Capítulo 2
Ulquiorra entró a la cocina del castillo y le ordenó al Arrancar que estaba a cargo que montara la cena de Orihime para llevársela a su habitación. Unos momentos más tarde, ambos se dirigían a la habitación de la chica, pero al doblar el pasillo Ulquiorra tuvo una sensación extraña. No podía percibir el reiatsu de Orihime. Podía ser que estuviera dormida, pero no estaba muy seguro. Apretó el paso y se detuvo frente a la puerta. Llamó un par de veces y no obtuvo respuesta. No era propio de Orihime dejarlo esperando, mucho menos cuando se trataba de la cena.
Llamó una vez más. Nada.
-Orihime, voy a entrar -anunció Ulquiorra, ahora ligeramente preocupado.
Abrió la puerta despacio y se encontró con la penumbra de su habitación. La cama estaba hecha y no había nadie en el sillón ni en el cuarto de baño. Las paredes y ventanas estaban intactas, lo que significaba que no habían irrumpido por la fuerza.
¿Acaso Aizen la había llamado? No era muy probable, de ser así se lo hubiera comunicado primero. ¿Entonces había salido por su cuenta? No era algo que tuviera prohibido, Aizen había sido muy específico sobre la diferencia entre "prisionera" e "invitada de honor", y Orihime era lo segundo. Pero aun así le había dicho muchas veces que de preferencia no saliera sola. Los Espadas tenían reglas de no meterse con ella, pero las reglas no eran ninguna barrera física, y aun con sus poderes la diferencia de fuerza era monumental. Orihime siempre obedecía, sin rechistar. ¿Por qué esta vez había sido diferente?
El sonido de un golpe duro y seco lo sacó de sus cavilaciones. ¿Qué había sido eso? Parecía una explosión…no, más bien como si algo se hubiera roto, como un derrumbe. ¿Estaban bajo ataque? Era poco probable. Los ex capitanes estaban al pendiente de cualquier intromisión y les hubieran avisado de inmediato.
De cualquier forma era mejor que averiguara de qué se trataba. Se echó a correr en dirección al sonido que había escuchado. Se concentró en sentir el reiatsu pensando que probablemente era alguna pelea, conocía de primera mano el temperamento de los Arrancar y sabía que, aunque tenían prohibido pelear entre ellos, no todos estaban dispuestos a seguir las reglas.
Al parecer era Nnoitra. ¿Por qué no le sorprendía en lo absoluto? Su reiatsu y su aura asesina eran perceptibles incluso a través de las paredes. Ese idiota estaba armando un alboroto como siempre. El otro reiatsu pertenecía a Grimmjow. Así que al fin se estaban desahogando. Era sólo cuestión de tiempo, bastaba con observarlos de vez en cuando para saber que no se soportaban mutuamente. Lo mejor sería detenerlos porque a ese paso uno de los dos iba a morir.
Entonces, Ulquiorra se detuvo por un segundo. El corazón le dio un vuelco al reconocer el tercer reiatsu. Era Orihime. Y si estaba en el mismo lugar que Nnoitra y Grimmjow, estaba en problemas.
Ulquiorra usó entonces el sonido para llegar lo más rápido posible al lugar de la pelea. El miedo lo consumía por dentro, como si se le estuviera abriendo otro hueco en el pecho. Miedo de llegar un segundo tarde, miedo de que Orihime saliera lastimada, aunque fuera un rasguño. Si algo le pasaba y no lograba impedirlo…
La cara de Ulquiorra se contrajo con horror. Dio vuelta por el pasillo y lo primero que vio fue el cuerpo de Grimmjow tirado a un lado sobre un charco de sangre. El escudo protector de Orihime estaba sobre él. Levantó la vista y se encontró con la peor escena que había presenciado en su existencia. Nnoitra Jilga tenía a Orihime agarrada del cuello contra la pared. Ni siquiera tuvo tiempo de preguntarse qué había pasado. Los labios de Orihime se movieron suplicantes y Ulquiorra alcanzó a escuchar su propio nombre. Ciego de rabia, usó el sonido una vez más al tiempo que se lanzaba hacia Nnoitra. La zanpakutou cortó limpiamente su mano y la chica cayó al suelo.
-¡Mierda! -gritó Nnoitra mientras agarraba su muñón sangrante.
Retrocedió hasta la pared de enfrente y fulminó a Ulquiorra con la mirada. Su ojo visible entrecerrado con odio. Su cerebro tardó en reaccionar, tiempo que Ulquiorra aprovechó para arrodillarse junto a Orihime.
La chica estaba temblando, incapaz de procesar lo que acababa de ocurrir. Ulquiorra estaba ahí con ella y la mano de Nnoitra había sido cercenada. Todo parecía tan irreal.
Ulquiorra le puso una mano en el hombro y se inclinó hacia su rostro. Sus ojos buscaban alguna herida, pero no encontró nada más que la piel enrojecida del cuello. Aquel infeliz se había atrevido a tocarla. Quería despedazarlo con sus propias manos, pero primero tenía que asegurarse de que Orihime estuviera bien.
-¿Estás bien? -susurró.
Orihime asintió despacio. Se sobó el cuello para aliviar un poco el dolor.
-Nnoitra…él estaba…me dijo…y Grimmjow, no pude… -Orihime hablaba entre sollozos pero no lograba articular una simple oración. Todavía se estaba recuperando del shock.
-Shh, tranquila. Ya estoy aquí -Ulquiorra le dio un beso en la frente y sintió su propio cuerpo estremecerse. No había poder alguno que lo detuviera de lo que estaba a punto de hacer.
Se puso de pie y empuñó su zanpakutou. Un simple tajo bastaría para acabar con Nnoitra. Y cuando lo hiciera…
-Grimmjow…
Ulquiorra se detuvo al escuchar la voz de Orihime. La chica veía fijamente al bulto que estaba a sólo unos metros de ella. Ulquiorra también lo miró y suspiró. Supuso que podía encargarse de él primero. La situación era confusa pero dentro de poco averiguaría lo que había pasado.
Nnoitra recuperó su zanpakutou y utilizó el sonido para apoderarse de su mano cercenada y escapar. Ulquiorra tuvo el impulso de ir tras él, pero Orihime lo miró suplicante.
-Ulquiorra…tenemos que ayudar a Grimmjow.
Maldición, pensó Ulquiorra.
Se inclinó para levantar a Orihime.
-¿Puedes caminar?
-Sí, estoy bien -respondió la chica.
Ambos se acercaron al cuerpo de Grimmjow. Ulquiorra todavía lo miraba con desconfianza. Grimmjow era violento e impulsivo, pero hasta donde sabía, no se metería con Orihime. Además, se suponía que la diferencia de fuerza entre Grimmjow y Nnoitra no era tanta, aunque el antiguo Sexta se veía muy malherido. Probablemente no tener un brazo había sido la clave de su derrota. Tenía una ligera idea de lo que había pasado, pero necesitaba oír la versión completa de los hechos.
Orihime se arrodilló junto a Grimmjow y activó su escudo para curar sus heridas superficiales. Ulquiorra la miraba en silencio. Sentía una extraña fascinación por ella y su altruismo. Claramente la que necesitaba curaciones era ella, pero se preocupaba primero por un soldado como Grimmjow.
-¿Qué fue lo que pasó? -preguntó Ulquiorra recargado en la pared con los brazos cruzados.
Orihime agachó la mirada sin saber cómo empezar a explicar todo el asunto.
-Nnoitra fue a mi habitación y me dijo que quería dar un paseo conmigo. Primero me negué, sé que no te gusta que salga yo sola, mucho menos con alguien como Nnoitra. Pero entonces…
Orihime se detuvo. ¿Cómo podía decirle que había accedido sólo para que Nnoitra no le hiciera nada a él?
-¿Entonces…?
-Creí que hablaba en serio. No podía soportar la idea de que intentara hacerte daño. Mira lo que le hizo a Grimmjow, si te hubiera pasado lo mismo…
Ulquiorra comprendió lo que le decía. Nnoitra la había amenazado utilizándolo a él para meter presión psicológica. El simple hecho de que hubiera funcionado significaba que no le era indiferente a Orihime. Mas no podía alegrarse, no después de todo aquello.
-Estábamos caminando cuando de pronto Grimmjow nos encontró. Le preguntó a Nnoitra qué estaba haciendo conmigo y empezaron a discutir. Grimmjow se ofreció a llevarme de vuelta a mi habitación, pero Nnoitra no iba a ceder. Entonces Grimmjow lo atacó. Todo pasó muy rápido, no podía distinguir muy bien lo que estaba pasando. Cuando Nnoitra se acercó a Grimmjow supe que sus intenciones iban más allá de una pelea.
-Entiendo.
-Y sé que no te agrada Grimmjow. Para ser honesta, a mí me da un poco de miedo. Pero no podía dejar que Nnoitra lo lastimara más. Activé mi escudo para protegerlo y fue entonces que…
Ulquiorra asintió. No había necesidad de escuchar el resto del relato. Lo había vivido en carne propia. Estaba sorprendido por la actitud de Grimmjow. No esperaba que hubiera defendido a Orihime a costa de su propia vida. Se sentía en deuda con él, y estaba dispuesto a retribuirle eventualmente.
-Bueno, parece que Grimmjow no es tan malo después de todo -dijo Ulquiorra.
-Sí saben que estoy consciente, ¿verdad? -murmuró Grimmjow. Esbozó una ligera sonrisa aunque mantuvo los ojos cerrados-. Puedo escuchar todo lo que hablan de mí.
-¡Grimmjow! -Orihime gritó de alegría.
El Espada se incorporó lentamente y se agarró la cabeza. Todavía le dolía bastante por haber chocado de lleno contra el muro, pero no creía tener ninguna fractura.
-¿Puedes levantarte? -preguntó Orihime.
-Estoy bien -gruñó Grimmjow. Se puso de pie y de inmediato se torció de dolor al sentir la punzada en las costillas rotas-. Estaré bien -corrigió.
-Ulquiorra, hay que llevarlo de vuelta a su habitación. Ahí podré curar todas sus heridas.
-No hace falta -exclamó Grimmjow-. Sólo necesito descansar un poco.
-Grimmjow, también puedo devolverte tu brazo -dijo Orihime.
Grimmjow la miró con los ojos muy abiertos. Después miró a Ulquiorra como para comprobar que lo que le decía era cierto.
Él había presenciado los poderes de Orihime de primera mano. Recordó que, durante su primera visita al mundo humano, Orihime se había encargado de heridas mucho más grotescas y severas que habían recibido sus amigos.
Ulquiorra asintió una vez.
Grimmjow bufó molesto. No quería recibir ayuda de nadie, no la necesitaba. Siempre se había valido por sí mismo y había llegado tan lejos gracias a su propia fuerza. Pero si en verdad aquella mujer humana podía devolverle su brazo, entonces tenía más probabilidades de encontrar a Nelliel y vengarse de Nnoitra. Era momento de dejar de lado su orgullo para ordenar sus prioridades.
-De acuerdo.
Ulquiorra lo ayudó a sostenerse y se puso su brazo sobre los hombros para servirle de apoyo. Grimmjow quería que se lo tragara la tierra. Si aquella mañana le hubieran dicho que al final del día Ulquiorra iba a ayudarlo a caminar se habría reído a carcajadas y le habría partido la cara a quien lo sugiriera.
Pero ahí estaba, apoyándose en el enano flacucho y emocionalmente reprimido para llegar a su habitación. Era patético. Orihime iba detrás de ellos. Un momento más tarde lo ayudaron a tenderse en la cama y Orihime activó su escudo nuevamente. Curar heridas tan grandes requería mucha energía espiritual y no podía evitar sentirse fatigada. Pero estaba en deuda con él, era lo menos que podía hacer.
Orihime se sentó en la orilla de la cama y se concentró en las heridas internas del pecho y abdomen. Por su parte, Grimmjow sentía una calidez agradable y poco a poco iba desapareciendo el dolor. Sus poderes eran verdaderamente asombrosos, no tenía idea de que algo así existiera en el mundo. Con razón Aizen estaba tan interesado en ella. Cerró los ojos y dejó que terminara el proceso.
En el sueño, Grimmjow estaba vagando en el ecosistema desértico de Hueco Mundo. La estructura del castillo se veía cada vez más pequeña conforme se alejaba rumbo al bosque de los Menos. Algunos Hollows de bajo rango se movían entre las arenas, mas no les puso mucha atención. Su mente estaba ocupada con otra cosa, algo que buscaba pero que al mismo tiempo huía de él.
Grimmjow se internó en el bosque y aguzó el oído. Aun siendo un Arrancar, corría peligro de que los Adjuchas o Menos trataran de devorarlo. Nunca había que bajar la guardia en Hueco Mundo.
De pronto escuchó una risita. Era un sonido que rompía la tensión del ambiente, era juvenil, casi infantil, como de una niña pequeña. Se guió por el sonido y avanzó unos metros más. Algo se movió a su alrededor y Grimmjow afianzó el agarre de su zanpakutou, listo para atacar o defenderse, lo que fuera necesario.
Una cabellera verde turquesa pasó en una ráfaga frente a sus ojos y desapareció al momento.
-Nell….Nelliel… -exclamó sin poder creerlo.
La cabellera estaba semi oculta bajo una capucha de tela verde, pero era inconfundible. La roca que usaba de escondite no lo dejaba estar seguro, así que se acercó lentamente, los latidos de su corazón martillando sus oídos a cada paso que daba.
-¿Nell…?
La figura salió de su escondite y lo miró por un momento antes de desaparecer nuevamente. Esta vez vio más que su cabello. Esos ojos oliva, el estigma sobre la nariz, la máscara de carnero.
-¡Nelliel! -Grimmjow gritó y se incorporó de golpe en la cama.
Estaba de vuelta en su habitación. Su cuerpo cubierto por una fina capa de sudor, la respiración agitada. ¿Había sido un sueño? Miró alrededor y lo primero que vio fue a Orihime arrodillada junto a su cama, con la cabeza y los brazos apoyados en el colchón. Estaba profundamente dormida.
-Hablas dormido, ¿lo sabías?
Grimmjow volteó a la ventana y vio a Ulquiorra sentado en el alféizar con las piernas cruzadas, mirando fijamente el cielo nocturno. Recordó de golpe lo que había pasado. La pelea con Nnoitra, Ulquiorra y Orihime llevándolo de vuelta a su habitación para curar sus heridas…
Y hablando de eso…
Grimmjow se miró el brazo izquierdo, incrédulo. Primero pensó que era un espejismo o que seguía dormido, pero entonces probó moverlo y lo consiguió. Su mano obedecía todas las órdenes que le daba, cada dedo, la muñeca. Dobló el brazo y apretó con fuerza. No podía creerlo.
-Impresionante, ¿no es así? Lo he visto un par de veces y todavía no me acostumbro -dijo Ulquiorra acercándose a él.
-¿Cómo es posible?
-Aizen lo llama "negación de eventos". Más que poderes curativos, Orihime puede regresar las cosas al estado en el que estaban. Desde luego, consume mucha energía espiritual. Le dije que la llevaría de vuelta a su dormitorio cuando terminara, pero no quiso. Te quedaste dormido casi cuando empezó, pero ella no se detuvo hasta verte completamente restaurado. Cayó rendida hace un par de horas.
Grimmjow asintió un par de veces. No tenía manera de agradecerle a Orihime por lo que había hecho. De no haber sido por su escudo, probablemente no estaría ahí esa noche. Nnoitra iba con intenciones de matarlo. No sólo lo había protegido, también le había curado sus heridas, le había devuelto su brazo y con él su fuerza.
Y Ulquiorra…había llegado justo a tiempo para salvarla a ella. Si se hubiera demorado un segundo más, probablemente la chica también estaría sin vida en esos momentos. De alguna forma se sentía en deuda con él, pero no sabía cómo decirlo. Era demasiado incómodo mantener una conversación con Ulquiorra, después de todas las diferencias que habían tenido anteriormente. ¿Y agradecerle? Iba a ser más difícil de lo que parecía.
-Escucha…
-Te debo una -espetó Ulquiorra antes de que Grimmjow tuviera la oportunidad de hablar.
Grimmjow lo miró confundido. Era exactamente lo que él estaba a punto de decir. ¿Por qué Ulquiorra decía que estaba en deuda con él?
-¿De qué hablas?
-¿No es obvio?
Grimmjow negó con la cabeza.
-Salvaste a Orihime. No tengo manera de pagarte eso.
Grimmjow sonrió amargamente. ¿Salvarla? Ni siquiera había podido protegerla de las garras de Nnoitra. Se sintió avergonzado de su propia fuerza y de que le hubiera fallado en los momentos cruciales.
-Ella fue la que me salvó a mí -dijo Grimmjow.
-Si no hubieras estado ahí para empezar, no quiero ni imaginar lo que…
Ulquiorra no terminó la frase. Grimmjow lo vio de reojo y notó que tenía empuñadas las manos, la mandíbula tensa y el ceño fruncido. Era lo más expresivo que lo había visto desde que lo conocía.
Grimmjow asintió. Él también se imaginaba el resultado.
-En serio te preocupas por ella, ¿verdad?
-Aizen…
-Y no me vengas con esa estupidez de que son órdenes de Aizen -lo cortó Grimmjow.
Ulquiorra desvió la vista. De haberlo visto bajo mejor luz podría jurar que había un leve sonrojo en sus pómulos. Grimmjow sonrió. Ahora todo encajaba. Ulquiorra tenía sentimientos por la chica humana y viceversa. Eran un par de bobos si no se daban cuenta.
-¿Qué pasó con Nnoitra? -preguntó Grimmjow para cambiar de tema. No había podido ver su enfrentamiento porque en ese punto su visión estaba borrosa y luchaba por no desvanecerse.
-Supongo que será degradado al igual que tú -contestó Ulquiorra-. Le corté la mano.
Grimmjow se estremeció. Sospechaba que cortarle una mano había sido bastante indulgente de su parte, considerando el aura asesina que lo envolvía cuando lo encontró con Orihime.
-¿Eso es todo?
Ulquiorra suspiró.
-Orihime saca lo mejor de mí. No puedo evitarlo. La única razón por la que Nnoitra sigue vivo es porque ella insistió en que ayudarte era prioridad.
Grimmjow asintió. Aquella chica era en verdad impresionante. Controlar a alguien como Ulquiorra y sin esfuerzo alguno…ni siquiera Aizen podía presumir de tal lealtad.
-¿Qué es lo que vas a hacer? -preguntó Ulquiorra.
-¿De qué?
-Sé que estás buscando a Nelliel.
La simple mención de su nombre bastó para ensombrecer el semblante del antiguo Sexta. No tenía una respuesta. Ulquiorra notó su cambio de humor y se recargó en el poste de la cama detrás de Orihime.
-¿Sabes algo de ella? -preguntó Grimmjow.
Ulquiorra negó con la cabeza. Grimmjow suspiró conteniendo un grito desesperado. De vuelta al inicio.
-Creo que Nnoitra tuvo algo que ver con su desaparición -dijo al fin-. Sabes bien la rivalidad que tenía con ella. Y Szayelaporro…
-No deberías apresurarte a sacar conclusiones -lo cortó Ulquiorra.
-Han pasado días. Disculpa si no me lo tomo con calma. ¿Qué harías tú si Orihime desapareciera sin dejar rastro?
Ulquiorra lo fulminó con la mirada. Acababa de tocar una fibra sensible. Además, estaba seguro de que había dejado muy claras sus intenciones respecto a Orihime. Si alguien le tocaba aunque fuera un pelo, lo lamentaría por el resto de sus días.
En ese sentido podía entender a Grimmjow. La desesperación que había sentido cuando supo que Orihime estaba envuelta en la pelea y que probablemente no saldría viva…Seguramente Grimmjow estaba viviendo ese tormento en relación a Nelliel.
-Voy a tratar de averiguar por mi cuenta lo que pasó con ella -dijo Ulquiorra con calma-. Sé que ahora mismo no estás en los mejores términos con los ex capitanes, así que puedo ayudarte a buscar las grabaciones de ese día.
Grimmjow sintió un rayo de esperanza y asintió. Recibir la ayuda de Ulquiorra era algo invaluable, aunque le costara trabajo admitirlo. Y ahora sabía que lo prefería más como amigo que como enemigo.
-Te mantendré informado. Mientras tanto asegúrate de no causar problemas -sentenció Ulquiorra antes de agacharse junto a Orihime para cargarla en brazos sin esfuerzo alguno.
La joven seguía profundamente dormida, ajena a lo que estaba pasando. Grimmjow abrió la puerta de su habitación para que salieran y los observó hasta que dieron vuelta por el pasillo.
Entonces regresó a la cama y se quedó acostado mirando al techo. Tenía un presentimiento relacionado a una máscara, ojos verdes y aquella extraña risa infantil.
Decidió que la mañana siguiente iría al bosque de los Menos.
Continuará…
