Año 59 - El dóberman
Ravanni Edelbrock, 17 años
Distrito 9
"Sonrío porque ya me he escapado, solo para ver hasta donde puedo aguantar."
La espalda del chico del seis se roza con la mía. Doy un pequeño salto y miro hacia atrás, pero él no se ha movido. Abajo, a los pies de la caseta, una jauría de perros negros ladra sin parar, saltando y mostrándonos unos dientes demasiado afilados para un perro.
—Hey —dice Lexus—. ¿Ravanni?
—¿Sí? —contesto.
—¿Por qué no me has empujado ya? Podrías librarte de mí muy fácilmente.
No contesto de inmediato. No voy a mentir diciendo que no se me ha pasado por la cabeza. Miro a uno de los perros y prefiero no pensar en lo que pasaría si uno de los dos cayera ahí abajo.
—No estoy listo para ver como esas bestias destrozan a nadie —digo. Lexus solo farfulla algo que el coro de ladridos me impide entender—. ¿Por qué no me has tirado tú?
Él se voltea y me mira, luego mira hacia abajo y luego a mí otra vez.
—Supongo que aún no te veo como un obstáculo que tengo que eliminar. Aún somos muchos.
El ambiente ha estado tenso desde que los perros nos acorralaron aquí. Él me ayudó a subir y aunque podría tirarlo abajo y escapar al rascacielos frente a nosotros mientras las bestias lo devoran, dudo que pueda. No todavía.
Quizá cuando el hambre o la sed aprieten... Quizá ahí me lo empiece a plantear.. Y él también, eso lo sé.
—Bueno, supongo que eso nos hace... ¿Aliados? —dice Lexus.
—Temporales, al menos —respondo—. Si alguna vez salimos de aquí, preferiría ir por mi cuenta.
Lexus suelta un suspiro y vuelve a darme la espalda.
—Iba a ir con mi compañera de distrito, pero ese lanzamiento fue un caos y no pudimos juntarnos. No está tan mal tener compañía... ¿No te parece? Tiene sus utilidades y lo mantiene a uno animado.
Meneo la cabeza.
—No. No me parece —digo y el silencio se vuelve tan cortante que me siento en la obligación de decir algo más, me levanto y paseo por el escaso espacio sobre la caseta en la que estamos—. Digo, a la larga confiar en alguien aquí te llevará a la tumba. Lo siento.
—Yo no diría confiar. Es más como un trato —Lexus aprovecha que me he movido y se recuesta, usando sus brazos de almohada—. De momento, sólo los tenemos el uno al otro, nos guste o no.
—Mmh —murmuro, porque no sé como rebatir eso—. Sí, no es como si sólo por quererlo nos fueran a ir las cosas rodadas.
Veo el paracaídas plateado antes de escucharlo, gracias a los perros. Flota en el aire en dirección a nosotros, portando un paquete grande y blanco. Le doy un pequeño empujón con el pie en la pantorrilla y Lexus salta como si hubiera visto un tigre.
—Uh.
Sonrío, porque parece que ninguno de los dos se va a poder relajar nunca.
—Mira —digo y señalo al paracaídas.
—Oh... Se apiadaron de nosotros —dice Lexus—. A no ser que sea, no sé, un par de armas para que nos matemos aquí mismo o algo así. Imagina.
Estiro el brazo y tomo el paquete. Dentro hay algo blando y pesado.
—Prefiero no hacerlo —digo y rompo el envoltorio, encontrándome con la chuleta más grande que he visto en mi vida. Hay una nota manchada de grasa y algo de sangre. Me quedo sin palabras, recuperando la esperanza perdida.
"Más te vale no desperdiciar esto. No veas lo que me ha costado conseguir donaciones. A-"
—No sé si es de Adonis o Aprilia —Lexus mira al cielo, juntando las palmas—. Pero gracias. Y a todos los que donaron, gracias también.
—Gracias —repito, mirando hacia arriba—. Bueno, no es como si hubiéramos ganado ya pero... Parece que nuestro fin no llegó.
Mostrando una blanca sonrisa, Lexus asiente.
—¿Y cuál es el plan? —dice.
Miro la chuleta en mis manos grasientas y luego a los perros. Esos dientes deseosos de despedazarnos y esas miradas sedientas de sangre hacen que me hormiguee el cuerpo entero. Trago saliva y me vuelvo hacia Lexus.
—La tiramos lo más lejos posible de la puerta y nos vamos de aquí cagando leches —Él asiente—. Está bien. A la de tres. Uno, dos... ¡Tres!
Lanzo la carne lo más lejos que puedo. Los perros se lanzan hacia la misma. Lexus se desliza por el canalón, aterriza y echa a correr. Yo lo imito, unos cuantos metros por detrás. Algunos perros nos ven y comienzan a perseguirnos. Consigo apretar la marcha y llegar a la puerta giratoria a la misma vez que Lexus.
—El mejor amigo del hombre las pelotas —se queja Lexus entre jadeos.
Le chisto para que se calle y voy a refugiarme a un rincón poco iluminado. Él me sigue. A cada lado del recibidor hay dos escalinatas que van a parar al enorme rellano donde está la cornucopia. La Alianza Primaria sigue ahí. Oigo sus voces en algún lugar más allá de la lujosa balaustrada. En la misma plataforma hay dos puertas, una en cada extremo. El ascensor del centro queda descartado.
—Si nos vamos por diferentes puertas no podrán perseguirnos a ambos. Será más fácil —digo—. Los obligaremos a separarse.
Lexus me da unas palmadas en el hombro, fuertes de más.
—Entonces compañero, que te vaya bien.
—Igualmente —le doy un breve abrazo y una palmada en la espalda, igual de fuerte que las que él me ha dado. Una parte de mí duda sobre separarnos, pero prefiero no tener a nadie—. Espero no volver a verte.
Aunque sé que ya, aunque gane, jamás podré olvidar a Lexus.
—Yo tampoco.
Me alejo de él. Cada uno se va a los pies de una escalinata. Cuento hasta tres con los dedos y corremos escaleras arriba. Alguien nos ve. Una profesional que está arrodillada frente a una caja de madera me señala y grita. Lexus alcanza su puerta casi a la misma vez que yo alcanzo la mía. Hay dos profesionales persiguiéndome. El miedo consigue hacerme subir unos cuatro pisos antes de que me alcance la fatiga. Entonces me salgo a un pasillo adyacente, donde casi tropiezo con una niña pequeña y rubia. Ella chilla tan alto que me lastima los tímpanos y se aleja de mí.
—¡No! ¡Por favor! —lloriquea—. ¡No me mates!
—¡No me interesa matarte! —exclamo, harto de su histeria—. ¡Pero a los que vienen detrás de mí tal vez sí!
Por la parte opuesta del pasillo vienen un par de tributos más y yo chasqueo la lengua. Sigo a la niña dentro de la habitación. Antes de poder cerrarla se me cuelan los otros.
—¡Rápido! —dice la recién llegada—. ¡Movamos la cama frente a la puerta!
La pequeña se esconde en otra habitación mientras los tres hacemos lo que nos dice. Después nos sentamos todos en la enorme cama de piernas cruzadas.
—¡Oye! ¡Deja de llorar y ven aquí a hacer peso! —dice el chico.
Ella se asoma, su cara roja y mojada de lágrimas. Alguien intenta abrir la puerta desde afuera, pero tras varios empujones, desisten. Después, todo queda en calma. Ningún cañonazo se escucha. Parece que Lexus también ha conseguido ponerse a salvo.
—¿Y ahora qué? —digo, más para mí mismo que para ellos.
Salí de la sartén para caer en el fuego. Y encima con más gente que antes. De haber podido elegir, me habría quedado con Lexus.
—Nos quedamos aquí —me responde la chica morena de flequillo denso—. Aquí estamos bien.
—Por ahora —respondo.
Los segundos de silencio incómodo, sólo rotos por los hipidos de la niña se me hacen eternos. Después el chico se aclara la garganta.
—Mejor contamos algo para pasar el rato —dice—. Soy Damien del Distrito Cinco.
—Farryn, Distrito Ocho —agrega la morena.
—Aya —agrega la niña, algo más calmada—. Distrito Tres.
Todos me miran a mí y yo sacudo la cabeza despacio. No necesitaba aprenderme más nombres de gente que va a morir.
—Ravanni —respondo, dándome por vencido—. Distrito Nueve.
Canción "Doberman" de Kasabian.
Esta idea se me ocurrió en un sueño hace mucho, digamos que es la última idea que me quedaba por escribir para este fic, ya que no he estado pensando mucho en él (se nota, verdad?). Para el resto, tendré que inventarme algo. Aunque como quien viene después es un "personaje canon" entre comillas porque ni nombre le dieron, será más fácil guiarme. ¡Quedan 14 (15?) capis para terminar! Me alegra ver como va menguando ese número. Una escena de arena sin grandes tragedias ni muertes. Creo que no he escrito una de estas en mucho tiempo. Y sí, no todo se va a quedar bonito, pero no tengo por qué mostrarlo. Ravanni sí ganó los juegos.
Dani, gracias por el apoyo y me alegra que te haya gustado Dalla y su historia :D
Stelle, ese tipo de coincidencias me pasan a veces y me hacen gracia pero por otro lado es inquietante. Tienes razón que ella tenía una razón muy fuerte para volver.
Ana88, jajaj no, Dalla no está loca, y estás en lo cierto. No quería estar sola. Ese tema de la maternidad suele salir más en syots. Me daría mucha pena enviar a alguien con gente dependiendo de ellos a los juegos, pero como es mi fic, yo sé que gana y sé que vuelve.
El año 60 viene con Elia :D y después ya son todos personajes canon. Veamos si eso me motiva.
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
