Aviso: Sangre y gore
Año 70 - Criminal Sigiloso
Annie Cresta, 18 años
Distrito 4
"Él entró por la ventana, dejó manchas de sangre en la alfombra, entonces tú corriste hacia el dormitorio. ¡Maldita sea, se ha escapado!"
Ya ni siquiera mirar las estrellas puede calmarme. He hecho desde el principio todo lo que Finnick me ha dicho que haga para mantener esta alianza unida pero presiento que pronto, muy pronto, eso no va a ser suficiente.
Nunca me gustó ser actriz. Me esfuerzo en fingir que mis aliados me caen bien y en que hay algo de camaradería real entre nosotros, a pesar de que todo el rato, a cada momento nos estamos calculando los unos a los otros. Siempre creí que a pesar de mi falta de talento para actuar lo estaba haciendo bien, pero ya no sé. Me paso el día dándole vueltas a cada frase que dicen, todas me parece que van con doble sentido, cada propuesta con segundas intenciones.
Entonces noto que algo se mueve y giro el cuello. Dorian está despierto y me está mirando. Lo miro de vuelta, queriendo hablar con él pero no atreviéndome a hacerlo. Monty tiene muy mal despertar.
Dorian se incorpora despacio y gatea hacia mí. Ansiosa, miro a los dos aliados que nos quedan vivos, ambos dormidos, agarrados a sus armas.
—Quedamos siete —susurra, sentándose junto a mí en la caja de madera. Yo asiento—. Y cuatro de ellos estamos aquí.
Vuelvo a asentir y me acerco mucho a él, no creo que los otros me oigan.
—No me fío de ninguno de los dos —le respondo.
—Yo tampoco —dice.
Titania se mueve un poco y ambos la miramos. Intentando hacer el menor ruido posible, Dorian vuelve a su lecho justo antes de que ella levante la cabeza.
—¿Ha pasado algo? —pregunta, adormilada.
Puedo ver en la penumbra el leve brillo de la hoja de su espada, ligeramente sacada de la funda.
—Escuché algo, pero las cuerdas con los cascabeles no han sonado —respondo, echando un breve vistazo a Dorian—. Debe haber sido algún animal.
—Mmm.
Titania se vuelve a recostar, se hace la dormida, tal vez, pero sé que está despierta. Monty también lo está, es fácil de saber porque suele roncar y desde que mi aliada habló ha parado. Ninguno de nosotros le ha dicho que ronca, para qué darle esa ventaja. Las horas pasan, lentas como siglos, la luz aumenta. Yo he estado más ocupada dándole vueltas a las mil cosas que tengo en la cabeza que prestando atención a mis alrededores, pero todo está en calma. Nadie se da cuenta.
Monty es el primero en levantarse, me saluda y en ese momento le cae un paracaídas con su desayuno dentro. Yo me levanto y estiro las piernas, se sienten raras después de estar tantas horas en la misma postura. No soy tan popular como los otros así que no me llega nada pero tampoco lo necesito.
—¿Te importa si voy a pescar, Monty? —pregunto, me vendrá bien un poco de tiempo a solas, también.
—Quédate donde yo pueda verte —responde, sacando sus binoculares—. Por si los otros tributos aparecen y te dan problemas.
—Gracias —digo y le sonrío.
Tomo mi lanza y el balde y me alejo. Entonces lo oigo intentando despertar a los otros dos. Titania es espeluznantemente buena en fingir que acaba de despertarse. Mientras bajo la cuesta hasta el río me pongo a darle vueltas a las palabras de Monty. Quizá es cierto que sólo quiere protegerme pero tengo la sensación de que sólo le interesa vigilarme e insinuar que no me puedo defender sola.
La ligera molestia en mi interior va creciendo, mutando en rabia y frustración. Para cuando llego a la orilla del río mi vista está aguada y borrosa. Clavo la lanza en el barro y me limpio las lágrimas con la manga del uniforme, suspirando.
Los odio. Ojalá pase algo inesperado y se mueran, pienso mientras tomo de nuevo mi lanza y la clavo con todas mis fuerzas en el primer pez que veo. El agua está algo turbia, más que otros días, pero también está revuelta. Los peces se ven inquietos, nada más que con un vistazo puedo ver más de los que puedo contar. Es un comportamiento extraño pero no es que sepa tanto de peces de río, tal vez es algo normal.
El pez apenas se está moviendo ya cuando saco la lanza del ahora. Es de tamaño mediano, dos personas podrían comer con él. Podría muy fácilmente atrapar otro para Monty y Titania pero no me da la gana. Les diré que a penas había peces. Es algo común que los vigilantes retiren fuentes de comida y agua naturales conforme pasan los días, no les extrañará. Recordar eso hace aún más curioso que hoy sea un día especialmente bueno para pescar, pero en cuanto me acerco a nuestro campamento, lo único en lo que puedo pensar es en ponerle buena cara a mi alianza.
—¿Sólo uno? —pregunta Titania cuando mira dentro del cubo.
—Mal día —respondo—. Los vigilantes deben haber retirado una parte de los peces.
—Ja, típico —dice Monty, examinando la Arena con los binoculares.
Dorian toma el cubo y saca un cuchillo de su bolsillo.
—Podemos compartirlo —digo, esperando que digan que no.
—Monty y yo ya hemos desayunado —dice Titania, seria pero cordial—. Puedes usar mi fuego si quieres.
Miro las ascuas en la hoguera y compongo una sonrisa.
—Gracias —digo y me siento de piernas cruzadas a esperar que Dorian termine de destripar el pescado.
Estamos todos callados y luego de un rato se vuelve incómodo. Titania pule su espada, Monty sigue mirando el valle, Dorian y yo nos miramos de vez en cuando. Se ve tan preocupado como lo debo estar yo. Mientras cocina, saco lo que me queda del pan típico del Distrito 4 que me mandó Finnick. Dorian me observa partirlo.
—La cola —dice sonriendo, mirando al pez de pan descabezado. No está tan verde como los que hace el panadero de mi barrio, deben haberle puesto menos spirulina—. Mi parte favorita.
—A mí es la que menos me gusta —respondo, normalmente está algo más tostada y crujiente que la cabeza—. Finnick también prefiere la cola.
—Finnick tiene buen gusto —dice Dorian—. ¿A quién en su sano juicio le gusta más la cabeza? La miga es demasiado densa.
—¡Ese es el punto! Es pan —digo en voz alta.
En ese momento Titania se levanta y hace unos movimientos de calentamiento con la espada, haciéndola silbar en el aire. Ambos quedamos callados. Por un breve momento olvidé que estoy en los juegos y pensé que seguíamos en la Academia, hablando mientras tomamos un descanso. Bajo la cabeza, sintiéndome estúpida. Doy un bocado al pan y lo mastico despacio, sin ganas. Cuando el pescado está listo lo repartimos en dos de esas hojas enormes que hemos estado usando como platos y comemos en silencio.
—¡Ajá! ¡Ahí veo algo! —exclama Monty.
Titania guarda la espada en la funda.
—¿Qué viste? —pregunta, acercándose a él.
Monty le pasa los binoculares y ella los toma y mira a través de ellos. Dorian y yo nos acercamos, aún comiendo. Titania está con la guardia baja, peligrosamente cerca del borde. Es una oportunidad de oro. Mi corazón se acelera cuando me doy cuenta de lo fácil que sería tomar carrerilla y mandarla a volar de un empujón. Me detengo, mirando su espalda y seriamente considerándolo. Las traiciones a cara descubierta no siempre están mal vistas, pero abren la veda. Entonces, como sintiendo mis ojos en ella, Titania se da la vuelta y nos mira. No he hecho nada pero me siento igual de culpable.
—Parece que los cuatro días sin muertes están a punto de acabarse —dice ella, ofreciéndonos los binoculares.
Yo le paso mi comida a Dorian y los tomo, procurando no acercarme demasiado al borde del barranco. Noto que mi compañero de distrito se pone justo detrás de mí y de inmediato me relajo. No es que pueda decir con seguridad que no me vaya a empujar, es más como si no me importase si lo hiciera él, después de todo, fue fácil presentarme voluntaria sabiendo que no estoy hecha para esto. Fue fácil huir de una realidad que aborrezco, sabiendo que no tendría que volver y que a la vez podría serle útil a un amigo al que aprecio y que sé que sería un vencedor modelo. Así que reviso el horizonte ahí a donde Monty me señala y me olvido de la presencia de Dorian detrás de mí.
—Huellas —digo al ver el barro todo lleno de pisadas, tan frescas que parecen recién hechas.
Después Dorian y yo intercambiamos las cosas en nuestras manos y él mira. Esta vez soy yo quien le cuida las espaldas.
—Si nos damos prisa podemos llegar ahí antes de que se muevan —dice él.
—No hay tanta prisa. Está chupado rastrear a un tributo en este suelo tan húmedo —dice Titania, haciendo crujir sus nudillos—. Con saber la zona en la que anda debería bastar.
Cruzado de brazos, Monty asiente.
—Terminen de comer, nos vamos de caza.
Pronto otro tributo estará muerto. Es lo único en lo que puedo pensar mientras desmontamos el campamento y más tarde mientras caminamos cuesta abajo. Todos estamos en silencio, atentos a cualquier sonido. Atentos también los unos a los otros, buscando cualquier señal de traición. No quiero perder los nervios justo aquí, pero sé bien qué es lo que está por pasar. El año pasado los Profesionales se mataron entre ellos y quedaban muchos más tributos vivos.
Cuando llegamos al terreno llano vemos un rastro de pisadas frescas. Monty nos hace señas para que nos juntemos.
—Está cerca —susurra, mirándonos por turnos.
Seguimos atentos a las huellas. Se trata de un solo tributo, de los duros, a juzgar por el tamaño y la fuerza de la impresión, similar a la que dejamos nosotros. Aún así, me sorprendo a mí misma deseando que ojalá no caiga pronto porque quién sabe quién será el siguiente objetivo.
Las pisadas más adelante se desvían del camino y se adentran en la maleza. Monty nos manda a agacharnos en un arbusto mientras investiga más allá con sus binoculares.
—Espera —dice Titania, poniéndole una mano en el hombro—. Por ahí no es.
Monty la mira confundido.
—Pero el escondrijo está ahí más adelante —le responde.
Dorian y yo miramos a donde señala y vemos un bulto entre árboles y arbustos, como un refugio camuflado con ramas y hojas pero que a la vez no se ve natural.
—Mira esto.
Titania vuelve sobre sus pasos y señala una de las huellas. En en centro de la misma hay como una forma ovalada que está en varias pisadas, pero no en todas.
—Volvió de puntillas sobre sus pasos y se fue por aquí —prosigue Titania señalando el lado opuesto del camino. Los arbustos parecen estar intactos pero más allá hay un rastro como de maleza pisoteada—. Posiblemente de camino a ese otro refugio haya un agujero o cualquier otra trampa.
Titania es un tributo fuera de serie. Tengo que ir pensando como nos la vamos a quitar de encima. Monty nos conduce por el otro lado y poco a poco nos vamos separando. No se escucha nada fuera de lo común pero podría haber más trampas. Cada vez que paso por debajo de un árbol miro bien entre sus ramas, también tras cada arbusto o textura rara en el suelo. Ojalá Titania cayera en una de esas trampas, no puedo esperar a verla fuera de la competición. Noto como los ojos me vuelven a escocer. No podían haber elegido un peor momento para querer salir.
Entonces miro a mi alrededor y veo que nadie me está prestando atención y corro. No lo pienso, sólo lo hago sin saber muy bien por qué. Tal vez porque no soporto más esa tensión. Después encuentro un camino y sigo alejándome cuesta arriba. Al mirar atrás no parece que nadie me vaya siguiendo así que cuando mis piernas comienzan a doler demasiado me detengo, jadeando, y me escondo tras un arbusto. Noto que mi cuerpo entero se relaja nada más que con saber que estoy sola. Es una sensación extraña, como si un dolor al que me acostumbré tanto que ya ni siquiera lo sentía se hubiera ido.
—¡Annie!
Veo a Dorian subir por el camino, mirando en todas direcciones y pasando de largo. Yo salgo de los arbustos, le chisto y él se vuelve hacia mí.
—Lo siento, entré en pánico y-
—Está bien -me corta él—. Está bien, te entiendo. Yo tampoco estaba muy feliz ahí.
Doy un suspiro.
—Igual lo siento.
—No hay nada que sentir —dice, firme—. Tarde o temprano iba a pasar, mejor hacerlo en nuestros términos.
Ambos seguimos caminando cuesta arriba. Tengo esa sensación pesada por dentro, como si me acabaran de descubrir haciendo algo horrible.
—Está todo sembrado de trampas, es un campo de minas —dice.
—¿Minas? —pregunto.
—Bueno, no literalmente pero quien haya sido ha llenado todo de cepos. Monty casi cae en uno.
—Entonces esa trampa tan obvia era falsa —digo atando cabos—. La verdadera trampa era donde estábamos.
—Así parece —dice Dorian—. Por eso Titania no se adentraba mucho.
Titania es de ese tipo de tributos que llegan a la final, seria, competente y astuta. No es que el tributo misterioso capaz de sembrar el bosque entero con trampas no me preocupe, pero ella me parece mucho más peligrosa. Apuesto a que el Capitolio está deseando verlos enfrentarse en la final. Es nuestra mayor enemiga, al menos ya sabemos qué es lo que planea el otro.
—Hay que matarla —digo con tanta firmeza que Dorian levanta las cejas—. ¿Quién crees que ha dejado todas esas trampas?
Él se queda pensativo.
—Los del tres ya se habían muerto, ¿verdad? Los del cinco también, los matamos como hace una semana.
Asiento.
—Queda el del Seis, el del Siete y otra más, del Nueve o el Diez —digo, dándome cuenta que estamos dejando un rastro—. Pero Titania es más peligrosa que todos los otros juntos.
—Te creo, siempre tuviste buena intuición para eso —dice él, sonriéndome.
—De todos modos tenemos que ser más cuidadosos, pronto se darán cuenta que hemos huido y vendrán a buscarnos.
—Es muy posible que se hayan dado cuenta ya —dice Dorian y señala hacia delante—. Vamos a la zona de picnic, donde está el césped. Ahí nos perderán la pista.
Ambos echamos a correr cuesta arriba y no paramos hasta llegar a la extensión de hierba muy verde llena de mesas de madera blancas. Después la cruzamos y nos escondemos en el borde opuesto donde comienzan otra vez los árboles. Desde ahí los veremos venir.
—¿Cuál es el plan ahora? —pregunta Dorian.
—Estar atentos —digo, con la lanza en la mano. Después suspiro. No puedo callarme más mis planes, de lo contrario Dorian va a comenzar a sospechar de mí tarde o temprano—. Pero antes me gustaría pedirte algo.
—¿Qué es?
Él me dedica una mirada curiosa y yo agarro la lanza con todas mis fuerzas cuando noto las lágrimas picar en mis ojos.
—Cuando ya no podamos seguir estando juntos me gustaría que me matases tú.
Dorian me mira en silencio, sorprendido, casi escandalizado.
—¿¡Qué!? —pregunta y yo no contesto porque mi petición ha sido bien clara—. A-Annie eso no es...
—¿No es qué? —Espeto, con más sequedad de la que me hubiera gustado—. No me digas que no es justo porque no me creo que te importe más eso que salir de aquí vivo.
Él abre la boca, mirando a un lado, dos lágrimas se escapan de mis ojos aguados y doy un suspiro.
—¡No, no! No llores por favor... Nunca sé qué hacer cuando... No sé si pueda hacer lo que me pidas. Hemos sido amigos muchos años, preferiría que todo fuera justo.
—No vine aquí a ganar —digo, mi voz afectada por el llanto—. Vine a escapar y no volver más.
Pasa un rato hasta que Dorian consigue controlar esa mueca de espanto en su cara.
—Tengo que decir que me pareció raro que te presentases este año, pensé que irías a esperar un año más ya que empezaste a entrenar bastante tarde y... Bueno, no me gustó mucho la decisión porque no quería verte morir, pero no dije nada.
—Iba a hacerlo, pero no parecía que nadie más fuera a presentarse y me dije que era estúpido esperar otro año cuando podía acabar con todo ya... Y ayudarte a ti.
—¿Pero por qué?
—Porque no hay nada en mi vida que merezca la pena —respondo—. Absolutamente nada.
Deja que lo oiga todo Panem. Que lo oiga mi odiosa familia.
—Annie. No pensemos en eso todavía.
Dorian clava la lanza en el suelo y abre los brazos, invitándome a ir a él. En ese momento ambos escuchamos sonidos como de animales y una cierva cruza al galope a escasos centímetros de nosotros. Después la siguen pájaros, ardillas y otros animales pequeños, todos en la misma dirección.
—¿De dónde salieron? —pregunta él.
—Algo los asustó —respondo—. Un tributo, un muto...
Me limpio los ojos y miro en la dirección en la que vinieron e intento escuchar pero no oigo nada. Ni siquiera el chirriar de los insectos.
—Han sido días aburridos, tiene sentido que estén-
La tierra tiembla. Suelto un grito y en cuanto me repongo uso mi lanza para sujetarme al suelo. Dorian y yo nos miramos cuando el temblor pasa.
—Creo que lo más sensato en este momento es seguir a los animales —dice y yo asiento y voy tras él.
Lo que sea que haya pasado no es bueno.
Cruzamos el césped otra vez, cuesta abajo pero por un camino diferente, el más alejado del que vinimos. Me parece una buena decisión así que no la discuto. Algo pasa en cuanto sale de la zona de picnic. Veo la cara de Titania, su espada cortando el aire.
—¡Dorian! —grito y su cuerpo cae hacia atrás.
Yo lo sujeto, sin pensar y un chorro de algo caliente me cae en la cara. El rojo nubla mi visión pero alcanzo a ver su cabeza rodando por el suelo, más sangre saliendo disparada de su cuello decapitado. Me escucho gritar y gritar, no puedo ver nada pero lo peor de todo son las sensaciones. Sentir el peso de su cuerpo en el mío, las pequeñas convulsiones, un horrible sonido entre líquido y ventoso que viene de su tráquea cercenada. Ese olor metálico. El cañón.
—¿No te lo dije? Este par de pájaros se habían ido derechos al césped a intentar perdernos la pista —escucho decir a Titania.
—Los sobreestimé —responde Monty y luego dice algo que mis gritos no me dejan entender.
—Bueno, ya fue —dice Titania y sé que lo siguiente que va a hacer es matarme a mí—. Cárgate tú a la otra, no parece que vaya a defenderse.
Detesto que hablen entre ellos sin dirigirse a mí. Hago un esfuerzo por quitarme el cuerpo de Dorian de encima y buscar mi lanza. Me limpio los ojos y veo a Monty tomar la lanza de mi aliado mientras yo me voy corriendo camino abajo.
—No gastes energía. No se va a poder esconder por mucho —dice Titania a mis espaldas.
Entonces la escucho gritar, también a Monty y me volteo para ver una inmensa ola precipitarse sobre nosotros, arrastrando palos, rocas y algunos animales. Arrojo la lanza como por instinto y me preparo para recibirla. Titania y Monty echan a correr pero acaban en el suelo, arrollados. Una segunda oleada de agua nos sumerge a todos. Está turbia pero aún así puedo ver, al intentar subir a flote, como arrastra a Monty, cuya espalda choca contra un árbol. El cuerpo de mi ex aliado queda doblado hacia atrás en un ángulo imposible y suena un cañón. Pocos segundos después, escucho otro más. Los otros tres tributos aparecen. Uno de los chicos está claramente muerto. Los otros dos aún no pero como no consigan respirar, pronto lo estarán. Patalean con cada vez menos energía, chocándose con los árboles hasta que se quedan quietos, a merced del agua.
Al final consigo salir a la superficie y aferrarme a una rama, tosiendo, jadeando. Titania está intentando llegar a mí. Aún está hundida pero parece que todos sus esfuerzos están puestos en matarme que en salvarse. O tal vez ambas cosas son lo mismo. Al final tira la espada pero no es suficiente. Veo burbujas salir de su boca, su pataleo desenfrenado hasta que asciende, muerta, flotando boca abajo en el pequeño remolino que se ha formado.
Escucho trompetas y lo único que consigo sentir en un gran terror dentro de mí.
—No...
—¡Nación de Panem, saluden a su nueva vencedora! ¡Annie Cresta del Distrito 4!
No quiero vencer. No quiero volver. No quiero.
Algo toca mi espalda. Al mirar veo la cabeza de Dorian flotando en el agua y yo ni siquiera soy capaz de reaccionar. Me quedo mirando sus ojos verdes abiertos, desenfocados, su melena corta y morena y la barba que ya le empezaba a nacer después de tantos días aquí. Soy incapaz de dejar de mirarlo por mucho que quiera. Ni siquiera cuando bajan a por mí me suelto de ahí.
No quiero volver, pienso mientras me agarro más fuerte a la rama y ataco a todo el que intenta acercarse a mí.
Canción: "Smooth Criminal" de Michael Jackson.
No pensé que me iría a quedar tan largo, pero ya que es Annie y no un tributo random aprovecho. No sé si habré contradecido algo que he dicho anteriormente o el canon. Leí la wiki y no daba la impresión que ambos eventos hubieran sucedido a la vez, pero bah, los hice coincidir porque escribir sobre Annie por ahí sola y traumatizada quedaba soso y el decapitamiento por su cuenta me sabía a poco.
Dani, me encantan las arenas pesadillosas también. Al final no pude escapar de más drama pro jjaj
Stelle, así es, Pyro se coronó vencedor! Lo tengo algo olvidado al pobre. Espero que Annie te haya gustado.
Paulys, no te preocupes, estamos todas igual con lo de las reviews! No había una edición donde las únicas armas eran palos o piedras o algo así? Creo que eran piedras. Pues en esta pasteles jajaj y no, Krisa no ganó, ganó *consulta la chuleta* Sierra del D7.
Nos vemos con Johanna Mason en el siguiente. ¡Gracias por leer y comentar!
