Año 8 - En la colina de la melancolía

Ribbon Theriault, 17 años

Distrito 8

"Si no puedes conseguir lo que quieres entonces ven conmigo a lo alto de la colina de la melancolía, donde sueño despierto con estar cerca de ti."


Conocí a Maple en la estación de herborismo en el Capitolio. Por aquel entonces aún pensaba que haríamos un buen equipo.

-¿Quieres una manzana? -Digo ofreciéndole un ejemplar verde de un árbol que encontramos antes.

-No. -Contesta.

Ruedo los ojos. Me está empezando a desesperar su estado depresivo y melancólico. Así no va a ganar los Juegos y está siendo un lastre para mí.

Siendo una chica del Distrito 7, me parecía normal que supiese de plantas y supervivencia. Me quedó claro cuando la entrenadora la elogió por sacar un 96% en el test modo difícil y la chica se sonrojó, dándome la idea de que a parte de ser una experta en conocimiento útil, sería también dócil y no tendría agendas ocultas que acabasen en traición tal y como hemos visto otros años. Casi pude oír trompetas celestiales cuando aceptó mi proposición.

A partir de ese momento me centré en armas. Yo le ofrecería protección y ella conocimiento. Trato justo.

Pero lo que suena tan bien en la práctica, resultó ser poco funcional. Se quedó congelada en el baño de sangre sobre su plataforma y habría muerto si yo no llego a tirarle del brazo para sacarla de ahí prácticamente arrastrando. Por su culpa no pude internarme en la Cornucopia y no pude sacar nada más que una mochila periférica con un botellín de agua y un analgésico solitario dentro.

Han debido pasar ya 24 horas desde que empezaron los Juegos y aún no ha comido ni bebido nada. Solo camina a mi lado con la mirada en el suelo.

Ya tuvo una crisis nerviosa anoche cuando en el recuento de tributos caídos salió su compañero de distrito. Fue un milagro que nadie nos encontrara después del escándalo que formó. Me siento como un ogro pensando esto, pero no podemos estar lamentándonos por todos esos chicos que mueren o no saldremos de aquí vivas, aunque sean de nuestro distrito. Aquel chico del 3 del año pasado tuvo demasiada compasión y al final fue alguien con menos remilgos quien acabó con su vida.

Al menos vamos cuesta abajo. Pareciera como si la Cornucopia estuviese en lo alto de una colina, y a partir de ahí hemos caminado a través de una arboleda en dirección descendiente. No hemos visto nada más.

-Es tu turno para cargar con la mochila. -Le digo pasándosela. Desde que la llenamos con manzanas pesa bastante. Ella la toma sin rechistar y es entonces cuando oigo algo. Y me congelo.

Le hago una señal de silencio con el dedo y trato de agudizar mis sentidos para ubicar el origen del sonido. Viene del frente. Es constante y rítmico, profundo y acuoso. ¿Será una fuente de agua?

Me adelanto a explorar y de repente, los árboles terminan y el terreno se nivela formando una amplia explanada. Más allá de eso, hay cielo. Parece un precipicio.

-¡Maple! -Digo haciendo un gesto con la mano para que se acerque. Lo que veo me quita la respiración. Una vasta extensión de agua rodea todo.- ¡Estamos en una isla!

Miro hacia abajo y el vértigo me hace marearme por unos segundos. Hay un acantilado de unos doscientos metros de alto. Abajo, las olas del mar golpean con violencia contra las rocas. Ese era el sonido que se oía. Observo el devenir del mar como en trance. Jamás había visto algo así, es bello, inmenso, majestuoso, de un azul profundo. Mi color favorito. Casi puedo sentir el olor salado y húmedo que viene de abajo. También veo un animal, gris y regordete que se asoma por un momento a la superficie antes de volver a sumergirse. ¿Qué será?

Suena un cañón. El primero desde que salimos del baño de sangre. Es hora de ponernos serias. Tengo que hacer que Maple colabore, o que al menos coma algo.

-Maple. ¿Oíste es... -Comiendo a decir. Me detengo al ver que no está.- ¿Maple?

Examino el lugar con la vista y veo la mochila, abandonada al borde del acantilado a unos cincuenta metros de mí. Me quedo paralizada un rato, negándome procesar lo que veo y atar cabos. Cuando el aerodeslizados aparece a mi lado me volteo y corro hacia el bosque, deliberadamente dejando la mochila atrás, como si ahora estuviese poseída por el espectro de mi aliada. Siento náuseas, mareos, ganas de gritar. Estoy sola.

Tal vez siempre lo estuve.


Maple Roxbury, 16 años

Distrito 7

Han pasado veinticuatro horas desde que empezaron los Juegos, y lo más probable es que mi aliada ya se haya dado cuenta de que no sirvo para nada.

Me ha ofrecido comida y agua en intervalos de diez minutos. Pero siento como si tuviera el tubo digestivo lleno de nudos. No creo que nada pase más allá de mi garganta si no es para salir otra vez por culpa del asco que siento.

Quilim está muerto. Lo ví anoche en el cielo y no pude evitar caerme a pedazos. Era mi compañero de distrito y aunque no hablamos mucho, sentía como que eso nos unía. Si no hubiese sido por Ribbon, probablemente habría muerto en el baño de sangre igual que él, lo cual habría sido lo mejor al fin y al cabo. Ella ya ha expuesto su punto de que no debería sentirme triste, que tendré que ver a todos morir uno a uno. Y la entiendo, pero es algo que no puedo evitar. Quiero irme a casa, pero solo va a volver uno y sé que no seré yo. No sé luchar y me aterra la idea de lastimar a otra persona, mucho más de matarla.

Lo único que probablemente me retiene es saber que Ribbon cuenta conmigo. Hasta eso me acongoja, sentir que no soy libre para quedarme aquí y dejarme morir tranquila sólo porque ella me necesita.

-Es tu turno para cargar con la mochila. -Me dice.

Siento en su tono de voz que está molesta, y tiene toda la razón del mundo para estarlo.

Agarro la mochila llena de las manzanas que encontramos anteriormente y seguimos caminando. Me gustan las manzanas pero no las comemos a menudo porque son muy caras, sobre todo las que están frescas y no pasadas de maduración. No llegan muchas al distrito y la gente como yo sólo puede permitírselas en ocasiones especiales. Mi madre me compró una por mi cosecha del año pasado, para celebrar que ya solo me quedaban tres más por delante. Era rosada por fuera, fresca y dulce. Dijo que se puede hacer un pastel con ellas y que me haría uno tras mi cosecha de los 18. Ojalá lo hubiera podido probar. Ahora las tengo al alcance de mi mano pero mi cuerpo las rechaza a pesar de que no he comido nada desde que nos lanzaron a la Arena.

No anduvimos ni dos pasos cuando Ribbon me ordena que me quede quieta. La veo paralizarse atenta, mirando a todas partes. Espero que no sea un peligro, aunque lo más seguro es que lo sea.

Pronto oigo el ruido al que ella se debe referir, constante y grave, como un rumor. Ella se adelanta a explorar. Yo la sigo unos metros atrás y salimos a explanada llana sin árboles que termina abruptamente. Ribbon se para en el borde y mira hacia abajo, desde donde se puede ver la línea que separa el celeste del cielo con el mar más oscuro. Es hermoso. Incluso ella se queda embelesada unos segundos hasta que reacciona y me llama.

Noto que vuelve a adentrarse en sus pensamientos y me acerco, aunque no voy junto a ella sino unos metros más a la derecha. Cuando miro hacia abajo, veo una abrupta pendiente rocosa y unas rocas abajo en las que las olas chocan salpicándolas de espuma blanca. Hay una gran caída desde aquí. Ahí es cuando me invade la idea de terminar con todo por mi propia mano en lugar de esperar a que el fin venga a mí. No quiero morir a manos de alguien que me haga sufrir más, por sadismo o inexperiencia, si me dan a elegir prefiero que sea rápido y ahora puedo elegir.

Miro a Ribbon oteando el horizonte con sus manos sobre su frente para cubrirse del sol.

-Lo siento... -Murmuro. Tal vez en otro caso sería ella la que se deshiciese de mí cuando se harte. ¿Por qué defendería a alguien que no le reporta nada a cambio?

Dicen que el suicidio es de cobardes, que es una forma fácil de huír de un problema en lugar de enfrentarlo. Pero cuando estoy aquí, con todo a mi favor para hacerlo, me doy cuenta de que se necesita mucho valor para atentar contra uno mismo. Incluso en los Juegos del Hambre.

-Adiós mamá, adiós papá. -Murmuro mirando al cielo y dejándome caer tras soltar la mochila para que Ribbon la aproveche en mi ausencia. Que de verdad sea rápido. Es lo único que pido.


Canción: On Melancholy Hill (Live on BBC) de Gorillaz.

Tenía este capítulo ya escrito con anterioridad y pensé en publicarlo para ver cómo me sentía ya que estoy algo desmotivada. Bueno como verán es una viñeta doble esta vez, así es como me salió y espero que les guste ver el punto de vista de cada una de las chicas. Será algo especial por esta vez.

Hoy no comentaré individualmente, pero ya saben que les agradezco mucho que sigan mi historia, sólo quisiera dar una mención especial a "Los buenos fics y sus autores" por su voto de confianza hacia mi reto. Espero en el futuro estar a la altura.

Disclaimer: Las opiniones y pensamientos de los personajes sobre el suicidio no necesariamente reflejan mi posicionamiento al respecto.