Año 54 - Entra, hombre de arena

Tanner Evensy - 15 años

Distrito 7

"Silencio, pequeño, no digas más. No hagas caso de esos ruidos que oyes, sólo es el monstruo de debajo de la cama. El de dentro de tu armario, el de tu cabeza."


—¡Franklin! —grito.

Mi propio eco me responde. No puede ser que esté solo. Me niego a pensar que me ha abandonado.

—¡FRANKLIN! —grito más fuerte.

No importa cuanto me duela la garganta. No dejo de llamarlo. Es lo único que puedo hacer, ya que no puedo salir de aquí. Mi pierna izquierda está atrapada entre los escombros del desprendimiento de antes y la salida está atorada por más piedras. Franklin y yo nos separamos para que no se nos cayera todo encima, después de que intentásemos trepar por un sitio por el que no debíamos haber trepado.

Tengo suerte de estar vivo, o tal vez no. Porque ahora no tengo ninguna oportunidad de ganar los juegos. Antes, mi pierna dolía, ahora ya no. Ni siquiera la siento. Voy a morir, si no de hambre o sed, de una infección. Y no va a ser rápido. No hay nada que pueda hacer para cambiar eso.

—¡FRANKLIN!

Comienzo a llorar, aterrado por la certeza de que mi futuro está sellado. Tenía un poco de esperanza. Cuando me cosecharon, quise tenerla. Cuando encontré a Franklin, o él me encontró a mí, la dejé crecer. Cuando saqué el ocho por mi actuación con el hacha en los maniquíes incluso comencé a pensar que tal vez no era tan difícil volver a casa.

Fui un imbécil.

—¿¡Tanner!? ¡Tanner, estás vivo! ¡Sabía que lo estabas! ¡No escuché ningún cañón y tu nombre no estaba en el recuento de anoche!

—¡Franklin!

Me sorbo la nariz mientras río. Más feliz de oír su voz de nuevo de lo que jamás llegué a imaginar. Dudo que él pueda hacer algo por mí ya, pero al menos no estoy solo.

—Gracias, gracias, gracias —digo, juntando mis manos como en un rezo, si es que ahí arriba hay algo—. Gracias al cielo que no te has ido.

—Estaba buscando algo para sacarte de ahí y encontré un pico. Es viejo y está oxidado, pero escucha... Pronto nos iremos de aquí y no volveremos más. Siento haberte arrastrado a este lugar.

—No te culpes —digo, en parte sincero, pero no del todo, porque la otra parte de mí sí lo culpa a él—. ¿Cómo íbamos a saber si aquí había algo útil o no si no explorábamos?

Prácticamente estoy a oscuras, excepto por una leve luz rojiza que se cuela por entre las rendijas del muro de rocas y la cual no me sirve para mucho. Oír la voz de Franklin es reconfortante al menos.

—Tienes razón. Voy a empezar a romper estas piedras, son muchas pero llegaré hasta ti.

Se escucha el golpe del metal chocando contra la roca. No, esto no está bien. Sólo voy a entorpecerlo si es que logra sacarme de aquí. Él no sabe lo de mi pierna, y cuando llegue hasta mí y me vea no va a gustarle. ¿A quién quiero engañar? No hay esperanza para mí ya.

—Vete. Franklin, debes irte —me obligo a decir.

—Deja de decir eso. Sabes que no voy a hacerlo, eres mi aliado —otra vez se oyen los golpes.

—¡Sólo te estás fatigando para nada! ¡Yo ya no puedo serte de utilidad! —grito. Pero los golpes no cesan, y con cada uno, las fuerzas que Franklin está empleando en romper piedras me pesa más y más en la conciencia—. ¡Vete de una maldita vez, estúpido!

Sorbo por la nariz y me limpio las lágrimas. Los ruidos cesan.

—No puedo.

Su tono de voz cambia. Esta vez suena angustiado, temeroso. Siento ganas de golpearlo.

—Estoy... Estoy herido —balbuceo entre lágrimas—. No podría correr, no podría trepar... No puedes hacer nada por mí. Nadie puede...

—No lo entiendes, Tanner. No quiero estar solo.

Se vuelven a escuchar los golpes, esta vez con más fuerza.

—Mierda, Franklin. Voy a contar hasta diez, y como no hayas soltado ese pico y te hayas ido para entonces yo...

—¡No quero morir solo!

CLACK

—Uno.

Ni siquiera sé por qué estoy contando.

CLACK

—Dos.

—Es triste no tener a nadie en tus últimos momentos.

Está sollozando. Mi llanto se acentúa sin que pueda pararlo.

CLACK

—Tres.

—Si voy a morir, prefiero quedarme aquí.

Y ahí me doy cuenta que él tampoco va a ganar. Esa actitud no te lleva lejos.

CLACK

—Cuatro.

—Cierto que también podría ganar, pero quedamos como diez aún.

Ojalá fuera yo el que está ahí afuera.

CLACK

—Cinco.

—Odio esto.

CLACK

—Seis.

—La arena, los juegos, saber que están jugando conmigo...

CLACK

—Siete.

Y yo odio que de ambos, quien tuviera la peor suerte fuera yo.

—No saber si mi asesino podría estar acechándome ahora mismo...

CLACK

—Ocho.

—No puedo creer que más de la mitad de nosotros ya estemos muertos.

CLACK

—Nueve.

—Mi compañera de distrito, la tuya... Aquel niño del ocho que se mordía los puños del uniforme hasta deshilacharlo... ¡A la mierda el Capitolio!

CLACK

—Diez.

El eco de un espeluznante siseo me hiela la sangre. Siento como el vello de mis brazos se eriza.

—¿Franklin?

—¡Tanner...! ¡Ayuda...! ¡Tanner...!

Su voz es aguda, desesperada. Ahí afuera hay algo.

—¿¡Qué pasa!?

—Fuera... Fuera de aquí... ¡Váyanse! ¡VÁYANSE!

Se escucha forcejeo, más golpes, más siseos. Franklin grita. Grita como si lo estuvieran torturando. Como si le estuvieran dislocando todas las articulaciones de su cuerpo una por una. Me cubro los oídos y también comienzo a gritar, con la esperanza de amortiguar los suyos, pero no lo logro. No puedo evitar imaginarme lo que debe estar pasando ahí fuera.

Pasa una eternidad hasta que un cañón anuncia la llegada del silencio. Del de afuera, ya que no puedo acallar mis propios sollozos, producto de la certeza que se instala en mi mente.

Franklin no ha muerto solo. Pero yo sí voy a hacerlo.


Canción: Enter sandman de Metallica

Ya llevaba sin actualizar esto. Aquí va un oneshot rápido y cuya idea me la inspiró una escena de "Amar implica destruir" de Paulys. Y no sé qué más contar jajaja. Me acabo de dar cuenta que quedan 20 oneshots justos para terminar esto. Bueno, para el siguiente toca personaje canon. No puedo creer que ya hayamos llegado a Cecelia.

Dani, pues Claude no es una vencedora muy popular. Es de las que cayeron en el olvido pronto. Tampoco es super impopular, digamos del montón, no del club de Cashmere o Finnick. La gente la recordará solo por la "sonrisa de Claude". Y lo de la taxidermia tal vez se ponga semi de moda un tiempo y después pasará a ser una frikada otra vez.

Stelle, también me parece que tiene algo de perturbador ese talento. Me gusta imaginar las paredes de su casa llenas de mariposas, en ese sentido estéticamente queda inquietante. Lo de la creación de mutos yo lo veo más como "exprimir su fama mientras esté en la mira". Lo del olor a mierda me lo dijeron una vez, nunca supe si sería verdad, aunque tiene sentido que si te abren las tripas huela a eso. Nu se. Otro abrazo para ti!

Pau, bunny y pig, cosas del Distrito 10 jajaja. Irving era valiente aunque un poco demasiado perfecto. De esos que dan hasta rabia. Algunos opinaron que le estuvo bien empleado. Creo que Claude sería descarada como Haymitch pero sin sentido del humor y menos y menos cuanto más años pasen.

Sadder, el segundo fic solo era una curiosidad que escribí y no sabía que hacer con él. Ignóralo, no es canónico del Alphaverse. Indigo sí vivió. :D

Ana88, me gustó tanto tu idea del muto que la usé. Tanner no ha podido verlo, porque estaba oscuro y tenía una pared de escombros delante pero era tu muto :D que bueno acaba de matar a un tributo con la lengua demasiado larga. Fui a buscar al guasón, ok era el Joker de Christopher Nolan, una de las poquísimas películas de super héroes que he visto y me ha gustado. Así es, esa es una Chelsea smile.

Eso es todo de momento. Puedo tardar pero siempre vuelvo.

¡Gracias por leer y hasta el siguiente!