En este capítulo contribuimos un poco las tres, aunque la idea fue de Judy-Hope. Esperaba con ansias este especial y a valido la pena esperarlo, de verdad que ha quedado hermoso y muy divertido, como me gusta este universo de los hermanos.
Sinopsis: la asociación de mujeres shinigamis se ha reunido para elaborar chocolates para san valentin, teniendo varias en la mira a los hermanos Yamamoto, pero cada uno de ellos solo esta dispuesto a recibir los de su respectiva persona especial.
X.—Especial de San Valentín
Nanao suspiró por enésima vez en la junta, la Asociación de Mujeres estaba reunida haciendo planes para el catorce de febrero, hablando acaloradamente de las cosas que podrían hacer para aquella festividad, iniciando con ideas como fiestas, exhibición de películas y la decoración de las divisiones. La teniente garabateaba distraídamente en la esquina de su libreta, ajena a las palabras dichas por las chicas reunidas, que alzaban la voz cada vez que una idea parecía mejor que la anterior, ni siquiera se percató del silencio sepulcral que llenó la sala ante la última idea propuesta tímidamente por Kotetsu.
Pasaron un par de segundos antes de que Nanao levantara la mirada hacia las chicas, que se miraban entre sí con los ojos brillando por la idea que parecía haber sido la mejor de todas.
—Perdón ¿qué? —soltó la teniente reacomodando sus lentes y mirando a las chicas, perdida.
Fue Matsumoto quien sonrió tomando las manos de Nanao, con los ojos resplandecientes mientras las chicas se aglomeraban para mirarle.
—Chocolates caseros.
—Pero eso lo puede hacer cada una —alentó Nanao sonriendo para las chicas —, esa tradición es muy bella y se requiere muchísimo valor para arriesgarse a dar chocolates.
—Es cursi y está trillado —soltó Soi-Fong cruzándose de brazos y desviando el rostro.
—Qué amargada —se quejó Matsumoto con voz melosa —, estoy segura de que hay un soldado en la décimo tercera que se alegraría muchísimo de recibir chocolates de tu parte.
Soi-Fong bajó el rostro temblando de rabia, sus ojos se oscurecieron y la chica apretó los puños mientras una venita se saltaba en su frente, consiguiendo que Matsumoto retrocediera componiendo una sonrisa de disculpa.
—Tal vez me excedí un poquito —admitió la pelirroja ocultándose tras Nanao.
La capitana de la segunda dedicó una última mirada de desprecio a Matsumoto antes de darle la espalda a las chicas y suspirar con fingido aburrimiento, sin embargo, en su fuero interno el corazón le latió con mucha fuerza cuando la imagen de sí misma dándole chocolates a Satoshi enfrente de todo el Gotei le ocupaba toda la cabeza. Ni siquiera trató de disimular el sonrojo, se lo atribuiría a la rabia en lugar de admitir que quería darle chocolates a ese pedazo de idiota que la tenía vuelta loca.
—Por favor, presidenta —exclamó Matsumoto tomando las manos de Nanao y consiguiendo miradas de todas las chicas —, deberíamos reunirnos en alguna división para hacer chocolates y entregarlos el catorce de febrero, estoy segura de que más de una de nuestras divisiones cuenta con las instalaciones para poder hacer esto.
—Pero, ¿por qué lo quieren hacer como una actividad especial?
—Hay un rumor corriendo en el Gotei —admitió Kotetsu, ganándose las miradas de todas, despertando la curiosidad de Soi-Fong (sufriendo internamente, segura de que la habían descubierto por fin y que su careta de chica mala peligraba) —, es sobre los hermanos Yamamoto.
Fue un movimiento lento, todas las miradas cambiaron de Kotetsu a Asami, quien retrocedió levantando las manos, tratando de defenderse de lo que viniera a continuación.
—Etto… —murmuró Asami, incómoda tratando de componer una sonrisa.
Y Kotetsu continuó con su discurso.
—No estoy segura de quién lo inició, ni a cuál hermano se refieren específicamente, pero dijeron que uno de ellos está enamorado de una mujer con un cargo importante.
—¿Qué cargo? —inquirió Hinamori sintiendo el corazón acelerarse, y aunque ella fue la primera en preguntar, pronto el resto de las chicas se le unieron, haciendo cuestionamientos todas al mismo tiempo, consiguiendo que Kotetsu se tensara y Asami se relajara en su sitio.
Al final, Matsumoto le dedicó una mirada a su tercera oficial con un brillo de malicia, haciéndole pasar saliva con dificultad.
—¿Tú sabes algo?
—No —zanjó la chica determinada.
Y Matsumoto volvió la atención a Kotetsu mientras Nanao suspiraba, volviendo a sus garabatos, llamando la atención de Asami con ese gesto.
—¿No te interesa el rumor? —quiso saber Asami mientras Kotetsu respondía a las preguntas lo mejor que podía. Una rueda de prensa habría sido más organizada.
—Honestamente —murmuró Nanao acomodándose los lentes y sonriendo débilmente para Asami, quien sonrió sentándose a su lado y pasando unos cabellos sueltos sobre su oreja —, la mayoría de esos rumores son sólo eso, rumores. Además, si quisiera saber algo, te preguntaría directamente a ti —aunque aquello era una verdad dicha a medias, moría de ganas por preguntar respecto al mayor de los Yamamoto, sin encontrar el valor para cuestionarle. —Después de todo son tus hermanos, y estoy segura de que compartirías información pertinente sin dañarlos ni traicionarles.
Asami sonrió dulcemente ante aquellas palabras, sufriendo internamente al recordar que había charlado recientemente con Haruki respecto a aquella teniente de cabellos oscuros que ahora parecía desanimada.
Nanao era una persona sumamente formal, correcta, así que Asami todavía sentía cierto recelo para preguntarle cosas tan personales, aunque en ese momento moría de ganas, quería saber si la teniente Ise sentía algo por su hermano mayor, quería ayudarles, si es que la pelinegra correspondía a los sentimientos de su querido Haruki tal vez ella podría hacer algo al respecto. No, Nanao era un acertijo difícil de descifrar.
—¿No hay nadie a quien quisieras regalarle chocolates en San Valentín? —murmuró Asami armándose de valor y tomando una mano de Nanao, sorprendiéndola con aquello.
Por supuesto que había alguien, pero Nanao quería tanto a Asami. Una cosa era ser buenas amigas, y otra cosa muy distinta era admitir que le gustaba su hermano, había visto la forma celosa en la que aquella joven extraordinaria defendía a sus hermanos de las garras de las mujeres del Gotei, asegurando que ninguna de ellas era suficientemente buena para ocupar un sitio en el Clan Yamamoto, al lado de ninguno de sus hermanos.
—Tal vez —admitió Nanao con media sonrisa de disculpa y de timidez, consiguiendo que Asami sonriera ampliamente, agradeciendo el voto de confianza por parte de Nanao al decir aquello.
—Esta es la cuestión —murmuró Asami con una sonrisa ladina. —Si una sola de nosotras da chocolates por su cuenta, puede recibir un rechazo que le rompa el corazón —su razonamiento era claro y era lógico, así que Nanao asintió una vez, pendiente de la siguiente parte del discurso —, pero, si hiciéramos esto como una actividad de la asociación, entonces muchas mujeres del Gotei se atreverían a dar chocolates, sería una actividad grupal divertida y ningún hombre estaría obligado a aceptar o a responder los chocolates, podríamos hacer un intercambio de dulces y, en el mejor de los casos…
—En el mejor de los casos, algún shinigami podría corresponder a los sentimientos de las chicas, si nos damos valor entre todas —comprendió Nanao sonriendo con ganas mientras Asami asentía con entusiasmo. —¡Muy bien, chicas, escuchen! —Exclamó Nanao levantándose y golpeando el escritorio con ambas manos, llamando la atención de todas —Haremos chocolates para el día de San Valentín, podemos reunirnos en el horario de comida de todas para organizarnos y conseguir los materiales para preparar los dulces todas juntas y extender una invitación a todas las mujeres que deseen participar.
—¡Eso, presidenta! —Exclamó Matsumoto levantando una mano —Incluso podríamos conseguir que más chicas se unan a la Asociación.
—El catorce cae en fin de semana —exclamó Hinamori levantando una mano y mirando a las chicas con una sonrisa soñadora —, podríamos reunirnos todas y repartir los chocolates al mismo tiempo.
—Incluso podríamos dar chocolates a personas a las que queremos —añadió Asami mirando a Nanao con una sonrisa dulce —, no solo al chico que nos gusta.
—Asami, eso no es justo —dijo Hinamori perdiendo el buen humor y bajando los hombros mientras un aura sombría la envolvía —, tú eres novia del capitán Hitsugaya.
Ah, pensó Asami con ironía, Ahora sí es "el capitán Hitsugaya"
—No, escucha —pidió Nanao tomando asiento y acomodando sus lentes. —Haremos dos tipos de chocolates, envoltura roja para confesar nuestros sentimientos, envoltura azul para dar chocolates por amistad. Haremos que se corra la noticia y eso ayudará a evitar malentendidos.
—Claro —añadió Asami con entusiasmo —, y así nos podemos dar valor entre todas para arriesgarnos a regalar chocolates.
—De nuevo —murmuró Hinamori, todavía más deprimida —, no es justo.
—¡Es una idea genial! —gritó Matsumoto dando un aplauso efusivo. —¿Dónde haremos los chocolates? ¿La diez está bien?
—Hagámoslo en la décimo tercera —pidió Rukia levantándose y sonriendo.
—Pe—pe—pero, Rukia—san —tartamudeó Nanao a media voz, aunque sólo Asami se percató de aquello, frunciendo el entrecejo y sacando conclusiones.
—El teniente Yamamoto acondicionó la cocina de la división para poder hacer las galletas ahí mismo los viernes, tenemos todo para hacer los chocolates.
—No —espetó Soi-Fong, ahora sí tratando de suprimir el sonrojo en sus mejillas, preguntándose cómo demonios haría para pasar tanto tiempo en la décimo tercera, sabiendo que no se sacaría de encima a Satoshi si se ponía a hacer chocolates para nadie. —Me niego a poner en riesgo mi salud mental al pasar tanto tiempo en tu división.
—Capitana Soi-Fong —exclamó Kiyone decepcionada —, dos de los hermanos Yamamoto están en esa división.
—Sí, y uno de ellos me acosa por todo el Gotei sin medir las consecuencias —puntualizo la morena mostrando un puño y temblando.
—¿Nos va a negar la posibilidad de trabajar tan cerca de ellos?
—¡¿Eh?! —Asami no salía de la sorpresa al percatarse de que eran varias las mujeres que ahora habían adoptado aquella postura, defendiendo la posibilidad de pasar un día en la división de sus dos hermanos mayores.
—¡Queremos trabajar cerca del teniente Yamamoto! —Exclamó Kiyone, ganándose una mirada de reproche por parte de Asami.
—¡No seas egoísta! —exclamó Matsumoto, acrecentando el desconcierto en su tercer oficial. —Tú tienes al bombón de Sato pisándote los talones todo el día, también nosotras queremos ver a los hermanos.
—Pero qué… —espetó Asami, ofuscada.
—Todas sabemos que ellos entrenan antes de la hora de la comida —exclamó Kiyone con un gesto soñador que imitaron las demás presentes, todas menos Nanao, Asami y Soi-Fong, que parpadearon pasadas ante aquella situación tan extraña —Sería lindo verlos en ropa deportiva, regresando de un entrenamiento para variar.
La imagen de Satoshi guiñándoles, tomando agua de su botella para ocultar su sonrisa, con su camiseta de resaque revelando la musculatura en las costilla altas, con los shorts cayendo hasta sus rodillas dándole un look de basquetbolista, con los tenis deportivos y el cabello desorganizado mientras gotitas de sudor resbalaban por su cabello, competía contra la imagen de Haruki usando una camiseta ajustada de manga corta y cuello en v, pantalón holgado de chándal y descalzo mientras una toalla colgaba de su cuello y él deshacía la coleta o se despejaba los largos cabellos del rostro, desviando la mirada con una sonrisa tímida al saberse observado.
Se alzó un suspiro colectivo, pero Asami manoteó tratando de llamar la atención de ellas, reventando la burbuja de fantasía y ensoñación en la que sus compañeras habían sucumbido.
—¡Dejen de hablar así de mis hermanos!
—¡Y Momo no dice nada porque ella tiene al bombón de Asahi sentado a su lado todo el día! —Terminó Matsumoto, consiguiendo que Hinamori se encogiera en su sitio, bajo las miradas inquisitoriales de las chicas, sonriendo apenada y soltando una risita de incomodidad mientras la imagen de Asahi pasando una mano por su cabello, bostezando, mirándole de reojo antes de componer una sonrisa amable y volver a sus asuntos, se apoderaba de su mente. —Asami, tú tampoco seas egoísta —espetó Matsumoto parándose en jarras. —Eres la novia de Tōshirō, creciste entre puros bombones, tus hermanos son los idols del momento.
—¡Y no han escuchado al teniente cantar mientras Satoshi toca la guitarra! —exclamó Rukia divertida, echándole más leña al fuego.
—El capitán Muguruma te nombró Hermana menor del Gotei —apuntó Isane con un rubor leve en las mejillas —, y lo hizo el mismo día en que tus hermanos se convirtieron en los novios del Gotei.
—¡¿En los, en los? ¿Qué?! —gritó Asami pasmada mientras todas (Soi-Fong y Nanao incluidas) asentían confirmando las palabras de la capitana.
—No nos vas a decir que no lo has notado —canturreó zalamera Matsumoto, ensanchando la sonrisa cuando Asami la miró, ofuscada. —Tus hermanos se convirtieron en el principal atractivo del Gotei desde las peleas de exhibición. Cada uno tiene su club de fans y ahora las divisiones cinco y trece tienen más solicitudes femeninas que nunca.
—Pero también habla otra que no debería ser egoísta —soltó Hinamori en venganza —, el teniente Yamamoto constantemente va a la diez para llevar a Asami, y hasta te coquetea.
El recuerdo invadió toda su mente, todas las veces en las que Haruki había avanzado hacia ella con los ojos entrecerrados, con la sonrisa ladina, con voz y movimientos cadenciosos, acorralándola contra paredes o escritorios mientras preguntaba por su hermana.
Solo una vez había hecho contacto físico con ella, tomando un mechón de cabello para observarla. Y por un momento consideró que el teniente fuera a oler su cabello, pero en su lugar lo pasó tras la oreja de Matsumoto y le sonrió dulcemente, alejándose.
—No me coquetea —puntualizó Matsumoto sin percatarse de que Nanao había respingado, componiendo una mueca de decepción antes de bajar el rostro hacia su libreta y comenzar a reorganizar sus papeles, por tal de tener algo en qué ocuparse mientras finalizaba esa discusión, sintiéndose incapaz de ponerle un alto.
—¡Basta de hablar de mis hermanos! —espetó Asami golpeando el suelo con un pie antes de llamar la atención de todas. —Igual no tienen oportunidad, Sato se muere por Soi-Fong, Asahi es muy serio como para estar tonteando y Haruki se la vive en el último rincón de la luna, suspirando por Dios sabe qué, ¿haremos lo de los chocolates o no?
—El impertinente de tu hermano no se muere por mi —alegó Soi-Fong levantándose, poniendo las manos sobre la mesa —, únicamente lo que quiere es estar acosándome porque le parece divertido.
—¡Ay, por favor! —soltó Matsumoto recargándose hacia atrás en su silla, colgando un brazo del respaldo y componiendo una sonrisa ladina —, eres la única mujer del Seireitei a la que persigue hasta el cansancio, babea las losas por ti.
Las miradas saltaron chispas en el lugar en que hacían coalición, ambas shinigamis se dedicaban toda la rabia disponible consiguiendo un ambiente tenso, pero no sé comparo con la tormenta que se desató en el fondo del salón.
—Haremos —dijo lentamente Asami mientras un aura peligrosa la envolvía, consiguiendo que Matsumoto se encogiera en su sitio, y todas las presentes salvo Soi-Fong, que volvió el rostro, ofendida —los chocolates o no…
—Sólo si lo hacemos en la décimo tercera —murmuró Kiyone en medio de un mullido tímido, levantando un poco la mano.
—¿De verdad no será un problema? —inquirió Matsumoto encogiendo un hombro y mirando a Asami de reojo.
—Estoy segura de que Haruki—San estará feliz de prestar el espacio y sus utensilios —prometió Rukia tratando de alivianar la tensión.
Nanao suspiró resignada.
—De acuerdo, lo haremos ahí.
—Ay, podría mostrar más entusiasmo al respecto, Kaichō —se quejó tímidamente Hinamori ante la melancolía en las palabras de Nanao, en su tono y en su postura.
—Perdón, estoy distraída —murmuró la chica reacomodando sus lentes antes de sonreír débilmente y ofrecer otro poco de calma a las chicas. —Compremos los materiales esta semana y reunámonos el trece en la división.
—¿Y si convencemos a los capitanes de dejarnos hacer todo la mañana del catorce? —agregó Hinamori al final, levantando la mano, pero hablando con un hilo de voz.
—Hirako dirá que no —apostó Matsumoto,
—A Kyōraku le dará igual siempre que le demos chocolates —carraspeó Nanao fastidiada.
—Tōshirō dirá que si —afirmó Asami a la par que Matsumoto decía lo contrario. —¿Que no? —terminó Asami sorprendida mientras Matsumoto se encogía de hombros, sonriendo.
—Nada pierden con intentar —afirmó Isane con una sonrisa, haciendo suspirar a Soi-Fong.
—Si los convencen, nos vemos el catorce a primera hora —soltó la morena antes de levantarse y avanzar hacia la puerta. —Cómo sea, avísame en qué quedaron, Ise Kaichō.
.
Nanao avanzaba con pasos lentos por la división, suspirando de vez en cuando, preguntándose una y otra vez en qué se había metido y cómo era posible que todos los capitanes hubieran accedido a permitir que sus subordinadas participaran en una actividad extraoficial.
Aunque era cierto que le había sorprendido darse cuenta de que Kyōraku había accedido con especial entusiasmo, alentándola a dar todo de sí y esperando sus chocolates con ansias, aquel final le había hecho caer en cuenta que todo parecía formar parte de un fin más egoísta.
Había hablado con Rukia para preguntar si había problema si dejaba los ingredientes el trece por la tarde, pero la capitana Kuchiki le había dicho que habría alguien temprano en la división al día siguiente para abrirle la cocina, así ella podría terminar sus pendientes sin sentirse presionada.
La teniente sonrió percatándose de que, en efecto, la puerta de la división ya se encontraba abierta, así que entró con pasos tímidos en busca de un rostro al que agradecer por madrugar.
—Buenos días —saludó Nanao insegura, sacando de sus bolsas un chocolate redondo envuelto en estaño rojo y plateado —, perdón, soy la teniente Ise y…
Haruki salió de la cocina con expresión de sorpresa mientras se secaba las manos con una toalla.
—Nanao—san —exclamó sorprendido mientras avanzaba unos pasos hacia la recién llegada, componiendo una sonrisa radiante —, buenos días. Mi capitana dijo que vendría alguien, no sabía que sería usted.
—Ya somos dos —comentó la chica reacomodando mejor las bolsas entre sus brazos y haciéndole sonreír al muchacho, que se encaminó a toda velocidad para ayudarle a Nanao. —Quiero decir —se corrigió torpemente —, que yo no tenía idea de quién me abriría la puerta, sí sabía que era yo quien vendría a traer las cosas.
No pudo evitarlo, Haruki soltó una risa por lo bajo, por los nervios, antes de guiar a Nanao hasta la cocina.
—Perdón —murmuró la chica acomodando su fleco lejos del rostro.
—Descuida, es lindo que, para variar, seas tú la del discurso elocuente. Aunque esas suelen ser mis líneas —dijo al final en tono de acusación, haciendo a la teniente sonreír.
—Te he quitado el estelar —murmuró la teniente, siguiendo la broma.
—Serías mejor protagonista que yo —afirmó el teniente con una sonrisa radiante.
.
Aquel día sí que se sentía todo el bullicio, en especial en su división. A claro, era catorce de febrero, las chicas solían alborotarse mucho en ese día, aunque bueno, por otro lado, estaba seguro de que recibiría muchos chocolates.
—Espero que no pienses ir a la cocina Satoshi —le sentencia su hermano al topárselo por los pasillos
—¿y porque no? —preguntó extrañado, la cocina siempre estaba disponible cuando quería comer algo
—nuestra división prestó la cocina para que la asociación de mujeres shinigamis preparan chocolates caseros —ve a Satoshi bufar con cierto fastidio —, no refunfuñes hermano, cierta capitana es parte de la asociación y tiene la obligación de participar en todas las actividades
—¿Soi-Fong? —pregunta con infantil curiosidad
—No, la capitana Kuchiki — ve la desilusión en los ojos de Satoshi, lo que lo obliga a corroborar —, claro que la capitana Soi-Fong
—¿Me estás diciendo que la capitana Soi-Fong está en la asociación y está preparando chocolates caseros? —sus ojos grises brillan aun más de la emoción —, esto lo tengo que ver con mis propios ojos
Tiene la obvia intención de ir corriendo a la cocina de su división, pero Haruki vi dichas intenciones desde antes y lo tomo de la parte de atrás del cuello deteniendo su carrera y ahorcándolo.
—Quieto ahí casanova —dice firme —, las chicas se están esforzando mucho y no permitiré que las interrumpas haciendo algún desastre por andar persiguiendo a la capitana
—Ttsss aguafiestas — replica sobándose el cuello.
—Ikuzo —ordenó desganado mientras se dirigía hacia los dojos. —Hoy entrenamos juntos.
—¡Hell yeah! ¿Hoy toca combate?
Haruki bufó divertido mirando por encima de su hombro —Hoy toca abdomen.
.
Nanao suspiró quitándose los cabellos del rostro con el dorso de la mano, antes de sonreír para Rukia y acomodar la charola con los chocolates que estaban listos para ser decorados.
De pronto había mucho silencio en la cocina, así que teniente y capitana levantaron la mirada en dirección a la puerta, percatándose de que las chicas de la Asociación estaban aglomeradas en escalera para ver hacia afuera.
—Si quieren, podemos ir —sugirió Rukia divertida, consiguiendo que las chicas se cayeran una sobre la otra, un efecto dominó que le habría hecho reír a Asami, de no ser porque sabía de qué hablaba la capitana.
—No son pan caliente —defendió la menor de los Yamamoto.
—No son pan —concedió Matsumoto con una sonrisa lasciva.
—Si con eso vuelven a sus labores… —murmuró Nanao, insegura de querer que todas las chicas fueran a ver entrenando a los muchachos, a Haruki.
—¡Nanao! —gritó Asami estirando aquella palabra, sintiéndose traicionada por una shinigami a la que consideraba su amiga.
—De todos modos, los vemos en los pasillos —soltó Matsumoto con descaro —, y Momo entrena con Asahi.
—¡No es verdad!
—Tienes razón —rectifico la teniente con una sonrisa maliciosa —, Asahi entrena mientras tú babeas por él.
—No babeo.
—Todas babeamos por alguno —corto Matsumoto quitándole importancia a ese hecho.
—Algunas babean por los tres —acusó Kiyone con una sonrisa divertida, enarcando las cejas y mirando a la pelirroja con picardía.
—No son pan —canturreó Matsumoto divertida, consiguiendo un reclamo por parte de Asami.
Para sorpresa de todas, Soi-Fong ya había tomado la delantera con expresión furiosa, avanzando con pasos firmes hacia el dojo principal.
—¡Ca—ca—capitana Soi-Fong! —gritó Asami alcanzándola, seguida del resto de las chicas. —¿Qué hace?
—Comprobar por mí misma si es verdad que el inútil de tu hermano es tan bueno como para merecer que lo entrene.
—¿¡Eh!?
Soi-Fong llegó hasta el sitio y deslizó las puertas en silencio, observando con ojo crítico el lugar.
Mantener el sonrojo a raya fue complicado, y cómo no, con la escena que tenían frente a sus ojos…
Las chicas de la Asociación pasaron saliva con dificultad cuando Satoshi, con voz ahogada por el esfuerzo, contó el número setenta y cuatro.
Los shinigamis de la división estaban tendidos en el suelo, agitados, no podían dar más luego del arduo entrenamiento que habían recibido por parte de los hermanos, todos sabían que cuando ambos Yamamoto encabezaban, el dolor sería insoportable, pero el resultado sería legendario y eso hacía que valiera la pena el esfuerzo extra.
Ambos hermanos se encontraban en la misma barra, la postura era la distinta.
Satoshi colgaba de cabeza por las rodillas, el short se le había recorrido, dejando expuestos los muslos, el sudor perlaba su piel, deslizándose lentamente por donde otras gotitas habían abierto antes camino, también la camiseta se había enroscado hasta caer casi sobre su rostro, dejando el abdomen al descubierto. Ambas manos estaban en su nuca y emitió un gruñido gutural cuando se dobló sobre sí mismo, completando otra abdominal con el rostro enrojecido por el esfuerzo.
Procuró hacer el movimiento lentamente, hacerlo a la brava no daría el mismo resultado, no le daría ni la fuerza ni la condición, así que las chicas pudieron ver claramente el movimiento de sus músculos y pasar saliva con dificultad mientras la temperatura iba en aumento.
—Setenta y cinco —contó Haruki a su lado, también con voz ahogada antes de subir.
Llevaba el cabello recogido en un chongo improvisado en la parte alta de su cabeza, con algunos mechones fuera de lugar, pero al menos fuera de su rostro.
El mayor se hacía a la barra por las manos, con los antebrazos viendo hacia sí mismo, sus piernas iban cubiertas por el pantalón deportivo negro, tenía las rodillas abiertas y los talones cruzados, trenzados para mantenerlos juntos, pero el torso lo llevaba desnudo, así que Nanao pasó saliva con dificultad cuando el teniente ahogo un gruñido gutural mientras subía su cuerpo y una vena se saltaba un poco en los antebrazos del muchacho. Bajó lentamente hasta que sus brazos quedaron completamente extendidos y luego algo las tomó por sorpresa.
Satoshi ya había bajado de la barra, fue un movimiento fluido, bastante agraciado, en el que el soldado se paró de manos para poder bajar las piernas antes de darle oportunidad a su hermano de reaccionar.
El pie descalzo de Satoshi aterrizó de lleno contra el vientre de su hermano, Haruki salió disparado y su espalda azotó con fuerza contra el piso, arrancándole un grito ahogado.
—Tiempo —gritó un shinigami haciéndose de un cronómetro a toda prisa y mirando a sus superiores, que comenzaron a pelear sin previo aviso.
Haruki se levantó de un salto, Satoshi ya estaba atestado un golpe, así que para el mayor fue fácil envolver el puño de su hermano en una mano y regresarle el golpe a la cara antes de mirarle con reproche.
—Todavía no bajaba —reclamó el teniente mientras evadía una patada alta y se barría para tratar de tirar a su hermano.
—Lo siento —fue la única respuesta que obtuvo por parte del menor, que ya había azotado contra la lona antes de rodar para evitar el siguiente golpe.
Ahora ambos hermanos estaban trenzados en el piso, tratando de someter al otro con todas sus fuerzas.
El pie de Satoshi encontró un lugar contra la mejilla de Haruki, el mayor le tenía apresado entre sus piernas, así que, si quería derrotarlo, solo debía girar un poco la cadera y el rostro de Sato terminaría contra la lona.
Pero en ese momento, el shinigami del cronómetro exclamó: —Cuarenta y cinco segundos.
Ambos hermanos de soltaron, Satoshi saltó a la barra, colgando de las manos esta vez en una postura similar a la de su hermano antes, Haruki se puso en posición de plancha y exclamó.
—Setenta y seis.
Cada músculo de su espalda se movió y se marcó cuando el teniente bajó hacia la lagartija, sus brazos resaltaban, sus hombros, sus clavículas, las chicas suspiraron ante la escena cuando Satoshi bajó lentamente, cada vez más cansado, más adolorido, pero sonriendo con socarronería mientras sus brazos se extendían en toda su estatura con los músculos bien delineados.
—Suficiente —murmuró Soi-Fong con fingida indiferencia, pero la voz ligeramente afectada por las emociones —, no pienso entrenar a ese bárbaro —exclamó pasando entre las chicas y regresando a la cocina, seguida de las otras shinigamis, que se abanicaban con la mano y charlaban de lo visto.
Nanao fue la última en salir, sus ojos capturaron los de Haruki en la distancia, el muchacho se resbaló en la lona con su propio sudor y alcanzó a meter las manos de último minuto para no golpearse el rostro, ambos soltaron una risa por lo bajo y luego Nanao se alejó, con una sonrisa soñadora y una risita nerviosa.
Llegó de última a la cocina, las chicas habían vuelto a sus labores con más entusiasmo que antes, incluso Soi-Fong parecía motivada mientras acomodaba las trufas para ponerles el cacao en polvo encima. Las cajas de colores estaban dispuestas por una de las mesas, había de sobra, así que la teniente sonrió acercándose hacia allá y tomando una caja azul antes de poner el nombre de su capitán con marcador dorado.
Sonrió con dulzura tomando otra para su Co—teniente, y suspiró deteniendo su mano sobre la pila de cajas rojas, dudando un momento antes de suspirar y bajar la cabeza, retirando la mano sin tomar la caja, alicaída antes de volver a su mesa con sus dos cajas azules y negando para sí misma.
Y el grito de Matsumoto las alertó a todas.
—¡Kaichō! No sabía que quería confesarse.
Todas las chicas dejaron lo que estaban haciendo y se dirigieron hacia Nanao, rodeándola y atiborrándola de preguntas.
La teniente apenas y comprendía las palabras de sus compañeras, sonrojada y aturdida por tanta intensidad hasta que Asami puso un alto.
—¡Déjenla respirar! Justo por esto nunca nos dice nada.
—I—ie… —musitó acongojada antes de retroceder medio paso. —No es eso.
—Entonces ¿te gusta alguien? —cuestionó Isane con curiosidad, con los ojos abiertos de par en par mientras Nanao suspiraba, asintiendo antes de volver el rostro al costado.
—¿QUIÉN? —gritaron las chicas al unísono mientras Nanao bajaba los hombros también.
—No tiene caso —murmuró la pelinegra antes de reacomodar sus lentes y mirar a sus compañeras. —Gracias por interesarse —añadió melancólica —, pero no tiene caso que lo intente, alguien como él no miraría a alguien como yo.
—Es un Yamamoto —soltó Kiyone resignada mientras las otras chicas asentían con expresiones graves en el rostro.
Nanao asintió.
—¿Asahi? —Cuestionó Hinamori angustiada, ganándose una mirada triste de la pelinegra.
—No.
—Satoshi —sentenció Soi-Fong cómo una afirmación.
Pero la voz de Nanao salió arrastrada, acompañada por una mueca de disculpa.
—No.
—¿Haruki? —exclamaron todas, pasadas ante el suspiro de resignación de la teniente.
—Haruki —confirmó Nanao entre suspiros, acongojada.
Las chicas se miraron entre ellas y fue Kiyone en persona quien le entregó una caja roja a la teniente, ganándose una mirada de sorpresa por parte de Nanao.
—Tienes que intentarlo —dijo la joven asintiendo con una sonrisa radiante.
—P—pero, pensé…
—De todas nosotras —explicó Matsumoto, ganando afirmaciones por parte de las chicas mientras Asami no salía de la sorpresa —, tú eres la que tiene más posibilidades con el ardiente Yamamoto.
—¡Perdón! —exclamó Asami, furiosa.
—Teniente Yamamoto —se corrigió la pelirroja, haciéndose la desentendida —¿Alguien escucho otra cosa? No ¿verdad?
—Vamos, Nanao—San —exclamó Isane tomando las manos de la pelinegra —, tienes que intentarlo.
—¿Y si te corresponde? —animó Hinamori con aires soñadores.
—Pero chicas, no soy la única a la que le gusta el teniente y…
—Eres la que lo conoce mejor —soltó Soi-Fong contundente, consiguiendo una mirada de pasmo por parte del resto, mientras los lentes de Nanao resbalan hasta la punta de su nariz. —Las demás pueden considerarlo atractivo, sexy o interesante, pero tú lo conoces mejor, charlas con él, incluso comen juntos de vez en cuando. Si alguien tiene derecho a intentarlo, esa eres tú.
—No puedo ser la única que quería intentarlo —murmuró Nanao insegura, volviendo el rostro al costado y llevando una mano a su corazón.
—Entonces deberías ser la última —exclamó Kiyone golpeando su mano con el puño, ganándose una mirada escéptica de Asami. —Sé que yo no tengo oportunidad con el teniente, pero quería darle una caja roja, lo intentaré yo primero, lo más seguro es que me rechace, y si lo hace, puedo cuestionarlo al respecto.
—¿Qué?
—¡No, espera —exclamó Matsumoto divertida —, piénsalo! Es una buena forma de saber si a los hermanos les gusta alguien sin tener que preguntarle a la estirada de Asami.
—Sigo aquí.
—Si Kiyone lo intenta, también yo lo haré —había tal convicción en las palabras de la pelirroja que todas las demás se sintieron inspiradas por un segundo. —Así salimos de dudas de una vez.
—¿Con quién te confesarás tú? —quiso saber Hinamori esperanzada.
—Es obvio, con los tres —soltó descaradamente Matsumoto, consiguiendo que todas las chicas se cayeran por la sorpresa.
Fue Nanao la primera en recomponerse, acomodando sus lentes antes de mirar a Matsumoto con incredulidad.
—Eres una vanidosa.
—Puede ser, pero es un buen desafío para ellos. Mantenerse fieles a sus convicciones o caer ante la tentación.
—No tienes remedio —exclamó Asami negando con la cabeza.
.
Había estado planeándolo con mucha anticipación, hasta cierto punto, estaba feliz, estaba en la cocina, derritiendo el chocolate a baño maría mientras leía las instrucciones de cómo utilizar los moldes y el resto de las cosas que había comprado. Karin no podía estar más entretenida en ese momento, tanto que no se percató de la presencia a sus espaldas.
—Huele bien…— ¿Qué demonios hacía su hermano ahí? —Hey, ¿Qué estás haciendo?
Y sus mejillas se sonrojaron, al no tener respuesta, Ichigo comenzó a husmear entre las cosas que yacían sobre la mesa de la cocina, arqueando una ceja al darse cuenta de lo que su hermana estaba preparando.
— ¿Quién eres y que has hecho con Karin? — Dijo burlón mientras se sentaba en una de las sillas, observando la espalda de su hermana y su momentánea petrificación —Sabes, nunca imagine que alguien de la sociedad de almas llamara tu atención, Asahi es un buen chico, pero… ¿estás segura de querer llevar una relación con él?
Y una cascada de agua helada la trajo a la realidad, ella era humana, si, su padre era un shinigami, pero ella no tenía poderes como su hermano, probablemente podría llegar de la misma manera en que Orihime, Chad e Ishida lo hacían en su momento, pero eso no iba a bastar, no sería suficiente, no sería como su hermano y su cuñada.
—Karin…— Y esto lo pudo sentir, porque no estaba ahí para hacerla sentir mal, quería hablar de ella y de cómo solucionar el problema, mas no se esperaba su reacción tan repentina.
—Tienes razón, no puede haber nada ente nosotros— Y sin pensarlo ni dudarlo, tomo las cosas de la mesa y las deposito en el contenedor de basura, dirigiéndose a su habitación, escaleras arriba.
Suspiro, esa no era su intención, tal vez se había equivocado de palabras y, sin embargo, se sentía muy culpable de que su hermana se hubiera enamorado de alguien como su esposa.
—Sabes lo que tienes que hacer— Su voz no le sorprendió, ambos habían visto como su pequeña rebelde había cambiado, como actuaba diferente cuando el chico estaba presente, y por eso, es que habían pedido la ayuda de Urahara y Yoruichi —Se lo ha ganado, y sé que estará bien mientras tu estés allá
—Tengo miedo de dejarla ir, siempre ha sido una chica muy fuerte, pero… con todo esto que estamos viviendo…— Si, Ichigo sabía mejor que nadie la situación actual del gotei, los genzanki, Aizen ¿Quién se ocuparía de ayudarle con sus habilidades? —No sé si pueda hacerme cargo de ella
—Confío en ti, y confío en Asahi y su familia— Isshin coloco una mano sobre el hombro de su hijo, si en algo estaban de acuerdo, es en que debía ir y adentrarse al mundo de los shinigamis —Ahora ve y habla con ella…
Con un suspiro y una mirada que delataba el dolor que significaba dejar ir a una hija, Ichigo subió, debía hacerlo ahora, o nunca.
.
La diferencia de estaturas no era tanta, dos centímetros los separaban físicamente, pero esto no se notaba por la mohicana que llevaba siempre bien peinada. Había sentido el reiatsu de la pelirroja acercarse desde hacía mucho, y no es que no supiera lo que estaba planeando, pero ver a Asami tan molesta durante los últimos días solo podía significar una cosa, y es que la mujer llevaba una caja de chocolates envuelta en un pulcro rojo; claro, san Valentín.
—Asahi, cariño— Dijo la mujer al aparecer frente a él —Quisiera hablar contigo
—Matsumoto—san…
—Ay, no, por favor… Rangiku está bien— Dijo la pelirroja con una sonrisa en su rostro, acercándose al chico, haciéndolo chocar con la pared —Me preguntaba si… serias tan amable de recibir estos chocolates este día tan especial, después de todo, creo que has de estar soltero ¿verdad?
¡Y que equivocada estaba! Justo ese día era el peor para él, porque ese día deseaba recibir chocolates de una sola persona que no podía estar en ese lugar.
Sonrió, no porque estuviera contento, si no, porque sabía cuánto sufría su pequeña hermana con esa mujer, cuanto molestaba a su cuñado y, también, como gustaba de molestar a sus hermanos.
—Rangiku—san, lo siento mucho, pero no puedo aceptar tus chocolates— El shinigami sonrió dulcemente, pero la pelirroja inflo los cachetes —Eres una mujer un poco grande para mí, incluso para Satoshi, deberías, tal vez, intentar con alguien más apto de tu edad
Vieja, solo podía entender que estaba diciéndole vieja, ¿mayor? Si, era mayor que él ¿realmente importaba la edad en esa celebración?
—Y si en algo estas equivocada, es que ya tengo novia— Si era necesario, usaría las mentiras para salir de esa situación —Lamento no poder corresponderte…
—Y esa chica… acaso es… ¿Hinamori—chan?
Asahi rio, divertido, le habían contado el mejor chiste del día.
—No, no veo a Hinamori como mi novia, es otra persona— Y los recuerdos de karin vinieron a su mente, lo que le provoco un vació enorme en su corazón —Lo siento, pero no puedo hablar de ella, perdóname Rangiku—san, si me permites… tengo trabajo que hacer
Y Asahi la dejo ahí, de pie en el pasillo mientras él se alejaba, a lo lejos, las chicas de la asociación miraron a Asami con el ceño fruncido mientras Hinamori se quedaba petrificada en su lugar.
.
Kiyone había tomado su turno, dirigiéndose hacia el teniente Yamamoto al verle dirigirse hacia la tercera división. Le había gritado por su apellido, haciéndole suspirar y bajar un poco la cabeza sin darse cuenta de ese gesto de agobio. ¿Cuántas más ese día?
Pero el teniente se sorprendió muchísimo al darse cuenta de que la chica sostenía una caja azul en las manos, agradeció internamente ese gesto y encaró a la teniente con una sonrisa amable.
—Teniente Yamamoto, por favor acepte esta caja de chocolates —exclamó la chica haciendo una reverencia pronunciada y extendiendo la caja hacia el muchacho, que pasó saliva con dificultad. —Viene de parte de la Asociación de Mujeres Shinigamis para agradecer su gentileza por prestarnos su cocina para trabajar.
—Te—te—teniente —tartamudeó el muchacho retrocediendo mientras la chica insistía con la caja de chocolates. —Gracias, pero la capitana Rukia...
Tal vez fue algo en la mirada ilusionada de la chica, Haruki suspiró sonriendo de medio lado, recibiendo la caja en sus manos y asintiendo.
—Además... —continuó la chica bajando el rostro con un leve sonrojo en las mejillas —Además quería aprovechar el momento para decirle que es usted un hombre muy atractivo.
—Etto... ore... Arigatto —murmuró incómodo, retrocediendo de nuevo mientras planeaba una forma de zafarse de eso.
—Teniente —murmuró la chica conteniendo el sonrojo lo mejor posible. —Si yo le diera una caja de chocolates, una caja roja, ¿la aceptaría?
Haruki suspiró resignado, componiendo una expresión serena, una sonrisa franca, agradeciendo aquel preámbulo que le librara de dar un cumplido tosco por corresponder a las palabras de admiración que le habían dedicado.
—Escuche, teniente, admiro muchísimo su valor y su trabajo en el Gotei, es usted una mujer fuerte, y sin duda es bonita, sin embargo, no podría aceptar una caja de chocolates y una confesión por su parte, sería cruel recibir ese regalo sabiendo que no le correspondo de la misma manera.
Kiyone sonrió ampliamente, asintiendo una vez antes de retroceder un paso.
—Ya lo veía venir. Entonces ¿hay alguien?
Haruki pasó saliva, sonrojándose con ganas ante aquella pregunta. ¿Alguien?
¡Claro que había alguien! Pero ¿por dónde empezar?
—Yo...
—No es necesario que me responda, teniente, es personal. Con su permiso —dijo haciendo una reverencia y corriendo de regreso a las chicas de la Asociación, ganándose una serie de abucheos por parte de varias, sumados a varios "Debiste interrogarlo más".
—Gomen... es que me impone, es muy guapo.
.
—¡Satoshi—Kun! —exclamó la pelirroja corriendo hacia él, saludando con una mano mientras con la otra apretaba una caja de chocolates contra sus clavículas —Espera un poco
Para Satoshi fue como si alguien rascara las uñas contra una pizarra, la teniente Matsumoto era más de lo que él podía manejar. Sin duda tenía buenos atributos, y reconocía que era bastante atractiva, poseía una especie de belleza exótica, pero era demasiado encimosa y mimada para su gusto. Asami le contaba como sacaba de quicio a su capitán por estar holgazaneando, además que era demasiado provechosa, no, si tenía una relación con ella acabaría muy mal, tanto económica como mentalmente.
Pero no estaba en su naturaleza tratar mal a ninguna mujer, así que suspiro para tener toda la paciencia posible y encarar a aquella teniente.
—¿Qué tal teniente Matsumoto? — saludo tan amigable como siempre
—ooh vamos lindo Satoshi — se menea de un lado a otro con actitud infantil — sabes que puedes llamarme Rangiku
—no te conozco lo suficiente para tener ese tipo de confianza — se cruza de brazos
—eso se puede arreglar — se acerca demasiado a él, pegando sus voluptuosos pechos a su cuerpo.
Satoshi retrocede un paso para crear distancia, realmente esa mujer lo ponía muy incómodo, es decir, él era extrovertido y excesivamente amigable con las chicas según en palabras de su hermanita, pero aquella teniente no sabía medirse en cuento a espacio personal se trataba.
—que malo Satoshi—kun — hace un puchero apretando los labios — yo que te estaba buscando para entregarte estos chocolates que hice especialmente para ti
—con que especialmente para mí — repite escéptico alzando una ceja, algo le decía que esa caja roja tenía el nombre de sus dos hermanos y el suyo, buscando quien de los tres caía en sus redes — no quiero ser grosero teniente, pero no puedo aceptarlos
—¿Por qué no? — exclama berrinchuda — ¿crees que la frívola de Soi-Fong te regalara chocolates? — suelta con saña — yo no huiría de ti Satoshi—kun, al contrario, estaría totalmente a tus pies — le insinúa con voz seductora y jugueteando con su cabello
—supongo entonces que soy un completo masoquista — suelta casi con diversión, haciendo enfadar más a la teniente — ¿Qué te digo? Me inclino por las mujeres que demuestren un gran carácter y fiereza, además que me gusta que sean más bajitas — se lleva las manos a la nuca dándose la media vuelta y retomando su camino — suerte con tu cacería teniente — se despide alzando un brazo, dejando a Matsumoto pataleando por la rabia.
Su lado realista sabía que Soi-Fong no se arriesgaría a dejar de lado su orgullo y darle chocolates hecho por ella. No se expondría a dar a conocer su lado más tierno haciendo tal cosa, algo que Satoshi lograba ver un poco a través de esa mascara. Aunque últimamente ni siquiera lo corregía cuando la llamaba "linda" lo que le daba una pisca de esperanzas, y justo era eso lo que le permitía soñar con recibir una caja roja de parte de la capitana.
.
Matsumoto pasó saliva con dificultad, sintiéndose acorralada.
¿Cómo demonios había accedido a hacer aquello? ¿En qué demonios estaba pensando cuando se había ofrecido voluntaria para darle chocolates a los tres?
La mano de Haruki aterrizó al lado de su cabeza, ahora ella estaba acorralada contra una pared mientras el teniente de la décimo tercera le sonreía mirándola por encima del marco de sus lentes, la pelirroja pasó saliva con dificultad cuando el muchacho ladeó el rostro ampliando la sonrisa y bajaba la mirada hacia la caja de chocolates que la teniente apresaba en una mano, incapaz de moverse ante la cercanía del castaño.
—¿Escuché bien, teniente? —dijo con voz ladina y seductora, arrastrando un poco las palabras mientras alzaba un poco la nariz.
Odiaba sentirse así frente a Haruki. Matsumoto aborrecía la forma seductora en que aquel hombre la miraba cuando quería ponerla en su sitio, pero, ¿qué demonios?, ella le iba a dar una caja roja de chocolates por San Valentín, ahora ¿qué demonios tenía para reclamarle?
Sí, Asami era el punto débil de los hermanos Yamamoto, si cualquiera alzaba una mano contra la peque, contra la hermana menor del Gotei, todo el mundo respingaba, pero las acciones y reclamos de los hermanos, eso sí era un infierno desatado. Haruki se la pasaba reclamándole a Matsumoto por todo lo mal que trataba a su hermana, poniéndole trabajo de más, y desapareciendo durante las misiones, se podía decir que había comenzado a acostumbrarse a esa rutina.
El problema era que cada vez se volvía más incómodo.
Haruki le gustaba de cierta forma, con sus miradas dulces, con sus palabras diplomáticas, le gustaba porque era frío y distante, casi como...
Pero cuando se enojaba con ella se convertía en un depredador asechando a su presa, no se atrevía a compararlo con una serpiente que hipnotiza a sus víctimas, pero algo parecido.
Sentía el calor que manaba aquel shinigami, siempre tenía la piel muy caliente gracias a su zanpaku—tō y bromeaba con otras chicas respecto a quitarle la temperatura, sobre todo si estaba cerca Asami sabiendo que aquello le molestaría.
Pero justo ahora, Asami estaba muy divertida viendo cómo su hermano ponía, de nuevo, a Rangiku en su sitio.
Dios, no sólo el calor, el perfume que usaba, el aroma de su cabello, su piel pálida, sus músculos trabajados, la piel en su pecho, en la división de sus pectorales bien trabajados. No podía respirar, Matsumoto no podía respirar ahora que su corazón latía con desespero, exigiéndole salir de ahí.
—Sí, teniente Yamamoto, me preguntaba si...
—Hisagi Shūhei se quedó esperando una caja —murmuró con descaro, acercando su rostro al de ella. —Y algunos otros shinigamis del Gotei también. Hay varias personas que merecen chocolates de tu parte, el capitán Hitsugaya debería recibir una caja azul —añadió llevando la mano libre al cabello de la pelirroja y tomando un mechón de cabello, como si fuese a olfatearlo, pero sin llegar a aquella acción. —Y no sé si a mis hermanos les haya hecho gracia recibir una de tu parte.
—Yo...
—Eres muy cruel, Matsumoto —dijo con vos lasciva, haciendo a la teniente tragar con dificultad mientras Haruki se alejaba un poco para despejar su rostro con un gesto que había copiado de Satoshi, gesto que parecía haberse vuelto muy popular entre las mujeres cuando el hermano de en medio lo hacía. —Tantos chicos cayendo a tus pies y tú vienes a traerle chocolates al único que te desprecia con alevosía.
—¿Desprecia? —Soltó la chica ofendida, cayendo en cuenta que, de nuevo, había caído redondita en la trampa del teniente.
—No te desprecio a ti, sino tus chocolates —aclaró mientras se daba la vuelta y comenzaba a alejarse, sin embargo, al final volvió el rostro y sonrió cálidamente —, te valoro mucho como una buena amiga.
Y nada más.
Ella solía decirle a Shūhei que lo quería como amigos. No es que le interesara de verdad el teniente, era parte del deporte y la conquista, le gustaba el coqueteo y los hermanos estaban como ellos querían, pero no era común que a ella (A ELLA) la mandaran a la friendzone descaradamente.
—¡Si no soy yo, ¿quién?! —gritó Matsumoto al final, consiguiendo que los hombros de Haruki se tensaran un momento.
Y aunque Matsumoto creyó que no obtendría respuesta, al final Haruki se pasó el cabello tras la oreja y, sin volver el rostro una vez más, confesó:
—Una que es todo lo contrario a ti.
Matsumoto gruñó en su lugar, apretando la caja de chocolates en su mano con tal fuerza que algunos se salieron de la caja. El resto de las chicas se acercaron a la teniente, cautelosas, con sonrisas incómodas.
—Y eso es todos los jueves —canturreó Asami divertida con la situación, mirando a Matsumoto con un gesto de superioridad y satisfacción que consiguió otro puchero por parte de la pelirroja.
—¿Una que es todo lo contrario a mí? —exclamó Matsumoto ofendida, furiosa, frustrada por aquellas palabras tan contundentes —Será un idiota, lo dijo por molestar, para humillarme más.
—No, espera —pidió Soi-Fong empujando a Nanao hacia ellas, consiguiendo que la pelinegra se sonrojara hasta las orejas.
Las chicas se acomodaron a los lados de Soi-Fong cuando ella las llamó a gestos, y todas se quedaron pasmadas ante lo obvio.
Aunque Matsumoto y Nanao les dedicaban miradas de pasmo y confusión, para ellas fue claro como el agua que aquello era obvio: Matsumoto Rangiku era despampanante, arriesgada y atrevida, con su escote profundo y los cabellos naranjas, con el humor cambiante y la sonrisa liviana, con la personalidad fuerte de alguien que no tiene ningún temor a mostrarse auténtico. Ise Nanao por su parte era toda prudencia y calma, con el uniforme sobrio y la insignia de teniente en el brazo, recatada, tradicional, amable, un poco más tímida, pero con una personalidad fuerte que le permitía defender sus ideales de todo y de todos.
—Una que es todo lo contrario a ti —citó Soi-Fong con una sonrisa radiante antes de tomar sus chocolates y asentir. —Mi turno de darle chocolates al teniente.
—¿Qué? —Exclamaron todas con sorpresa ante la determinación de la capitana.
—Descuida, no pienso conquistarlo, sino interrogarlo. Veremos qué puedo sacarle de información.
.
Isane se detuvo frente a Satoshi, sosteniendo la caja de chocolates con fuerza entre sus brazos, mirándole con un rubor que comenzó a volverse visible en las mejillas.
¿Debería hacer una reverencia? La mayoría de las chicas lo había hecho, pero ella estaba pasmada por la mirada curiosa que el joven le dedicaba.
Dios, ahora envidiaba a su hermana, ¿cómo ella lo había hecho tan natural?
—¿Esos son para mí? —inquirió Satoshi suavemente, señalando los chocolates de Isane y simplificándole la tarea.
Ahora la capitana no encontraba su propia voz, así que agradeció cuando el muchacho tomó la delantera y le facilitó las cosas.
Satoshi encajó los pulgares en su obi, mirando el suelo con una mueca de contrariedad. Por primera vez sintió que su hermano mayor le llevaba cierta ventaja al ser tan diplomático y amable. Era él el que sabía cómo rechazar a la gente y que se fueran contentos, pero no valía la pena copiar alguno de los discursos que el mayor solía entretejer para suavizar los golpes que daba a la gente cuando tenía una mala noticia. Lo mejor era ser honesto, directo.
—De verdad lo siento Kotetsu —se llevó la mano en su cuello, la capitana era una mujer de lo más amable y bondadosa, no quería ser tan crudo con ella —, me siento honrado, de verdad, pero no puedo aceptarlos... sé que te parecerá una locura, pero...
—Te gusta la capitana Soi-Fong —terminó Isane, sonriendo comprensiva para sorpresa y alivio de Satoshi. —Todo mundo lo sabe, no paras de seguirla —Satoshi nuevamente ríe nervioso sobándose el cuello —, pero valía la pena intentarlo —en parte la capitana se esperaba el rechazo del shinigami, pero tal como dijo, valía la pena intentarlo.
—Gracias por comprenderlo, Kotetsu —Satoshi sonrió ampliamente, contagiando un poco a la capitana, a ella fue a quien más le costó rechazar, parecía muy sincera de sus sentimientos.
—Puedes llamarme Isane si quieres.
—Claro, Isane —la tensión se alivió bastante, aunque él aún se sentía un poco apenado con ella —¿Puedo, aunque sea, probar uno? Sé que debiste esforzarte mucho en prepararlos —la capitana asintió con una linda sonrisa abriendo la caja roja de donde Satoshi toma un chocolate al azar —Delicioso Isane, de verdad te luciste —alaga alzando un pulgar y guiñando un ojo, sacándole una sutil risa a la capitana
—Qué bueno que te gustaron Satoshi —claro que aún estaba algo triste, pero por lo menos se iba contenta en saber que le gustaron los chocolates que ella misma preparo —Y... sé que la capitana puede ser un poco difícil.
—¿Un poco? —dice alzando una ceja en gesto divertido, arrancándole otra linda risa a Isane.
—Muy difícil —corrige —, pero no te rindas con ella, me parece que no le eres indiferente, pero ella no mostrara tan fácilmente sus sentimientos.
—Gracias por darme ánimos, y gracias por el chocolate, realmente estuvo delicioso —le extiende una mano, mirándola amigablemente —¿Amigos? —Isane acepta el apretón
—Claro, no dudes acudir a mi cuando lo necesites.
—Ya que lo mencionas —Satoshi se llevó una mano a la barbilla en gesto de estar tramando algo —, tú también estas en la asociación ¿verdad? —eso hace tragar pesado a la capitana. ¿en qué aprietos se había metido?
.
Haruki pasó saliva, incómodo, mirando a la capitana que le extendía una caja de chocolates. ¿Cuánto más extraño se iba a poner ese día?
—Perdóneme, capitana, pero no puedo aceptar una caja de chocolates viniendo de usted —inició con aires diplomáticos, haciendo una reverencia pronunciada antes de mirarla a los ojos, y dando un paso de espaldas. —Mi posición es complicada dado que mi hermano...
—No se confunda, teniente, esto no es una declaración de amor —dijo fríamente la capitana sin mover la caja, esperando que el muchacho la tomara —, considere esto más como el inicio de un interrogatorio.
Haruki pasó saliva antes de avanzar medio paso, inseguro de lo que estaba por hacer, ¿interrogatorio? ¡Dios!
Avanzó otro paso y suspiró tomando la caja y mirándola con el entrecejo fruncido.
—Más le vale que no los tire, teniente —advirtió Soi-Fong con expresión férrea, consiguiendo que el muchacho pasara saliva de nuevo, retrocediendo hasta poner dos metros de distancia. —O me daré cuenta.
¿Cómo podía dar miedo una mujer tan pequeña?
Ah, sí. Asami era igual de aterradora cuando se lo proponía.
—Capitana —dijo el teniente adoptando un aire diplomático y frío, como cuando acompañaba a Rukia a las juntas con capitanes. —Usted comentó que esto sería un interrogatorio —Haruki llevó las manos a la espalda, adoptando una postura en firmes y mirándole con expresión serena, casi ausente, que consiguió media sonrisa por parte de Soi-Fong. —Espero lograr responder a sus preguntas de la mejor manera posible y darle la información que necesita de mí, sin embargo, si quiere información respecto a mi familia, a mis hermanos, le aseguro que Satoshi es sincero y transparente.
Soi-Fong le compuso una expresión de pocos amigos, aparentemente molesta ante el comentario del teniente, sin embargo, esta vez Haruki no retrocedió, no sintió la amenaza en la mirada de la capitana, cosa curiosa teniendo en cuenta lo peligrosa que ella solía parecer cuando le miraba así.
—Mi interrogatorio no tiene que ver con su familia ni con asuntos personales, tiene que ver con un rumor que corre en los pasillos del Gotei.
Haruki sonrió orgulloso. Así era la capitana de la segunda, directa y poderosa, sin rodeos, sabía que, fuera lo que le quisiera preguntar, iría directo a la yugular.
Esperaba el golpe. Ya sospechaba por dónde iba, después de todo, era catorce de febrero.
—Le escucho, capitana.
—Las mujeres de la asociación dicen que existía la posibilidad de que usted recibiera los chocolates de una chica este día. ¿Es verdad?
—Es cierto —soltó Haruki consiguiendo que Soi-Fong y todas las mujeres de la asociación se quedaran boquiabiertas —, hay una chica de la que me gustaría recibir chocolates. Pero...
Todas prestaron especial atención, incluso Asami había dejado de forcejear con Matsumoto y Hinamori para prestar atención a las palabras de su hermano. ¿Le gustaba alguien y ella no lo sabía?
—Pero —invitó la capitana a continuar.
—Pero una mujer como ella no se fijaría en alguien como yo —dijo dulcemente el muchacho, rompiendo su postura de firmes y quitándose los lentes con una mano, mirando la caja de chocolates que la capitana le había entregado minutos atrás —, además, no sé si esta fecha es la mejor para hacer ese tipo de declaraciones, aunque soy un romántico. Si recibiera chocolates de la persona correcta, seguro ella tendría chocolates de regreso. Capitana —dijo al final el teniente, poniéndose los lentes de nuevo y asintiendo una vez —, le voy a pedir discreción al respecto, que esto quede entre nosotros —murmuró sintiendo el reiatsu de la asociación muy cerca de ellos, no, de la asociación no, de la razón de sus desvelos, reiatsu que parecía titilar levemente, tal vez por el nerviosismo. —Mi hermano, Satoshi, me hace mucha burla al respecto, dice que no concibe que yo sea capaz de enfrentar a genzankis y senshis hasta reducirlos a las cenizas, y, al mismo tiempo, no sea capaz de mirar a la mujer de la que me he enamorado a los ojos sin parecer un idiota o querer salir corriendo. Es cierto, me tambaleo, dudo, tartamudeo incluso, cuando ella está cerca existir me parece complicado, se me acaba la elocuencia, la estrategia y la diplomacia, pero no creo que alguien como ella mirase en mi dirección. Aun así, gracias por preguntar, me retiro —añadió levantando la caja de chocolates a manera de agradecimiento, conteniendo una mirada triste que conmovió a la capitana hasta el punto de hacerle pasar saliva con dificultad.
Hablaba en serio... Haruki hablaba en serio al decir todo aquello. Haruki de verdad veía imposible que correspondieran a sus sentimientos, y cuando se dio la vuelta para irse, Soi-Fong se quedó con la sensación de que debía decir algo para darle ánimos.
Pero ¿Por dónde empezar? Ni siquiera estaba segura, su discurso no contenía ningún dato revelador sobre quién era la chica de la que hablaba.
No sólo Soi-Fong no salía de la sorpresa, todas las mujeres de la asociación estaban aturdidas por las palabras del teniente, de verdad sonaba enamorado y apasionado al decir aquellas palabras, había recitado su discurso con tanta emoción que todas habían contenido la respiración un momento, suspirando cuando el muchacho cantó su retirada, preguntándose cómo era posible que una mujer pudiera no mirar en dirección de alguien así.
—No los tire, o me daré cuenta —espetó pasmada todavía.
—Lo sé. Diga a las chicas de la asociación que admiro su valentía —añadió al final, volviendo un poco el rostro y mostrando una sonrisa más animada —, confesarse con chocolates a pesar de poder ser rechazadas... Quisiera ser la mitad de valiente —dijo al final para sí mismo, alejándose un poco más animado.
—¿Qué hay de Nanao? —Exclamó Soi-Fong.
Pudo sentirla, la capitana pudo sentir claramente a la presidenta de la asociación quedarse al borde del colapso al escucharle decir aquello.
Ya le contarían después que Matsumoto y Kiyone habían tenido que sostenerla para que no se fuera hasta el piso al escucharle, quería matarla, quería matarla, ¡QUERÍA MATARLA!, y lo haría, en cuanto se sintiera bien.
Pero también quería escuchar la respuesta.
Haruki se frenó en seco, tensando los hombros, repentinamente alerta, nervioso.
—¿Qué hay de ella? —inquirió con voz ahogada.
—Varias chicas te han dado chocolates —exclamó Soi-Fong determinada. —¿Nanao te dio chocolates ya?
—Capitana —murmuró Haruki con tristeza, volviendo el rostro con una sonrisa melancólica y radiante al mismo tiempo —, la teniente Ise Nanao está en otra liga. Me retiro.
Sí, se retiró, hizo shunpo, sabiendo que Soi-Fong podía alcanzarlo si ella quería, pero al menos así se alejaría del lugar, si la capitana de la segunda quería seguir con su interrogatorio, al menos conseguiría confesarse sin que nadie más lo escuchara.
.
Se estaba arrepintiendo, en ese momento se golpeaba mentalmente de haber dejado tal nota en los chocolates que prácticamente le obligó al teniente Yamamoto aceptar. Ahora él lo sabría, o sospecharía que empezaba a interesarse por el idiota de su hermano. Confiaba en que Haruki guardaría el secreto, era un hombre de palabra y muy formal, era obvio porque a Nanao le gustaba tanto. ¿Pero en que estaba pensando al usarlo prácticamente de mensajero? Quizá hubiese sido más fácil colarse a la oficina de Satoshi y dejárselos ella misma de forma anónima, así nadie lo sabría.
Quizá no era tarde para ir con Haruki y decirle que le devolviera los chocolates, pero eso lo haría sospechar aún más. ¡maldición! En primer lugar, nunca debió preparar aquellos chocolates para ese pedazo de idiota. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué se dejó contagiar por las demás y terminó elaborando sus propios chocolates para dárselos a él?
—hola linda — y claro, tenía que toparse con la sonrisa ladina del sujeto en cuestión a medio camino — ¿no tendrás algo para mí de casualidad? — dice casi ilusionado buscando algo en las manos de la capitana — no sé, chocolates, por ejemplo
—¿Por qué tendría que darte algo como eso? — dice indiferente siguiendo su camino
—pues es 14 de febrero — responde como si fuese lo más obvio caminando a un lado de ella con las manos en la nuca — hoy todas las mujeres estuvieron repartiendo chocolates a diestra y siniestra
—yo no soy como todas las demás —
—lo sé, es lo que te hace tan fascinante — le guiña un ojo, a lo que Soi-Fong ladea la cabeza en gesto ofendido, aunque en realidad fue para ocultar su sonrojo — además supe que estabas en la cocina de mi división preparando chocolates junto a la asociación de mujeres shinigami
—me veo obligada a participar en todas esas actividades — dice altiva — no lo hice por gusto
—ya veo — ve de reojo a Satoshi, sorprendiéndose que mostraba un auténtico gesto decepcionado que trataba de ocultar tras una de sus eternas sonrisas. Por unos segundos casi la hacen decirle que si dejo una caja de chocolates para él en su escritorio
—supongo que recibiste miles de chocolates hoy — disimulo decirlo como si no le importara, cuando en realidad lo que quería saber era si acepto hoy la confesión de alguien
—si, varias me entregaron chocolates. Supongo que es el precio de la fama — alardea peinándose el cabello hacia atrás, ante lo que Soi-Fong suelta un resoplido fastidiado — pero solo acepte las cajas azules y un chocolate de algunas que me confesaron sus sentimientos
—¿las rechazaste? — sin querer, había alivio su tono de voz al confirmarlo
—lo más gentil posible, tampoco soy un patán — le sonríe apacible y sincero — pero por lo menos probé los chocolates que me prepararon, sé que debieron poner mucho esfuerzo en ello
—es más complicado de lo que parece — se le escapa sin querer, percibiendo la mirada curiosa de Satoshi — tuve que ayudar a prepararlos — se cruza de brazos obstinada — ya te dije que me veo obligada a participar en las actividades de la asociación
—me hubiese encantado probar al menos uno de los que tú preparaste — reflejaba ilusión casi infantil, dándose cuenta de que las palabras del teniente eran verdad. Satoshi era muy trasparente — supongo que soy demasiado optimista a veces — sonríe resignado, hasta un poco triste
—Yama…. Satoshi…. — escuchar su nombre sí que lo sorprendió, era primera vez que lo llamaba por su nombre — te ayudare a entrenar — dice inflexible, con su vista fija al frente — más vale que te lo tomes enserio — el silencio se tornó incomodo por unos momentos, especialmente tratándose de Satoshi que no paraba de hablar, lo que la obligo a verlo por el rabillo de su ojo, encontrándose a ese extrovertido shinigami totalmente escéptico — te hare una prueba mañana para ver si eres digno de mi tiempo, ven a primera hora a mi división
—¿es una cita entonces? — pregunta pícaro, ganándose una mirada asesina de la capitana — es broma, es broma — pone sus manos al frente — mañana estaré puntual, no te decepcionare — se le notaba bastante entusiasmado, y así era, al menos ya había aceptado ayudarlo en eso, era un pequeño avance — hasta mañana entonces linda — le da una pequeña ramita de flor de lavanda, desapareciendo luego tras un shunpo
Una sonrisa casi imperceptible se le dibuja en el rostro de la capitana. Satoshi tenía su cierto encanto y realmente parecía que en su constante insistencia con ella había algo mucho más que solo conseguir que lo entrenara. Y aunque odiara reconocerlo incluso para sí misma, al estar con aquel soldado se sentía menos tensa, era como si la impertinencia y su actitud tan calmada por la vida de ese shinigami le diera carta abierta de solo ser un ser humano, no la aguerrida capitana que enfrentaba a sus enemigos con furia y sin piedad.
.
Haruki se retiró con una sensación de vacío en el pecho que amenazó con ahogarle. Por supuesto que quería que Nanao le diera chocolates, quería tener una excusa para darle chocolates de regreso, para confesarse. No sabía si la teniente de verdad sentía algo por él como Satoshi se lo insinuaba a cada rato, o si aquello sería una broma de mal gusto por parte de su hermano.
Aunque justo ahora no tenía las fuerzas para tratar de averiguarlo, no quería hacerlo. Le dolía el pecho, le dolía la posibilidad de que aquella teniente de verdad estuviera enamorada de él; si lo estaba, entonces él no sabría que hacer a continuación.
Detuvo sus pasos de golpe, dándose cuenta de que estaba de pie frente a la entrada a la primera división. Suspiró (para no perder la costumbre) al mirar las puertas, antes de sonreír de medio lado al sentir el reiatsu de Kyōraku acercándose hacia su ubicación. No estaba seguro de si quería tener alguna conversación con su otōsan, pero tampoco quería verse obvio al evitarlo.
Pasó saliva cuando vio al comandante sonreírle mientras se acercaba a él con pasos calmados y su sonrisa radiante de siempre.
—Haruki—chan, pensé que estarías en tu división para esta hora.
—Sí, yo... —el muchacho se rascó la nuca en un gesto de nerviosismo que consiguió ensanchar la sonrisa del castaño. —Estaba entregando reportes y...
—Y veo que recibiste chocolates —acusó mirando la caja roja en manos del muchacho. —No me digas que la dulce Nanao por fin se atrevió a confesarse contigo.
—¿Nanao? —exclamó el teniente dando medio paso mientras la caja de chocolates saltaba de sus manos, amenazando con caerse hasta el piso. —¡No! Nanao no me dio chocolates —dijo tratando de ocultar la resignación mientras retrocedía medio paso. —Ella no me hizo chocolates a mí.
—Entonces —soltó Kyōraku confundido ante la caja en manos de su muchacho —, ¿de quién aceptaste chocolates?
—No, no, no me malinterpretes, por favor —soltó el muchacho divertido, mientras bajaba la mirada a la caja de chocolates y componía una mueca —, la capitana Soi-Fong me hizo un interrogatorio, y me obligó a tomar la caja, supongo que quería tener una excusa para hablar conmigo sin que la molestaran.
—Pero ¿una caja roja?
—No somos amigos —inquirió el muchacho encogiendo un hombro, quitándole importancia a aquello —, no tendría sentido que me diera una azul.
—Buen punto —Kyōraku dudó un momento, lo pensó un poco más antes de sonreírle a su muchacho y hacer un movimiento con la cabeza —, ¿caminarías con este viejo sentimental? ¿Tienes tiempo?
—Otōsan, para ti siempre tengo tiempo —soltó Haruki divertido, siguiendo al comandante sin percatarse de que caminaban de regreso a la décimo tercera división.
Charlaron un poco de todo y de nada, poniéndose al día, disfrutando del momento de calma.
Sí, ambos necesitaban un momento de calma. Kyōraku había estado haciendo todos los deberes de Nanao, la teniente le había obligado a prometerlo si es que el comandante de verdad quería apoyar a la asociación femenina con su especial de San Valentín (jamás el comandante había apreciado a su fiel guardiana tanto como en ese momento). Haruki por su parte había estado haciendo entregas de reportes y otras cosas toda la mañana, pero el verdadero estrés se lo había llevado al tener que rechazar las confesiones de las chicas que le obsequiaban chocolates.
No podía conservarlos, no quería dar falsas ilusiones, no había aceptado ni una sola caja roja, salvo la de la capitana Soi-Fong, pero no había tenido otra opción.
—Bueno —murmuró Kyōraku poniendo una mano en el hombro de su muchacho, una palmada fuerte que le hizo sonreír mientras se acomodaba los lentes y negaba con la cabeza —, es mejor que regrese, tengo asuntos pendientes todavía, así que... bueno, buena suerte —dijo al final antes de darse la vuelta y retirarse.
—¿Buena suerte?
Haruki vio al comandante retirarse y frunció el entrecejo, confundido ante el comportamiento del mayor hasta sentir el reiatsu solitario que se había detenido en seco a unos metros de él.
Al levantar la mirada, sus ojos capturaron la mirada de Nanao, que se había quedado helada mientras abrazaba una caja de chocolates rojos contra el pecho, como solía aferrarse a sus libros mientras caminaba por el Gotei.
Una brisa leve los envolvió y Haruki no pudo contener la sonrisa al ver los chocolates en la mano de la chica, sin embargo, cuando bajó la mirada hacia sus manos, recordó la caja que Soi-Fong le había obsequiado.
—Esto —dijo el muchacho levantando la caja, sonriendo de medio lado, nervioso —, no, yo no, Soi-Fong, ella me hizo...
Nanao soltó una risa por lo bajo antes de asentir y sonreír, y luego negar con la cabeza.
—Yo lo sé... la capitana me dijo que quería hablar contigo y... No... No me hagas caso —murmuró al final componiendo una mueca mientras las palabras de Haruki le golpeaban la memoria: Tartamudeo incluso.
—¿Va a confesarse con alguien, teniente? —murmuró el muchacho con cierto aire decepcionado, incapaz de suprimir la tristeza.
—¡No! Sí —sentenció determinada, sin embargo, al ver la caja de chocolates en sus manos, suspiró resignada. —No... Hoy no.
—¿Por qué? —inquirió el muchacho dando un paso hacia ella y frenando en su sitio, no quería asustarla o molestarla con aquello, así que moduló su voz y sonrió antes de seguir hablando —, Nanao—san, eres una mujer extraordinaria, serena, sobria. Eres admirable por tu trabajo y por tu integridad. Si alguien debería intentarlo esa eres tú, nadie merece más el ser correspondida.
Nanao no pudo evitarlo, se sonrojó hasta las orejas al escuchar aquello, sintiendo que su corazón se aceleraba a tope.
—Te sentí cerca todo el día —pensó Haruki en decirle —, tenía la teoría de que ayudabas a las otras chicas a confesarse y no quería hacerme ilusiones si veía una caja roja en sus manos, porque me dolería mucho saber que no sería para mí, pero ahora que te tengo enfrente...
No, guardó silencio, sonrió dulcemente y le ofreció el brazo para caminar juntos.
Nanao sonrió aceptando, sabiendo que sus paseos por el Gotei solían no llevarles a ningún lado, a veces a su división, a veces al Rukongai, a veces sólo a dar una vuelta al lugar en el que estuvieran.
—Debiste poner mucho esfuerzo en ello —murmuró Haruki tratando de sonar neutral.
—Sí, se puede decir que sí.
Habrían guardado silencio, no sería la primera vez que se movieran sin decir nada, porque los silencios no eran incómodos entre ellos, al contrario, habían encontrado buen ritmo y complicidad entre aquellos momentos en los que se sonreían el uno al otro y seguían caminando.
Sin embargo, tenía que aprovechar antes de que el valor se esfumara.
—Dicen las chicas de la asociación que te gusta alguien.
Haruki soltó una risa por lo bajo, pensando en que ese "dicen las chicas" era un poco hipócrita de parte de Nanao dado que ella había estado cerca cuando él lo había confesado, sin embargo, él mismo no tenía el valor para decir abiertamente lo que sentía por ella, así que no tenía ningún derecho a juzgarle por ello.
—Sí —murmuró incómodo mientras detenían su andar. —Pero... —continuó, amarrando todas sus inseguridades y armándose de valor, no el suficiente para confesarse, pero sí el suficiente como para intentarlo. —Pero esta shinigami está fuera de mi liga.
—¿Es una capitana? —cuestionó Nanao con el estómago hecho un nudo, quería y no quería saber las respuestas, necesitaba quitarse de dudas, necesitaba saber.
Haruki había rechazado a todas y cada una de las chicas que le habían ofrecido chocolates a lo largo del día, Nanao había estado presente en varias de esas ocasiones. ¿Se burlaría de ella si lo confesara alguna vez? ¿Se burlaría si supiera que había visto aquellos rechazos porque ella misma buscaba confesarse con él?
Porque a lo largo del día, luego de que Soi—Fon hiciera aquel último cuestionamiento, las chicas de la Asociación habían estado presionando a Nanao para entregar sus chocolates, llevándola consigo hasta cada punto en el que estaba el teniente y animándola (empujándola) a intentarlo; y jamás una tarea pareció tan titánica como esa.
Nanao había tratado de acercarse a Haruki cuando se había dirigido a la décimo segunda, pero Akon y Kurotsuchi la habían abordado al sentir cerca su reiatsu, atiborrándola con preguntas sobre las autorizaciones que había solicitado a la primera división para hacer algunos análisis en el Rukongai.
Después lo habían vuelto a intentar, haciéndose el firme propósito de entregar sus chocolates en ese momento, avanzando con zancadas largas hasta que un grupo de chicas de la quinta habían rodeado a Haruki en el pasillo, todas con sus respectivas cajas y hablando al unísono, haciéndola retroceder intimidada.
La tercera vez que lo habían intentado, Yumichika había aparecido de la nada, abrazándole por los hombros y arrastrándolo consigo, preguntándole algunas cosas de los tratamientos que se ponía en el cabello y pidiendo consejos sobre cómo lo trenzaba él, alegando que quería cambiar de imagen otra vez.
Y perdió la cuenta de cuántas situaciones ajenas habían ocurrido para que ella enfrentara a la asociación y les plantara cara.
—Suficiente —había dicho mientras se acomodaba los lentes —, todas han sido señales claras, me voy a casa.
Por supuesto, varias chicas se habían quedado preocupadas al ver a la teniente alejarse con pasos tímidos y los hombros caídos, pero semblante sereno.
Para esas alturas del día, Nanao ya se había dado por vencida y había hecho por volver a su división, era tarde y tenía que cerrar y entregar lo último para poder irse a descansar. Hasta cierto punto se sentía tranquila con las decisiones que había tomado, así no le habían roto el corazón del todo. Realmente no es que no lo hubiese intentado, había tratado varias veces, con todas sus fuerzas, simplemente las cosas no se habían acomodado. Tal vez de verdad era una señal y no tenía que confesarse. Ahora estaba convencida de ello.
(Bajo la mesa — Morat)
—No —confesó el muchacho plantándose frente a Nanao y quitándose los lentes, mirándole con determinación mientras sentía que le temblaban las rodillas y el pulso se aceleraba —, es una teniente.
Nanao pasó saliva discretamente mientras se acomodaba los propios lentes antes de murmurar:
—Entonces ¿por qué dices que está fuera de tu liga?
—Es que es una mujer admirable —respondió con voz contenida, dando medio paso, cerrando distancias con ella y haciéndole suspirar mientras volvía a ponerse los lentes —, es sobria, educada, me parece sumamente amable, es muy seria, eso sí.
—¿Te molesta que sea seria? —inquirió decepcionada.
—Todo lo contrario —cortó Haruki abriendo los ojos, sonriendo ampliamente —, me parece hermosa su prudencia, pero a veces me hace cuestionarme si tengo una oportunidad con ella.
—¿Por qué? —murmuró la chica, sin aliento.
—Porque me parece que, cuando me mira, lo hace igual que mira a todo el mundo, por encima de los lentes con gentileza y dulzura. Pero nada más.
Ambos suspiraron al unísono, mirándose a los ojos, soñando con la posibilidad de ser un poco más valientes.
—¿A ti te gusta alguien? —cuestionó Haruki a media voz, sintiendo que el valor ya no le alcanzaba para más.
—S—sí... también un teniente...
Nanao pasó sus cabellos sueltos por detrás de la oreja, desviando el rostro mientras un leve rubor le plagaba las mejillas, consiguiendo hacer a Haruki pasar saliva. ¿Se podía morir de amor? ¡Dios! ¿Por qué no tenía el valor para decirle lo hermosa que le parecía?
—¿Son para él? —inquirió Haruki apuntando los chocolates con una mano, sonriendo de medio lado.
—No, es decir, lo son, pero...
—Pero... —invitó el muchacho a continuar, triste.
—Quería dárselos hoy, pero ha rechazado tantos chocolates en un solo día que no quería molestarlo con una confesión más. De hecho, lo he pensado bastante mejor y me gustaría confesarme con él sin la excusa del día especial...
Haruki frunció el entrecejo, confundido por aquellas palabras.
—Es que... —continuó la chica sonriendo con las mejillas sonrosadas —Es que él es un shinigami especial, y hacerlo el mismo día que lo han hecho tantos otros no me parece adecuado. Es un muchacho dulce, equilibrado, tiene habilidades extraordinarias y logró una posición importante desde su primer día en el Gotei, ¿cómo no admirarlo?, entonces lo comercial de pronto no parece tan buena idea. Creo que me corresponde —aventuró a decir al final, mirándole a los ojos con esperanza.
—Lo hace —concedió Haruki con intensidad, pasando un mechón de cabello tras la oreja de Nanao —, estoy seguro de que lo hace.
—Entonces me confesaré con él, pero... —volvió la vista a los chocolates, sonriendo dulcemente mientras soltaba un suspiro. —Pero necesito sentirme valiente para hacerlo sin la excusa de un día comercial. Se merece un día especial. Sin embargo...
No necesitó decir más, Nanao extendió la caja de chocolates hacia Haruki y sonrió esperanzada, consiguiendo que el teniente pasara saliva antes de sonreír con ganas.
No, por supuesto que nunca se percataron de los varios pares de ojos que les miraban en la distancia, nunca se dieron cuenta de que las chicas de la asociación se habían regresado al sentir los reiatsus de aquel par cerca, jamás intuyeron que Kyōraku les observaba desde las sombras componiendo una sonrisa radiante al ver a sus niños reunidos al fin.
Estaban tan absortos en su burbuja de felicidad que jamás se dieron cuenta de que tuvieron que silenciar a Matsumoto entre tres shinigamis cuando Haruki por fin levantó la mano libre y aceptó la caja de chocolates de Nanao en medio de un suspiro largo para luego pasar saliva con dificultad, percatándose de que, de verdad, los chocolates eran para él...
La teniente encogió un hombro y enarcó las cejas, obviando la insinuación. ¿Aceptarías mis sentimientos?
El muchacho asintió con un nudo en la garganta. Esperé por esto todo el día.
Y luego ambos soltar una risa por lo bajo, por los nervios.
—Nanao—san, de verdad me pones muy nervioso —murmuró Haruki destapando la caja y llevándose un chocolate a la boca, cerrando los ojos ante los sabores dulces y equilibrados de aquel obsequio. —Cremoso... —murmuró con la boca llena mientras Nanao dirigía una mano hacia su rostro y le limpiaba la comisura de la boca.
Fue un gesto inconsciente, no pudo evitarlo hasta que ya había hecho contacto, y ambos retrocedieron sonrojados, bajando la mirada y soltando otras risas por los nervios.
—Tengo que volver —dijo la teniente sonriendo una última vez antes de comenzar a alejarse de Haruki, sintiendo que cometería un error en cualquier momento. —Todavía tengo pendientes, te veré luego, Haruki—san.
—¡Nanao! —exclamó el teniente cuando la chica ya se hubo alejado algunos metros. —¿Te parece si quedamos para cenar?
Abrió los ojos, pasmado. ¿De dónde había salido eso? Se dio una bofetada mental, quería que la tierra se lo tragara, pero la sonrisa radiante de la teniente, sumada a su asentimiento, le hicieron sonreír con esperanza.
—Te espero en la uno —murmuró sin aliento.
—Pasaré por ti a las ocho —prometió con voz contenida, sintiendo que el mundo se detenía un momento.
Nanao se retiró a pasos calmados, si hacía shunpo o si se apresuraba seguro tropezaría con sus propios pies, no gracias, suficiente había tenido con ese día como para lidiar con más.
Haruki llegó hasta su oficina y sonrió dejando las cajas de chocolates en el escritorio, y se habría dispuesto a hacer cualquier otra tontería, de no ser porque se percató de que la caja de Soi-Fong tenía algo escrito en el costado. Un nombre...
.
Nanao suspiró llegando hasta la primera división, sonrió al ver a Kyōraku en su escritorio y se apresuró hasta él para dejar una caja azul entre sus cosas.
—¿Eh? —soltó con fingida pena el comandante —¿Y la caja roja?
Se habría esperado una mirada gélida, un reclamo, el golpe con el libro que llevaba bajo el brazo y todo el desprecio de la chica, sin embargo, le sorprendió percatarse de la débil sonrisa que mostró su teniente antes de responder.
—Esa ya la entregué.
No dijo más, se dio la vuelta y se dirigió hacia su escritorio, consiguiendo que Kyōraku sonriera de medio lado, sintiendo ganas de llorar.
No pudo evitarlo, se asomó a la puerta, recargando el hombro contra el marco para observar a la teniente que leía los informes a toda prisa, saltando de una carpeta a otra para aventajar sus pendientes.
—Sabes Nanao, me preguntaba si...
—Estoy ocupada —cortó secamente sin levantar la mirada, volviendo a su trato habitual con el capitán comandante —, quiero terminar esto antes de las ocho para no darte más trabajo.
—Qué mala eres —soltó el hombre con media sonrisa y cerrando los ojos. —Por favor diviértete mucho —dijo al final para sí mismo, volviendo a su escritorio —, que no sabes cómo te quiere mi muchacho.
.
Satoshi por su parte iba bastante satisfecho, hubiese enserio querido que Soi-Fong le regalara chocolates ese día, pero también ya se había hecho la idea de que no pasaría. Por lo menos ya accedió a entrenarlo, podría ir acercándose más a ella de esa forma, por eso mañana debía demostrarle que era digno de ella al menos en ese aspecto, así que le demostraría lo fuerte que era.
Antes de ir a su casa paso a la oficina que su hermano gustosamente le asigno para ponerle una montaña de archivos que ordenar. Había olvidado que dejo ahí sus audífonos después del entrenamiento de la tarde.
Abrió el cajón donde siempre los dejaba bien guardados, encontrándolos sobre una caja roja que tomo con total escepticismo. Busco alrededor de esta alguna nota, una pista de quien podrían ser, pero no había nada en ella. Abrió la caja con la esperanza de que dentro hubiese algo que le pudiera dar noción de quien correspondía, pero tampoco había pista alguna, solo había varios chocolates caseros no diferentes a los que estuvo recibiendo durante ese día.
Su lado esperanzador le permitió imaginarse que fue Soi-Fong quien los dejo ahí de forma anónima. Nada ni nadie podía quitarle esa idea así que decidió quedarse con eso de momento y comerse un chocolate, que tenían un sabor amargo, pero con un toque de dulzor y que disfruto mucho más que los que le habían regalado durante el día.
Eran de forma anónima después de todo, podía permitirse soñar al menos hasta que descubriera quien fue la remitente de aquel regalo, misterio que de verdad no estaba del todo interesado en investigar a fondo.
.
Haruki sonrió mirando la puerta de su oficina mientras sostenía la nota que venía en el interior de la caja de chocolates de la capitana Soi-Fong: "Ponlos en el escritorio de Satoshi y no digas nada a nadie, o pagarás con tu vida"
Lo sabía, sabía que no debía decir nada al respecto, lo sabía por descontado. Después de todo, ella era una capitana peligrosa contra sus enemigos, capitana que, además, valoraba mucho la prudencia y la discreción. Tal vez esa fue la razón por la que Haruki agradeció internamente la nota que Soi-Fong dejó con los chocolates que terminó con todas sus dudas.
La nota.
Haruki sonrió admirando la nota en su mano, dando vueltas al papel para volver a leer los Kanjis del pie de nota: Sin pistas, sin indicios, sin cabos sueltos. No sabemos de quién son los chocolates.
Suspiró al sentir el reiatsu de su hermano entrando de nuevo a la división, en dirección a su oficina, y sonrió mientras la nota en su mano ardía en llamas violetas, consumiéndose sin dejar ni las cenizas. Soltó un suspiro antes de levantarse y tomar sus cosas, aunque al principio había optado por dirigirse directo a la entrada, al final regresó sobre sus pasos para mirar a hurtadillas y sonreír de medio lado, sintiendo algo tibio crecer en su pecho. No, jamás diría nada, jamás revelaría ese secreto a menos que la misma capitana lo revelara. Después de todo, tampoco le constaba que ella fuera la mente maestra de aquello.
Sonrió encaminándose a la puerta, pensando seriamente en conseguir flores antes de dirigir sus pasos a la primera división en busca de Nanao, sabiendo que el paseo de las luciérnagas luego de la cena sería el mejor lugar para ir esa noche, preguntándose si Nanao de verdad se armaría de valor para confesarse con él fuera de una fecha especial o si tendría que dar él el primer paso. No, no pensaría más en ello. Disfrutaría la velada y haría que cada segundo contara.
.
Había caído la noche, eventualmente, había rechazado todos y cada uno de los chocolates que le habían ofrecido personalmente, había encontrado muchos en su oficina, pero ninguno de ellos le importaba, se los comería luego, o se los daría a su hermana.
Estaba sentado sobre el tejado de uno de los edificios, no deseaba llegar a casa, no tenía ganas de escuchar las burlas de Satoshi o los consejos de Haruki, tampoco los reproches de Asami sobre la asociación de mujeres, así que se quedó ahí por un rato más.
—Oh, justo a ti era a quien buscaba— Dijo la voz del pelirrojo, por lo que el chico miró hacia abajo, encontrándose con Ichigo — ¿Me acompañarías un momento?
—Ichigo—san…— Bajo, tampoco quería ser descortés.
— ¿Qué tal tu día de san Valentín? — Un bufido, una mueca, un puchero —Veo que no fue nada bien
—No cuando Matsumoto trato de hacer de las suyas, esa mujer está loca— Afirmó el chico, moviendo un dedo en círculos a lado de su cabeza —No quiero ser grosero, pero me entiendes ¿cierto?
—Creo que si— Ichigo rio, divertido por como el chico se refería a la mujer —Es una mujer excéntrica, bastante excéntrica, pero no puedes negar que tiene cosas rescatables…
—Yo aun no las encuentro— Soltó el chico, suspirando —A todo esto ¿Por qué me traes a mi casa?
—Asami me pidió que te trajera, pensé que no querrías venir si sabias a donde venias, por eso solo te pedí que me acompañaras— Ichigo invito al menor de los Yamamoto a entrar, había un aire diferente en su hogar, podía sentirlo, el reiatsu de sus hermanos se sentía extraño ¿Qué estaba pasando?
Llegó hasta la entrada, quería deslizar la puerta, pero ¿Qué encontraría una vez abriera esa puerta? Bueno, no lo sabría si no lo hacía.
Y ahí estaba, el cabello negro era inconfundible, pero, lejos de eso, su aroma ¿Cómo no pudo sentirlo desde antes de abrir la puerta? Sus ojos negros lo miraban con felicidad, con alegría, y ella corrió a sus brazos. Estaba tan sorprendido que lo único que pudo hacer, fue recibirla entre sus brazos, sentirla y sostenerla, porque estaba feliz de verla ahí.
— ¿Ya viste su ropa? — Dijo Asami mientras Asahi apenas podía reaccionar, notando que llevaba la vestimenta shinigami —Creo que tienen mucho que hablar…
No, eso no le importaba ahora, porque se sentía completo, estaba feliz de que ella estuviera ahí ¿Cuándo imagino que Karin dejaría una parte de su humanidad para estar con él? No, nunca lo imagino, pero ahí estaba, y eso era todo lo que necesitaba, no quería explicaciones ni cuestionamientos.
