Aviso de violencia, lenguaje soez, menciones de abuso sexual y uso no consentido de afrodisíacos.


Año 63 - Noventa y nueve globos rojos

Gloss Fournier, 18 años

Distrito 1

"99 sueños que yo he tenido, en cada uno de ellos, un globo rojo. Todo se acabó y yo sigo aguantando en pie, entre este polvo que fue una ciudad."


En cuanto pasamos al club, Beau se va a saludar a unos amigos. Varias caras se vuelven hacia mí y Divine. Varios pares de ojos fijos en mí. Entonces los cuchicheos comienzan. Un tipo me señala mientras habla con la chica a su lado.

—Tenía que haberme quedado en mi putísima casa —digo.

Divine sacude la cabeza y me toma el brazo, como si temiera que saliera corriendo de ahí en cualquier momento.

—Llevas semanas sin salir, eso no es saludable —responde él—. No voy a dejar que mi mejor amigo se convierta en una Aprilia.

Considero soltarme de su brazo, me está clavando las uñas postizas.

—No voy a convertirme en una Aprilia —le digo—. Sólo no estoy de humor para salir.

—Está bien no estar de humor un día, pero... —Divine calla—. Esto no será por tu ex... ¿O sí?

—Me importa una mierda mi puta ex, deja de nombrármela.

Divine me da esa mirada que tantas veces he visto desde que se filtraron aquellos vídeos. Sé lo que está pensando, que le fui infiel con tantas personas y encima la insulto. No he hablado con él de ello aún, pero seguro que piensa que soy un degenerado como todos los demás.

—Vale, lo siento. —Divine suspira—. No te enojes conmigo.

Es difícil no enojarse cuando nadie me cree —digo y suelto un bufido.

Hay un pequeño silencio. Él tampoco va a creerme. Lo sé.

—¿Lo dices por lo de... Esos vídeos? —pregunta Divine.

—Los de la orgía, sí —Asiento y aparto la mirada. A estas alturas debe haberlos visto. El distrito entero lo ha hecho. También mis padres y Cashmere.

—Gloss, no voy a juzgarte. Eres un vencedor, tienes derecho a hacer lo que te de la gana. Sólo me dolió que no hubieras dicho antes que eras gay.

—¡No soy gay!—exclamo—. Eres como los demás. Sólo te crees lo que viste.

—Hey, está bien. —Divine me toma de los hombros—. Cuéntame qué pasó entonces.

—Sólo te lo voy a contar si juras creerme —respondo—. Júralo.

—Lo juro.

La solemnidad con la que lo dice me convence. Tomándolo del brazo, lo llevo a un lugar más apartado.

—Bien, no me gustan los tipos pero cuando estaba en aquella fiesta... Estaba más caliente que nunca, todo me ponía a mil, hasta los tipos. Hasta un tipo viejo. Cualquier cosa. Después al día siguiente pensé en lo que había hecho y me dieron arcadas. Me sentí sucio y asqueroso. Aún me pasa. —Miro a Divine y su expresión espantada. Entonces agrego—: Me echaron algo en la bebida. Sé que lo hicieron. La anfitriona lo negó todo pero me juego el cuello a que ella filtró las grabaciones por haberle destrozado la casa cuando discutimos al día siguiente.

Divine no contesta pero la mueca en su rostro me lo dice todo.

—Mierda. ¿No puedes hacer nada? ¡Eres un vencedor, no pueden tratarte así! —exclama Divine al fin—. ¡No tienen derecho!

—En el Capitolio no soy nadie. Eso me dijo esa zorra —digo. Noto como si de un momento a otro me fueran a dar arcadas—. En el Capitolio soy de ellos.

Esa misma cara tuvo que ser la que yo puse cuando me di cuenta de cómo iban a ser las cosas. Una chica que pasa por mi lado pone cara de asco al reconocerme. Mis puños se aprietan.

—Hoy no me voy a casa sin partir alguna cara —mascullo.

—Sólo dime a quien hay que partírsela —responde Divine—. Pasa de la gente, Gloss. Intentemos divertirnos como en los viejos tiempos. No pierdas el tiempo con quienes no importan. ¿Vale? Quédate aquí, te traeré algo de beber y nos vamos con Beau.

Divine se va a la barra y yo a los aseos. Aún me tiemblan las manos de lo hasta la polla que estoy de las miraditas de la gente. Me echo agua en la cara y saco el brillo de labios de mi bolsa. Se me ha ido de tanto morderlos. Mientras estoy en ello alguien sale de uno de los cubículos. Al pasar por detrás de mí, ahoga una risa.

—Pero si es Gloss el degenerado —dice—. No sé cómo te atreves a ir en público, ya todos vimos lo que te metiste en la boca y en otros orificios.

Me doy la vuelta justo cuando la puerta del aseo se cierra tras de sí. Furia caliente viaja por mis venas. Abro la puerta y al salir choco contra alguien. Lo aparto de un empujón mientras se queja y echo un vistazo al local. No veo al tipo de antes, el imbécil con el que me he tropezado me ha hecho perder unos valiosos segundos pero no va a poder esconderse de mí. Ningún tributo pudo en la Arena y nadie lo va a hacer aquí.

—¿¡Dónde cojones estás!?

Aparto a quien se me pone por delante. Algunos protestan pero en cuanto los miro agachan la cabeza y se callan. Un camarero se aparta de mi camino cuando paso, derramando dos copas que tenía sobre su bandeja. Pronto todo el mundo está pendiente de mí. Me miran como los tributos débiles me solían mirar en los juegos. Mucho mejor así.

La gente se aparta y Beau aparece entre ellos.

—¡Gloss! ¿Qué está pasando? —pregunta cuando llega a mi lado.

—Me voy a mi casa —digo.

Beau frunce el ceño.

—¿Pero por qué?

Entonces Divine se para junto a nosotros con una bebida color negro en cada mano.

—¿Qué ha pasado? —dice él y me intenta pasar un vaso pero yo no lo tomo.

—¡Pasa que yo tenía razón! ¡No tenía que haber venido! ¡Eso me pasa por hacerte caso! —grito. Beau y Divine se miran el uno al otro—. ¡Todo esto es culpa tuya!

Me doy la vuelta y no he dado ni dos pasos cuando ambos se interponen en mi camino.

—¡No sé qué ha pasado pero seguro se puede arreglar! —dice Divine.

—Sí, lo voy a arreglar con los puños en cuanto encuentre a ese hijo de perra —escupo.

—No dejes que te afecte lo que diga la gente —agrega Beau. Él siempre fue el más maduro de los tres pero ahora su actitud no hace más que irritarme—. Sólo ven con nosotros y diviértete como siempre lo hemos hecho.

—Como siempre, como siempre. ¡Nada va a volver a ser como siempre porque yo ya no soy como ustedes! ¡Soy un vencedor! —digo, golpeándome el pecho.

—Gloss, sigues siendo tú mismo, deja de comerte la cabeza —me dice Beau—. No pierdas los nervios con gente que no lo merece. Si los pierdes, ellos ganan.

Divine se pone a su lado.

—Ahora vamos a olvidarnos de eso y a tener una buena noche —dice y se marcha.

Beau va detrás y me hace una seña para que lo siga. Voy a darle una oportunidad más a esta noche. Una y no más.

Entonces al mirar a la salida veo al tipo salir del local y cruzo la pista de baile cómo una flecha. Me imagino que estoy en la Arena otra vez con mi ristra de dagas colgada al cuerpo, persiguiendo a algún crío de distrito menor. Me acerco al tipo por detrás, lo engancho de la ropa y lo tiro a un callejón.

—¡Repíteme eso que dijiste antes, pedazo de mierda!

—¿¡Qué haces!? ¿¡Estás loco!? —chilla él.

Le doy un puñetazo en la cara y cuando voy a darle otro, él se defiende. Con una de las llaves más básicas lo derribo y él cae sobre unos cubos de basura.

—Me llamaste degenerado. Gloss el degenerado —digo, pateando los cubos. Un par de bolsas de basura negras caen al suelo—. ¿No te acuerdas?

—¡Escucha! ¡No lo decía en serio! —exclama con voz aguda—. ¡Y-Yo-!

—¡Cállate!

Lo empujo con el pie, rompo una bolsa de basura y le tiro encima toda la porquería apestosa de dentro.

—¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡No volveré a...!

El tipo se calla cuando le empiezo a dar patadas. Alguien en el edificio de al lado está escuchando música clásica a todo volumen. Algo sobre noventa y nueve globos rojos. Me parece una buena banda sonora para esta paliza.

—¿Necesitas ayuda con eso?

La voz de Divine me hace parar. Estoy jadeando y siento la ropa pegada al cuerpo.

—No —respondo, tal y como le decía a mi alianza cuando me ofrecían ayuda al pelear—. Es mío.

El tipo lloriquea. La falta de luz me impide ver mejor pero sí puedo distinguir como se mueve en la penumbra.

—¡Te voy a reportar! ¡Te la vas a cargar! —exclama, intentando levantarse.

—Oh, por fa vor. No me la voy a cargar taradito, porque soy Gloss Fournier y tú no eres nadie —sentencio.

El tipo no me suena de la Academia. Lo que debería estar haciendo es ponerme en un pedestal. Después de todo si no fuera por gente como yo, él podría haber acabado muerto en la Arena.

Divine se pone a mi lado.

—¿No te parece que ya está bien?

Le doy vueltas a la pregunta. La respuesta es no. Si me fuera ahora mismo, en cinco minutos tendría ganas de zurrarle otra vez. Este tipo las va a pagar todas juntas. Meto la mano en mi bolsillo y saco la llaves.

—Diva, ve a por mi auto —digo y se las arrojo.

El llavero tintinea cuando Divine lo agarra al vuelo.

—¿No vas a volver al club? —pregunta él.

—Tal vez después, ahora tengo algo que hacer. ¿Vienes conmigo?

Divine asiente y se va del callejón. Yo me cruzo de brazos y miro al tipo. Cada vez que se intenta levantar, lo empujo con mi bota otra vez al suelo.

—¡Déjeme ir ya! —Lloriquea—. ¿No tuviste suficiente?

—No —contesto y me encojo de hombros.

Recuerdo a la chica del Distrito 6 que maté en los juegos el día del banquete. De seguro espectáculo más digno que este. Divine llega con el auto y da marcha atrás en el callejón. Engancho al tipo de la ropa y lo arrastro hasta el coche. Entonces abro el maletero.

—Métete ahí —le ordeno.

—¡Ya déjame ir! —grita, y se intenta escapar por el hueco entre el auto y la pared—. ¡Auxilio! ¡Ayuda!

Forcejeo un poco con él y no me cuesta trabajo ninguno rodear su cuello con mi brazo y apretar, asegurándome de taponar a la vez la aorta y la yugular. No tarda mucho en desmayarse y puedo echarlo al maletero sin problemas. Lo cierro con un portazo y me monto en el asiento del copiloto.

—¿Qué mierda vas a hacer con él, Gloss? —pregunta Divine—. ¿Te lo vas a cargar?

—Le voy a dar un escarmiento —respondo mientras me abrocho el cinturón—. Vamos a donde los viveros.

Divine arranca el motor. El tipo no tarda mucho en despertarse y empezar a gritar y dar golpes. Enciendo la radio para no tener que escucharlo y busco la emisora de música clásica.

"¿Cómo podría negarme? Me siento vencedor pero en realidad perdí."

Ruedo los ojos. Hasta esta canción hortera se ríe de mí.

Es una pena que no haga luna hoy. Los viveros son la parte más hermosa del Distrito 1. Carreteras rodeadas de campos llenos de flores y plantas ornamentales, no vengo aquí a menudo pero me hubiera gustado verlos mejor. Me habría ayudado a quitarme el disgusto de encima.

—Para aquí —le digo a Divine.

Él encoge las cejas y me mira. Antes de que me pueda preguntar algo, me bajo del auto. A la luz de los faros veo una plantación de arbustos ovalados llenos de flores grandes de diferentes colores. Cuando abro el maletero el tipo intenta agarrarme por sorpresa.

—Tu aún no te has enterado de que yo entrené para estas cosas y he sobrevivido a veintitrés personas —digo. Lo tiro al suelo y le intento arrancar el suéter mientras él suplica que lo dejemos ir—. Diva, ayúdame a quitarle los zapatos.

Mi amigo suspira y se agacha frente al tipo.

—Pero no hay ninguna casa en kilómetros. ¿En serio vas a abandonarlo aquí y sin ropa?

—Tan sólo lo iba a abandonar aquí —digo. El suéter sale y lo tiro al maletero—. Es lo que tiene intentar atacarme.

Tras sacarle el pantalón y dejarlo en calzoncillos, cierro el maletero.

—¡No puedes dejarme aquí así! ¡No lo hagas, te lo pido por favor! —grita.

Arranco una flor antes de irme. Son unos bonitos arbustos, debería comprarme unos cuantos para mi casa. Esa competición de jardines de vencedores no se va a ganar sola.

—¿Al club? —pregunta mi amigo y yo asiento.

Divine gira la llave en el contacto y el motor se enciende. El tipo nos persigue por la carretera unos metros. El aroma de la flor llena el interior del auto. Me la llevo a la nariz y la huelo mejor.

—Creo que ya sé cuál va a ser mi talento —digo para mí mientras siento como todo mi mal humor se va de golpe.

Puede que en el Capitolio no sea nadie pero el distrito es de nosotros los vencedores.

—¿Cuál será? —pregunta Divine.

—Jardinería. Voy a ganar esa competición de jardines —respondo y pongo la flor en mi pelo como un trofeo de guerra—. Diva... ¿Crees que me he pasado?

Divine ríe por la nariz.

—Cinco pueblos —dice—. Estabas echando humo.

—Hmm...

Me muerdo el labio. Quizá sólo debí tirarlo del auto.

—¿Quieres que de media vuelta? —pregunta Divine.

—¡No! —exclamo, frunciendo el ceño—. Que le den por culo.


Canción: "99 red balloons" de NENA.

Esta idea en principio iba a ser muy diferente. Iba a hacer la escena de Gloss despertando en casa donde la noche anterior había sucedido la orgía, iba a hablar con la anfitriona de lo sucedido y le iba a destrozar la casa después de que ella le dijera que ahora es básicamente su juguete. Las represalias de asesinar miembros de la familia son canon, sin embargo, no me pareció que fuesen a quedar bien aquí, ya que Gloss no hizo nada rebelde y no se involucró al gobierno. En su lugar, le avergonzaron públicamente filtrando vídeos comprometidos.

La idea que tengo de él es la de un chico con problemas de temperamento, problemas de ira y que empezó a ir a la academia para desfogarse. Después le preguntaron si no consideraba ir a los juegos y se presentó voluntario. Ahí podría desahogarse bien, pero eso no lo curó.

Gloss es mi vencedor canon menos favorito y posiblemente el único que no me cae bien. ¿Que como me puede caer mal alguien que no tiene ni una línea de diálogo en los libros? Bueno, eso le pasa por matar a Wiress.

Dani, me gusta imaginar mutos que funcionan de diferente forma que símplemente atacar, en este caso, arrancaban fruta y la tiraban a cualquier invasor de su territorio. Quiero retocar algunos de los primeros capis más. Quizá pronto modifique otro.

La siguiente en aparecer será Cashmere. No esperen nada demasiado innovador. Voy a irme por los headcanons más tradicionales.

¡Gracias por leer y hasta el siguiente!