagen moribunda de aquella jovencita con ropas de colegiala, mostrando su piel verde pálido y como de entre sus ojos y boca se hacia una leve abertura con el notorio color amarillo de la putrefacción que estaba sufriendo. Exhalo aire y se alejó casi de un brinco, mordió su labio inferior y el nudo en su estómago acrecentó, amenazando escapar de entre sus labios, se llevó una mano a la boca y retrocedió rápidamente al aumentar el olor de descomposición. Cerro de nuevo sus ojos y la luz que lograba detectar en el exterior se extinguió tan pronto volvió a sentir el viento golpear su cuerpo y la sensación de moverse impregnarse nuevamente en sí, agradeciéndolo por esa vez...

Trago lo que hubiese escapado de su estómago y volvió a abrir sus ojos viéndose esta vez a pesar del movimiento entre una noche lluviosa y el bosque casi inundado, al igual que en su sueño, al frenar su cuerpo alcanzo a rodar sobre el suelo, impregnando sus ropas y rostro de lodo, pasto y lluvia.

"Maldita sea"

Se levanto como puso, sintiendo su cuerpo débil por el mareo, sentándose sobre sus piernas e irguiendo su cuerpo, sintiendo con horror como alguien estaba justo tras suyo, chocando su pecho contra su espalda, dejando escapar su aliento sobre su costado derecho.

—¿Acaso no piensas hacer nada? —sus ojos se dilataron ante el sonido de esa voz.

.

.

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—¡Maldita sea! —protesto la androide, cruzada de brazos y con el ceño descompuesto, solo se descuidó un segundo, no la habría perdido de vista si no fuera por el llamado del peliblanco, su impotencia se había drenado al destruir esas dos enormes figuras y de paso dejar inconsciente al par de niñas por la fuerte explosión. Pero no había sido suficiente.

—Tranquilízate, ya están terminando de quitar el campo de protección —comento la castaña, luego de evidenciar la extraña desaparición de la morena, la rubia como loca intentara darle alcance, más los dos impostores se interpusieron en su camino, no tomándole mucho tiempo antes de hacerlas volar en pedazos, al intentar atravesar el campo de energía, no le dejo traspasar más de la mitad del torso, trabando su avanzar, gritando ante el intento fallido, alegando que quitaran aquel armatoste. El peliblanco sintiéndose menos cohibido de lastimarse también intento cruzar, pero este si fue disparado lejos del lugar, teniendo que optar a la espera, que el monje y la anciana Kaede quitaran la barrera y rogar por que aquello que había atacado a la morena no la hubiese asesinado, contaba con la corta experiencia de verla no rendirse, más eso no significaba que no era le preocupara el entrecejo de la rubia totalmente acentuado, con notoria impotencia, parecía querer asesinar a todos alrededor —Milk estará bien, falta poco —animo apretando su hombro izquierdo.

—No puedo sentir su Ki, puede que este muerta —chasqueando su lengua, apretando sus brazos con mayor fuerza.

—O esta inconsciente, hasta puede que Tsubaki la tenga retenida entre otro campo, no sabemos...

—Puede ponerla en nuestra contra...

—Eso hizo con Aome —comento Inuyasha, con un pequeño chichón en su cabeza, también cruzado de brazos, pero sentado sobre el suelo mirando hacia la única entrada que se podía observar de ese bosque —intento matarse por medio de ella, no te sorprendas si pasa lo mismo.

—Recuerda que fue Milk quien la ataco, directamente, salvando a Aome —la rubia no contesto nada, pero prefirió pensar eso que simplemente asegurar su muerte, no podía desmeritar sus avances, ahora podía defenderse con mayor facilidad que antes — no sabemos que pretende hacer con todo esto o si esta aliada con Naraku...

—Ese maldito... —bufo el peliblanco, esperando unos eternos diez minutos más hasta tener vía libre de ingreso, emprendiendo camino entre largas zancadas mientras la rubia sobrevolaba la parte media de los árboles, buscando algún rastro de su compañera, sin alejarse demasiado del pequeño grupo que, a diferencia del inicio, habían dejado al monje en cuidado del par de niñas, junto a Shippo y Kirara, solo ellos cinco y el caballo de la anciana, poco más de quince minutos se detuvieron en medio del sendero obligando al peliplata a olfatear el terreno, confundiendo a la rubia que de un brindo estuvo a su lado.

—Inuyasha cuenta con un gran olfato, estamos intentando rastrearla de nuevo... —Aome señalo al chico que escarbaba la tierra y luego se acercaba a la corteza de los árboles entre brinquitos —dijo olerla hasta aquí, pero creo que perdió el rastro... —la rubia asintió aun incrédula, pero aguardando a saber el veredicto del joven con orejas de perro. Al menos él parecía encontrar algún rastro, aunque se desvaneció el campo, tampoco pudo sentir su energía —¿Y bien? —el joven se levantó del suelo, sacudiendo las palmas de sus manos.

—Hasta aquí llega el rastro —acaricio la parte baja de su nariz y miro hacia los árboles —todo lo que hemos recorrido hasta ahora indica que la llevaba hacia el fondo del bosque, allá es donde debe —la rubia asintió emprendieron camino de nuevo, dejándolos levemente atrás por si captaba algo más, pero siquiera las energías de los animales parecían ser altas, casi inexistentes, solo hasta que algo parecido golpear su sentido de la percepción, alzando más el vuelo viendo entre los árboles como el cielo parecía oscurecerse y ellos no darse cuenta, chasqueo la lengua llegando hasta ellos y frenando su paso a escasos metros de la salida del bosque, alzando una mano como aviso cuando la presencia de odio y muerte fue inundar la zona en una tenue bruma.

—¿Qué es eso? —comento Aome sintiendo un enorme escalofrió recorrer su cuerpo y retrocediendo tan pronto se vieron alcanzados por esta —¿Creen que sea toxico? —el chico olfateo un poco, pero al no sentir ningún efecto, le negó a la joven.

—Pero esa mujer debió invocado algo... — el ambiente parecía oscurecerse aún más y la neblina ahora cubrir media pierna, en silencio estuvieron atentos, observando cada dirección y si salir rápidamente era una buena opción, sin prever que una hoja de luz corto la bruma en dirección suya, esquivándola por suerte antes de que partiera un par de árboles a sus espaldas — ¡Kagura! —retomo el peliblanco, sacando su espada y apuntando en dirección hacia donde la figura de la mujer se hacía visible, portando sus ropas tradicionales, su cabello recogido y el abanico listo en su mano —maldita... —una débil sonrisa se asomó en sus labios, pero la oculto con el mismo artefacto con el que atacaba.

—… ¿Qué no te lo esperabas Inuyasha? —rio suave, afilando sus ojos sangre observando nuevamente a ese grupito y como un nuevo integrante parecía hacerse a un lado dejándole todo el espacio al peliblanco ¿Sería bueno también informar aquello? —¿Por qué otro motivo estaría resguardando este lugar? —le escucho Bufo, con un leve movimiento de cabeza afirmo lo obvio, agitando su arma nuevamente, lanzando nuevas cuchillas que destrozaron el suelo en el que habían estado de pie — La perla está aquí junto a Tsubaki...

—¿¡Que planeas hacer!? ¿¡Donde esta Milk!?

—No sé de quién hablas, pero lo otro es evidente, si falla en su tarea me llevare la perla —preparo su abanico despejando una parte del área, mostrando el camino a la estructura a unos pasos de ellos —solo desean verlos muertos...

—¡No lo permitiré! —el abanico no parecía hacerle frente a la espada del joven, cuando el viento como ese color dorado y desquebrajo el suelo hacia aquella mujer, obligándola a esquivarlo hacia lo alto del cielo.

"Perfecto"

La ojiazul formo una esfera amplia de energía en sus manos, enfocando la entrada de la pagoda entre sus dedos, expulsándola, no importándole explotarla, dejando escapar la energía que poseía en su interior, erizándoles la piel.

Era maligno, en definitiva

—¡18! —Aome le señalo a la rubia al detectar unos ojos brillantes en su interior lanzando un tipo de alabarda hacia ellos, obligándolos a retroceder una vez más, pisadas fuertes retumbaron sobre el suelo, junto a la risa burlona de Kaguya que ya se hallaba sobre una enrome pluma sobrevolando sus cabezas —Viene hacia aquí... — la superficie que cubría la entrada se desquebrajo y las enormes manos putrefactas sostenerse de las columnas externas para sacar su cuerpo recluido, dejando a la vista un casco antiguo de guerra.

—Lamento no ser yo quien pelee con ustedes, en cambio este soldado se encargará de esa desagradable tarea —volvió a reír a pesar de ser totalmente consciente que aquel sujeto no era más que una mera distracción, cosa que solo hizo enfadar más a la rubia, lanzándole una esfera de energía casi derribándola, teniendo que alejarse de allí, no sin antes soltar una maldición. ¿Quién se creía que era?

—¡Jmp! No importa cuanta escoria nos pongan ¡Recuperaremos la perla de Shikon pase lo que pase! —el peliblanco agito su espada de nuevo en el aire y se preparó para lanzar su ataque, aprovechando que la enorme criatura portaba una armadura y retomaba su alabarda, dispuesto a proteger la entrada del lugar ¡Bien! Le daría la pelea que tanto quería —¡Ah!

Dieciocho se escabullo con rapidez al iniciar la pelea, dejando la tarea sucia al chico bestia, internándose en la pagoda al esquivar un ataque y deslizar su cuerpo hasta el interior de esta, girando sobre si, encontrando una entrada subterránea en el fondo de esta, miro sobre sus hombros asegurándose de que la distracción siguiera de pie intacta.

—Es ahora o nunca... —salto los primeros escalones hacia abajo, dejándose guiar por las antorchas que iluminaban el túnel, ahorrándose la tarea de malgastar energía en cada salto, dejando atrás la salida de la superficie, empezando a descender con mayor cautela sin saber cuánto podría faltarle y en verdad Tsubaki estaba allí al no detectar su energía, bajando casi a ciegas notando la humedad que las paredes empezaba a tomar y el goteo resbalar hasta algunos charcos sobre los escalones, el olor a moho empezó a molestarle pero siguió avanzando hasta cuando se le hizo comparable con el hedor de una cañería, captando sobre una de las paredes un pergamino, bastante reciente, teniendo en cuenta el estado de esa cloaca, lo sujeto con cuidado sintiendo el ardor en sus dedos, pero arrancándolo de un tirón dejándolo caer sobre uno de los charcos deshaciéndose en un hilo de humo, escuchando algo venir del fondo del lugar traspasando su cuerpo, casi como un grito, arremetiendo contra su cabello, inhalando con fuerza al perder el aliento y de por si sentir la verdadera energía de ese lugar inundar sus oídos, parecía quemarla... además del fétido olor.

Descendió los últimos escalones teniendo que permanecer suspendida sobre la superficie, esperando no hundir sus pies en esa agua negra, quien sabe qué tipo de bacterias abrían allí... se acercó hasta la enorme puesta que cubrió lo que para ella era el final del camino, apenas logrando asomarse por una de las ranuras de madera.

...Hambriento de poder...

—¡Al fin! ¡Gran demonio! —se escuchaba entre carcajadas —¡Vengo a ofrecerte los magníficos poderes de la perla Shikon! — lentamente fue abriendo el portón, para mayor campo de visión, disminuyendo su Ki para que no la sintiera si quiera esa criatura, admirando solamente la espalda cubierta de ese cabello cenizo y los brazos extendidos hacia lo que parecía un altar —¿Qué pasa? ¿Acaso no los quieres? —volvió a reír en una carcajada y a pesar de la distancia que las separaba, Dieciocho alzando a divisar como su ojo derecho expedía una luz, dándole mayor visibilidad a aquel ser, que ronco y entre gruñidos se expuso por primera vez después de años, asomando un par de garras de lo que parecía ser una enorme esmeralda partida a la mitad.

"¡Es el!"

—… ¡Lo quiero!... — gruñido la voz masculina, retumbando las paredes casi de la misma manera que la horrible voz del Namekusei cuando gritaba, odiaba su tono de voz, su cuerpo se desprendió de su prisión, rodeando son su figuran como un manchón rojo a la mujer, hasta enterrarse en su ojo y expulsar la energía de sus dos cuerpos combinarse, teniendo que cubrir su rostro para que la luz no la encegueciera.

—Mierda... —soltó al verse expuesta y que lo que en su momento la estuvo cubriendo se cayera sobre el charco de agua sucia, salpicándola de paso, volvió la mirada hacia la mujer, hallándola arrodillada en medio de la sala, cubriendo su rostro y carcajeándose violentamente —Es una maldita... — susurro, formando un par de esferas de energía en cada una de sus manos, emprendiendo su ataque hacia ella, escuchándola aumentar su carcajada, como si sus técnicas le fueran indiferentes.

—Mujer insolente — sintió algo amarrarse en sus tobillos, tirando de ellos para estamparla contra la pared. Teniendo la oportunidad de soportar el golpe e impulsarse hacia el techo igual de mohoso que el suelo, de cabeza miro hacia la habitación hallando la figura de Tsubaki ponía de pie lentamente, liberando su energía cual onda expansiva cuando percibió a la chica con su ojo sano — ¿¡Como Te atreves a interferir!? —a dieciocho no le quedo más que remeter a pesar de la presión, acercando ambas manos extendiéndolas hacia ella apenas tocándose los pulgares, expulsando una ráfaga de energía destruyendo parte de las columnas del lugar cayéndole las vigas secundarias sobre aquel menudo cuerpo femenino —...Estúpida... —el polvo le dificulto la vista, teniendo que forzarla para encontrar el origen de la voz, mas esta se escuchó cual eco en todo el lugar, acompañado de una sonora carcajada, obligándola a fruncir el ceño, al no tener una ubicación de su Ki, invadía todo el lugar... Tendría que hacerla hablar.

—¿¡En donde la tienes!? ¡Se que la tienes oculta en algún lugar!... — se enderezo, escaneando toda la habitación, hasta que vio un mechón de cabello blanquecino moverse apenas perceptible, escucho las rocas caer al otro costado de la habitación subiendo la ansiedad por su espalda al estar a la expectativa. La carcajada de la mujer surgir de entre el suelo y el pésimo hedor hacerse más fuerte —¡Contesta! ¿¡Donde esta Milk!?

—Con que así se llama... —se dio la vuelta cruzando sus brazos para detener el golpe que uno de sus mechones le había lanzado, sintiéndolo como ropa, haciéndola retroceder y que sus miradas se cruzaran —Milk... con suerte debe estar asesinada por algunos de mis demonios —volvió a atacarla, esta vez logrando esquivarla y terminar sin querer sobre aquel mechón de cabello que vio en un inicio, deslizándose por la pared y saltar hacia su cuello al estar distraída, enrollándose como si de una soga se tratase —si no, me encargare de enviarla al infierno justo después de ti —el amarre se apretó y el rostro de la androide empezar a tomar un color rojizo por la falta de aire, frunció más el ceño y sujetando todo lo que podía de esas hebras empezando a jalarla hasta sentir como los delgados hilos cortaban la palma de sus manos pero reventándose ante el tirón.

—… ¡Maldita perra!... —exclamo al lanzarle una esfera de energía directo al rostro, logrando distraerla y así poder librarse del ataque, se lanzó rápidamente a ella estrellando su puño en su nívea piel, impactándola contra uno de los muros —No te importa cambiar tu humanidad por esta escoria... —señalo su rostro, donde el poder del demonio se mesclaba con el de la perla, pero no espero ver su piel desmoronarse cuando levanto el rostro para verla. Parecía un montón de arena

"Qué diablos le está pasando"

Sujeto su rostro solo por reflejo, gruño ante la ofensa y de nuevo sus cabellos parecieron tomar vida, suspendiéndose por sí solos mientras la energía se drenaba por todo su ser, transformando la piel lastimada y dándole un tono rojizo.

—¡Ahh! — la rubia no espero el grito, pero lo tomo como un aviso de acción, lanzándose de vuelta al ataque, golpeándola repetidamente hasta lanzarla un poco más allá de donde habían comenzado a pelear, pero de nuevo esta se reincorporo, blanqueando sus ojos y de su cuello salir hilos de carne que iban devorando su piel cuando sus heridas empezaban a crecer —¡Ahh!

—¡Te mostrare los verdaderos poderes de este demonio! —una voz doble escapo de su boca y sus dientes expuestos por el dolor empezaron a volverse filosos y puntiagudos —¡Morirás aquí! —grito fuerte y aquello que sostenía toda la superficie se fisuro, mostrando con horror como el lugar empezaba a temblar y los trozos de escombros caer sobre ellas, más la mujer demonio parecía no inmutarse y más cuando su cuerpo empezaba a crecer.

—¡Maldita sea! — un golpe más fue necesario para despejar su vía de escape, dejando a la horripilante mujer tras ella, subiendo aquel camino tan rápido como su cuerpo se lo permitiera. No quería terminar sepultada.

—¿¡Que es lo que pasa!? —se frenó en seco cuando vio el pequeño grupo casi choca con ella al pretender descender hacia ese mismo lugar al acabar con aquel soldado, pero no les dio tiempo de hablar.

—Hay que salir ¡Ya! —suficiente, se podría denominar su corta frase, el peliblanco ya se había encargado de llevar a la anciana Kaede a cuestas corriendo escaleras arriba lo más rápido posible, las paredes que sostenían la construcción empezaban a ceder y la escalera bajos sus pies desaparecer, no les daría tiempo si no aceleraban, tomo las cinturas de las chicas sobrevolando los escalones de golpe, asustándolas por tan abrupto movimiento, pero lográndolas sacar con algo de suerte al haberles tomado un poco de ventaja el peliplata.

—¿¡Q-Qué paso allá dentro!? —el peliblanco la cuestiono poco antes de frenar su huida y dejar a la anciana en un lugar seguro —¿No encontraste a Milk? —la rubia bajo a ambas chicas y miro un tanto confundida la edificación en ruinas.

—No, no estaba allí —tenso su mandíbula y el suelo bajo sus pies volvió a temblar y la fuerte ola de aire caliente salió de su interior, quemándoles con solo el rosé, evidenciando aquel molesto olor y el gruñido de una bestia escapar de su prisión—Pero en cambio vi como esta maldita absorbía a un demonio —el suelo se quebró y de su interior exhalaron bestias, escapando de las ruinas, asomándose las gigantescas garras de aquella criatura, exhibiendo su monstruosa forma, en una combinación ridícula de las vestiduras y cabello de la mujer, con el cuerpo de ese demonio.

—¡Admiren el poder de la perla junto a la de este demonio!— sus manos se alzaron al cielo obscurecido, recibiendo los rayos en las palmas de sus manos, lanzándolos contra ellos. Formando un enorme agujero ante su impacto y su risa burlona incremento al verlos dispersos —¡Al fin poder obtener todo lo que quiera! — volvió a tomar la energía sobre sus palmas y las disperso con ayuda de sus dedos, quedando como una lluvia de rayos sobre la superficie.

—¡Ah! —grito el pequeño zorrito que ante el alboroto habían llegado junto a las chiquillas y el monje, más por poco reciben uno de los ataques, que los lanzo lejos, casi a puertas del inmenso bosque. ¿Cómo habían pasado a semejante situación?

—¡Recibe esto! —alejo el chico de rojo al saltar hacia la criatura y lanzar su ataque con su espada —¡Viento cortante! —grito fuerte cuando las mascas amarillas se expandieron por el cuerpo del demonio, desgarrando su carne y sacando leves líneas de sangre, extensiones de carne y piel salieron de sus heridas, recubriendo la zona lastimada hasta lograr cerrarla, completamente asqueroso.

—¡No me subestimes Inuyasha! ¡Con estos poderes podre vivir por toda la eternidad! —su boca se expandió y de allí un fuerte rayo de luz golpeo al chico lanzándolo a varios metros, destruyendo parte de su traje y provocándole una herida en el costado izquierdo de su cabeza, el bumerán de Sango fue lanzado llamando su atención, mientras el chico se recuperaba de aquel impacto y los brazos de rubia se extendían con nuevas ráfagas de energía golpeando su cuerpo haciéndola gritar de dolor. No podían darle tiempo ni brechas para que los atacara uno por uno.

—Maldición, el viento cortante no le hace nada... —su mano izquierda toco la fuerte de dolor, encontrando el rastro de sangre manchar su cabello, gruño impotente y encontrando una barrera de fuego ser creada por Kirara mientras la rubia lanzaba varias esferas de energía creándole varios puntos débiles, logrando desequilibrarse al tomar mucha energía para sanar su cuerpo entre gritos y gruñidos —No tengo más opción —se incorporó lentamente con ayuda de su espada, arrugando el ceño por el fétido olor sintiendo la energía de espada expandirse como ola sobre su cuerpo —Colmillo de acero... —miro su arma y de nuevo esa onda paso por su cuerpo con rapidez — espero poder hacerlo esta vez también... —corrió con su espada en alto acercándose lo suficiente para interponer el arma en frente del demonio y esperando que la energía que exhalaba su cuerpo junto a la del viento cortante se mostrara en pequeños hilos de humo —hare el Bakuryūha

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.

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Su cuerpo estaba entumecido y el estupor no parecía hacerla reaccionar, el frio en su espalda no se le hacía comparable a ninguna sensación que hubiese tenido antes y el escalofrió recorrer su espina la obligaba a mantener inerte en esa posición. No lo podía creer...

—¿No lo vas a hacer? —volvió a importunar esa voz y el aire escapo de su boca casi en jadeo —tendré que mostrarte un poco más entonces... —susurro mucho más cerca y el viento ajito sus cabellos con más violencia, arrastrando el improvisado moño que sujetaba sus hebras empuñando sus manos y sus ojos se negaron en cerrarse por completo a pesar de ardor que estos sentían, soporto un par de segundos la respiración hasta verse libre de esa sensación y recaer sobre sus rodillas aun entre el barro, volviendo a sentir la lluvia cubrir su cuerpo y el deseo de vomitar renacer en sus entrañas.

"Aguanta"

Levanto la mirada en busca de aquella presencia sin tener mucho éxito, solo captando un leve color rojo sobre el cielo, casi carcomiendo los árboles del fondo, no sabía definir si era algún tipo de atardecer o era que en verdad el bosque parecía consumirse en llamar a pesar de la lluvia, intento incorporarse aunque le costara, entre tambaleos y desorientación logro guarda cada forma que se le mostrase, empezando a caminar, torpe, demasiado torpe, como si sus zapatos se incrustaran entre la tierra, intentando exhalar algún quejido, pero mordía su mejilla cuando en verdad se vio enterrada casi hasta sus rodillas, estorbándole el largor húmedo y desordenado de sus cabellos, maldecía no haberlo cortado cuando tuvo la oportunidad, perdió el equilibrio y sus manos terminaron también entre el lodo, sin poder sacarlas tampoco, levanto la mirada desesperada y fue allí que pudo hallar esa otra figura a unos metros de ella, peor de húmeda, las ropas hechas harapos por la brusca tempestad y su cabello negro cubría gran parte de su rostro. Lo único que tenía esa persona a la mano era una vieja espada partida a la mitad, que le ayudaba a sostenerse cuando la lluvia intentaba sepultarla.

...Recuérdame...

Un susurro del viento la sobresalto y miro sobre si esperando encontrar aquella presencia, más el susurro volvió a oírse, pero esta vez en la dirección opuesta, volviendo la vista, pero de nuevo, no había más que un bosque.

...Recuérdame...

Se desespero e intento girar sobre si, el lodo bajo sus pies se hundió más tirándola de bruces, logrando mantener su rostro en alto para no ahogarse con la mescla de tierra y agua

"No"

Jalo un par de veces más, incluso, chasqueando su lengua, sin recibir algún otro sonido que no fuera el del lodo al removerse bajo de si, consumiéndola lentamente.

"No"

—Diste lo mejor... —otra voz la alerto, alzando la mirada hacia aquella figura de nuevo, extrañada que esta también la hubiera oído, se incorporó como puedo a pesar de no estar en su misma condición—Mas no fue suficiente... —una figura pegajosa empezó a surgir entre el lodo, demasiado cerca de esa otra persona, la luz del fondo empezó a volverse más rojiza y acrecentar su expansión por el lugar, esta vez no quedando duda del poder de las llamar, más ese no parecía ser el objetivo, la luz ilumino el rostro de esa persona y aunque sucio aun parecía sostenerse pero la persona que salió dentro esa figura de goma mostro sus cabellos blancos y las marcas seniles remarcar su piel, su figura si quiera parecían inmutarse ante la caída del agua, deslizo su mano hacia la barbilla cubierta de lodo y sangre, junto a las líneas de agua que caían sobre ella —No pudiste cumplirles, eres un rotundo fracaso —afirmo la anciana que lentamente parecía erguirse y su cabello tomar un tono oscuro —no se podía esperar menos de un hibrido... —la piel de la mujer se volvió tersa y la presencia ante los ojos de la morena se solidifico con horror, mostrando nuevamente a Tsubaki apretar el rostro en su mano, alzándola ante la lluvia tempestuosa dejando que esta la bañase y la luz escarlata visibilizara su mueca de frustración reflejarse por completo.

"...N-No puede ser..."

Descubrir su identidad le arranco un jadeo, frustrada y con el lodo en el rostro, batallo para intentar escabullirse no creyendo en lo que veía.

"¡No puede ser!"

Apretó sus ojos negando con violencia, jalando mucho más su cuerpo, pero ante el reflejo solo pudo ver como esa mujer alzaba su mano izquierda formando unas inmensas y finas garras antes de que el lodo se alzara y la engullera ante el grito desgarrador que escucho por ultimo.

"No"

Se sintió caer, el aire volver a sus pulmones, el viento revolotear sobre su rostro y la oscuridad rodearla por completo otra vez, de sus ojos escaparon algunas gotas, sin saber si eran lagrimas o era parte de aquella lluvia torrencial, el dolor en su vientre resurgió y esta vez el dueño de aquella vos se mostró ante ella, sus cabellos blancos y ropas claras mostraron esos ojos sedientos de sangre que con una expresión calma clamaban por algo mucho más fuerte que aquello que percibía, pero a pesar de ello, sintió su mano acariciar su mejilla y esta vez pudo sentir el tacto quemarle y esa voz idéntica a la suya susurrar una vez más. ¿O no lo era?

—¿Harás algo? —cerro sus ojos y en un leve destello pareció frenarse en el tiempo de nuevo, sintiendo poco después aire real golpear su rostro y el dolor en su vientre desprenderse en un último jalón. ¿Haría algo? ¿Qué se suponía que debía hacer más? Estaba entrenando fuerte y si corrían con suerte esa Tsubaki desaparecería de sus vidas y tendría la posibilidad de confirmarlo en su época, su época... miles de imágenes inundaron su mente, entre recuerdos, palabras y sensaciones ¿Qué había más? Algo no se mostraba por completo... ¿Qué era?

Un gruñido estrepitoso inundo sus tímpanos, abriendo los ojos de vuelta, cayendo desde lo alto hacia la figura demoniaca atacar a sus compañeros, los reconoció en seguida y se sintió aliviada de volver a la realidad, de saber que de alguna manera lo que tenía que hacer y como si ese pensamiento fuera más fuerte que cualquier palabra, las imágenes volvieron a recorrer su mente llenándola de aquella energía imponente se le había negado, empezando a alimentarse de ella, desde ser rechazada desde pequeña hasta ver a sus seres amados dañarla, sintió verdadero dolor al tener la verdad en su cara y aun así no haber hecho nada, más que solo reprimir sus verdaderos instintos y esperar a una vez más ser salvada. Ya no podía hacerlo, ya no más...

Inhalo fuerte, sacudiendo sus lágrimas y en un último lamento girar sobre si cuando la copa de los árboles rozó sus piernas, buscando mayor apoyo cayendo sobre uno enormes pinos y sostenerse con ayuda de su mano izquierda, admirando con mayor detalle la situación antes de saltar hacia el campo de batalla, logrando reconocer aquellas ropas y la energía que, aunque inferior se ocultaba tras la de esa criatura.

"Tsubaki"

Cayo sobre el pasto sobresaltando a la vieja sacerdotisa, quien la vio sudorosa y despeinada, pero con una severidad que no había denotado jamás en un ser humano ¿Cómo una simple mirada podía expresar tanto y a la vez nada? ¿Qué le había pasado? Se sorprendió cuando está sujeto fuertemente su arco arranco una de sus flechas y apuntando ferozmente al enorme monstruo

"¿Harás algo? ¿No harás nada?"

Recordó y las tenues imágenes volvieron a pasar por su cabeza, agitándola y que de por si tensara mucho más aquella flecha, que de su interior surgiera la energía suficiente para poder destrozarla y asegurarse que no volviera a aparecer.

—¡Tsubaki! —grito fuerte casi desgarrando su garganta, la fecha escapo entre sus dedos iluminando el área con un fuerte color fucsia y que el ataque del peliblanco fuera casi sincronizado, siendo los torbellinos de esa técnica surgían de tierra, atacando el cuerpo demoniaco que había obtenido esa sacerdotisa, mientras aquella flecha se abría paso entre cada capa de piel, eliminando a cuanto ser interviniera hasta llegar al corazón de aquella mujer, el grito en conjunto del demonio y la mujer se escucharon por todo el bosque, haciendo temblar cada uno de los cimientos hasta perderse en una explosión que si bien por poco los lanza lejos, lograron sostenerse y ver como lentamente ese enorme cuerpo desaparecía y de entre las ruinas el cuerpo de esa mujer se mostraba clavado en un trozo de escombro. Ahora la tenía...

El humo les dificulto la vista, pero aun así la morena tomo otro par de flechas y se acercó hacia aquella mujer, dejando a los demás un par de metros tras de ella, importándole poco que un tipo de avispón saliera del interior de la mujer llevando consigo el trozo de perla hacia Kagura, que se había mantenido al margen no muy lejos del lugar. Aguardando solo el momento exacto para irse.

—N-No... puede... ser... —le susurro al estar a solo pasos de ella, confrontando su rostro, volviendo a quedar cara a cara, le miro exhausta y no pudo comprender ¿Por qué el rostro de esa mujer se le hacía ahora tan conocido? a pesar de verla casi igual de desecha.

La morena se mantuvo en silencio, viendo lentamente morir su belleza y que aquella marca azulada volviera sobre su ojo derecho intentando frenar su juventud, que había mantenido sobre si a pesar de la edad, retrocediendo junto a los segundos, volviéndose igual a esa figura que le habían mostrado, su cuerpo envejeció y su piel cayo arenosa. Estaba muriendo...

(Imagen)

—Tsubaki, ahora comprendo porque llegué hasta aquí y te conocí... de esta manera —la mujer empezó a temblar y el color de su piel empeorar —no pienso dejar que lo hagas, no esta vez... —alego alzando ambas manos, alistando una de las flechas y dando un paso atrás, sintiendo los pasos y las miradas curiosas ya sobre ella—no te dejare destruirme, aunque eso halla arruinado mi vida... —tenso el marco y canalizo mucho más rápido la energía mientras el viento mecía sus cabellos y la sonrisa burlona de la ahora anciana se dejaba ver.

—D-Debió ser grandioso... —su piel cayó sobre el suelo, dejando una leve evidencia de su vida en un montículo de tierra, pero a los ojos de la morena, la esencia de la mujer aún permanecía y por ellos bajo sus pies se formó un aro de luz y fue allí que la pudo ver... la flecha se alzó en su dirección, quemándole parte de si al sentir esa sensación carcomer su cuerpo.

"Pronto nos volveremos a ver"

Lanzo la flecha convirtiéndose en un rastro de luz y que al impactar en esa figura traslucida se desvaneciera en una pequeña lluvia escarchada arrastrada por el viento... la liberación de ese momento la hizo soltar un bufido pesado, dándose fuerzas para seguir por lo que un le quedaba por recorrer, la brisa volvió a correr y con ella la tenue llovizna bajar por sus pieles. Una sonrisa pequeña adorno sus labios y comprendido un poco más porque aquella maquina la había llevado hasta allí.

"Esa persona, era yo"

Continuara...

XxXxXxX

¡Terminé! Al fin

Se que me eh tardado siglos, pero este tema del Covid me ha causado muchísimo estrés y he estado un poco enferma, pero siempre intento seguir aquí, estando presente, como siempre, ustedes saben XD espero que todos ustedes estén bien y que ojalá esta situación quede pronto atrás, para seguir avanzando, recordemos cuidarnos unos a los otros, ya va siendo hora después de todo.

Otra cosita, puede que a dieciocho no le guste la voz Carlos Segundo, pero a mí me encanta, es una de mis favoritas ;)

Ojalá lo hayan disfrutado muchísimo, nos vemos en el siguiente capítulo. Bye.

Mika-Chan