¡Hola a todas! ¡Espero que estén muy bien! Aquí les comparto un capítulo más de esta historia. Como siempre, les recuerdo que es una adaptación de mi autoría basada en la historia original de Mizuki e Igarashi, hecha sin fines de lucro. ¡Bendiciones!
"UNA VISIÓN DE AMOR"
CAPÍTULO VI
El sonido de los inquietos perros de caza y el relinche de los deslumbrantes caballos luciendo a sus elegantes jinetes, hacían marco a la emoción de todos los participantes en la actividad de la caza de otoño de la familia Andley en los campos de Lakewood.
Emoción de todos, menos de uno. Anthony Brower Andley estaba allí, porque debía estarlo, rodeado de familiares y rostros sonrientes, pero él era como si no estuviera en ese ambiente feliz. Mientras esperaba el inicio de la actividad, su mente estaba en otra parte, en una discusión junto a su tía abuela y a su tío William minutos antes de que la familia saliera a la caza del zorro programada a las 11:30 hrs., con un discurso previo de la tía abuela programado a las 11:15 hrs.
Flashback
Habían aprovechado a tener una reunión aprovechando que todos estaban todavía cambiándose para la actividad a campo abierto.
"¡¿Te das cuenta de lo que has hecho, Anthony?!", exclamó su tío enfadado en el despacho de la mansión de las Rosas, tras el desayuno. "¡Candy es mi prometida! ¡Y tú la confundiste!"
"¡Yo no sabía que Candy era tu prometida, tío William!", replicó el rubio menor. "¡No lo sabía porque en esta familia todo siempre son secretos, y nadie le cuenta nada a nadie hasta que es demasiado tarde!", gritó Anthony de vuelta decidido, apenando a su tía abuela presente, por haber guardado silencio al respecto. "¡E independientemente de eso!", continuó el muchacho, ya ataviado en su traje azul de montar para la actividad, "esto es algo que surgió naturalmente entre Candy y yo sin siquiera planearlo! ¡Incluso tú debiste notarlo, tío William! ¡Tú nos viste en el balcón sur, la primera noche que nos presentaron! ¡Incluso entonces ambos ya sentíamos una atracción que-"
"¡Basta!", su tío somató con su mano el escritorio, callándolo. "¡No lo permitiré esta vez, ¿me entendiste?!", le dijo furioso, haciendo que la tía abuela se asustara. "¡Es mi prometida legal, Anthony! y su familia está de acuerdo con el compromiso. ¡No me harás quedar como un idiota frente a toda la familia y menos frente al Concejo Andley!"
"¡Nos amamos!", gritó Anthony de vuelta al otro lado del escritorio, apoyándose también en este, enfrentándolo. "¡Candy es mía, tío! ¡Le pese a quien le pese!", le gritó. "¡Y nos marcharemos de aquí si es necesario! ¡No permitiré que nos separen por un acuerdo antiguo en el que William Andley y Rose Britter debían casarse!"
"¡Pero ¿cómo te atreves?!", dijo William, iracundo.
"¡Candy es mucho más que una simple Britter a la venta del mejor postor, tío!", le gritó Anthony sin medir consecuencias. "¡Es un ser humano con sentimientos que deben respetarse! ¡Es una dama! ¡Y me tiene a mí! ¡No es uno de tus animales desamparados del bosque que necesite de tu protección y cuidado!"
"¡Pero ¿qué dices, imbécil?!", dijo su tío esquivando el escritorio en un solo movimiento, y yéndosele encima a Anthony, con quien comenzó a forcejear, cayendo ambos sobre el escritorio y los muebles en el despacho, rompiendo varios adornos, sin siquiera notarlo.
"¡Auxilio! ¡Auxilio!", comenzó a gritar la tía abuela corriendo hacia la puerta y abriéndola. La asustada Matriarca corrió hacia el pasillo, llamando a tres de los mayordomos más cercanos que custodiaban que nadie se acercara al despacho para la reunión. Entrando los tres corriendo de inmediato al lugar, y con bastante dificultad, separaron a los dos altos Andley, teniendo que sostener entre dos al mayor de ellos.
"¡Suéltenme!", gritó William fuera de sí, ya lejos de su sobrino. "¡O los despido! ¡Suéltenme!", los dos mayordomos lo soltaron de inmediato.
Anthony se quitaba la sangre de su labio roto, sin amedrentarse, mientras el otro mayordomo, al sentirlo ya calmado, lo soltaba.
"¡Vete de esta casa!", le dijo su tío exaltado, señalando hacia afuera con la mano. "¡No quiero verte aquí! Solo que termine la cacería ¡y te me vas!"
"¡William!", exclamó su tía indignada. "¡Pero ¿qué estás diciendo?!"
"¡Es una orden!", recalcó, sin dar pie a más discusión.
Anthony se le quedó viendo con resentimiento y pena, y sin decir más se volvió.
"¡Anthony…!", dijo la tía abuela al verlo pasar con paso firme y serio frente a ella y salir del despacho, sin decir una sola palabra más.
Fin del Flashback
La risa del círculo de caballeros Andley conversando a pocos metros de él, hizo que el joven Brower regresara de sus angustiantes recuerdos. La familia había comenzado a congregarse alrededor de la glorieta estilo Luis XV, que decoraba el área posterior de la propiedad, cerca de los campos donde se realizaría la cacería.
"Vamos, Anthony." dijo Archie llegando a su lado, acompañado de su hermano mayor. Como Anthony, ambos llevaban su distintivo traje azul de equitación, con su boina del mismo color y botas negras.
"No. Vayan ustedes." Les dijo. "Yo me quedaré aquí un momento.", concluyó con seriedad.
"¿Qué te pasa, Anthony?", dijo Stear extrañado. "Sabes bien que la tía abuela nos quiere cerca de la actividad cuando ella habla. ¿Aún tienes jaqueca?", preguntó haciendo alusión a su ausencia bastante notoria al inicio del desayuno.
"¿Te lastimaste el labio?", preguntó un sorprendido Archie, al notar el golpe en la comisura de su boca.
Anthony sonrió, tocando el golpe que su tío le diera en el forcejeo. "Descuida, Archie, no es nada. Yo les cuento más tarde. Solo… necesito estar solo ahora. Adelántense ustedes", insistió.
Archie y Stear se miraron extrañados y luego lo vieron a él con preocupación. "Está bien, Anthony." consintió Archie. "Solo no vayas luego a cabalgar si te sientes aún mal."
"Descuida, Archie.", intentó sonreír a su primo. "Vayan sin pena."
Ambos hermanos se volvieron un tanto renuentes y caminaron hacia la glorieta, donde su tía abuela y su tío William ahora también se aproximaban. Para su sorpresa, los señores Britter y Candis les seguían muy de cerca, en sus trajes de equitación.
"¿Qué le pasa a Candy?", dijo Archie observando la escena. "Se ve triste."
"Sí. Es extraño en ella.", comentó Stear. "Aunque desde la mañana que la vi rara."
Archie se volvió y miró a Anthony observando la escena también desde atrás con una expresión extraña en su rostro.
"Sabes, Stear, Anthony también ha estado muy extraño hoy. Apenas si nos ha hablado. Y recuerdo que ayer estaba muy emocionado por la actividad. No sé qué le pasa. Casi ni tocó su desayuno."
"Es verdad. Algo sucede, pero no entiendo qué."
"Buenos días a todos." Comenzó la tía abuela a hablar bajo la glorieta. "Es para nosotros una gran alegría dar inicio a esta cacería de otoño, tan tradicional para nuestra familia. Y en especial…" la tía abuela hizo una pequeña pausa. "Y en especial porque en este día, tenemos una noticia muy importante que compartir con todos ustedes." Ella se volvió y William atrás ofreció su mano a una temerosa Candy, quien casi que temblando la aceptó y junto con él se aproximaron ambos al frente junto a la tía abuela, que los veía seria. Candy mantenía la vista en la nada frente a ella, sin embargo, su corazón latía tan fuerte que resonaba en sus oídos.
La tía abuela tomó una respiración profunda y continuó, "Es para mí una gran alegría informar a todos ustedes del compromiso de nuestro patriarca William Albert Andley con la señorita Candis Rose Britter, a quienes deseamos la mayor felicidad en sus próximas nupcias en abril del próximo año."
Todos los presentes comenzaron a aplaudir complacidos, y felices de saber que su heredero principal comenzaría finalmente su vida familiar.
"¡Enhorabuena!", grito sonriente el tío David desde atrás. Mientras todos reían. Todos estaban aplaudiendo y sonriendo, menos Stear, Archie y Anthony. Stear y Archie porque estaban totalmente conmocionados por la noticia. Y Anthony porque ya estaba caminando hacia su corcel junto a los árboles al fondo del prado, y sin poder olvidar la expresión derrotada de su pecosa, montó en su corcel y se volvió a mirar cómo a lo lejos, todos se acercaban a la glorieta a felicitar a su tío y a Candy. Los señores Britter sonreían felices y orgullosos tras ellos, junto a una seria Matriarca que por primera vez le parecía incómoda con la situación. Su tío abrazó a Candy por la cintura, sonriendo a los presentes que les saludaban.
"¡Heah!", ordenó el rubio de pronto con furia, y espoleó con sus botas a su blanco corcel que, relinchando, se paró en dos patas y volviéndose, comenzó su frenético galope por el prado frente a la glorieta, llamando la atención de la mayoría de los presentes.
Eso hizo reaccionar a la pecosa, "¡Anthony!", dijo asustada de pie junto a William, viendo a su amor perdido desaparecer a toda velocidad al fondo del campo.
"Déjalo, Candy", dijo el joven patriarca serio. "Él estará bien, ya lo verás."
Un estremecimiento se apoderó entonces del corazón de la rubia, no pudiendo definirlo. Era una sensación de angustia que la turbaba aún más que la aceptación misma de su triste destino, pero el saludo animado y felicitaciones de los invitados y familiares Andley a su alrededor la hicieron volver la vista hacia ellos y continuar diciendo sus palabras automáticas de gratitud con una sonrisa leve sin sentimiento.
El joven Brower cabalgaba entonces a toda velocidad por la propiedad Andley. De hecho, se cruzó con varios zorros en el camino, pero ni siquiera los notó. Su mente y su corazón se habían quedado kilómetros atrás junto a una rubia triste y desolada junto a un tío insensible y orgulloso. Mi tío… quién diría que el hombre a quien tanto he admirado toda mi vida terminaría convirtiéndose al final en mi peor enemigo, pensaba él con amargura.
La corneta sonó minutos después de que Anthony se marchara, y oficialmente la cacería del zorro comenzó para la familia Andley.
Stear y Archie, luego de felicitar incómodamente a su tío y a una avergonzada Candy, decidieron quedarse atrás del primer grupo que galopaba emocionado tras los sabuesos en busca de la anhelada presa.
En el primer grupo de jinetes, el más grande de la cacería, estaba el "First Field" encargado de seguir directamente al zorro, luego iban también los Kennelmans, encargados de asegurarse de que los perros volvieran al grupo y de dirigir la caza por la propiedad; y los "Whips", encargados de evitar que los perros pelearan entre sí o con otros animales que no fueran el zorro. Por último, la figura del hombre Terrier, es decir, el encargado de matar al propio zorro o cavar en la guarida de la presa, en el caso de que ésta se refugiase allí, si los sabuesos no lo alcanzaban primero. Y tras ellos iba la mayoría de la familia Andley, en calidad de cazadores de campo, montando sus caballos pura sangre.
Mientras que en el segundo grupo, el "Second Field", iba William Albert, quien, a pesar de ser Maestro de Campo de la cacería por ser el anfitrión, había decidido participar en el grupo menor, junto a un grupo de familiares de Inglaterra, porque no podía evitar aún su reticencia a una actividad tan distinguida pero tan cruel con la fauna, no habiendo podido evadirla en aras de la tradición familiar. Este segundo grupo seguía más los senderos de la propiedad y luego avanzaba a campo abierto, para cazar a la presa en caso de que ésta saliera desde algún arbusto.
Candy cabalgaba junto a Albert en aquel momento, a la cabeza del segundo grupo que se separó, pero su mente no estaba en otra cosa que no fuera la expresión de dolor de Anthony al anunciarse su compromiso con su tío. ¿En verdad sería capaz ella de seguir con todo esto hasta el final? ¿Acaso sus madres estarían de acuerdo con su decisión, por conveniencia? No era lo que le habían enseñado durante los pocos años que estuvo con ellas. Ella había estado pequeña cuando las dejó, pero recordaba bien su preparación cristiana. Todo parecía tan confuso ahora… sería tan fácil dejarse llevar… Pero la imagen de su príncipe sonriéndole… ayudándole a plantar sus rosales en su casa ensuciándose ambos las manos con la tierra y jugando y riendo entre ellos por ello… el obsequio de la Dulce Candy el día que le pidió ser su novia en aquel amanecer… su bondad al escucharla y aconsejarle sin juzgarla… Sus cartas de amor inventando aquel correo secreto que tango la había ilusionado… Sus besos a la luz de aquella lluvia de estrellas en agosto… Su imprevisibilidad escondiéndose junto con ella bajo aquellas escaleras el último día antes de su viaje… su valor al querer luchar por su amor… ¿Acaso traicionar a sus padres sería un pecado menor ante el Creador, que traicionar a su propio corazón?
"¡Candy…!", escuchó que una voz fuerte le hablaba insistente. "¡Candy…!"
Ella volvió su rostro hacia su acompañante, y vio a Albert, sintiendo cómo, de pronto, su caballo era detenido de golpe. "¡Oh!", ella se aferró a las riendas, al encabritarse un poco su corcel y al detenerse, miró sorprendida al apuesto patriarca junto a ella.
"¡¿Candy, estás bien?!", preguntó William preocupado viendo su rostro desconcertado. Llevaba siguiéndola diez minutos y hasta ahora parecía escucharle. Había tenido que detener su caballo por las riendas a la fuerza, al finalmente alcanzarla. Debía admitir que, aunque se había visto preciosa cabalgando a esa velocidad como toda una amazona, le había dado el susto de su vida temiendo que terminara cayéndose.
Ella vio a su alrededor como despertando de un sueño y notó de inmediato que solo estaban él y ella en aquel paraje llano.
"¡William! ¿Y los demás? ¿En dónde están?", preguntó sorprendida en medio del páramo de otoño donde se encontraban.
El apuesto patriarca la vio con tristeza. "Hace rato que cabalgaste de largo, apartándote del grupo, Candy. Parecías tan abstraída. Por eso te seguí y finalmente, al alcanzarte, detuve tu caballo. No me escuchabas llamándote a que te detuvieras."
Ella se apenó, "Lo siento, William.", le dijo.
"¿Estás bien?", insistió el alto rubio.
"Sí, estoy bien, William. Lo lamento, es que…me distraje pensando y…"
"¿Pensando en qué?", dijo él con seriedad.
"Es que yo…", los ojos de la rubia se humedecieron. "Yo…", y con expresión angustiada, sin poder decir más, desmontó de su corcel azabache, desconcertándolo. Su elegante traje de equitación, con su boina y con su cabello recogido en una cola baja, de chaqueta roja y pantalón blanco, la hacían verse preciosa, pensó distraídamente el rubio mayor al verla alejarse unos pasos de él. Y desmontando él también, tomó las riendas de ambos caballos y las dejó sobre unos matorrales cercanos a ellos. Candy guardaba silencio, junto a un pequeño árbol deshojado.
"William…", dijo entonces la rubia. "¿Puedo hablar con total sinceridad contigo?", preguntó aun estando de espaldas a él.
"Por supuesto que sí, Candy. Estamos comprometidos, pero antes que nada también somos amigos.", dijo William acercándose a ella, pero sin intentar tocarla. "Puedes hablar con libertad."
"No puedo casarme contigo", dijo de inmediato la rubia, haciéndolo contener su aliento en sorpresa. Y volviéndose hacia él, "¡Lo siento tanto, William!", le dijo con lágrimas ahora derramándose por sus mejillas. "¡Perdóname! ¡Fui una tonta!" continuó. "¡Nunca debí dejar que dieran ese aviso de compromiso ante toda la familia!", sus arrepentidos ojos verdes lo veían, denotando su sincero dolor por herirlo.
"¡Pero, Candy…!", protestó el alto patriarca, tratando de salir de su sorpresa.
"Yo amo a Anthony, William." Ella continuó, sonriendo con tristeza. "Lo amo - con todo mi corazón -, y ahora que comprendo lo que hice, sé que no puedo traicionarlo así. Perdóname, William." Le dijo. "No fue mi intención engañarte."
"Candy.", la expresión del patriarca se convirtió poco a poco en una de amargura.
"Verás, mis padres… yo los quiero mucho, y estoy muy agradecida con ellos por lo que hicieron por mí… me dieron un hogar muy feliz y siempre están velando por mi bienestar, pero… yo…" Candy lo vio directo a sus también verdes ojos llenos de consternación. "Yo… no soy Rose Britter como tú crees, William", confesó.
"¿Qué?", se sorprendió aún más el patriarca, mirándola con confusión. "¿De qué hablas, Candy?"
Candy cerró sus ojos por un momento haciendo uso de todo el valor que sus sentimientos por Anthony le inspiraban. Había jurado jamás pronunciar lo que iba a decir, pero ahora veía que no tenía otra opción. Y abriendo sus ojos, continuó, viendo fijamente a los verdes ojos del patriarca. "Yo fui adoptada por mis padres cuando solo tenía 6 años, en un hogar para niños, muy humilde, a cincuenta millas de aquí", le confesó, sorprendiéndolo. "Robert y Caroline Britter… ellos… habían perdido a su pequeña hija Rose por ese entonces por una fiebre escarlatina y, estando por el sector del Hogar de Pony - que es donde crecí, donde me abandonaron a los pocos días de nacer -," ella continuó. "Pues… un día ellos iban por el camino que pasa frente al hogar y pidieron posada una tarde porque la rueda de su carruaje se había dañado, y fue allí donde me conocieron. Decían que me parecía mucho a su pequeña hija, no solo por ser rubia, sino por recordarles las travesuras que ella hacía. Ellos decían que su Rose tendría en ese momento mi misma edad. Y cuando supieron por la señorita Pony y la Hermana María, mis queridas madres que nos cuidaban en el hogar, que ellas me habían encontrado en una cesta en la nieve en la misma fecha del cumpleaños de su recién fallecida Rose, ambos decidieron adoptarme."
Candy sonrió. "Para mí fue como un sueño hecho realidad. Me dolió mucho dejar a mis madres entonces, pero junto a ellos encontré lo que siempre había anhelado… una familia propia y un hogar lleno de amor, una madre y un padre pacientes y cariñosos que aprendí a adorar y a obedecer - Por ese entonces me encantaba trepar a los árboles todo el tiempo y escaparme de mis lecciones de piano, o volver loca a mamá llevando pajaritos o animalitos heridos para cuidarlos -", sonrió con añoranza. William sonrió con tristeza, la veía ya sin intentar interrumpirle. "Desde entonces," continuó la joven, "me esforcé por ser la hija perfecta para ellos a pesar de todas mis torpezas. Intenté seguir todas las normas que me daban… aprender todo lo que me enseñaban, quería que se sintieran orgullosos de mí, que supieran que yo los quería tanto como ellos a mí." Dijo quebrándosele la voz. Y bajando su mirada, las lágrimas se derramaron aún más por el rostro de la bella rubia frente a él. Candy le miró. "Sé que mis padres me inscribieron con el mismo nombre de su hija Rose, solo me permitieron, por insistencia mía, conservar el nombre que ya tenía al ellos conocerme – es que, verás, era el nombre que talvez mi madre real quiso para mí, cuando me dejó en un cesto con una muñeca con ese nombre bordado en su vestido –" dijo la joven con añoranza, "…Candy.", susurró. "No quería perder eso. Lo único que sabía mío hasta entonces." Confesó. "Así que pusieron la misma fecha en mi acta de nacimiento que la que tenía Rose - 7 de mayo -, y desde entonces fui para todos Candis Rose Britter, hija única de los Britter. Luego de mi adopción, me llevaron a vivir permanentemente a Europa, y años después, cuando llegó el momento, me llevaron a estudiar a Inglaterra en el San Pablo, antes de la guerra. No sé por qué, quizás porque era muy doloroso para ellos, pero cuando les preguntaban por Rose, ellos les hablaban únicamente de mí. Y con los años, era como si Rose y yo fuéramos la misma persona para la familia y los amigos.
Su familia principal es de Austria y el resto está en Escocia, así que nunca conocieron a la pequeña Rose de América antes de fallecer. Solo a mí.", dijo con voz queda. "Como ustedes." Ella lo miró con pena.
El silencio se cernió entre ambos.
"¿Anthony sabía todo esto que me dices?", preguntó finalmente William. El patriarca se sentía ultrajado por el engaño, pero sobre todo avergonzado por la manera como había manejado su compromiso al inicio. Con ella.
"Sí", respondió Candy suavemente. "Él lo sabía."
"¡¿Y por qué no dijo nada cuando habló conmigo esta mañana?!", dijo de pronto indignado.
"Porque me prometió jamás hacerlo, William", respondió la rubia de inmediato, defendiéndolo.
El joven patriarca de pronto también se sintió mal por su sobrino.
"Yo se lo conté hace meses, cuando empezamos como novios…", dijo Candy quedamente, "Era mi más grande secreto y le hice jurar que no se lo diría a nadie, por ninguna razón. Él cumplió su promesa a pesar de lo que significaba para nosotros ahora. Anthony sabía que no soy en realidad una Britter de sangre, y aún así… él me aceptó", ella dijo conmovida.
Yo también te habría aceptado, Candy, pensó William con tristeza mirándola con resignación. Con cansancio, William se alejó un poco de ella y se limitó a ver la campiña a su alrededor, sin mirar nada en realidad, por la pena que embargaba su corazón.
Sus pensamientos saltaban de vuelta a lo dicho por su sobrino tan solo esa mañana, y a su propia reacción ante lo que pensó un desafío sin sentido de su parte. Pero ahora…, sobre todo, a la discusión con su tía Elroy luego de su pelea con él.
Flashback
"Pero ¿qué has hecho, William?!", reclamó la consternada anciana Andley, acercándose a él, luego de que Anthony saliera del despacho. "Te dije que resolvieras las cosas, ¡no que destruyeras a nuestra familia!"
"¡Anthony tiene que respetarme, tía Elroy!", le gritó el patriarca en respuesta. Y mirando a los tres empleados que aún los miraban estupefactos en el despacho, - su ama a veces se enojaba y les gritaba, pero el joven patriarca siempre les había parecido alguien gentil y tranquilo, nunca antes lo habían visto actuar así. - "¡Y ustedes ¿qué miran?!", les dijo enfadado. "El espectáculo terminó, ¡fuera de aquí!", les dijo enérgico.
"¡Sí, señor Andley!", se apresuraron los tres a asentir y abandonaron el lugar rápidamente, cerrando la puerta tras de sí.
"William, creo que debiste dejar que Anthony-"
"¡Mi sobrino no me quitará a mi prometida, tía, y eso es definitivo!"
"William, Anthony solo quería explicarte-"
"¡No jugarán conmigo otra vez!", la interrumpió su sobrino nuevamente. "¡No lo permitiré! ¡Y usted, como Matriarca del Clan, tía, debería estar de mi lado!"
"¡Por todos los cielos, William!, ¡ella no es Rebecca!", le gritó la anciana ya harta. "¡Deja de confundir las situaciones! ¡Aquí nadie te engañó premeditadamente! ¡Ellos no lo sabían!", le dijo.
William la vio a los ojos con sorpresa. Y sin querer escuchar más lo que le decía, le dio la espalda, ofuscado, viendo hacia los jardines de la mansión. Toda esta situación era tan desquiciante para él. ¡Ese nombre otra vez! ¡Cuántas veces le había dicho que no se lo mencionara nunca más!
"Ella no es Rebecca, hijo.", le dijo la Matriarca nuevamente, pero esta vez más calmada y condolida.
No importaba cuánto se esforzara en olvidarla, siempre regresaba a ese triste recuerdo cuando la mencionaban.
El joven patriarca suspiró recordando su última visita a Sudáfrica, hace tres años. En aquel viaje, William Albert había conocido a una joven escocesa que pasaba el verano junto con sus padres en aquel fin del mundo, por negocios. Fueron presentados en una reunión diplomática y él quedó encantado por su fineza y empatía por la naturaleza y fauna de aquel fascinante país. Sus ojos azul zafiro y su cabello color caoba acentuaban la belleza de sus facciones y era una amena conversadora y una compañía aventurera en los safaris a los que la invitó en compañía de su familia, con ayuda de George. Sin darle muchas vueltas al asunto, con el paso de las semanas, su amistad creció, y con los meses, el joven de 24 años creyó finalmente haber encontrado al amor de su vida. Había escrito incluso a su tía para que lo acompañase a Escocia en dos meses, para reunirse con ellos y pedir su mano oficialmente; sin embargo, sin pretenderlo, la última noche que estuvo en la ciudad de Johannesburgo, fue a visitar un restaurant que George le había recomendado grandemente de su última visita, y cuál fue su sorpresa al encontrar a su Rebecca muy cariñosa con otro caballero en una mesa al otro lado del salón. El hombre, rubio, unos años más joven que él y a quien había visto una qué otra vez en reuniones con la familia de ella, habiéndoselo ella presentado como un amigo de la infancia, parecía incapaz de quitarle las manos de encima, a pesar de la concurrencia. Después del shock inicial, decidió seguirlos sin que lo notasen, y su corazón se hizo pedazos al verlos entrar juntos a un hotel de mediana calidad y no salir sino hasta altas horas de la madrugada, de manera separada.
Fin del Flashback
Su mente regresó a su presente y sintiendo el viento frío en su rostro, el joven patriarca sonrió con tristeza. "Lo comprendo, Candy.", dijo entonces, volviéndose hacia la apesadumbrada muchacha que lo observaba en silencio. "Si lo que dices es verdad…"
"¡William, es la verdad!", dijo la joven con angustia, acercándosele. "¡Te lo juro por mi vida!"
"…Entonces, el contrato matrimonial entre nuestras familias no es válido", concluyó, "y yo no tengo intenciones de presionar el asunto para acordar uno nuevo entre ambos."
"¿Lo dices en serio?", un hálito de esperanza comenzó a devolverle a la rubia la sonrisa.
Un serio William Andley asintió. "Descuida, Candy. Hoy mismo aclararemos este asunto."
"Mis padres…", Candy se preocupó de pronto pensando en su reacción.
"No te preocupes por ellos. Lo trataremos en privado junto con la tía Elroy. Deberán responder por esto, es definitivo, hay mucho qué aclarar. Y espero no te moleste, tendremos que confirmarlo todo legalmente, de nuestra parte. Pero me conoces…" el joven patriarca intentó sonreírle con cariño, tomando su mano, "No soy de los que se dejan manipular por el sistema. No dejaré que me presionen a pedir ningún tipo de resarcimiento de parte de tu familia por… 'la confusión'." Le dijo con familiaridad. "Descuida."
"No sé cómo agradecértelo, William.", reconoció Candy, dándole la más conmovida y sincera sonrisa que él había visto dirigirle hasta entonces.
Es tan hermosa… tan sincera y real… pensó el patriarca, sin poder evitar sentir que quizás perdía esta vez la mejor oportunidad de su vida.
"Prométeme una cosa, Candy.", le dijo él entonces.
"¿Sí?", le dijo la joven atenta.
"Promete que harás muy feliz a mi sobrino." Le dijo sincero. "Él te ama de verdad. Fue esta mañana conmigo para tratar de convencerme de romper el compromiso, pero en realidad… no lo quise escuchar." Le dijo un tanto arrepentido. "Pero reconozco que él merece ser feliz, Candy, - Y sé que tú también -", le sonrió.
"William…", dijo Candy conmovida. "¿Autorizarías nuestro matrimonio?"
"Lo haré. No te angusties más, pequeña. Hablaré con tus padres también para que permitan el compromiso entre ustedes dos lo antes posible. Porque asumo que querrán casarse muy pronto."
"¡Oh, William! ¡Gracias!," Candy dijo emocionada. "Y sí, ¡te lo prometo! ¡Intentaré hacerlo muy feliz!", exclamó espontánea, "¡Gracias, William!", dijo, y lo abrazó, con gran afecto, riendo feliz. El alto patriarca sorprendido, la abrazó hacia sí con cariño y no pudo evitar sentir en ese momento cómo su corazón se rompía por una segunda vez.
El galope de un caballo a toda velocidad acercándose hacia donde se encontraban, llamó la atención de ambos. Candy y William se separaron de su abrazo, volviéndose en esa dirección.
Continuará…
¡Gracias por leer!
¡Muchas gracias por seguir la historia! Y gracias por sus comentarios al capítulo anterior - aunque sea con angustia -. Gracias, Anguie, Sharick, Guest 1, Guest 2, Mayely león y GeoMtzR, por comentar.
Un abrazo en la distancia,
lemh2001
7 de noviembre de 2023
P.D. Se actualizará este jueves.
