Año 69 - Espacios Liminales
Theodore Fortune, 17 años
Distrito 1
"Oh yo, me veo a mí mismo en espacios liminales, viendo caras nuevas."
Los gritos y gimoteos del tributo me dañan los oídos. Pyro parece parece concentrado haciendo cortes aquí y allá como quien da pinceladas sobre un lienzo. El niño del seis a penas es capaz de hablar ya.
—Pyro —digo, cruzado de brazos a unos metros detrás de él—, mátalo ya, tenemos que regresar.
—Mmm —es lo único que dice él y cada cuchillada le arranca un grito.
Un escalofrío me recorre la espalda.
—Pyro —repito y miro a la pared, recubierta de un papel anticuado, amarillento por los años y manchado de sangre fresca—. ¡Nos van a apagar las luces en cualquier momento! ¿¡Cuál es el punto!?
Desenfundo mi espada y caminando hacia ellos, le corto el cuello al pobre crío, el cañón retumba por los interminables pasillos, todos iguales y yo miro a mi aliado esperando a que se queje, pero no lo hace. Sólo me devuelve la mirada con suficiencia, su cara salpicada de gotas de sangre. Unos segundos después el sonido de una trampilla abriéndose nos hace mirar y un paracaídas cae del techo. Veo una botella de agua como de cinco litros caer despacio.
—Ese —dice Pyro, poniéndose de pie—, es el punto. Es una arena no natural, te recuerdo, no hay ríos ni lluvia. Dependemos de lo que nos quieran mandar nuestros queridos espectadores.
Me guardo un comentario hiriente, tomo la botella y leo la nota.
—Brutus dice que lo hiciste bien —digo sin más, sabiendo que nuestra pequeña expedición en busca de agua no dio resultados y esta es posiblemente la solución a no quedar mal delante de la líder y los demás.
—Gracias, Brutus —dice Pyro, mirándome a mí.
Saco el mapa y ambos emprendemos el camino de vuelta sin hablar pero vigilándonos el uno al otro de tanto en tanto. Pyro comienza a silbar mientras yo me concentro en no extraviarnos. Es fácil perderse en este lugar. Todas las habitaciones y pasillos son casi idénticos, es como un gran laberinto de moqueta parduzca con olor a humedad y luces de neón en el techo que a veces parpadean y se apagan emulando la noche.
En la oscuridad casi total no hay mucho que se pueda hacer. No nos han dado linternas a ninguno, ni en la Cornucopia ni en forma de regalos, supongo que las guardan para el banquete. Sólo yo tengo unas gafas de visión nocturna. Por la noche todos dependen de mí, me siguen a donde yo les digo. A veces he encontrado criaturas escabrosas en la oscuridad, largas, de brazos finos y ojos rojos. No siempre les he dicho a mis aliados para que no se echen a temblar y no todas son hostiles pero en cualquier momento podrían serlo. Parece que lo único que quieren hacer los Vigilantes, de momento, es asustarnos. Sí, conforme los días pasan el coraje se evapora. Especialmente por la noche cuando se escucha algún ruido extraño, algún eco de algo, y todos los de mi alianza se ponen nerviosos y comienzan a preguntar qué fue. Yo no siempre soy capaz de saberlo, incluso con las gafas.
Cuando llegue el momento de romper la alianza, para lo cual calculo que debe de faltar muy poco, ellas me darán ventaja así que no espero que me sea todo tan fácil. De momento, aún tenemos tributos que eliminar y es mejor hacerlo en grupo. Siempre quedan vivos los más peligrosos.
Al llegar a donde está la Cornucopia nos encontramos al resto de la alianza en un rincón de la habitación. Están los cuatro juntos sentados en el suelo y rodeados de cepos abiertos. Sus rostros parecen relajarse en cuanto nos ven aparecer.
—¿Qué ha pasado? —pregunta Pyro.
—Nada —responde Hera, su compañera de distrito, nuestra líder.
—La luz se apagó —dice Queenie, poniéndose en pie y Hera sacude la cabeza—. Todas empezaron a parpadear a la vez como lo hacen a veces, solo que esta vez no volvieron hasta hace poco y... Se escuchaban sonidos como de algo arrastrándose, respiraciones, pasos... Cosas que no fuimos capaces de...
—¿Y si las luces se van y no vuelven? —la corta Oliver del Distrito 4 y en ese momento comienzan a parpadear otra vez y mis aliados se vuelven a pegar unos a otros. Espero que la oscuridad vuelva en cualquier momento pero no lo hace—. ¿Ves? Conforme pasen los días habrá menos tiempo de luz, hasta dejarnos a oscuras para siempre.
—Está bien, yo estoy aquí —le digo, intentando calmarlos y dejando el agua en el suelo—. Ahora vamos a hidratarnos.
Hera aparta los cepos con el pie y sale de la zona en la que se han encerrado.
—La noche va a volver de un momento a otro —dice ella y me tiende una mano—. A partir de ahora, los guiaré yo, devuélveme las gafas.
Yo doy un involuntario paso atrás. Mi pulso se acelera con sólo pensar en deshacerme de ellas.
—No —le digo, tajante—. Son mías.
—Son de todos —replica Hera—. Y te las dejé a ti porque tu sentido de la orientación me impresionó pero no eres el único que puede hacer este trabajo.
—Pídele unas a Enobaria entonces —digo y ambos sacamos las armas.
—No hay más en la tienda, los otros mentores ya las compraron todas —dice Hera—. Además, acabo de decidir que no me fío de ti.
Entonces las luces se apagan. Sigo con la espada frente a mí mientras retrocedo despacio. Mis aliados comienzan a dar voces y no consigo entender muy bien qué está pasando así que intento quitarme la mochila sin dejar de empuñar la espada. Maggie da un grito, uno de terror pero también dolor físico, he escuchado demasiados como para saberlo.
—¿¡Qué está pasando!? —grita Hera—. ¿¡Quién te está atacando!?
—¡Theodore, muy posiblemente! —grita Pyro y un cañonazo suena, justo en la habitación.
Casi respondo para preguntarle si ese es su juego, pero eso revelaría mi posición así que retrocedo hasta que me topo con la pared y camino de lado. Escucho sonidos de metal contra metal, más gritos, otro cañonazo, y otro, y otro. El olor a sangre se superpone al de humedad. Mis manos tiemblan mientras busco las gafas de visión nocturna en mi mochila a toda velocidad. Todo está en calma y eso me pone incluso más nervioso.
Cuando lo consigo, veo que Pyro ya no está ahí. Sólo los cadáveres de mis aliados sobre un charco escarlata en la alfombra marrón.
Canción: "Liminal Spaces" de The Orielles.
El nombre de esta canción fue lo que me inspiró la Arena, más que el argumento. Está basada en un creepypasta que habla de una forma accidental de salir de la realidad y caer en una dimensión paralela que es un laberinto infinito de paredes anticuadas y moqueta mohosa por el que viven criaturas de pesadilla. Más Drama Pro™, sí y en el que viene va Annie Cresta así que será más Drama Pro™. D: Me disculpo de antemano jejej con un poco de suerte ya no habrá tanto Drama Pro™ hasta la edición 74 o 75, si todo va bien.
Dani, y pasamos de la fantasía al terror! Aunque, la de los 72 juegos de la que ya vimos un poco en el SYOT también será del estilo. :3 Después de terminar el oneshot de Nubia me arrepentí de no haberlo hecho más largo. Me gustó volver a trabajar en la edición.
Stelle, creo que fue en una especie de Hunger Games maker que se me quedó el headcanon de que en el banquete ponen cartas de la familia a los tributos y algunos recuerdos. Ya es cosa de ellos si se quieren arriesgar por un tal vez último contacto con su familia, o concentrarse en sobrevivir. Irina resultó ser una chica muy fuerte, sí! Cuando pensé en la edición no pensé que ella acabaría ganando, pero quería darle un toque amargo haciendo ganar a la asesina del crush de la niña capitolina.
¡Hemos terminado la década de los 60! YAY. Seis oneshots más y acabamos.
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
