Año 29 - Pies doloridos
Reno Newcomb, 18 años
Distrito 7
"He recorrido diez mil leguas, diez mil leguas para verte. Cada bocanada de aire que daba era con el propósito de encontrarte. Escalé todos esos cerros para llegar a ti. Me adentré en territorios desconocidos para abrazarte a ti. Y solo a ti."
—¡¿DÓNDE TE ESCONDES?! —grito al aire.
La perrita del Distrito 2 cayó muerta a mis pies sin mucho esfuerzo. Estaba pensando que esos profesionales no son tan fieros como los pintan, que había tenido una victoria casi regalada con tributos tan débiles y un entorno forestal en el que me muevo con confianza, sin embargo las trompetas que me anunciaban vencedor nunca sonaron. ¿Acaso ella seguía viva?
Pero eso... es imposible. El boquete es tan profundo que puedo verle los sesos asomar por entre el cráneo destrozado.
Eso sólo deja una posibilidad. Hay otra rata más que sigue viva. ¿Pero cómo? Me aseguré de contar a todos.
La idea de que he cometido un error de cálculo golpea todos mis esquemas, que se derrumban cual torre de naipes. Un tributo sigue vivo, alguien que olvidé contar y por alguna razón, los Vigilantes han decidido no provocar el encuentro entre los tres como normalmente hacen, sino sólo entre yo y la profesional.
No sé las razones, pero tampoco importa mucho, lo encontraré y lo mataré aunque tenga que revolver éstas jodidas montañas de arriba a abajo.
Lo que se siente al creerte vencedor pero darte cuenta de que aún vas a estar en la Arena un poco más no es agradable. Es una sensación a medio camino entre la ira, la frustración y la decepción.
Pero pronto me repongo de eso y paso página. Relleno la botella de agua en el río y comienzo a caminar.
Pronto me doy cuenta de que me están conduciendo. Los Vigilantes me cortan el paso, en ciertos lugares, derriban árboles o atraen a diversas mutaciones de vez en cuando que no me atacan pero me amenazan, obligándome a ir por otro camino. Si no hay interrupciones, deduzco que voy por el camino correcto.
Dos días pasan, no me paro nada más que para comer y dormir de noche. El lugar es traicionero y peligroso, muchos caminos terminan repentinamente en un barranco, hay piedras, desniveles y otros obstáculos. Sin olvidar que el tributo está ahí, en alguna parte. Comienzo a mirar hacia atrás cada pocos minutos, con cada pequeño ruido que percibo. Por la noche me despierto a cada momento, temeroso de que me pillen desprevenido.
—Ésto no le puede estar resultando excitante a nadie —murmuro al tercer día de mi búsqueda.
Los capitolinos se aburren con facilidad y aún, no nos reunen y de entre todas las hipótesis que he ido pensando por el camino, ninguna me resulta convincente.
Estúpidos. ¿Están tratando de volverme loco? ¿Es eso lo que quieren conseguir?
Un grizzly joven sale a mi encuentro, con intenciones claramente ofensivas. Enojado, lucho contra él, esquivando sus zarpazos casi por los pelos. No suelen ser agresivos con los humanos, pero esas reglas no tienen por qué aplicarse a la Arena.
Cuando me deshago de él, mi enojo con los Vigilantes ya ha alcanzado su punto máximo. Si los tuviera delante de mí no se atreverían a reírse de mí como lo están haciendo.
La victoria es mía. Me pertenece legítimamente. Y se resisten a dármela.
Al cuarto día, mientras camino por un desfiladero bloqueado por una avalancha algo por fin pasa.
Veo un paracaídas descender del cielo, posándose sobre una de las rocas que bloquean el camino. Cuando abro el paquete, dentro sólo encuentro un pin con forma de diana y una nota de mi mentor diciendo que me estoy quemando. Ahí es cuando lo entiendo todo y comienzo a reír a carcajadas.
No han podido reunir el tributo conmigo, porque está atrapado tras éstas rocas, escondido tras una de las muchas cuevas del desfiladero. Eso explica muchas cosas. Explica que si no las han quitado de enmedio, el poder de los Vigilantes en la Arena no es total.
Mi risa se asemeja a la de un maníaco, y yo mismo me sorprendo de ver hasta donde he llegado, y que al final tenía razón. Me van a hacer perder la cabeza. Odio estar aquí, odio éste sitio. Sólo quiero volver a casa. Me lo he ganado.
Comienzo a quitar piedras de enmedio y tirarlas al vacío. Las pequeñas y medianas no me suponen ningún problema, pero las más grandes no puedo ni moverlas. Pasan dos días más y yo no paro de quitar escombro de enmedio. A veces me llegan paracaídas con comida que me devuelven la energía. Es bueno ver que la gente me apoya.
Lo que no me explico es cómo el otro tributo está vivo aún. A no ser que se haya atrincherado ahí con provisiones para muchos días. Otra cosa más que no tiene sentido.
Finalmente, termino de quitar todas las rocas con las que puedo cargar, dejando sólo las más pesadas y grandes, pero aún así no es suficiente. El hueco que revela la entrada de la cueva no es lo suficientemente grande como para permitirme pasar.
—¡Ahora qué! —grito al cielo, casi sin aliento debido al esfuerzo físico— ¿¡Qué se supone que deba hacer ahora, idiotas!?
Pateo una de las rocas más grandes haciéndome daño en el pie. No debería insultarlos pues podrían tomar ofensa, pero se lo merecen y mi paciencia ya llegó a su límite hace mucho. Cojeando y maldiciendo, me siento en el borde del desfiladero. El sol se puso hace rato y la luz natural se va yendo gradualmente.
Quizá si espero más tiempo el tributo de ahí dentro se muera de hambre. En algún momento tendrá que acabársele, ya han pasado muchos días.
Otro sonido hace que alce mi vista al cielo. Un aerodeslizador se ha colocado justo encima de mí, sus luces señalando la posición. Lo observo con curiosidad mientras veo la gran pinza desdencer del mismo, abierta sobre las rocas restantes. Una por una las agarra y las deja caer al vacío. Por fin se han dado cuenta y han decidido hacer algo. Han tardado demasiado, quizá sólo querían torturarme un rato. Sería muy típico de ellos.
Me incorporo y preparo mi hacha. La última batalla se viene de nuevo y quiero estar preparado. Un sentimiento de euforia me invade, pronto terminará todo. Cuando el aerodeslizador termina su trabajo, comienzo a correr hacia la entrada de la cueva blandiendo el hacha. No me importa quién esté ahí, ya sea chico o chica, joven o mayor, me desharé de quien sea.
Pero tan ocupado estoy, intentando ver algo en la oscuridad de la cueva a la altura de mis ojos, que no veo al tributo que agazapado, corre hacia mí y me golpea con su hombro en la parte baja del estómago.
Antes de que pueda asimilar lo que ha pasado, estoy cayendo al vacío, mi mirada clavada en los ojos azules de ese chico que me mira con una sonrisa petulante desde lo alto del desfiladero. Durante los pocos segundos que dura mi caída, siento más rabia que impotencia que nunca. Otra vez me han arrebatado mi victoria cuando estaba a punto de darle alcance. Pero ya no tengo a nada con lo que descargar mi ira. Y esos sentimientos tendrán que irse conmigo al otro mundo, donde me temo que me atormentarán por la eternidad.
—Espérame en tus pesadillas —susurro al chico, antes de oír el propio crujido de mi espalda al romperse contra el suelo tras lo cual el mundo entero se disuelve en la nada.
Canción: "The Sore Feet Song" de Ally Kerr.
Bueno les dije que se venía (hace dos capítulos) una cara conocida pero hubo un cambio de planes, aquí está. No Reno, sino el otro chico es otro de mis OCs, decidí cambiar todo un poco, para que los Vigilantes se vieran más desvalidos con respecto a la situación imprevista. La avalancha que dejó al tributo atrapado en la cueva y que intentaron por todos los medios hacer que resolviera el tributo pero no pudo ser, y tuvieron que intervenir.
Elenear, me hace muy feliz que te gustase el capítulo anterior, estuve haciendo recuento de lo que recordaba sobre Haas y Orissa, de cosas que me contaste o recordaba sobre MH, y ese fue el resultado. Durante todo el fic, noté como si no sólo fuera el miedo del chico lo que notaba, sino también el dolor y sufrimiento de su hermana, de la cual no había estado nunca separado por tanto tiempo. Fue duro especialmente porque nunca había matado a un niño pequeño desde su POV, es ahí cuando te das cuenta lo injustos que son los juegos... pero estoy feliz por haber cumplido con las expectativas.
Phoenix, gracias por el comentario, creo que como parte de la historia fue un buen reto, porque matar a niños pequeños siempre es duro, ya comenté que ni Steven Spielberg en Parque Jurásico se atrevió a hacerlo, así que el niño de la descarga de los cincomil voltios vivió jajaja. Haas es una ternurita y sí se ganó el corazón de todos, excepto el de la profesional que lo vio como una presa segura para estrenar su conteo de víctimas e impresionar a los capitolinos.
¡Muchas gracias por leerme y hasta la próxima!
