Año 71 - Volver al duelo

Zuriel Shamrock, 15 años

Distrito 12

"La vida es como una cañería y yo soy un pequeño penique que va rodando por dentro."


Las nubes bajas y grises vinieron de forma antinatural. El cielo había estado cubierto todo el día pero no parecía que fuera a llover. No fueron más de diez minutos lo que tardaron en oscurecerse, en volverse más bajas, más pesadas y las primeras gotas me cayeron encima.

Echo a correr hacia los árboles a la vez que la lluvia arrecia. El sendero no tarda en llenarse de charcos y mis botas chapotean en el agua, salpicando lodo a mi uniforme, que, empapado, cada vez pesa más y más.

Por suerte no tardo en encontrar un buen árbol en el que cobijarme, alto y frondoso. No sé cuánto ayudará visto que toda mi ropa está pegada a mi cuerpo, y mis pantalones se han vuelto prácticamente marrones de rodillas para abajo. Ya veré más tarde como me las apaño para secarme, si es que eso es posible. No es una Arena muy cálida, excepto los días en que hace sol, pero esos momentos son cada vez más escasos.

Un ruido extraño me pone alerta y cuando me asomo al otro lado del tronco, veo a una chica jadeando, pelo largo y negro pegado a la cara. Antes de que pueda reaccionar, ella me ve y suelta un chillido que lastima mis oídos. Va a atraer a todo el mundo aquí. Los juegos hasta ahora no me han ido mal, todos los profesionales están muertos ya, sé que tengo posibilidades, no quiero que ella me fastidie todo ahora.

—¡Cállate! —grito y considero cambiarme de árbol, pero tampoco me conviene perderla de vista.

Ella se aparta el pelo de la cara y me mira aterrada. Entonces la reconozco. Es la chica del Distrito 7, la que se puso histérica en su Cosecha, lloró en la entrevista y sacó la peor nota en las sesiones privadas. Lo que me sorprende es que siga viva.

Ambas nos medimos y yo llevo mi mano con disimulo a donde tengo la roca afilada que me encontré. Lo único que tengo para defenderme. Ella lo nota y da un grito ahogado.

—Por favor, no me hagas nada —dice, en una voz entrecortada que a penas se entiende con el ruido del agua cayendo sobre los árboles del bosque.

Yo no bajo la guardia, a pesar de no verse amenazante. Nunca se sabe quién puede convertirse en una fiera acorralada. Rápidamente calculo si el esfuerzo de matarla vale la pena. Posiblemente no. Ella es más alta, mayor y está visiblemente mejor alimentada que yo. Aunque esté muerta de miedo y no se defienda, me llevaría mucho esfuerzo matarla solo con una roca. Suena estúpido. Posiblemente lo sea.

Tal vez mi única alternativa sea tolerar su presencia aquí mientras dure el aguacero.

—Si me perdonas la vida puedo compartir mis cosas contigo —dice y me sonríe, agachándose un poco.

Ahí es cuando veo la mochila en el suelo.

—¡No te muevas! —grito y ella obedece.

No tiene por qué saber que lo único que llevo en el bolsillo es una piedra.

—¡No llevo nada peligroso! ¿Quieres ver?

—¿De dónde sacaste la mochila? —pregunto—. Sé que te fuiste corriendo del baño de sangre.

Ella levanta las manos.

—La encontré —dice, con voz nerviosa—. Estaba escondida entre unos arbustos. Alguien debió dejarla ahí escondida y me la llevé pero no tenía mucho. La usé para guardar cosas que me encontraba. Nueces, fruta, todo eso.

La chica no vuelve a intentar moverse. ¿Por qué no me pasan estas cosas a mí? Que la suerte esté de su parte y todo eso, pero me molesta que le haya pasado a esta inútil que posiblemente vaya a acabar muerta por ahí en lugar de a mí.

—¿Quieres un poco de pan? —pregunta la chica del siete.

—No quiero nada de ti —le respondo.

Ella lo busca igual. Yo la observo por si intenta algo, lista para saltarle encima. No es que sepa mucho de pelea, pero imagino que tampoco debe ser muy complicado engancharla de los pelos y refregarle la cara por el barro.

—Toma, lo podemos compartir —dice y arranca un trozo de la media barra de pan que saca de su mochila.

—Está envenenado —digo.

Ella se lo mete en la boca todo de una.

—No lo está —farfulla, mientras mastica—. Es mi única comida. ¿Por qué iría a desperdiciarla?

Después de tragar sigue comiéndose el pan.

—¿Esa barra estaba en la mochila? —pregunto.

Es un pan típico del Distrito 7. Lo reconozco por los piñones blancos que resaltan en la corteza oscura. Cosas que se aprenden cuando el hijo mayor del panadero del pueblo va a tu clase. Si me dice que sí, sabré que me está mintiendo.

—Me lo mandó un patrocinador —me responde.

—¿¡Tienes patrocinadores!? —digo, indignada y tengo que contenerme para no seguir hablando.

—Bueno, recibí esto. Debe ser que alguien se apiadó de mí.

En el fondo eso no es tan raro. Para recibir patrocinios debes ser lo suficientemente prometedor o lo suficientemente patético. Mientras se tenga un mentor decente que se moleste en reunir dinero y gastarlo, cosa que el Distrito 12 no tiene, siempre va a haber alguien que se apiade de los más inútiles y les envíe algo barato.

La lluvia aminora y decido que es hora de irme. Imposible mojarme más de lo que ya lo estoy. Además esta chica parece con ganas de acoplárseme y no lo pienso permitir. Las alianzas siempre me parecieron una cosa absurda.

—¡Espera! ¡Tómalo! —dice, extendiendo el brazo en mi dirección y a mí me empieza a fastidiar su insistencia—. Por favor.

Odio tirar la comida, ya hice una indirecta sobre el desperdicio de los capitolinos en mi entrevista, aunque dudo que alguien la entendiese. Pero de esta chica no pienso aceptar nada, por mucho que la haya visto comer de ese mismo pan, quién sabe si no tendrá el antídoto del veneno escondido, no sería la primera vez que se ven cosas así en los Juegos.

Igualmente se lo acabo tomando, porque no veo en qué me pueda perjudicar hacerlo. Ella sonríe, feliz.

—Guárdalo —dice—, te servirá para el camino.

Miro un momento la manoseada miga, algo confundida.

—¿Para el camino?

No es hasta que no veo el filo del hacha a punto de clavarse en mi cara, cuando comprendo lo que quiere decir. Que tanta inutilidad era demasiado buena para ser verdad.

Pero entonces ya es tarde.


Canción: "Back to Black" de Amy Winehouse.

No quería profesionales en esta historia así que me los cargué temprano. Bueno, Johanna ayudó. No creo que los matase a todos, pero a alguno que otro. Quería mostrarla a ella así, a través de los ojos de otra persona. Zuriel me quedó algo Katniss, pero bueno, tal vez Johanna la recuerde cuando se encuentre con la chica en llamas jajaja Johanna mató a mucha gente en estos juegos, estaba imparable. Es la vencedora con más muertes a sus espaldas del Distrito 7. Llegó un momento en que no pudo sostener más su acto, pero le sirvió mientras le sirvió.

Paulys, qué bien que te haya gustado Misha! Creo que no tuvo una vida de vencedor muy fácil, al menos hasta que ganó Elia, y superado el rencor que le tenía por ser mal mentor, al menos se tuvieron el uno al otro.

Dani, es extraño eso que dices de imaginarlas juntas! Creo que no fue hasta que no me puse a pensar en como sucedió realmente hasta que no me entraron dudas con cuanto pasó desde una escena a la otra. Se me hace lógico que sean juntas, no veo a una Annie histérica sobreviviendo demasiado por la Arena con los Profesionales detrás. Sobre el contexto de Annie, no lo pensé demasiado, digamos que una horrible situación en casa, con familia tóxica.

Stelle, me hace muy feliz eso que dices! Me hizo el día ^^ También creo que Titania habría ganado de no haberse roto la presa, los tributos escondidos eran competentes también, pero al final se habría hecho con la victoria. Me alegra que te haya gustado tanto como para adoptarlo de hc :D gracias a ti por leer!

¡Cuatro fics más, quedan cuatro para llegar al final! ¡Gracias por leer y nos vemos en el siguiente!