Capítulo beteado por Yani, muchísimas gracias por tu ayuda.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 24

Estábamos en el cuarto de lavado; un lugar pequeño y con olor a detergente.

Bella siempre detestó el desorden, era de suponer que volvería a ser esa misma mujer activa y con muchas cosas por hacer al mismo tiempo. La vi apoyarse en la secadora y no dejó de mirarme.

―Me estás asustando. ―No podía esconder que tenía miedo―. ¿Qué decisión tomaste después de anoche?

―Ni tú ni yo tenemos la culpa de lo que pasó. No podemos cambiar estos cinco años alejados, tampoco podemos cambiar lo que ambos vivimos ―articuló lentamente. Por su mirada empañada en lágrimas supuse que estaba a punto de llorar―. Anoche sentí que me arrancaste el corazón con un solo puño, el dolor me hizo pensar tantas cosas malas, te juro que no quería verte nunca más. Luego… esa necesidad de que tus manos estuvieran en mí. ―Sacudió la cabeza―. Tuvimos una noche bastante primitiva.

Sonreí desganado. No me gustaba la tristeza mezclada en su voz.

Queriendo saber lo que tenía pensando di dos pasos hacia ella, enjaulando su cuerpo en la secadora y mis brazos.

Bella levantó su mirada.

»Vamos a darnos un tiempo, Edward ―añadió, logrando que todo mi mundo se detuviera de golpe.

―¿Quieres que nos divorciemos? ―pregunté temiendo que dijera que sí.

Bella sacudió la cabeza, negando.

―Me refiero a que llevemos lo nuestro de forma lenta. No vamos a forzar nada, no quiero que pase el tiempo y darnos cuenta que nos equivocamos. ¿Me entiendes?

―¿Quieres que me vaya? ―Era tan difícil procesar su petición, mi mente aún no asimilaba cada palabra.

Ella volvió a negar. Su semblante estaba sereno, pero empezaba a ponerse nerviosa porque mordisqueó sus labios de una forma que yo no debería estar imaginando cosas impropias con mis hijos al lado.

―No. Aquí puedes vivir, solo…

―No quiero que te vayas tú ―la interrumpí. No deseaba que abandonara su casa.

―No me iré ―respondió, luego de una larga exhalación―. Aunque no creas, necesito mi casa para que mis recuerdos tengan sentido, en ocasiones me vienen ráfagas de imágenes que no logro entender del todo.

―¿Por qué quieres esto, Bella? ―cuestioné―. ¿Por qué me estás alejando de ti?

―Ya te dije, no quiero que solo estemos juntos por los niños, Edward.

―No es cierto, Bella. Estás así por lo que te dije anoche, estás dolida y lo entiendo, comprendo tu desilusión, pero no quiero separarme de ti. ―Sujeté su rostro y estaba dispuesto a besarla nuevamente cuando sus manos se presionaron a mi pecho, pidiendo distancia.

Acepté no besarla, sin embargo, mis manos se mantuvieron en su precioso rostro.

―Quiero saber si realmente aún me quieres. Eso es todo. Quiero tener mi corazón en paz y no pasarme los días pensando que solo te quedaste porque yo aparecí y porque ahora tenemos otra hija. Por favor, entiéndeme. Estoy todavía muy sensible con mis recuerdos, solo dame un poco de tiempo.

―Nunca dejé de amarte, Bella.

Claro que comprendía lo que ella me pedía. Entendía a la perfección su miedo y lo mal que seguía estando. No obstante, no podía aceptar que me alejara de ella, no estaba de acuerdo.

»Eres la mujer más importante de mi vida ―acaricié su rostro, deslicé mi índice por su nariz y labios―, no quiero que tengas dudas de ello. Eres mi vida entera, no quiero perderte otra vez.

Me sostuvo la mirada. Podía perderme en sus ojos achocolatados por largo tiempo, eran ventanas abiertas a su alma, ella tenía miedo y dudas sobre mi cariño, no hacía falta que lo dijera en voz alta.

―Por favor, compréndeme.

Bufé.

―No quiero que hagas vida de soltera ―escupí sin reservas. Posiblemente mi lado celoso había despertado como hacía años―. Es lo único que te voy a pedir.

Su rostro enrojeció. No precisamente de vergüenza sino de coraje, su ceño se había fruncido.

―Tú tampoco ―masculló―. Yo no he pensado siquiera en salir.

―¿Cómo pretendes que vivamos? Si dormimos en la misma cama.

―Somos adultos, así que como tal nos comportaremos, solo dormirás en el sofá, no creo que haya algún problema con eso, ¿o sí?

―No sé, no me gusta mucho la idea de dormir ahí.

―Bueno, entonces dormiré yo.

―No. Está bien, yo me quedo en el sofá. ¿Y los niños? ¿Hablaremos con ellos?

―Lo haremos hasta que tomemos una decisión. Por mientras no vamos a estresarlos.

Bella me estaba castigando. La absurda decisión era resultado de mi confesión, se sentía insegura de mi amor, de mis sentimientos hacia ella. Quería suplicarle que pensara nuevamente las cosas, quería gritarle lo equivocada que estaba.

Mi cerebro aún procesaba, meditaba a velocidad ―deslicé la punta de mi dedo por sus labios rosas, sus ojos fijos en los míos―, me encargaría de hacerle sentir que era la única mujer que amaba.

―De acuerdo ―susurré a la misma vez que me alejaba de ella y salía por la puerta.

Sería una completa tortura verla, compartir la misma casa y no poder tocarla.

.

.

Habían pasado algunos días desde que Bella estaba en casa. La veía cada vez más integrada a la rutina y conectando con nuestros hijos. Por el momento nos habían dejado solos y, aunque sabíamos que todos querían verla, estábamos tratando de cuidar sus nervios. Por ahora no estábamos recibiendo visitas hasta que el doctor dijera que era tiempo.

Ahora sabíamos que necesitaba ayuda psicológica. Su neurólogo lo sugirió cuando acudió a su última revisión, también hizo un cambio de medicación para combatir la migraña. Parecía que fue buena idea porque dormía más tiempo por las noches.

Con Aline también hubo cambios.

Le fue fácil unirse a sus hermanos, reía con ellos y jugaba. El único problema que existía, era que no quería asistir a la escuela. Ese primer día lloró y no tuvimos el corazón para dejarla.

Otro hecho era que seguía siendo tímida conmigo.

Así que decidí aprovechar cuando escuché ruidos en la cocina. Era sábado en la mañana y la casa seguía en silencio.

Abandoné el sofá y, con mi pelo hecho un desastre y descalzo, caminé a la cocina. Me apoyé en el marco de la puerta cuando la vi.

―¿Quieres cereal? ―pregunté al ver que llevaba diez minutos jugando con el tazón vacío.

Las Ardillas estaban dormidas. Aline se despertó temprano como regularmente hacía.

―Mmm, sí ―respondió dulcemente. Mi niña era tan tierna―, me sobró leche.

Tomé la caja de cereal Froot Loops y le serví en el tazón junto con un gran chorro de leche.

Su mirada se iluminó y me sonrió ampliamente feliz.

―Aline, esta es tu casa, no tienes por qué tener vergüenza de pedir las cosas, son tus cosas. Todo cuanto hay aquí es tuyo.

Llevó una cuchara repleta de cereal y leche a su pequeña boca, con su mirada fija en mí.

Asintió suavemente.

―Me gusta el cereal ―pronunció.

Sí que sabía que le gustaba, quizá solo ella estaba por terminar la caja entera.

―¿Puedo comer contigo? ―pregunté, estaba esperanzado que pudiéramos tener una pequeña charla sin ser interrumpidos.

―Sí.

Sin apartar su mirada de lo que hacía, me vio servirme cereal con leche en un tazón más grande que el de ella.

Su diminuta boca se abrió con curiosidad.

Aguantando mi sonrisa me senté a su lado, en la silla contigua.

―Cuando era niño este era mi cereal favorito ―le dije.

―También es el mío ―reconoció.

―No creo, dices eso porque no has probado los demás.

Sus ojos se abrieron muy amplios. Su rostro de sorpresa y lleno de curiosidad me hizo hablar.

―¿Te gustaría ir conmigo al supermercado? Ahí verás todos los cereales, puedes elegir los que tú quieras.

―¡Sííí! ―De un salto bajó de la silla alta.

La vi meter sus pies en las bonitas pantuflas de unicornio y mirarme con una expresión que decía: estoy lista.

―¿Te irás en pijama? Yo puedo esperarte porque pensaba…

Aline tomó la iniciativa y tiró de mi mano con su poca fuerza, llevándome con ella.

.

Estábamos en el supermercado, recién levantados, sin asear y en pijama.

No sentí ninguna vergüenza, pude percatarme de que nadie nos miraba. Me enfoqué en Aline, ella miraba emocionada el pasillo de cereales.

Se veía indecisa por cuál elegir.

―¿Puedo llevarlos todos?

Rasqué el pelo de mi nuca.

―Creo que si llevamos mucho cereal te quitará el hambre. ¿Qué te parece solo tres cajas? Pero, antes me debes prometer que tratarás de comer comida con vegetales, no puedes alimentarte solo de cereal.

―Bien. Promesa.

Aline no lo pensó mucho y empezó a dejar las cajas en el carrito.

―Te dije tres cajas ―le recordé cuando vi que eran cuatro.

Me miró inocente y con ojitos suplicantes.

―La otra caja es para Nahuel.

El estómago se me revolvió en ese instante. No podía creer que el nombre de ese tipo saliera de sus labios a cada minuto, así igual que sucedía con…

Exhalé hondamente.

Debía ser paciente.

Yo era una persona nueva en su vida y pequeño mundo. Un padre que ella no conocía.

La cargué en brazos y besé ruidosamente su mejilla.

Me ganaría su cariño, y no me importaba todo el tiempo que me llevara hacerlo.

.

Al estacionar, me extrañó que Aline no bajara corriendo, ella lo hacía solo cuando había personas desconocidas cerca.

Mi vista fue hacia la puerta y bufé.

¿Qué hacía ella aquí?


Bueno, considero que es normal que Bella necesite un tiempo, asimilar tantas cosas que están pasando ¿ustedes qué piensan? ¿Edward debe ganarse a sus dos chicas?

Les agradezco con mi corazón que estén apoyando a pesar de lo mal que está Fanfiction, me anima mucho a seguir escribiendo.

Infinitas gracias por sus comentarios: Pepita GY, Rosemarie28, miop, Adriu, may jhonson D, jupy, Smedina, Ary Cullen 85, patito feo, Car Cullen Stewart Pattinson, Daniela Masen, Dulce Carolina, marisolpattinson, Adriana Molina, Lili Cullen-Swan, Valeria Sinai Cullen, NarMaVeg, Diannita Robles, cocoa blizzard, Deniz, Patty, ALBANIDIA, Flor McCarty-Cullen, Andrea, Mabelli Masen Grey, mrs puff, Maryluna, Antonella Masen, Adriana Ruiz, nataliastewart, catita 1999, Kasslpz, karo29, Wenday14, Adyel, jenni317, Noriitha, Lore562, robertsten-22, Valerials Cullen, Torrespera172, Estefania Rivera, sandy56, Cassandra Cantu, Verónica, Peerla Salvatore Swan, indii93, Cary, PaolaValencia, saraipineda44, rociolujan, y comentarios Guest. Disculpen si me faltó un nombre, en ocasiones no aparecen los reviews.

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