Año 48 - Hola, adiós

Adonis Payne, 17 años

Distrito 9

"¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué dices adiós? ¡Oh, no! Tú dices adiós y yo digo hola. Hola. Hola."


No sé a dónde voy ni de dónde he venido por este laberinto de paredes de acero. Sólo camino sin rumbo.

He estado dos días en un callejón sin salida bastante camuflado y que me parecía relativamente seguro, pero decidí salir por dos cosas. La primera es que me he quedado sin provisiones, y lo único que he podido recibir de Marian es una botella de agua. El regalo me dio esperanzas. No por el agua en sí, sino porque alguien haya decidido invertir su dinero en mí. Eso significa que aunque no sean muchos, alguien piensa que tengo posibilidades. Nada más que saber que alguien cree en mí me hace sentir más capaz. Aunque sea una persona desconocida.

La segunda razón es porque mi mentora ya me advirtió sobre quedarme en el mismo sitio por demasiado tiempo. A los telespectadores no suele gustarles eso, y los Vigilantes van a actuar consecuentemente.

Me preocupa lo que pueda pasar conmigo si no consigo encontrar comida, llevo bastantes horas sin comer, aunque estoy acostumbrado a tener el estómago vacío. Tengo miedo, provocado por la incertidumbre de no saber lo que me voy a encontrar. Tengo un cuchillo bastante grande, con una hoja que debe medir unos cincuenta centímetros. Afilado también. Depende de quién sea que me encuentre podré ganarle o no. Obvio si me encuentro con la Alianza Primaria, lo único a lo que voy a poder aspirar es a ganarles corriendo. Si me encuentro con alguien que busca pelea y al cual puedo vencer, sé que no voy a tener ningún problema en meterme en una pelea, o incluso matarlo.

El problema es el tercer supuesto...

La chica grita cuando casi se choca conmigo al doblar una esquina, yo doy un paso atrás, poniendo el cuchillo frente a mi cuerpo. Como reacción, ella se pega a la pared, sus ojos demasiado abiertos por el miedo, clavados en mi arma.

—¡N-no...! ¡Por favor no lo hagas! ¡Tengo provisiones, puedo... puedo darte algo!

El tercer supuesto se trataba de alguien sin intenciones hostiles. Como ella. Ahí, sabía que no podría. Como también sé que Marian no debe estar contenta ahora mismo por lo que estoy a punto de hacer.

Bajo el arma pero me mantengo alerta. Puede ser un acto y estoy jugándome mucho al no quitarla de la competición, pero algo en mí se niega a hacerlo. La conciencia, que me impide hacerle daño a alguien sin provocación previa y que encima suplica por su vida, se interpone. Algo en su tono de voz hace que me sienta culpable.

Se lleva una mano al pecho, suspirando profundamente.

—Tengo latas de atún, tiras de cecina, agua... ¡Incluso tengo chocolate!

No me queda otra sino aceptar. Estoy en una situación desesperada.

—Tomaré una lata de atún y una botella de agua —digo, no quiero arriesgarme a que estén adulteradas, así que cuando hayamos partido cada uno por nuestro lado, me aseguraré que estén precintadas—. ¿Dónde obtuviste todo eso?

Ella duda un poco antes de responder.

—Lo robé... Creo que sé lo que estás pensando pero...

—Está bien —la corto—. Todos habríamos hecho lo mismo.

De nuevo, ella parece más relajada.

—Se supone que uno de ellos debía montar guardia, pero se durmió... Y bueno, no tenía nada. Absolutamente nada. Sólo pude sacar una bolsa con dos emparedados dentro del baño de sangre. Estaban frente a mi plataforma y no quise arriesgarme a ir más lejos, pero parece que esta Arena está corta de provisiones. Ahora me arrepiento.

—Sí, pero es arriesgado y normalmente uno no sabe cómo va a ser la Arena. Yo tampoco me adentré mucho, tomé el cuchillo y un par de cosas más y me fui. Y si tuviera ocasión de robarle a alguien, lo haría.

Ríe nerviosamente, apartando un mechón de pelo negro de la cara. Es linda y tiene una bonita sonrisa. En otras circunstancias, es el tipo de chica en la que me fijaría.

—Al menos tú tienes algo con lo que defenderte, menos mal que decidiste no matarme... Quizá debería ir por ahí con más cuidado —se esfuerza porque suene a broma, como quitando importancia a un asunto que es mucho más serio.

—Deberías —contesto, también intentando bromear, pero a la vez diciéndolo en serio—, aún somos demasiados.

Tras el baño de sangre con ocho muertes, sólo murió el chico del Distrito 5 en el día uno. Cuando el himno sonó anoche no hubo caras en él y hoy va por el camino de pasar lo mismo.

—Tienen pinta de ser unos juegos largos... —murmura distraídamente, preocupación en su mirada.

—La gente debe estar escondiéndose —respondo, es mi teoría—, pero saldrán pronto o los moverán. Quizá esta sea una de esas ediciones donde la mayoría muere de hambre o sed. Con tantos sitios para esconderse los encuentros serán escasos, y ni siquiera podemos poner en práctica lo que aprendimos de supervivencia...

—¡Ah, no me deprimas más de lo que estoy...! Sé que no debería preguntarte esto... Pero, ¿cómo te llamas? Me gusta saber con quién estoy hablando.

Curiosidad. Esa que dicen, mató al gato, y que yo también siento.

—Adonis, del Distrito 9. Yo tampoco debería pero... ¿Y tú?

Mi parte racional me dice que es una pésima idea, más después de haber sido separado de mi compañera de distrito con la que iba a aliarme y a la cual aún no he encontrado. Si la viera aparecer en el himno sé que sufriría. Es más fácil si uno salva las distancias...

—Scarlett, del Dstrito 12 —y de repente da un grito ahogado, a la vez que palidece—. ¡Distrito 9!

—¿Qué pasa? —pregunto sin entender su nerviosismo.

—Por favor no te vengues de mí por lo del año pasado. Por lo de Milli y...

Esta vez soy yo el que ríe. El año pasado, las chicas de mi distrito y el suyo formaron una alianza y la del Distrito 12 la abandonó cuando más la necesitaba, huyendo aterrada ante el peligro para salvarse ella.

—Ni siquiera se me pasó por la cabeza. Pero ahora que lo mencionas, jamás te culparía por eso. No conocía a Milli, no tengo motivos para vengarla.

—Oh, menos mal... —contesta, bastante más relajada.

—¿Tú conocías a la otra chica? Olvidé su nombre.

—¿A Lycoris? Sí. Es un distrito pequeño y vivía en la Veta como yo. Sus hermanos quedaron traumatizados. Conozco a prácticamente todos los chicos cosechados en mayor o menor medida. No éramos amigas pero me impactó tanto su muerte...

—Fue muy sádica. Una de las peores muertes que he visto.

Scarlett asiente con la cabeza baja y la mirada triste.

—No pude dormir bien en semanas. Quemarse vivo debe ser tan doloroso... Ojalá a mí no me duela mi muerte, si es que no gano. Más que a morir, le temo a que duela.

—¿Y morir? ¿No te da miedo?

—Claro que sí. Mucho. Pero seamos realistas, es posiblemente lo que pasará... En cambio el dolor...

Está comenzando a ponerse nerviosa y yo decido que ya que no somos enemigos, y quedamos aún muchos tributos, al menos no hacerla sentir más miserable. Quizá me arrepienta en unos días, cuando me quede sin alimento y aún queden demasiados tributos por morir. Pero quien no tiene voluntad de matar, no puede hacerlo sin una razón. Una más a parte del mero hecho de quitarla de la competición. Me parece incluso demasiado cruel. Aún no siento la presión, pero ya la sentiré.

—Mejor no preocuparse por eso ahora. Si te hace sentir mejor, creo que todos nos sentimos como tú.

—Eres amable —dice sonriendo otra vez—. Me alegra haberme encontrado contigo, incluso a costa de mis provisiones. Necesitaba un poco de interacción humana.

—Yo también me alegro —admito—. Y no sólo por las provisiones. Ahora que todo está aún en calma, encontrarme con la chica más bonita de esta edición es más de lo que podría pedir.

Ante mis palabras, se sonroja. No puedo evitarlo, siempre he sido un poco ligón, piropear por piropear es divertido. Sus reacciones lo son más. No debería hacerlo aquí, pero las viejas costumbres parecen no querer morir tan fácil.

—¡Oh, no mientas! ¡Sólo soy una chica del montón! ¡Y ni siquiera del montón bueno!

—¿Bromeas? Esa sonrisa tuya no podría estar jamás en el montón malo. Créeme, soy un experto en sonrisas.

—Bueno... Tú tampoco estás mal. Me gustan tus cejas.

Sacudo la cabeza.

—Es el cumplido más raro que me han hecho en mi vida.

Reímos, algo avergonzados, y por un momento, nos olvidamos que estamos en la Arena, hasta que oímos el pitido que viene del cielo y al mirar arriba, vemos el paracaídas descender suavemente justo entre nosotros. Ambos lo miramos, preguntándonos para quién de los dos es. Soy yo quien lo toma y lo abre. Es una especie de traje de cuerpo entero. Lo dejo a un lado mientras desdoblo la nota para ver cual de los dos mentores lo manda.

—Dudo que sea mío —dice—. Dudo que tenga si quiera patrocinadores.

Está en lo correcto. Lo raro, es que tampoco es de Marian.

—"Cortesía de la sala de control. -Olympe Lennox." —leo, desconcertado.

La miro, y ella a mí. No comprendemos nada. No hasta que dos compuertas de hierro se cierran con un portazo a cada lado del pasillo, dejándonos encerrados.

Ha habido pocas muertes. Muy pocas muertes. La realidad nos golpea a ambos en ese preciso instante. Están interviniendo. Y pronto las habrá. Los insectos que descienden del cielo, se parecen mucho a las mariposas monarca, solo que son rojas en lugar de naranjas. Comprendo de qué va todo en cuanto una se posa en mi mano y siento un pequeño picotazo de dolor. La estrujo entre mis dedos, destrozándola y dejando caer sus restos al suelo.

Pero la velocidad con la que las mato es inferior al número de mariposas que vienen. Scarlett lo pilla al vuelo antes que yo, me quita el plástico de las manos y comienza a desdoblarlo a la vez que se aleja. Ese trozo de plástico es mi única salvación y lo tiene ella. Me siento igual de ansioso que cuando fui cosechado ante mi muerte inminente y eso, me insta por fin a actuar. La persigo y agarro el plástico. Ambos tiramos, forcejeando para hacernos con ella a la desesperada mientras las mariposas siguen posándose en nosotros para picarnos. Ambos dividimos nuestra atención entre espantarlas y seguir tirando. Al final, soy yo quien gana, al ser más alto y fornido que ella.

—¡No! —grita desesperada—. ¡No, por favor! ¡Por favor...!

Pero yo no escucho. Por mucho que me duela, no la escucho. Quiero salvarme, el resto me da igual. Saco el cuchillo y la apunto con él mientras me pongo el traje y me ajusto la capucha que contiene una rejilla que me permite respirar.

Las mariposas se siguen posando en mí, pero esta vez no pueden picarme. Ella en cambio, está casi cubierta, y grita, y grita moviéndose frenéticamente para espantarlas, mata algunas pero llegan aún más. Noto que se me quiere acercar, pero debe saber que es inutil. No dudaré en usar el cuchillo si la veo muy cerca.

De igual modo, acabo en el rincón más alejado, de rodillas, cubriéndome los oídos con las manos para amortiguar los gritos mientras lo único que veo a unos metros de mí es un bulto de mariposas monarca rojas como la sangre. Sabiendo que voy a salir de esta, pero que no voy a poder olvidar este suceso ni a esa chica tan linda, alegre y risueña para poder salvarme yo. Un poco más al menos, pues los juegos continúan.

Lo que más me remuerde la conciencia, es que ni siquiera tengo valor para mirarla morir mientras yo me salvo, y en cuanto el cañón suena y las compuertas se abren, echo a correr, llevándome todas sus cosas, mirando sin querer, la momia de pellejo y huesos en la que se ha convertido.

Me dan arcadas. Pero con mi estómago vacío, sólo una pequeña mezcla de bilis amarga y ácido abrasante sube a mi boca.

Estoy vivo. Estoy vivo. Estoy vivo... Es en lo único que tengo que pensar.

Y nada más.


Canción: Hello, goodbye de The Beatles.

Una noche de insomnio da lugar a este oneshot. No sé si aún había hecho uno sobre este tema. Intervenciones de los vigilantes. En este caso, una intervención por falta de muertes en el tercer día de los juegos y con sólo nueve muertos previos. Scarlett haría 10 por lo que quedarían 13 más por morir. Adonis será mi nuevo vencedor del Distrito 9. El tributo masculino cosechado en el tercer vasallaje, y que murió en el baño de snagre. En el Alphaverse lo mata Enobaria. En los libros no se sabe quién lo mata, sin embargo en la película, trató de ahogar a Peeta, pero Peeta lo ahogó a él.

También quise plasmar en este oneshot, que a pesar de estar donde están, y saber que tienen que sobrevivir, la naturaleza humana es benévola y nuestro caracter gregario nos insta a ayudarnos en lugar de a matarnos, excepto en una situación de vida o muerte. Creo que para la mayoría matar no es tan fácil, aún sabiendo que su vida depende de eso. La compasión se interpone, pues evolutivamente estamos diseñados para colaborar entre nosotros, y son en el fondo, niños y adolescentes los que están ahí.

Al ver que había un encuentro, los vigilantes estaban deseosos por algo de sangre, pero en lugar de eso vieron que se ponían a hablar y flirtear y se frustraron, poniéndolos en un dilema.

Y más spoilers de EFDUR, Milli del 9 y Lycorisdel 12 formaron una alianza. Lycoris casi muere en el baño, pero Milli la salvó. Días más tarde, se presentó la oportunidad de devolverle el favor, pero Lycoris salió huyendo mientras una de las profesionales mataba a su aliada. Días después, se encontró con su karma al caer en una trampa que no era para ella, sino irónicamente estaba puesta especialmente, para la profesional que mató a Milli y donde el chico del 8 acabó rociándola con gasolina y prendiéndole fuego. Y así murió Lycoris, ardiendo viva.

Ahí pierde Isadora a sus tributos otra vez. Pero ya llega Haymitch, pronto. Muy pronto.

Ale, en los primeros momentos, cuando creé a Ivy jamás supe que ella llegaría tan lejos, pero al final, aunque vio a Wiress poco, supe que era mi finalista. En los primeros momentos Luz iba a serlo. Ella y Oneida. Custo e Ivy se ganaron mi cariño conforme los juegos avanzaban. La muerte de Cirella habría sido un momento muy guapo también, ver cómo ella se da cuenta de que se está muriendo, y que Wiress la ha engañado. Seh, fue duro elegir. :P E iba a crear más de uno, pero soy floja. Me he vuelto floja para todo lo que no sea lunita lunita.

Stelle, tenía que salir un reloj ahí tratándose de Wiress. También lo de la información exclusiva. Eso y las canciones infantiles, son de las cosas que más me gustan de ella. Es una chica peculiar, inusual, y más tarde, también rota y algo tocada. Aunque a la vez, mucho más cuerda de lo que parece. Estás invitada a leer EFDUR si tienes tiempo :D y como está acabado (sólo me quedan por subir dos capítulos de extras, pero ya llegó a su conclusión) no hay que esperar para ver como sigue jaja.

Próximo capítulo: ¡Lyme!

Lo estoy deseando. Como la actriz de Lyme (Gwendoline Christie), interpreta a Brienne de Tarth en Juego de Tronos, Lyme será un homenaje a Brienne. Introvertida, luchadora, increíblemente fuerte, no precisamente en el canon de belleza impuesto, para desgracia del Capitolio. Aún así, un zas en toda la boca para muchos.

¡Gracias por leerme y hasta el siguiente!