Aviso de: gore
Año 42 - Protégeme
Blight Jordan, 18 años
Distrito 7
"Es la incertidumbre del momento, la epidemia que se extiende, la fiesta que se acaba... Y que nos hace caer."
¿Qué estoy haciendo?
Intentando dejar de darle vueltas a mi situación, hago un cuenco con mis manos, las sumerjo en el agua de la fuente y bebo hasta saciarme. Después repito la acción para refrescarme la cara. Cuando las ondas de la superficie se han calmado, observo mi reflejo en el agua. No importa cuánto esos capitolinos intenten refinarme, mi barba se va a resistir a sus intentos por cortarla. No llevo aquí ni una semana y mi bigote, barbilla y mejillas están ya cubiertos de pelo, como si no me hubiera afeitado en un mes.
—La magia del bosque —murmuro.
La misma esencia del Distrito 7 manifiesta su oposición a la opresión capitolina de muchas maneras. Esta es una. Es poco más de lo que voy a poder aspirar.
Mientras Nina duerme bajo el ciprés cuyas ramas han sido moldeadas para formar una escultura vertical, me pregunto cuánta fuerza de voluntad es necesaria para obrar un milagro. Ahora estamos bien, pero inevitablemente algo pasará y voy a perderla. Y no habrá nada que pueda hacer para evitarlo, lo hemos visto otros años. No imorta cuánto los tributos se nieguen a hacerse daño, todos acabaremos muertos de una forma u otra. Todos menos uno, esas son las reglas.
Podría protegerla bien. Ahuyentar a los animales peligrosos, matarlos si fuera necesario, incluso tengo fuerza y habilidad física de sobra para ganar una pelea y matar. Lo que me falta es voluntad. Hasta los capitolinos se dieron cuenta.
"Blight sería mi clara elección este año, es muy alto y fornido, y para lo voluminoso que es dicen que es rápido, pero se le ve tan buen chico... No creo que esté hecho para los Juegos."
Entendí el concepto desde el primer momento. Al principio me molestó que hablaran de mí así pero sabía en el fondo, muy en el fondo, que tenían razón. Que todo me iría bien hasta que llegase el momento de la verdad. El momento de luchar con otros tributos por mi vida. Si no por mí mismo, debería hacerlo por ella. Soy lo único que tiene...
Por un momento detesto esa costumbre mía de darle demasiadas vueltas a las cosas, y aunque sé que no cambia nada me frustra no poder cambiarme a mí mismo.
Me seco la cara con la manga de mi chaqueta y salgo de la zona de la fuente rodeada de setos para volver junto a ella. Nina está ya despierta y me mira sonriente aún acurrucada bajo el árbol. Cuando yo le devuelvo la sonrisa, ella se incorpora y se despereza.
—Has madrugado mucho, hermano mayor —dice.
Así es como los chicos más jóvenes del pueblo llaman a los más mayores en señal de afecto.
—En realidad no he dormido demasiado. Debía vigilar para que nadie nos pillara con la guardia baja.
Su sonrisa se desvanece. Sabe demasiado bien lo que ocurre y que depende en gran medida de mí.
—¡Hay que ir a por bayas por cierto! ¿Me ayudarás a buscar? Tú tienes mejor vista que yo —agrego—. No querrás que recoja algo venenoso por error.
Le guiño un ojo y ella parece animarse. Viviendo en el Distrito 7 uno acaba aprendiéndose los nombres de todas las bayas del bosque, y si son comestibles o no. Por eso Nina las reconoce tan bien como yo.
Tras recoger nuestras cosas, me cuelgo el hacha al hombro y nos ponemos en camino. Mi hacha personal en casa es el doble de grande y pesada que esta así que una tamaño normal se siente como demasiado pequeña, como si fuera de juguete. Mis padres quisieron que estudiase sobre plagas y remedios igual que ellos. Pero los encargados consideraron que emplear mi complexión fornida en algo así sería un desperdicio y no me lo permitieron. Con un sueldo como el de ellos podría haber vivido mejor. Aunque ahora se acabaron mis preocupaciones sobre vivir mejor o peor y empezaron mis preocupaciones sobre vivir o no hacerlo.
En la Arena hay dos zonas donde mantenerse a cubierto, el laberinto de setos y la arboleda y nosotros escogimos esa última al sentirnos en ella igual que en casa.
Nina va tarareando una canción, una muy famosa que suele comenzar a cantar la gente cuando van pasados de vino, como hija del tabernero se las debe de saber todas. Más adelante hay un arbusto de moras y al verlo, Nina comienza a correr hacia él. Justo cuando voy yo también a empezar a correr para ponerme a su altura, tres personas salen de detrás del arbusto. Ella grita.
—¡Nina!
La chica la atrapa y pone un cuchillo junto a su cuello mientras uno de los chicos le arrebata la mochila. No son profesionales, es un grupo de tributos de distritos periféricos, del 9 o el 10 probablemente. Los tres retroceden un poco cuando avanzo hacia ellos con el hacha en mi mano.
—¡Atrás, o la mato! —exclama la chica—. Te estuve observando en el Capitolio. ¡Sé que ella es importante para ti!
Me detengo en seco al oír esas palabras. El rostro de Nina denota auténtico terror, mientras que los otros tres se ven intimidados, inseguros de que les vaya a atacar o no a pesar de lo que ella ha dicho. Debo salvarla como sea.
—¿Qué tengo que hacer para que la sueltes? —digo.
—Mátate y la soltaré.
—¿Q-qué? —pregunto, atónito.
—¿Eres sordo o idiota? ¡Dije mátate y la soltaré! —dice más alto que antes.
Los observo a los tres. Con esos cuerpos escuálidos no tendrían posibilidades contra mí, pero si me ven mover el arma, la matarán. Saben lo que hacen. Y también deben saber lo que dijeron sobre mí en el Capitolio.
—¿C-cómo tengo tu palabra de que harás eso? —pregunto.
—¡Blight, no!
Nina me observa aterrorizada mientras lágrimas silenciosas resbalan por sus mejillas y yo me maldigo a mí mismo mil veces por no ser capaz de resolver esta situación.
¿Por qué no hice más en prevenirla?
—Tienes treinta segundos para hacerlo o la mato. La decisión es tuya.
Los otros dos hacen el intento de acercarse a mí, pero un tajo al aire con el hacha logra disuadirlos. ¿No hay nada que pueda hacer para salvarla? Si me muevo, ella la matará, si no hago nada la matará igual, si accedo a sus deseos no tengo garantía de que vaya a mantenerse a salvo.
—¡Déjenla ir, y les prometo una lucha justa! —grito a la desesperada.
—Aquí no hay luchas justas —contesta uno de los chicos.
—Diecisiete segundos.
Pero la cuenta nunca llega a cero, porque aprovechando que ella habla, Nina intenta soltarse y le da un bocado a su captora en el brazo tan fuerte que le deja una marca de dentadura sangrienta. Ella grita de dolor y Nina corre.
—¡NINA!
Y al final debo presenciarlo. Debo presenciar como uno de los chicos hunde su machete en su vientre varias veces, cómo la derriba y cómo en un último e inútil intento ella usa sus brazos para protegerse y sólo consigue que él los corte también. Grito su nombre echando a correr hacia ella, la sangre ya mancha su uniforme, las manos y el arma del chico.
BOOM
Primer cañonazo. El del chico que está apuñalando a Nina. Una tajada de mi hacha en su cuello lanza su cabeza hacia un lado y el cuerpo hacia el otro.
BOOM
Segundo cañonazo. Ese debe ser el de ella.
—¿¡Cómo se atrevieron!? ¿¡Cómo pueden si quiera pensar en matar a una niña!?
No los perdonaré. No puedo hacerlo. La han matado como si nada, como quien mata una mosca.
Nina...
BOOM
Tercer cañonazo. El chico que queda me ataca con una espada corta pero un golpe de hacha lo desarma y para el segundo, la hoja de la misma se clava justo en la mitad de su cara, puedo sentir en mi propia mano que blande el arma el momento justo en que el acero fractura el hueso y lo hace ceder, haciendo que uno de sus globos oculares sobresalga un poco de su cuenca y se le salten varios dientes ensangrentados.
La chica es la que queda, no pienso dejar que quede impune, trata de huír pero tropieza con algo y cae al suelo. Antes de que pueda levantarse le doy un hachazo en el costado. Sentir que se está ahogando en su propia sangre al intentar gritar me devuelve la cordura de golpe.
Me detengo en seco y miro a mi alrededor. Mi hacha, mis brazos, mi ropa, todo está salpicado de sangre, también los árboles, el sendero y los arbustos cercanos. Comienzo a hiperventilar. Esta matanza la he hecho yo. Siento las miradas de sus familiares y amigos en mi nuca, observándome, juzgándome y odiándome.
¿Qué he hecho, dios mío?
—Y-yo... —miro a mis pies al oír la voz de la chica moribunda—. S-sólo... Sólo quería... Volver a casa.
BOOM
Canción: "Protège-Moi" de Placebo
Sí, solía ser fan de ellos hace años aunque ya no los escucho casí pero esta canción me sigue gustando. Además en el estribillo dice algo así como "protégeme de lo que quiero". Blight quería protegerla, nadie lo protegió a él de tener que hacerlo.
Bueno, aquí está Blight. No terminó el POV como yo esperé en un principio, de hecho me he traumado a mí misma jajaja. Para Blight me inspiré en parte en Rubeus Hagrid de Harry Potter, un personaje al que le tengo cariño, siempre ve lo bueno en las personas. Siempre lo imaginé muy alto, puede que por los dos metros, fornido y peludito como un osito jejeje. Es muy buen chico, y no creo que no estaba cortado para los Juegos, pero no es fácil derribar a esa montaña humana. Y después de la muerte de Nina fue a ganar.
No sé, desde siempre tuve esa visión de él, de chico demasiado bueno que aprende a palos lo que es jugar a los Juegos del Hambre.
Twilli Prince, escribir a Porter fue una revelación jajaja me enteré de su existencia ese mismo día y ya tenía el otro capítulo terminado. Lo usaré para otra vez. No me he olvidado de Blight, aunque del chico del 3 que llega al sexto puesto sí que me había olvidado ^^u, aunque aún no llegan a los 6 últimos sí es verdad que han muerto 4 seguidos, me pregunto qué opinarían los demás tributos de esto. O bien están haciendo una fiesta o meándose en los pantalones. He consultado en mi lista quién viene después y es un personaje canon, a ver si lo aciertas XD (Y a ver qué se me ocurre porque no tengo ni una ideaaaa)
Mika, creo que también quedaría genial esa arena en un longfic pero desgraciadamente se quedará en el tintero en un futuro medio-largo y no, no soy fan de doctor who xD pero conozco a esos weeping angels y me dan escalofríos.
¡Gracias a todos por leerme y hasta la próxima!
