Año 19 -La alegre Enola

Akari Campbell, 13 años

Distrito 5

"El juego que has empezado, terminará en lágrimas algún día. Ah, alegre Enola, ésto ni siquiera tendría que haber sido así."


De todas las Arenas que he visto de año en año ésta es la peor. Todo huele a quemado.

Hay un bosque de árboles carbonizados y una aldea de casas ennegrecidas, consumidas por las llamas. Ahí es donde he estado desde hace dos días hasta que el hambre me hizo salir de nuevo.

Miro al cielo con culpabilidad. Larius me está viendo y sé que no lo aprueba. Me repitió muchas veces que estar en un lugar abierto sería mi perdición pero no tengo comida. No había comida en la Cornucopia. La única fuente de alimento parecen ser los paracaídas que contienen batidos con todos los nutrientes necesarios para el cuerpo y que se beben con de una pajita que se conecta a la máscara a través de un agujero. Lo explicó Malcolm Jerome, el comentarista de los Juegos en un comunicado emitido una hora después del baño de sangre. El problema es que dichos paracaidas caen en lugares aleatorios de la Arena a horas al azar y ya gasté los dos batidos gratuitos que daban al principio.

Es mientras estoy examinando el cielo en caso de que haya un envío cuando casi tropiezo con tres personas inconscientes tiradas en el suelo.

—¡Hiro! —exclamo al reconocer su número en la manga.

Me arrodillo junto a él y acerco el oído a su cara. Oigo que su máscara está aún funcionando, lo que significa que aún está vivo.

—Hiro... —lo llamo otra vez, agitando sus hombros.

Hiro fue siempre amable conmigo no puedo darle la espalda. Rodeo la parte superior de su cuerpo con mis brazos y lo arrastro como puedo. Él es más pesado que yo pues tiene dieciséis años y para avanzar unos metros tengo que hacer varias paradas a descansar. Cuando llego a la zona de casas me doy cuenta de que me va a tomar horas llegar a mi escondite por lo que entro en la primera que veo y trato de subir a Hiro al destartalado sofá de la sala. Ésta casa es parecida a la otra en la que estaba. Las paredes están resquebrajadas, el suelo lleno de escombros y cristales rotos probablemente fragmentos de la pantalla del televisor o de la lámpara. En un entorno así, se hace comprensible que tengamos que usar la máscara de gas.

Recuerdo que cuando mi estilista abrió la maleta y me la pasó, me asusté.

Él, tan rudo como siempre, escupió con desdén que había sabido todo el rato que yo no iba a pasar del baño de sangre inicial. Que el Distrito 5 era una decepción porque en éstos casi veinte años sólo ganamos una vez y que ya ha perdido la esperanza de tener a un ganador propio. Yo le golpeé.

No fue mi intención. A nadie le gusta que le digan que le quedan pocos minutos de vida y en ese momento no pude contenerme. La marca enrojecida con forma de mano, se podía ver aún en su cara cuando tras sus gritos de histeria e insultos, tres agentes de la paz entraron, me agarraron y delicadamente me introdujeron en el tubo de lanzamiento.

Permanecí ahí encerrada durante diez minutos, intentando averiguar cómo colocarme la máscara, ya que el muy idiota no me lo explicó. Por suerte aprendí sola. En el reflejo del cristal pude verme con aquel casco negro con el filtro característico que lo único que dejaba ver de la cara de una persona eran sus ojos. Al llegar arriba descubrí que todos íbamos así.

Un portazo me saca de mis recuerdos y todo mi cuerpo se pone en tensión. No estamos solos.

Debería haberme asegurado que la casa estaba vacía antes de entrar y sobre todo, debería haber sido más sigilosa.

No me da tiempo a pensar qué hacer, porque en ese instante la puerta se abre de par en par y un chico pasa a la sala con una katana en la mano. Retrocedo unos cuantos pasos a la vez que doy un grito involuntario amortiguado por la máscara.

Él hace un examen rápido de la habitación con la mirada. Se fija en Hiro y después en mí. Luego baja el arma y se lleva el dedo índice al filtro.

—Shhh. Los demás duermen.

Miro su brazo y veo que su uniforme tiene un 2 bordado. Es uno de los chicos fuertes. Estoy perdida. Él está bloqueando la única salida posible y aunque tuviera armas ni en sueños sería un combate justo.

Pego la espalda a la pared esperando a que él haga un movimiento, lista para morir y rezando porque mi hermano pequeño no esté viendo la televisión.

Él sin embargo no parece interesado en mí, se acerca al sofá donde Hiro duerme y lo contempla por un rato. Comprueba su pulso, luego su respiración. Después desabrocha su máscara.

—¡NO! —grito.

Él me para con su mano y me impide avanzar.

Hiro tose y en su inconsciencia, puedo ver como su cuerpo rechaza el aire que respira. Cada vez se va poniendo más y más blanco, después ligeramente verde y por último deja de luchar y su cañón suena.

—¿Por qué? —repito una y otra vez entre sollozos mientras le empujo.

—No quería ensuciarlo todo —dice clavando en mí sus ojos grises—. Los paracaídas negros son trampas. Lo ví ésta mañana, pensamos que estaba muerto. No te engañes, no podrías haber hecho nada por él.

Sigo llorando y él se da la vuelta.

—Pronto despertarán mis compañeros. Quiero que para entonces te hayas ido. ¿Entendiste?

Al observarlo salir de la habitación, me pregunto por qué me ha dejado con vida, pero la respuesta es obvia.

Sabe que tarde o temprano los elementos me eliminarán. Me siento frustrada, asustada y furiosa a la vez. ¿De verdad soy tan descartable como mi estilista dice?

—¡¿DE VERDAD ES TAN OBVIO?!


Canción: Enola Gay de Orchestral Maneouvres in the Dark. Traducido 'gay' como 'alegre'. Su significado arcaico.

Siempre me debatí entre si borrar o no ésta canción de mi lista, ya que llegó un momento en que siempre la pasaba cuando salía por casualidad. Sin embargo ya le ha tocado. Éste capítulo iba a ser originalmente muy distinto, se me ocurrió toda la trama en cuanto salió la canción, pero lo dejé pasar y con los días se me olvidó totalmente. Hasta ahora no conseguí recordar nada de la historia original a parte de que el tributo iba a ser una chica del Distrito 5. Ésta es por tanto totalmente nueva, y no sabría decir si mejor o peor porque no puedo comparar.

Phoenix, gracias por el aviso. En efecto era Glory. Originalmente iba a ser Grace pero se me olvidó sustituirlo en el final del documento. Y sí, gana ella. La idea de dos vencedoras en el D1 que además fueran familia me atraía, para desgracia de Dalí y los otros veintidos.

Pink, me alegra que te gustara el contexto sobre los profesionales en los tres distritos :D Estuve haciendo lluvia de ideas y la que más me gustó era esa, una Radiance envidiosilla porque quiere su cuota de vencedores, además en esos momentos estaba sola. Sobre el final de la alianza hmm empezaron correctamente, aunque aún había tiranteces entre el 2 y el 4, pero Glory era buena líder y los sabía controlar. Hubo un banquete algo maquiavélico en el que murieron Latasha y Krieg y dejó a Dalí algo magullado. Salt les siguió cuando alguien le hundió un hierro al rojo en el estómago. Glory la vengó ese mismo día, Tidal le pidió que dejaran a Dalí atrás y huyeran juntos. Ella estaba ansiosa por ese momento porque al proponerlo él, no quedaba ella como la mala. Se hizo la difícil un poco y luego fingió que Tidal la convencía. Siguieron cazando juntos hasta el final. Se vieron obligados a romper la alianza, Gloryhuyó hasta la caldera, le arrojó a la cara una brasa que agarró con las manos desnudas y luego lo remató. Le curaron la mano en el capitolio por supuesto :D

Elenear, también me hace feliz tener muchos vencedores del 1 por fin. Los adoro y hasta ahora eran demasiado blanditos para aguantar condiciones extremas. Glory se robó el capítulo enteramente y él estaba todo posesivo con ella, porque estando a solas lo trata bien y es dulce con él, pero con otros lo trata con condescendencia, como a un nenito. Oh, y la Arena fue en una fábrica metalúrgica.

¡Gracias a todos por leerme y hasta la próxima!